MIO DIO, COME SONO CADUTA IN BASSO!
Niní
Marshall
“El trabajo le absorbió por completo y sólo más tarde se
preguntaría,con cierto asombro, cuánto tiempo hacía que noexperimentaba aquella pura, emocionante y maravillosa
sensaciónde estar plenamente enfrascado en algo que sabía hacer
muy bien”.Stephen
King, Cujo (1981).
Si
ese lugar común utilizado para los actores, “escalera a la fama”, en realidad
existiera, el peldaño más alto en el firmamento estelar aborigen sin duda sería
ocupado por Luis Sandrini, Tita Merello, Libertad Lamarque y Niní Marshall. Y
por nadie más. Niní Marshall
(Marina Esther Traveso Pérez; Buenos Aires, 1.6.1903 / 18.3.1996) ganó ese
puesto en muy buena ley y ya en su debut, Mujeres
que trabajan, en el que figura en el tercer puesto, tuvo el protagonismo
cómico animando a su más deliciosa criatura, “Catita”, la más bruta, la más
atrevida, la más entrometida, fuente inagotable de placer. Nunca rindió tanto
como dirigida por Romero: mujer de probada inteligencia, extraña que públicamente
prefiriera los pesados aparatos y las un tanto pesadas comedias que le inventaba Amadori. Un dato
poco meneado es que ella fue la primera actriz a la que se le ofreció el personaje
de la novia de Pepe Iglesias “El Zorro” para Dos amigos y un amor (Lucas Demare, 1937), personaje que terminó en
manos de Norma Castillo.
Intervino en 35 largometrajes, de los cuales 9 los hizo en el extranjero. En 31 de ellos siempre ocupó el 1º puesto, descendiendo al 2º en tres y al 3º en uno, números que hablan de una categoría indestructible. Luego de Mujeres que bailan radicó en México en condición de autoexiliada: es historia el hecho de que cayó en desgracia con el peronismo luego de que trascendiera el chisme de que en una reunión privada entre amigos habría imitado a la señora del Presidente. Sin embargo, algunos de sus films extranjeros tuvieron lanzamiento durante ese mismo gobierno –algo que no ocurrió con ninguno de los de Libertad Lamarque– y hasta fue de algún modo reivindicada por la Secretaría de Informaciones y Prensa al ser invitada a participar en un “fin de fiesta” tras la representación nº 400 del sainete El patio de la Morocha, el 9.8.1954 en el teatro que se llamaba Presidente Alvear pero que, al ser apropiado por la Municipalidad porteña, pasó a ser denominado Enrique Santos Discépolo, y poco después, el 17.10.1954, en una audición transmitida por LRA Radio del Estado celebratoria de otro aniversario de tan insignes día y mes, audición en la que también prestaron su colaboración Enrique Muiño, Charlo, Luis Sandrini, Alberto Castillo, Los Chalchaleros y las orquestas de Francisco Canaro y Alfredo de Angelis, entre otros.
De sus films del exilio es
posible destacar algunas particularidades: nunca repitió director; sólo 4 de los
9 no fueron estrenados en cines porteños; y su categoría estelar tenía un
correlato en sus cachets, como revelan
Fernando Lara y Eduardo Rodríguez en su ensayo Miguel Mihura en el infierno del cine (1990): “La alta cotización de Niní Marshall se puede deducir del salario que
cobró en Yo no soy la Mata Hari:
500.000 pesetas. Casi la sexta parte del presupuesto total del film, que costó
3.323.642 pesetas. Como comprobación, sirvan estas cifras: Virgilio Teixeira,
el segundo intérprete mejor pagado, percibió 110.000 pesetas; Benito Perojo,
como director, 350.000, y Miguel Mihura, por su triple labor, 75.000 pesetas”.
Su tercer marido, Carmelo Santiago, tuvo mano férrea como su representante a la
hora de discutir cachets, pero también
frustró, por ambicioso, el único mejor personaje que su esposa podría haber
hecho tras su vuelta al país, según relató Héctor Olivera para un programa del
MALBA de noviembre 2004: “Tenía muchas
ganas de hacer algo con Niní Marshall y la obra de Cossa [se refiere a La nona] me pareció ideal para ella, para salir un poco de las cosas ingenuas y
hacer algo muy duro como era esa historia de la abuela devoradora. Le dimos el
libro a Carmelo Santiago, marido y representante de Niní. A los pocos días nos
respondió que sí, pero nos pidió una verdadera fortuna, un salario que no
podíamos pagar. [Luis Osvaldo] Repetto
trató de negociar pero no hubo caso, así que descartamos la idea. Después nos
enteramos que el que había sugerido esa enorme cifra había sido Atilio
Mentasti, presidente de Argentina Sono Film, justamente para torpedearnos el
proyecto... Lo contratamos a Pepe Soriano que estaba haciendo un viejito
italiano en la obra El loro calabrés,
y compuso una nona inolvidable”. Santiago continuaba siendo su
representante aunque se habían separado diez años antes, en 1968, y no en
buenos términos.
El estatus estelar de Marshall podría ser asimismo medido por otras menudencias, por ejemplo, los imitadores: Irma del Monte y Silvia Randall hicieron a “Cándida” y a “Catita” respectivamente en Cuidado con las imitaciones (Bayón Herrera, 1947-1948) y en Imitaciones peligrosas (Julio C. Rossi, 1949); Dorita Acosta atendió a “Catita” en Buenos Aires a la vista (Bayón Herrera, 1950); en su brevísima parte como una mucamita asediada por el portero en El bulín (Angel Acciaresi, 1967-1968), Luisina Brando imita en el habla y los modos a “Catita”, y algo similar perpetró Susana Giménez en Vení conmigo… (1972), como una actriz de teatros de variedades a la que el director Luis Saslavsky hizo hablar en un raro lunfardo que resulta de una cruza entre “Catita” y la “Chona” de Haydée Padilla. Marilú Marini, en París y en Buenos Aires, interpretó sus personajes según los viejos libretos radiofónicos, y su marido Carmelo Santiago le escribió la letra de la canción Niní, con música de Santos Lipesker.
Sin embargo, la finalidad de
este artículo no es repasar su carrera: existen decenas de artículos y libros que
cubrieron ese aspecto, incluyendo su autobiografía y un desangelado
largometraje en video, La película de Niní (Raúl Etchelet, 2004). No, se
tratará de indagar el por qué, al regresar, el cine que hizo fue tan poco
acorde con su pasado esplendor. Aunque en ese infortunado paquete de 7
largometrajes no resignó categoría, sí lo hicieron sus personajes, a saber:
• Catita es una dama fue una
producción del equipo a cargo de José Huberman para Artistas Argentinos
Asociados, aunque la actriz no fue culpable de que el autor, Abel Santa Cruz, copiara
la historia básica –lúmpenes ocupando mansión de ricos– que provenía de El
rey de los vividores (24.11.1923, teatro Buenos Aires), comedia cuyo autor,
Ricardo Hicken, la convirtió diez años más tarde en el primer largometraje
argentino sonoro, Los caballeros de cemento (1932). Además, un sonido a
todo oído defectuoso malogró la particular voz del personaje.
• Cleopatra era Cándida fue una producción de la Cinematográfica Filmex Argentina SRL, esto es, propiedad de Carmelo Santiago, que la hizo con puro dinero mexicano. Ya la obra teatral de base, Doña Vitamina, de Adolfo Torrado, estrenada en Madrid en 1949, era una antigualla que en Buenos Aires fue recreada por Olinda Bozán en 1952: en cualquier caso es una tonta comedia que nada le aporta y que, por el contrario, inicia la peor etapa de su notable carrera cinematográfica, cuyos últimos brillos se extinguieron con Catita es una dama.
• En Ya tiene comisario el pueblo le tocó en suerte la opaca matrona folklórica del clásico sainete de Claudio Martínez Payva, estrenada por Encarnación Fernández por la radiofonía (1934) y luego recreada por Leonor Rinaldi, Emma Martínez e Iris Martorelli en diversas versiones para teatro y cine en las que su nombre era “Rufina”. Marshall no encaja en absoluto en una historia dominada por gauchos pendencieros.
• Escándalo en la familia es un film absurdo, si los hay, mucho más lamentable porque una vez más se vio condenada a hacer morisquetas frente a ineptos cantantes nuevaoleros que podrían ser sus nietos y que no le llegan ni a la suela de sus zapatos. Sin embargo, debe reconocérsele que aceptara –ella, siempre tan pudorosa y recatada– interpretar a una madre soltera y ex amante de un hombre con quien parió otra hija, situación calcada de la que ya había asumido en Una gallega baila mambo, en aquel caso con un marqués.
• En La novela de un joven pobre fue la tía un tanto alocada de la familia que acoge al protagonista en desgracia, que en la versión de 1942 interpretaba Nélida Bilbao y era claramente secundario; sólo que Bilbao enfrentaba a Hugo del Carril, en tanto Marshall debió descender a Leo Dan, quien por su parte se despidió del cine luego del estrepitoso fracaso de apenas una semana en cartel en todas las salas que lo estrenaron. Aunque se llama “Carolina”, en rigor interpreta su personaje radiofónico “Mónica Bedoya Hueyo de Picos Pardos Sunsuet Crostón”.
• Vamos a soñar con el amor es tan torpe, inepto y apolillado como la comedia teatral del español Luis Maté, ésas que tanto seducían a Enrique Carreras: su personaje fue estrenado en Madrid por la argentina Leda Zanda y en Buenos Aires por Estela Molly y Elena Cruz (en teatro). Cualquier descripción del personaje es inútil, y resulta tristísimo ver a la actriz rebajarse a la morisqueta frente a ¡Elio Roca!.
• Qué linda es mi familia se califica a sí mismo en su texto final: “Los soles podrán nacer o morir pero mientras nuestra breve luz no se extinga, sólo en la familia encontraremos la alegría y belleza de un eterno amanecer”. Nada sustancial ocurre a lo largo de su duración excepto un módico conflicto derivado del hecho de que Palito Ortega es hijo adoptivo de Sandrini y Marshall y de su consecuencia, esto es, la tardía aparición del padre biológico, que muy pronto sale de escena tras haber sido fustigado por una de esas rabietas que Sandrini prodigaba como nadie …antes de su hemiplejia. Lo que en verdad duele, aparte ver a Sandrini en evidente inferioridad física y a Marshall en evidente inferioridad interpretativa, es verlos a ambos, que tantos maravillosos momentos regalaron al público, en una detestable y múltiple services movie: Ortega canta loas a los marineritos del almirante Massera en un playback registrado a bordo de la fragata Libertad; otra secuencia transcurre en una comisaría, y el playback final (para el que complicaron nada menos que a Ludwig van) fue rodado en el Círculo Militar, el mismo en el que Ortega celebró su boda con Evangelina Salazar en 1967, todo ello con abundante despliegue de banderas y violencia (explosiones, peleas). “Felipe” y “Catita” no se merecían un final tan patético.
Filmografía
Mujeres que trabajan (Manuel Romero, 1938: “Catita”, 3º; los créditos dicen que “los diálogos de Catita han sido adaptados por
Niní Marshall”), Divorcio en Montevideo (Romero, 1939: “Catalina Pizzafrolla «Catita»”, 1º; acreditada
como Niní Marshall “Catita”), Cándida (Bayón Herrera,
1939: “Cándida Loureiro
Ramallada”, 1º; + argumentista con Hernán de Castro), Casamiento en
Buenos Aires (Romero, 1939: “Catalina Pizzafrolla, «Catita»”, 1º; acreditada como
Niní Marshall “Catita”), Los celos de Cándida
(Bayón Herrera, 1940: “Cándida
Loureiro Ramallada”, 1º; + diálogos, con el director), Hay que educar a
Niní!.. (Luis César Amadori, 1940: “Niní Reboredo, alias Susana Marcantonio”, 1º),
Luna
de Miel en Río (Romero, 1940: “Catalina Pizzafrolla Langanuso, «Catita»”, 1º;
acreditada sólo como Catita), Yo quiero ser bataclana
(Romero, 1940-1941: “Catita”, 1º; acreditada sólo como Catita), Orquesta de
señoritas (Amadori, 1941: “Niní,
quien se hace pasar por Giovanina Rigadiera”, 1º), Cándida millonaria (Bayón Herrera, 1941: “Cándida
Loureiro Ramallada”, 1º), La mentirosa
(Amadori, 1942: “Niní R. Martínez”, 1º), Cándida –La mujer del año–
(Enrique Santos Discépolo, 1942-1943: “Cándida Loureiro Ramallada”, 1º), Madame Sans-Gêne (Amadori, 1944: “Catalina
Romualda Eduviges Guffier, luego duquesa mariscala de Dantzig, apodada «Madame Sans-Gêne»”, 1º), Santa Cándida (Amadori, 1944-1945: “Cándida
Loureiro Ramallada”, 1º), Mosquita muerta
(Amadori, 1945-1946: “Dionisia Flavigny”, 1º), Una mujer sin cabeza
(Amadori, 1946-1947: “Niní”, 1º), Navidad de los pobres (Romero, 1947: “Catita”,
1º), Porteña de corazón (Romero, 1947-1948: “Catalina Pizzafrolla Langanuso, «Catita»”, 1º) y Mujeres que bailan (Romero, 1948-1949: “Catalina
Pizzafrolla Langanuso, «Catita»”, 1º).
En México: Una gallega en México (idem, Julián Soler, 1949: “Cándida”, 1º).
En España: Yo no soy la Mata Hari (idem, Benito Perojo, 1949: “Niní”, 1º).
En México: Una
gallega baila mambo (Emilio Gómez Muriel, 1950: “Cándida Loureiro
Ramallada, alias Cándida la Navajera”, 1º), Los enredos de una gallega
(Fernando Soler, 1951: “Cándida”, 1º), La alegre casada (idem, Miguel
Zacarías, 1951: “Cristina, esposa de Lorenzo Castelar” [Domingo Soler], 1º;
acreditada como Niní Marshall “Catita”), Mi campeón (Chano Urueta, 1951-1952:
“Cándida, apodada Lupe, esposa de don Chocorro” [Joaquín Pardavé], 1º), Amor
de locura (Rafael Baledón, 1952: “Juana Rodríguez, «Catalina», esposa de
Felipe Hermosillo” [Oscar Pulido], 1º; acreditada como Niní Marshall “Catita”),
Dios los cría!.. (idem, Gilberto Martínez Solares, 1953: “Nínive Cánovas
Canesí”, 2º; acreditada como Niní Marshall “Catita”) y Una gallega en La
Habana (idem, René Cardona, 1955: “Cándida Loureiro Ramallada, novia de
José Rodríguez” [Federico Piñero], 1º; + ARGM y diálogos con Carmelo Santiago;
filmado en Cuba). [Algunas fuentes incluyen Reportaje
(idem, Emilio Fernández, 1953) y hasta mencionan el nombre de su personaje,
“Matilde Gamboa”, pero no aparece en el film ni figura en los títulos de
crédito: es posible que, si en verdad intervino, su parte quedara en la cabina
de montaje].
En la Argentina: Catita es una dama (Julio Saraceni, 1956: “Catalina Pizzafrolla, «Catita»”, 1º), Cleopatra era Cándida (Saraceni, 1964: “Cleopatra García Pérez, quien se hace pasar por la enfermera Cándida”, 1º), Ya tiene comisario el pueblo (Enrique Carreras, 1966: “Sofocación”, 1º), Escándalo en la familia (Julio Porter, A/E, 1966: “Loli”, 1º, incorrectamente acreditada como Niní Marshal), La novela de un joven pobre (Enrique Cahen Salaberry, 1967-1968: “tía Carolina”, 2º), Vamos a soñar con el amor (Carreras, 1970: “Ana, esposa de Perico” [Alfredo Barbieri], 1º) y Qué linda es mi familia (Palito Ortega, 1980: “Rosa, esposa de Luis” [Luis Sandrini], 2º).
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