jueves, 23 de abril de 2026

FILMS

Julio Irigoyen:

Prontuario de un marginal

¡Mateo! – Otro ejemplo de la “viveza” de JI: se apropió del título del célebre drama teatral de Armando Discépolo, le agregó signos de admiración y lo utilizó para una de sus habituales, folletinescas historias de conventillo y cabaret que Torres Ríos le servía a su gusto. El “grotesco en tres cuadros” de Discépolo, por su parte, había sido estrenado el 14.3.1923 en el Nacional con Gregorio Cicarelli al frente del elenco interpretando a un cochero: se había erigido en un gran éxito de público y a comienzos de 1926, cuando JI ofreció a su propio cochero (León Zárate), la pieza original todavía continuaba siendo representada en todo el país. Esa obra sería adaptada al cine tan sólo en 1936-1937 con dirección de Daniel Tinayre y actuación protagónica de Luis Arata.

OBS     La grafía del título es la de los avisos publicitarios, que a falta de una copia ofrece la información más “oficial” posible.

León Zárate


SIC     Acaba de exhibirse en privado una nueva producción de la cinematografía nacional titulada Mateo. Se trata de una obra orgánicamente endeble y carente de elementos que puedan destacarla de alguna manera a la consideración de la crítica. La cinematografía nacional ha producido películas superiores en todo sentido a la de que se trata, aun con asuntos similares al que comprende la presente. Mateo lleva a la escena algunos aspectos de la vida de un cochero bonaerense. Este individuo, humilde y bondadoso, sufre con resignación las penurias de su oficio. Tiene una hija que es tierna y buena muchacha, pero que un día, menos por vocación que por ingenua flaqueza, cede a los requerimientos de cierto galán y parte del conventillo para realizar la trayectoria de práctica hasta el cabaret. Por suerte no se repite en ella la historia triste de Milonguita y de Melenita de Oro. Cecilia, la dulce muchacha de Mateo, es salvada a tiempo. La intervención providencial de su padre y de un amigo que la ama, médico flamante, la arranca del cabaret antes de que se precipite en el abismo de la perdición, ahorrándole, además, en su camino, la segunda etapa en la trágica trayectoria de las clásicas heroínas del tango: del cabaret al hospital. El sentido cinematográfico que informa la técnica de Mateo es ajeno en todo al que no cuesta nada ver en cualquiera de las películas que por cientos se exhiben a diario en Buenos Aires. [La Nación, miércoles 5.5.1926, sección Films].

Trata esta película de la vida accidentada de un auriga [“m. poét. El que guía un carruaje tirado por caballerías”], objeto de mofa del público. Confundido entre el montón de esos seres grotescos que soportan las burlas del pueblo, estoicamente, el atormentado Esteban recuerda aquella noche sus viejos infortunios. Toda su vida ha sido una larga cadena de dolores. Su última angustia la provocó la muerte de su pobre y dulce compañera. ¿A quién tenía ahora en el mundo? Sólo a su hija, la doliente Cecilia, que se agotaba en aquel miserable conventillo. Así era en verdad. Cecilia necesitaba una vida mejor. El aire del conventillo la estaba matando. Se lo decía al propio Esteban aquella noche el buen Horacio que estudiaba medicina y estaba enamorado de la muchacha. –Yo conseguiré dinero para salvar a Cecilia –había respondido Esteban, mientras por su cabeza rondaban pensamientos tenebrosos. Cecilia enterada de su situación, habiendo escuchado las palabras de Horacio, decide huir con un hombre que siempre la ha asediado. Huye con Ernesto, un cínico conocido por el apodo El Záfiro. Cecilia, humana al fin, no quiere llevar al padre al sacrificio y tampoco quiere morir. Por eso huye. Y lo hace precisamente la noche en que su padre roba para darle una vida mejor. Después de este golpe, Esteban es un muerto que camina. Su vida no tiene ningún objeto. Cecilia, en tanto, ha conocido ya “esa vida mejor” y vive engañada. El Záfiro sepulta el alma de la muchacha dándole de consuelo el dulce veneno de la cocaína. Así ella vive un mundo mejor que la hace olvidar. Pero pronto se cansa El Záfiro de ser tan “bueno” y quiere sacar algún provecho de su conquista. Mientras tanto, Horacio se ha recibido de médico y Esteban lleva aquella noche a un cabaret central en su coche a una pareja... ¿Qué sucede después? ¿Cómo se hilvanan los acontecimientos para que el destino de esta obra sea uno de los mejores aciertos de la cinematografía nacional? [Crítica, lunes 17.5.1926, fragmento].




Un estudio del aspecto más típico de la vida popular porteña – Programa Americano de Humberto Rojas. [Del aviso publicitario, ilustrado con un expresivo dibujo firmado por Pintos Rosas].

TAQ     La exhibición privada para periodistas tuvo lugar el domingo 2.5.1926 en el cine Paramount, “después de la hora de espectáculos”. Una rareza es que no fue distribuido por los Irigoyen, como de costumbre, sino por su ocasional asociado Humberto Rojas, lo cual acaso explique su escasa repercusión, ya que éste es uno de los que menos aparece en las carteleras de cines de los diarios: tras su lanzamiento oficial se lo registra los días 1.6 en el Non Plus Ultra y 20.6 en el Miriam y, en 1927, el 5.12 en El Plata (Rosario, Santa Fe). Reapareció en 1930, los días 22.1 en el Standard y 23.6 en el Devoto (en doble programa con Muchachitas de Chiclana). En 1931, los días 29.5 en el Júpiter y 27.7 en el Pompeya.

 

La casa del placer – Rodado con el título “La modelo de la calle Florida”, fue estrenado como La casa del placer para adherir a la moda de los films “realistas”, aunque más adelante ese mismo año será exhibido como La modelo de la calle Florida. Tras más de dos años de silencio, JI volvió a la carga montándose en la ola de “realistas” con las que su colega Moglia Barth venía haciendo pingües ganancias, al igual que los distribuidores que estrenaban las de origen extranjero. Algunas fotografías muestran la decoración estilo oriental del cabaret que regentea la protagonista. Ciertas fuentes suman al elenco a Augusto Goçalbes, pero este actor había fallecido el 22.2.1926 tras un accidente automovilístico: no sería descabellado suponer que el director acudiera a imágenes suyas de algún trabajo anterior.

   Registra tres debuts de peso: el del operador de cámara Mario Fezia, quien luego devendrá uno de los más activos directores de sonido, especializado en la regrabación final de todas las bandas; el de la actriz Carmen Valdés, quien destacará como la madre del niño protagonista de Pelota de trapo (Leopoldo Torres Ríos, 1948); y, un debut sui generis, el de Azucena Maizani (Azucena Josefa Maizani; Buenos Aires, 15.11.1902 / 15.1.1970), en su caso con una curiosa particularidad, la de haberlo hecho antes –invirtiendo el orden lógico– en un cortometraje sonoro, el musical Lindo tipo de varón, dirigido poco antes ese mismo año por Francisco P. Donadio para el sistema Phono Film: Maizani, que estaba en la cresta de la ola por aquellos días como una súper estrella de la canción multiplicándose en discos, radio, teatros de revistas y números de variedades en cines porteños, protestaría luego del lanzamiento de La casa del placer por el carácter escabroso del que estuvo rodeado, pero el asunto no pasó a mayores por cuanto ella no era ninguna ingenua y sabía muy bien el tipo de obra en la que se había involucrado: de hecho, en coincidencia con el estreno encabezaba una compañía de revistas en el teatro Sarmiento. Aquí anima a “la entregadora criolla, llena de artimañas, vendiendo a una pobre muchachita desorientada, explotando el amor con una aritmética en la mano...”, según La Película (nº 642, del 10.1.1929). Su exigua trayectoria cinematográfica proseguirá en el período sonoro en ¡Tango! (Moglia Barth, 1932-1933, en el que sólo interpreta tres canciones), en Monte Criollo (Arturo Mom, 1934, donde sólo canta un tema), en dos cortometrajes musicales producidos por Argentina Sono Film a finales de 1937 titulados El rosal de los cerros y Dónde están los hombres, en la producción estadounidense hablada en español Di que me quieres (idem, Robert R. Snody, 1938, donde sólo canta), y en Nativa (Enrique de Rosas, 1939, en el que aparte de interpretar cuatro canciones es la protagonista). Además, fue personaje de Mi Buenos Aires querido (Francisco Mugica, 1960) y de Sus ojos se cerraron –y el mundo sigue andando– (Jaime Chávarri, 1996), respectivamente interpretada por una extra y por Pía Uribelarrea.

   Algún historiado ha dejado por escrito –no una sino dos veces en el lapso de un año– que La casa del placer y La modelo de la calle Florida son films diversos. Ya lo dijo Georges Brassens: “Le temps ne fait rien à l’affaire, quand on est con, on est con”.

Azucena Maizani y Carmen Valdés


OBS     Estrenado en una sala teatral en la que hasta un día antes actuaba el elenco de revistas del Maipo tras el incendio que sufrió el 21.11 anterior. JI volverá a realizar esta misma historia en versión sonora: La modelo de la calle Florida (1939).

SIC     No queremos discutir el realismo en arte cinematográfico. Los alemanes han hecho películas realistas que aquí se exhiben en todas las salas sin ningún control alarmista, siendo que en el país de origen esos films están obligados a llevar la advertencia de “no apta para menores”. En nuestro medio llevan esa advertencia muy pocas películas. Debieran llevarlas muchas, sin embargo, sin que por esto quiera decir que ese espectáculo sea algo indeseable ni mucho menos. En la película que ahora nos ocupa –La casa del placer– que será estrenada mañana en el Porteño, se impone esencialmente el cartel “no apto” como se impone a la representación en el teatro de una obra como Mayá, por ejemplo. Y no nos llamaría la atención esto si su protagonista no fuera una figura con los relieves especialísimos que en nuestro ambiente tiene Azucena Maizani. Hemos visto esta película en privado y realmente no creíamos a la señora Maizani capaz de una interpretación así, tan poco simpática y edificante. [La Razón, domingo 6.1.1929, “Cinematográficas” en la sección Teatros, Conciertos, Artistas y Cinematógrafos: Maya es una pieza teatral del francés Simon Gantillon cuya protagonista, una “marchande de plaisirs”, fue inmortalizada por Vivianne Romance en el cine y por Anna Magnani en el teatro: en la Argentina fue representada por compañías extranjeras en gira –Germaine Dermoz la hizo en francés y Vera Vergani en italiano– y luego Rafael Insausti hizo una elaborada traducción –el original está escrito en argot– que estrenó Rosa Catá en octubre 1929].

Hoy inauguración del cine continuado de las 13 a las 19.30 y de 20 a 24.30. Por primera vez en Buenos Aires estreno de la superproducción nacional La casa del placer por Azucena Maizani. No apta para menores [Texto en las carteleras de cines de los diarios].

No merece el menor comentario desde el punto de vista artístico la película argentina titulada La casa del placer, estrenada anoche en el teatro Porteño; pero la circunstancia de que en la interpretación de dicho film intervienen algunas artistas familiares al público de Buenos Aires, obligan a una breve reseña. El director o directores [...] revelan un desconocimiento absoluto de las normas por las cuales se rige la cinematografía moderna. Con un asunto carente de interés y falto de originalidad, han pretendido realizar una producción de tintes realistas y han logrado una película grosera. [...] Ni el público porteño merece tales muestras de irrespetuosidad, ni una sala céntrica como la del teatro en que se exhibe, es digna de espectáculo tan detestable. [...] Se han intercalado en el film escenas de revistas que no son otra cosa que recortes de películas extranjeras mal aprovechadas. La sala del Porteño se vio repleta de concurrencia. No sucederá esto en las exhibiciones sucesivas, pues el público se dio cuenta del engaño y protestó de manera ostensible, aunque no todo lo airadamente que el espectáculo merecía. [“La casa del placer es un film indigno de ser presentado al público porteño”, en Crítica, 8.1.1929].

Carmen Valdez y Azucena Maizani toman parte en una película titulada La casa del placer. La Valdez es una actriz de Muiño con sus buenas cualidades, y Azucena es una de las cancionistas con más público de señoras. Nuestro compañero cronista de cines les da un levante por su participación en tal película, a la cual considera indigna de nuestro público. ¡Pero chicas! ¿Qué tienen ustedes en el coco? ¿Les cantó el chorlo ese día? ¿Y tanto tiempo les duró el cuarto de hora? ¡Con el codo no! ¡Qué metida de piecitos!... [Crítica, 8.1.1929, sección Ahora. Nótese, tras la lectura de ambos artículos, cómo cambió la postura del diario de Botana ante JI, a quien ya ni siquiera menciona por su nombre cuando apenas unos años antes le prodigaba elogios permanentes y hasta le dedicaba un concurso...].




La casa del placer – Tal es el título de una nueva película nacional, recientemente estrenada. Su exhibición se anuncia como “trabajo realista, no apto para menores”. Y en este sentido cabe decir que es la primera vez que la naciente producción autóctona se aventura en asuntos tan poco nobles. Con un criterio esencialmente materialista se ha querido mostrar a un conjunto de conocidos artistas de la escena nacional en un argumento escabroso, fácil de despertar malsano interés en el público. Si tal ha sido la intención de los directores, cumple reconocer que tampoco han acertado. Ni aún como película con pasajes poco limpios, con escenas pornográficas, puede convencer La casa del placer. Ni asunto bien expuesto, ni técnica feliz, valorizan la obra. Ella, en síntesis, da idea de una cosa apenas esbozada, inspirada en adocenados motivos de novela semanal, de donde no nace ninguna emoción. Lo más lamentable es haber complicado en la aventura a un calificado conjunto de intérpretes. Como protagonista, en un personaje indigno, actúa la celebrada cancionista Azucena Maizani. Quienes aprecian a la artista en sus ponderables virtudes de genuina creadora de tangos, han visto desmerecido su prestigio. Lo mismo puede decirse de la joven actriz Carmen Valdéz, perfilada en los últimos tiempos como una realidad artística del teatro por horas, y de Ada Cornaro, la buena actriz de carácter de honrosa tradición en la escena nativa. En verdad, cuesta creer que estos elementos se hayan prestado de buen grado a una combinación indigna, al margen totalmente de la cinematografía nacional. [La Prensa, 15.1.1929, “Notas Cinematográficas” en la sección Teatro y Música].

Porque pasaba una cosa con Irigoyen. El tenía La modelo de la calle Florida, que se llamó después de otra manera; y La cieguita de la avenida Alvear, que se llamó después no sé cómo. Y el tomaba trozos de esas películas, y filmaba también algunas escenas “realistas”, que luego las intercalaba. Por ejemplo, fue otra la película que después se transformó en La modelo de la calle Florida. Tomó casi todo de la primera película. Hizo una garçoniere donde trabajaban Azucena Maizani, Carmen Valdés, Rodolfo Vismara y una serie de extras que eran coristas del Teatro Florida. Y se hacían algunas escenas realistas para intercalarlas, y estrenarlas en el Teatro San Martín, con entradas a un peso de aquella época. ¡Un peso era un dineral! Se llenaba. Empezaban las funciones a la tarde, había cinco o seis funciones. Y siempre lleno. El teatro San Martín y El Porteño. Los dos, cines. Las escenas realistas eran, por ejemplo, el encuentro de una pareja que, llegaba hasta la “desnudez” de mostrar los muslos, y nada más. Estaba todo sugerido. Era un cine para los hombres que querían descubrir los encantos femeninos, y que veían algo más de lo que les podía mostrar la calle, nada más. Muy poco. Pero, esto lo hacía Julio Irigoyen de vivo. La “viveza porteña”. Porque cualquier trámite después suspendía la película. Había un trámite muy burocrático de la Municipalidad y de otras autoridades. Todo ese trámite de las dos autoridades conjuntas, demoraba alrededor de quince días. A los quince días sacaban la película de cartel; pero ya se había exhibido dos semanas, y se había hecho el negocio. De manera que en El Porteño se hizo ese tipo de negocios, y en el Teatro San Martín también. [Fragmento de un reportaje de miembros del Museo del Cine a Carlos Rinaldi, el 22.9.1978, reproducido en el libro Más allá del olvido, II, pág. 394].

TAQ     Lanzado en una sala por lo habitual dedicada al teatro de revistas en la que JI había filmado la mayor parte de los interiores de Tu cuna fue un conventillo, La casa del placer resultó un formidable éxito de taquillas, como se desprende la siguiente cronología: en el Porteño se mantuvo en exhibición durante once días consecutivos, hasta el 17.1, pero ese último día fue proyectado en simultáneo con el teatro Nuevo, en el que se mantuvo en cartel por siete días. Exhibiciones posteriores se registran los días 29 y 30.1 en el Hindú; 31.1 en el Imperio y el Bolívar; 5.2 en el Albéniz; 7 al 13.2 otra vez en el Porteño, esta vez en doble programa con Mujeres viciosas; 14.2 en el Bijou y en el Belgrano (Rosario, Santa Fe); 23 al 25.2 en el Apolo, asimismo en doble programa con Mujeres viciosas; 7.3 en el Varieté San Martín (Rosario) y en el Miriam porteño, cine este último en el que se mantuvo en cartel hasta el 3.4 [en uno de estos días, el 10.3, compartió el cartel con Metrópolis (Metropolis, AL, 1927, dir. Fritz Lang): ¡imagine el lector la comparación!]; 26.3 en el Armonía 1º; 27.3 en el Cervantes; 2.4 en el Bolívar; 4.4 en el Albéniz; 7.4 en el Miriam; 9.4 en el Imperio; y 21.4 y del 25 al 31.7 en el Miriam.

   Luego comienzan a programarse copias con su título original y con el alternativo: los días 26.11 en el Imperio y 28.11 en el Albéniz como La modelo de la calle Florida. En 1930, los días 4 al 9.2 en el teatro Cómico; 27.2 en el Varieté San Martín (Rosario); 12.3 en el Capitolio; 14.3 en el San Martín (Rosario); 6 al 15.5 en el teatro Florida; 29.8 en el Jockey Club (La modelo de la calle Florida); 7.10 en el Gran Bijou; 15 al 21.10 en el teatro Florida; 27.10 en el Londres Palace (La modelo de la calle Florida); y 30 y 31.12 en el Alvear. En 1931, los días 28.4 en el Select Corrientes (La modelo de la calle Florida); 1 al 7.5 en el teatro Florida; 10.5 en el Presidente Roca, 24.5 en el Regio y 9.6 en el Coliseo 2º (en los tres como La modelo de la calle Florida); 18 al 24.8 en el Ba-Ta-Clan; 2.9 en el Atenas (La modelo de la calle Florida); y 30.10 al 1.11 en el teatro Florida. En 1932, del 29.11 al 19.12 y del 23 al 26.12 en el Smart.

 

¡Mateo!
Argentina, 1926
35mm / B&N / aproximadamente 55’

EQ     CP: Buenos Aires Film. P: Julio Irigoyen y Roberto Irigoyen. PA: Humberto Rojas. D: Julio Irigoyen. G: Julio Irigoyen, sobre argumento de Leopoldo Torres Ríos. F, CM: Roberto Irigoyen. C: Julio Irigoyen. LOC: BA. FR: enero 1926. CD: Programa Americano. LC: 17.5.1926, cine Teatro de la Princesa.

I&P     María Esther Pomar [María Esther Podestá] (Cecilia), Diego Figueroa (Horacio, padre de Cecilia), León Zárate (Esteban), Rodolfo Vismara (Enrique, el Záfiro), Alvaro Escobar, Totón Podestá, Antonia Volpe, Juan José Porta, Timoteo Ballester, Máximo Orsi, José Constanzó.


La casa del placer
[luego La modelo de la calle Florida]
Argentina, 1928
35mm / B&N / 6 actos = aproximadamente 55’

EQ     CP, CD: Buenos Aires Film. P: Julio Irigoyen y Roberto Irigoyen. D: Julio Irigoyen. G: Julio Irigoyen, sobre argumento de Leopoldo Torres Ríos. F: Roberto Irigoyen. CM: Mario Fezia. C: Julio Irigoyen. EF, L: Compañía Cinematográfica Ariel (Boedo 51). FR: noviembre 1928. LC: 7.1.1929, teatro Porteño.

I&P     Azucena Maizani (Márgara), Rodolfo Vismara (don Aníbal), Ada Cornaro (la madame), Carmen Valdés (Lucila), María Luisa Berzi (mannequin), Felipe Farah (Ernesto), Susy Molina (mucama), Armando Beilor (Juan Carlos).

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