domingo, 17 de mayo de 2026

TEMAS

¡De frente… march!:

el cine de los servicios

–2ª parte: una filmografía comentada (II)

• Patrulla Norte (Enio Echenique, 1950), prod. de David Yohai Varón para Movyart Sociedad Cinematográfica SRL, guión de Noel Barona, Echenique y Leónidas Labanca sobre argumento de Barona. Serie B para la Gendarmería Nacional, típica historia con agente infiltrado entre los contrabandistas; incluye la “actuación” de Halcón II, el único perro “rati” de la pantalla nacional, al que se publicitaba como “el Rin-Tin-Tin criollo”, así como la de una serie de militares interpretándose a sí mismos.

Patrulla Norte: Roberto Airaldi


• Camino al crimen (Don Napy, 1950): prod. Luminarias Productora Cinematográfica Argentina, guión de Antonio Corma y Napy sobre argumento de Francisco T. Oliver. Discreta peripecia en favor de la Policía Federal, a la que no sólo le está dedicada sino que, además, incluye una secuencia íntegra que registra con lujo de detalles el uso de un aparato denominado espectógrafo.

• Sombras en la frontera (Leo Fleider, 1950-1951), prod. de Sandrini y David Goldberg para Producciones Luis Sandrini SRL, guión de Francisco Madrid. Una gentileza del actor-productor para con la Gendarmería, que desarrolla una vulgar historia entre contrabandistas y uniformados, con ¡¡Malvina Pastorino!! como la femme fatale entremedio.

• Yo soy el criminal (Alberto Du Bois, 1951): prod. Cinematográfica Alfa y la Sociedad Independiente Filmadora Argentina, guión de Arturo García Portela y Horacio Priani. Peripecia que pretendía quedar bien con la Policía Federal, pero los socios de Alfa (Du Bois, García Portela, Priani y otros) se decretaron en quiebra tras concluir el rodaje, haciéndose cargo de su terminación y distribución la empresa de Armando Bo. Demoró más de tres años en poder ser estrenado por cuanto el cubano Otto Sirgo, que integraba el elenco, al regresar a su patria formuló declaraciones en las que no hacía quedar muy bien parada a la esposa del Presidente Perón: en represalia, Apold no autorizó su estreno si antes no se eliminaban todas las secuencias en las que aparecía Sirgo, algo que resultaba imposible.

• La última escuadrilla (Julio Saraceni, 1951): prod. de Manuel M. Alba para Establecimientos Filmadores Argentinos SA, guión de Abel Santa Cruz sobre una línea argumental suya y de Alba. “Dedicada a los que desde cualquier puesto han realizado la grandeza de la aviación argentina y a aquellos que se fueron, siendo una hermosa esperanza” es el texto introductorio a una historia que refleja la camaradería de varios jóvenes aspirantes a aviadores y sus módicos asuntos familiares y sentimentales.

La última escuadrilla: Tito Alonso, Julia Sandoval,
Juan Carlos Altavista, Jacinto Herrera y Hugo Chemín



• Mala gente (Don Napy, 1951): prod. de Camilo R. Cagliani para Producciones As Cinematográfica SRL, guión de Corma y Napy. Ultimo ejemplar de la trilogía policíaca de Napy, asimismo en tres episodios sin títulos; los créditos agradecen al Ministerio de Transportes, a la Prefectura Nacional Marítima, a la Aduana de la Capital y a la Dirección Aeronáutica Civil.


Mala gente: Tato Bores



• Crisol de hombres (Arturo Gemmiti, 1951): producción de Antonio García Smith para Inti-Huasi Sociedad Cinematográfica Argentina SRL y Lumiton, guión de Abel Santa Cruz sobre argumento de Roberto Talice e Ignacio Domínguez Riera; algunos exteriores fueron registrados en Campo de Mayo y en el Hospital Militar Central Cirujano Mayor Dr. Cosme Argerich en la avenida Luis María Campos 726 en Palermo. Narra el ingreso de un grupo de muchachos al Servicio Militar Obligatorio, y un texto final alecciona expresando que “Es consigna permanente en el Ejército Argentino, el cumplimiento constante del deber militar. El ha inspirado a quienes se consagraron a organizar y perfeccionar moral, espiritual y técnicamente al ejército, brazo armado de la patria, sólo destinado a respaldar la defensa de la Nación”.

• La encrucijada (Leopoldo Torres Ríos, 1951): prod. de Horacio González Alisedo –padre de Horacio Fontova, dicho sea de paso– para la Productora Independiente Argentina, guión de Noel Barona. El protagonista, que dice tener 31 años (Ricardo Trigo, nacido en 1906), es ladrón desde niño y ha tenido una dura vida transcurrida de cárcel en cárcel pero se redime cuando evita que su propio hijo siga sus pasos, especie de lado B de Fuera de la ley. Film poco conocido, que a su obvio “servicio” en favor de la Dirección Nacional de Institutos Penales suma un tufillo a propaganda peronista (aquello de “antes era terrible, ahora todo cambió” y los reclusos son “tratados con humanidad”, etcétera), renuncios que no invalidan sus evidentes logros dramáticos y formales, inadvertidos por la crítica contemporánea.

• Corazón fiel (Leopoldo Torres Ríos, 1951): prod. de Horacio González Alisedo para la Productora Independiente Argentina, guión de Arturo Cerretani sobre argumento de Noel Barona. Con cierto tufillo a services movie aunque la participación de la Gendarmería Nacional no es agradecida oficialmente y, por otra parte, es mínima, esta historia con anciano, niño y perro (Halcón II, otra vez) resulta curiosa por su evidente costado macabro: a los 20 minutos ya hay una niña asesinada a bastonazos por el protagonista, a los 30 minutos un gitano mata a otro gitano y hacia el final Virginia Coré-Ginamaría Hidalgo muere a balazos...

Corazón fiel: Julio Esbrez y Halcón II



• Las tres claves (Adalberto Páez Arenas, 1951-1952): prod. de Edgardo P. Baratelli para General Films, guión del director en tono de comedia de suspenso e intriga, cuya acción principal transcurre en una fábrica de armas de la que han robado una patente; incluye marchas militares, una ceremonia en la que los cadetes juran la bandera y otra en la que les entregan el sable, mientras un personaje comenta que “Estos muchachos son la esperanza y el futuro de la Policía Federal, los que vendrán a llenar los cuadros”. Sin embargo, el mejor scherzo es que esta aventurita súper económica haya sido producida por un señor de apellido Baratelli.

• Mercado negro (Kurt Land, 1953): prod. Estudios Mapol SRL, guión de Virgilio Muguerza y Miguel Ligero (sí, el actor), con diálogos adicionales de Alberto A. Iglesias. De entre todos sus largometrajes, Land eligió éste cuando la Viennale le pidió uno que complementara el homenaje que le brindaría junto con otros compatriotas que hicieron carrera en exterior, entre ellos Billy Wilder y Fred Zinnemann: se trata de una services movie del tipo de las que trascienden el servilismo gracias a méritos propios y tiene como protagonista a un joven inspector (Mario Passano) que investiga las actividades de una banda de contrabandistas cuyo jefe visible es Santiago Gómez Cou pero cuyo cerebro oculto es un anciano bonachón (Alberto Bello), casualmente padre de la novia (Olga Zubarry) del inspector. El ritmo es arrollador y la historia que cuenta atrapante Los créditos agradecen a la Secretaría General de Seguridad y Comunicaciones de la Policía Federal Argentina y a la Prefectura Nacional Marítima Aeronáutica Civil.

Mercado negro: José María Pedrosa y Miguel Ligero



• Surcos en el mar (Kurt Land, 1954): prod. regional de la Film Andes SA Filmadora Argentina (Mendoza), guión de Pedro Miguel Obligado sobre argumento de Olga Casares Pearson. Drama familiar sobre dos hermanos (Juan Carlos Barbieri y Duilio Marzio) enrolados en la Marina; incluye exteriores en la Escuela Nacional de Náutica Manuel Belgrano en la avenida Antártida Argentina 1535 en Retiro y a bordo del buque tanque Comodoro Rivadavia.

• Sinfonía de juventud (Oscar E. Carchano, 1954): Producciones Cinematográficas David Yohai Varón, guión de Jack Davidson y Carchano. Otro ejemplo de los ingenuos: “sirve” a una orquesta, la Municipal de Avellaneda entonces dirigida por José Rodríguez Fauré, compositor habitual de las producciones de Armando Bo de los 50.

• La delatora (Kurt Land, 1955): prod. de Jaime Cabouli para Guaranteed Pictures de la Argentina-Jaime Cabouli SRL y Córdoba Films SA de aquella provincia, guión de Ariel Cortazzo. Sanguíneo, por momentos excitante policial, el mejor de Kurt Land en un género en el que se movía como pez en el agua. Rinde tributo a la Policía, pero los extras que interpretan a los uniformados se mueven con tanta torpeza que terminan provocando el efecto contrario.

La delatora: Nathán Pinzón y Jorge Rivier


• Al Sur del Paralelo 42º (Catrano Catrani, 1955): Producciones Cinematográficas Catrano Catrani, guión de Roberto Socol y Oscar Magdalena sobre idea argumental de Félix M. Pelayo. Drama entre marginales rodado en Santa Cruz en favor de la Prefectura Nacional Marítima, cuyo título es tan oportunista cuan alcahuete y responde a una disposición gubernamental que otorgaba permisos de importación a los territorios situados al Sur de ese Paralelo.

• La muerte flota en el río (Augusto César Vatteone, 1955): prod. de Vatteone para la Cinematográfica Argo SRL, guión de Ernesto L. Castro –el autor de Los isleros–, Osvaldo Falabella y Vatteone, sobre argumento de Vatteone. Film de muy buena factura técnica y argumento convencional pero efectivo en el que destacan Nelly Panizza como una vampiresa de buen corazón y el siempre notable Andrés László como un extravagante pianista europeo refugiado en un cabaret del Delta mientras la Prefectura persigue contrabandistas.

• Goleta Austral (Oscar E. Carchano, 1955): Producciones Cinematográficas David Yohai Varón, guión de Reynaldo Tettamanti. Rutina pura en favor de la Marina de Guerra que tiene como héroe principal a Tito Alonso, un agente especial infiltrado en una banda de contrabandistas en calidad de marinero en una goleta bautizada Austral: lento, plagado de tiempos muertos, todo está mal en este típico serie B, incluyendo un plano de día y su contraplano nocturno, con un pico argumental de ridículo cuando Diana Ingro, que es una puta madura, coquetea con un tipo pero corre asustada cuando él quiere pasar a los hechos. Inédito en cines pero exhibido por TV.

• Continente blanco (Bernard-Roland, 1956), prod. de Nino Persello para Mar del Plata Films SRL –que tenía su sede en BA, sin embargo–, guión de Raquel Martínez Piñón sobre argumento de Olga Casares Pearson; algunos exteriores muestran el frente del edificio del Ministerio de Marina y otros fueron registrados en Ushuaia, la base Bahía Esperanza en la Antártida y a bordo del buque Bahía Aguirre. Duilio Marzio, Luis Dávila y Persello son jóvenes oficiales de la Marina en una misión que los lleva hasta la Antártida pasando por Tierra del Fuego.

Continente blanco: Duilio Marzio,
Luis Dávila y Nino Persello


• Rebelde con causa (Antonio Cunill, 1961): prod. Argentina Sono Film SACI, guión de Hugo Moser e Isaac Aisenberg; locations en las instalaciones de la ESMA y a bordo del portaaviones Independencia. Marroneada naval.

• Delito (Ralph Pappier, 1961): Producciones Luis P. Avenali, guión de Manuel Martínez –pseudónimo de Antonio García Smith– que enfoca el tema del contrabando (“este delito tan de moda”) e incurre en el transitado personaje del policía infiltrado que tiene un romance con la mujer del “malo”. Para el anecdotario político: dan salida de la prisión a varios detenidos; cuando el guardia llama “Guevara”, uno grita “¡Presente!” y entonces el personaje de Homero Cárpena, dirigiéndose a los demás, dice: “Se va el Che Guevara”, cita en extremo curiosa tratándose de una services movie, por definición “de derecha”, y tal vez la primera mención en una ficción al entonces célebre guerrillero.

Delito: Elida Gay Palmer y Claude Marting


• Operación “G” (Ralph Pappier, 1961): Producciones Cinematográficas Aldo E. Burgos con Juan Sires como productor ejecutivo, guión de Oscar Cimorelli Quiroga con la colaboración no acreditada de Carlos Ferreira y con diálogos adicionales tampoco acreditados de César Tiempo; rodaje en instalaciones de la Escuela de Policía Juan Vucetich en el parque Pereyra Iraola en Berazategui. Tras la fachada de una aventura selvática con policías y gendarmes buenos que persiguen a contrabandistas y terroristas malos se esconde uno de los films más reaccionarios de que se tenga memoria, que Pappier a duras penas consiguió dotar de una cierta amenidad visual. Los créditos agradecen “a las Fuerzas Armadas Argentinas y en especial a la Dirección Nacional de Gendarmería, a la Agrupación Misiones, al Escuadrón San Ignacio, al Centro de Instrucción de Equitación, al Destacamento nº 1 Buenos Aires, como asimismo al Segundo Batallón de Comunicaciones, al Regimiento 7 de Infantería”. Por si no quedara en claro que se trata de un film de derechas, los militares de la historia aseguran que el contrabando de armas y explosivos que investigan está “íntimamente ligado al terrorismo”, por lo que es menester “asegurar la paz interna del país”. Sobre el final, una voz off lee un discurso que expresa que “...la figura del soldado se agranda ante nuestros ojos al ofrendar su vida por la causa de la democracia, cuna de la familia americana y derrotero del mundo libre, que repudia y combate a quienes pretenden implantar ideas comunizantes ajenas a nuestras tradiciones...”. Lo que no queda claro es si la “G” del título responde a Gendarmería o a guerrilleros.

• Aconcagua (Leo Fleider, 1961-1962): producción de M. M. [Mauricio Migdal] para Gloria Films, con producción ejecutiva de Emilio Spitz y guión de Norberto Aroldi sobre argumento de Olga Casares Pearson. Drama de resonancias metafísicas y religiosas acerca de hombres enfrentados a la inmensidad de la montaña, en este caso el magnífico pico del Aconcagua en la Cordillera de los Andes, uno de los cuales es Enrique Kossi, actor que por lo general estaba presente en este tipo de propuesta. Los créditos agradecen a la Secretaría de Guerra, al Servicio de Informaciones del Ejército, a la 8ª División de Infantería de Montaña, a la Inspección de Bandas Militares, a la Secretaría de Aeronáutica y a la 4ª Brigada Aérea.

• Misión 52 (Mario C. Lugones, 1962): Producciones Bárcena-Lugones, guión de Reynaldo Tettamanti sobre rescatistas de la Fuerza Aérea, nunca lanzado en cines ni emitido por TV pero sí estrenado en España con el título Misión infernal. Mario Alfredo Bárcena Croppi era vicecomodoro de esa Fuerza, hijo de un teniente coronel.

• Canuto Cañete conscripto del Siete (Julio Saraceni, 1963): Producciones Guido Aletti, guión de Abel Santa Cruz sobre la pieza teatral Tire-au-flanc!, de André Mouëzy-Eon y André Sylvane; rodado en Campo de Mayo y alrededores y en el Batallón de Arsenales 101 en Villa Martelli. Registra el debut cinematográfico de Carlos Balá, como un torpe soldado conscripto: cualquier otra similitud entre esta versión de la comedia y la que dirigió Jean Renoir en 1928 hubiera sido un milagro.

La muchachada de a bordoCarlos Balá,
Reynaldo Mompel, Tito Lusiardo y Fabio Zerpa


• La muchachada de a bordo (Enrique Cahen Salaberry, 1966): Producciones García Nacson SA, guión de Virgilio Muguerza a partir de la pieza teatral de Manuel Romero; exteriores en la ESMA, en la Base Naval de Puerto Belgrano y a bordo del portaaviones ARA Independencia. El 21.8.1980, Carlos García Nacson publicó en los diarios un aviso publicitario con un texto que decía: “A la Marina de Guerra argentina: ¡otra vez! ¡Muchas gracias! pues sin su colaboración jamás se hubiera filmado la nueva versión en colores de la película La muchachada de a bordo con Carlos Balá y Leo Dan reestrenada a partir de hoy con copias nuevas en 58 salas simultáneas de la Capital Federal e interior del país”; en aquellos días el productor necesitaba crédito y subsidio del INC para un nuevo proyecto, que no pudo concretar. O sea, una alcahuetería al pedo que su sumó a la alcahuetería original de 1966. [Concluirá mañana]

Horacio Bustos Lynch

sábado, 16 de mayo de 2026

TEMAS

¡De frente… march!:

el cine de los servicios

–2ª parte: una filmografía comentada (I)

Ordenados según estricta fecha de comienzo del rodaje. El autor pide disculpas en caso de haber olvidado algún ejemplo.

• Corazón ante la ley (Nelo Cosimi, 1929): producción de Antonio Manzanera para la SA Cinematográfica Hispano Americana Manzanera, guión de Cosimi; exteriores en el Colegio Militar de la Nación en San Martín, provincia de BA. Temprano y mudo ejemplo de services movies, del tipo de las naïves, hecha un año antes del primer golpe de Estado militar. “Por primera vez consigue la cinematografía nacional interesar a las instituciones armadas. Lo que se hace comúnmente en los Estados Unidos y Europa empieza a verse aquí. El ejército, representado por una de sus unidades, el Colegio Militar, se presta para dar mayor colorido real a una producción cinematográfica. Correspóndele a Corazón ante la ley la primicia en ese sentido” (La Prensa, 2.7.1929).

Corazón ante la ley:
Alvaro Escobar, Olga Casares Pearson,
Chita Foras y Florentino Delbene


• Dios y la patria (Nelo Cosimi, 1930-1931): prod. de Carlos Anselmi y Argentino Gómez para la Sociedad Cinematográfica Argentina, guión de Cosimi; rodado en dependencias de la Escuela Naval Militar Río Santiago (Ensenada) y a bordo de la fragata-escuela ARA Presidente Sarmiento, de los acorazados ARA Moreno y ARA Rivadavia y del destructor ARA Tucumán. Oportunista sin disimulos, realizado con el pleno apoyo del gobierno de facto presidido por el general Uriburu, apoyo consistente en buques, un hidroavión y personal humano militar –incluyendo a los alumnos de la Escuela– y el permiso para que el equipo trabajara a bordo de la fragata Sarmiento durante diecisiete días: de hecho, las carteleras de los diarios se ufanaban destacando, antes que cualquier nombre propio, que fue “autorizado por el Superior Gobierno de la Nación y bajo control del Estado Mayor de la marina de guerra argentina”: el operativo sumó una exhibición privada para Uriburu y los miembros del Estado Mayor de la Armada y sus respectivas esposas. Fue estrenado en una versión sonorizada mediante discos. El argumento es muy pobre, sobre una beba abandonada adoptada y criada por un oficial de la Marina, y se resiente por la abismal diferencia de edad entre la que se supone una adolescente internada en un convento y la mujer consumada, con collar de perlas y todo, que ofrece el rotundo cuerpo de Chita Foras (tanto, que era la mujer de Cosimi y su estrella exclusiva). Todo ello explicado al espectador mediante textos retóricos, inflamados de patriotismo y con faltas de ortografía.

• La muchachada de a bordo (Manuel Romero, 1935): prod.de la SA Radio Cinematográfica Argentina Lumiton, guión de Romero sobre su pieza teatral; exteriores filmados en la base naval de Puerto Belgrano y a bordo del buque ARA Rivadavia. Le falta la intención de lucrar con la fuerza en cuestión, la Marina: es apenas un apropiado vehículo para Sandrini, cuyo mejor bocadillo es aquel en el que le preguntan si tiene padre, contesta “está bajo tierra” y, ante la mirada atónita de su interlocutor, agrega “trabaja en el subterráneo”. La historia es muy sencilla y refiere las peripecias del torpe protagonista enfrentado al rigor disciplinario de la Marina, un tipo de personaje que años más tarde clonarán Marrone y Balá. Tito Lusiardo está muy gracioso hablando todo el tiempo en la jerga interna de los marinos.

La muchachada de a bordo:
José Gola y Luis Sandrini


• Cadetes de San Martín (Mario Soffici, 1936): prod. Argentina Sono Film, guión de Soffici, sobre argumento de José Antonio Saldías; algunas escenas fueron rodadas en instalaciones del Colegio Militar en El Palomar. Un texto inicial informa que fue “Realizada bajo los auspicios del señor ministro de Guerra, general don Basilio Pertiné”. En aquellos tiempos era posible el patriotismo sin servilismo ni obsecuencia, y eso es lo que muestra este vigoroso drama de Soffici cuya primera secuencia resulta en verdad sorprendente, con un grupo de hombres jóvenes y desnudos en la ducha ¡enjabonándose mutuamente las espaldas!, pero al mismo tiempo hablando de mujeres, algo que entonces el público asimilaba con naturalidad, sin adjudicarle segundas intenciones. Aunque acaso abuse de marchas y entrenamientos y sus diálogos estén recargados de retórica, la historia transcurre amablemente narrando los avatares iniciáticos de un joven cadete del Colegio Militar (Angel Magaña) vapuleado y humillado por sus colegas a causa de la conducta poco clara de su padre industrial (Enrique Muiño).

Cadetes de San Martín:
Enrique Muiño y Angel Magaña


• Fuera de la ley (Manuel Romero, 1937): prod. Lumiton, guión de Romero. “Si dentro de dos minutos no has puesto fin a tu vergonzosa vida, seré yo quien lo haga”, le dice el subcomisario Luis Arata a su hijo José Gola, un desalmado asesino, hacia el final de este film memorable. Incluso siendo una services movie (los agradecimientos bordean la obsecuencia) y con el handicap de una partitura estridente y de innecesarias escenas cómicas a cargo del insufrible Marcelo Ruggero, esa debilidad del director, que casi malogran una violenta secuencia de tiroteo, resulta una obra maestra, algo meritorio considerando que Romero la hizo en las pocas semanas acostumbradas y sin mayor presupuesto, pero sí con un cuidado por una fotografía muy moderna para su época, el encuadre y el montaje del que carece el resto de su abultada obra. Ráfagas de gran cine alientan las peripecias de “El Pibe de Fierro”, vigorosamente interpretado por Gola aunque ya estaba demasiado crecido como para lucir como un menor de edad. El muchacho es malo-malo muy malo, pero para su madre (María Esther Buschiazzo) “siempre ha sido un poco raro” apenas, mientras el padre se resigna a que su hijo sea “mi castigo” y no vacila en verlo muerto, en una exhibición de filicidio que no registra parecidos en la historia del cine aborigen. El criminal, sin embargo, tiene una explicación para su proceder, encerrado como ha sido en un reformatorio de menores y luego por otros cinco años en una cárcel: “Con sus medios no han hecho más que fomentar mi rencor”. Es tan malo que mata hasta a un pibe que lo admiraba.

Fuera de la ley:
Pedro Maratea, José Gola y Alfredo Fornaresio


• El escuadrón azul (Nelo Cosimi, 1937): prod. de Julio Raúl Alsina para la Sociedad Art Film Argentino, guión de Cosimi, remake de Corazón ante la ley; exteriores en la ESMA.

• Murió el sargento Laprida (Tito Davison, 1937): prod. de Benjamín Cufré y Carlos Lucantis para la Lucantis Films de la Argentina, guión de Davison sobre la pieza teatral de Alberto Vacarezza. Un coronel y un mariscal figuran como asesores técnicos de este dramita que glorifica al Cuerpo de Bomberos de la Capital Federal y está ambientado en un conventillo, pero uno especializado: en él conviven sólo bomberos y sus familias. Un triángulo amoroso es el único conflicto más o menos dramático, pero el acento está puesto en lo que la pieza teatral no podía ofrecer, esto es, los bomberos en acción. “La” secuencia del gran incendio fue resuelta con pericia por el chileno Davison. Al tal Laprida lo interpretó Mario Danesi.

• Alas de mi patria (Carlos Borcosque, 1937-1938): prod. de la Cinematográfica Argentina SA –denominación transitoria de Argentina Sono Film–, guión de Borcosque; incluye exteriores registrados en el aeródromo de El Palomar y en la Fábrica Nacional de Aviones de Córdoba y fue dedicado “a los mártires, a los héroes, y a todos los cultores de la aeronáutica argentina que han forjado las alas de la Patria”: el asesor aeronáutico fue Raúl Alejandro Apold.

• Senderos de fe (Moglia Barth, 1938): prod. Argentina Sono Film, guión del director. Tal vez la más inofensiva contribución al tema puesto que favorece al Ejército de Salvación, entidad precursora de las llamadas –en el siglo XXI– Organización No Gubernamental (ONG): en este caso, Amanda Ledesma es una pertinaz devota que intenta “convertir” al tarambana Floren Delbene.

• Fragata Sarmiento (Carlos Borcosque, 1940): prod. Argentina Sono Film Cinematográfica Argentina SACI, guión de Borcosque. Segunda incursión del director en el sub-subgénero “la muchachada ante el llamado de la Patria”: el primero fue Alas mi patria y el ambiente era el de la aeronáutica, y el tercero será El tambor de Tacuarí (1948), que no es una services movie. Magaña es aquí el personaje-guía de una narración en verdad coral, con gran variedad de subtemas (romance, compañerismo, obediencia, algo de acción submarina) y sin ningún pudor por la evidente exaltación militar, que nunca suena forzosa ni obligada ni oportunista: aunque en el siglo XXI parezca imposible, hubo una vez en la Argentina en que ser patriota y proclamar las bondades de las Fuerzas Armadas no estaba mal visto ni despertaba sospechas.

Al toque de clarín (Orestes Caviglia, 1941): prod. Argentina Sono Film, guión de Florencio Chiarello sobre una adaptación de Francisco J. Bolla de la pieza teatral Mam’zelle Culot, de André Mouëzy-Eon, Alfred Vercourt y Jacques Veber. Sonsera cuartelera con el dúo Buono-Striano.

• La novia de la Marina (Benito Perojo, 1948): prod. de Ricardo Núñez para Emelco SAIC, guión de Manuel M. Alba sobre la pieza teatral Susana tiene un secreto de Honorio Maura y Gregorio Martínez Sierra. La Marina argentina, agradecida por tan explícito título, cuya historia no tiene nada que ver con esa fuerza. Alcahuetería pura, jamás prevista por los comediógrafos españoles.

• Angeles de uniforme (René Olivares, 1948): prod. de Horacio Gómez Alzurena para Producciones Fama, guión de Olivares. Rareza que no glorifica el accionar de alguna fuerza policial o militar sino, sencillamente, las bondades de viajar en avión. De acuerdo a un artículo publicado en Radiolandia (10.7.1948), su argumento trata “sobre motivos de una compañía comercial de aviación”, “enfoca un tema que se refiere a la constitución y funcionamiento de una compañía de navegación aérea, que se encuentra con tremendos problemas económicos”, e informa que “los exteriores se tomaron en los principales aeródromos del país, especialmente en Morón”. En abril 1949, la Dirección General de Espectáculos Públicos no autorizó su exhibición por lesionar la imagen de la Flota Aérea Mercante Argentina, empresa privada cuyas siglas coinciden con la denominación de su empresa productora, por lo que no resulta descabellado suponer que lo financió, poco antes de ser adquirida por el Estado y, junto con otras dos, reconvertida en Aerolíneas Argentinas. El chileno Olivares debió ser  un experto en aviación, pues suyo es también el argumento de Bajo un cielo de gloria (idem, José Bohr, 1944), realizado en su país. El productor Gómez Alzurena era el nombre real del protagonista Tito Gómez. Nunca tuvo estreno en cines, pero fue emitido por TV.

Angeles de uniforme:
Raúl Deval, Carlos Alberto Dussó y Tito Gómez


• Captura recomendada (Don Napy, 1949-1950): prod. Julio Villarreal y Cía., guión de Corma y Napy sobre una recopilación documental del periodista Luis A. Zino. Dividido en tres episodios sin títulos entrelazados por el personaje del “inspector Alfredo Campos” popularizado por la radiofonía, “responde al propósito de destacar el sacrificio, desinterés y heroísmo de los empleados policiales y en forma especial de este gran ejército anónimo de empleados de investigaciones, que arriesgan sus propias vidas velando por la seguridad de la Policía”, expresa un texto en el film, primero de una trilogía de Napy al que seguirán de inmediato Camino al crimen y Mala gente.

• La muerte está mintiendo (Carlos Borcosque, 1949-1950): prod. Emelco SAIC, guión de Abel Santa Cruz sobre su radionovela; algunas secuencias fueron rodadas en la Penitenciaría Nacional de la avenida Las Heras en Palermo gracias al “inestimable concurso de la Dirección General de Institutos Penales de la Nación”. Entretenida peripecia en favor del Servicio Penitenciario Federal, que incluye el típico mensaje del primer gobierno peronista, aquello de “ahora estas cosas no pasan”, discurso liquidado de entrada mediante una voz off. Narciso Ibáñez Menta está excelente –lo cual significa sobrio y medido– como un hombre que se sacrifica por su hermano asesino y purga cárcel en su lugar. Un racconto está ubicado en 1930, cuando estalla el golpe de Estado. María Rosa Gallo debe pronunciar una frase que pondría los pelos de punta a las feministas militantes: “Los hombres lloran cuando sufren, las mujeres porque sí”. [Continuará mañana]

Nathan R. Jessep


viernes, 15 de mayo de 2026

TEMAS

¡De frente… march!: el cine de los servicios

–1º parte: generalidades,

tenientelidades y comandantelidades

–“¿Crees en Dios?
–Sí. Pero El no puede hacerlo todo.
Por eso creó a la Policía”.
Diálogo entre el detective Ryan Robbins y la agente
de la DEA Rosie Pérez en la miniserie Pure (2016).

La presencia militar en el espectáculo se remonta a mediados del siglo XIX: en Francia, por ejemplo, eran muy populares los vaudevilles de André Mouëzy-Eon ambientados en cuarteles en los que el cómico de turno hacía de las suyas. El cine se apropió del subgénero y ya en los años 20 y 30 hubo films europeos, principalmente franceses, que adaptaban esas piezas teatrales: años más tarde, los periodistas estadounidenses acuñaron el término services movies (“películas de los servicios”) para definir este tipo de producto. El cine argentino, por supuesto, incursionó en ese territorio, y lo hizo de tres diversas maneras:

El Bahía Aguirre

• Como vehículo para los actores cómicos en boga: Luis Sandrini, el dúo Buono-Striano, José Marrone, Carlos Balá, Ismael Echevarría “El Tehuelche”, El Soldado Chamamé y Alberto Olmedo y Jorge Porcel, así como también para la conjunción cómico-cantante, Balá-Leo Dan y Balá-Palito Ortega.

A manera de comedia o drama heroico-sentimental cuyos principales personajes se mueven en ambiente militar, como en Corazón ante la ley (históricamente el primero, mudo, producido y estrenado en 1929), Cadetes de San Martín, Alas de mi patria, Fragata Sarmiento, La última escuadrilla y Mi amigo Luis, entre muchos otros, con un pico de ejemplos en la primera mitad de los 50.

• En su opción más deleznable, la de las puras y duras, sin demasiado sentimentalismo ni humorismo, apenas peripecias en las que los malos son abatidos o regenerados por la fuerza en cuestión, vertiente que ha permitido a productores diversos concretar films a muy bajo costo aprovechando la ingenuidad, generosidad y/o interés especulativo de los capitostes de la fuerza a la que promocionaban. Algunos títulos representativos: Patrulla Norte, Sombras en la frontera y Operación “G” para la Gendarmería; Captura recomendada, Camino al crimen, Mala gente y Las tres claves para la Policía Federal; La encrucijada para la Dirección de Institutos Penales; La muerte flota en el río para la Prefectura Nacional Marítima; Delito para la Policía y la Prefectura; Aconcagua para la Infantería de Montaña; y Misión 52 para la Fuerza Aérea. Un temprano ejemplo fue un documental corto, sin título conocido, mudo y con sonido sincronizado, estrenado el 2.7.1931 en los cines Gaumont, Empire y Paramount, producido por la Legión Cívica Argentina en “homenaje al ejército y a la armada nacionales”, a cuya première en el cine Empire concurrió el Presidente Uriburu.

Olga Casares Pearson


   Algunos profesionales involucrados en el subgénero merecen cartón francés. Reynaldo Tettamanti (Reynaldo Salvador Tettamanti Lambruschini; 1922-2002) era un teniente de Navío con vocación literaria y solía firmar algunos ciclos televisivos tras el pseudónimo Juan del Mapa. En septiembre 1955 los miembros de las Fuerzas Armadas que bajo la denominación de Revolución Libertadora derrocaron mediante un golpe de Estado el segundo gobierno constitucional presidido por el general Juan Domingo Perón, lo entronizaron como interventor en la Dirección General de Espectáculos Públicos. Desde su escritorio fue tomando contacto con la gente del cine, uno de los cuales, el productor David Yohai Varón –un parvenu– le compró un antiguo argumento que tomó forma a fines de ese mismo año con el título Goleta Austral, que el autor firmó apenas como Reynaldo Salvador, aunque el asunto no pasó a mayores puesto que jamás llegó a cine alguno. Insistirá con otro argumento, que por Gracia Divina tampoco accederá a los cines, el de Misión 52, éste firmado con su nombre. Entre sus créditos televisivos se recuerdan dos ciclos que produjo y condujo, El rumor de la semana (1962) y Mesa de credos (1985).

   La actriz argentina Olga Casares Pearson (1895-1979, nacida en Italia), que ya actuaba en Corazón ante la ley, la primera services movie, fue, además, argumentista de otras tres: en las dos primeras sus personajes tienen directa relación con la Armada, pero su vocación filomilitar se prolongó en un tercer título en favor del Ejército, que por otra parte resultó su último film puesto que falleció cuatro meses después de la muerte de su esposo, el actor Angel Walk (1891-1979), con el que supo conformar una de las más exitosas parejas radiofónicas en los años 20 y 30. Por su parte, el comandante Oscar Cimorelli Quiroga, argumentista y productor asociado de Operación “G” que en 1963 será productor de 40 años de novios, de Carreras, mantenía relaciones muy aceitadas con estamentos de las fuerzas de seguridad: en 1964 fue productor de un ciclo televisivo “de exaltación de la epopeya nacional” titulado Bouchard –Un héroe del mar–, emitido en varios capítulos desde el 3.7.1964 a las 22.15 por el Canal 7, auspiciado por Yacimientos Petrolíferos Fiscales y protagonizado por Francisco Petrone, y hacia 1982 era el jefe de relaciones públicas de la Gendarmería.

Jorge Velasco en el set de La sonrisa de mamá,
con Libertad Lamarque y el asistente de
dirección Orlando Zumpano


   Dos productores-directores muy reconocidos y populares ostentan cucardas que se han ganado en buena ley. Tanto Palito Ortega cuanto Emilio Vieyra han sido los más fieles y obsecuentes exaltadores del accionar de las fuerzas “del orden”, y lo han hecho en plena dictadura militar del llamado Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983), lo que torna a sus productos obscenos y abyectos. Ortega siempre demostró simpatía por los uniformados, y una prueba cabal la demuestra el hecho de que festejó su casamiento (1967) en los espléndidos salones del Círculo Militar. En 1975 culminó su larga relación con los Mentasti (16 films desde 1963) y decidió encarar sus propios proyectos montando una sociedad con Jorge Velasco, eficaz jefe de producción iniciado a finales de los 50, asiduo a la obra de Enrique Carreras y bien conocido en el gremio por sus simpatías filomilitares y también por su fama de “mataputos”. En cuanto a Vieyra, ya desde su opera prima hizo gala de su anticomunismo y de su predilección por la mano dura, pero se lució más que nunca con dos largometrajes producidos durante esa dictadura. Al igual que Velas, su colega Julio Godoy aparece vinculado a varios títulos del subgénero: para que se tenga idea de su calaña, cierto día de mediados de los 60 se trenzó en una pelea con el “productor” Marco Petrucci (otro gangster…) que culminó cuando Godoy sacó a relucir una pistola, todo ello en Lavalle al 1900, frente a la Comisaría 5ª…

   A pesar de todo lo cual, Los chiflados dan el golpe resulta el film más representativo del primer apartado y sus hacedores miembros destacados del clan filomilitar de la historia del cine nativo. La situación de base del guión de Enrique Dawi y Emilio Villalba Welsh, esto es, los enredos derivados de la presencia de mujeres en un buque, es la misma que la de la “pochade sainetesca de ambiente marinero” Hay bronca en el “Rivadavia”, de Manuel Romero, estrenada el 29.7.1932 en el Teatro del Centro por la compañía encabezada por Luis Arata, Leopoldo Simari y José Franco. Sin embargo, lo que distingue a este film es, si se quiere, más sutil. Fue rodado en julio 1975 casi íntegramente en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA), y el jefe de esa fuerza, comandante Emilio Eduardo Massera, tuvo la gentileza de visitar, el viernes 11, un día de trabajo en el buque Bahía Aguirre, justo “después de asistir a la jura de los nuevos ministros que componen el gabinete nacional” (Heraldo del Cine, pág. 228). Si hubiera sido producido veinte o treinta años antes habría resultado otra tontería de enredos cómicos con reclutas torpes y oficiales ciegos, pero ocho meses antes del golpe militar (del que Massera fue uno de sus más sanguinarios perpetradores) lo convierte en un producto indigesto. Imposible reírse hoy de las tonterías de sus personajes en el ámbito físico que devendría el principal y más emblemático centro de detención, tortura y asesinato del país.

Rafael Carret en
Los chiflados dan el golpe


   Sus responsables son o fueron bien conocidos elementos filomilitares con una enorme vocación de servicio: el productor Carlitos Borcosque la heredó de su padre, director de Alas de mi patria y Fragata Sarmiento, aunque en aquellos años 30 era posible admirar a los uniformados sin por ello ser mal visto. Su socio, Horacio Mentasti, era su amigo de la infancia, y juntos o por separado trabajarán tupido en el período 1976-1983. El Soldado Chamamé responde por su vocación desde su mismo nombre artístico, y otro miembro del elenco, el popular Rafael “Pato” Carret era, por cierto, un abonado a este tipo de propuesta (ya aparecía vestido de marinerito en Vigilantes y ladrones en 1952…) y un par de años después será el protagonista y productor de Patolandia nuclear. Para colmo, los cines que estrenaron Los chiflados dan el golpe ofrecían como complemento el documental La Escuela del mar, que el siempre servicial productor-director de cortometrajes Alberto Larrán dedicó ese mismo año a la ESMA, algunas de cuyas imágenes fueron a su vez utilizadas en el engendro de Dawi-Mentasti-Borcosque.

   El primero en cuestionar abierta y duramente a una institución militar, nada menos que el Ejército, fue La Patagonia rebelde (Héctor Olivera, 1974) y no habrá nuevos ejemplos hasta después de recuperada la democracia en 1983. Desde entonces, las llamadas services movies fueron desapareciendo del radar de los productores argentinos con una sola excepción de la que se dará cuenta en la segunda parte de este artículo, una filmografía comentada. [Continuará mañana]

Mike Faber

jueves, 14 de mayo de 2026

FILMS

Julio Irigoyen:

Prontuario de un marginal

Sierra Chica (1929) – Otro título misterioso: siempre se lo supuso un largometraje de ficción, y algún aviso publicitario daba esa impresión por su texto (“La vida del presidio, sórdida y cruda, que encierra un hondo y vigoroso drama sentimental”). La primera vez que este título aparece en una publicación fue en el semanario Excelsior del 2.1.1930, anunciándolo entre los “próximos estrenos” de la empresa. Sin embargo, la absoluta ausencia de nombres de actores y el hecho de que no se mencione su estreno en diario o cartelera alguna, permite sospechar que se trata de un documental de mediometraje. Alienta esta hipótesis el hecho de que hacia mediados de 1929 se hizo cargo de la dirección del célebre presidio de máxima seguridad enclavado en esa localidad de la provincia de Buenos Aires, cercano a Tandil y a Olavarría, su hasta entonces subdirector, Juan P. Pereyra, quien entre sus primeras medidas decidió “abrirlo al periodismo.




   Así, desde el domingo 2.6.1929, el diario Ultima Hora inició la publicación de una serie de artículos firmados por Clemente Moreno, en los que entrevistaba a sus reos más famosos (por lo sanguinario de sus crímenes: ese vespertino era del tipo amarillista). Otra de sus medidas fue la de encargar a la Buenos Aires Film un documental sobre la vida en la cárcel, algunas de cuyas imágenes sobreviven en el comienzo del homónimo argumental que JI dirigió en 1938. El encargo le cayó no por casualidad: recuérdese que ya había hecho otros para el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, del que dependía. Noventa años más tarde, el célebre penal será revisitado por una cámara para el video documental La visita (Jorge Leandro Colás, 2018), que otorga prioridad menos a los internos que a sus visitantes.




 

El torbellino de Buenos Aires (1930) – Un aviso publicitario en La Película (nº 710, 1.5.1930) informa que la Buenos Aires Film “presenta en la próxima semana en los cines Alvear, Metropol y Princesa su nueva producción artística El torbellino de Buenos Aires, obra de un valioso argumento que nos muestra la vida nocturna de Buenos Aires, en la que encierra un hondo y vigoroso drama sentimental. Protagonistas: La hermosa actriz: Margarita Blanco y el galán Rodolfo Vismara” obsérvese que la frase “hondo y vigoroso drama sentimental” era utilizada a diestra y siniestra por JI; sin embargo, en el siguiente número (8.5) corrige que será estrenado “muy en breve” y una semana más tarde (15.5) informa que “estrenó con gran éxito”; otra fuente, aún menos confiable que aquella, aporta la fecha 20.8.1930 en los cines mencionados, pero a pesar de ambas el film se empecinó en no aparecer en ninguna de las carteleras de los diarios consultados (La Prensa, La Razón y La Nación)… hasta el 9.7.1931, fecha en la que figura en el cine Select Flores en triple programa con el estadounidense The charge of the gauchos (Una nueva y gloriosa nación, Albert H. Kelly, 1927) y el alemán Das letzte fort (La última fortaleza, Kurt Bernhardt [Curtis Bernahardt], 1928).

Josephine Baker en su propio torbellino


   Por otra parte, entre los días 19 y 28.9.1930, la Buenos Aires Film programó Mujeres viciosas en el teatro Florida, llevando como complemento algo que las carteleras denominaban El torbellino del placer, título que no se corresponde con ninguno de los “torbellinos” ya conocidos en los cines porteños (véase más abajo) y que bien podría ser –tratándose de JI todo es posible– El torbellino de Buenos Aires o, por qué no, El torbellino de París, con Josephine Baker, que distribuía la Buenos Aires Film.

   Como sea, ésta fue su última producción muda, puesto que no sólo resistió el sonido hasta que le fue posible sino que tampoco experimentó siquiera con el sistema Vitaphone. En cambio, quiso aportar su granito de arena a la serie de “torbellinos” desatados por aquellos tiempos en las carteleras mundiales y su reflejo en las porteñas, ya que varios films estadounidenses muy exitosos utilizaron localmente el término: El torbellino del matrimonio (The marriage whirl, Alfred Santell, 1925), El torbellino de la juventud (The whirlwind of youth, Rowland V. Lee, 1926), El torbellino de Arizona (The Arizona whirlwind, William James Craft, 1927) y El torbellino del Oeste (Young whirlwind, Louis King, 1928), sin olvidar uno alemán, El torbellino de la ciudad (Frau sopherl vom naschmarkt, Hans Steinhoff, 1926), uno franco-alemán, El torbellino de París (La revue des revues / Die frauen von Folies Bergère, Joe Francis y Max Obal, 1926) y uno británico, El torbellino (The vortex, Adrian Brunel, 1928), todos ellos lanzados antes que el de JI. Además, en noviembre 1926 fue estrenada en el Porteño la revista El torbellino de las alegrías, de Juan Helvio y Augusto Alba, y el 10.4.1929 en el Ideal la pieza teatral El torbellino del jazz, de Luis Rodríguez Acasuso.

OBS     Debut cinematográfico de la actriz Margarita Blanco, quien integraba desde poco antes la compañía de Florencio Parravicini en el teatro Ateneo y en la temporada 1931 actuó sucesivamente en las revistas de Romero-Bayón Herrera en el Cómico, las de Pomar-Podestá en el Pueyrredon de Flores y Podestá-Pomar-Ballerini en el Smart.

 

El torbellino de Buenos Aires
Argentina, 1930
35mm / B&N / 6 actos = aproximadamente 55’

EQ     CP, CD: Buenos Aires Film. P: Julio Irigoyen y Roberto Irigoyen. D: Julio Irigoyen. G: Julio Irigoyen. F, CM: Roberto Irigoyen. C: Julio Irigoyen. FR: abril 1930. LC: 9.7.1931, cine Select Flores.

I&P     Margarita Blanco, Rodolfo Vismara. 

martes, 12 de mayo de 2026

FILMS

¡Kitsch, camp, trash!

–El cine de Enrique Carreras–

Obra

Corazón contento (1968) – Los esfuerzos para expandir fuera de la Argentina la carrera musical y cinematográfica de Palito Ortega habían comenzado en 1966 cuando intervino, fuera de la Sono Film, en una producción impresentable titulada El Rey en Londres y continuaron en dos coproducciones con España en las que tuvo como compañeras sentimentales a Sonia Bruno (en Quiere casarse conmigo...?!) y a Rocío Dúrcal (en Amor en el aire, Amadori, 1967). Corazón contento siguió ese camino, esta vez orientado a México, a través de una coproducción con una empresa de Gonzalo Elvira, quien además era el manager de Armando Manzanero.

Angélica María y Palito Ortega


   La historia que se cuenta aquí es tan banal como las de los restantes productos animados por el popular cantante. Aquí es un simple muchacho de barrio que aún vive con su madre, trabaja en una fábrica de quesos y tiene como amigo a un profesor de música que habla con acento mexicano. En una disquería gusta de una vendedora y, para conquistarla, se finge productor discográfico prometiéndole lanzarla al estrellato, porque ella también canta. La chica es hija de un portero y en realidad no tiene aspiraciones serias, pero se deja llevar por el embuste, al que contribuyen su padre y el profesor de música. Tras una serie de episodios en los que intervienen los dueños de la quesería, la chica y el mexicano triunfarán y el muchacho conquistará el corazón de la joven.

   EC dirigió todo ello con su habitual parsimonia y descuidando detalles pero, eso sí, con mayor producción al servicio de los números musicales, que ya no resuelve sólo en un living o en un falso escenario teatral. Sin embargo, la sensación de irrealidad es tal que el espectador se sobresalta cuando escucha una mínima referencia al “peligro de otra gran guerra, el Vietnam, los árabes”. Un gag, aquel en el que sus compañeros de trabajo hacen creer al protagonista que ganó la Lotería, tras lo cual este comienza a destrozar la oficina, fue años más tarde recreado en La tregua (Renán, 1974). Corazón contento muestra como ningún otro de sus engendros cuánto abusa su director del uso del zoom recién incorporado a la Sono: tarde, como de costumbre en la Argentina, en la Sono y en EC. [“¿Qué opina del zoom?”, le preguntó Peter Bogdanovich a Fritz Lang hacia mediados de 1965. “No le tengo mucha simpatía. Porque no es natural. Sí, por ejemplo, quisiera seguir una bala que alguien hubiera disparado, entonces tal vez usaría el zoom para convertirme en la bala. Pero casi todo el mundo lo usa cuando hay un plano general y quieren entrar en una habitación sin cambiar de plano, así que entran con el zoom. Pero además suelen tener que cortar de todas formas una vez que están en la habitación”].

Pascali, Malcom, Rossi, Angélica María,
Manzanero, Mauricio Morris y Fioriti


   Además del talentoso y exitoso poeta, compositor y cantante yucateco Manzanero, que debutó en cine en este film, Gonzalo Elvira aportó a la actriz y cantante Angélica María, quien comenzó su carrera siendo una niña y, entre muchos otros títulos, fue la réplica mexicana de la Adrianita de La melodía perdida (Demicheli, 1951-1952) en su remake Sublime melodía (Demicheli, 1955). Por cierto, EC tuvo algunos problemas con ambos actores: la baja estatura de Manzanero obligó a construir una tarima sobre la cual se paraba cuando debía compartir la escena con sus compañeros más altos que él. Si esto representó un obstáculo, Angélica María –que viajó acompañada por su madre– proporcionaba otros: al director no le gustaba porque no era fotogénica, lo cual demoraba la puesta de luces, y porque –decía– tenía feas piernas, por lo cual trataba de interponer algún elemento escenográfico entre ellas y la cámara. Todos esos inconvenientes solían ponerlo de mal humor, según contaron algunos testigos.

   La filmografía de EC incorpora tres nombres que serán habituales en el futuro, los del actor Raúl Rossi, cuyo tono plañidero, su buena dicción y su popularidad televisiva lo depositaron en sus brazos; del primer ayudante de dirección Teo Kofman, quien tras doce colaboraciones con EC y muchas más con otros directores concretaría en 1985 su excelente opera prima, Perros de la noche; y de la actriz española Nora Samsó (quien había sido esposa de Ernesto Vilches), que filmó bastante en su país entre 1954 y 1959, casi siempre en pequeños papeles de apoyo, entre ellos La violetera (1957) y ¿Dónde vas Alfonso XII? (1958), cuyo director, Luis César Amadori, la recomendó a Orlando Zumpano cuando la actriz, tras enviudar, decidió volver a la Argentina para radicarse definitivamente. Aquí trabajó casi siempre con EC y por lo general formando pareja con su compatriota Enrique San Miguel.




OBS     Coproducción 70% argentina rodada y procesada en la Argentina con la única participación artística mexicana de Armando Manzanero y Angélica María. Los títulos de crédito de la versión mexicana alteran el orden jerárquico de la pareja central.

TAQ     El lanzamiento nacional tuvo lugar el 12.2.1969 en el Ambassador de Mar del Plata, donde se mantuvo cuatro semanas en cartel. En BA tuvo un arranque excelente pero se desinfló con rapidez: en el Atlas sólo resistió dos semanas, lo mismo que en algunas salas de barrio (Select Buen Orden, Lope de Vega, El Plata), sumando desde la 2ª (10.4) los cines Cervantes, Belgrano, Moreno, Coliseo de Flores, Los Andes, Rialto, Loria –en éste por dos semanas–, Gran Odeón, Cumbre y Gran Lugano + 12. Luego, desde el 17.4 cruzó al Victoria –por tres semanas–, en la 1ª en simultáneo con los cines Rialto, Villa Crespo, Gran Buenos Aires, Roxy, Rivas y Sáenz y en la 2ª (24.4) en simultáneo con los cines Medrano, Continental, San José de Flores, Alberdi y National Palace. Desde el 22.5 fue vuelto a programar, esta vez en el Mitre por siete días.

Corazón contento / Somos novios
Argentina / México, 1968
35mm / EastmanColor / RCA / 90’ / ATP

EQ     CP, CD: Argentina Sono Film SACI / Oro Films SRL (México DF). JP: Jorge Velasco. AP: Ricardo Vacas. D: Enrique Carreras. AD: Orlando Zumpano. AYD: Teo Kofman. [PZ: Américo Ortiz de Zárate]. G: Ariel Cortazzo, con la colaboración de Julio Porter, sobre una idea de Diego Santillán. F: Antonio Merayo. CM: Héctor Collodoro. FQ: Pedro Bor. [ACM: Jorge Callejas]. [FF: Miguel Angel Guglielmino]. [JR: Rodolfo Denevi]. [CR: Edmundo Sánchez]. [R: Juan Carlos Centeno, José A. López, Luis Gago, Luis Castelletti, Enrique Alvarez, Alberto Salvatore y Manuel Lozada]. E: Emilio Rodríguez Mentasti [Emilio Rodríguez M.]. DC: José Tasín. [U: Leonardo Brughetti]. [CPT: Carlos Leyes]. JPT: David Daich. ASEV, V: Horace Lannes. [MOD: Beatriz Rocino]. MQ: Vicente Notari. PN: Susana Fernández. S: Jorge Castronuovo. [AS: Miguel Babuíni]. RG: Mario Fezia. C: Jorge Garate. [AC: Higinio Vecchione]. [CNGT: Nieves Pérez]. M: Tito Ribero. CN: Corazón contento, Soy amigo de las flores [con Los Muñecos], La primavera y Voy cantando, las cuatro de [y por] Palito Ortega con orquesta dirigida por Oscar Toscano; Somos novios, Niña, Esperaré y Esta tarde vi llover, las cuatro de [y por] Armando Manzanero; Una muchacha igual que todas, de Palito Ortega, y Vivir, de Armando Manzanero, [ambas por Angélica María]; y Me gustas y Te quiero, te amo, de Armando Manzanero, [ambas por Armando Manzanero y Angélica María]. [TM: un fragmento del primer movimiento de la Sinfonía nº 5 en do menor opus 67, de Ludwig Van Beethoven]. COR: Víctor Ferrari. [PUB: Berta Esión]. EF, LS: Argentina Sono Film SACI (Martínez, BA). LOC: BA (Plaza de la República, Ital Park, hotel Alvear Palace, restaurante Green Top, peluquería Basile, disquería Casa América) y GBA (Tigre, Aeropuerto Internacional Ministro Pistarini en Ezeiza). L: Laboratorios Alex [SACI]. FR: 14.10.1968 al 26.11.1968. LC: 2.4.1969, cines Atlas, Callao, Flores, Cuyo, Gran Savoy, General Belgrano, Select Buen Orden, Lope de Vega, El Plata y 25 de Mayo + 30 / 21.8.1969, cines Las Américas y Polanco (México DF).




I&P     Palito Ortega (Javier Giménez), Angélica María (Angélica, “Perla Blanca”) / Armando Manzanero (Armando Moreno) / Olga Zubarry (Lidia Bertolozzi) / Raúl Rossi (Ramón, padre de Angélica) / Carlos Fioriti (Rodríguez, gerente del Canal de TV), Tino Pascali (gerente general de Bertolozzi y Cía.), Mauricio Morris (publicista Guzmán), Fidel Pintos (locutor de la radio), Lalo Malcolm [Malcom] (Bertolozzi, padre de Lidia), Olga Hidalgo (Gloria, madre de Javier) / Marisa Griven [Grieben] (empleada del hotel), Virginia Ameztoy (empleada de Bertolozzi y Cía.), Mario Sapag (peluquero Fidel), Jacques Arndt (dueño de la disquería), Domingo Márquez (ejecutivo del Canal de TV), Alfonso Picaro (vecino bañando al perro), Roberto Guthié (empleado de Bertolozzi y Cía.), Mariana Karr (vendedora rubia de la disquería), Linda Peretz (empleada de Bertolozzi y Cía.), Nora Samsó (directora de la escuela), Mario Savino (cliente gordo de la peluquería), Karen (secretaria de Rodríguez) / na Teresa Wallon (vecina que saluda a Javier), María del Carmen Valenzuela (alumna con trenzas), Matilde Ortiz y Sheryl Ann (alumnas), Carlos Membrives (lustrabotas), Pablo Nogués (doctor Padilla), María del Pilar (esposa de Padilla), Rey Charol (negro que compra un clarinete), María de los Angeles Medrano (alumna particular), Zulma Grey (madre de la alumna particular), Adriana Parets, Manfredi Rapino, Abel Ferré y Jorge Trimarchi (cuatro empleados de Bertolozzi y Cía.), Juan Alighieri (miembro del directorio), Oscar France y Raúl Schiavo (empleados del directorio), Alberto Lago, Luis Gago, Eduardo Garegnani y Ricardo Garegnani (cuatro oficinistas), Enrique San Miguel (“rey” en el aviso por TV), Los Muñecos [Carlos Hugo Rubano, Luis Olmos, José Cozza y Fredy Tadeo] (grupo musical), Juan Carlos Dorrego (diariero), Carlos Víctor Andriss (disc jockey), Roberto Braceras (ejecutivo de cabellos blancos de Bertolozzi y Cía.), Elizabeth Mákar (otra vendedora de la disquería), Claudia Wolny, Joanna Marvin y Graciela (tres mannequins en la convención), Juan Carlos Lima, Carlos Lagrotta, Francisco Martino, León Sarthié y Oscar García (cinco ejecutivos del Canal de TV), Aurora del Mar (recepcionista del Canal de TV), Betty Grey, Elsa Rosas, Olga Galuzzi, Norma Beatriz Nolan y Ana María Soria (cinco mannequins), Lisandro García Tuñón (cliente flaco de la peluquería), Ego Brunoldi (locutor de TV que presenta a Perla Blanca), Jorge Fiszbein (fotógrafo), Franco Neri (joven que baila con Angélica), Karina y Eduardo Cicari (pareja de novios en la Plaza de la República) / aana Horace Lannes (él mismo, modisto), Ricardo Vacas (periodista en el aeropuerto), Enrique Carreras y Orlando Zumpano (toman café en el bar del barco), Susana Fernández y Beatriz Rocino (maquilladoras del Canal de TV).

F&P     Estrenado el 20.7.1970 en Valencia y el 21.12.1970 en Madrid.

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