martes, 19 de mayo de 2026

FILMS

¡Kitsch, camp, trash!

–El cine de Enrique Carreras–

Los muchachos de mi barrio (1968-1969) – Exitosa pareja de comediógrafos, Goicoechea y Cordone desarrollaron en La barra de la esquina una de sus obras más interesantes, aunque también una de las menos rendidoras en términos de taquilla: su “novela escénica de la vida porteña, en tres actos y siete cuadros; 1º acto: 1910; 2º acto: 1930; 3º acto: época actual”) fue estrenada el 3.5.1941 en el Metropolitan. Es, sin embargo, una pieza rara en la obra de esos autores, poblada de comedias cómicas superficiales y directas: según el crítico de La Nación (4.5.1941) se trata de “una especie de crónica ciudadana, a través de la vida de unos cuantos amigos, muchachos de un barrio, que fundan su camaradería en una esquina o en los bancos de una vieja plaza”, utilizando para ello “elementos de sainete y recursos de melodrama”. En El Mundo (4.5.1941), A. V. sostenía que “el asunto es predominantemente sentimental [...] y está dirigido a exaltar la amistad”. Un indicio sobre su tono general lo expone el hecho de que la acción comienza el 25 de mayo 1910, en plenos fastos del Centenario, y que el segundo acto transcurre el 6 de septiembre 1930, día en que estalló el primer alzamiento militar argentino, encabezado por el general José Evaristo Uriburu. El dato de la segunda fecha no pasó inadvertido para el cronista de El Mundo, quien apuntó que “Goicoechea y Cordone son, si se exceptúa a los autores de revistas, los primeros en reproducirlos escénicamente, desde un ángulo limitado pero digno”. Las críticas indican que los amigos en cuestión son cinco, que uno de ellos es asiduo lector de Marx y Prokóptin y ninguno cantante. A pesar de lo interesante del asunto y de las críticas favorables, la obra no tuvo mayor trascendencia y ni siquiera figura entre las más conceptuadas de sus autores en los pocos libros de referencia existentes.

Arriba, los chicos de la barra.
Abajo, convertidos en los muchachos
Ortega, Puig, Rovito, Altavista, Borsani y Portales


   El enorme éxito de la versión cinematográfica dirigida por Julio Saraceni en 1949-1950 y el hecho de que hubiera sido puesta al servicio de un cantante popular (Alberto Castillo), estimuló a Atilio Mentasti y a EC a intentar adaptar todo el asunto a la modalidad de otro cantante popular (Palito Ortega). El proyecto de volver a filmar La barra de la esquina nació, sin embargo, en otra empresa y con otro fin, el de servir de vehículo estelar para el cómico José Marrone, quien repetiría, expandido a su medida, el papel de “Fatiga” que le valió una gran popularidad e incentivó su carrera en cine. Ese proyecto fue anunciado en febrero 1968 por Carlos Rinaldi y su socio Héctor Báilez: cuando el asunto fracasó –al parecer, Marrone pedía fortunas que el ahorrativo Báilez no estaba dispuesto a dispensar–, los derechos fueron comprados por Argentina Sono Film a instancias de EC, quien carecía de incentivos para pensar ideas argumentales nuevas y prefería ir a lo viejo y repetido pero seguro, si es que “seguro” es un término aplicable al negocio del espectáculo. Los Mentasti no sólo adquirieron los derechos de la pieza original sino también los de la adaptación de 1949, firmada por Carlos A. Petit, Rodolfo Sciammarella y Manuel M. Alba, encomendando los retoques necesarios a Norberto Aroldi, quien por aquellos tiempos trabajaba a destajo en cualquier cosa que le ofrecieran.

   Al contrario de las anteriores remakes encaradas por EC, ésta no sigue secuencia a secuencia el guión original y mucho menos atiende la pieza teatral: sigue siendo la misma historia básica, por cierto, pero no sólo altera el orden de las escenas y de los decorados y cambia el nombre a la mayor parte de los personajes, sino que elimina de cuajo todas y cada una de las aristas delicadas, tristes o desagradables del asunto original, a saber:

• Uno de los muchachos de la barra (Jacinto Herrera en aquella versión) ya no es un activista sindical, no mata por accidente a nadie y, por lo tanto, no purga cárcel.

• Su novia y luego esposa “Ondina” (Julia Sandoval), que moría durante su ausencia, no existe en esta versión.

• “Elisa” (María Concepción César), rebautizada “Elsita”, tiene madre y padre, y su hermano (Ricardo Lavié) ya no es un agente de Policía ni muere de un balazo.

• Otro de los amigos (Iván Grondona) ya no necesita imperiosamente 300 pesos; por lo tanto, el protagonista tampoco los toma prestados de su padrino ni éste (Enrique Giacobino) se emborracha y muere ahogado.

• El protagonista ya no pelea con el pretendiente (Tito Licausi) de “Elisa-Elsita”.

• “Fatiga” ya no se lleva el dinero que el administrador (Juan Carrara) del teatro dejó sobre el escritorio.

   Todas estas modificaciones no obedecen a la idea de acortar tiempos para dar mayor espacio a las canciones, como podría suponerse a simple vista. Es que en el siempre limitado universo de EC no hay lugar para “cosas desagradables”, salvo que ocurran en alguno de sus “dramas testimoniales”. Prefiere, en cambio, volver al uso intensivo del zoom, por lo general sin necesidad expresiva sino como una manera de sostener el “ritmo” que tanto le preocupaba, o de repetirse a sí mismo como, en este caso, el picnic de El primer beso otra vez al borde de un río y con sus correspondientes carrera de embolsados, baile, fútbol y natación... pero diez años más tarde. Patético.






OBS     Texto final: “Dedicamos esta película... a los muchachos de todos los barrios... como homenaje a esa amistad maravillosa que ni el tiempo ni la distancia podrán matar en el olvido”. El play back que transcurre en Río de Janeiro fue hecho en marzo 1969, una vez concluido el rodaje principal. Los títulos de crédito incluyen una canción de Ortega, Vamos a dormir, eliminada en el montaje final.

TAQ     El lanzamiento nacional se registra el 18.2.1970 en el Gran Mar marplatense, donde estuvo en cartel durante cinco semanas. En la CF se mantuvo tres semanas en el Monumental y dos en algunos de los barrios (Cuyo, Select Buen Orden, Lope de Vega, El Plata y 25 de Mayo), sumando desde la 2ª (19.3) los cines General Belgrano, Cervantes, Coliseo de Flores, Moreno, Loria y Rialto –en éste por tres semanas– + 14; desde la 3ª (26.3) los cines Villa Crespo, Continental –en éste por dos semanas–, Gran Odeón, Rivas y Sáenz + 11; y desde la 3ª (2.4) sólo el Alvarez Thomas.

 

¡Viva la vida! (1969) – La novena colaboración entre EC y Palito Ortega –la única en la que Ortega resignó el primer lugar en los créditos– es otro de esos pastiches que tanto gustaban al director, más cercanos al viejo teatro de variedades que al cine. “No tiene ninguna pretensión de presentarla en un festival ni nada que se le parezca. Solamente es una comedia con la que la gente se va a entretener: está hecha con esa intención”, amenazaba Ortega en una entrevista concedida al Heraldo del Cine en octubre 1969. El asunto carece de un argumento tradicional: ofrece, en cambio, varios episodios alternados con números musicales, de acuerdo al siguiente ordenamiento:

Tita Merello


• Merello canta en un teatro, es saludada y adulada, da consejos a una aspirante a actriz, atiende al periodismo y se va a su casa, donde pasa, solitaria, la Nochebuena. La palabra “fin” indica que todo ello pertenece a un film que acaba de ver en privado con el director Fioriti, el productor Malcom y el guionista Dual con su esposa Carreras.

• En el mismo microcine (la célebre sala 7 de los laboratorios Alex, por cierto) se encuentra Gallegos, antigua novia de Dual. Allí comienzan una discusión sobre qué tipo de cine debería hacerse, discusión que continúa en...

• ...una boîte en la que, además, cantan Los Cinco Latinos. En ese decorado, a la esposa del guionista se le ocurre una idea:

• Ortega pretende a una muchacha que termina casándose con otro. La secuencia culmina con un play back en Bariloche.

• La discusión continúa en la oficina del productor Pascali, quien envía al matrimonio Dual-Carreras a una casa de fin de semana bautizada El Reposo, con el propósito de terminar el guión.

• Allí, la pareja “imagina” sucesiva, infatigablemente, una canción por Los Cinco Latinos, otra por Los Tíos Queridos, otra por Rivas & Fabián, un sketch en el que Magaña intenta evitar que su hija se ponga de novio con Mazza y una canción por Figueroa Reyes.

• A El Reposo llega la ex novia del guionista, que cree poder reconquistarlo: cuando la esposa la expulsa de la casa, Dual “sueña” sendos números musicales por Hugo del Carril y Merello.

Olinda Bozán, Karina y Palito Ortega


   Si todo ello suena inconsistente es porque lo es, sin remedio, aunque hacia el final el personaje de Carreras diga que eso, la mezcla de temas, es “una idea genial”. Argentina Sono Film se asoció con la General Belgrano para esta súper producción en la que, en verdad, se gastó mucho dinero, la mayor parte en un elenco integrado por “las máximas estrellas del cine argentino” al que la productora presenta “por riguroso orden de aparición”, rigor que obligó a forzar la entrada de Hugo del Carril como para que su nombre figurara en segundo lugar aunque su participación se registra hacia el final. Todo el asunto transcurre sin sorpresas, en medio de una gran puerilidad y tocado con abundantes dorados y plateados generosamente provistos por Gori Muñoz y Horace Lannes.

   Algunas curiosidades: las notables condiciones actorales de Juan Carlos Dual, actor que pulsaba la misma cuerda que Osvaldo Miranda y que tendría que haber existido en la época en que Carlos Schlieper dirigía comedias; el tema Al amanecer inmortaliza en cine uno de esos duetos de voz y trompeta que eran la marca de fábrica de Los Cinco Latinos, popularísimo grupo musical que integraban Estela Raval, su marido Ricardo Romero y Carlos Antinori, Héctor Buonsanti y Mariano Grisiglioni; Los Tíos Queridos, grupo apadrinado por Ortega e integrado por Joe Borsani –hermano del actor y director Carlos Borsani–, Miguel Angel Lara, Elena Motti e Isabel Motti, pasaba como replicante aborigen de The Mama’s and the Papa’s; Hugo del Carril aparece por segunda vez en cine con su rostro pintado de negro después de su propia realización española El negro que tenía el alma blanca (idem, 1950): en su primer día de rodaje, en Montevideo, hizo esperar al equipo casi una hora, al cabo de la cual entró al set pidiendo “¡luz!, ¡luz!” y preguntándole al director “Enrique, ¿estoy bien así?”, luego de lo cual fue aplaudido por todos los presentes.

   Una curiosidad mayor: la idea que se le ocurre a Mercedes Carreras y que, según le hacen decir, pertenece a “un cuento ruso de Mijail Kabojidze” [sic], en realidad está basada sobre un mediometraje que EC vio en privado cuando se lo exhibió su amigo Argentino Vainikoff, titular de la distribuidora Artkino Pictures. Es improbable que Kobajidze haya recibido pago alguno por derechos de autor, a pesar de que EC lo copió, incluyendo el recurso de contar la historia sin diálogos. Acaso por ello, esa secuencia es la mejor del film.

   Las conversaciones entre el director, el productor y el guionista ilustran algunas de las máximas por las que se regía el cine industrial en los años ’60: “Lo difícil es hacer reír, divertir al público”, “El éxito hay que ayudarlo: un mal lanzamiento, la película no pega y después... ¿eh?”, “Después hay que hacer otra”, “La gente quiere divertirse”, “Yo quiero cosas comerciales”, “Todo lo que está bien hecho es comercial”, “Para mí es comercial todo lo que da plata”, “El arte con la platea vacía, se lo regalo”, “Para angustias y problemas, bastan los que se viven”, “Fabriquen lo que hace falta: sonrisas, sueños, poesía para la gente, una canción que cure, una ilusión que dé esperanza, una palabra sana...”, “Si no hay plata no hay película, por más ideas que tenga”, “A los autores hay que tenerlos en un puño”. Otros diálogos, éstos entre Dual y Carreras, ilustran la posición de los autores sobre los sucesos del Mayo 1968 en París y sus consecuencias mundiales: “Los estudiantes arman líos en todas partes, toman las universidades, arman cualquier despiporre con tal de no estudiar”, “No seas retrógrado... luchan por defender sus derechos y además hay muchos que estudian”, “Sí, pero los otros son los que no los dejan: protestan contra los profesores, protestan contra los gobiernos, protestan contra los reglamentos, protestan, protestan y protestan”, “¿Querés algo más moderno, más actual que las canciones de protesta?”, diálogo que desemboca en un número musical por ¿Joan Baez? ¿Bob Dylan?, no, por… Violeta Rivas y Néstor Fabián.




OBS     Título alternativo durante el rodaje: “¡La bomba!”. La secuencia animada por Palito Ortega, Karina y Arturo Puig está basada sobre un mediometraje de origen soviético titulado Svadba, escrito y dirigido en 1965 por el georgiano Mijail Kobajidze, con fotografía por Nikolai Sujishvili e interpretación a cargo de Gogui Kavtaradze (el pretendiente), Nana Kavtaradze (la novia), Ekaterina Berulashvilli (la madre de la novia, personaje eliminado en esta especie de remake) y Baadur Tsuladze (el novio). Ultima aparición en cine de la cantante Violeta Rivas (Ana María Francisca Adinolfi; Chivilcoy, Buenos Aires, 4.10.1937 / Buenos Aires, 23.6.2018). Entre los extras, la “chica que barre la vereda” es Lucía Galán, en el futuro integrante con su hermano Joaquín del súper exitoso dúo musical Pimpinela.

TAQ     Buen arranque comercial: cuatro semanas en el Monumental y dos semanas en los cines Gran Norte, El Plata, Cervantes, El Nilo, Select Buen Orden, Lope de Vega y 7 de los simultáneos que lo estrenaron, sumando desde la 2ª (9.10) los cines Rialto, Loria –por dos semanas en cada uno–, Sáenz, Belgrano, Coliseo de Flores, Moreno y Gran Odeón + 13; desde la 3ª (16.10) el Alberdi, el Gran Lugano, el Rivas y el Roxy y de nuevo en el 25 de Mayo; y desde la 4ª (23.10) sólo el Villa Crespo. Luego, desde el 30.10, cruzó al Victoria, sala en la que se mantuvo otras cuatro semanas. El 30.1.1974 obtuvo su licencia de exhibición en España, aunque “no consta” que fuera lanzado en los cines.

 

Los muchachos de mi barrio
Argentina, 1968-1969
35mm / EastmanColor / RCA / 97’ / ATP

EQ     CP, CD: Argentina Sono Film SACI. JP: Jorge Velasco. AP: Ricardo Vacas. D: Enrique Carreras. AD: Orlando Zumpano. AYD: Teo Kofman. [PZ: Américo Ortiz de Zárate]. G: Norberto Aroldi, sobre el libro cinematográfico de Carlos A. Petit, Manuel [M.] Alba y Rodolfo Sciammarella adaptado de la obra [teatral La barra de la esquina] de Carlos Goicochea [Goicoechea] y Rogelio Cordone. F: Antonio Merayo. CM: Héctor Collodoro. FQ: Pedro Bor. [ACM: Jorge Callejas]. [FF: Miguel Angel Guglielmino]. [JR: Rodolfo Denevi]. [CR: Edmundo Sánchez]. [R: Juan Carlos Centeno, José A. López, Luis Gago, Luis Castelletti, Enrique Alvarez, Alberto Salvatore y Manuel Lozada]. E: Emilio Rodríguez Mentasti [Emilio Rodríguez M.]. DC: José Tasín. [U: Leonardo Brughetti]. [CPT: Carlos Leyes]. JPT: David Daich. ASEV, V: Horace Lannes. [MOD: Beatriz Rocino]. MQ: Vicente Notari. PN: Susana Fernández. S: Jorge Castronuovo. [AS: Miguel Babuíni]. RG: Mario Fezia. C: Jorge Garate. [AC: Higinio Vecchione]. [CNGT: Nieves Pérez]. M, DO: Tito Ribero. CN: Gracias a Dios, Muchacha enamorada y A mi amigo, las tres de Palito Ortega, La chevecha, de J. y D. González y R. Poire [David González, René Poire y Joe Fusté (l) y Jesús González (m)], Qué vas a hacer esta noche, Te quiero así y Triste poema de amor, las tres de Palito Ortega, y Los muchachos de mi barrio, de Norberto Aroldi (l) y Palito Ortega (m), todas por Palito Ortega con orquesta dirigida por Oscar Toscano; [y (We’re gonna) Rock around the clock, de Jimmy DeKnight y Max C. Freedman, off por Eddie Pequenino]. COR: Víctor Ferrari. [PUB: Berta Esión]. EF, LS: Argentina Sono Film SACI (Martínez, BA). LOC: BA (la Boca, Costanera Sur, hotel Alvear Palace, teatro Coliseo) y GBA (Aeropuerto Internacional Ministro Pistarini en Ezeiza) – Brasil: estado de Río de Janeiro (Río de Janeiro: Pão de Açúcar). L: Laboratorios Alex [SACI]. FR: 9.12.1968 al 24.1.1969. LC: 12.3.1970, cines Monumental, Callao, Gran Norte, General Paz, Rivera Indarte, Cuyo, Select Buen Orden, Lope de Vega, El Plata y 25 de Mayo + 23.

I&P     Palito Ortega (Lito Ugarte) / Juan Carlos Altavista (Fatiga), Raúl Rossi (don Luigi Bertone), Rafael Carret (Nicola), Mariángeles (Elsita), Javier Portales (el Gordo Osvaldo), Carlos Borsani (Pecoso), Corrado Corradi (don Antonio, padre de Elsita) / Oscar Rovito (Cholo) / Héctor Fuentes (Damián, hermano de Elsita), Paquita Vehil (madre de Elsita), Jacques Arndt (Curtis, secretario de Lito), Arturo Puig (Alambre), Carlos Fioriti (empresario Zapiola), Victorio Berni (Juan Carlos, pretendiente de Elsita), Miguel A. Ferreiro [Miguel Angel Ferreyro] (Lito niño), Jorge Sánchez (Fatiga niño), Gaspar Mulet (Cholo niño), Gabriel Avalos (Alambre niño), Adolfo Apteiker (Osvaldo niño), Pablo Codevilla [Codevila] (Pecoso niño), Calígula (chofer José), Mario Sapag (operador 1º en la cabina del teatro), Amalia Bernabé (vecina doña Romualda) / na Ego Brunoldi (locutor en el aeropuerto), Alfonso Pisano (almacenero Rubén), Violeta Laguzzi (Elsita niña), Zulma Grey (gorda en el aeropuerto), Luis García Bosch y Leo Zerner (acordeonistas), Eduardo A. Ledesma (guitarrista), Luis Gago (marinero), Juan Carlos Lima (maestro de ceremonias del circo), Mariana Karr y Elizabeth Mákar (amigas de Elsita), Roberto Braceras (profesor que entrega diplomas), Arnaldo André, Carlos Galante, Fernando Rozas, Adrián Martel, Mauricio Monner, Néstor Allende y Eduardo Baldani (siete patoteros en la Costanera), Adriana Parets, Deni De Biagi y Cheli Hasperue (tres amigos en el picnic), Rosa Buks (gorda que baila con Osvaldo), Jorge Cano (acomodador del teatro), Reina del Carmen (gorda en el foyer del teatro), Marisa Grieben (esposa de Osvaldo), Aurora del Mar (esposa de Alambre), Karina (novia del Pecoso), Franco Neri y Ana María Montero (amigos del Pecoso), Miguel Jordán y Abel Ferré (amigos del Cholo), Domingo Márquez (boletero del teatro), Juan Carlos Dorrego (operador 2º en la cabina del teatro), Lisandro García Tuñón, Nora Samsó, Teresa Wallon, Lilí Navarro, Rubén Sandrini y Martha Marcelino (seis personas en el foyer del teatro), Enrique San Miguel (fotógrafo), Carlos Traboulsi (niño), Graciela González (sobrina de Elsita), Alfredo de Vega (curioso) / aana Enrique Carreras (director brasileño del film), Tito Jacobson (reportero gráfico en la filmación), Orlando Zumpano (curioso en el aeropuerto), Héctor Larrea (locutor por TV).

F&P     Semana de Cine Argentino, Tel Aviv, 22-28.10.1973 / Estrenado el 8.7.1974 en Madrid.

 

¡Viva la vida!
Argentina, 1969
35mm / EastmanColor / RCA / 105’ / ATP

EQ     CP, CD: Argentina Sono Film SACI. CPA: Productora General Belgrano SRL. JP: Raúl Valverde San Román. AP: Armando A. Espósito. D: Enrique Carreras. AD: Orlando Zumpano. AYD: Teo Kofman. [PZ: Américo Ortiz de Zárate]. [MERD: Carmelo Santiago Johnson]. G: Julio Porter, sobre argumento de Palito Ortega y Enrique Carreras; el episodio El novio está basado en el cuento [el film] La boda de Mijail Kobajidze. F: Antonio Merayo. CM: Héctor Collodoro. FQ: Pedro Bor. [ACM: Jorge Callejas]. [FF: Juan Carlos Moracho]. [JR: Rodolfo Denevi]. [CR: Edmundo Sánchez]. [R: Enrique Alvarez, José A. López, Manuel Lozada, Andrés Gavilán, Octavio Orellana, Roberto Souza y Hugo Toracini]. E: Gori Muñoz. DC: José Tasín. [U: Julio Padilla]. [CPT: José Rosales]. JPT: David Daich. ASEV, V: Horacio [Horace] Lannes. [MOD: Elsa Dasso]. MQ: Vicente Notari. PN: Jorge Catalán. S: Ricardo Brovelli. [AS: Juan Carlos Bertola]. RG: Mario Fezia. C: Jorge Garate. [AC: Higinio Vecchione]. [CNGT: Nieves Pérez]. M: Palito Ortega. DO: Tito Ribero. CN: A mí no me cambia nadie, de Norberto Aroldi (l) y Tito Ribero (m), y Lo mismo que a usted, de Dino Ramos (l) y Palito Ortega (m), ambas por Tita Merello; Potpourrí de tangos integrado por Mi Buenos Aires querido, Lejana tierra mía, Volver, El día que me quieras y Sus ojos se cerraron, los cinco de Alfredo Le Pera (l) y Carlos Gardel (m), Melodía de arrabal y Mañanita campera, ambos de Alfredo Le Pera y Alfredo Battistella (l) y Carlos Gardel (m), y Buenos Aires, de Manuel Romero (l) y Manuel Jovés (m), por Los Cinco Latinos; ¡Viva la vida!, de y por Palito Ortega con arreglos y dirección orquestal de Oscar Toscano; Al amanecer, de Roberto Lozano y Aníbal Sotto, por Los Cinco Latinos; Voy a pintar las paredes con tu nombre, de Joe Borsani, por Los Tíos Queridos; Que viva el amor, de Palito Ortega, y Grita fuerte, de Carmelo Santiago (h) (l) y Palito Ortega (m), ambas por Violeta Rivas y Néstor Fabián; Queriendo llorar, de Palito Ortega, por Hernán Figueroa Reyes; La milonga y yo, de Leopoldo Díaz Vélez (l) y Tito Ribero (m), por Tita Merello; y Candombe de la esperanza, de Norberto Aroldi (l) y Palito Ortega y Tito Ribero (m), por Hugo del Carril. [COR: Víctor Ferrari]. [PUB: Berta Esión]. EF, LS: Argentina Sono Film SACI (Martínez, BA). LOC: BA (Palermo, Lavalle al 800, sala 7 de Alex en Núñez), GBA (barrio Don Mariano en San Fernando) y provincias de Río Negro (San Carlos de Bariloche) y Misiones (Cataratas del Iguazú) – Uruguay (Montevideo). L: Laboratorios Alex [SACI]. FR: 14.4.1969 al 20.6.1969. LC: 2.10.1969, cines Monumental, Gran Norte, Flores, Gran Savoy, Palacio del Cine, El Plata, Cervantes, El Nilo, Select Buen Orden, Lope de Vega y 25 de Mayo + 32.

I&P     Tita Merello (Tita), Hugo del Carril (Hugo – Rosendo Peralta), Mercedes Carreras (Mercedes Peralta Pérez), Juan Carlos Dual (Carlos “Poroto” Duval, marido de Mercedes), Palito Ortega “El Rey” [Palito Ortega] (el pretendiente), Violeta Rivas y Néstor Fabián (estudiantes), Angel Magaña (padre de Marta) / Hérnán Figueroa Reyes / Los Cinco Latinos, Mariquita Gallegos (Susana Moreira Paz), Los Tíos Queridos, Olinda Bozán (la madre de la novia) / Tino Pascali (productor Rosales), Carlos Fioriti (director Velarde) / José Luis Mazza (Raúl), Norma López Monet (Marta), Karina (la novia), Alberto Irízar (camionero Salgruesa), Carlos Lagrotta (Ramírez, amigo de Tita), Aurora del Mar (periodista), Mario Sapag (crítico Marcos Linares), Juan Carlos Lima (periodista), Zulma Grey (mujer de Pancracio), Lalo Malcolm [Malcom] (Pancracio), Rey Charol (negro), Enrique San Miguel (portero), Mariana Karr (chica que se sienta sobre Pancracio), Alfonso Picaro (flaco leyendo el diario en la plaza), Jorge Cano (pasajero del ómnibus) / na Daniel Fizbein, Jorge Fizbein y Carlos García (tres reporteros gráficos), María de los Angeles Medrano (chica que pide consejos a Tita), Manolita Serra (Norma, mucama de Tita), Américo Ruffo (chofer de Tita), Lisandro García Tuñón y Abel Ferré (aduladores de Tita en el cine), Marcia Bell (chica en la canción de Palito Ortega), Cheli Hasperue, Gloria Gago, Vana Nisen y Gloria Ruy (cuatro chicas del coro en un set de Palito Ortega), Fernando del Río (niño en el ómnibus), María del Carmen Valenzuela (chica en el ómnibus), Alicia Rojas (señora en la parada del ómnibus), Arturo Puig (el novio), Polanska Croma (chica en el set de Hernán Figueroa Reyes), Juan Carlos Nassel y Aníbal Sesatto (negros), Alaa (Florinda, la novia negra), Jorge Giménez (el novio negro), José M. Medina (RP), Washington Martirena y Ramón Gustavo Fernández (monaguillos), Ripo Díaz y William Bright (tamborilleros), Andrés Aquino (bandoneonista), Lucía Galán (extra: chica barriendo la vereda) / aana Orlando Zumpano y Teo Kofman (ayudantes en el estudio de TV), Juan Carlos Moracho (florista), Enrique Carreras (señor en la iglesia).

F&P     Semana de Cine Argentino, Bogotá, 24-28.9.1969 / Semana de Cine Argentino, Caracas, 15-21.10.1969 / Festival de Cine Argentino, Quito, 11-18.4.1973 / Semana de Cine Argentino, Tel Aviv, 22-28.10.1973 / Semana de Cine Argentino, Moscú-Kiev-Leningrado, URSS, 2-9.6.1980 / 10º Certamen Internacional de Cine de Humor, La Coruña, 3-11.9.1983, sección Homenaje a Luis Sandrini.

lunes, 18 de mayo de 2026

TEMAS

¡De frente… march!:

el cine de los servicios

–2ª parte: una filmografía comentada (III)

• Mi amigo Luis (Carlos Rinaldi, 1971), prod. de la Cinematográfica Victoria SRL con Héctor Báilez como productor ejecutivo, guión de Abel Santa Cruz y Norberto Aroldi que propone al teniente 1º Luis Sandrini protegiendo al joven cadete Raúl Padovani, con demasiados otros personajes molestándolos: obsecuencia pura a las Fuerzas Armadas, sumando a Magañita, de antiguo muy apegado a los uniformes impecables. Hay localizaciones en el Hospital Militar Argerich y en el Colegio Militar de El Palomar.

Mi amigo Luis: Raúl Padovani y Sandrini


• La colimba no es la guerra (Jorge Mobaied, 1972): prod. de Juan Antonio Muruzeta para Mural SCA, guión de Salvador Valverde Calvo sobre argumento de Carlos F. Borcosque y Arturo Pillado Matheu; localizaciones en la Base Aérea Militar en el Aeroparque Metropolitano Jorge Newbery, en el Aero Club Argentino en San Justo y en la Base Aérea de Villa Mercedes (San Luis). Primero en incluir en su título el término lunfardo “colimba”, que se aplicaba al soldado conscripto que cumplía con el Servicio Militar Obligatorio y significaba “corra-limpie-barra”. El conscripto en cuestión lo animó Ismael Echevarría “El Tehuelche”.

• Los chiflados del batallón (Enrique Dawi, 1974): prod. de Horacio Mentasti y Carlos F. Borcosque para Primer Plano SRL, guión de Jorge Falcón; localizaciones en la Escuela de Suboficiales Sargento Cabral en Campo de Mayo. Un texto al final dice: “Agradecemos la cooperación del Ejército Argentino que nos permitió mostrar en forma amena hechos reales y ficticios del «servicio militar» del que todos los argentinos que han pasado por sus filas recuerdan con emoción y orgullo…”, como su protagonista, El Soldado Chamamé.

• Los chiflados dan el golpe (Enrique Dawi, 1975): prod. de Horacio Mentasti y Carlos F. Borcosque para Primer Plano SRL, guión de Dawi y Emilio Villalba Welsh; rodado en dependencias de la ESMA en Núñez, en la Base Naval de Puerto Belgrano y a bordo del buque Bahía Aguirre y del patrullero ARA King.

• Dos locos en el aire (Palito Ortega, 1976): Productora Chango SCA, guión de Juan Carlos Mesa; rodaje en el Instituto de Investigaciones Aeronáuticas y Espaciales del Area Material Córdoba de la Escuela de Aviación Militar, en la I Brigada Aérea de El Chamical (La Rioja), en la VII Brigada Aérea y el Centro de Experimentación y Lanzamiento de Proyectiles Autopropulsados de Villa Reynolds (San Luis) y en la Base Aérea Militar Vicecomodoro Marambio en Río Gallegos (Santa Cruz). El soldado Carlitos Balá es muy torpe: se sienta sobre un banco recién pintado, se recuesta contra el botón que hace volar un cohete... En un ejército normal ni siquiera lo hubieran aceptado, pero en este film lo toleran porque fue compañero de estudios del teniente Palito Ortega, el más inteligente, el más heroico, el más bueno, el más amable de la Escuela, a su vez protegido del comodoro Angel Magaña, que ve con simpatía que simpatice con su virginal hija Evangelina Salazar. Escritos a su medida, esos personajes deambulan por una historia inexistente hecha a base de gags que la torpeza de su guionista anticipa, lo cual anula el efecto cómico. Esas torpezas del soldado Carlitos, sin embargo, no son originales: Balá mismo ya las había interpretado en Canuto Cañete conscripto del 7 y en La muchachada de a bordo. Pero Dos locos en el aire, una tontería más que en otro momento hubiera sido inofensiva, hecha a poco (el rodaje comenzó el 10.5.1976) de concretado el golpe de Estado autodenominado Proceso de Reorganización Nacional suena a insulto, incluso a complicidad, algo a lo que no fueron para nada ajenos, en primer lugar, Ortega y su socio Jorge Velasco, reconocidos simpatizantes filomilitares (Velasco incluso aparece como un capitán, de uniforme y todo), pero también Magañita, veterano adherente a las cuestiones militares desde Cadetes de San Martín hasta Mi amigo Luis pasando por Fragata Sarmiento y el ciclo televisivo Adelante juventud, propagandístico de las bondades del ser militar. Lo paradójico fue que, en una producción de estas características, a sus responsables se les escapara el haber contratado, aunque fuera para un personaje pequeño e irrelevante, a Raúl Fraire, actor que, de hecho, debió exiliarse poco después debido a que integraba las listas negras de la dictadura por su simpatía para con las causas de la izquierda.

Dos locos en el aire: Ortega y Balá


• Brigada en acción (Palito Ortega, 1977), Productora Chango SCA, guión de Juan Carlos Mesa; algunos exteriores fueron rodados en el Departamento Central de Policía y en instalaciones del Cuerpo Policía de Tránsito. Casi podría definirse a esta exaltada, imprudente, desembozada services movie como un documental: registra la summa de elementos que en aquellos tiempos infundían terror a los argentinos, como los automóviles Ford Falcon lanzados a toda velocidad con sus sirenas ululantes y personal policial (con y sin uniforme) haciendo ostentación de armas (cortas y largas). Si a eso se le agrega una visita guiada por el Museo Policial y la exhibición de destrezas variadas por parte del cuerpo de motociclistas Brigada Blanca, el menú está completo. A pesar de todo, resultó (¡maldito sea!) un gran éxito de taquillas.

Brigada en acciónOrtega, Marcelo Chimento y Christian Bach



• Patolandia nuclear (Julio Saraceni, 1978): Producciones Cinematográficas Rafael Carret con Julio Godoy como productor ejecutivo, guión de Héctor Maselli. Horrorosa (en todo sentido) contribución de los muy serviciales Carret y Godoy a la mayor gloria de los fastos militares del período 1976-1983, aporte que incluye un paseo por la Central Nuclear Atucha I y la canción Quisiera ser marinerito: la visita guiada abunda en explicaciones acerca del átomo, la fusión y otras menudencias muy al alcance de niños de hasta 10 años, a quienes está dirigido, lo mismo que lo estaba el ciclo televisivo del que se nutre; hay que ver la cara de Peggy Sol cuando, en esa visita guiada, pregunta, como si realmente le interesara, “Perdón señor, los radioisótopos ¿se usan tanto?”.

Patolandia nuclear:
Luis Medina Castro y Rafael Carret


• De cara al cielo (Enrique Dawi, 1978): prod. de Horacio Mentasti para Collon-Curá SA, guión de Dawi sobre una adaptación de Mario Reynoso de la novela de Florentino Díaz Loza; algunas localizaciones se registraron en Campo de Mayo y en los salones del Círculo Militar. Que un film argentino producido en 1978, esto es, en plena dictadura militar, agradezca desde sus títulos de crédito a la Armada Argentina, a la Sastrería Militar, al Círculo Militar, a la Escuela de Caballería, al Comando de Arsenales, al Comando de Intendencia, al Comando de Remonta y Veterinaria y a las guarniciones militares dependientes del Comando Cuerpo Ejército V y VI Brigada de Junín y San Martín de los Andes no sólo suena a afrenta sino que huele a una cierta vocación de servicio. Sin embargo, si fuera posible sustituir todos sus diálogos por otros creíbles y menos retóricos y grandilocuentes; más aún, si fuera posible eliminarlos o reducirlos a su mínima, imprescindible expresión, acaso De cara al cielo podría disfrutarse como lo que en verdad es, un western con indios malos, indios buenos, soldados buenos, señoritas recatadas, paisajes espléndidos y un aliento épico por la pura aventura. Entonces, despojándolo también de su espantoso aroma a services movie y puliendo las envaradas, erráticas interpretaciones (aunque sin tocar la de Ana María Picchio, espléndida), esta peripecia ficticia con trasfondo histórico sobre aquella gesta dada en llamar “la conquista del desierto”, que demandó tanto esfuerzo, tanta masacre, hubiera cumplido cabalmente su cometido. A propósito, y no por casualidad, fue estrenado en coincidencia con los festejos del centenario del inicio oficial de aquella gesta militar. La productora Collon-Curá tenía como presidente al coronel (RE) Raúl Eduardo “Totón” Arrechea, como vicepresidente a Mario José Granero y como socios principales a Horacio Mentasti, el comandante (RE) Francisco Pío Matasi y el coronel (RE) Florentino Díaz Loza, siendo los militares de extracción justicialista, lo que les valió que la dictadura militar casi les prohibiera su exhibición, concluyendo la efímera sociedad tras una pelea a trompadas en el hall de Alex.

• Comandos azules (Emilio Vieyra, 1979): prod. Producciones Palmar con el Gordo Muruzeta como productor ejecutivo, guión de Vieyra. En el primer tomo de Un diccionario de films argentinos la dupla Manrupe-Portela acierta con el adjetivo exacto para definirlo: “irritante apología del poder armado”, dice allí. Por cierto, los críticos contemporáneos no quisieron (acaso no pudieron) ver apología alguna sino apenas una simpática peripecia de aventuras destinada al mismo público menudo que convertía en éxito de boleterías cada nueva entrega de los súperagentes. Es posible imaginar la satisfacción, incluso el placer que habrá experimentado Vieyra al realizarlo, muy a su gusto en la exposición de violencia, uniformes policiales, patrulleros lanzados a persecuciones con sus sirenas a todo volumen, comunistas representando a los “malos” (los comunistas siempre lo fueron en los films de Vieyra desde el primero, Detrás de la mentira), y él mismo reservándose el papel del jefe de Policía, todo ello en plena dictadura, cuyos violentos procedimientos Comandos azules reproduce de manera entomológica. Los créditos agradecen la colaboración de la Policía Federal y su Cuerpo de Bomberos, la Comisión Nacional de Energía Atómica y la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Sin olvidar la servicial cooperación de Rolando Dumas y del jefe de Prensa Hebert Posse Amorín: faltaba el Negro Medina Castro para echar a hervir los fideos...

Comandos azules: Jorge Martínez y Víctor Hugo Vieyra


• Qué linda es mi familia (Palito Ortega, 1980): Productora Chango SCA con producción ejecutiva de Jorge Velasco, guión de José Dominianni. Pretende ser un “canto a la familia” y, en efecto, todos se quieren mucho en esta historia, se dicen unos a otros qué buenos y generosos son, intercambian chicanas inofensivas, todos están legalmente casados y el único hijo soltero no parece tener novia, amiga ni mucho menos amante (palabra de cuajo descartada en el universo orteguiano) hasta que, al promediar la historia, “simpatiza” con una compañera de estudios. Aparte de ver a Sandrini en evidente inferioridad física y a Niní Marshall en evidente inferioridad interpretativa, lo que en verdad duele es verlos a ambos, que tantos maravillosos momentos regalaron al público, en una detestable y múltiple services movie: Ortega canta loas a los marineritos del almirante Massera en un playback registrado a bordo de la fragata Libertad; otra secuencia transcurre en una comisaría, y el playback final (para el que complicaron nada menos que a Ludwig van) fue filmado en el Círculo Militar, todo ello con abundante despliegue de banderas y violencia (explosiones, peleas). “Felipe” y “Catita” no se merecían un final tan patético.

• Comandos azules en acción (Emilio Vieyra, 1980): véase Comandos azules. El guión que Vieyra firmó con Gustavo Ghirardi continúa las aventuras del equipo policial aunque esa continuidad no alcanza a los personajes ni a la historia. Ejemplar de la peor especie: la obsecuente y colaboracionista. Basura pura.

• Los colimbas se divierten (Enrique Carreras, 1985): prod. de Luis Osvaldo Repetto para Aries Cinematográfica Argentina SA, guión de Juan Carlos Mesa. Aunque las convicciones democráticas de Ayala y Olivera les impedían incurrir en el subgénero, a poco de restablecido el estado democrático concretaron una trilogía que no obedeció a ningún cálculo especulativo que no fuera el del ahorro. Los dos siguientes –todos ellos enormes éxitos de taquilla– fueron Rambito y Rambón –Primera misión– y Los colimbas al ataque, repitiendo al director, al guionista y, por supuesto, a Olmedo y Porcel. Pertenecen a la variante cómica del apartado y los dos iniciales fueron rodados casi por completo en las instalaciones del Regimiento de Infantería III de La Tablada, no así el tercero de la serie puesto que, ínterin, Aries produjo y estrenó La noche de los lápices (Olivera) y entonces el Ejército comunicó que retiraba su apoyo. Figúrense…

Los colimbas se divierten: Olmedo y Porcel


• Brigada explosiva (Enrique Dawi, 1985), prod. Argentina Sono Film SACI con producción ejecutiva de Carlos Mentasti, guión de Salvador Valverde Calvo. Comedia muy estúpida derivada de la exitosa aunque también estúpida serie televisiva estadounidense The A-Team (1983-1986), emitida en la Argentina con el título Brigada A. Rápido de reflejos, el más joven de la dinastía Mentasti pensó matar dos pájaros de un tiro produciendo un clon con figuras popularizadas por la TV y quedando bien con la Policía Federal Argentina, lo que nunca está de más. Su éxito propició cinco continuaciones (en las que el servilismo desaparece), un ciclo televisivo y montajes teatrales.

• Rambito y Rambón –Primera misión– (Enrique Carreras, 1986): véase Los colimbas se divierten.

• Los colimbas al ataque (1986): véase Los colimbas se divierten.




• Comisario Ferro –Bajo el deber de la justicia– (Juan Rad, 1996-1997): prod. de Rad para Producciones Cinematográficas Argentinas, guión de Rad con la colaboración de Plácido Donato. Tardía services movie –y la última del siglo XX– en favor de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, conocida como “la bonaerense”, institución que más adelante será protagonista de otro largometraje, El bonarerense (Pablo Trapero, 2001-2002), éste nada servil sino todo lo contrario. Su protagonista es un comisario (Carlos Iglesias) que afronta un caso de violación seguida de muerte mientras en su vida personal tiene una esposa que de niña fue abusada por el padre, al que la madre apuñala. Es un policía raro, éste: cita a Borges de memoria…

Braxton Rutledge


domingo, 17 de mayo de 2026

TEMAS

¡De frente… march!:

el cine de los servicios

–2ª parte: una filmografía comentada (II)

• Patrulla Norte (Enio Echenique, 1950), prod. de David Yohai Varón para Movyart Sociedad Cinematográfica SRL, guión de Noel Barona, Echenique y Leónidas Labanca sobre argumento de Barona. Serie B para la Gendarmería Nacional, típica historia con agente infiltrado entre los contrabandistas; incluye la “actuación” de Halcón II, el único perro “rati” de la pantalla nacional, al que se publicitaba como “el Rin-Tin-Tin criollo”, así como la de una serie de militares interpretándose a sí mismos.

Patrulla Norte: Roberto Airaldi


• Camino al crimen (Don Napy, 1950): prod. Luminarias Productora Cinematográfica Argentina, guión de Antonio Corma y Napy sobre argumento de Francisco T. Oliver. Discreta peripecia en favor de la Policía Federal, a la que no sólo le está dedicada sino que, además, incluye una secuencia íntegra que registra con lujo de detalles el uso de un aparato denominado espectógrafo.

• Sombras en la frontera (Leo Fleider, 1950-1951), prod. de Sandrini y David Goldberg para Producciones Luis Sandrini SRL, guión de Francisco Madrid. Una gentileza del actor-productor para con la Gendarmería, que desarrolla una vulgar historia entre contrabandistas y uniformados, con ¡¡Malvina Pastorino!! como la femme fatale entremedio.

• Yo soy el criminal (Alberto Du Bois, 1951): prod. Cinematográfica Alfa y la Sociedad Independiente Filmadora Argentina, guión de Arturo García Portela y Horacio Priani. Peripecia que pretendía quedar bien con la Policía Federal, pero los socios de Alfa (Du Bois, García Portela, Priani y otros) se decretaron en quiebra tras concluir el rodaje, haciéndose cargo de su terminación y distribución la empresa de Armando Bo. Demoró más de tres años en poder ser estrenado por cuanto el cubano Otto Sirgo, que integraba el elenco, al regresar a su patria formuló declaraciones en las que no hacía quedar muy bien parada a la esposa del Presidente Perón: en represalia, Apold no autorizó su estreno si antes no se eliminaban todas las secuencias en las que aparecía Sirgo, algo que resultaba imposible.

• La última escuadrilla (Julio Saraceni, 1951): prod. de Manuel M. Alba para Establecimientos Filmadores Argentinos SA, guión de Abel Santa Cruz sobre una línea argumental suya y de Alba. “Dedicada a los que desde cualquier puesto han realizado la grandeza de la aviación argentina y a aquellos que se fueron, siendo una hermosa esperanza” es el texto introductorio a una historia que refleja la camaradería de varios jóvenes aspirantes a aviadores y sus módicos asuntos familiares y sentimentales.

La última escuadrilla: Tito Alonso, Julia Sandoval,
Juan Carlos Altavista, Jacinto Herrera y Hugo Chemín



• Mala gente (Don Napy, 1951): prod. de Camilo R. Cagliani para Producciones As Cinematográfica SRL, guión de Corma y Napy. Ultimo ejemplar de la trilogía policíaca de Napy, asimismo en tres episodios sin títulos; los créditos agradecen al Ministerio de Transportes, a la Prefectura Nacional Marítima, a la Aduana de la Capital y a la Dirección Aeronáutica Civil.


Mala gente: Tato Bores



• Crisol de hombres (Arturo Gemmiti, 1951): producción de Antonio García Smith para Inti-Huasi Sociedad Cinematográfica Argentina SRL y Lumiton, guión de Abel Santa Cruz sobre argumento de Roberto Talice e Ignacio Domínguez Riera; algunos exteriores fueron registrados en Campo de Mayo y en el Hospital Militar Central Cirujano Mayor Dr. Cosme Argerich en la avenida Luis María Campos 726 en Palermo. Narra el ingreso de un grupo de muchachos al Servicio Militar Obligatorio, y un texto final alecciona expresando que “Es consigna permanente en el Ejército Argentino, el cumplimiento constante del deber militar. El ha inspirado a quienes se consagraron a organizar y perfeccionar moral, espiritual y técnicamente al ejército, brazo armado de la patria, sólo destinado a respaldar la defensa de la Nación”.

• La encrucijada (Leopoldo Torres Ríos, 1951): prod. de Horacio González Alisedo –padre de Horacio Fontova, dicho sea de paso– para la Productora Independiente Argentina, guión de Noel Barona. El protagonista, que dice tener 31 años (Ricardo Trigo, nacido en 1906), es ladrón desde niño y ha tenido una dura vida transcurrida de cárcel en cárcel pero se redime cuando evita que su propio hijo siga sus pasos, especie de lado B de Fuera de la ley. Film poco conocido, que a su obvio “servicio” en favor de la Dirección Nacional de Institutos Penales suma un tufillo a propaganda peronista (aquello de “antes era terrible, ahora todo cambió” y los reclusos son “tratados con humanidad”, etcétera), renuncios que no invalidan sus evidentes logros dramáticos y formales, inadvertidos por la crítica contemporánea.

• Corazón fiel (Leopoldo Torres Ríos, 1951): prod. de Horacio González Alisedo para la Productora Independiente Argentina, guión de Arturo Cerretani sobre argumento de Noel Barona. Con cierto tufillo a services movie aunque la participación de la Gendarmería Nacional no es agradecida oficialmente y, por otra parte, es mínima, esta historia con anciano, niño y perro (Halcón II, otra vez) resulta curiosa por su evidente costado macabro: a los 20 minutos ya hay una niña asesinada a bastonazos por el protagonista, a los 30 minutos un gitano mata a otro gitano y hacia el final Virginia Coré-Ginamaría Hidalgo muere a balazos...

Corazón fiel: Julio Esbrez y Halcón II



• Las tres claves (Adalberto Páez Arenas, 1951-1952): prod. de Edgardo P. Baratelli para General Films, guión del director en tono de comedia de suspenso e intriga, cuya acción principal transcurre en una fábrica de armas de la que han robado una patente; incluye marchas militares, una ceremonia en la que los cadetes juran la bandera y otra en la que les entregan el sable, mientras un personaje comenta que “Estos muchachos son la esperanza y el futuro de la Policía Federal, los que vendrán a llenar los cuadros”. Sin embargo, el mejor scherzo es que esta aventurita súper económica haya sido producida por un señor de apellido Baratelli.

• Mercado negro (Kurt Land, 1953): prod. Estudios Mapol SRL, guión de Virgilio Muguerza y Miguel Ligero (sí, el actor), con diálogos adicionales de Alberto A. Iglesias. De entre todos sus largometrajes, Land eligió éste cuando la Viennale le pidió uno que complementara el homenaje que le brindaría junto con otros compatriotas que hicieron carrera en exterior, entre ellos Billy Wilder y Fred Zinnemann: se trata de una services movie del tipo de las que trascienden el servilismo gracias a méritos propios y tiene como protagonista a un joven inspector (Mario Passano) que investiga las actividades de una banda de contrabandistas cuyo jefe visible es Santiago Gómez Cou pero cuyo cerebro oculto es un anciano bonachón (Alberto Bello), casualmente padre de la novia (Olga Zubarry) del inspector. El ritmo es arrollador y la historia que cuenta atrapante Los créditos agradecen a la Secretaría General de Seguridad y Comunicaciones de la Policía Federal Argentina y a la Prefectura Nacional Marítima Aeronáutica Civil.

Mercado negro: José María Pedrosa y Miguel Ligero



• Surcos en el mar (Kurt Land, 1954): prod. regional de la Film Andes SA Filmadora Argentina (Mendoza), guión de Pedro Miguel Obligado sobre argumento de Olga Casares Pearson. Drama familiar sobre dos hermanos (Juan Carlos Barbieri y Duilio Marzio) enrolados en la Marina; incluye exteriores en la Escuela Nacional de Náutica Manuel Belgrano en la avenida Antártida Argentina 1535 en Retiro y a bordo del buque tanque Comodoro Rivadavia.

• Sinfonía de juventud (Oscar E. Carchano, 1954): Producciones Cinematográficas David Yohai Varón, guión de Jack Davidson y Carchano. Otro ejemplo de los ingenuos: “sirve” a una orquesta, la Municipal de Avellaneda entonces dirigida por José Rodríguez Fauré, compositor habitual de las producciones de Armando Bo de los 50.

• La delatora (Kurt Land, 1955): prod. de Jaime Cabouli para Guaranteed Pictures de la Argentina-Jaime Cabouli SRL y Córdoba Films SA de aquella provincia, guión de Ariel Cortazzo. Sanguíneo, por momentos excitante policial, el mejor de Kurt Land en un género en el que se movía como pez en el agua. Rinde tributo a la Policía, pero los extras que interpretan a los uniformados se mueven con tanta torpeza que terminan provocando el efecto contrario.

La delatora: Nathán Pinzón y Jorge Rivier


• Al Sur del Paralelo 42º (Catrano Catrani, 1955): Producciones Cinematográficas Catrano Catrani, guión de Roberto Socol y Oscar Magdalena sobre idea argumental de Félix M. Pelayo. Drama entre marginales rodado en Santa Cruz en favor de la Prefectura Nacional Marítima, cuyo título es tan oportunista cuan alcahuete y responde a una disposición gubernamental que otorgaba permisos de importación a los territorios situados al Sur de ese Paralelo.

• La muerte flota en el río (Augusto César Vatteone, 1955): prod. de Vatteone para la Cinematográfica Argo SRL, guión de Ernesto L. Castro –el autor de Los isleros–, Osvaldo Falabella y Vatteone, sobre argumento de Vatteone. Film de muy buena factura técnica y argumento convencional pero efectivo en el que destacan Nelly Panizza como una vampiresa de buen corazón y el siempre notable Andrés László como un extravagante pianista europeo refugiado en un cabaret del Delta mientras la Prefectura persigue contrabandistas.

• Goleta Austral (Oscar E. Carchano, 1955): Producciones Cinematográficas David Yohai Varón, guión de Reynaldo Tettamanti. Rutina pura en favor de la Marina de Guerra que tiene como héroe principal a Tito Alonso, un agente especial infiltrado en una banda de contrabandistas en calidad de marinero en una goleta bautizada Austral: lento, plagado de tiempos muertos, todo está mal en este típico serie B, incluyendo un plano de día y su contraplano nocturno, con un pico argumental de ridículo cuando Diana Ingro, que es una puta madura, coquetea con un tipo pero corre asustada cuando él quiere pasar a los hechos. Inédito en cines pero exhibido por TV.

• Continente blanco (Bernard-Roland, 1956), prod. de Nino Persello para Mar del Plata Films SRL –que tenía su sede en BA, sin embargo–, guión de Raquel Martínez Piñón sobre argumento de Olga Casares Pearson; algunos exteriores muestran el frente del edificio del Ministerio de Marina y otros fueron registrados en Ushuaia, la base Bahía Esperanza en la Antártida y a bordo del buque Bahía Aguirre. Duilio Marzio, Luis Dávila y Persello son jóvenes oficiales de la Marina en una misión que los lleva hasta la Antártida pasando por Tierra del Fuego.

Continente blanco: Duilio Marzio,
Luis Dávila y Nino Persello


• Rebelde con causa (Antonio Cunill, 1961): prod. Argentina Sono Film SACI, guión de Hugo Moser e Isaac Aisenberg; locations en las instalaciones de la ESMA y a bordo del portaaviones Independencia. Marroneada naval.

• Delito (Ralph Pappier, 1961): Producciones Luis P. Avenali, guión de Manuel Martínez –pseudónimo de Antonio García Smith– que enfoca el tema del contrabando (“este delito tan de moda”) e incurre en el transitado personaje del policía infiltrado que tiene un romance con la mujer del “malo”. Para el anecdotario político: dan salida de la prisión a varios detenidos; cuando el guardia llama “Guevara”, uno grita “¡Presente!” y entonces el personaje de Homero Cárpena, dirigiéndose a los demás, dice: “Se va el Che Guevara”, cita en extremo curiosa tratándose de una services movie, por definición “de derecha”, y tal vez la primera mención en una ficción al entonces célebre guerrillero.

Delito: Elida Gay Palmer y Claude Marting


• Operación “G” (Ralph Pappier, 1961): Producciones Cinematográficas Aldo E. Burgos con Juan Sires como productor ejecutivo, guión de Oscar Cimorelli Quiroga con la colaboración no acreditada de Carlos Ferreira y con diálogos adicionales tampoco acreditados de César Tiempo; rodaje en instalaciones de la Escuela de Policía Juan Vucetich en el parque Pereyra Iraola en Berazategui. Tras la fachada de una aventura selvática con policías y gendarmes buenos que persiguen a contrabandistas y terroristas malos se esconde uno de los films más reaccionarios de que se tenga memoria, que Pappier a duras penas consiguió dotar de una cierta amenidad visual. Los créditos agradecen “a las Fuerzas Armadas Argentinas y en especial a la Dirección Nacional de Gendarmería, a la Agrupación Misiones, al Escuadrón San Ignacio, al Centro de Instrucción de Equitación, al Destacamento nº 1 Buenos Aires, como asimismo al Segundo Batallón de Comunicaciones, al Regimiento 7 de Infantería”. Por si no quedara en claro que se trata de un film de derechas, los militares de la historia aseguran que el contrabando de armas y explosivos que investigan está “íntimamente ligado al terrorismo”, por lo que es menester “asegurar la paz interna del país”. Sobre el final, una voz off lee un discurso que expresa que “...la figura del soldado se agranda ante nuestros ojos al ofrendar su vida por la causa de la democracia, cuna de la familia americana y derrotero del mundo libre, que repudia y combate a quienes pretenden implantar ideas comunizantes ajenas a nuestras tradiciones...”. Lo que no queda claro es si la “G” del título responde a Gendarmería o a guerrilleros.

• Aconcagua (Leo Fleider, 1961-1962): producción de M. M. [Mauricio Migdal] para Gloria Films, con producción ejecutiva de Emilio Spitz y guión de Norberto Aroldi sobre argumento de Olga Casares Pearson. Drama de resonancias metafísicas y religiosas acerca de hombres enfrentados a la inmensidad de la montaña, en este caso el magnífico pico del Aconcagua en la Cordillera de los Andes, uno de los cuales es Enrique Kossi, actor que por lo general estaba presente en este tipo de propuesta. Los créditos agradecen a la Secretaría de Guerra, al Servicio de Informaciones del Ejército, a la 8ª División de Infantería de Montaña, a la Inspección de Bandas Militares, a la Secretaría de Aeronáutica y a la 4ª Brigada Aérea.

• Misión 52 (Mario C. Lugones, 1962): Producciones Bárcena-Lugones, guión de Reynaldo Tettamanti sobre rescatistas de la Fuerza Aérea, nunca lanzado en cines ni emitido por TV pero sí estrenado en España con el título Misión infernal. Mario Alfredo Bárcena Croppi era vicecomodoro de esa Fuerza, hijo de un teniente coronel.

• Canuto Cañete conscripto del Siete (Julio Saraceni, 1963): Producciones Guido Aletti, guión de Abel Santa Cruz sobre la pieza teatral Tire-au-flanc!, de André Mouëzy-Eon y André Sylvane; rodado en Campo de Mayo y alrededores y en el Batallón de Arsenales 101 en Villa Martelli. Registra el debut cinematográfico de Carlos Balá, como un torpe soldado conscripto: cualquier otra similitud entre esta versión de la comedia y la que dirigió Jean Renoir en 1928 hubiera sido un milagro.

La muchachada de a bordoCarlos Balá,
Reynaldo Mompel, Tito Lusiardo y Fabio Zerpa


• La muchachada de a bordo (Enrique Cahen Salaberry, 1966): Producciones García Nacson SA, guión de Virgilio Muguerza a partir de la pieza teatral de Manuel Romero; exteriores en la ESMA, en la Base Naval de Puerto Belgrano y a bordo del portaaviones ARA Independencia. El 21.8.1980, Carlos García Nacson publicó en los diarios un aviso publicitario con un texto que decía: “A la Marina de Guerra argentina: ¡otra vez! ¡Muchas gracias! pues sin su colaboración jamás se hubiera filmado la nueva versión en colores de la película La muchachada de a bordo con Carlos Balá y Leo Dan reestrenada a partir de hoy con copias nuevas en 58 salas simultáneas de la Capital Federal e interior del país”; en aquellos días el productor necesitaba crédito y subsidio del INC para un nuevo proyecto, que no pudo concretar. O sea, una alcahuetería al pedo que su sumó a la alcahuetería original de 1966. [Concluirá mañana]

Horacio Bustos Lynch

FILMS ¡Kitsch, camp, trash! –El cine de Enrique Carreras– Los muchachos de mi barrio (1968-1969) – Exitosa pareja de comediógrafos, G...