martes, 29 de julio de 2025

DEMOLICIONES / EN PRIMERA PERSONA

Suburbios de las rosas rococó rosadas

“Ella era una mujer astuta que fingía devoción, virtud, integridad,
por cuyos ojos pasaba el reflejo de cierta capital hipocresía”.
Eduardo Mallea, La sala de espera (1953).

“El único que quiere llegar a los 100 años es el que tiene 99”.
Clint Eastwood, The mule.

El film de Fernando Ayala de 1964 Con gusto a rabia será recordado en la historia menuda del cine argentino menos por sus valores que por registrar la última actuación en cine de la actriz Mirtha Legrand (Rosa María Juana Martínez Suárez; Villa Cañás, Santa Fe, 23.2.1927), gran-vedette-gran desde su primer personaje visible en Los martes, orquídeas…, aunque antes había intervenido en otros dos en calidad de extra y en compañía de su hermana gemela, Silvia Legrand.

Con Enrique Serrano en Los martes, orquídeas...

   Hasta ese último film, Legrand fue invariablemente acreditada en el primer o el segundo puesto en los créditos con las únicas excepciones de Los martes, orquídeas… (5º), Safo (3º) y La Cigarra no es un bicho (5º); además, en un total de 36 largometrajes, sólo en los dos iniciales que hizo como extra y en una aparición amistosa en Sábado a la noche, cine no fue acreditada en absoluto. 36 títulos que incluyen el español Doña Francisquita y en los que fue dirigida por los realizadores más destacados, siendo los más asiduos Daniel Tinayre (su esposo desde 1945, con 7 films), Luis César Amadori (5), Francisco Mugica (5) y Carlos Hugo Christensen (3) y en los que encabezó elenco con algunos de los más calificados actores contemporáneos, entre ellos el mexicano Arturo de Córdova (en Pasaporte a Río) y el español Jorge Mistral (en Bajo un mismo rostro). Desde 1941, Legrand nunca se bajó –ni la bajaron, que fue el destino de algunos de sus colegas– del más alto pedestal de la industria cinematográfica argentina clásica.

Con Juan Carlos Thorry en La pequeña señora de Pérez

   Luego de Con gusto a rabia se dedicó al teatro y a la televisión. En teatro había debutado antes, en 1957, con una producción dirigida por Antonio Cunill Cabanellas de The Moon is blue de F. Hugh Herbert, pero su labor en ese rubro resultó opaca gracias a la elección de piezas bastante mediocres que Tinayre –director de la mayor parte de ellas– manipulaba a la medida de los tics televisivos de su esposa, siendo el autor más destacado, de entre los que interpretó, W. Somerset Maugham (The constante wife, 1975). La TV, en cambio, le deparó picos de popularidad que nunca antes había alcanzado mediante un show diario en el que comía de verdad junto con diversos invitados, ciclo que fue emitido por primera vez con el título Almorzando con las estrellas el lunes 3.6.1968 de 13 a 14 por el Canal 9 y que, más adelante, con el título mutado a Almorzando con Mirtha Legrand y luego a Mirtha Legrand, se mantiene en el aire, con intermitencias, hasta hoy mismo.

   Su ciclo televisivo tuvo una contrapartida negativa: creó un monstruo, y no precisamente sagrado. Aquella chica ingenua de sus primeros films, aquella espléndida y moderna muchacha de los 50 y aquella actriz madura de los 60, siempre de oscilante talento, mutó en una exagerada celebridad, condición en la que confluyeron sus propios aires de diva eterna tanto como quienes la rodeaban (productores, invitados, periodistas) con su ilimitado “chupamedismo”. Así, a Legrand sólo le faltó vomitar ante las cámaras: frente a ellas enterró a su marido y a su hijo; participó de sus dolencias (mínimas, hay que admitirlo, ya que los Martínez Suárez son de hierro: sus hermanos murieron pasados los 90); hizo del chivo comercial una institución; participó a los espectadores de todas sus salidas sociales; se ocupó de las intrigas de alcoba –que fueron muchas– de sus nietos; apoyó sin vueltas a algún gobernante. Inversamente, todos los involucrados profesaron hacia ella una devoción no exenta de interés: si querían ser invitados a sus almuerzos para promocionar algo, debían quedar bien con la anfitriona; muy pocos se animaron a enfrentarla o contradecirla. En ocasiones se regocijaba rebajando a un invitado: a Héctor Olivera siempre le decía: “¿Te acordás cuando me llevabas los zapatos al camarín en Baires?”. Si hasta sus enconos resultaron evidentes aunque jamás los mencionara: nunca invitó a Tita Merello ni a Egle Martin, por citar dos ejemplos.


   Una medida del desvergonzado sometimiento periodístico hacia Legrand la dio nada menos que La Nación en su ejemplar del 9.6.2019: en un artículo sobre la entrega de los premios Martín Fierro que tendría lugar esa noche, un subtítulo informaba que “la noche más glamorosa del espectáculo argentino tendrá la ausencia de Mirtha Legrand”. ¿Era necesario?, y, en todo caso, ¿a quién le importaba?; además, ¿“tendrá la ausencia”?, como si se pudiera tener algo que no está. En fin… Sin embargo, lo más patético de todo este asunto es que una persona que desde sus 15 años supo del halago y la adulación ininterrumpidos no pueda, a sus casi 100 años, prescindir de ellos, como lo prueban los permanentes aplausos prodigados bajo cualquier excusa por los empleados y los invitados de sus shows y en ocasiones hasta reclamados en voz alta por ella misma. Una característica, por cierto, de dos de los Martínez Suárez, ya que Silvia tuvo la sabiduría de alejarse a tiempo y de no incurrir en exceso de vedettismo, en tanto José procuraba amenguar en lo posible su costado vanidoso, que se le escapaba de vez en cuando. Si Legrand decide ir al teatro, a un restaurante o a un desfile de modas, no puede hacerlo como un civil más: su concurrencia debe ser promocionada, registrada por movileros asimismo cholulos y coronada con un ramo de flores y con el agradecimiento “espontáneo” de los actores desde el escenario o de las mannequins desde la pasarela. De pagar una entrada o la cuenta de un restaurante, ni hablar.

   Otra singularidad en su vida, tanto la privada cuanto la pública: el matrimonio Tinayre tuvo dos hijos, de los cuales el mayor, Daniel, resultó homosexual, algo que al padre no le importaba demasiado (su más íntimo amigo fue Luis Saslavsky) pero que a la madre le resultaba insoportable. No es casual que cuando Dani dejó de ser niño también dejó de someterse a esas fotos idílicamente familiares que al semanario Radiolandia tanto fascinaban: se eclipsó del universo promocional de sus padres y encaró vida propia. Tuve una fugaz relación con él cuando su tío José, que lo adoraba y lo protegía como al hijo varón que nunca tuvo, nos presentó durante un festival de cine publicitario (Rosario, 1971), y doy fe de lo mucho que resentía ser ninguneado por su madre. Dani murió muy joven y de inmediato su codiciosa madre y su no menos codiciosa hermana hicieron lo imposible para arrebatarle a su compañero de vida la exitosa veterinaria que ambos habían montado menos como un negocio que por el profundo cariño que tenían por las mascotas, algo de lo que Isabel Sarli daba fe puesto que fue quizá su principal cliente.

Con Luis Medina Csstro, Alberto Argibay
y Walter Vidarte en La patota

  Sin embargo, tras llorar su muerte frente a las cámaras de la TV, su madre inició una especie de cruzada pro homosexualidad, no sólo rodeándose de veteranos amigos maricones que no parecen tener una vida propia y la escoltan en sus abundantes salidas sociales, sino invitando a su programa a cuanto gay, travesti y transexual la producción tenga a mano… y son legiones desde comienzos del siglo XXI, tantos que las empresas de muebles no dan abasto con la fabricación de closets de los cuales salen a empellones, como en la memorable secuencia del camarote del barco en Monkey business de los hermanos Marx. Lo cual me trae a la memoria el film español Plácido, cuyo argumento cuenta que, cada fin de año, las familias de una comunidad se comprometían con el lema “siente un pobre a su mesa”: la viuda de Tinayre hizo suyo ese postulado pero en la variante “siente un puto a su mesa”, mostrando por ellos un cariño, una comprensión y un interés que jamás demostró por su hijo.

Pasaporte a Río

   Aunque, como se dijo, Legrand no volvió a filmar desde 1964, su relación con el cine excedió sus interpretaciones concretas y ya desde antes tuvo un correlato indirecto derivado de su innegable notoriedad:

• En Mi novia es un fantasma interpreta a Juanita, mucama de un hotel, y con su interés romántico Pepe Iglesias “El Zorro” –si es que tal cosa resulta verosímil– espían desde detrás de una puerta los pormenores de la denominada “fiesta de las estrellas”; así, ven llegar a casi toda la nómina de la empresa Lumiton: Pepe Arias, Aída Ollivier y Enrique Serrano entrando al salón, Alicia Barrié, Juan Carlos Thorry, Narciso Ibáñez Menta y Miguel Gómez Bao sentados a una mesa, Mariana Martí, Virginia Luque, Tito Gómez y Billy Days en la mesa de la juventud, Irma Córdoba, Mecha Ortiz, Aída Luz y Amanda Varela acomodadas ante otra mesa; razonablemente, Juanita pregunta: “¿Y Mirtha Legrand?”, y El Zorro le responde: “Iba a venir, pero no pudo porque está filmando esta película”.

• En Cuidado con las imitaciones Ana María Roig la imita.

• En Sucedió en Buenos Aires el personaje que interpreta Pepita Muñoz aparece de pronto teñida: “Es ceniza, el mismo tono de Mirtha Legrand”, explica.

• En Cristóbal Colón en la Facultad de Medicina alguien menciona a “las hermanitas Legrand”.

• En Los vampiros los prefieren gorditos Jorge Porcel, interpretando a un botones de hotel, dice: “Y justo esta semana, que me habían invitado a almorzar a lo de Mirtha Legrand...”.

• En Los súperagentes contra todos “Delfín” (Víctor Bo), que durante gran parte del film aparece comiendo, en una escena entra con un enorme sándwich y “Tiburón” (Ricardo Bauleo) dice: “Llegó Mirtha Legrand…”.

• En Te rompo el rating la conductora de un ciclo televisivo de almuerzos se llama “Martha Latour” (ML: Camila Perisée) y le dicen “Chiquita”.

• En Tango y tango, documental filmado en La Habana, aparece junto con Tinayre y Cecilio Madanes sentada a una mesa de restaurante, sin destaque especial de la cámara.

• En El chevrolé un personaje dice: “Poné a Mirtha Legrand, así comemos”.

• En Diablo familia y propiedad, video largo documental, se incluye un breve fragmento de uno de los programas del ciclo, aquel en el que conversa (de pie, en el living) con la empresaria Nelly Arrieta de Blaquier, dueña del Ingenio Ledesma en la provincia de Jujuy, del que ese video se ocupa de manera negativa.

Las hermanas L. tenía como título original “Las hermanas Legrand”, con el que incluso comenzó su rodaje: sin embargo, enterada que fue madame pidió que no lo utilizaran, por lo que los responsables se permitieron al menos dos guiños: el título y el nombre de una de las compañías productoras, Le Gran Cine.

• En Dos hermanos los personajes ven por TV una emisión de Almorzando con Mirtha Legrand.

• En Soy lo que quise ser, video largo dedicado a la obra de su hermano José, aparece como uno de los asistentes a la entrega de un premio a él dedicado y a través de un fragmento de uno de sus programas.

   Aparte sus hermanos y su esposo, a Legrand le salieron otros parientes vinculados al espectáculo: su hija Marcela Tinayre es conductora televisiva; su nieto Ignacio Viale fue uno de los numerosos productores de La patota, nueva versión del gran éxito de sus abuelos, y es socio de una empresa televisiva que, entre otros, produce el show ahora semanal de su abuela; su nieta Juana Viale, actriz, hizo varios films y ciclos y unitarios de TV; su sobrina Mónica Legrand fue una muy fugaz niña-actriz. Ninguno de ambos heredó, por fortuna, los aires de diva de su insigne pariente.

Con Alfredo Alcón en Con gusto a rabia

FILMOGRAFIA

Hay que educar a Niní!.. (Luis César Amadori, 1940: extra, “alumna melliza”), Novios para las muchachas (Antonio Momplet, 1940: extra), Los martes, orquídeas… (Francisco Mugica, 1941: “Elenita Acuña”; mención especial de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina), Soñar, no cuesta nada… (Amadori, 1941: “Mirtha Rodríguez”), Adolescencia (Mugica, 1941: “Elvira Cárdenas”), El viaje (Mugica, 1942: “Alicia Castro”), Claro de Luna (Amadori, 1942: “Mirtha Aguirre”), El espejo (Mugica, 1943: “Cecilia Ledesma”), Safo –Historia de una pasión– (Carlos Hugo Christensen, 1943: “Irene Benavídez”), La pequeña señora de Pérez (Christensen, 1943: “Julieta Ayala”: premio de la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina a la mejor actriz), Mi novia es un fantasma (Mugica, 1943-1944: “Juanita”), La casta Susana (Benito Perojo, 1944: “Susana de Pomarais”; en las canciones, doblada por Elsa Marval), María Celeste (Julio Saraceni, 1944: “María Celeste”), La señora de Pérez se divorcia (Christensen, 1945: Julieta Ayala; premio de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires a la mejor actriz), Cinco besos (Luis Saslavsky, 1945: “Irene Rocha”), Un beso en la nuca (Luis Mottura, 1946: “Luisa”), 30 segundos de amor (Mottura, 1946: “Graciela Grajales”), Como tú lo soñaste (Lucas Demare, 1946-1947: “Catalina Dacoste”), El retrato (Carlos Schlieper, 1947: “Clementina Valenzuela” y “Clementina Acosta”; doblada en las canciones), Pasaporte a Río (Daniel Tinayre, 1948: “Nina Reyes”; en las canciones doblada por Sonia Soler), Vidalita (Saslavsky, 1948: “Vidalita del Rosario Arzábal”; en la secuencia en la que baila un malambo, sus pies fueron doblados por Rodolfo Zapata), La doctora quiere tangos (Alberto de Zavalía, 1949: “doctora Luisa Soler”), La vendedora de fantasías (Tinayre, 1949-1950: “Marta”), Esposa último modelo (Schlieper, 1950: “María Fernanda Alcántara”), El pendiente León Klimovsky, 1951: “Ilda”), La de los ojos color del tiempo (Amadori, 1951-1952: “Claudia del Mar”; premio Cóndor de la AACCA a la mejor actriz) – En España: Doña Francisquita (idem, Ladislao Vajda, 1952: “Francisquita”; en las canciones doblada por Marimí del Pozo) – En la Argentina: Tren internacional (Tinayre, 1953-1954: “Margarita Sandoval, alias María de los Angeles del Val”; en un primer plano, sus piernas son las de Elena Cruz), El amor nunca muere (Amadori, 1955: “Virginia, «Vincha», falsa viuda de Menéndez Rivas”), La pícara soñadora (Ernesto Arancibia, 1955-1956: “Silvia «Chiquita» Vidal”), En la ardiente oscuridad (Tinayre, 1959: “María”; premio del Instituto Nacional de Cinematografía a la mejor actriz), La patota (Tinayre, 1960: “profesora Paulina Vidal”), Sábado a la noche, cine (Fernando Ayala, 1960: “actriz que interpreta a «Nora» en el film Eterno amor”; aparición amistosa no acreditada), Bajo un mismo rostro (Tinayre, 1961-1962: “Inés Déprez”), La Cigarra no es un bicho (Tinayre, 1962: “Herminia, la intelectual”), Con gusto a rabia (Ayala, 1964: “Ana”).

OTROS FILMS MENCIONADOS
El chevrolé (Leandro Ricagni, A/U, 1997)
Cristóbal Colón en la Facultad de Medicina (Julio Saraceni, 1961)
Cuidado con las imitaciones (Bayón Herrera, 1947-1948)
Diablo, familia y propiedad (Fernando Krichmar, 1998)
Dos hermanos (Daniel Burman, A/U, 2009)
Las hermanas L. (Eva Bär, Santiago Giralt, Alejandro Montiel y Diego Schipani, 2007)
Monkey business (Polizones y polizontes, Norman Z. McLeod, EEUU, 1931)
La patota / Paulina / A turma (Santiago Mitre, A/F/BR, 2014)
Plácido (idem, Luis G. Berlanga, E, 1961)
Soy lo que quise ser –Historia de un joven de 90– (Betina Casanova y Mariana Scarone, 2016-2018)
Sucedió en Buenos Aires (Enrique Cahen Salaberry, 1954)
Los súperagentes contra todos (Carlos Galettini, 1980)
Tango y tango (Mauricio Berú, CU/A, 1984)
Te rompo el rating (Hugo Sofovich, 1980)
Los vampiros los prefieren gorditos
(Gerardo Sofovich, 1973-1974)

lunes, 28 de julio de 2025

CHUCHERIAS

Otras historias breves

Tras las huellas de Tamayo


Los investigadores abocados al cine vernáculo (los veteranos, claro está) asociamos de inmediato el nombre de Ramiro Tamayo como el del director de Bazán (1960), un corto muy mentado y muy galardonado en su momento, con fotografía de Ricardo Aronovich y guión de Tomás Eloy Martínez sobre un personaje de real existencia, el tucumano Andrés Bazán Frías (1895-1923), bandido rural devenido curandero, que interpretó Raúl Parini. Sin embargo, como nunca hizo un largometraje, sus otros trabajos y su vida misma se esfuman en datos recogidos al azar. En semanas recientes, consultando ejemplares de Clarín de los primeros años 60, su nombre apareció en varias oportunidades, pero en la sección TV. Recordé que había algo sobre él en el “Diccionario de la Nueva Generación Argentina” publicado en Tiempo de Cine (nº 9, enero-marzo 1962, pág. 9): allí se informa que nació en Buenos Aires el 1.3.1927, que comenzó estudios de Derecho que no terminó, que escribía poesía y ficción científica, que trabajó en films publicitarios, que fue guionista en México, que realizó documentales por encargo en Bolivia, Chile, Perú y la Argentina, que enseñaba Guión en la carrera de cine de la Universidad Nacional de La Plata. “Ramiro Tamayo es otro de los condenados al ostracismo. Tras haberse revelado como inquieto director con Bazán, un original cortometraje, debe resignar indefinidamente su ambiciosa “Capanga”, una vigorosa radiografía de Corrientes. Entretanto, Tamayo empeña su talento en films publicitarios. «Un artículo sobre mi obra podría llamarse Ramiro Tamayo: de Bazán a la Lechuguita», comentaba sarcásticamente el joven realizador, aludiendo a un popular aviso con Zulma Faiad del que es autor” (de un artículo titulado “Proceso al cine argentino”, en Siete Días Ilustrados, 25.7.1967).

   En la temporada 1960 integró el denominado Grupo de los 10, emprendimiento que se proponía multiartístico pero que sólo hizo TV y que integraban –en el orden de un aviso publicitario– Fernando Birri, Héctor Grossi, Jack Feldbaum, David José Kohon, Rodolfo Kuhn, Tomás Eloy Martínez, Dalmiro Sáenz, Ernesto Schóó, Tamayo y Mario Trejo, es decir, algunos de los más talentosos escritores, cineastas y periodistas contemporáneos; consta que escribió con Dalmiro el libreto de al menos uno de sus unitarios, Y hasta un poco de tiempo, emitido el 7.5 por el Canal 7, pero también dirigió la puesta de otros. En 1961 hizo lo propio en el ciclo Los aborígenes, adaptación de Schóó del cuento de Carlos Martínez Moreno emitido por el Canal 9 desde el 5.9: entrevistado por un cronista de Clarín (3.10.1961), Ernesto aportó un dato-clave al decir que Tamayo es “de vieja estirpe boliviana”.

Bazán: Raúl Parini

   Y eso es todo lo que encontré sobre el personaje, lo suficientemente poco como para estimular a cualquier investigador que se precie de tal. Claro, en 1962 no existía la internet, herramienta actual, siempre provisoria, siempre insegura, siempre fascinante, pero herramienta al fin que permite unir las piezas sueltas. Para la International Movie Database (IMDb) no existe, lo cual no me sorprende en absoluto. En Google hay varios Ramiro Tamayo, pero sólo un artículo sobre éste Ramiro Tamayo que me merece respeto. Se trata del blog titulado “Oye Borges”, en cuya entrada del 15.7.2017 Martín Zelaya Sánchez ofrece abundante información, verosímil además. En realidad, el artículo está centralizado en la relación entre Jorge Luis Borges y la literatura boliviana, y en sus intersticios es donde se revela Ramiro Tamayo, hermano menor de una dinastía de poetas de esa nacionalidad, “un comunicador, cineasta e intelectual que creció y vivió gran parte de su vida en Buenos Aires, y que escribió el poema que tanto fascinó a Borges”, se dice allí. Borges escribió un prólogo a uno de los libros de poesías de RT.

   El artículo incorpora declaraciones del periodista argentino Albino Gómez: “Ramiro fue un gran poeta y es verdad que su perfeccionismo le impidió editar ese libro (en el que iba a estar el poema que solo la memoria de Borges mantuvo vivo). Yo lo conocí en quinto año del Colegio Nacional, cuando él llegó con su padre, don José Tamayo, su madre, su hermano Marcial, que ya tenía 28 años, y Celicetta, su hermana de 20 años”. Datos que ponen en duda si Tamayo nació en Bolivia o en Buenos Aires. “Fuimos muy amigos durante años. Ingresamos juntos a la Facultad de Derecho que pronto él abandonó porque no le interesaba. Lo malo es que también dejó la poesía y eso fue una gran pérdida. Se dedicó al cine primero y con el entonces periodista e incipiente escritor Tomás Eloy Martínez, luego famoso, hicieron un filme sobre una leyenda norteña que tuvo muchos premios y creo que figura en las buenas enciclopedias del cine”, concluye Gómez.

El Gitano Pocopelo

El hermoso Brummell (Julio Saraceni, 1950-1951) es un film nacional producido por Estudios San Miguel y escrito por Abel Santa Cruz y Manuel M. Alba como un vehículo estelar para Fidel Pintos, que hasta entonces sólo hacía secundarios en cine pero era muy popular por la radiofonía. En el personaje de un terrorista irlandés que pone una bomba hizo su única aparición en cine el actor Alejandro de la Rúa, que había popularizado el personaje “el gitano Pocopelo” por radio Belgrano: a juzgar por este film y por las fotos de la época, debió ser pariente del futuro Presidente Fernando de la Rúa, tal su asombroso parecido.

Cuando un celular dejó de ser sólo un vehículo policial

Juan Pablo Carrasco es el nombre del actor que –salvo error u omisión– mostró por primera vez en el cine local un teléfono celular: fue en Moebius (Gustavo Mosquera R., 1994-1995), en una secuencia con diversos personajes en el andén de una estación del subterráneo, en su caso caracterizado como yupie. Masivamente en el mercado desde mediados de la década de los 80, cuando sólo servían como teléfono, creo recordar que el primero en mostrarlos por TV fue Marcelo Tinelli, con fines de burla al prójimo, como todo lo que hizo y hace ese bochinchero animador. Detrás de Moebius se los registra en Sotto voce (Mario E. Levin, 1995-1996), utilizado por uno de los personajes; en Acrobacias del corazón (Teresa Costantini, 1998), en manos de gran parte de los personajes; y en Cabecita rubia (Luis Sampieri, 1999), portado por un camionero (Oscar Pelliza).

Moebius: Roberto Carnaghi, Guillermo Angelelli y ¿?

   En adelante, el celular fue una plaga, al punto de que films y series hacen de su uso intensivo lo que un buen guionista y un buen director resolverían a fuerza de talento e imaginación. Algunas producciones se han burlado del aparatejo y de las consiguientes “redes sociales”:

• “¿Qué hacíamos antes de Google? ¿Valía la pena vivir siquiera?”, se pregunta Sanjeev Bhaskar en la serie inglesa Unforgotten (2014).

• Un cibernauta policial ayuda al inspector a establecer si un sospechoso utiliza alguna red social: “–¿Cuál en particular?”, “–Facebook, si está”, “–¿Quién no está?”, “–Yo”. (The night of, 2015-2016, miniserie).

• “No tienes Facebook ni Tweeter: es como si no existieras”, ironiza un personaje en Unforgettable (Mío o de nadie, Denise Di Novi, 2016).

• “¿No tienen una vida más allá del puto celular?”, dice Clint Eastwood en The mule (La mula, Eastwood, 2018).

• “¿Soy el único que no tiene esas malditas aplicaciones?”, se enoja el detective inspector Adrian Scarborough en la serie británica The Chelsea detective (2021).

Cabecita rubia: Oscar Pelliza

Bailando por las paredes en versión berreta

En una tonta comedia argentina titulada El pecado más lindo del mundo un truco elemental muestra a Mariano Vidal Molina –en su debut en cine– bailando y zapateando sobre el piso y una pared, gag que, debidamente perfeccionado como sólo Hollywood podía hacerlo, se hizo célebre a través del estadounidense Royal wedding (Boda real, Stanley Donen, 1951), en el que Fred Astaire hacía lo propio por el piso, ambas paredes y el techo, pero en colores y con lujo de producción. El argentino fue filmado en noviembre 1952, y en honor del director Don Napy es preciso agregar que el de Donen-Astaire fue lanzado en Buenos Aires tan sólo el 4.3.1953 en el Metropolitan y el Ideal, por lo cual, a no ser que lo hubieran podido ver en los EEUU o en privado, se presume una casualidad.

Jimmy Emmett

domingo, 27 de julio de 2025

ROBOS & HURTOS

Con las barberas en remojo

Días atrás en este blog (23.7) prometí contar los entretelones alrededor del argumento del film de Enrique Carreras Ritmo, amor y picardía, producido en 1954 “sobre libro de Manuel Barberá”, como rezan los títulos de crédito. Manuel Barberá (Valencia, España, 1900 / Buenos Aires, 18.12.1979), antiguo residente porteño, fue definido por La Razón (27.6.1947) como alguien “especializado en estrenar afortunadas traducciones del teatro inglés”. Su “argumento” para ese film y para la pieza teatral que lo precede fue un robo a cara descubierta, como lo dictaminó, menos de un mes más tarde del estreno, un informe de Argentores fechado 20.8.1947:

   «Pendiente de resolución el informe presentado en su oportunidad por la Subcomisión especial que tuvo a su cargo la investigación del caso configurado por la obra Un marido como hay pocos, en confrontación con la película El jactancioso, que según denuncias periodísticas sería el origen de inspiración de dicha comedia, la Junta Directiva, después de escuchar la opinión de varios de sus miembros que asistieron a título verificatorio a la exhibición privada de la película y conocieron la obra representada, declara: a) Que evidentemente surge la existencia de similitudes de situaciones y personajes, las que en virtud de su acumulación, no pueden ser consideradas meras coincidencias; b) Que ante la comprobación de esas reiteradas semejanzas la Junta Directiva aprueba el dictamen elevado por la Subcomisión especial, en cuanto las puntualiza y en consecuencia por unanimidad resuelve: 1º.- Señalar la transgresión a la ética profesional en que ha incurrido el asociado señor Manuel Barberá, al no haber declarado la procedencia de su evidente inspiración, en un trabajo teatral del que aparece como autor absoluto y original. 2º.- Sin perjuicio de las ulterioridades que pudiesen surgir, la Sociedad General de Autores de la Argentina reviste a esta resolución de un carácter admonitorio que de suyo constituye una sanción moral».


   No obstante todo lo cual, la pieza continuó siendo representada, fue publicada por la revista teatral Argentores (nº 280, del 28.2.1948) rotulada como “original” a pesar del dictamen de agosto 1947 y varios años más tarde se rodó el film como si el plagio nunca hubiera existido.

   Ahora bien: ¿qué es El jactancioso, el film mencionado en el lapidario informe de la entidad? Es una producción estadounidense de 1946, The show-off, dirigida por Harry Beaumont e interpretada por Red Skelton, Marilyn Maxwell, Marjorie Main, Virginia O’Brien, Eddie “Rochester” Anderson, Leon Ames y Marshall Thompson, que en Buenos Aires se conoció en el Metropolitan el 26.6.1947, casualmente el mismo día en que Barberá estrenaba su copia. En su reseña, el Heraldo del Cinematografista contaba su argumento: “Un jactancioso se casa y sus fanfarronadas no hacen más que ocasionarle dificultades y deudas, ante las cuales no se arredra, hasta que recibe una dura lección y se siente humillado por fin. En ese momento se entera que su intromisión le valió un excelente negocio a un cuñado y recupera su arrogancia”. La revista de Chas de Cruz sugería como frase publicitaria la siguiente: “Divertidas aventuras de un simpático charlatán, cuyo «cerebro mecánico» puso en aprietos a toda su familia”. El guión lleva la firma de George Wells y sí declaraba su origen, la pieza teatral de igual título escrita por George Kelly (1887-1974), actor, dramaturgo y director estadounidense de quien The show-off, estrenada en 1924, resultó su obra mejor conocida, seguida por Craig’s wife (1925), por la que ganó un Pulitzer. El señor Kelly –que además era el tío gay de la actriz Grace Kelly– ganó buen dinero por The show-off, en parte debido a la cesión de los derechos para cine en tres oportunidades anteriores: The show-off (Malcolm St. Clair, 1926, con Ford Sterling y Louise Brooks), Men are like that (Frank Tuttle, 1929, con Hal Skelly y Doris Hill, no estrenado en la Argentina) y The show-off (El fanfarrón, Charles F. Reisner, 1934, con Spencer Tracy y Madge Evans). Algo es seguro: uncle George jamás recibió un solo peso desde la Argentina.


   En cuanto a Barberá, su relación con el cine incluye el argumento y el guión, escritos a cuatro manos con Héctor Canziani, de Caras argentinas (Carmelo Santiago, 1938). El sitio web Wikipedia da otras fechas de nacimiento y de muerte, pero allí también se escribe que recibió el premio de Casa de las Américas por su novela Los viejos amigos (hay una con ese título, pero de Camilo José Cela) y un Konex de Platino como traductor, aunque en el historial de ambas entidades Barberá brilla por su ausencia, lo que permite dudar del resto de la información.

sábado, 26 de julio de 2025

PERFILES

Pascual

Tras la pantalla es lo que restó de un antiguo proyecto autobiográfico que atravesó varios años con títulos diversos y posibles actores, técnicos y productores pero siempre con el mismo protagonista, el distribuidor y productor Pascual Condito. Por razones tan válidas como las de cualquier otro ser humano, el “inefable” Condito (así solían mencionarlo en el Heraldo del Cinematografista en sus inicios en el gremio, aunque siempre escribían “Conditto”) se creía merecedor de un film que perpetuara sus logros en el terreno del cine. Lo consiguió a medias, en un largometraje grabado, terminado y estrenado en formato video, publicitado como “un documental sobre Pascual Condito” –que no es lo mismo que “un documental sobre Pablo Picasso”, por dar un ejemplo– y lanzado oscuramente en tres salas porteñas y una suburbana en el mismo día jueves en el que también fueron estrenados otros ocho largometrajes nacionales, marcando un récord histórico de confluencia de producciones locales en un mismo día con el resultado de que se pulverizaron las unas a las otras. Parece muy poco para lo que alguna vez quiso ser una coproducción multinacional de ficción tachonada de estrellas.


   Como sea, y puesto que ese video –como la mayor parte de los 179 estrenados durante 2015– ya era parte del pasado una semana después, parece pertinente recordar algunos aspectos de la vida y la obra de Pasquale Condito, un calabrés de la provincia de Catanzaro nacido el 18.8.1947 y radicado desde sus cinco años en la Argentina, donde fue peón en la fábrica automotriz FATE mientras en sus horas libres juntaba fotos de films, hobby que lo tornó una cara familiar en el barrio del cine dando paso a su siguiente actividad, la de alquilar a precio fijo films para niños que programaba en salas parroquiales.

   Pascual se hizo da solo en el competitivo mundillo de las distribuidoras. En épocas de la cruel censura de Miguel Tato conseguía copias completas de films que habían sido mutilados y las exhibía en la trasnoche de los sábados en salas bonaerenses como la del Ciudadela. La primera información periodística sobre su persona fue publicada en el Heraldo en la página 140 de la colección 1980: daba cuenta de que “el activo y dinámico programista” había adquirido, en sociedad con Juan Carlos Fisner, los derechos de reestreno de un viejo film que la revista menciona como “De profesión bígamo” pero que en realidad había sido estrenado el 18.1.1973 como Profesión bígamo; sólo que en 1973 su atractivo comercial residía en Lando Buzzanca y en 1980 en una actriz secundaria que, tantos años después, había renacido gracias a la TV convirtiéndose en una súper estrella llamada Raffaella Carrà. Esa y otra reposición, la de La piel de Satanás, fueron su discreta introducción en el gremio.


   Ese mismo año 1980 Pascual pasó a tener su propia, modesta empresa a la que bautizó Italsur SA con local en Ríobamba 512 y cuyo primer estreno fue una añeja producción de bajo presupuesto, Carnada humana, lanzada el 3.4.1980 en el Arizona, viejo cine de la calle Lavalle especializado en films de acción en el que Condito presentará sus productos durante largos años. Ese material alternaba karatekas, Al Adamsons, algunos reestrenos y animación japonesa para niños hasta que, tras apenas dos estrenos en 1980 y cinco en el primer semestre de 1981, da en el clavo y el 2.7.1981 lanza en el Arizona Ojo con la viuda, primero de una seguidilla de comedias picarescas italianas de segunda línea que serán el punto neurálgico, el filón de su stock en los años siguientes, títulos como Yo, papá y la mucama, Las colegialas quieren aprender e Intimidades en una cárcel de mujeres, que estimulaban el morbo de los “valijeros” de la calle Lavalle antes del advenimiento del porno hardcore. En su defensa cabe apuntar que no fue el único: empresas tan mainstreem como Aries (Ayala & Olivera), Eurocine (Luisito La Valle), Centuria (de los hermanos Di Maio) y Vicente Vigo, entre otras, también ofrecían ese tipo de comedias italianas ligeras de cascos.

   Aunque todavía estrenará un puñado de films bajo el sello Italsur, desde finales de 1983 Pascual –a quien casi nadie en el gremio llama Condito– operó a través de Lucian Films SA y en un nuevo local en Lavalle 1911, pegado al que durante años detentaron Armando Bo e Isabel Sarli. El primer lanzamiento de Lucian fue, el 3.11.1983, más de lo mismo: Rojo de sangre, en tanto el primero de origen nacional fue uno de sus ex vecinos, Insaciable, prohibido durante muchos años, tantos que Armando murió sin poder verlo estrenado en su país. Con el dibujo animado Ico –El caballito valiente–, él y todos los involucrados en el negocio metieron un golazo: 827.886 espectadores en todo el país, el film argentino más taquillero de 1987, lo mismo que con un documental por el que nadie hubiera apostado una moneda pero que resultó una sorpresa convirtiéndose en el segundo film argentino más taquillero de 1988, con 513.497 espectadores en todo el país: Expedición Atlantis. En esos años creció su subsidiaria Lucian Films SA Video.

Como "actor" en El perro

   Entre interminables masajistas, colegialas, sobrinas y doctoras acosadas, violentadas, complacientes y perversas de variado pelaje, y acaso sin proponérselo, a Pascual se le colaba algún film de calidad, como Confesiones de un maníaco sexual; el documental de los Stones Let’s spend the night togheter; Los amos de la noche, que había estado prohibido por la censura y que logró estrenar tan sólo el 15.8.1985; Pascual Duarte y Juegos peligrosos, ganador del Oscar al film en idioma extranjero, además de algunos giallos estimables de Dario Argento y de Lucio Fulci. Por otra parte, y aunque no eran precisamente “de calidad”, se le agradece a Pascual el haber estrenado un par de los pocos films conocidos en la Argentina del más prolífico y el más bizarro de los realizadores de la serie B, nadie menos que Jesús Franco: El Infierno de los sentidos y Confesiones prohibidas de una monja.

   A comienzos de los 90 inauguró nuevo sello, LV Films SA, que levantó la puntería ofreciendo, entre otros, Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, Grito de libertad (uno de los films pioneros en ser comercializados en cines en copias VHS), Danzón y el estupendo Henry, retrato de un asesino, asimismo lanzado en video. El creciente auge de ese nuevo formato logró que Condito le dedicara su mayor esfuerzo. Se entiende: salvo las honrosas excepciones apuntadas, el grueso del material que importaba ya no se producía, puesto que los cines que solían exhibirlo, las “piojeras”, iban desapareciendo, reemplazados por los porno y... el video. Entre 1993 y 1997 no lanzó film alguno en salas de cine, pero en esos cinco años se le animó a la producción bajo el sello Orler SA, que produjo tres films: La cruz, Bajo bandera y El viento se llevó lo que.

   Reapareció en el terreno de la distribución presentando el 5.2.1998 la producción inglesa Tocando el viento, y lo hizo a través de un sello nuevo, Cinemanía Film Group SA, que debió resignar casi de inmediato porque no se dio cuenta –o se hizo el distraído– de que Cinemanía era el nombre de la productora histórica de nadie menos que Luis Puenzo, quien, razonablemente, se lo recordó. Sin embargo, Cinemanía ofreció dieciocho estrenos en 1998 y, dando un giro de timón respecto de su autodenominado “vergonzante pasado”, casi todos films de qualité de directores como Ripstein, Mike Leigh, Kiarostami, Winterbottom, Imamura, Guédiguian, Angelopoulos y Manoel de Oliveira, ¡y todos en fílmico!: durante un tiempo sus amigos estuvieron un tanto desconcertados. Su siguiente distribuidora, Primer Plano Film Group SA, debutó el 4.2.1999 estrenando la horrorosa marihuanada aborigen La noche del coyote, que por fortuna desapareció en otra noche, la del tiempo.

   Desde entonces Pascual lanzó una impresionante cantidad de films, con mayoría de argentinos; coprodujo algunos de ellos; apareció en pequeñas partes en casi todos; importó films de, entre otros, Resnais, Kiarostami (funesta moda que desapareció con rapidez), Hirokazu Kore-eda, Sókurov, Radu Mihaileanu, Rohmer, Kitano, Altman, Lizzani, Tsai Ming-lian, Wenders, Doris Dörrie, Cantet, los Taviani, Bruno Dumont, Patrice Chéreau, Scola, Alex de la Iglesia, Cuerda, Ozon (lanzó dos films suyos con un mes de diferencia entre ambos), Saura, Garci, Ioseliani y un largo etcétera con el que emuló las pasadas proezas de su brillante antecesor Néstor Gaffet; exportó numerosos films nacionales, actividad con la que –dicen los que saben– ganaba mucho más dinero que con sus actividades regulares; luchó cuerpo a cuerpo en pos de reivindicaciones gremiales y societarias; tuvo una hija (Luciana) que estuvo al frente del área de Prensa de la empresa familiar, un hijo (Nicolás) que actúa desde niño sin haber logrado el tan ansiado estrellato y otra hija (Rosa) que cuando era bebé fue la contrafigura del bebé principal de Tres alegres fugitivos; tuvo siempre a su lado, como desde sus comienzos, a José, su fiel hermano menor (o Giuseppe, como figura en los créditos de Otro corazón, del que fue productor asociado); engordó de prosperidad con el resultado de lucir más petiso de lo que era y, en contrapartida, elevó su ego a alturas impensadas, como bien lo demuestra Tras la pantalla. Y, por si no bastara, protagonizó otro vehículo autobiográfico, el ciclo televisivo Vida de película (desde marzo 2017 por el Canal 7), una hora diaria sobre idea suya en el que Pascual Condito fue interpretado en su juventud por… Nicolás Condito.

Los Condito en un cortometraje

   Tras la pantalla, mientras tanto, resultó una aburrida seguidilla de secuencias en las que Pascual recibe visitas o habla por teléfono en su oficina mientras la cámara está como atornillada al piso siempre en el mismo punto de la habitación y el compaginador ocupado montando algún otro film, todo ello pautado por varias menciones a Cinema Paradiso, a una conversación con su connacional Italo Damiano Berlingieri en el microcine conocido como “lo de Vigo” y charlas diversas, profesionales y familiares, en las que el único tema es el cine (su distribución y exhibición), lo cual deja fuera a una considerable cantidad de posibles espectadores. El climax, por así decirlo, es la mudanza de su último domicilio en el barrio del cine, en el local de Riobamba 477 en el que antiguamente funcionaban la administración y el microcine de los laboratorios Tecnofilm, aunque también interesan los paseos por los alrededores de Lavalle y Ayacucho que convocan la principal motivación del film todo, la nostalgia. Pascual mismo pasó a ser nostalgia después del 17.3.2022.

   Coda: en su 18º largometraje, titulado 10 momentos de felicidad (2007), Raúl Perrone se superó a sí mismo, ya que no sólo nunca fue lanzado en cines, como gran parte de los anteriores, sino que tampoco fue exhibido en festivales, ¡ni siquiera en el BAFICI!, lo cual debe haber resultado muy frustrante para Pascual, quien luego de infinidad de apariciones amistosas en films en los que invertía en tanto productor y/o distribuidor para darse el gusto de aparecer lo que dura un pestañeo, y cuando ¡por fin! alcanzó su tan anhelado protagónico animando al ex boxeador “Tigre” Galván, nadie lo pudo ver ni aplaudir ni felicitar como hubiera deseado.

OTROS FILMS MENCIONADOS
Bajo bandera / Oltre la giustizia (Juan José Jusid, A/I, 1997)
Brassed off (Tocando el viento, Mark Herman, GB, 1996)
La cameriera (Yo, papá y la mucama, Roberto Bianchi Montero, I, 1974)
Christine, princesse de l’erotisme / I desideri erotici di Christine (El Infierno de los sentidos, Jess Franco [Jesús Franco], F/I, 1971)
Cinque bambole per la luna d’agosto (Confesiones de un maníaco sexual, Mario Bava, I, 1968)
Clase mista (Las colegialas quieren aprender, Mariano Laurenti, I, 1976)
La cruz / La croix d’Alfredo (Alejandro Agresti, A/F, 1996)
Danzón (idem, María Novaro, MX/E, 1991)
La diagonale du fou (Juegos peligrosos, Richard Dembo, SZ, 1983)
Diario segreto di un carcere femminile (Intimidades en una cárcel de mujeres, Renzo Di Silvestro, I, 1973)
Eijanaika (Grito de libertad, Shohei Imamura, JP, 1981)
Expedición Atlantis (Alfredo Barragán, 1983-1984)
Henry, portrait of a serial killer (Henry, retrato de un asesino, John McNaughton, EEUU, 1986)
The hitchhickers (Carnada humana, Beverly Sebastian y Fred Sebastian, EEUU, 1971)
Ico, el caballito valiente (García Ferré, 1978-1981)
Insaciable (Armando Bo, 1976)
Let’s spend the night togheter (idem, Hal Ashby, EEUU, 1982)
Die liebesbriefe eine portugiesischen nonne (Confesiones prohibidas de una monja, Clifford Brown [Jesús Franco], SZ/RFA, 1976)
La noche del coyote / The night of the coyote (Iván Entel, A/EEUU, 1997)
Nuovo Cinema Paradiso / Cinéma Paradiso (Cinema Paradiso, Giuseppe Tornatore, I/F, 1988)
Occhio alla vedova! (Ojo con la viuda, Sergio Pastore, I, 1975)
Otro corazón (Tomás Sánchez, 2010)
Pascual Duarte (idem, Ricardo Franco, E, 1975)
Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (idem, Pedro Almodóvar, E, 1979)
El perro (Carlos Sorín, A/E, 2003)

Rosso sangue (Rojo de sangre, Peter Newton [Aristide Massaccesi], I, 1981)
Satan’s skin (La piel de Satanás, Piers Haggard, GB, 1971)
Tras la pantalla (Marcos Martínez, 2008-2009)
Tres alegres fugitivos (Enrique Dawi, 1988)
El viento se llevó lo que / Le vent en emporte autant / Door de wind gejaagd / El viento se llevó lo que / L’ultimo cinema del mondo (Alejandro Agresti, A/F/HOL/E/I, 1997-1998)
The Warriors (Los amos de la noche, Walter Hill, EEUU, 1979)
Warum hab’ich bloß 2 x ja gesagt / Professione bigamo
(Profesión bígamo, François Legrand [Franz Antel], RFA/I, 1969)

viernes, 25 de julio de 2025

DINASTIAS

Los Campoy & los Cibrián

“Después de haber pisado un escenario, todo estado es pobreza”.
Mimí Pons, Clarín, agosto 2020.

Familias ensambladas: raíces españolas, residencia y actividades en España, en México y en la Argentina con escapadas a Portugal y a Cuba. La mayor parte de ellos de una gran popularidad, asentada sobre talentos interpretativos ciertos y por demás demostrados.


Los Campoy

Salvo error u omisión, todo parece haber comenzado con los hermanos Pepita Campoy, soprano, y Ernesto Campoy, apuntador, representante de artistas y en ocasiones actor, como cuando en 1917 integró la compañía de Ernesto Vilches. Ernesto casó con Anita Tormo (-1940), quien “a sus grandes aptitudes de actriz, une el privilegio de ser también una excelente escritora de temperamento sencillo y sensible, candoroso como la nobleza que se refleja en su rostro” (Diario Marroquí, 21.11.1928): el cronista se refería a Una comedia para mujeres, estrenada por la compañía que Tormo encabezaba con Antonio Dieguez. Fue “Ophelia” en una producción de Hamlet montada por la compañía de Ricardo Calvo (Costa Rica, 1925), y en el cine destacaba en el doblaje en los primeros años del sonoro: en el único film en el que consta su actuación fue fotografiada por José María Beltrán, quien luego destacaría en el cine argentino.

   Campoy y Tormo parieron dos hijas actrices, cuyas carreras ofrecen un tajante contraste. Sin ánimo de menosprecio, es un hecho cierto que en toda familia de artistas en cualquier lugar del mundo siempre hay alguien que queda a un costado de la ruta en la eterna carrera por el éxito. En este caso fue la menor, la valenciana Carmen Campoy (1930-2023), quien debe ser considerada como una actriz argentina pues hizo aquí toda su carrera en personajes secundarios, mayormente en teatro y TV con menor destaque en el cine, medio en el que debutó siendo una niña, en ¡Nosotros somos así! (1936), cortometraje de orientación anarquista en el que era presentada en el 2º puesto entre un grupo de niños: el film fue producido por la SIE Films, división del Sindicato de la Industria del Espectáculo barcelonés, que también produjo Aurora de esperanza y Barrios bajos, films en los que actúan otros miembros de esta dinastía.

Especialista en señoras: Juan Carlos Thorry y AMC

   El destino de su hermana mayor sería bien distinto. Nacida al acaso de una gira, Ana María Campoy (Bogotá, Colombia, 26.7.1925 / Buenos Aires, 8.7.2006) llegó a ser una súper estrella del cine de habla castellana, pero ya en su primer film, en 1936, figuraba en el 4º puesto en los títulos de crédito, mientras su padre aparecía en el 11º. En más de un reportaje insistió en que en Europa había filmado 27 largometrajes, pero lo cierto es que fueron 17, incluyendo uno que hizo en México: acometió personajes secundarios en la mayor parte de ellos, hasta que Ladislao Vajda fue quien mejor canalizó sus aptitudes convirtiéndola en estrella. Su primer protagónico lo hizo en Portugal, en el espléndido melodrama Cais de Sodré. Sin embargo, su filmografía argentina no solo es escasa sino, salvo un par de excepciones, irrelevante, en especial si se la compara con la enorme cantidad de piezas teatrales y ciclos televisivos en los que intervino, por lo general en pareja con (o dirigida por) su esposo. Sin duda alguna, el mejor de todos sus films locales resultó Especialista en señoras, que hizo a poco de haber llegado al país: su personaje, “Mónica Cramer”, es el más estable de los variados “asuntos” del médico Juan Carlos Thorry, cuyo fulminante casamiento (con otra, claro está) desata su furia (“¡¡Tú ya me conoces...!!”, amenaza); allí, Campoy despliega todo su enorme talento para la comedia, siendo memorable su escena del ataque de locura, que el director acompaña con un travelling que permite a la actriz jugar libremente su desborde.

Los Cibrián

Mientras tanto, en un pueblo en la zona española de la región llamada País Vasco, nacía Benito Cibrián (Benito Cibrián Azcárate; San Pedro, Navarra, 1889 / Buenos Aires, 1974), activo desde 1905 cuando, siendo aún adolescente, fue contratado para integrar la compañía de Enrique Arellano y Angela Tesada. También escritor, ha publicado el “juguete cómico” La coma es un punto (1926) y estrenado varias piezas teatrales, por una de las cuales, El paraíso fascista (1937), fue condenado a muerte (en ausencia) por el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo, organismo creado por el dictador Francisco Franco. Cibrián casó con Pepita Meliá (Josefina Meliá Vidal; Alicante, Alicante, 1893 / Buenos Aires, 29.10.1990), que actuaba como tiple del teatro Eslava en la primera década del siglo XX y como tal le cupo el honor de integrar el elenco que estrenó la célebre zarzuela La corte de faraón.

Esta tierra es mía: Ricardo Trigo, Mario Soffici y BC

   Ya desde antes de la boda Cibrián y Meliá actuaban juntos, y en la segunda década del siglo XX se registra su paso por la Argentina, integrando compañías españolas en gira permanente: la de Rogelio Juárez (debut: 16.4.1914 en el Teatro de la Comedia) que, entre otros, integraban Dolores Membrives –cuando aún no era Lola–, su esposo Juan Reforzo y nadie menos que el futuro escritor Miguel Mihura; la de Miguel Lamas (debut: 12.1.1916 en el Teatro de la Comedia), que produjo en su torno un acontecimiento social, puesto que el miércoles 2.2.1916 “a las 2 de la tarde” contrajeron enlace Meliá y Cibrián, artistas ambos “que pertenecen al Comedia y cuentan con simpatías entre el público”, según un suelto en la sección Teatros y Artistas del diario Tribuna del día siguiente; y otra vez la de Juárez (debut: 1916 en el Teatro de la Opera), con Membrives, María Tubau y Amparo Astort. En medio de esas fatigosas, interminables giras, Benito debutó en cine, en la producción muda Tierra argentina.

   Durante la República, la compañía Cibrián-Meliá fue conocida bajo el rubro Compañía de Comedias del Frente Popular, algunas de las cuales escribía Benito mismo. Con el triunfo del franquismo, emigraron a México primero y a la Argentina no mucho después. [Acerca de la actividad teatral de la pareja, se recomienda la lectura del dossier “Crónica teatral de las compañías republicanas en México durante la Guerra Civil Española: Díaz-Collado y Meliá-Cibrián”, por Rosa Peralta Gilabert, en www.resad.es/acotaciones/acotaciones25/cronicas_r_peralta_g.pdf]. En México hicieron teatro y algo de cine, muy poco: el afiche de El amor abrió los ojos define a Pepita como la “máxima actriz del teatro español”.

   A la Argentina llegaron siguiendo a su hijo y a su nuera, a comienzos de los 50: ya en julio encabezaron una gira nacional haciendo el mega éxito de aquellos días, Los árboles mueren de pie, secundados por Myriam de Urquijo y Andrés Mejuto. Benito desarrolló una carrera paralela como director de puesta en escena de las compañías Elina Colomer-Alberto Dalbes (Patagonia, 1956) y Diana Cortesina-Alfonso Estela (Pequeño Teatro, 1961), entre otras; además, le cupo el honor de dirigir la obra con la que el 11.10.1961 fue inaugurado el teatro Castelao (Moreno 2180, del Centro Gallego), La mariposa y el ingeniero, de Joaquín Calvo Sotelo. Hicieron un puñado de films, además, en personajes secundarios: él destacó en Esta tierra es mía; ella, sin que a nadie pareciera importarle su marcado acento español, fue nada menos que la condesa Vronski de Tólstoi en Amor prohibido.

Amor prohibido: Jorge Mistral, PM y Zully Moreno

   A juzgar por la fecha de nacimiento de su hijo, tal parece que el casamiento fue “de apuro”, sin que este detalle signifique otra cosa (¡a estas alturas!) que, precisamente, un “detalle”. En efecto, José Cibrián (José Rafael Cibrián Meliá; Buenos Aires, 25.2.1916 / 28.12.2002) fue argentino porque sus padres estaban entonces actuando en Buenos Aires, aunque pasó su infancia en España e inició su carrera artística en México. En el DF filmó en abundancia y saltó a la popularidad tras su primer protagónico (el nombre antes del título) nada menos que haciendo a Jesucristo, lo que le valió una lluvia de contratos traducida en cinco largometrajes en 1943 y seis en 1944. Actor a tiempo completo, pero también director teatral y televisivo, empresario de compañía, animador televisivo, en su vejez ejecutivo del Canal 9 de TV, la trayectoria de Cibrián es impresionante e incluye algunos hitos: dirigió una versión de Othello (Canal 7, 1956), puso en escena My fair lady con Rosita Quintana y él mismo (El Nacional, 1961). En la Argentina continuó haciendo cine, por lo general comedias ligeras en las que destacaba por su timing y por la elegancia con que dotaba a sus personajes: ofreció un notable nieto vividor de Los árboles mueren de pie, pero fue Daniel Tinayre quien lo sacó de la frivolidad con sendos personajes dramáticos consecutivos en La patota, en La Cigarra no es un bicho y en Extraña ternura. Dicho sea de paso, fue primero esposo de Mirtha Legrand (en El pendiente) y luego su padre (en La patota).

La hermosa mentira: JC y Lolita Torres

Los Campoy-Cibrián

Se habían conocido siendo muy jovencitos, en España, pero fue al coincidir en México cuando se inició el romance que culminaría en casamiento (Guatemala, febrero 1947, en medio de una gira continental, por supuesto). Llegaron a Buenos Aires en diciembre 1949 y muy pronto, el 10.3.1950, debutaron en el teatro Buenos Aires con una producción de Una página en blanco, de Enrique Suárez de Deza, que resultó un fracaso, de inmediato revertido con otra comedia, y con otra, y con otra… Nunca pararon de trabajar, casi siempre juntos en todos los medios disponibles. Fueron pioneros en la TV, con infinidad de ciclos de comedias y de piezas teatrales, pero no se privaron de un programa de preguntas y respuestas, Ser y no ser (Canal 13, 1961) que él conducía mientras ella, con Esteban Serrador y Abel Santa Cruz, integraba el panel de jurados, así mencionado por los diarios, “el panel”: tal vez Campoy fue la primera panelista de la televisión, que hoy devinieron plaga. Ella destacó haciendo la Candida de Shaw (Canal 13, 19.8.1961), dirigida por David Stivel, y años después en el de aquella actriz del montón que todo el tiempo aspiraba a hacer “un Chéjov”.

   En medio de aquella gira iniciada en México nació Pepe Cibrián (José Cibrián Campoy; La Habana, Cuba, 13.5.1948), “Pepito”, para diferenciarse de “Pepe”, su padre. Actor, comediógrafo, director teatral, antes de cumplir sus 2 años ya vivía en Buenos Aires, donde se naturalizó argentino. La mayor parte de su trayectoria la consagró al teatro, con especialización en la comedia musical, en menor medida a la TV y en muchísima menor medida al cine, donde durante el siglo XX sólo intervino como actor en un personaje episódico de una producción mexicana protagonizada por la popularísima María Elena Velasco “La India María”, verdadero fenómeno de taquillas en el interior de aquel país, film en el que figura acreditado en el puesto nº 8. En el cine argentino, en cambio, su presencia es irrelevante.


   Aunque en su lejana vida juvenil se casó con una mujer (la actriz Ana María Cores), Pepe destacará, en su vida personal pero nunca privada, por erigirse en un referente de la mariconería del espectáculo aborigen, algo muy difícil de conseguir atendiendo la feroz competencia: fue pionero en lo que se ha dado en llamar “matrimonio igualitario” (que en su caso debería utilizar el plural), se ha echado encima toda la bijouterie heredada de su madre y de la tía Carmen –a la que, justo es rescatarlo, cuidó en su casa hasta que murió–, ha militado su preferencia sexual escribiendo la pieza ¡Habla marica!, pero –gran merecimiento gran– nunca quiso “autopercibirse” mujer.

   Y, como toda familia que se precie, también ésta tuvo una “oveja negra”, Roberto Cibrián Campoy (n. 1958), quien nunca aspiró, tampoco él, a “hacer un Chéjov”, ni tan siquiera “un Sofovich”: eligió otro camino.

FILMOGRAFIAS

Ernesto Campoy

En España: Barrios bajos (Pedro Puche, 1936: no acreditado), Aurora de esperanza (Antonio Sau, 1936) y Aquel viejo molino… (idem, Ignacio F. Iquino, 1946).

Anita Tormo

En España: Barrios bajos (Pedro Puche, 1936).

Benito Cibrián

En la Argentina: Tierra argentina (Enrique Salas Urroca, 1915-1916) – En México: Su gran ilusión (Su ilusión, Mauricio Magdaleno, 1944) – En la Argentina: Pasó en mi barrio (Mario Soffici, 1951), Ellos nos hicieron así (Soffici, 1952), Sucedió en Buenos Aires (Enrique Cahan Salaberry, 1954), El amor nunca muere (Luis César Amadori, 1955: BC interviene en el 3º episodio), El juramento de Lagardere (León Klimovsky, 1955), Las apariencias engañan (Carlos Rinaldi, 1955) y Esta tierra es mía (Hugo del Carril, 1960).

Pepita Meliá

En México: El amor abrió los ojos (La galleguita, Raphael J. Sevilla, 1946) y Los siete niños de Ecija y El secreto de Juan Palomo (Miguel Morayta, 1946, filmados al mismo tiempo) – En la Argentina: El juramento de Lagardere (León Klimovsky, 1955), Amor prohibido (Luis César Amadori, 1955), Cubitos de hielo (Juan Sires, 1956), Alamos talados (Catrano Catrani, 1959) y Los inocentes (J. A. Bardem, A/E, 1962).

Ana María Campoy

En España: Aurora de esperanza (Antonio Sau, 1936), La madre guapa (Félix de Pomés, 1941), Su hermano y él (Luis Marquina, 1941), Un marido a precio fijo (idem, Gonzalo Delgrás, 1941-1942), Huella de luz (idem, Rafael Gil, 1942), Doce Lunas de Miel (idem, Ladislao Vajda, 1943), Tuvo la culpa Adán (Juan de Orduña, 1943), Paraíso sin Eva (Sabino A. Micón, 1944), Ella, él y sus millones (Mi mujer es un negocio, Orduña, 1944), Espronceda (Los amores de Espronceda, Fernán [Fernando Alonso Casares], 1944) y El testamento del virrey (idem, Vajda, 1944) – En Portugal: Cais do Sodré (Alejandro Perla, 1945) – En España: Un hombre de negocios (Mi tío de La Habana, Luis Lucía, 1945), Tierra sedienta (Gil, 1945), Es peligroso asomarse al exterior / E perigoso debruçarse… (Alejandro Ulloa, E/POR, 1945) y Cinco lobitos / O Diabo são elas… (Vajda, E/POR, 1945) – En México: Cinco rostros de mujer (idem, Gilberto Martínez Solares, 1946) – En la Argentina: El extraño caso del hombre y la bestia (Mario Soffici, 1950), Especialista en señoras (Enrique Cahen Salaberry, 1951), Siete gritos en el mar (Enrique Carreras, 1954), Con el más puro amor (Jorge E. Cromberg, 1955: AMC aparece en el episodio Historia del chivo), Cubitos de hielo (Juan Sires, 1956), Placeres conyugales / Las mujeres los prefieren tontos (Luis Saslavsky, A/E, 1963), Las pirañas / La boutique (Luis G. Berlanga, A/E, 1967), Juan que reía (Carlos Galettini, 1976) y Las lobas (Aníbal Di Salvo, 1986).
José Cibrián:

En México: Amor de mis amores (René Cardona, 1940), Jesús de Nazareth (idem, José Díaz Morales, 1942), Santa (idem, Norman Foster, 1943, reestrenado en la Argentina en 1952 con otro título: El destino de una pecadora), El hombre de la máscara de hierro (idem, Marco Aurelio Galindo, 1943), El globo de Cantolla (idem, Gilberto Martínez Solares, 1943), Tribunal de justicia (Alejandro Galindo, 1943), Así son ellas (idem, Martínez Solares, 1943), La monja alférez (idem, Emilio Gómez Muriel, 1944), La hija del regimiento (idem, Jaime Salvador, 1944), La trepadora (idem, Martínez Solares, 1944), El secreto de la solterona (idem, Miguel M. Delgado, 1944), Más allá del amor (idem, Adolfo Fernández Bustamante, 1944), Su gran ilusión (Su ilusión, Mauricio Magdaleno, 1944), Soltera y con gemelos (idem, Salvador, 1945), El desquite (Roberto Ratti, 1945), El puente del castigo (Chano Urueta, 1945), La mujer que quiere a dos (Víctor Urruchúa, 1945), Los maridos engañan de 7 a 9 (idem, Fernando Cortés, 1946) y No te cases con mi mujer (idem, Cortés, 1946) – En Cuba: Como tú, ninguna (Ratti, 1946) – En la Argentina: El extraño caso del hombre y la bestia (Mario Soffici, 1950), Los árboles mueren de pie (Carlos Schlieper, 1950), Escándalo nocturno (Juan Carlos Thorry, 1950-1951), El pendiente (León Klimovsky, 1951), Reportaje en el Infierno (Román Viñoly Barreto, 1951), La noche de Venus (Virgilio Muguerza, 1954), Con el más puro amor (Jorge E. Cromberg, 1955: JC actúa en el episodio Historia del chivo), Enigma de mujer (Enrique Cahen Salaberry, 1955), Cubitos de hielo (Juan Sires, 1956), La hermosa mentira (Julio Saraceni, 1957), La patota (Daniel Tinayre, 1960), La Cigarra no es un bicho (Tinayre, 1962), Extraña ternura (Tinayre, 1963-1964), Los debutantes en el amor (Leo Fleider, 1969), Pájaro Loco (Lucas Demare, 1970) y Gran Valor en la Facultad de Medicina (Enrique Cahen Salaberry, 1981).

Carmen Campoy

En España: ¡Nosotros somos así! (Valentín R. González, 1936, mediometraje), La chica del gato (Ramón Quadreny, 1942) y Aquel viejo molino… (idem, Ignacio F. Iquino, 1946) – En la Argentina: Especialista en señoras (Enrique Cahen Salaberry, 1951), La casa grande (Leo Fleider, 1952), Por cuatro días locos (Julio Saraceni, 1953), Mi marido y mi novio (Carlos Schlieper, 1954-1955), Escuela de sirenas y tiburones (Enrique Carreras, 1955) y Mi marido hoy duerme en casa (Carreras, 1955).

Pepe Cibrián:

En México: El miedo no anda en burro (Fernando Cortés, 1973: acreditado como José Cibrián Jr.) – En la Argentina: Se acabó el curro / Compre antes que se acabe (Carlos Galettini, A/PE, 1983: letrista de la canción A vos ciudad, con música de Luis María Serra (m), cantada por Dalma Millevos), Un día en el Paraíso (Juan Bautista Stagnaro, 2003: acreditado como Pepe Cibrián Campoy), Blackie –Una vida en blanco y negro– (Alberto Ponce, 2011: testimoniante, acreditado como Pepe Cibrián Campoy) y El espejo de los otros (Marcos Carnevale, 2015).

NO-FILMS Zama Antonio Di Benedetto (Mendoza, MZ, 1922 / Buenos Aires, 10.10.1986) nunca tuvo suerte en el cine. Su primer contacto lo es...