TEMAS
¡Sorpresa!
Los británicos y estadounidenses utilizan el término masculino cameo (“camafeo”) para señalar, en un film, la aparición sorpresiva, por lo general no publicitada ni registrada en los títulos de crédito, de actores u otro tipo de personalidades. Leslie Halliwell opinó en su popular Filmgoer’s companion que el concepto tuvo su máximo representante en la producción de Michael Todd Around the world in 80 days (La vuelta al mundo en 80 días, Michael Anderson, 1955-1956), aunque sus celebridades sí figuran en títulos; uno posterior, Won Ton Ton –The dog who saved Hollywood– (Michael Winner, 1975, no estrenado en cine porteños), practicó idéntico procedimiento.
En mis escritos prefiero utilizar la fórmula “aparición amistosa no acreditada”, porque casi siempre de eso se trata, de personas famosas o no tanto que aceptan aparecer ad honorem para complacer a su amigo productor o director; en las fichas lo abrevio a AANA. En la historia del cine nacional hay varios casos notables: en la saga de 36 títulos animados por Alberto Olmedo y Jorge Porcel producida por Aries Cinematográfica Argentina algunos los protagonizaba uno de ellos, pero en los de Olmedo Porcel hacía un cameo y viceversa. Obviando por lo numerosas las pasaditas de los directores (como Hitchcock, pero infinitamente menos creativas) y de miembros del equipo técnico, los ejemplos más destacados, significativos y/o curiosos son los siguientes.
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Idolos de la radio –Broadcasting–
(Eduardo Morera, 1934). Los títulos lo presentan como una “comedia musical de ambiente
radiotelefónico” y, en efecto, toda la historia remite a ese medio y, en
particular, a LR3 Radio Belgrano (ex Nacional), propiedad de Samuel Yankelevich,
a su vez dueño de la productora Río de la Plata. Aparecen Ernesto Famá como
él mismo y, en la secuencia denominada Fiesta de la Radio, Olga Casares Pearson
& Angel Walk, Federico Mansilla, Felipe Romito, Alberto Díaz Lavalle,
Roberto Firpo y Francisco Lomuto.
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Melgarejo (Moglia Barth, 1936). El
compositor José Vázquez
Vigo y Amanda Varela, ésta como invitada a la primera fiesta, en la que sin
duda fue una gentileza hacia su hermana Mecha Ortiz, quien con Parravicini
encabezaba el elenco.
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¡Segundos afuera! (Alberto
Etchebehere y Chas de Cruz, 1937). En la pelea de box del final, entre los
espectadores están Pepe Arias, Alicia Vignoli, Chela Cordero y Luis Sandrini, éstos últimos pareja
en la vida real en aquellos días. Sandrini siempre estuvo bien dispuesto a este
tipo de apariciones y, de hecho, las reiterará en Amor, último modelo, El barro
humano (Luis César Amadori, 1954: “taxista”), Viaje de una noche de verano (1964-1965, “automovilista” en La bañadera, episodio dirigido por Rubén
W. Cavallotti), Un elefante color
ilusión
(Derlis M. Beccaglia, 1970: “Luis, tío de las trillizas”), Yo tengo fe, El canto cuenta
su historia (1976: él mismo, en secuencia dirigida por Fernando Ayala), El casamiento de Laucha (Enrique Dawi,
1977: “el nuevo cura de Pago Chico”) y Frutilla
(Carreras, 1979: él mismo).
• Amor, último modelo (Roberto Ratti, 1942). En lugar de acreditarse de manera convencional Ratti lo hizo con el siguiente texto: “A mis amigos Luis Sandrini, Hugo del Carril, Amanda Ledesma, César Ratti y Emma Martínez que interpretaron breves roles en éste mi primer trabajo cinematográfico, toda mi gratitud. El director Roberto Ratti”. Todos ellos eran exclusivos de los estudios EFA, que lo produjo: Sandrini es un pasajero que compra dos boletos en el tranvía, César Ratti –tío del director– un borracho en el ascensor, Emma Martínez –esposa de César– la lavandera “Josefina Vázquez” y Carril y Ledesma una pareja de novios besuqueándose frente a una vendedora de la Maison Vidal, quien exclama: “¡Qué beso más cinematográfico!”.
• Mi novia es un fantasma (Francisco Mugica, 1943-1944). En esta comedia ligera con la imposible pareja Mirtha Legrand-Pepe Iglesias, los estudios Lumiton ubicaron a varios de sus actores del plantel estable, todos ellos sin ser acreditados y en una misma secuencia denominada Fiesta de las Estrellas en el hotel en el que ambos trabajan: Pepe Arias, Aída Ollivier y Enrique Serrano llegando al Grand Palace, Alicia Barrié, Juan Carlos Thorry, Narciso Ibáñez Menta y Miguel Gómez Bao en una mesa, Mariana Martí, Virginia Luque, Tito Gómez y Billy Days en la “mesa de la juventud” e Irma Córdoba, Mecha Ortiz, Aída Luz y Amanda Varela en otra. Es allí que la mucamita Legrand pregunta: “¿Y Mirtha Legrand?”, y El Zorro le responde: “Iba a venir, pero no pudo porque está filmando esta película”.
• Pampa bárbara (Lucas Demare y Hugo
Fregonese, 1944-1945). Se registran tres AANA, y todas por socios de la
productora AAA: Enrique
Muiño aportó sólo su voz para el relato; Demare es un parroquiano de la
pulpería que defiende a Margarita Corona: “¡A la Tordilla no, no se lo voy a
permitir!”, y Angel Magaña como un caballero en el reñidero que apuesta “2
patacones al azulejo”. Magaña reiterará en Piantadino
y, muchos años después, en La valija
(Enrique Carreras, 1970), donde aparece como “don Antonio”, el encargado
del edificio en el que viven Sandrini y Pastorino: aparece barriendo un
pasillo, con gorra y bufanda que dificultan reconocerlo, saludando a Sandrini.
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¡Soy un infeliz! (B. H. Hardy, 1946).
Comedia bastante estúpida en la que, en la secuencia de la fiesta, se descubre
a Mario
Fortuna (adormilado), Pepita Muñoz (bostezando) y Blanca Tapia, Daniel de
Alvarado, Carmen Noguera y Oscar Soldati.
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Siete para un secreto (Carlos
Borcosque, 1947), sorpresiva de verdad la aparición de Narciso Ibáñez Menta como un borracho
que invita a bailar a “Gillian Lopkins” (Silvana Roth).
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El jugador (León Klimovsky, 1947) fue
el primer acercamiento argentino a un texto de Dostóievsky y también la opera prima de Klimovsky, quien ubicó,
apropiadamente en las secuencias en el casino, a varios de sus amigos jugando a
la ruleta: Roland sentado al lado de Amalia Sánchez Ariño, Valentina, Calki,
José Ramón Luna, Manuel Villegas López, Julio Saraceni, King, Darío Quiroga,
Antonio Cunill Cabanellas, Rodolfo M. Taboada y Osvaldo Miranda; casi
irreconocible, Carlos Cores es el jugador de barba y pipa que le dice a Roberto
Escalada: “Con prudencia joven, la ruleta es traicionera”.
• Corrientes… calle de ensueños (Román Viñoly Barreto, 1948), una historia del subgénero “persevera y triunfarás”, creada como vehículo para las excepcionales partituras de Mariano Mores, quien no pudo resistirse a actuar a pesar de que era un pésimo actor con una voz no apta para galanterías: el nombre de su personaje era el suyo real, Mariano Martínez, y a lo largo de la acción aparecen, en este orden y figurando sus nombres en los créditos, Enrique Delfino “Delfy”, Blackie, Francisco Canaro con su gran orquesta típico-sinfónica y el cantor Enrique Lucero; los periodistas Gloria Grey, Domingo Di Núbila –que figura como Francisco Di Núbila– y Chas de Cruz, los tres en un estudio de radio Belgrano; Mendy, Nelly García Montero, Carlos Borcosque, Juan Carlos Barbieri, Enrique Cahen Salaberry, Catrano Catrani y Tulio Demicheli en la misma emisora; Enrique Delfino “Delfy” en la casa de música; Iván Grondona (burlándose del protagonista), Aracelli, Mariofelia, León Klimovsky, Fernando Lamas y Carlos Lagrotta en la secuencia de la fiesta, más Elías Lapzeson, Osvaldo Miranda, Hugo MacDougall, Roland, José Ramón Luna y Jorge Salcedo por allí y por allá.
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Apenas un delincuente (Hugo
Fregonese, 1948). La secuencia en el Casino marplatense ofrece una AANA de
categoría internacional, Faith Domergue, por entonces esposa del director, como
una apostadora, de pie detrás de Salcedo.
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Piantadino (Francisco Mugica, 1949).
Otra comedia de Mugica con El Zorro: aquí se descubre a Malisa Zini, Narciso
Ibáñez Menta, Angel Magaña, Juan Carlos Thorry, Amelita Vargas y Carlos
Borcosque en los estudios Emelco.
• Vida nocturna (Leo Fleider, 1954) es todo un gran cameo: su estructura episódica y su unidad de tiempo y espacio (noche de fin de año en una boîte) permite con comodidad apariciones, si no amistosas, determinadas porque caducaban algunos contratos y los ahorrativos Mentasti obligaron a cumplirlos. El único actor que está todo el tiempo en pantalla es José Marrone, que hace el maître del Paradis, al que acceden Hugo del Carril (como sí mismo), Olga Zubarry, Rolando Cháves como el dueño del boliche, Tato Bores, Francisco Alvarez, Pichín como el barman, Susana Campos como la encargada del guardarropas, Morenita Galé, Maruja Montes, Ricardo Castro Ríos, Santiago Gómez Cou, Luis Dávila, Olinda Bozán, Fina Wassermann, Nicolás Fregues, Guillermo Battaglia, Julia Sandoval, Elsa Daniel y, como atracciones musicales, la Jazz Santa Anita Ritmo en el Alma, la Orquesta Típica de Aníbal Troilo con el cantor Jorge Casal, el Trío Martino y el Trío Pichuco-Grela-Saldívar (h). Por si no bastara, hay apariciones no acreditadas de Alberto Dalbes como un piropeador callejero y de Roberto Escalada bailando. [Concluirá mañana]