DINASTIAS
Los Vehil –Parte 1
Otra familia de artistas que se inicia en España, ésta con Francisco Tressols y
Dolores Dardés, continúa con su hija Juana Tressols, se prolonga en sus nietos
Luisa, Juan y Paquita Vehil, en sus sobrinos Miguel Angel Solá y Mónica Vehil y
en sus bisnietas Cayetana y María Luz Solá.
Francisco Tressols (Francisco Isidro
Salvador Tressols Cors; Barcelona, Barcelona, 18.3.1860 / 23.11.1950) se inició
como actor en representaciones circenses y fue uno de los pioneros del cine catalán
al estar bajo contrato exclusivo con Iris Films, compañía de la que eran socios
el director Narciso Cuyás y el actuario Andrés Cabot Puig, para quienes
interpretó, como protagonista o en roles secundarios, toda su magra producción
de corto metraje, al igual que en cualquier lugar del mundo en esos primeros
años, algunos originales, otros extractados de piezas teatrales populares, en
cuyos elencos coincidió con celebridades como Margarita Xirgú y Jaime Borrás, así
como más adelante, en La
marieta de l’ull viu, se cruzó con el
argentino James Devesa, que no era una celebridad. También escribía comedias,
como La ladrona de niños, estrenada
en Madrid en 1905, y adaptaba textos extranjeros para ser representados, entre
ellos Les miserables en 1869. En
agosto 1945, ya pasados los 80 años, solicitó una pensión vitalicia que le fue
denegada, otorgándosele en cambio por única vez una subvención extraordinaria
de 1.000 pesetas, información esta que lleva a la conclusión de que para
entonces estaría separado de su esposa, ya entonces radicada en la Argentina.
Dolores Dardés (Dolores Dardés Muntal; Barcelona, Barcelona, 20.4.1862 / Buenos Aires, 1958), parió con Tressols nada menos que dieciséis (16) hijos, una de los cuales, Mercedes Tressols, les salió tiple lírica. Radicado el matrimonio desde 1909 en la Argentina, trabajó poco y nada: en su primera aparición en cine interpretó a la anciana “Sequeiros” de Los tres berretines, personaje que en el montaje original de la comedia teatral de Malfatti y Llanderas había estrenado Ada Cornaro y se llamaba “Carmen”; en ese mismo film canta el tango Araca la cana acompañada por la orquesta de Aníbal Troilo, además de coincidir en el elenco con su asimismo debutante nieta Luisa Vehil. La avanzada edad en la que falleció, al igual que la de su marido y de algunos otros familiares, indica con elocuencia la longevidad de esta dinastía.
Otra de los 16 fue Juana Tressols (Barcelona, Barcelona, 1889 / Buenos Aires, 1962), quien dedicó su carrera al teatro, tanto en Cataluña cuanto en el Uruguay y en la Argentina. Entre sus actuaciones porteñas destacan una muy breve temporada en el Cómico en 1931 en una compañía organizada por Francisco J. Bolla definida como un “núcleo de artistas jóvenes y ventajosamente conocidos” que, entre otros, integraban su hija Luisa Vehil, Francisco Petrone, Consuelo Abad, José Olarra, Angel Magaña, Ilde Pirovano, Nora Cullen (cuando todavía se hacía llamar Josefina “Pepita” Battaglia), Miguel Faust Rocha, Héctor Ugazzio y Florindo Ferrario. Siempre en roles secundarios, con frecuencia integraba el elenco de la compañía encabezada por Luisa. Hizo apenas dos apariciones en cine y estuvo casada con Juan Vehil (Barcelona, Barcelona, 4.7.1884 / Córdoba, Córdoba, Argentina, 25.11.1921), quien no era un “actor uruguayo” como pretenden casi todas las fuentes consultadas sino un actor español que con su mujer radicó en Montevideo y luego en Buenos Aires, donde él intervino en al menos un film, La última langosta (Calatayud, 1916).
Como en casi toda familia de artistas, siempre hay uno dominante, sea
por su talento o por su popularidad, sometiendo a los restantes a orbitar a su
alrededor. En esta, fue Luisa Vehil (Luisa Juana Dolores Vehil Tressols; Montevideo, Uruguay, 12.11.1911 /
Buenos Aires, 24.11.1991), especie de prócer del teatro argentino, merecedora
de todos los galardones recibidos. Comenzó su carrera nada menos que a los 6
años en los teatros de su ciudad natal, pero hacia finales de los años 20 ya
estaba instalada en Buenos Aires, donde se registra su debut profesional desde
el 28.10.1927 en teatro Solís, a sus 15 años de edad y mencionada en los diarios
como “Luisita Vehil Tressols”, miembro de la compañía española encabezada y
dirigida por Rafael Victorera en la que también actuaba su madre. Otro de sus
trabajos, que ninguna biografía recogió, lo hizo reemplazando por unos días a
Libertad Lamarque en el rol de “la Doce Pesos” en la producción original de El conventillo de la Paloma (5.4.1929,
Nacional), el sainete de Vacarezza al que volverá en tres diversos montajes: interpretando
como titular ese mismo personaje desde el 4.11.1929
en el Solís de Montevideo con un elenco argentino encabezado por Luis Arata;
luego a “la Paloma” desde el 18.1.1930 en el Politeama de Santiago (Chile),
dando inicio a la gira de una compañía porteña encabezada por María Esther
Duckse y Agustín Barrios, y otra vez
en el rol del título desde el 19.12.1935 en el Broadway
por un elenco encabezado por Anchart, Arrieta, Olinda Bozán, Calcaño, Lusiardo,
Ochoa, Otal, Leopoldo Simari y ella misma.
Un recuento de sus brillos escénicos excede este espacio dedicado al cine: baste recordar que integró desde 1937 el Teatro Nacional de Comedia y que años más tarde fue su directora; que compartió escenarios con Paulina Singerman, César Ratti, Parravicini, Enrique de Rosas, Felisa Mary, Daniel de Alvarado y sobre todo con Esteban Serrador, con quien encabezó una compañía legendaria durante varias temporadas y en diversas salas; que fue “Palma Lori” en el estreno en la Argentina de Tutto per bene de Pirandello (1934, San Martín); que estrenó al menos tres piezas de Alejandro Casona (La casa de los siete balcones, Los árboles mueren de pie y Siete gritos en el mar); que en su repertorio de autores extranjeros figuran Anouilh (L’alouette), Schiller (Maria Stuart y Die räuber), Beckett (Happy days) y hasta Jean-Pierre Aumont, a quien le estrenó Lucy Crown (1960, Liceo), que el actor presenció cuando vino a la Argentina para Una americana en Buenos Aires (George M. Cahan). También dirigió varias puestas en escena.
Luisa Vehil debutó en cine al mismo tiempo que el sonido en Los tres berretines, la adaptación del éxito teatral de Malfatti y Llanderas en la que recreaba el personaje de la hija con el berretín del cinematógrafo que en la producción escénica había creado María Martínez. Luego fue una de las pocas mujeres en la filmografía de Sandrini, quien casi siempre interpretó solteros castos, siendo su novia en El cañonero de Giles. Sus celebrados ojos claros que sin embargo denotaban cierta tristeza (“Tiene la mirada más linda que los ojos”, le dedicó Casona) no fueron los únicos atractivos para la cámara: su talento, en primer lugar, pero asimismo su temperamento y sus maneras, lucieron especialmente en la dama de sociedad arriada por el capitán Francisco Petrone para “consolar” a los soldados rebeldes de Pampa bárbara y en la vieja loca aferrada a los restos de la casona que alguna vez fue suya de El bote, el río y la gente. Sin embargo, no logró ese gran personaje que su talento demandaba, tal vez por el escaso nivel de exigencia que le proponían productores y directores. Y ella, que no era cantante, tuvo el privilegio de estrenar en el cine (Así es el tango) nada menos que Nostalgias de Cadícamo-Cobián acompañada por la orquesta de Edgardo Donato y un coro femenino, y volvió a cantar, en Turbión, el delicioso vals de Canaro Yo no sé qué me han hecho tus ojos y una rumba de Manzi-Canaro.
Hizo radio, para la que ofrecía una voz portentosa, y algo de TV, en adaptaciones de corte teatral, con un pico de protagonismo en un ciclo de 1961 que llevaba su nombre. Estuvo casada con Arturo Bullrich, empresario que financió buena parte de su carrera: no tuvieron hijos. Su declarada simpatía por las causas de la izquierda la enemistaron con los primeros gobiernos peronistas, y no es casual que en esos diez años no hiciera cine. Integró el directorio del Fondo Nacional de las Artes y entre otros honores una sala del Cervantes y un pequeño espacio del barrio de Balvanera (Hipólito Yrigoyen 3131) llevan su nombre, así como un premio anual a la producción teatral. El cineasta Humberto Ríos realizó el video corto Luisa Vehil y los días felices (1988), que no está disponible para ser juzgado. Sus últimos años de vida los pasó recluida en una silla de ruedas, pese a lo cual continuó trabajando.
Su hermano Juan Vehil (Juan Antonio Julio Vehil Tressols; Córdoba, Córdoba, 1914-1973) fue el primero argentino de la dinastía: su principal actividad fue la teatral, como actor y director de enorme trayectoria, extendida a la radio y a la TV pero muchísimo menos al cine, con apenas dos films y en roles secundarios. Tuvo también actividad gremial. Su hermana Paquita Vehil (Francisca Margarita Vehil Tressols; Montevideo, Uruguay, 12.4.1917 / Buenos Aires, 2.5.1971) inició su carrera con pequeñas partes en su ciudad natal, pero radicó desde adolescente en Buenos Aires, donde en 1933 y en el Cómico integró la Compañía Argentina de Teatro Universal dirigida por Francisco Bolla que estrenó en el país Les baisers perdus de André Birabeau, animando el personaje (“Silvia”) que hizo Elina Colomer en la versión cinematográfica dirigida por Soffici diez años más tarde. Aunque su principal actividad fue la teatral, intervino en una buena cantidad de largometrajes, siempre en personajes de apoyo, entre los cuales destaca el que cumplió para Torre Nilsson en La casa del ángel. Paquita casó con un señor de apellido Solá, cuyo nombre de pila nadie recuerda aunque sí su apodo, “el Chino”, que no era actor pero estaba ligado al mundo del espectáculo en calidad de taquillero del teatro Maipo en los 30 y los 40. [Concluirá mañana]
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