viernes, 1 de mayo de 2026

NATIVE MALE BEAUTIES

El Yeti, un ángel exterminado

Aunque luego apareció en otro argentino así como en alguno extranjero, Tiro de gracia debe ser considerado, en más de un sentido, el film definitivo de Sergio Mulet, cuyo caso debería servir para quienes postulan –con razón– que no siempre la belleza hace la fama. Modelo publicitario, actor y escritor, Sergio Omar Mulet B. tuvo sus primeros personajes destacados en el cine gracias a su íntima relación con Ricardo Becher, iniciada hacia 1961 primero en un cortometraje, luego en uno de Torre Nilsson en el que Becher era su asistente, después como protagonista de otro corto y ofreciéndole un personaje importante en su primer largometraje hasta culminar en Tiro de gracia.

En De vuelta a casa


   En esa opera prima, titulada Racconto, los personajes centrales los animan el brasileño Jardel Filho y Anita Larronde: se trata de un drama romántico con aires intelectuales ambientado en el mundo del cine, con Larronde como una especie de “muñequita de lujo” que mantiene relaciones no formales con el actor Filho ante la presencia casi constante de dos ex amantes (de ella). La idea original pertenecía a la actriz Beatriz Mátar, quien anhelaba protagonizarla con dirección de su entonces marido Pedro Stocki. El proyecto, sin embargo, terminó derivando a Larronde, mannequin muy cotizada, y permitió el debut de Becher, hasta ese momento asistente y guionista de Babsy. El resultado no es un folletín lanzado, a lo mexicano, pero tampoco una reflexión profunda sobre lo efímero de las relaciones amorosas: demasiado cerebral para lo primero, insuficiente para lo segundo; en todo caso se ofrece como una curiosidad de su época.

Con Marta Bianchi en Racconto


   Racconto nunca tuvo un lanzamiento comercial en cines, y de hecho una bolsa conteniendo los rollos en 35mm durmió durante años en el pasillo de entrada del microcine de los laboratorios Alex en Riobamba 429. Esa misma copia fue rescatada por un investigador curioso y programada en una sección dada en llamar Rarezas Argentinas de la 7ª edición del Festival de Cine Argentino (Santa Fe, SF, 10-18.11.1989). Al salir del cine, aquel investigador tomó unas cervezas con uno de los (escasos, hay que decirlo) espectadores, Rafael Filippelli, muy vinculado a quienes habían hecho el film. Rafael, que aparentaba ser un intelectual muy serio, se despachó a gusto contando algunos entretelones que rodearon su realización. [Nota al margen: una situación parecida se dio con Alberto Fischerman dos años más tarde en el mismo festival, el mismo cine y el mismo bar tras haber visto Historia de una noche de Saslavsky, pero en la ocasión sin chimenterío adicional sino una mutua admiración por tan bello film].

   El capitalista fue José León Aldao, por entonces amante de Larronde, mujer bellísima y de un tipo poco habitual, pero pésima actriz que no soportaba un personaje protagónico. La fotografía de Alberto Etchebehere capta su enorme poder de seducción, pero mientras por un lado muestra un titular periodístico que dice “Monica Vitti, el arquetipo femenino de Antonioni” en un intento de comparar a la pareja italiana con Becher-Larronde, la verdad pasaba por otro lado: Becher, en realidad, estaba en pareja con el actor Mario Morandi, un español que en los documentos se llamaba Mario Horna, radicado en la Argentina, colocado por él en un papelito en No exit y en Huis clos y protagonista, poco después de terminado el rodaje de Racconto, de una historia trágico-pasional, ya que cometió suicido en el departamento en el que vivía con Becher, al parecer desesperado porque éste había establecido una nueva relación sentimental con Mulet. Becher mismo, en el documental que le dedicó Tomás Lipgot (Ricardo Becher –Recta final–, 2009), dice de Racconto que es “una película espantosa”, y agrega: “era muy mala”. Mulet es notoriamente favorecido por la cámara, que se regodea sobre su cuerpo atlético y su hermoso rostro, registrando además que lucía un arito en una de sus orejas, con lo cual fue todo un adelantado a la moda de los 80.




   Aunque cuenta una mínima historia que sigue al protagonista en sus aventuras sentimentales, en sus intentos (fallidos) de trabajar en el campo y, sobre todo, en sus noches de copas con amigos, Tiro de gracia puede ser leído como un documental, puesto que registra un momento único e irrepetible de una ciudad (Buenos Aires) y de un barrio (Retiro) en que la modernidad se daba cita en un bar de Maipú 918 llamado Moderno, “inmundo” en la memoria de JHA. También se ofrece como un tributo amoroso del director a su protagonista: como ya lo había hecho en films previos, la cámara (esto es, la mirada de Becher) se detiene, se solaza recorriendo la anatomía con frecuencia semidesnuda de Mulet, en verdad uno de los más bellos actores jóvenes de la época que, de haberlo querido, podía haber tenido una carrera estelar en el cine y en la televisión. Es evidente que no la buscó: él era, en verdad, uno de sus retratados de la fauna del Moderno y sus inquietudes artísticas pasaban por otro lado. Su voz fue doblada por Juan Pablo Boyadgián, y su hermana Natividad Mulet de Vázquez interpreta una breve parte, la mujer del español republicano que hace Juan Carlos Gené, graciosamente acreditado como “Juan Carlos Genet” en los títulos.

Con Franca Tosato en Tiro de gracia


   Su relación con Becher prosiguió durante años e incluyo un espectáculo del Di Tella, Jazzpium (17.4.1967), dirigido por Norman Briski, escrito por autores diversos y en el que Becher se ocupó de realizar unas breves escenas filmadas con fotografía y cámara de Félix Monti, montaje de Oscar Souto y la colaboración de Carlos Parera, Rodolfo Sánchez y Mulet. Sin Becher, fue autor y director del espectáculo El sueño y la memoria (1977, Estrellas): el muchacho, que –hay que decirlo– era un pésimo actor, en lo personal era bisexual y una de sus parejas fue la escenógrafa Tiky García Estévez. Terminó sus días en España, donde ofició de guardaespaldas de Nuria Espert, donde fue colocado por Cristina Rota en un personaje secundario en un film y donde casó con una rumana que, aseguran, acabó matándolo. Mulet fue a Becher lo que Joe D’Alessandro a Andy Warhol o lo que Helmut Berger a Luchino Visconti.




   “[Mulet es] el mito dentro del mito. Su síntesis biográfica es ya un enigma: Marsella, 1942-Transilvania, 2004. Si su nacimiento se presume normal, su muerte es una rúbrica novelesca: asesinado a cuchillazos por su mujer rumana. Mulet fue modelo, actor, guardaespaldas de un coronel boliviano, protagonista de su propia novela y película, la citada Tiro de gracia. «Tenía una pinta que mataba y era modelo publicitario, hizo una campaña de Gillette porque andaba con una productora publicitaria. Era un tipo muy anárquico y por momentos inescrupuloso. Más que querido, era temido», dice [Juan Carlos] Kreimer. Ruy Rodríguez lo resume así: «Mulet era una cosa rara: tenía sensibilidad poética y por otro lado era amante de las armas. Escribía a mano, cosa que yo le admiraba porque nunca pude. Tiro de gracia la tenía escrita así, en un cuaderno». [Miguel] Grinberg ofrece una suerte de epitafio tardío: «En Nueva York, Mulet habría sido un ángel subterráneo digno de una novela de Kerouac; en París podría haber rivalizado con Alain Delon como transgresor irreverente, y aquí en el sur del fin del mundo nos quedan apenas fotogramas de Tiro de gracia y un aura de rufián melancólico a lo Roberto Arlt»”. [Fragmento de “Opium, los antipoetas del Bar Moderno”, por Fernando García, en el suplemento Ideas de La Nación, 21.8.2016: el aludido mito es el grupo creativo de la revista Opium, que Mulet integraba con Reynaldo Mariani, Isidoro Laufer y Ruy Rodríguez].

   En 2002, en un ocasional viaje a la Argentina, Mulet visitó el set en el que Becher y Tomás Larrinaga dirigían El Gauchito Gil –La sangre inocente–, ocasión registrada por una cámara de video: tres años más tarde, Larrinaga editó en 6’ esas y otras imágenes del back stage bajo el título Trash zen. Allí aparece conservando una apostura envidiable para sus 60 años, en charla muda pero, a juzgar por sus sonrisas, amigable y placentera con Becher. Dos años después de esas imágenes fugaces sería brutalmente asesinado. Sus amigos le decían el Yeti.

Madrid, 1993, con un amigo


FILMOGRAFIA

De vuelta a casa (Ricardo Becher, 1961, corto), Setenta veces siete (Leopoldo Torre Nilsson, 1961-1962: “soldado conscripto cliente de Cora” [Isabel Sarli], 13º), Crimen (Becher, 1962, corto: “obrero apodado Petiso”, acreditado 1º apenas como Mulet; + ARGM y G con Becher), Racconto (Becher, 1963: “Sebastián, hermano de Marta [Marta Bianchi], 6º), El ciclo (Raymundo Gleyzer, 1963, corto: en un personaje sin nombre, acreditado 6º como “Sergio Mulle”), Tiro de gracia (Becher, 1968: “Daniel”, 4º, + ARGM, G con Becher y letrista con Javier Martínez de la canción Estoy en el Infierno) y The Players versus Angeles Caídos (Alberto Fischerman, 1968: “uno de los Angeles Caídos”, 16º) – En España: La reina del mate (Fermín Cabal, 1984: “el Negro Suárez”) – En la Argentina: Trash zen (Tomás Larrinaga, 2002, corto: aparición amistosa).

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