PERFILES / TEMAS / EN PRIMERA PERSONA
Juanito from Rosario, el cazador de chongos
“Mi
antigua niñera española decía que la mitad del mundose
hundiría al instante si todo el mundo dijera lo que sabe”.Jennifer Jones en Beat the Devil (1953).
A
pesar de que este blog indica con
claridad su temática, ajustada además a un determinado período de tiempo, me
permito, en ocasiones, alguna que otra escapada a la normativa, palabreja ésta
muy cara a mis amigos los semiólogos. El personaje del que voy a escribir sólo
rozó la actividad cinematográfica, pero lo suficiente como para que sirva a
manera de excusa para escribir sobre él y sobre una de sus variadas, intensas
actividades. Cozarinsky lo catalogaría con una de sus palabras favoritas además
de “tácito” y “flâneur”:
“desplazado”. Juanito Belmonte fue un actor que el cine desplazó.
Era rosarino, se llamaba Juan Félix Berón,
nació en 1933, murió en 2012 y tenía una hermana llamada Paula Gales que
cantaba tangos. Era de la barra de Alberto Olmedo y de Pancho Guerrero y bajó a
la big city casi al mismo tiempo que
ellos, hacia mediados de los 50. En su ciudad natal hacía de claque en el teatro La Comedia y fue
allí donde conoció a Olmedo. Aspiraba a ser actor, y por un tiempo lo
consiguió: cuando Pancho se afianzó como director de cámaras en el Canal 7,
Juanito tuvo cierto destaque, aunque siempre en personajes secundarios en una
diversidad de programas de entre finales de los 50 y comienzos de los 60; datos
precisos (títulos, colegas, géneros) pueden ser consultados en los libros de
Jorge Nielsen, especie de summa de
ese particular. A Olmedo le encantaba mariconear y lo hacía
con frecuencia en sus programas televisivos, mostrando gestos y actitudes que
había aprendido de su amigo e incluso lo mencionaba con asiduidad, hasta que un
día tal parece que Juanito se hinchó y le prohibió seguir haciéndolo.
Su gran momento en cine se produjo en La pérgola de las flores, dinámica y entretenida adaptación de la encantadora comedia musical chilena de Isidora Aguirre y Pancho Flores, otra de las múltiples variantes de Romeo and Juliet. Allí Juanito actuaba, cantaba y bailaba en el rol del urbanista “Pin Pín Valenzuela”, sobrino de “Laura Larraín, viuda de Valenzuela” (Beatriz Bonnet): cantaba un fox-trot secundado por Teresa Blasco y María Antonia Tejedor más bailarines y coro; lo hacía con mucha gracia y algo de amaneramiento que resultaba pertinente para ese personaje que en las representaciones teatrales arrancaba aplausos fervorosos. En el estreno en Santiago (abril 1960) lo interpretó Fernando Colina y en el montaje argentino en Caminito (diciembre 1964, al mismo tiempo que el film era producido) fue Jorge Luz quien lo recreó.
Sin
embargo, la actuación le sería esquiva: aparte su menguante talento, no había
una diversidad de personajes en los cuales encajar su personalidad. Entonces,
se reconfiguró como agente de Prensa, RRPP, organizador de desfiles de moda y publicista
de artistas, con Enrique Pinti como el más representativo de todos, con quien
era, además, “culo y calzón”, así de amigos eran. A mediados de los 70 acompañó
a Gasalla y Perciavalle en su frustrada gira por España. Años más tarde impulsó
la carrera de dos muchachos que más adelante serían populares con los nombres
Cris Miró y Florencia de la Vega (luego Florencia de la V, luego Flor de la V,
pronto… quién sabe).
“Es
más fácil enamorar a un hétero con novia que a un gay soltero”.Adrián Molina, FaceBook, 9.10.2025.
Su última aparición en cine se registra en un
subproducto titulado El mundo es de los
jóvenes, que si por algo resulta memorable es por un detalle que convoca la
memoria del chimentero “entendido”: en su elenco coinciden un cantautor y un
deportista, ambos en su debut en un film, con quienes en aquellos días Juanito
conformaba un triángulo sexual –no amoroso ni mucho menos romántico– cuyo eje
era él y en el cual el cantautor “tocaba” y se iba en tanto el deportista fue,
por un tiempo muy largo y hasta su casamiento con una mujer, su “chongo”
oficial. Entre amigos, Juanito contaba que la mujer en cuestión lo llamaba para
insultarlo, y él le respondía diciéndole: “Todo
lo que te haga en la cama lo aprendió conmigo”. Otro de sus “asuntos” fue
un actor al que me presentó cuando coincidimos en la playa del Provincial un
día de los primeros 70: alto, buen cuerpo, en verdad magnífico, ese actor
integró en los 80 la barra televisiva de Olmedo y su relación con Juanito era tan
sabida que en un sketch (no me lo
contaron: lo vi) Divina Gloria le mandó un “¡soplanucas!” que hizo estallar de
risa a todo el estudio, incluyendo al acusado.
La actriz
Florencia Peña dijo públicamente alguna vez que Marley era el mayor proveedor de
chongos del ambiente artístico. Ignoro si lo conoció a Juanito, que vivía
rodeado de ellos. Entiendo que ese término nació en los teatros de revistas y
se aplicaba a los muchachos que pasaban a buscar a las coristas luego de la
función y que más adelante pasaron a buscar a los boys, hasta que los años confinaron esa palabra al ambiente gay: el chongo pasó a serlo de alguna
“loca”. Recuerdo una función especial de un espectáculo de Pinti en el Liceo,
festejando algún número redondo de representaciones de uno de sus espectáculos:
en el palco izquierdo sobre el escenario Enrique y Juanito amontonaron a sus
favoritos, quienes al finalizar la función no tuvieron empacho en cantarle a
viva voz “somos los chongos de Enrique”.
“Festejo” era palabra constante en su vida, y cualquier pretexto era
bienvenido.
También
eran memorables las noches en el Edelweiss luego de la función: una mesa como
para ocho o diez personas estaba siempre esperando Juanito, a Enrique y a su
representante Cipe Fridman más i soliti
ignoti muy masculinos y muy cariñosos. [Fernando Ayala se anticipó a esa
imagen años antes en una secuencia de Primero
yo (1963), en la que a la mesa presidida por un maduro homosexual (Carlos
Muñoz) se acercan a saludarlo dos muy evidentes chongos]. Lo viví en persona:
para mi cumpleaños número 50 invité a más amigos de los que cabían en mi tres
ambientes, incluyendo a Enrique y a Juanito aunque sabía que no vendrían porque
tenían función: por la tarde de ese día me tocan el portero eléctrico, bajo y
un espléndido pendejo me entrega un paquete: “Este es el regalo de Enrique”, me dice (media docena de copas de
champán). Y agrega: “Y yo soy el regalo
de Juanito”…
Con Juanito protagonicé un episodio menos hot: cuando fue jefe de Prensa de la opera prima de Zuhair Jury me invitó a almorzar en un restaurante en Corrientes al 1900 y, aclarando que le habían dado esa orden, me dijo que habría “algún dinerito” si los trataba bien. El sabía perfectamente que no aceptaría coima alguna, pero lo que nunca supe es si lo había enviado Zuhair o el productor Roger López, dueño de la discográfica Parnaso Records. “López”: Juanito y Enrique siempre me decían López, casi nunca Daniel.
En una época
como ésta, en que la llamada “corrección política” obliga al ciudadano a tratar
como mujeres a quienes son hombres travestidos; en que la cuestión homosexual parecería
estar superada (¿lo está?), casi nadie quiere admitir que varones
heterosexuales tengan relaciones sexuales con varones homosexuales, la historia
de Juanito Belmonte es un llamado a la realidad. Juegan la hipocresía, el falso
machismo, el “la culpa la tuvo el puto” o el “estaba muy borracho y no sabía lo
que hacía”. El cantautor Cacho Castaña solía bromear por la TV acudiendo a la remanida excusa “con unos whiskys de más soy capaz de cualquier desastre”. Por la cama
de Juanito pasaron, aparte los aludidos, desde un futbolista súper popular
hasta un actor muy prestigioso que se inició en el Payró.
En el
capítulo 2 de la tercera temporada de Euphoria
se registra un diálogo revelador entre “Nate Jacobs” (Jacob Elordi) y su padre
“Cal” (Eric Dane), quien en episodios anteriores revelaba un frustrado romance
homo y encamadas con travestis y mariconcitos varios: “–No empecé cogiendo con hombres: mi primer affaire lo tuve con un mujer
muy sexy”; “–Sos gay, lo negabas y
surgió de una manera extraña”; “–No
soy gay, soy hedonista”; “–Te cogías
hombres por el culo…”; “–¿Y?”; “–¿Cómo es que eso no es ser gay?”; “–Yo lanzaba, no atajaba”, concluía el
padre en otra de esas habituales automentiras piadosas. Moraleja: cada vez hay
menos homosexuales varones y más autopercibidas “chicas trans”, pero siempre
hubo muchos “machomenos”.
Filmografía: Sección Desaparecidos / Section des Disparus (Pierre Chenal, A/F, 1956: actor, “secretario de Juan Milford” [Maurice Ronet], NA), Canción de arrabal / La cumparsita (Enrique Carreras, A/E, 1961: actor, “mozo del Armenonville”, 23º, con su voz doblada por otro actor), La pérgola de las flores (Román Viñoly Barreto, A/E, 1964-1965: actor, “Pin Pín Valenzuela”, 16º), Cosquín, amor y folklore (Délfor M. Beccaglia, 1965: jefe de Prensa, acreditado como Juan Belmonte), El mundo es de los jóvenes (Julio Porter, 1970: actor, “animador del festival”, 8º), El Pibe Cabeza (Leopoldo Torre Nilsson, 1974: jefe de Prensa con Jorge Montes, NA), El fantástico mundo de la María Montiel (Zuhair Jury, 1977: jefe de Prensa sólo para la etapa del rodaje, NA; del lanzamiento se ocupó Hebert Posse Amirín), Negasegro (Sergio García y Hugo Grosso, 1994, video de MM: testimoniante).
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