BIOGRAFOS
Subiendo por Corrientes
850
Inaugurados con un año de diferencia, apenas
separados por la acera, dividieron a los porteños en la cuestión estética:
algunos preferían el estilo palaciego del Opera [véase este blog: 3.3.2025] y otros las depuradas
líneas modernistas del Gran Rex,
sala icónica no sólo de Buenos Aires sino de la Argentina y del Sur del
continente americano. Diseñada por el arquitecto Alberto Prebisch para la
empresa Cordero, Cavallo y Lautaret, fue inaugurada el jueves 8.7.1937 a las 21
con un programa que se inició con el Himno Nacional Argentino
“interpretado por la gran orquesta sinfónica de LR1 Radio El Mundo dirigida por
Eduardo Armani” y se completó con el estreno de Suerte a medias, ofrecido como complemento, y Los enredos de una dama a manera de film principal o de base. El
aviso publicitario publicado ese mismo día en algunos diarios prometía los
siguientes atractivos: “La sala más grande de Sud América” (lo cual era cierto:
2.960 localidades), “Dotada de todo el confort moderno”, “Grandes playas de estacionamiento
para 200 autos”, “Tres pisos de lujosa confitería”, “Bowling y billares” y
“Sistemas ultramodernos de calefacción y refrigeración”. La platea costaba 2
pesos y la pullman 1,50. Dos días antes, esto es, el 6.7.1937, otra
publicidad ya había advertido que el nuevo cine contaría con “ascensores de
comunicación entre dichas playas [de estacionamiento] y el cine” y que “la
platea baja consta de 1.400 butacas, la superior de 60 y el tercer piso,
designado como pullman, de 1.500 localidades”.
La empresa se tomó su tiempo antes de decidirse a estrenar una producción vernácula: ésta fue Ultimo refugio (21.8.1941) y se tomó aún más tiempo hasta ofrecer la siguiente, Siete mujeres (30.3.1944). Hacia finales de la década de los 80 los propietarios comenzaron a alternar en su programación diversos recitales musicales: el último estreno nacional fue La muerte blanca (1.8.1985) y el último extranjero Henry V (25.4.1991). Nunca jamás volvió a ofrecer cine: hasta hoy continúa exclusivamente dedicado a recitales musicales. [Véase también el libro Palacios plebeyos de Edgardo Cozarinsky, pág. 49-54].
1153
Inaugurado el 11.10.1930, el Broadway fue, desde el primer momento, uno de los cines más confortables de la Capital Federal y, desde años más tarde, tal vez el mejor dotado en sus aspectos técnicos, especialmente en el sonido. Su dueño era Augusto Alvarez y su diseñador el arquitecto Jorge Kalnay. La gala de apertura contó con la actuación en escena de la orquesta típica de Edgardo Donato, la jazz de Scolati Al Meyda y el conjunto de Eddie Mayo y Los 8 Vagabundos, con una de Garbo ya estrenada, Las emancipadas, y con el estreno de La tragedia submarina. En comparación con otros cines céntricos de primera línea, el Broadway pasó poco cine nacional: el primero en ser allí exhibido (no estrenado, ya que lo había sido en el Select Lavalle) fue La vía de oro desde el 27.10.1931 y por cuatro días. El primero en ser estrenado (31.10.1935) fue la comedia deportiva Por buen camino, y el último (1.4.1993) Funes, en este caso tras poco más de un año dedicado sólo a espectáculos teatrales y musicales. De hecho, en la década de los 30 hubo períodos en que alternaba films con espectáculos teatrales: en diciembre 1935, por dar un ejemplo, se instaló allí la Compañía Argentina de Grandes Artistas Los Ases, dirigida y encabezada por Enrique de Rosas con Santiago Arrieta, Olinda Bozán, Héctor Calcaño, Felisa Mary, Fernando Ochoa, José Otal y Leopoldo Simari e integrada por Luisa Vehil, Isabel Figlioli y Tito Lusiardo, estrenando la comedia de Eduardo Pappo Casado-pronto-verte-quiero, más adelante adaptada al cine con el título Hay que casar a Ernesto.
El Broadway también estrenó una quincena de cortometrajes argentinos, entre ellos el celebrado documental Camino del indio (31.5.1943) y al menos tres de directores adscriptos a la Generación del 60, Buenos Aires (15.1.1959), Biografías (15.9.1960) y Diario (3.5.1962). En algún momento adosó un pequeño bar, y eso fue en los años en que su administrador era “Ramitos”, dueño de una gentileza infrecuente en su medio. La sala aún subsiste, aunque dividida en dos.
1627
Federales y
unitarios fue el primer film argentino estrenado (8.7.1927, con dos días en cartel)
en el flamante cine Astral, que
había sido inaugurado el 1.7.1927 y al que las carteleras y la publicidad
calificaban como “el maravilloso palacio del cine”: de acuerdo al especialista
Alberto N. Manfredi (h) en su invalorable serie de notas publicadas en la
revista Sin Cortes, sus dueños eran
los hermanos Méndez, llamados Virgilio, José y Francisco, pero a los pocos días
lo alquilaron a Clemente Lococo. En el Astral también fueron lanzados No salgas de tu barrio (29.4.1928), uno
de los cinco cortometrajes mudos producidos por la Armando Films, “tangos
filmados” exhibidos con acompañamiento orquestal en vivo; Jira presidencial por las provincias del
Norte
(6.4.1931), documental de 45’ registrado durante la visita de José Félix
Uriburu a Salta, Jujuy, Tucumán y Córdoba estrenado con pompa y circunstancia a
las 21.30 con la presencia de Uriburu, aunque se ignora si el Presidente del
Gobierno Provisional –así se hacía mencionar el jefe de la dictadura militar–
se quedó a ver el film estrenado a continuación, Angeles del Infierno; así como el 2.5.1931 tres de los famosos
cortos con Gardel, El carretero, Rosa de otoño y Yira yira.
Desde el sábado 4.1.1930 comenzó a alternar cine y teatro, en este caso sólo en las secciones vermouth y segunda noche: el espectáculo inaugural tuvo por título El mundo empieza en jarana y era ofrecido por la Compañía de Revistas Porteñas de los también autores Alberto Ballestero y León Alberti, encabezada por Segundo Pomar, María Esther Podestá, Manuel Rico, Amanda Ledesma, Carmen Olmedo y Carlos Marambio Catán. El jueves 24.9.1931 las carteleras anunciaban “último día de espectáculos cinematográficos”: al día siguiente se produjo el debut de la compañía mexicana encabezada por Lupe Rivas Cacho, y desde entonces el Astral será dedicado sólo a representaciones teatrales, siendo en este terreno uno de los más visitados por los espectadores, incluyendo las cinco temporadas consecutivas (1949-1953) en las que Luis Sandrini representó Cuando los duendes cazan perdices.
No hay comentarios:
Publicar un comentario