domingo, 26 de julio de 2026

PERFILES / TEMAS / EN PRIMERA PERSONA

Juanito from Rosario, el cazador de chongos

“Mi antigua niñera española decía que la mitad del mundo
se hundiría al instante si todo el mundo dijera lo que sabe”.
Jennifer Jones en Beat the Devil (1953).

A pesar de que este blog indica con claridad su temática, ajustada además a un determinado período de tiempo, me permito, en ocasiones, alguna que otra escapada a la normativa, palabreja ésta muy cara a mis amigos los semiólogos. El personaje del que voy a escribir sólo rozó la actividad cinematográfica, pero lo suficiente como para que sirva a manera de excusa para escribir sobre él y sobre una de sus variadas, intensas actividades. Cozarinsky lo catalogaría con una de sus palabras favoritas además de “tácito” y “flâneur”: “desplazado”. Juanito Belmonte fue un actor que el cine desplazó.

   Era rosarino, se llamaba Juan Félix Berón, nació en 1933, murió en 2012 y tenía una hermana llamada Paula Gales que cantaba tangos. Era de la barra de Alberto Olmedo y de Pancho Guerrero y bajó a la big city casi al mismo tiempo que ellos, hacia mediados de los 50. En su ciudad natal hacía de claque en el teatro La Comedia y fue allí donde conoció a Olmedo. Aspiraba a ser actor, y por un tiempo lo consiguió: cuando Pancho se afianzó como director de cámaras en el Canal 7, Juanito tuvo cierto destaque, aunque siempre en personajes secundarios en una diversidad de programas de entre finales de los 50 y comienzos de los 60; datos precisos (títulos, colegas, géneros) pueden ser consultados en los libros de Jorge Nielsen, especie de summa de ese particular. A Olmedo le encantaba mariconear y lo hacía con frecuencia en sus programas televisivos, mostrando gestos y actitudes que había aprendido de su amigo e incluso lo mencionaba con asiduidad, hasta que un día tal parece que Juanito se hinchó y le prohibió seguir haciéndolo.


Con Olmedo, in altri tempi


   Su gran momento en cine se produjo en La pérgola de las flores, dinámica y entretenida adaptación de la encantadora comedia musical chilena de Isidora Aguirre y Pancho Flores, otra de las múltiples variantes de Romeo and Juliet. Allí Juanito actuaba, cantaba y bailaba en el rol del urbanista “Pin Pín Valenzuela”, sobrino de “Laura Larraín, viuda de Valenzuela” (Beatriz Bonnet): cantaba un fox-trot secundado por Teresa Blasco y María Antonia Tejedor más bailarines y coro; lo hacía con mucha gracia y algo de amaneramiento que resultaba pertinente para ese personaje que en las representaciones teatrales arrancaba aplausos fervorosos. En el estreno en Santiago (abril 1960) lo interpretó Fernando Colina y en el montaje argentino en Caminito (diciembre 1964, al mismo tiempo que el film era producido) fue Jorge Luz quien lo recreó.

   Sin embargo, la actuación le sería esquiva: aparte su menguante talento, no había una diversidad de personajes en los cuales encajar su personalidad. Entonces, se reconfiguró como agente de Prensa, RRPP, organizador de desfiles de moda y publicista de artistas, con Enrique Pinti como el más representativo de todos, con quien era, además, “culo y calzón”, así de amigos eran. A mediados de los 70 acompañó a Gasalla y Perciavalle en su frustrada gira por España. Años más tarde impulsó la carrera de dos muchachos que más adelante serían populares con los nombres Cris Miró y Florencia de la Vega (luego Florencia de la V, luego Flor de la V, pronto… quién sabe).


Con Pinti


“Es más fácil enamorar a un hétero con novia que a un gay soltero”.
Adrián Molina, FaceBook, 9.10.2025.

Su última aparición en cine se registra en un subproducto titulado El mundo es de los jóvenes, que si por algo resulta memorable es por un detalle que convoca la memoria del chimentero “entendido”: en su elenco coinciden un cantautor y un deportista, ambos en su debut en un film, con quienes en aquellos días Juanito conformaba un triángulo sexual –no amoroso ni mucho menos romántico– cuyo eje era él y en el cual el cantautor “tocaba” y se iba en tanto el deportista fue, por un tiempo muy largo y hasta su casamiento con una mujer, su “chongo” oficial. Entre amigos, Juanito contaba que la mujer en cuestión lo llamaba para insultarlo, y él le respondía diciéndole: “Todo lo que te haga en la cama lo aprendió conmigo”. Otro de sus “asuntos” fue un actor al que me presentó cuando coincidimos en la playa del Provincial un día de los primeros 70: alto, buen cuerpo, en verdad magnífico, ese actor integró en los 80 la barra televisiva de Olmedo y su relación con Juanito era tan sabida que en un sketch (no me lo contaron: lo vi) Divina Gloria le mandó un “¡soplanucas!” que hizo estallar de risa a todo el estudio, incluyendo al acusado.

   La actriz Florencia Peña dijo públicamente alguna vez que Marley era el mayor proveedor de chongos del ambiente artístico. Ignoro si lo conoció a Juanito, que vivía rodeado de ellos. Entiendo que ese término nació en los teatros de revistas y se aplicaba a los muchachos que pasaban a buscar a las coristas luego de la función y que más adelante pasaron a buscar a los boys, hasta que los años confinaron esa palabra al ambiente gay: el chongo pasó a serlo de alguna “loca”. Recuerdo una función especial de un espectáculo de Pinti en el Liceo, festejando algún número redondo de representaciones de uno de sus espectáculos: en el palco izquierdo sobre el escenario Enrique y Juanito amontonaron a sus favoritos, quienes al finalizar la función no tuvieron empacho en cantarle a viva voz “somos los chongos de Enrique”. “Festejo” era palabra constante en su vida, y cualquier pretexto era bienvenido.

   También eran memorables las noches en el Edelweiss luego de la función: una mesa como para ocho o diez personas estaba siempre esperando Juanito, a Enrique y a su representante Cipe Fridman más i soliti ignoti muy masculinos y muy cariñosos. [Fernando Ayala se anticipó a esa imagen años antes en una secuencia de Primero yo (1963), en la que a la mesa presidida por un maduro homosexual (Carlos Muñoz) se acercan a saludarlo dos muy evidentes chongos]. Lo viví en persona: para mi cumpleaños número 50 invité a más amigos de los que cabían en mi tres ambientes, incluyendo a Enrique y a Juanito aunque sabía que no vendrían porque tenían función: por la tarde de ese día me tocan el portero eléctrico, bajo y un espléndido pendejo me entrega un paquete: “Este es el regalo de Enrique”, me dice (media docena de copas de champán). Y agrega: “Y yo soy el regalo de Juanito”…


Presidiendo una de sus tantas comidas de amigos


   Con Juanito protagonicé un episodio menos hot: cuando fue jefe de Prensa de la opera prima de Zuhair Jury me invitó a almorzar en un restaurante en Corrientes al 1900 y, aclarando que le habían dado esa orden, me dijo que habría “algún dinerito” si los trataba bien. El sabía perfectamente que no aceptaría coima alguna, pero lo que nunca supe es si lo había enviado Zuhair o el productor Roger López, dueño de la discográfica Parnaso Records. “López”: Juanito y Enrique siempre me decían López, casi nunca Daniel.

   En una época como ésta, en que la llamada “corrección política” obliga al ciudadano a tratar como mujeres a quienes son hombres travestidos; en que la cuestión homosexual parecería estar superada (¿lo está?), casi nadie quiere admitir que varones heterosexuales tengan relaciones sexuales con varones homosexuales, la historia de Juanito Belmonte es un llamado a la realidad. Juegan la hipocresía, el falso machismo, el “la culpa la tuvo el puto” o el “estaba muy borracho y no sabía lo que hacía”. El cantautor Cacho Castaña solía bromear por la TV acudiendo a la remanida excusa “con unos whiskys de más soy capaz de cualquier desastre”. Por la cama de Juanito pasaron, aparte los aludidos, desde un futbolista súper popular hasta un actor muy prestigioso que se inició en el Payró.

   En el capítulo 2 de la tercera temporada de Euphoria se registra un diálogo revelador entre “Nate Jacobs” (Jacob Elordi) y su padre “Cal” (Eric Dane), quien en episodios anteriores revelaba un frustrado romance homo y encamadas con travestis y mariconcitos varios: “–No empecé cogiendo con hombres: mi primer affaire lo tuve con un mujer muy sexy”; “–Sos gay, lo negabas y surgió de una manera extraña”; “–No soy gay, soy hedonista”; “–Te cogías hombres por el culo…”; “–¿Y?”; “–¿Cómo es que eso no es ser gay?”; “–Yo lanzaba, no atajaba”, concluía el padre en otra de esas habituales automentiras piadosas. Moraleja: cada vez hay menos homosexuales varones y más autopercibidas “chicas trans”, pero siempre hubo muchos “machomenos”.


Padre e hijo de Euphoria


Filmografía: Sección Desaparecidos / Section des Disparus (Pierre Chenal, A/F, 1956: actor, “secretario de Juan Milford” [Maurice Ronet], NA), Canción de arrabal / La cumparsita (Enrique Carreras, A/E, 1961: actor, “mozo del Armenonville”, 23º, con su voz doblada por otro actor), La pérgola de las flores (Román Viñoly Barreto, A/E, 1964-1965: actor, “Pin Pín Valenzuela”, 16º), Cosquín, amor y folklore (Délfor M. Beccaglia, 1965: jefe de Prensa, acreditado como Juan Belmonte), El mundo es de los jóvenes (Julio Porter, 1970: actor, “animador del festival”, 8º), El Pibe Cabeza (Leopoldo Torre Nilsson, 1974: jefe de Prensa con Jorge Montes, NA), El fantástico mundo de la María Montiel (Zuhair Jury, 1977: jefe de Prensa sólo para la etapa del rodaje, NA; del lanzamiento se ocupó Hebert Posse Amirín), Negasegro (Sergio García y Hugo Grosso, 1994, video de MM: testimoniante).

No hay comentarios:

Publicar un comentario

PERFILES / TEMAS / EN PRIMERA PERSONA Juanito from Rosario, el cazador de chongos “Mi antigua niñera española decía que la mitad del mu...