PERFILES
Ana Casares, la polaquita
“Ser feliz es una
ráfaga”.Mimí Pons, Clarín, agosto 2020.
En una fecha imprecisa entre 1968 y 1970, imprevistamente, por cuanto
no éramos amigos y yo en particular apenas asomaba al ambiente periodístico
porteño, Roberto “Tito” Jacobson me invitó al festejo por un nuevo aniversario
de Pantalla gigante, audición
radiofónica que había sido creada por su padre, Jaime Jacobson, y que entonces
todavía continuaba emitiéndose por Splendid. El festejo consistía en un viaje
en barco hasta Montevideo, ida y vuelta sin desembarcar: hubo almuerzo,
cócteles y muchos invitados. Esa fue mi primera “fiesta de la farándula”, por
así decirlo, y las dos únicas caras de “famosos” que recuerdo de tan magno
acontecimiento son las de Elena Lucena y Ana Casares, que estuvieron juntas
todo el tiempo, charloteando con cierto desenfado que llamó mi atención. En
realidad, la que deslumbró a aquel invitado de 20 y pocos años fue Casares, que
había quedado fijada a mi memoria cinéfila por su personaje en algunos de sus
films, en especial por el de El jefe.
No recuerdo haber hablado con ella ni con su amiga ni con ningún otro “famoso”:
ya entonces rehuía toda cercanía con ellos temiendo ser confundido con un
cholulo; años más tarde, debido a mi profesión, he cuidado mucho ese detalle, y
sólo me acercaba a saludar a aquellos con los que tenía algún tipo de relación.
Ana Casares (Anna Urmann; Stanisławów, Polonia, 23.12.1930 / Buenos Aires, 13.3.2007) acababa de volver de su estadía de siete u ocho años en España y le estaba costando reinsertarse en el show business local. Radicada desde niña en el país, su nombre comenzó a ser meneado en las revistas especializadas hacia mediados de los años 50, menos por sus actuaciones que por su amorío con un empresario que siempre adoró aparecer en los medios, Guido Parisier, quien años más tarde sería el dueño del hotel Hermitage de Mar del Plata y durante la gestión del Presidente Carlos Menem el director del INC, además de producir un par de largometrajes de Luis Saslavsky.
Como sea, Casares filmó muy poco en relación a otras colegas de su generación, y de esa primera etapa de su carrera destacan los tres que hizo bajo la dirección de Leopoldo Torres Ríos, de quien –era vox populi– fue la última de sus amantes-actrices. En Demasiado jóvenes es la modelo con la que el adolescente Oscar Rovito sostiene sus primeros escarceos sexuales; en Campo virgen está espléndida como una estrella de cine en romance con el tosco peón Tito Alonso, en un Torres Ríos en estado puro, se diría, un film chiquito, sencillo, emotivo, en el que no pasa gran cosa ni es de lo mejor de su director, pero no defrauda a sus seguidores; en Aquello que amamos, esa joya de la época, tiene un personaje secundario pero notable como la amante de Lautaro Murúa. Entre esos dos primeros Torres Ríos intervino en El jefe, donde ella y Rossana Zúcker interpretan a dos muchachas en franco tren de levante que terminan en manos de la barra de Alberto de Mendoza, entrevero en el que Zúcker es asesinada. Fue en ese personaje en el que perfeccionó su “tipo”, el de mujer independiente, algo altanera, segura de sí misma. Nada de ingenuas ni de niñas casaderas en su universo actoral: ella estaba para otra cosa.
Luego de un par de roles intrascendentes en comedias intrascendentes, Buscando a Mónica volvió a mostrarla en su plenitud como la hija del tabernero del pueblo en el que Carmen Sevilla, la protagonista, retoza con sus galanes: era otro personaje secundario, pero el director, el español José María Forqué, fijó su atención en ella y le sugirió trasladarse a España y, con su ayuda, continuar allá su carrera. Consciente de que esa carrera estaba lejos de todo protagonismo, al menos en el cine y ya sin la protección de “Polo” Torres Ríos, entró al cine español por la puerta grande: en su primer film figura encabezando los credits, algo que nunca había logrado en su propio país y que no se volverá a repetir. Siempre con su voz doblada, como era de rigor en la España de aquellos tiempos de coproducciones múltiples con actores de varias lenguas, volvió a los secundarios: en Playa de Formentor se reencontró con su productor ejecutivo Alberto Soifer, que había sido uno de los productores de Buscando a Mónica, pero tal vez su trabajo más notable en ese período fue su breve (apenas una secuencia) pero intensa actuación en el episodio de Berlanga para Les 4 vérités, donde además aparece sugestivamente hermosa.
Sin embargo, el must de su periplo hispano fue el haber sido otra de los muchos actores argentinos a los que convocaba Jesús Franco: Casares participó en El caso de las dos bellezas y Bésame montruo, que no sólo fueron rodados al mismo tiempo en agosto 1967 sino que el segundo es continuación del primero con los mismos personajes principales (Janine Reynaud y la porteña Rossana Yanni). Casares es apenas visible en el primero, en el que aparece en cámara cerca del final casi sin emitir palabra, pero su personaje de malvada tiene mayor desarrollo en el segundo. Resultaron su despedida del cine español.
Al regresar trabajó mucho más en la televisión, sin relieve especial, pero sólo hizo dos films. En La vida continúa fue la elegante ricachona “con pasado” que se disputa a Sandro con la noviecita del barrio, pobre y virgen (Cuny Vera), prosiguiendo una costumbre en las comedias del cantante, a quien sus libretistas a menudo le oponían esos dos tipos de mujer como única alternativa posible: con ligeras variantes, Marcela López Rey/Soledad Silveyra en Quiero llenarme de ti, Silvina Rada/Soledad Silveyra en Gitano, Elena Sédova/Alicia del Solar en Siempre te amaré, Mirta Massa/Cristina Alberó en Destino de un capricho, Norma Sebré/Elena Sédova en El deseo de vivir y Adriana Gardiazábal/María del Carmen Valenzuela en Subí que te llevo.
Su última aparición en cine se registra en El Pibe Cabeza, un policial de Torre Nilsson. Pero antes que por el personaje que interpreta, un “hueso”, es preferible destacar una pequeña historia menuda. Así como a May Nilsson no parecían importarle los amoríos de su esposo, Leopoldo era muy compinche de su padre y sabía cuidar a sus amantes, y si no compensó a María Concepción César con algún personaje fue porque a todas luces el camino estético emprendido por ella iba a contramano del universo del director, sí lo hizo con Anita Casares, que fue su primera opción –en vida de su padre– para el personaje de Fin de fiesta (“Julieta Arteaga Braceras”, hermana del de Graciela Borges) que por razones de agenda terminó animando Marta Murat; la hizo convocar para el protagónico de la telenovela María Trastorno (1960) producida por una empresa de la que era socio principal; y, finalmente, le dio el papel de El Pibe Cabeza.
Supo hacer fotonovelas en el auge de la especialidad y en la revista Antena encabezó una con Alfredo Alcón titulada La piel del milagro (Carlos Lozano Dana, 1960), ¡que adaptaba a Balzac! Uno de sus roles televisivos mejor recordados fue el de Barrio gris (1977, Canal 9), cuatro capítulos para el ciclo Las grandes novelas, en el papel que en la versión cinematográfica de Mario Soffici (1954) de la novela de Gómez Bas había interpretado Elida Gay Palmer: lo dicho, Casares nunca estuvo para vírgenes de barrio… Y como le dice le dice “el Rubio” (Hardy Krüger) en el episodio de Berlanga, “Eres una chica estupenda, Juliana, siempre lo he dicho: eres toda una mujer”. Algunos comentaristas sugieren que habría podido cometer suicidio.
FILMOGRAFIA
[¡¡Achtung!!:
la IMDb le adjudica Diesmal muss es kaviar sein – II. Teil / Top secret –C'est pas toujours du caviar– (Geza Radvanyi, RFA/F, 1961), pero
visionado que fue AC brilla por su ausencia].
El complejo de Felipe (Juan Carlos Thorry, 1950: extra,
“una alumna”), El último perro (Lucas
Demare, 1954-1955: “Julia, hija de ña Fe” [Gloria Ferrandiz], 10º), El tango en París (Arturo Mom, 1955:
“una amiga de Aníbal Vieyra Varela, apodado Chopín” [Enrique Serrano], 29º), Demasiado jóvenes (Leopoldo Torres Ríos,
1957: “la modelo”, 6º), El jefe
(Fernando Ayala, 1958: “chica de levante”, 8º), Campo virgen (Torres Ríos, 1958: “Irene Lerena”, 2º), Aquello que amamos (Torres Ríos, 1959:
“la amante de Eduardo Núñez” [Lautaro Murúa], 3º), Dos tipos con suerte / ¡Viva quien sabe querer! (Miguel Morayta,
A/MX, 1959: “Elsa Pujol, alias Elsa Grimm”, 3º) y Buscando a Mónica / El secreto de Mónica (José María Forqué, A/E,
1961: “Amparo”, 4º) – España: El Diablo en vacaciones (José María Elorrieta, 1962: “Faustina” y
“Mercedes”, 1º), El juego de la verdad /
La couple interdit (Forqué, E/F, 1963: “María Jesús”), Les 4 vérités / Las 4
verdades / Le 4 verità (Las 4
verdades, F/E/I, 1963: AC intervino en el episodio La mort et le bûcheron / La
muerte y el leñador / La morte e il carnefice, Luis G. Berlanga: “Juliana”,
10º), Due mafiosi nel far West / Dos
pistoleros (Giorgio Simonelli, I/E, 1964: “Mary Simpson”, acreditada 6º
como Anna Casares), Playa de Formentor
(Germán Lorente, 1964: “Sofía”, 5º), El
marqués / Der marquis / O marquês (Niels
Larsen, E/DIN/POR, 1965: “Elisa”), Adiós, Cordera (Pedro Mario Herrero: “Aurelia, esposa de Antón” [Carlos Estrada]), 7 donne per i McGregor / Siete mujeres para
los McGregor (Siete mujeres para los
McGregor, Franco Giraldi, I/E, 1966: “Dolly”, 13º), La esclava del Paraíso / Sharaz (Elorrieta, E/I, 1967: “Miriam”, 7º),
El caso de las dos bellezas /
Sadisterotica (Jesús Franco, E/RFA, 1967: “asistente de Klaus Tiller”
[Adrian Hoven], 4º) y Bésame, monstruo /
Küss mich monster (Franco, E/RFA, 1967: “capitán Linda Bello”, 6º) – Argentina: La vida continúa (Emilio Vieyra,
1969: “Ana Lammartine”, 3º) y El Pibe
Cabeza (Leopoldo Torre Nilsson, 1974: “Lucía, la mujer de Caprioli” [José
Slavin], 8º).
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