jueves, 5 de febrero de 2026

CINEASTAS

Julio Irigoyen:

Prontuario de un marginal

“Era un hombre fuerte, de aspecto distinguido.
Su cara tenía la estructura ósea aristocrática
que no siempre implica inteligencia,
capacidad, ni siquiera decencia,
pero que por lo común acompaña al dinero”.
Ross Macdonald, The far side of the dollar (1964).

La gente del éter

En aquellos años la radiofonía fue uno de los mayores proveedores de actores, cantantes y orquestas para los nutridos elencos de JI. Nelly Omar, gran estrella de las emisoras Argentina y Prieto; el rosarino Héctor Palacios, que de Sarmiento y Argentina pasó a la Buenos Aires Film nada menos que en cuatro títulos, despachados uno detrás del otro; el cómico Tino Tori, actor de Gran Pensión El Campeonato de Belgrano; Herminia Velich, que pasó de Belgrano a El tango vestido de gala por Prieto y de allí a los brazos de JI, quien, según mentaban los chismosos de la época, tenía buen ojo para recolectar actrices jóvenes y bonitas (Velich, dicho sea de paso, era hija de Adela y Juan y hermana de Emilio, Rodolfo, Olga y Rafael, todos actores, y además estaba casada con el director de orquesta Oscar Rossano). También del “éter” proveía José Roberto De Prisco, quien en mayo 1940 escribía los radioteatros que Herminia Velich protagonizaba por Belgrano y que ese mismo año se sumó a partir de El cantar de mis penas.

Héctor Palacios

   Dos de sus mayores habitués en el sonoro fueron Totón Podestá y Lea Conti. Totón (La Plata, Buenos Aires, 24.4.1887 / Buenos Aires, 30.6.1972), hijo de Juan Vicente Podestá, se inició a los 7 años como trapecista en el circo familiar; actuó durante catorce años en la compañía Muiño-Alippi, diez en la de César Ratti, hizo revistas y en ocasiones fue cabeza de compañía (Payucano zonzo, La virgencita de madera, Viuda ella, viudo él, ¿quién le pone el cascabel?, De apuro... en una semana se casó con la gitana!!), y que en cine, salvo error u omisión, intervino en apenas dos largometrajes sonoros aparte los de Irigoyen: Don Perfecto y Anacleto metidos en un aprieto (Domingo Tommasetta, 1939) y ¡El más infeliz del pueblo! (Bayón Herrera, 1940-1941). Estaba casado con la actriz Elsa Conti, cuya hermana Lea (1883-1957, a su vez casada con Antonio Podestá), era cantante de ópera, pionera del tango y figura popular de la radiofonía utilizada por JI cada vez que necesitaba una madre sufriente. En la sección Teatros y Conciertos de La Nación, el día 2.2.1911 y con el subtítulo “Boda de artistas”, puede leerse lo siguiente: “Hoy contraerán enlace la distinguida actriz señorita Elsa Conti y el actor cómico Totón F. Podestá. Con tal motivo esta tarde habrá una fiesta en casa del novio, á la que han sido invitados gran número de autores y actores nacionales. La nueva pareja continuará trabajando en el teatro”.


   Muy raramente la Buenos Aires Film recurría a estrellas “de verdad”: en la época muda, María Esther Podestá, Olinda Bozán, Eva Franco, Ada Falcón (aunque en rigor de verdad todavía no lo era), León Zárate, Segundo Pomar, Azucena Maizani; en la del sonido, apenas Herminia Franco, Héctor Palacios y, sin dudar, su máxima vedette en los 40, Mercedes Carné. El lector apreciará, en los elencos, la repetición de nombres: Rodolfo Vismara, por ejemplo, no solo atraviesa del mudo al sonoro sino que también cumple ocasionales roles técnicos. A Vismara las crónicas de la época lo apodaban “el Valentino criollo”, por su estampa de galán y porque sus iniciales también eran R. V.

Institucionales

A Julio lo apodaban “el Peludito” ya que “el Peludo” era el Presidente Hipólito Yrigoyen, y a su hermano-socio Roberto algunas fuentes lo mencionan como “Petit” Irigoyen. Ellos heredaron sus Grandes Talleres Cinematográficos Buenos Aires Film de su padre Miguel, quien adquirió los primeros “tachos” para hacer “películas” destinadas a los “biógrafos”. La presentación de la empresa en sociedad tuvo lugar en diciembre 1918, con escritorios en Brasil 1328 y talleres en Perdriel 155: un aviso publicitario aseguraba que habían sido “montados con los últimos adelantos técnicos bajo la dirección de Mr. G. Laigs, ex jefe de talleres de importantes fábricas Norteamericanas” y que ofrecían “Impresiones de todas clases de Películas Comerciales Industriales Familiares etc. etc.” así como “Máquinas Filmadoras Ultimos Modelos Perfección Absoluta en los trabajos”. Esa fue la base sobre la que edificaron la empresa productora y distribuidora que hasta la muerte de JI concretó largos, cortos y mediometrajes, en su mayoría ficciones pero también documentales, publicitarios y el Noticiario Buenos Aires, que le dio notoriedad y suculentos dividendos. Brasil 1328 es asimismo la dirección que las notas necrológicas dan como la de la casa en la que murieron su padre y también él, por lo que cabe presumir que su primera oficina fue su casa, en cuya terraza solía concretar algún rodaje a la luz del sol.


   El aviso publicitario más antiguo relacionado con los Irigoyen fue publicado, salvo error u omisión, el viernes 1.12.1915 en La Razón, a 1 columna por todo lo alto de la página: su texto decía: “Los estados europeos en guerra – Lo más sensacional recibido hasta la fecha (exclusiva de la empresa Irigoyen) – Hoy y días subsiguientes únicamente en el Smart Palace – Corrientes 1281-83”; se trataba de una actualidad europea. En los inicios de 1918 la cuestión institucional se complica en su denominación (Empresa Cinematográfica Julio Irigoyen) y en sus direcciones (Brasil 1328, Tucumán 833, Lavalle 1451). En julio 1923, otro aviso publicitario da cuenta de que la nueva dirección de la empresa es Lavalle 1059, esto es, la cuadra atravesada por la avenida 9 de Julio, “en el sótano que ocupa el Programa American”. Desde 1930 los avisos publicitarios informan otra dirección, Río Bamba [sic] 617, y desde la segunda mitad de los años 30 y hasta el final sentaron sus reales en Lavalle 2015.

   Como ya se apuntó, Buenos Aires Film fue la denominación original de la empresa: la proveedora de maquinaria, la productora y la distribuidora. Sin embargo, entre El cantar de mis penas en 1940 y Gran Pensión La Alegría en 1941, seis producciones llevan el sello Filmadora del Plata de Películas Argentinas. También en 1940 comenzó a operar la Distribuidora Argentina de Films, empresas ambas establecidas en Lavalle 2015, lo que no arroja duda de que pertenecían a los Irigoyen. Desde El cantar de tus cantares en 1946, sus producciones volvieron a llevar la marca Buenos Aires Film. Las otras, con certeza, fueron creadas por alguna cuestión relativa a (evadir) impuestos. [En los 50 hubo otra empresa denominada Distribuidora Argentina de Films, ésta una SRL satélite de la productora Estudios Mapol SRL].


   Gran parte de su producción, y en particular el Noticiario Buenos Aires Film, fue de algún modo financiada por instituciones estatales, municipales o provinciales. Irigoyen dejó de producir cuando el primer gobierno peronista impulsaba, a través del Banco Industrial de la República Argentina (que dependía del Ministerio de Finanzas), una línea específica de créditos para productores de cine, de la que abusaron tanto los veteranos popes de la industria cuanto muchos improvisados aventureros. Pero Irigoyen no llegó a participar del festín: su tiempo había pasado.

   Sea con el nombre que fuera, es raro encontrar un año en el que la empresa permaneciera inactiva. En el rubro producción, lo estuvo en 1931-1933, cuando el paso del mudo al sonoro resultó traumático para muchos cineastas: la Buenos Aires Film no se plegó a la “sonorización” apresurada de sus títulos mudos y tardó demasiado en comenzar con los sonoros, período en que la empresa se dedicó a explotar su stock, sobre todo los extranjeros del tipo “realista”, ya que los argentinos mudos eran rechazados por los exhibidores salvo que hubieran sido sometidos a algún tipo de “sonoridad” aleatoria. La distribución, está claro, nunca descansó. Entre 1941 y 1946 hay un bache en la producción que tiene una explicación lógica: durante la Segunda Guerra Mundial resultó dramática, para la gente de cine en todo el mundo, la escasez de película virgen: no hace falta aclarar que la industria de Hollywood se llevaba la mayor tajada, seguida por la de países europeos con una producción anual considerable. Esto se prolongó más allá del fin de la guerra, pero en cualquier caso la Argentina estaba al final de cualquier urgencia. Una información publicada en el Heraldo del Cinematografista (29.3.1944) da cuenta de que “la película virgen llegada recientemente al país ha sido distribuida por la Dirección General de Espectáculos Públicos de la siguiente forma”: el listado indica que las empresas más importantes (Argentina Sono Film, Pampa y Lumiton) recibieron 165 rollos de positivo, 130 de sonido y 98 de negativo; que a Artistas Argentinos Asociados le correspondieron 146 de positivo, 115 de sonido y 69 de negativo y que Establecimientos Filmadores Argentinos (EFA) recibió 135 de positivo, 130 de sonido y 98 de negativo; última en el listado aparece, entre otras, “Productora y Distribuidora de Films (Irigoyen)” con apenas 40 rollos de película sonora. Esto explica no sólo la inactividad de la compañía productora sino también el que apelara al tramposo recurso de lanzar con un nuevo título sus viejas producciones, que confundía a sus inocentes espectadores contemporáneos y confundió luego a sus futuros investigadores.


   En este rubro, el de los negocios, queda por confirmar si Julio y Roberto incursionaron en la exhibición: un suelto en Crítica de mayo 1915 informa que la empresa Irigoyen y Cía. “explota el salón de Coronel Díaz 1427”. Años más tarde, ese “salón” devino el cine Londres Palace, de la empresa Borgeat y De la Campa, de apenas 422 localidades. [Continuará]


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