BIOGRAFOS
Bajo por Corrientes,
doblo por Florida y llego
al Retiro
Corrientes al 1500
En el predio correspondiente al 1530 de la
calle/avenida Corrientes, barrio de San Nicolás mentado como “el Centro”, hubo
unas cuantas salas de espectáculos, la primera de las cuales fue la del Nuevo, inaugurado el 16.3.1911, que ofreció su escenario para una gran
variedad de compañías clásicas (Pablo Podestá, Muiño & Alippi, Arturo Mario
& María Padín, Armando Discépolo, Jacob Ben-Ami, Roberto Casaux): salió a
remate público el 4.10.1929 pero no hubo oferta alguna, y otra vez en mayo
1930, cuando fue adquirido por la actriz Silvia Parodi en 605.000 pesos. Luego,
el inmueble pasó a ser propiedad municipal y, al ser otorgado a las huestes de
Leónidas Barletta, cambió su nombre a Teatro
del Pueblo, que sentó allí sus trajinados reales hasta 1943, eyectado por
otro golpe de Estado militar. Durante los siguientes diez años la sala funcionó
como Teatro Municipal de Buenos Aires y Teatro Municipal General San Martín, este último desde agosto 1950
y hasta 1954, cuando comenzaron los preparativos para la construcción del
monumental edificio que todavía se mantiene en pie.
Inaugurado el 25.5.1960, comenzó sus actividades tan sólo el 23.11.1961 y probablemente fuera registrado por vez primera, aparte algún noticiario y aunque más no sea su fachada, en el corto de Mario Braier Todos a la vez (1969). Pero el edificio, hasta en sus más ocultos recovecos, aparece en todo su esplendor y, a esa altura, en toda su decadencia en Fantasma (2006), coproducción argentino-franco-holandesa dirigida por Lisandro Alonso, film raro, a medio camino entre la ficción y el documental pero hipnótico como todo lo que hace Alonso. Una de las cuatro salas que alberga, bautizada Leopoldo Lugones (uno va a “la Lugones”, en otro de esos despropósitos gramaticales que, como también “la Cámpora”, pondrían los pelos de punta a sus mentores al ser tratados en femenino), desde su inauguración en 1967 es un bastión de la Cinemateca Argentina gracias a las buenas relaciones de los Fernández Jurado con los diversos intendentes, convirtiéndose en un referente del buen cine y adhiriendo a un circuito de cine-arte cuya big star era el Lorraine, en la vereda de enfrente. Durante muchos años, su programación fue también cuidada por Luciano Monteagudo, encargado formal de la sala: aunque unos años menor que yo, considero a Luciano el mejor crítico de cine de nuestra generación, por lejos y sin ninguna duda, y gran persona además. La sala Lugones fue utilizada como localización en un cortometraje institucional de apenas 7’, dirigido en 1983 por Juan Carlos Pastine con el título del complejo municipal, y más ampliamente en el episodio de Alejandro Agresti (A short story about nothing) para la producción holandesa City life (1986-1987).
Florida al 900
936, con más precisión: allí funcionó
originariamente el Teatro de la Wagneriana, denominación formal del auditorio de la
Asociación Wagneriana inaugurado el 7.9.1929 y, desde el 17.12.1929,
también utilizado para ocasionales proyecciones cinematográficas y
representaciones teatrales convencionales, incluyendo en este caso el debut del
Teatro del Pueblo ocurrido el 7.10.1931 con un programa integrado por La madre ciega y El pobre hogar además de Títere de pies ligeros de Ezequiel
Martínez Estrada, títulos que, sin embargo, no eran piezas teatrales sino
adaptaciones escénicas de cuentos (los dos primeros) y un poema; poco después,
el 3.12.1931, Iris Marga estrenó en ese escenario un montaje de La amante de todos, de Leonor Nanni Prieto. Luego fue alquilado por
la empresa Maggiore, que lo rebautizó El
Retiro y lo reinauguró el 1.6.1940 para, de acuerdo al Heraldo, dedicar “el salón a exhibir películas nazis”. Desde 1963 y
hasta 1970 funcionó allí el Instituto Torcuato Di Tella, mejor conocido como “El Di Tella”),
del que huelga redundar luego de la enorme cantidad de información disponible y
del libro que le dedicó uno de sus habitués, el periodista Kado Kostzer: allí
se podía ver teatro, danza, música, performances,
exposiciones y, de vez en cuando, algo de cine, por ejemplo sendos ciclos de
Cine Corto Argentino 1958-1964 y el dedicado al New American Cinema en 1965. El
último acto de travestismo del predio se llamó Catalinas, inaugurado en 1984.
Leandro N. Alem al 1100
Nada más alejado del teatro de prosa, de los
gorgoritos operísticos y del cineclubismo que el cine-teatro Retiro, ubicado dentro del vasto predio que, con
entrada formal por el nº 1101, conformaba el Parque de Diversiones de
Retiro. Aparece por primera vez en las carteleras el 2.1.1959 ofreciendo un
programa triple integrado por Cómo
venimos al mundo, ese clásico del falso cine “educativo”, por Club de señoritas, que no era otra cosa sino
un viejo largometraje francés de Ralph Habib (Club de femmes,
Jacques Deval, 1936) con Danielle Darrieux, y por el estadounidense Extasis mortal, otro clásico pero del costado sexploitation,
titulado The wages of sin (Herman E.
Webber, 1938), que había sido estrenado en Buenos Aires con otro título (Traficantes del amor
–Flores de perdición–) el 3.1.1940 en el
Renacimiento y fue tramposamente vuelto a “estrenar” como Extasis mortal –Naufragio humano– el 13.11.1940 en el mismo cine
Renacimiento, demostrando una coherencia digna de mejor causa. La programación
del Retiro era errática y muy pronto dejó de publicar en carteleras, pero quedó
registrado en imágenes en Prisioneros de una noche (1960), el
film de Kohon, en la secuencia en que Alcón y María Vaner, deambulando por el
Parque, pasan frente a un cartel en el que se lee “cine continuado”: ése era el
Retiro.
Doctor Ramos Mejía al 0000
Ya en las cloacas del barrio funcionaron durante algunos años dos salas de cine improvisadas. El Ferrocine Retiro estaba ubicado al final de los andenes 1, 2 y 3 de la estación Retiro del FC General Mitre y fue inaugurado el 17.5.1973 apelando a una programación inclasificable, hecha de jirones de copias cuyos títulos anunciados difícilmente se correspondían con los que el espectador veía en la pantalla. A este nunca me le animé, pero sí al muy muy bien bautizado como Pasatiempo, unos metros más allá de la misma calle, ubicado en en el primer piso de la terminal de ómnibus de Retiro, cuyo empresario, Alfredo Osvaldo De Simoni, prometía “abierto día y noche, continuado las 24 hs. sin parar”.
Fue inaugurado el domingo 5.7.1987 con una publicidad en los diarios que anunciaba nada menos que el ahora clásico Ai no korida (El imperio de los sentidos, Nagisa Oshima, 1976), calificado “sólo apto para mayores de 18 años, de exhibición condicionada”, esto es, destinado al porno duro. La primera vez que lo visité fue, precisamente, para pasar mi tiempo por una demora de un par de horas en la salida del micro que me llevaría no recuerdo dónde: sí que en ese pasatiempo gané un nuevo conocido…
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