CINEASTAS
Julio Irigoyen:
Prontuario de un
marginal
1929
Quizás el año de mayor actividad en la fábrica de los Irigoyen: si en
el rubro producción se apunta apenas un título (Alma en pena), en el de la exhibición la empresa tuvo buenas
ganancias con sus tres estrenos. La casa
del placer resultó un enorme éxito de taquillas, seguido de cerca por Mujeres viciosas y en menor medida por Alma en pena. Sin embargo, 1929 es el
año en el que la Buenos Aires Film comenzó su tarea de mentiras y embustes
sistemáticos que, hay que decirlo, contaron con la complicidad de los cronistas
contemporáneos, cuando no con su ignorancia, ya que no existe un solo
comentario, ni siquiera en las revistas especializadas, que denunciara esos
engaños. Así, en septiembre comenzó a exhibir El último gaucho con el nuevo título La chacra de don Lorenzo, y en noviembre lanzó en primer término El guapo del arrabal rebautizado La pulpera de Santa Lucía y luego el
todavía fresco La casa del placer con
el título La modelo de la calle Florida.
La ignorancia –también hay que decirlo– se extendió a cronistas, investigadores
e historiadores del siguiente siglo, que nunca cayeron en la cuenta de que esos
seis títulos no eran los de seis films diversos sino de sólo tres.
Asimismo durante 1929, notoriamente,
diversos sistemas de sonido comenzaron a ser ofrecidos en los cines argentinos,
pero los fratelli Irigoyen
permanecieron por completo ajenos a siquiera el intento de producir largometrajes
sonoros, algo que acometerán tan sólo hacia finales de 1934.
Lo que no fue
También están los proyectos, anunciados pero cuyos respectivos rodajes
no fueron concretados:
• En La Razón del 24.2.1923 se informa que la Buenos Aires Film
“ha terminado tres producciones bajo la dirección del señor Julio Irigoyen” (El
guapo del arrabal, La aventurera del pasaje Güemes, De nuestras
pampas) y que “se ha comenzado el encuadre de una cuarta película titulada
«Alma maleva», original de Marcel Peyret”, quien no era otro que el novelista y
dramaturgo argentino Marcelo Peyret, de quien años después serán adaptadas dos
de sus novelas, Los pulpos (Carlos Hugo Christensen, 1947) y Cartas
de amor (Mario C. Lugones, 1950).
• “El último tango”, indicado como “en rodaje” hacia finales de mayo
1923: hay un film de Ferreyra de título similar (Mi último tango, 1925).
• “Adiós Buenos Aires”, anunciado en 1924, con Eva Franco y Lea Conti,
“drama que apaga para siempre a un hombre levantando el alma de una mujer y de
un niño”.
• “Caminito del taller”, anunciado en 1928.
• “Su último tango”, “El muchacho de Buenos Aires” (acaso la misma
historia que será producida en 1941 con Héctor Palacios como Un muchacho de
Buenos Aires) y “La modelo de Moussion”, quizá luego reciclado como La
casa del placer: los tres fueron anunciados para el plan de estrenos de
1925; G. Moussion era, dicho sea de paso, una distinguida casa de modas que de
Cangallo y Suipacha se mudó el 1.7.1910 a Callao y Cuyo (luego Sarmiento).
• “Musiquita de mi barrio” (1935), segun la pieza teatral estrenada el
7.12.1934 en el Apolo por la Compañía Argentina de Espectáculos Radioteatrales
con Pierina Dealessi, Félix Mutarelli, José Otal y Azucena Maizani, adaptada
por Germán Ziclis de la radionovela de Héctor Lamaisson.
• “Mano a mano”, “Mujeres porteñas”, “Callecitas de mi barrio” y “La
gringa gaucha”, anunciados para 1939.
• “Atardecer serrano”, “Las aventuras de don Fulgencio” (argumento de Antonio Risso en la historieta de Lino Palacio), “La pena del payador” y “Tristeza de arrabal”, éstos dos sobre historias de R. Cortés Conde, todos previstos para 1940.
• “Canción serrana”, repitiendo la pareja Nelly Omar-Carlos Viván, “Don
Modesto Chichipío”, con Tino Tori y Herminia Velich, “El trovador de la radio”
y “Cuando llora la milonga”, anunciados para 1941.
• “Flores del alma”, previsto para 1947.
• “Amémonos” y nuevamente “La pena del payador”, anunciados hacia fines
de 1953.
• “Un pobre rico”, título anunciado en diversas oportunidades, nunca
filmado a pesar de que un diccionario lo ofrezca como existente: JI llegó a
definirlo, inclusive en 1960, como “una comedia humana, llena de color como un
trozo de vida que anda por la calle”.
Por supuesto, es probable que
algunos de estos proyectos fueran realizados con otros títulos: con JI nada es
definitivo.
Se dice de
mí...
Lo hemos tenido siempre a Irigoyen por un héroe y hoy lo confirma al
anunciarnos que se casa el 15 del mes entrante. El vendaval conyugal no lo
arredra y esto demuestra el temple heroico de su espíritu. Bien por esas
heroicidades. [“Julio Irigoyen se casa”, en Producción
Nacional, La Película, 21.4.1921].
El señor Julio Irigoyen, de la Buenos Aires Film, nos comunica que ha
terminado tres producciones artísticas nacionales, comenzando a filmar otra y
preparando una más. Nos parece muchas películas para que todas sean buenas. No
abrimos juicio, pero dejamos pendiente la duda. [Imparcial, nº 202,
6.3.1923].
Tuvo lugar, el viernes 22, la demostración que un núcleo de amigos y
filmadores ofreció al señor Julio Irigoyen, activo director de la Buenos Aires
Film, con motivo del éxito obtenido en sus esfuerzos por el progreso de la
cinematografía nacional. En el Restaurant Martín congregáronse los numerosos
comensales, dando principio el banquete a las 21 y terminando ya bastante
entrada la noche. [Imparcial, nº 219, 3.7.1923. Entre los asistentes,
Rodolfo Vismara, Julio Alsina, Leopoldo Torres Ríos, Roque Funes, Emilio
Peruzzi, Luis Landini, Augusto Goçalbes, Carlos Torre Ríos y, claro, “Petit”
Irigoyen].
Julio Irigoyen, el intrépido director que ha demostrado que es posible
hacer películas continuadas y no por etapas, como otros de sus rivales, es una
personalidad original entre la farándula y el gremio. Algunos, ante la manera
como ha luchado y se ha impuesto, le han apodado “Relámpago”, por su tenacidad
“activista” que habría de llevarlo a la popularidad. [Imparcial, nº 237,
3.11.1923].
Julio Irigoyen es uno de los tantos hijos de sus obras. Activo y
emprendedor, ha convertido a la Buenos Aires Film en una empresa comercial y
artística que lo ha destacado, y en el futuro le dará honra y provecho.
Utilizando artistas de teatro, como la Poli, Eva Franco, la Pomar y Olinda
Bozán, ha vinculado el arte mudo a esos elementos prestigiosos del teatro
nacional. Su último éxito ha sido Los misterios del turf y el próximo,
nadie lo duda, será Tu cuna es un conventillo que Irigoyen filma ahora
con el propósito de lucirse. Así lo deseamos. [“Los directores argentinos”,
como epígrafe de una fotografía, en Imparcial Film, nº 297, 27.12.1924].
Hace tres números informamos a nuestros lectores la constitución del
Centro de Productores Cinematográficos Argentinos, entidad que nacía para
tratar de obtener la ayuda que necesita la industria nativa del film para
desarrollarse. En la última asamblea constitutiva fue designada la C. D. que
regirá a la nueva entidad, quedando integrada en la siguiente forma:
Presidente: Alfredo Méndez Caldeira; secretario, Alejandro F. Gómez; tesorero,
Federico Valle; vocales: Juan Glise [Glizé] y Luis A. Scaglione; suplentes,
José A. Ferreyra, Julio Irigoyen, Rafael Mancini, Edmo Cominetti y Carlos
Campogalliani. [Imparcial Film, nº 328, 1.8.1925. En cambio, JI no
integró la posterior Asociación Cinematográfica Argentina, en la que revistaba
la mayor parte de los productores y directores locales].
La Buenos Aires Film inició un concurso para elegir actrices, actores y
galanes, que Julio Irigoyen ha organizado para elegir a los futuros intérpretes
de las seis películas que se ha propuesto filmar en esta temporada. Gran número
de desocupados concurren a sus oficinas con el objeto de proporcionarse las
bases para tomar parte en él. Los que se consideran aptos son enviados a la
fotografía Bissio y Castiglione, donde se les saca una foto, que ha de servir
de selección. Oportunamente comentaremos esto… [La Película, nº 525, 14.10.1926].
En el gremio es voz corriente que Irigoyen es el arruinador de la
cinematografía nacional. (No es el presidente). [“Con vidrio de aumento”, en Ultima
Hora, 5.4.1929].
¿Por qué se siguen haciendo películas de calidad tan inferior como La
hija del viejito guardafaros, indignas del progreso técnico y artístico
alcanzado por el cine nacional? Malas películas. El cine argentino tuvo,
en la época del mudo, su buen momento. Las películas de Buenos Aires Film,
realizadas en esa época, anularon las perspectivas de la industria, por su
pésima calidad, la pobreza de sus asuntos y su falta absoluta de aspiraciones
artísticas. Ahora, especulando con el progreso logrado por otros productores,
la misma compañía sigue realizando films de esa especie, que alejan al público
de los cines y atentan contra la estabilidad de la industria. [“¿Por qué?”,
serie de ocho preguntas y sus respuestas, en Heraldo del Cinematografista,
nº 414, 5.7.1939].
En nuestro ambiente cinematográfico, la figura de Julio Irigoyen va desde los límites de lo humorístico hasta las fronteras de la viveza criolla. Ha producido películas que marcaron records negativos, con unos títulos escalofriantes de novelas por entregas; ha soportado los chubascos más despiadados de la crítica; ha insistido en sus aficiones; ha pagado sueldos graciosísimos a los actores y ha continuado en la producción; ha hecho lo posible, lo imposible y finalmente ha culminado su actuación pública acompañando a Adolph Zukor, presidente de los ejecutivos de Paramount y una de las figuras más representativas de la industria mundial, en calidad de representante del cine nacional a la visita que el magnate americano hiciera al señor presidente de la Nación, doctor Roberto M. Ortiz. [“El impresionante punto de vista de Julio Irigoyen”, en Cine Argentino, nº 94, 22.2.1940].
Cinematográfica Terra distribuirá El cantar de mis penas y El
alma en un tango, ambas protagonizadas por Héctor Palacios, que producirá
la Filmadora del Plata, compañía que anuncia “la realización de 36 películas en
4 años, o sea un promedio de 8 películas anuales”. Sobran, como se ve, cuatro
films, ya que el promedio de 36 serían 9 films anuales... [“Producción
Argentina”, en Heraldo del Cinematografista, 25.9.1940].
Cuarenta y seis películas –sin contar las de Irigoyen, que no lo son–
se estrenaron en 1940. [“Pro y contra del cine nacional”, por Calki, en El
Mundo, 14.1.1941].
Julio Irigoyen no fue invitado [a
la reunión de directores, en la sala de proyecciones de la Distribuidora
Panamericana, quienes elegirían a sus representantes en la Academia de Artes y
Ciencias Cinematográficas de la Argentina, que por esos días se estaba
formalizando, reunión de la que salieron electos Francisco Mugica, Mario
Soffici, Alberto de Zavalía y Luis César Amadori]. [Cine Argentino,
nº 185, 20.11.1941].
La incertidumbre domina al gremio cinematográfico ante la perspectiva
de que se adopten medidas restrictivas en la explotación de películas
extranjeras, tomando como punto de partida el elevado impuesto que nuestras
producciones deben abonar en España, circunstancia esta que ha perjudicado a
los importadores de películas de otros países, en los cuales la explotación de
nuestros films es libre y condicionada a su calidad e interés. Bien sabido es
que el elevado costo de la producción, hace imprescindible para el cine
argentino la conquista de nuevos mercados. Y en momentos en que el presidente
de la Nación ofreció a los productores su apoyo, en que la Dirección de
Espectáculos Públicos estudia el grave problema, y en que la prensa, a requerimiento
de Appa [Asociación de Productores de
Películas Argentinas], ofreció su decidida colaboración, se nos hace llegar
una denuncia gravísima. Según nuestro informante, [José] Vázquez Vigo, enviado especial de Sadaic [Sociedad Argentina de Autores y Compositores],
obtuvo del Ministerio de Industria y Comercio de España, como concesión
especial, el libre ingreso para doce películas argentinas, de las cuales sólo
fueron estrenadas siete, en virtud de la mala calidad de las mismas. Los cinco
permisos restantes fueron cambiados por el distribuidor para que ingresaran
igual cantidad de películas mexicanas. – Perjuicio a la industria argentina
– Tenemos entendido que las películas en cuestión son del sello Buenos Aires
Film, empresa dirigida por el veterano productor local Julio Irigoyen,
especializado en películas de clase “C”, que, como las quick de
Hollywood, bajo ningún concepto merecen su explotación en el exterior, menos
aún cuando se trata de ganar mercados. El perjuicio es doble: las películas en
cuestión ni con mucho representan el nivel alcanzado por los films locales, y
una buena disposición de las autoridades españolas, traducida en un permiso
para 12 películas argentinas, ha sido aprovechada para efectuar un negocio que,
por muy respetables que sean el afán de lucro de Vázquez Vigo y el lógico deseo
de vender Buenos Aires Films sus películas, no puede realizarse cuando
perjudica en forma tan sensible a toda la industria interesada en la conquista
de un mercado tan importante como el español. – Consecuencias – Es
necesario adoptar medidas para que estos hechos no ocurran nuevamente, sobre
todo si se toma en cuenta que –y nos remitimos al informe de nuestro
corresponsal– para realizar el negocio el presidente de la Comisión Reguladora
del Ministerio de Industria y Comercio fue informado por Vázquez Vigo de que
las producciones argentinas en cuestión “eran muy buenas” y de que, tanto el
Ministerio español, como la casa distribuidora, se consideran sorprendidos en
su buena fe. La Appa y los demás productores de películas de nuestro país deben
tomar en consideración la denuncia de Heraldo y estudiar la forma de
evitar la repetición de hechos tan lamentables. [“Grave perjuicio a la
industria nacional – Se importaron a España películas de relleno – Se burla la
buena fe del Ministerio de Industria y Comercio”, en Heraldo del
Cinematografista, nº 859, 18.2.1948].
En el Nº 859 de Heraldo publicamos una información procedente de
España en la que se señalaba que películas argentinas de “clase C”, habían sido
introducidas en ese país como superproducciones. Al respecto, Julio Irigoyen
aclara su situación, señalando: “Las seis películas vendidas por mí al señor J.
Vázquez Vigo para España, al precio de $ 3500 cada una, incluyendo una copia lavander,
son de ‘clase C’, conocidas por el comprador perfectamente. El precio como Heraldo
sabe muy bien, de films de clase ‘A’ o ‘B’, es diez veces mayor. No he
sorprendido la buena fe de nadie y en mis treinta años de productor he
procedido con toda corrección y honestidad. (Fdo.): Julio Irigoyen. [“Carta de
Julio Irigoyen”, en Heraldo del Cinematografista, nº 863, 17.3.1948].
Conocí a Julio Irigoyen, tremendo aventurero del cine. Integraba, con
su hermano Roberto, la Buenos Aires Film, de cuya producción vendí un lote de
25 películas a España. ¿Qué le puedo contar? ...Cuando las vieron en España nos
querían fusilar a mi socio español, a mí, que estaba en la Argentina, a todo el
mundo. [Carmelo Santiago, en Medio siglo de cine, pág. 269].
Julio Irigoyen abandonó el sanatorio donde se asistía; su salud
continúa mejorando. [“Noticioso”, en Heraldo del Cinematografista 1961,
pág. 292].