CINEASTAS
[Raymundo Gleyzer Aijen;
Buenos Aires, 27.9.1941 / secuestrado-desaparecido
el 27.5.1976]
Entre los miles de individuos que el gobierno de facto 1976-1983
detuvo, torturó, hizo desaparecer y en gran parte de los casos terminó asesinando,
hubo un centenar de artistas, y entre éstos varios que desarrollaban sus
actividades en el cine. Tres eran directores: Enrique Juárez, Pablo Szir y
Raymundo Gleyzer.
Gleyzer había estudiado en la Escuela de Cine de la Universidad de La Plata y su primer acercamiento al medio lo hizo a los 21 años y ad honorem como meritorio en el equipo de Producción de La chacota. Luego dirigió la fotografía de algunos cortos ajenos y de inmediato hizo los suyos, desde uno de ficción y, para definirlo en sus propios términos, “burgués” (El ciclo: chicos ricos que “andan en algo”, falopa, jazz, desenfreno, ambientación zona Norte; Antonioni, se diría), hasta los del activismo político puro y duro (a partir de Swift, anónimos, esto es, sin títulos de crédito), pasando por una fase de documentales etnográficos en los que coincidió con Ana Montes de González y con Jorge Prelorán. En todos esos años, además, trabajó abundantemente para la televisión argentina (Canal 13, sobre todo) y extranjera, como camarógrafo y en ocasiones director, así como también en la publicidad institucional, en particular para la empresa automotor Kaiser Argentina, que financió algunos de sus cortos.
En 1970 concretó su primer largometraje, Mexico –the frozen revolution, producción estadounidense rodada en México, que tras sufrir censura logró estrenar en Buenos Aires en un cine de arte: se trata de un documental que analiza el fracaso de la Revolución Mexicana iniciada en 1910 y la entronización de un partido político dominante a través de los años, y cómo ambos hechos confinaron al campesinado a la pobreza y la sumisión. Fue financiado y producido por William “Bill” Susman, un progresista, marxista declarado, dueño de un laboratorio en Nueva York, que encontró en su amigo argentino un alma gemela en ideología pero que también sabía narrar en imágenes.
Entre agosto y septiembre 1972
rodó de manera clandestina su segundo y último largo, Los traidores, realizado en régimen de cooperativa con apoyo
financiero de Susman: luego de terminado se decidió que fuera presentado por el
Grupo Cine de la Base, conformado en 1973 y que más adelante presentó otros
cortos por él dirigidos, aunque ninguno tuvo difusión más allá de “privadas”
para militantes, amigos y espectadores cautivos de barrios populares,
universidades y fábricas, y sólo comenzaron a circular formalmente una vez
acabado el infausto régimen que lo asesinó.
“Trato de mostrar que no hay más que un medio de realizar cambios estructurales en nuestro continente: la revolución socialista; como escribió el Che Guevara, las revoluciones que no son socialistas no son sino parodias de revolución”, declaró en 1970. Y el 28.9.1974 sorprendió revelando acerca de los integrantes del grupo Cine de la Base que “Nuestra condición primaria, digamos, no es la de cineastas sino de militantes políticos”. Pues, por no ser cineastas, lo que han hecho lo han hecho muy bien, como si lo fueran. El investigador y teórico Héctor Kohen acierta cuando escribe que su “producción cinematográfica está colocada bajo el signo de la incomodidad, del malestar”.
Tres libros y dos videos
representan la summa de su vida, su
obra, su pensamiento y su acción política: Raymundo
Gleyzer (1985), editado por la Cinemateca Uruguaya con una filmografía
errática e insuficiente, El cine quema:
Raymundo Gleyzer (2000), por Fernando Martín Peña y Carlos Vallina, y Compañero
Raymundo (2017), escrito a cuatro manos por Juana Sapire –esposa de
Gleyzer– y Cynthia Sabat son esos libros; Raymundo
(Ernesto Ardito y Virna Molina, 2002) y el corto Fuego eterno (Cynthia
Sabat, 2012) los videos, en los que testimonian su viuda y colaboradora habitual
en producción, en sonido y en montaje (“Juanalicia” figura en sus primeros
cortos) y su hijo Diego. Sapire tendrá actividad en la industria más allá de su
marido.
Su madre, Sara Aijen, era actriz, había sido una de las fundadoras del Idische Folk Theater (IFT) y apareció en pequeñas partes en al menos cuatro largometrajes en los que consta su participación: en Somos los mejores! (Federico Padilla, 1968) figura acreditada como Sara Aigenbon en el rol de “doña Naida”, la madre de Beto Brandoni; en Los traidores es la cantante en el cementerio; en La malavida (Fregonese, 1972) “madame Esther”; y en Los gauchos judíos (Jusid, 1974-1975) un personaje no establecido: falleció en 2010. Su hermana Greta y su sobrino Aníbal Guiser integraron el elenco actoral de La sonámbula (Fernando Spiner, 1997). Jorge Denti le dedicó su documental Malvinas –Historia de traiciones– (idem, MX, 1983), el INCAA bautizó con su nombre en 2006 un Concurso Federal de Desarrollo de Proyectos de Largometraje, y en su memoria el 27.5 fue instituido Día del Documentalista.
Tal vez por esa condición
primaria, la de documentalista, no estaba acostumbrado a tratar con actores y
entonces ocurrió un día lo que uno de ellos, Hugo Alvarez, relata (pág. 54) en
su fabuloso libro Memorias de un actor
exiliado, publicado en 2014: “Si bien
Raymundo era un tipo muy agradable, diría muy jodón y divertido, no tenía
empacho, de ponerle cara de culo a un actor si así él lo creía. Recuerdo
filmando en una fábrica, un actor no daba lo que él quería y además este actor,
hoy fallecido, hablaba hasta por los codos. No va y le dice Raymundo a dos
metros del actor, a su asistente: «sácame a este tronco de aquí». Fue una
situación realmente incómoda para los que estábamos ahí. Recuerdo que le dije
en voz baja «Si no te gusta, sacale el rol, pero no lo trates así». No me
contestó. Lo peor fue que el actor oyó lo que Raymundo dijo, y se cayó la boca.
Me fui del lugar. Aun así la escena se filmó, pero nunca lo vi al actor en
imágenes”.
Consciente de que la siguiente reflexión pueda ser leída de una manera “políticamente incorrecta”, me atrevo de todos modos a plantearla: Raymundo Gleyzer fue convertido en un referente del cine argentino y en una especie de mártir no tanto por su condición de cineasta, a secas, sino por haber sido una víctima del terror. La pregunta del millón, que no tiene respuesta y por lo tanto pertenece al reino de las utopías que tanto gustaban enarbolar los cineastas de la izquierda de la América latina, es: ¿cuál hubiera sido su destino como director de cine si no lo hubieran asesinado? Sus dos únicos largometrajes son valederos, correctos, viscerales, interesantes y están “bien hechos”, pero me temo que sus resultados están muy lejos de los términos “obra maestra” y “gran film”. He pensado este dilema durante muchos años, y tan sólo ahora, cuando ya me importa un bledo el qué dirán, me he resuelto a plantearlo. No espero respuestas.
“Era un revolucionario convencido y vehemente, un guevarista
voluntarioso que se había retirado a tiempo del PC, y después había superado el
foco por la teoría del Partido”, lo recordó su amigo Alvaro Melián. Miembro
del Partido Revolucionario de los Trabajadores, que era la formación política
del Ejercito Revolucionario del Pueblo, no hay constancia de que interviniera
en acciones armadas: sus armas parecían ser apenas la cámara y la palabra. Hoy
hubiera cumplido 85 años.
FILMOGRAFIA
EN MEXICO
01. Mexico –the frozen revolution (EEUU, 1970) 16mm, C, 66’. CP: MPO Videotronics, Inc. (Nueva York,
NY). P: William Susman. G: RG. F: Humberto Ríos. LC: 10.5.1973, con el título México,
la revolución congelada. Documental.
EN LA ARGENTINA
02. Los traidores (1972) 16mm, C, 114’. CP: Grupo Cine de la Base. P:
William Susman. G: RG, Víctor
Proncet y Alvaro Melián, sobre el cuento La
víctima, de Víctor Proncet. F:
Rinaldo A. Pica. I: Raúl Fraire,
Luis Cordara, Víctor Proncet, Hugo Alvarez, Martín Coria, Pachi Armas, Diego
Gleyzer, Norberto Vieyra, Susana Lanteri, Luis Orbegozo, Mario Luciani, Carlos
Antón, Luis Angel Bellaba, Walter Soubrié, Lautaro Murúa, Claudio Lucero, Sara
Bonet, Omar Fanuchi, Luis Politti, Sara Aigen. Inédito.
Cortos: El ciclo (1963: + ARGM y G), La tierra quema (1964: + G y CM NA; rodado en
Brasil), Laguna blanca (1964), Pictografías
del Cerro Colorado (1965: + G y CM), Ceramiqueros
de tras la sierra (1965: + G NA), Mataque
(1966), Ocurrido en Hualfín –Una
trilogía–, dirigido con Jorge Prelorán, en tres partes tituladas Cuando quede silencio el viento, Greda y Elinda del valle–
(1966: + G, F, CM y C con Prelorán; acreditado como Raymundo Gleyser), Quilino, dirigido con Jorge Prelorán
(1966: + G, F, CM y C con Prelorán; acreditado como Raymundo Gleiser), Introducción de un catéter plástico en la
cavidad interperitoneal fetal (1966), Fiesta
Nacional del Poncho (1967), Marabunta (1967: + F y CM), Verde Catamarca (1968), Vacaciones en Catamarca (1968), Ciudad balnearia Santa Teresita (1971: +
G y F NA y CM acreditado como Enrique Menzer), [Swift] (1971, film que carece de todo crédito, incluyendo su propio
título), Ni olvido ni perdón (1973,
MM dirigido con Alvaro Melián, sin créditos más allá del título) y Me matan si no trabajo y si trabajo me matan
–Obreros del INSUD– (1974: + F, CM y C NA).
Otras actividades en cine: MERP en La
chacota (Enrique Dawi, 1962) / F y CM en Carta de Ramona (Alejandro Malowicki, 1966, corto) y Una vida poética (Luis Sepúlveda, 1966, corto)
/ F y CM ADIC en El otro oficio (Jorge Cedrón, 1967, corto) / SD en Pescadores (Dolly Pussi, 1968, corto,
acreditado como Raymundo Gleyser) / CM en El
búho (Bebe Kamin, 1974) y Adiós Sui
Generis (Kamin, 1975).
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