PERFILES
Gente
del cine
El hombre de Löwe
“En el cine argentino de todos los tiempos no creo que lleguen a sumar
treinta las películas producidas por productores que no fueran al mismo tiempo
sus directores o capitalistas o dirigentes de la empresa productora”, estimó
Domingo Di Núbila en su canónica Historia:
“El productor propiamente dicho, ese elemento-eje cuya misión específica y
única es producir un film, apareció entre nosotros con el Zavalía de Su primer baile. Casi enseguida, Manuel
Peña Rodríguez fue contratado por San Miguel, donde produjo Juvenilia y Cuando la primavera se equivoca. A pesar de estos buenos
resultados, casi nunca volvieron a emplearse productores”, agregó. “Entre las
pocas excepciones” incluye a Manuel M.
Alba (Manuel Miguel Alba; 4.9.¿? / ¿?), “el que más llegó a trabajar de
todos”.
Sus primeros contactos con la industria se registran en 1944, cuando suplantó a Mendy en la jefatura de Publicidad de la distribuidora Pampa Film SA durante la gestión de Jaime Prades como gerente general. Por supuesto, su nombre no figura acreditado (NA) en los títulos que lanzó en su breve período, luego del cual continuó en la empresa en tareas generales. Cuando Pampa fue absorbida por Emelco SAIC, Alba se convirtió en la mano derecha de su presidente, Curt G. Löwe, en particular cuando esta compañía decidió sumar la producción de largometrajes a su habitual actividad con publicitarios, documentales y noticiarios. Así, Alba figura como director de producción (DP) de varios de sus largometrajes: en calidad de productor (P) sólo aparece en un solo título, La novia de la Marina, detalle que, no obstante, no invalida la apreciación de Di Núbila.
Cuando Löwe colisiona con el
gobierno, Emelco le es apropiada por las huestes de “ay Juancito” y su fundador
debe trasladar sus actividades a Chile y Uruguay, Alba es contratado por
Estudios San Miguel, donde sí se lo acredita como productor de cuatro de sus
films, entre ellos el gran éxito de taquillas La barra de la esquina, del que, además, fue uno de sus guionistas;
ese guion fue utilizado años más tarde por Norberto Aroldi como base de su
propio guion para Los muchachos de mi
barrio, que perpetró Enrique Carreras en 1968-1969. En 1951 pasó a
Establecimientos Filmadores Argentinos SA, donde produjo otros cuatro,
culminando su vinculación con la industria en 1954, como supervisor de
producción (SPVP) de apenas un título de la Guaranteed Pictures de la
Argentina-Jaime Cabouli SRL.
Alba estuvo ligado a la TV desde los inicios de ese medio en el país en 1952. Un seguimiento a la valiosa colección de libros que sobre su historia investigó Jorge Nielsen registra su nombre a partir de 1954, cuando con José Ramón Luna firmaba los libretos del ciclo folklórico La huella eterna. Fue director artístico del Canal 9 de TV desde su inauguración en 1960, recuperando así la asociación con su “patrón” en Emelco, y durante su período allí logró dos hitos: el invento del personaje llamado “Piluso”, que en 1960 catapultó a la popularidad a Alberto Olmedo, y el haber dado vía libre a Nicolás Mancera para poner en el aire en 1962 sus Sábados circulares. En su pionero libro Los que hicieron 25 años de TV argentina –¿Protagonistas o ilusionistas?– (1977), Gregorio Santos Hernando opinó que Alba “mucho aportó a la televisión argentina con talento y dedicación”. Hacia finales de la década de los 60 volvió a asociarse con Löwe como gerente de Promoción y Relaciones Públicas de Löwe Argentina SACIFI de Cinematografía y Televisión y desde 1969 fue el presidente de la Cámara Argentina de Empresas del Film Publicitario Argentino.
Completando una vida cuya
exposición pública fue prácticamente nula excepto para la gente del cine y la
TV, ha sido imposible encontrar sus datos de filiación. Tal vez menos por su
aporte específico a títulos individuales que por su estatura institucional en
el show business, Alba sería
considerado –utilizando un término actual– un grosso de la industria.
Filmografía:
[¡Achtung!: el nunca bien
ponderado sitio web IMDb ofrece, en
la entrada “Manel M. Alba”, sólo algunos de sus trabajos para el cine; en otra,
rotulada “Manuel Alba (I)”, lo entremezcla con un actor español, y aun así del
argentino sólo suministra dos títulos, entre ellos uno en el que no intervino].
Pampa: La casta Susana (Benito Perojo, 1944: PUB NA), Se abre el abismo (Pierre Chenal, 1944: PUB NA) y Despertar a la vida (Mario Soffici,
1944: PUB, NA) – Emelco: El retrato
(Carlos Schlieper, 1947: DP, acreditado como M. Alba), Siete para un secreto (Carlos Borcosque, 1947: DP), El barco sale a las 10 (Francisco
Mugica, 1947: DP), La caraba (Julio
Saraceni, 1947: DP), La Hostería del
Caballito Blanco (Perojo, 1947: DP), El
tambor de Tacuarí (Borcosque, 1948: DP), La novia de la Marina (Perojo, 1948: P y G, sobre la pieza teatral Susana tiene un secreto, de Honorio
Maura y Gregorio Martínez Sierra), Tierra
del Fuego –Sinfonía bárbara– (Soffici, 1948: DP), Vidalita (Luis Saslavsky, 1948: DP), Se llamaba Carlos Gardel (León Klimovsky, 1948-1949: DP), La barca sin pescador (Soffici, 1949:
DP) y Fascinación (Schlieper, 1949:
DP) – San Miguel: La barra de
la esquina (Saraceni, 1949-1950: P y G, con Carlos A. Petit y Rodolfo Sciammarella,
sobre la pieza teatral de Carlos Goicoechea y Rogelio Cordone), Buenos Aires, mi tierra querida…
(Saraceni, 1950: P y, con Carlos A. Petit, ARGM y G), Los árboles mueren de pie (Schlieper, 1950: P) y El hermoso Brummell (Saraceni,
1950-1951: P y, con Abel Santa Cruz, ARGM y G) – EFA: La última escuadrilla (Saraceni, 1951: P y, con Abel Santa Cruz,
ARGM y G), Bárbara atómica (Saraceni,
1951-1952: P y letrista de la canción Pavaditas,
con música de José Forlich), El
infortunado Fortunato (Enrique Cahen Salaberry, 1952: P) y Misión en Buenos Aires / Misión extravagante
(Ricardo Gascón, A/E, 1952: P, NA) – Guaranteed: Por cuatro días locos (Saraceni, 1953: SPVP) – Y
además: Historia del Opera
(NN, 1956, corto: SPVP).
El contador venido a más
La empresa productora Artistas Argentinos Asociados SRL fue fundada a
fines de 1941 y su primer largometraje, El
viejo hucha, rodado entre marzo y abril 1942. Se ignora si ya figuraba en
el plantel de largada, pero el Anuario
Cinematográfico 1944 de Cine Prensa, en la entrada de esa compañía,
registra como su contador a Antonio José García, hombre que, más adelante, será
mejor conocido en el gremio como Antonio
García Smith (Antonio José García Smith; Buenos Aires, 6.2.1910 /
8.6.1967). Oscuramente, como todo administrativo de cualquier empresa,
permaneció en su escritorio viendo pasar, en números y de vez en cuando en
persona, a sus insignes patrones (Enrique Muiño, Elías Alippi, Francisco
Petrone, Angel Magaña, Enrique Faustín y Demare), a los actores y técnicos
contratados y a los socios incorporados tiempo después.
Hacia finales de esa década los socios originales fueron retirándose, excepto Alippi, que lo fue de facto, por fallecimiento, el 3.5.1942. Con Muiño también emigró García: ambos debieron haber forjado un lazo sólido, puesto que de inmediato conformaron una nueva productora, la Inti-Huasi Sociedad Cinematográfica Argentina SRL, sumando al escritor Homero Manzi. La Inti-Huasi (“casa del sol” en dialecto quechua) arrancó por todo lo alto con una biografía del escocés Alexander Watson Hutton (1853-1936), fundador del Buenos Aires English High School e impulsor del equipo de fútbol Alumni, el primero de la Argentina; Escuela de campeones resultó un film notable y un éxito de cinco semanas en el Broadway y una en el Iguazú. Ya sin Manzi, la empresa produjo Crisol de hombres, guion de Abel Santa Cruz sobre un argumento de Roberto Talice e Ignacio Domínguez Riera adscripto al subgénero services movies, proyecto que atravesó dificultades diversas: en un principio iba a ser dirigido por Domínguez Riera para Irupé, la productora de la que era socio con Talice y con Vicente Chas Madariaga; evaporada Irupé, el asunto fue vendido a Inti-Huasi, que terminó coproduciéndolo con la Lumiton, que lo estrenó tres años más tarde eliminando de los créditos toda mención a la productora original.
El fracaso de Crisol de hombres determinó el quiebre de Inti-Huasi, no obstante lo cual continuaron unidos en otras dos aventuras. Buscando algo muy “comercial” encargaron a Santa Cruz una comedia servida para Muiño, Los problemas de papá, para cuya concreción el actor se asoció con Germán Szulem y Horacio González Alisedo en una nueva compañía, Norte Film, instalada en Tucumán al 1100 pero disuelta sin haber rodado nada, por lo que Muiño vendió el guion a los Mentasti y éstos lo convirtieron en una de sus producciones serie B, con García Smith figurando como asistente de dirección. Su otra aventura conjunta es el resultado del éxito comercial de la primera, cuatro semanas en el Ambassador. ¡Adiós problemas! fue su lógica continuación aunque, insólitamente, no la produjo Argentina Sono Film sino la Cinematográfica Tacuarí SRL, nueva compañía de ambos más Szulem, con García Smith como productor.
El ex contador desaparece del
radar hasta 1961, ahora asociado a otra services
movie: podría decirse que Delito resultó su última aventura
cinematográfica y a la vez su opera magna,
puesto que firma el argumento con el pseudónimo Manuel Martínez (nombre de uno
de los personajes, el periodista que narra la historia): éste había sido
anunciado en 1952 por la Inti-Huasi, entonces su título era “Contrabando” e iba
a ser dirigido por él mismo.
En marzo 1962 fue protesorero de la 4ª edición del Festival marplatense, y en noviembre siguiente el Instituto Nacional de Cinematografía lo declaró “persona no grata”, sin dar razones para ello: en esos días era el presidente de la Asociación de Productores de Películas Argentinas, entidad que por unanimidad de sus socios resolvió enviar una nota de queja al INC y ratificar su confianza en el damnificado, pero todo quedó en agua de borrajas. Al mes siguiente estrenó una comedia teatral oportunista, Comanche y la princesa (20.12.1962, Odeón), que firmó como Manuel Martínez y que dirigió Homero Cárpena para la mayor gloria del catcher televisivo conocido como El Indio Comanche. En 1966 fue anunciada la constitución de Signo Film SRL, con Enrique Faustín como socio, pero otra vez no produjo largometraje alguno. Lo sobrevivieron su esposa y dos hijos.
Filmografía:
Escuela de campeones (Ralph Pappier, 1950: P, acreditado como A. García
Smith), Crisol de hombres (Arturo Gemmiti, 1951: P), Los problemas de
papá (Kurt Land, 1953: AD, acreditado como A. García Smith), ¡Adiós
problemas! (Kurt Land, 1954: P, acreditado como A. García Smith) y Delito (Pappier, 1961: ARGM y G con el
pseudónimo Manuel Martínez).