lunes, 20 de julio de 2026

ESPECIAL DIA DEL AMIGO / EN PRIMERA PERSONA

Mis amigos del cine

 “Con el paso del tiempo fuimos viendo cada vez menos a Teddy y a Vern,
hasta que se convirtieron en dos caras más en las fotos. A veces ocurre.
Los amigos entran y salen de tu vida como los camareros de un restaurante”.
Stand by me (Carl Reiner, 1985).

Suena como el nombre de un antiguo cineclub, pero el título va por otro lado. Fue uno mucho más joven quien me lo hizo notar: le contaba el festejo de cumpleaños de alguien y de pronto me dijo: “¿Te das cuenta de que todos tus amigos son mayores que vos?”. En aquel momento sólo me quedaban dos o tres en esa categoría etaria, pero el comentario me quedó zumbando hasta que decidí convertirlo en un texto confesional. El único que continúa vivito y coleando no encaja en este artículo: Miguel Angel Marengo me lleva apenas quince días pero tiene el mérito de ser mi amigo más antiguo, tanto como del secundario en el Nacional Reconquista de Villa Urquiza. Sin embargo, ni Miguel ni Cristina, su esposa, son gente de cine: son mis amigos de la vida, lo mismo que Néstor desde hace unos cuarenta años y su mujer, Valeria, desde hace menos tiempo pero con la intensidad de una familia.


Palermo, febrero 1986: con Isabel


   La mayor parte de ellos me los regaló la frecuentación del Cine Club Núcleo, primero como socio apenas cumplí los 18, luego como empleado de su oficina en Lavalle al 2000 y al mismo tiempo como miembro de su Consejo Directivo. Allí, durante varios años, conviví film-a-film, función-a-función con Ernesto Pérez, el más rebelde de todos, a quien Tito Vena apodó “Humito” porque defendía a Cottafavi adjudicándole ocultos significados al humo amarillo que emanaba en uno de sus peplums. Luego, decidió irse a vivir a Europa, pero el día previo al viaje (febrero 1969) tuvo el gesto de visitarme en mi cama del hospital Fernández (neumotórax espontáneo, cirugía, un mes internado, varios meses de recuperación) para despedirse, dejándome de regalo los dos tomos de Alice in Wonderland. No conocí su primera casa en Roma pero sí la segunda en la Via del Boschetto, que siempre estuvo disponible para mis visitas, estuviera él o no presente. A poco de llegar entró a la agencia ANSA, para la que cubría todos los festivales posibles, y no sólo de cine. Ernesto es de una generosidad infrecuente y sus domicilios han servido no sólo para albergar amigos de paso sino también para refugio temporario de algunos otros: en septiembre 1973, al terminar Pesaro, fue Raymundo Gleyzer, y en julio 1979 Miguel Bejo, su mujer Silvia y “la niñita Berenice, que correteaba desnuda por mi departamento”; cabe aclarar que Ernesto ni siquiera conocía a esos cineastas, lo que agrega solidaridad a su generosidad. Continúa siendo mi amigo, así como ambos Lewis Carroll permanecen en mi biblioteca.


Campo de Mayo, agosto 1968:
con Ernesto en los decorados de Kuma-Ching


   La muerte me separó temprano de Alberto Ojam (1941-2005), a quien todos llamábamos “Chuqui”, o el Gordo Ojam. Fuimos inseparables en esos años de Núcleo, y hasta compinches escribiendo materiales concernientes al lanzamiento de algún film distribuido por Walter Achúgar y Cacho Pallero así como de una Semana de Cine Español. Trabajaba en la redacción de Antena y me consiguió un puesto en TV Guía, truncado por aquella internación [pienso, hoy, que si hubiera ingresado a la editorial Korn tal vez me habría convertido en un periodista cholulo dedicado a los chismes y por lo tanto hoy sería socio de APTRA, ¡quel horreur!]. Gustaba regalarme, para mis cumpleaños, LPs de música clásica con dedicatorias que revelaban nuestros gustos comunes: para mis 23 fue la 7ª de Dvořák y escribió: “Belle de Jour: que el espiritual recogimiento que este disco te depare, compense de alguna manera las pantagruélicas, sensuales veladas de Bachín y del Toboso. Sé que hubieras preferido a Aretha Franklin o a The Jefferson Airplane, en lugar de este asquete de música. La Bête Noir, 7/7/68”. Fuimos compañeros en el Heraldo y en cada diario en el que escribí traté, casi siempre con éxito, de contarlo en el equipo: recuerdo, ahora con una sonrisa, cómo lograba ponerme los nervios de punta cada jueves, cuando llegaba a la redacción con los minutos contados para escribir su crónica de algún estreno. Chuqui tuvo una activa militancia gremial, se casó dos veces, con Dora y con Liliana, y fue padre de dos mujeres y un varón, éste despuntando al periodismo.


San Martín de los Andes, abril 1979:
con Chuqui en el preestreno de De cara al cielo


   A Coco y Rosita también los conocí en aquellos días, primero a él, que frecuentaba Núcleo, y luego a Rosa, que poco a poco se convirtió en la mejor amiga que supe tener. Ellos y Berta Esión –cuando todavía utilizaba el apellido de casada, Eichelbaum– me invitaron a sumarme al equipo de Prensa del 9º Festival de Mar del Plata de 1968 y luego al del 10º de 1970, trabajos ocasionales que expandieron mis conocimientos. Coco Acevedo (1927-2001) a quien nadie llamaba por sus nombres (Juan Ignacio), era entrerriano pero vivió desde jovencito en Bahía Blanca, desde donde llegó a la Capital con la intención de convertirse en actor. No lo logró más allá de algunas pequeñas partes (con destaque para el “Ramirito Gancedo” de Pajarito Gómez, de su amigo Rodolfo Kuhn): era muy amanerado y acusaba demasiados “tics” como para serlo de manera profesional, pero a cambio ejerció el periodismo y, sobre todo, se dedicó con gran éxito a ser un excelente agente de Prensa, y mucho hizo por la difusión de los cineastas de la Generación del 60. También fue manager de al menos dos actores, Adrián Ghío y Jorge Sassi, con el resultado de que terminaba enamorándose de manera unilateral, situación que Jorge y su esposa, “Cruella” Allende, aprovecharon esquilmándolo hasta el punto de tener que vender el departamento que con tanto esfuerzo había logrado comprar. Coco sufría mucho su soledad, y la paliaba de manera original, al menos los fines de semana, instalándose, se diría “de facto”, desde el viernes por la noche hasta el lunes por la mañana en casa de sus amigos. En sus últimos años, alejado del medio, empobrecido y enfermo, fue cariñosamente asistido por su amiga Teresa Costantini, quien tuvo la gentileza de avisarnos de su muerte y así poder despedirlo.


Años 70: con Rosita y Coco
en un festejo en la Cinemateca


“La gente se cree amiga porque coincide algunas
horas por semana en un sofá, una película, a veces
una cama, o porque le toca hacer el mismo trabajo en la oficina”.
Cortázar, Rayuela (1963).

Con Rosa Brascó (1927-1986) cultivamos una amistad que duró hasta su fallecimiento, amistad pautada por visitas a la vieja casona de la calle Venezuela en la que ella y sus hijas Amalia y Eugenia convivían en la que era como una pensión de las de Manuel Romero pero con huéspedes intelectuales, y luego a sus subsiguientes domicilios y a largos fines de semana en La Grelita, la casa que alquilaba en el Delta del Tigre. La quise como a una hermana mayor, sabia y comprensiva, y a ella, a su recomendación ante Kive Staiff, le debo mi ingreso a La Opinión. Santafesina al igual que Miguel, su famoso hermano, se vinculó al cine a través de Beatriz Guido, a quien le mecanografiaba sus manuscritos, inicio de una relación de por vida. De Rosita, a quien todavía extraño un montón, adopté dos de sus frases recurrentes, “Me importa tres belines” (jamás supe qué cosa sería un belín, acaso algo santafesino) y tal Fulano “me postra…”, así como heredé la amistad de su mejor amiga, Chela Murúa, que seguimos cultivando a sus declarados 90 y pico.


Chez Onaindia, 13.1.2009:
con Edgardo en su cumpleaños


   Gracias a Núcleo también conocí a Alberto y a Edgardo, imposible separarlos. Sobre Edgardo Cozarinsky (1937-2024) escribí extensamente en este blog (13.1.2026), por lo que no repetiré conceptos. En cuanto a Alberto Tabbia (1929-1997), debo decir que no era mayor que yo, sino mucho mayor, tanto como 16 años y la consiguiente sabiduría. De los encuentros casuales en cines diversos pasamos a encontrarnos en casa de amigos comunes, hasta que con Ernesto Schóó lo convencimos (“se dejó convencer”, escribió Edgardo, como rebajando el gesto) de sumarse al equipo de cine de La Opinión, en el que ya colaboraba para el suplemento cultural. Era un freelancer absoluto, no sólo porque publicaba de cuando en cuando sino porque su timidez le impedía las relaciones públicas: si viviera, este presente le significaría un Infierno cotidiano. Tenía amigos prestigiosos a los que se refería si no le quedaba más remedio, así de respetuoso era. Sus temas casi excluyentes eran la literatura y el cine, y los escribía de maravillas: leyéndolo aprendí mucho de sintaxis. Los años que compartimos en la redacción fueron en verdad entrañables: a veces llegaba con el ejemplar recién recibido por correo de Sight and Sound o de los Cahiers y los traía sólo para que los ojeara; cuando le preguntaba si iría a tal privada a veces contestaba: “¡A mí no me invitaron!”, y entonces le decía: “Alberto, déjate de joder, venís conmigo” …e iba. Así como sin proponérselo fue para mí una especie de maestro intelectual en algunos aspectos fui su maestro “de calle”, un mundo que le resultaba por completo ajeno y hasta inhóspito. Vivía solo en un departamento en Recoleta y, como tantos otros solitarios que en el mundo somos, allí murió, descubierto un par de días más tarde por el encargado del edificio: lo despedimos apenas cinco amigos y un primo, esperando a Edgardo que estaba en París. Fue un tristísimo sábado, aquel.


Mar del Plata, noviembre 1972:
con Alberto en el Provincial


   Ernesto Schóó (1925-2013) siempre lucía como un dandy de fines del XIX: calva reluciente, bien trajeado, moñito, sonrisa cordial, elegancia natural. Muy divertido, además. Si mal no recuerdo lo traté por primera vez en una comida pos función privada en el desaparecido El Toboso de Corrientes al 1800 (cuyas milanesas a la napolitana estaban coronadas por aceitunas verdes picaditas: un manjar) en mesa compartida con Alberto, Edgardo, Mario Ceretti y… hasta allí alcanza mi memoria. Ernesto escribía como los dioses, haciendo gala de un conocimiento muy amplio (artes plásticas, teatro, cine, música) pero con base sólida, nunca ostentándolo, como su colega César Magrini, ese pelmazo petulante. De nuestros años (¿o fueron meses?) en la redacción de Barracas recuerdo las escapadas casi diarias a un bar de viejo en el que devorábamos unos deliciosos sándwiches de jamón serrano. Enfermo de cuidado en los tiempos finales, su último correo electrónico que respondía a uno mío terminaba diciendo: “Venite algún día a tomar el té a casa; ya casi ni salgo, tengo problemas de baja presión arterial (tiendo a marearme y caerme) y de movilidad, de modo que tan sólo salgo para ir a los médicos, o por el barrio, y siempre acompañado. Un gran abrazo y todo el cariño de Ernesto”. Mientras viva no dejaré de lamentar el no haber tomado ese último té con él, que falleció no mucho después.


Ernesto Schóó


   También me resulta imposible mencionar por separado a Guillermo Fernández Jurado (1923-2013) y a Paulina Fernández Jurado (1926-2004), el “Pupi” y la “Beba” para la intimidad. Paulina tenía, por supuesto, su propio apellido (Levovich), pero tomó –o le asignaron de prepo– el de su marido. Capos de la Cinemateca Argentina y cortometrajistas, sólo Guillermo logró acceder, con escasa fortuna, al largometraje. Estuvieron en mi vida desde siempre y desde siempre en directa relación con Rosita Brascó, también ellos de la pequeña familia finisemanera de La Grelita. Paulina era brava, más aún, temida, al menos por los empleados de la Cinemateca: pero era una máscara que sabía deponer cuando era menester. Guillermo era una Gran Torpeza Andante, y para muestra basta una anécdota: cuando Coco Acevedo inauguró su departamento (el segundo), nos invitó a comer; el café lo sirvió en el living, mientras el Pupi jugueteaba con un racimo de uvas de vidrio que decoraba la mesa ratona: tanto jugueteó que, por supuesto, las uvas terminaron rodando por el piso; la reacción de Coco fue memorable y provocó nuestra risa imparable que concluyó bruscamente cuando Coco (que no reía y estaba rojo furioso) nos echó, a todos, sin compasión…


Chez Rosita, invierno 1985:
con Chela Murúa, Guillermo y Paulina


 “La amistad no es menos misteriosa que el amor o que
cualquiera de las otras faces de esta confusión que es la vida”.
Borges, El indigno (1970).

A Oscar Barney Finn lo conocí en 1973 a través de Julia von Grolman, que fue su mejor amiga. Estaban concluyendo La balada del regreso y desde aquellos días nuestra relación se afianzó a medida que descubríamos miradas comunes sobre el cine y sus hacedores. Excelente anfitrión, nunca dejó de invitarme a sus cumpleaños, que celebraba a lo grande incluso en épocas en que sus ingresos hacían agua. Platense de Berisso, una vez cumplida su beca en el IDHEC parisino decidió instalarse en Buenos Aires: al principio vivió con Rodolfo Mórtola, otro de sus más cercanos amigos, hasta que logró comprar un primer departamento en Libertador y Libertad y años más tarde, especiales televisivos mediante, otro, el actual, en Callao y Alvear, cálidos testigos de sus reuniones. He sido el primer periodista invitado a la primera privada de sus films, menos por mi profesión que por nuestra amistad; hemos coincidido en algún viaje y durante años nos hablábamos por teléfono cada domingo cerca del mediodía hasta que los fucking celulares y “redes sociales” alteraron esa costumbre. Como sea, no lograron alterar nuestro inamovible estadio amistoso. Es un trabajador obsesivo y parecería que nunca descansa: si no tiene una o dos piezas teatrales en cartel está pensando en otras por venir, y a pesar de ello siempre encuentra el tiempo para sus actividades sociales y para estar cerca de la gente que quiere, sea por un festejo o por una desgracia. Sobre nuestro amigo Rodolfo Mórtola (1943-2011) publiqué un perfil en este blog el 7.6.2026.


Palermo, febrero 1986:
con Oscar y Luisina


   A través de Oscar conocí a Ricardo Fasán (1936-2018), que era actor pero tenía una segunda profesión, de la que vivía espléndidamente: peluquero o peinador o estilista que por fortuna no vivió para verse transformado en un barber shop. Al igual que a Oscar, le encantaba recibirnos y agasajarnos con exquisiteces gourmet, y durante un tiempo, hacia fines de los 70, hasta tuvo un cocinero, el Gordo José. Los equipos de rodaje lo conocían muy bien, pues fue el peinador en muchos largometrajes. Compartíamos el gusto por la música brasileña y luego de nuestros viajes individuales a Río o San Pablo intercambiábamos figuritas: “¿Trajiste el nuevo de Gismonti, compraste el último de Caetano?”. Tuvo un casal de perros “salchicha”, Gastón y Lucrecia, que un día de 1980 parieron cinco salchichitas: me ofreció uno, volé a su departamento de Paraná, elegí un machito marrón (el Billy, mi Billy) y mientras vivió no dejaba de preguntarme por él. Adorable Ricardo, de cuyos menesteres fúnebres se ocupó Oscar, por supuesto: también para eso están los amigos. De otros queridos amigos del cine publiqué en este espacio un recuerdo especial a manera de perfiles: Juan Carlos Fisner (1934-2023) el 22.3.2025; Claudio España (1942-2008) el 29.10.2025; Armando Bo (1915-1981) el 18.1.2026; e Isabel Sarli (1929-2019) el 9.5.2025.


Ricardo


   Y Jorge, claro. Lo he dejado para el final a pesar de que nos conocemos desde los 60. Jorge Andrés, quien solía firmar sus artículos periodísticos como Jorge H. Andrés, era de la misma barra que Ernesto Pérez, Alberto y Edgardo, gente a la que yo admiraba en tanto lector: cuando apoyaba la ñata contra el vidrio ellos ya estaban dentro del cafetín. Jorge integraba la Comisión Directiva de la Cinemateca con Roland, Couselo, los Fernández Jurado, Fisner y Alejo, y desde aquellos días hemos sido amigotes (amigote: estadio intermedio y afectivo entre un simple conocido y un amigo del alma), nos hemos encontrado en sesiones de cineclubes, en reuniones sociales, en privadas; nunca dejó de atender algún pedido de asesoramiento acerca de datos precisos referentes a la música de algún film que investigaba; hemos coincidido una muy lejana tarde en el cine Arte de la Diagonal Norte tras ver un Hitchcock y, más cómplicemente, en la primera matinée de la peatonal Lavalle en el estreno de alguna star que, luego lo supimos, nos entusiasmaba por igual. Tuvo que ocurrir una pérdida para que nos convirtiéramos en amigos cercanos. Desde entonces nos comunicamos casi a diario, tecnología mediante, y de vez en cuando para almuerzos prolongados, en los que me sigue deslumbrando su sabiduría en música, en cine y en teatro, y sobre todo su fenomenal sentido del humor. Es en verdad lamentable que dejara de publicar: extraño sus notas para La Nación.


En casa, julio 2025, con Jorge y Oscar


   De todos ellos, sólo sobrevivimos Ernesto, Oscar, Jorge y yo. Muy lejos de St. Elmo’s fire, más cerca de The big chill.

domingo, 19 de julio de 2026

CINEASTAS

Parera y Fili, dos fuera de cuadro

Carlos Parera ostenta una trayectoria rica y diversificada pero en su gran mayoría en el terreno del cortometraje, el documental institucional y el film publicitario (f/p), lo cual significa que su seguimiento es un tanto evasivo. El ya clásico Tiro de gracia resultó el único largometraje que concretó en tanto director de fotografía y operador de cámara, sus principales especialidades. Carlos Parera Gorgoll, tales sus apellidos paterno y materno, era español, nacido en Barcelona el 25.5.1935, radicado desde sus 6 años en la Argentina y falleció en Buenos Aires el 5.8.2001. Sobre sus notorios antecedentes en la industria hay un completo informe en la Revista ADF, nº 9, pág. 14, publicado a manera de despedida.


Tiro de gracia


   Su nombre comenzó a sonar desde comienzos de los 60, al mismo tiempo publicando dibujos ilustrativos en diarios y revistas, dirigiendo la fotografía de cortos de sus amigos y colegas y diseñando y realizando los títulos de crédito de largometrajes industriales, destacando varios de la empresa Aries, de Ayala y Olivera. Su relacionamiento con Ricardo Becher se inició en aquellos primeros 60s, cuando se ocupó de los títulos de Racconto, pero entre esta opera prima y el siguiente, Tiro de gracia, Becher lo sumó al equipo que rodó en 16mm escenas para Jazzpium (17.4.1967, Di Tella), espectáculo dirigido por Norman Briski y escrito por autores diversos: esas imágenes adicionales contaron con fotografía y cámara de Félix Monti, montaje de Oscar Souto y colaboración de Parera, Rodolfo Sánchez y Sergio Mulet, tal como registra el respectivo programa de mano. Por entonces montó Carlos Parera Cine, básicamente para f/ps pero también cortos institucionales. Así, produjo y dirigió cuatro por encargo de la Secretaría de Estado de Salud Pública del Ministerio de Bienestar Social de la Nación, en todos los cuales fue guionista DF y cameraman: El hijo bienvenido y Operativo Agua en 1969, La rabia en 1970 y Sus hijos y usted en 1971.


Juana Hidalgo en Sus hijos y usted


   A propósito de estos encargos, A. E. O. (Alberto E. Ojam) lo entrevistó para el suplemento publicitario de Heraldo del Cine (26.5.1971). En el copete introductorio, Ojam opinó que “se distinguen por la sagacidad que atempera el tono didáctico: minihistorias naturalistas, tocadas por la cotidianeidad y por leves arrestos de humor, el escaso énfasis con que se vierten sus recomendaciones al público logra, significativamente, que su penetración sea más potente. Tal eficacia expresiva puede haber obrado para que un productor peruano encomendara a Parera la dirección de un documental sobre la edificación de una monumental central hidroeléctrica, a 80 km. de Lima, sobre la carretera Centro. Parera se sintió como pez en el agua: filmaba y al mismo tiempo refrescaba sus conocimientos de ingeniería, una carrera que abandonó cuando le faltaban pocas materias. En su casa, abarrotada de objetos de artesanía indígena (recogida en Perú, Chile, Paraguay, Bolivia, el N. O. argentino), Parera nos habló de esa filmación y de ese documental con un detallismo que es sinónimo de apasionamiento”. Sigue algo más de una página de reportaje, en el que relata que restaba rodar más material, que él mismo se ocupó de la fotografía y la cámara, que Luis César D’Angiolillo (su compaginador en Sus hijos y usted) lo secundó en todo el proceso y que luego lo editaría, y que durante su estancia en aquel país realizó asimismo algunos f/ps para Coca-Cola. Sin embargo, nunca más se tuvieron noticias acerca de ese trabajo, ni siquiera registrado por Ricardo Bedoya en su valioso libro 100 años de cine en el Perú –Una historia crítica– (1992).

   Su nombre en los títulos de crédito de algunos films se estira hasta el final del siglo XX con sus albores digitales, en todos los cuales figura en el rubro “laboratorios”. En 1999 y con sus apellidos completos publicó la novela Un tigre antes de dormir, que había concebido como un guion. Otros apellidos Parera con seguridad estaban emparentados: su hermano o hijo Jorge fue sonidista en los cortos Quinteto (compartiendo el crédito con Aníbal Libenson) y Hermanos queridos (Gabriel Aquino, 1994), y sus sobrinos o hijos Pablo y Mariana actuaron en Sus hijos y usted.





FILMOGRAFIA

F y CM en Los anónimos (Pedro Stocki, 1961, corto) / F en El sudor (Adolfo Krygier, 1962, corto) / F y CM en Tarjeta postal (Héctor Franzi, 1962, corto) / Diseñador de títulos (TT) de No exit (Tad Danielewski, 1961), Huis clos –A puerta cerrada– (Pedro Escudero, 1961), Racconto (Ricardo Becher, 1963) y Primero yo (Fernando Ayala, 1963) / F y CM en Filiberto (Mauricio Berú, 1965, corto) y La Difunta Correa (Néstor Paternostro, 1965, corto) / CM en Fuelle querido (Berú, 1965, corto) / F y CM en Tiro de gracia (Becher, 1968) / D, G, F y CM de El hijo bienvenido (1969), Operativo Agua (1969), La rabia (1970) y Sus hijos y usted (1971) / TT de La guita (Ayala, 1969) y El profesor patagónico (Ayala, 1970) / Algunos títulos procesados en su laboratorio: Tobi y el libro mágico (Zuhair Jury, 1998), Marc la sucia rata (Leonardo Calderón, 1998-2002), Luca (Rodrigo Espina, 1999, terminado en 2007), DV-Campitelli (Becher, 1999, corto), Angel, la diva y yo (Pablo Nisenson, 1999), Las aventuras de Dios (Subiela, 1999) y + bien (Eduardo Capilla, 1999).

 

Marginal en el terreno del largometraje, el cordobés Hugo Fili (Córdoba, Cba., 8.12.1936) trabajó en publicidad y en equipos de fotografía y cámara. Concretó un aprendizaje intensivo durante dos años como operador del noticiario Sucesos Argentinos y en el terreno del f/p fue operador de cámara y/o director de fotografía para Nexo Publicidad, Horacio R. Casares Producciones, Publifilm, Roberto Jabiú Producciones, Equipo Latino y muchas otras empresas de los años 60 y 70. También ha trabajado en documentales institucionales e industriales, algunos de los cuales los ha dirigido él mismo. En cambio, su actividad en largometrajes ha sido esporádica. A comienzos de 1972 debió comenzar el rodaje de la que hubiera sido su opera prima en tanto director, un western mendocino titulado “Voy por el oro, mato y vuelvo, pero...”, nunca concretado.

   Con estos antecedentes, Fili llegó a El juicio de Dios, adaptación suya del cuento de Antonio Di Benedetto publicado en 1957 como parte del libro Grot, dejando a un lado el guion que el autor mismo había escrito y presentado (con el título “Los inocentes”) a un Concurso de Argumentos organizado por el INC en 1959. El proyecto estaba a cargo de un productor desconocido en el gremio, quien convocó para integrar el equipo técnico a profesionales serie B. Tras poco más de dos semanas el rodaje, previsiblemente, debió ser paralizado por cuanto se había acabado el dinero. Aunque hubo algunos intentos, nunca fue reiniciado y Fili tampoco volvió a participar en largometraje alguno.





   Hurgando en la web aparece (lo que entiendo es) otro Hugo Fili, un actor y autor especializado en algo que la modernidad dio en llamar stand up comedian: este Fili tal vez sea hijo del cineasta, algo que las decenas de entradas en Google no precisan.

FILMOGRAFIA

00.  El juicio de Dios (1979) 35mm, C. CP: Cinematográfica Gusvi SA. P: Ramón Roque Cuello. G: HF, sobre el cuento de Antonio Di Benedetto. F: Pedro Marzialetti. I: Angel Magaña, Alba Mujica, Romualdo Quiroga, Jorge de la Riestra, Horacio Bruno “El Correntino”. Rodaje inconcluso.

Otras actividades en cine: CM2U en Operación “G” (Ralph Pappier, 1961) / CM en Recordando al Zorzal (Alberto Du Bois, 1963) / FQ en El experimento y El venado de las Siete Rosas (ambos Marcos Madanes, 1963, cortos) y El Santo de la Espada (Leopoldo Torre Nilsson, 1969) / F y CM en El principio del fin (Ricardo Alventosa, 1970, corto) / FQ en Güemes (Torre Nilsson, 1971) / CM2U en Embrujo de amor y Piloto de pruebas (ambos Leo Fleider, 1971) / FQ2U en Il giovane Garibaldi (Franco Rossi, I/F/RFA, 1972, miniserie TV parcialmente filmada en la Argentina) / CM en Allá en el Norte (Julio Saraceni, 1972) / CMADIC en Titanes en el Ring (Fleider, 1972) / CM2U en La malavida (Hugo Fregonese, 1972).

Adrián Ghío y Soledad Silveyra en La malavida




sábado, 18 de julio de 2026

TEMAS

Films institucionales

2. Cuatro largos, con una duda

En cuanto a largometrajes que encajan en el rubro, sólo he encontrado cuatro.

   La voz del tambor (1938) resultó el único dirigido por Constantino Ambrosioni y producido por la empresa CALS, siglas de las que se ignora su significado: CA podría ser el director. Un texto inicial indica que “los intérpretes son adherentes a la institución Boys Scouts Argentinos, actores en cierne que aspiran a ser útiles a su país interviniendo en otras obras de significación patriótica que nos proponemos realizar”. Los títulos de crédito fueron tomados por Fernando Martín Peña (quien gentilmente los cedió para este trabajo) del negativo encontrado en los depósitos de la Cinemateca del INCAA: hasta hoy no pudo tirar una copia positiva.

   Argentina tierra pródiga (1958-1960) es un documental sobre las riquezas argentinas, hecho en homenaje al sesquicentenario de la Revolución de Mayo y rodado en diversas zonas del país. El proyecto original sólo contemplaba aspectos agropecuarios, luego extendido a los industriales. Fue el último de Pedro Miguel Obligado (Buenos Aires, 2.12.1892 / 25.3.1967), escritor que desde diciembre 1979 devino plazoleta (Juncal-Talcahuano-Guido). Toda la documentación existente indica que fue producido por la filial argentina de la multinacional Shell, lo cual produce serias dudas acerca de su origen. Homero Alsina Thevenet escribió (en El País, Montevideo, 13.1.1956, recopilado en el libro Obras incompletas, II-A, pág. 182-183): “Cine Universitario exhibe hoy dos documentales británicas, ambas explicadas en castellano, ambas espectaculares y ambas poderosamente atractivas para el aficionado. Los dos films son, por otra parte, un pequeño fragmento de la inmensa producción de la Shell Film Unit, una organización que comenzó hace veinte años por realizar films vinculados a petróleos y motores y que terminó por constituirse en una entidad de divulgación cinematográfica sobre el transporte y sobre las tareas de toda rama de la ciencia, incluido el inmenso átomo”. Los dos títulos aludidos son Mille miglia (Bill Mason, 1953) y Powered flight –The story of the century– (Stuart Legg, 1953), pero HAT menciona al pasar otras producciones de la empresa, como “la magistralStanlow story (Douglas Clarke, 1952) y “el también magistralBack of beyond (John Heyer, 1954). En el tomo II-B se reproduce un artículo suyo sobre Bert Haanstra, donde informa que el célebre documentalista holandés estaba hacia 1956 también él bajo contrato con la Shell Film Unit.





   El Heraldo del Cinematografista del 11.11.1959 (pág. 268) suma más desconcierto en una breve información titulada “Documentales ingleses sobre nuestro país”: dice allí que “Nueve mil metros de negativo Eastmancolor, fotografiados por Humberto Peruzzi a las órdenes de un director inglés, constituyen el material sobre el cual se compaginará La lucha permanente, documental rodada en todos los rincones del país; muestra las riquezas agropecuarias argentinas, las plagas que las desvastan [sic] y los modos de destruir estas plagas. Su procesado se realizó en laboratorios londinenses. Actualmente el mismo director está rodando otro documental, El camino del quebracho, que tiene fotografía en blanco y negro de Juan Levalle [Levaggi]. A ambas realizaciones, producidas por firmas inglesas, está vinculada a través de su personal y equipos la cooperativa Gong”. Todo parecería indicar que el material aludido de alguna manera fue a parar a Argentina tierra pródiga y que el director Togni, tal caso, habría actuado como organizador de las imágenes obtenidas por el aludido “director inglés”, que tal vez fuera John Gibbon, quien aparece acreditado como supervisor. Una producción de la Shell Film Unit disponible en YouTube podría encajar en la descripción: The living soil –A study about soil pests and their control– (Atma Ram, 1960, corto).

   En su estupenda sección “De lo nuestro…”, Antonio A. Salgado escribió una reseña (Tiempo de Cine nº14-15, pág. 44). Como fuere, el supuesto film nativo no tuvo lanzamiento comercial: fue exhibido gratuitamente en el teatro Coliseo en abril 1963 los domingos 7, 14 y 21 a las 10, y luego desde el miércoles 24 hasta el lunes 5.5, de lunes a viernes a las 18.30 y los sábados y domingos a las 17.30 en el Opera, mientras por las noches esa sala ofrecía La serpiente blanca, espectáculo de la Opera China de Foo Hsing (Taipei). En junio volvió a ser exhibido, los sábados y domingos a las 10.30 en los cines Dante (días 1 y 2), Gran Sud (8 y 9), El Plata (15 y 16), 25 de Mayo (22 y 23) y Roca (29 y 30), y desde julio sólo los domingos a las 10.30 en los cines Park (14), Rivas (21), Rivera Indarte (28), Parque (4.8) y General Paz (11.8). Reapareció por apenas cinco días, entre el 11 y el 15.12.1978, en la Sala Municipal de Cine.

   Edgardo Togni también firma la dirección de Comahue (1963), que resultó su último largometraje y que “registra en todos sus aspectos –topografía, turismo, producción, obras de desarrollo, resortes económicos, etc.– la vasta región que, bajo el nombre común de Comahue, abarca el territorio de Neuquén, Río Negro y el talón austral de la provincia de Buenos Aires, concluyendo con detalles sobre el gigantesco proyecto Chocón-Cerros Colorados destinado a aprovechar inmensas tierras vírgenes y a producir colosales cantidades de energía eléctrica”, de acuerdo al Heraldo 1963 (pág. 210-212). Tampoco mereció una distribución comercial, pero fue exhibido en una función especial para invitados el lunes 30.9.1963 en el Opera.





   Concebido, producido y estrenado en ocasión de los festejos por los 400 años de la segunda fundación de Buenos Aires (11.5.1580, por Juan de Garay) y financiado por la Municipalidad, Buenos Aires, la tercera fundación (1979) fue el único largo dirigido por Clara Zappettini y único de Huitrán (“forastero” en lengua mapuche): aunque sus integrantes ya funcionaban como socios de hecho desde fines de 1978, la empresa se conformó legalmente tan sólo en diciembre 1979, esto es, después del rodaje pero antes del estreno, siendo sus socios Zappettini (presidente), Roberto Grasso (vicepresidente) y Alberto Busquier, Gabriel Fullone y Miguel Pérez (directores); su intención era la de producir otro largometraje, “Nuestras raíces”, pero nunca lo concretaron. Incluye grabados, dibujos y fotografías diversos y, aparte los lugares específicos identificados más abajo en la ficha técnica, registra calles, bares, restaurantes, pasajes, plazas, parques, estatuas, edificios y locales comerciales y además se escuchan fragmentos del poema Fundación mítica de Buenos Aires de Borges. Los títulos de crédito agradecen a Pedro Ignacio Calderón (director de orquesta), Caloi (dibujante), Canela (animadora televisiva), Roberto De Vicenzo (golfista), Milagros de la Vega (actriz: fue su última aparición en cine), Irene Gimaraez, Adolfo Jasca (escritor en un principio vinculado a la producción del film), Mineral (comentarista deportivo), Miguel Najdorf (ajedrecista), Antonio Pujía (artista plástico), Carlos Alberto Reutemann (automovilista), Edmundo Rivero (cantor), Ernesto Sabato (escritor), Valeria Watson (colaboradora) “y a todos los habitantes de la ciudad”: con la excepción de Gimaraez, Jasca y Watson, los demás aparecen fugazmente, lo mismo que la jockey Marina Lezcano.

Julian Kay

 

La voz del tambor
Argentina, 1938
35mm / B&N / 66’ / SR

EQ     CP, EF: [Editora Cinematográfica] CALS (Ramos Mejía, BA). D: Constantino Ambrosioni. G: Constantino Ambrosioni. C: Daniel Spósito. CN: de Constantino Ambrosioni (l) y Raquel Cerdó (m), por la orquesta de Domingo Derisi. [TM: fragmentos de obras de Gioacchino Rossini, Carl Von Soupé, Fritz Freisler, Robert Schumann y Georges Delibes]. [PUB: José Ramón Luna]. LOC: provincias de Santa Fe (Rosario, Barrancas de San Lorenzo), Misiones (Cataratas del Iguazú) y Río Negro (Nahuel Huapi, Parques Nacionales del Sur). FR: 7.1 a marzo 1938. L, CD: Estudios Argentinos SIDE. LC: 19.5.1938, cine Renacimiento.

I&P     Pedro Aguado (Jorge Castro), Irma Oroná (Amalia) / Carlos Barry (doctor Carlos Acuña), Nieves Jubells (Elena), Francisco Fages (Julio Quiroga) / Angel Aguado, Oscar Aguado, Luis A. Batut, Tiburcio Contreras / Raúl J. Esmoriz, Carlos Fadoaga, Antonio Denis, Antonio Rabade, Enrique Casenave.

 

Argentina, tierra pródiga
Argentina, 1958-1960
35mm / EastmanColor / 75’ / SR

EQ     CP, CD: Shell Compañía Argentina de Petróleo SA. AP: Edgardo Paladino. D: Edgardo Togni. G: Pedro Miguel Obligado, Edgardo Togni y Héctor Burotto. F: Humberto Peruzzi. CM: Roberto Matarrese – Francisco Mirada – Alvaro Barreiro – Luis Vecchione – Alberto Scarinci. C: Ricardo Rodríguez Nistal. M, DO: Waldo de los Ríos. SPV: John Gibbon. L: Laboratorios Alex SACI. FR: octubre 1958 a comienzos de 1960.

I&P     Luis Rodini (narración off).

 

Comahue
Argentina, 1963
35mm / EastmanColor / 61’ / SR

EQ     CP: Consejo Federal de Inversiones de la Secretaría de Prensa de la Nación. P: Edgardo Togni. D: Edgardo Togni. AD: Esteban H. Etcheverrito. G: Edgardo Togni, con textos de Héctor Burotto. F: Humberto Peruzzi – Alfredo Traverso. C: Ricardo Rodríguez Nistal. M: Argentino Valle. IM: Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por Francisco Marafiotti. ASE: Juan Carlos Coumet. DBTT: García Ferré. LOC: provincias de BA (Carmen de Patagones), Neuquén y Río Negro. L: Laboratorios Alex SACI. FR: febrero 1963 a agosto 1963.

I&P     Edmundo Sanders (narración off).

 

Buenos Aires, la tercera fundación
Argentina, 1979
35mm / EastmanColor-B&N / 65’ / ATP

EQ     [CP, CD: Huitrán Producciones SA]. P: Alberto Busquier, Roberto Grasso y Clara Zappettini. AP: Emilio Cartoy Díaz. AYP: Teresa Figari. D: Clara Zappettini. [AD: Roberto Grasso]. G: Clara Zappettini y Roberto Grasso, con textos de Elena Mignaquy. F: Jorge de León. CM: Gabriel Fullone. CMADIC: Hugo Colace. FQ: Oscar Ciocia. JR: Ernesto Rosales. R: Jorge Rosales. S: Carlos Abbate y Carlos Faruolo. C: Miguel Pérez. AC: Francisco [A.] Mirada. CNGT: Haydée B. [Boretta] de Yerio. ASEM: Carlos Laino y Mario Onesta. CN: Hay una ciudad, de y off por Elena Mignaquy, con arreglos de Pocho Lapouble. TM: de [y por] Juan Carlos Cirigliano; de y por Ricardo Dal Farra; de Quique Lannóo, por Quique Lannóo y el Cuarteto Buenos Aires; de Joaquín Mora, por Atilio Stampone y orquesta; de Eduardo Rovira, por Eduardo Rovira y la Agrupación Tango Contemporáneo; de Alfredo Zappettini, por el Quinteto de Música de la Ciudad de Buenos Aires; y uno de autor no acreditado, por Angel D’Agostino y orquesta, [todos off]. [PUB: Elsa Grasso, Miguel Royo y Valeria Watson]. ASE técnico: José María Peña. LOC: BA (Costanera Norte, la Boca, estación Retiro del FC Bartolomé Mitre, parque 3 de Febrero en Palermo, fachada del Viejo Almacén en la avenida Independencia y Balcarce, puerto, Riachuelo, Mercado Ciudad de Buenos Aires en el Abasto, Mercado San Telmo, Mataderos, plaza Britannia en Retiro, hotel Elevage en Maipú 960, Fuente de las Nereidas en la Costanera Sur, teatro Colón, café Tortoni, Plaza de Mayo, el Cabildo, la Catedral Metropolitana, iglesia de San Cayetano en Liniers, plaza Manuel Dorrego en San Telmo, pasaje Cristoforo Colombo, edificio en la esquina noroeste de las avenidas Corrientes y Pueyrredon, Hipódromo Argentino en Palermo, terminal de ómnibus en Balvanera, calle Florida, galería Jardín, café Tabac en la Avenida del Libertador 2300, Mercado de Flores, Plaza de los dos Congresos, restaurante Munich en la Costanera Sur, conjunto edilicio Catalinas Norte en Retiro). L: Laboratorios [Cinematográficos] Tecnofilm [SACI]. FR: 25.1.1979 al 18.3.1979. LC: 5.6.1980, cine Paramount.


Clara Zappettini


I&P     las voces de Luis Medina Castro (habitante), Ivonne Fournery (la ciudad) / Hugo Arana (habitante) / Norma Tanner (fuente viajera), Cecilia Gispert y Héctor Da Rosa (otros habitantes).

F&P     Semana de Cine Argentino, Mar del Plata, BA, 6-11.4.1982 / 1º Festival Internacional de Cine Realizado por Mujeres “La Mujer y el Cine”, Mar del Plata, BA, 1-8.4.1988, sección Informativa.

Ficha supervisada en 1979 por Clarita Zappettini.

ESPECIAL DIA DEL AMIGO / EN PRIMERA PERSONA Mis amigos del cine   “Con el paso del tiempo fuimos viendo cada vez menos a Teddy y a Vern,...