YO SE QUE AHORA VENDRAN CARAS EXTRAÑAS
Cántame en castellano… (I)
Por si el título
de este artículo (advierto que salió largo, muy largo) no resultara la
suficientemente explícito, se trata de cantantes españoles y de la América
latina que participaron en films argentinos y en coproducciones en ambos casos
rodados aquí, excluyendo a quienes, aun participando en alguna coproducción, rodaron
sus secuencias en su país de origen o aquellos que sólo actuaron sin cantar una
sola nota, como la cubana Cuquita Carballo y la española Ana Belén. Los films
con canciones, los films-de-cantante, los films-disco y los escasos musicals fueron poco a poco desapareciendo
de la industria cinematográfica nativa hacia mediados de los 80. Los sujetos en
cuestión son mencionados en el orden en que hicieron el primero en nuestro
país. Es posible que se me escapara algún nombre, por lo que pido disculpas.
Adria Delhort | MX, ¿?-1991
Actriz y cantante que actuó en
largometrajes sonoros en su país entre 1933 y 1938, varios de ellos dirigidos
por Fernando de Fuentes. Durante una de sus temporadas porteñas se presentó primero
en el Astral y luego en el Paramount, cuando le cupo el honor de ser la primera
canora extranjera en aparecer en tres de los primeros cortos sonorrizados
mediante el primitivo sistema Phono Film: interpretó sendas canciones
tradicionales de su patria, anónimas, acompañada por sus compatriotas el
cantante Angel Las Heras y el guitarrista José Muñoz. • El sepulturero, Cielito lindo
y La mano del muerto (Francisco P.
Donadio, 1928).
Paquita Garzón | ESP, 1913-1999
Llegó por vez primera el 9.4.1929
contratada por Arturo De Bassi para la temporada de revistas del teatro Porteño
–no por Manuel Romero, como desinforma un diccionario: ese año Romero fue
empresario de otras compañías–, debutando el 26.4 en las revistas ¡Otra vez París! y En plena juventud, ambas de De Bassi, Pablo Suero y Alfredo Le Pera;
al día siguiente, el cronista de La
Nación estimó que “tiene gracia y cierta picardía contenida y fina”. Se
quedó a vivir e intervino en un puñado de títulos, siendo Historia del 900 el único en el que no canta. • Dancing (Moglia Barth, 1933), …Y pasa la cumparsa (Albert Arliss,
1937: “la nuera”; inconcluso), La dama
duende (Luis Saslavsky, 1944: “Jerónima de Olmedo, la tonadillera”, 7º), Milagro de amor –Leyenda– (Francisco
Mugica, 1946: “la posadera”, 5º) e Historia
del 900 (Hugo del Carril, 1948: “Angélica de la Fuente, señora del doctor
Díaz” [Florindo Ferrario], 15º).
Alberto Vila | URU, 1903-1981
Iniciado en la Troupe Ateniense montevideana, conjunto
humorístico-musical amateur que se
presentó por vez primera en Buenos Aires desde el 19.10.1927 en el teatro
Coliseo en un espectáculo en el que intervenía en la tercera parte,
protagonizando el cuadro IV, “Carlitos Gardel (Cantor criollo del dúo Gath y
Chaves)”, en una imitación muy festejada por público y críticos. En su debut en
el cine local hace un malo de pacotilla que termina cantando jingles. En su país sólo fue el protagonista de Soltero soy feliz (idem, Edmundo
Bianchi, 1938) y el “Aramis” de Los tres
mosqueteros (idem, Julio Saraceni, 1945). • Radio Bar (Manuel Romero, 1936: “Carlos Torres”, 5º), Cuatro corazones (Enrique Santos Discépolo, 1938: “Juan Carlos”,
4º), Retazo (Elías Alippi, 1938-1939:
“Tito Aguilar”, 2º), La casa del recuerdo
(Luis Saslavsky, 1939-1940: “Carlos Lóyzaga”, 3º), Confesión (Moglia Barth, 1940: “Ernesto Correa”, 2º), Mañana me suicido (Carlos Schlieper,
1942: “Ernesto Rojas”, 2º), Amor, último
modelo (Roberto Ratti, 1942: “Héctor Fernández Toledo”, 1º), Camino del Infierno (Saslavsky, 1945:
“Esteban Morel”, 9º) y Adiós pampa mía
(Romero, 1946: “Carlos Suárez”, 2º).
Bola de Nieve | CUBA, 1911-1971
Mítico músico del
que este blog se ocupó el 13.5.2025.
Apareció en tres largometrajes en carácter de atracción musical. • Adiós Buenos Aires (Leopoldo Torres
Ríos, 19378, como el pianista de la orquesta Habana-Casino), Embrujo (Enrique T. Susini, 1941: “el
corta orejas”, 14º) y Melodías de América
(Eduardo Morera, 1941).
Rosita Moreno | MX, 1911-1993
Gran estrella internacional del cine hablado en
castellano. Acerca de su nombre verdadero y de su nacimiento hay datos
encontrados, aunque la fuente más lejana en el tiempo (y, por eso mismo, la más
confiable) es un recorte de diario, sin fecha, circa septiembre 1933,
que asegura que su nombre real es Carmen Gabriela Victoria Viñolas y que nació
el 18.3.1911 en Machuca, México. Hija de padres actores (Paco y Pilarica
Moreno, el apellido artístico que ambos eligieron), debutó siendo niña en
Buenos Aires, durante una gira de la compañía de sus padres, que habían radicado
en los EEUU. Ya señorita, integró los elencos de los espectáculos revisteriles
del circuito Keith-Orpheum (1925 a 1929) y en 1930 fue contratada por la
Paramount, iniciando así una fulgurante carrera en cine que incluye rodajes en
Hollywood, en Joinville, en Nueva York (como compañera de Carlos Gardel en dos
títulos) y en Buenos Aires, ciudad en la que estuvo varias veces aparte para
hacer cine y también teatro, en dos revistas de Botta y Amadori dirigidas por
Amadori en 1933 en el Maipo, La estrella de Los Angeles y ¡Good bye,
Rosita! Volvió en junio 1936, en junio 1938 y en abril 1940, esta vez para secundar
a Sandrini en La dama y el canillita en
el teatro Casino, “gran revista de espectáculo
y visualidad, en 15 cuadros cómico-lírico-bailables, hilvanados con ritmo
alegre y moderno, sobre libro de Antonio Botta y música de los compositores más
celebrados”. Estuvo casada con Melville Shauer, poderoso empresario que
orientó su carrera en la madurez. En El
canillita y la dama interpreta a una “millonaria
aburrida con el novio impuesto por el padre, propia del cine de Frank Capra, y
una vuelta al personaje de la ricachona y el pobrete, como en Puerto Nuevo” (1935), según
estimó Claudio España, el biógrafo de Amadori. El segundo y último, La Hora de las Sorpresas, es lo más parecido que el cine argentino
clásico produjo en relación a un musical estadounidense: en medio de muy buenos
decorados y de una fotografía excelente transcurre una decena de números
musicales con un débil pretexto argumental (la cacería de una muchacha
millonaria al corazón de un astro de la radio, para lo cual finge ser pobre)
provisto por dos guionistas hollywoodenses, de los cuales Harry Clork carece de
antecedentes mientras a Erwin Gelsey le sobran (Flying down to Rio –Volando
a Río, Thornton Freeland, 1933–, entre otros laureles), argumento que tal
vez disfrace el de algún otro asunto previo de Gelsey, aunque ninguno de los
que ofrece la web coincide en su
argumento con este argentino. El ritmo en ocasiones decae, lo cual denota que a
Tinayre todavía le faltaba algo de experiencia, pero el resultado permite
constatar cuán graciosa era Lydia Lamaison antes de su carrera “dramática” y
“prestigiosa”, con cuanta elegancia bailaba Esteban Serrador y cuan
incomprensible era el castellano de Rosita Moreno. • El canillita y la dama (Luis César
Amadori, 1938: “Martha Fuentes”, 2º) y La
hora de las sorpresas (Daniel Tinayre, 1941: “Rita Montes, de nombre real Angela Curapaligüe”, 1º).
Angelillo | ESP, 1908-1973
Súper estrella del cine del período republicano de
quien poco antes de su llegada al país en el primer semestre 1938, fueron
estrenados en Buenos Aires La hija de Juan Simón (idem, José Luis Sáenz
de Heredia, 1935) y ¡¡Centinela alerta!! (idem, Jean Grémillon, 1935).
Angelillo había visitado la Argentina por primera vez en marzo 1930, contratado
por la empresa del teatro Avenida para sumarlo a su espectáculo La copla andaluza, de Pascual Guillén y Antonio
Quintero. Su primera producción local fue defenestrada por Di Núbila en apenas dos adjetivos, “modesta y chata”: se trata de un largometraje
orientado por españoles (el productor Urgoiti, el iluminador Beltrán) y escrito
para esa ocasión por el celebrado comediógrafo, también español, Carlos
Arniches. No han sobrevivido copias como para comprobar si en realidad era tan
modesto y tan chato. En el siguiente, es otro de los numerosos estudiantes
crónicos que en realidad quisieran ser cantantes o actores y por lo general lo
consiguen cerca del final, quedándose además con la chica de sus sueños: Mi
cielo de Andalucía es uno más, y cambiando nombres, ambientes, canciones y
circunstancias podría haber sido protagonizado por Alberto Castillo o por
Palito Ortega. Por fortuna, está Angelillo, quien compensa sus escasas dotes de
actor con sus evidentes atributos en tanto cantante. Murió en su casa de
Vicente López. • La canción que tú
cantabas (Miguel Mileo, 1939: “Angelillo”, 1º) y Mi cielo de Andalucía (Ricardo M. de Urgoiti, 1941: “Rafaelillo
Medina del Río”, 1º). [Continuará
mañana]