PERFILES
El catalán Borrás
Antes de abandonar España huyendo de la dictadura franquista, la vida
de Eduardo Borrás (Barcelona, 15.8.1907 / Buenos Aires, 17.2.1968) tuvo más de
aventura que de literatura o teatro: como periodista (pseudónimo: El Caramelero),
sus ideas anarquistas lo llevaron a cubrir la Guerra Civil Española en franca
adhesión al bando republicano, y en tanto político, aunque ya desligado de la
Federación Anarquista Ibérica, conoció la prisión, de la que pudo escapar sobre
el final de la contienda. Su primera obra, El
proceso Ferrer, asume la historia del pedagogo y político anarquista
Francisco Ferrer Guardia, quien, fusilado, “murió
víctima de la injusticia social” y “fue
mártir de la libertad y fundador de la Escuela Moderna”, de acuerdo al
programa del estreno. Desde Francia emprendió viaje a la lejana América,
recalando primero en la Dominicana, luego en Cuba y al fin en la Argentina,
donde vivió desde 1942 hasta el final. Aunque en su patria había estrenado dos
piezas teatrales, fue aquí donde desarrolló la mayor parte de su obra, que se
extendió al periodismo, al ensayo de contenido político (Un tal Adolfo Hitler, 1944), a las traducciones, pocas veces a la
radiofonía y a la televisión, y sobre todo al cine, medio para el que no sólo
escribió argumentos originales y adaptaciones en un total de 27 largometrajes, 11
de ellos para Hugo del Carril y otros 6 para Tinayre, sin olvidar producciones
españolas, brasileñas y mexicanas, sino que fue productor de, entre otros, los
megaéxitos La patota y La Cigarra no es un bicho. Fue un hombre
dedicado a la cultura a tiempo completo.
La historiadora Perla Zayas apunta que “su teatro refleja los más variados conflictos de las relaciones familiares, los enfrentamientos generacionales y ahonda en problemas filosóficos como el libre albedrío, la libertad moral del hombre y el determinismo”, temas todos ellos trascendentes y significativos que, vaya a saberse por qué razones, no pudo plasmar convincentemente en el cine, medio en el que obtuvo resultados muy desparejos que, en tanto argumentista van desde la potencia de La Quintrala hasta la excesiva retórica religiosa de La patota. En cambio, fue mucho más hábil adaptando textos ajenos, con un pico de talento y creatividad en Más allá del olvido.
Su prestigio provocó que
directores y productores extranjeros contrataran sus servicios. El crítico brasileño Alex Viany le filmó Rua
sem sol, que “focaliza um aspecto
social interesante. A história é fraca, com vestigios do dramalhão mexicano”,
según Cena Muda. Muchos
años más tarde viajó con su esposa, María Nieves Cuenya, a Río de Janeiro y
durante casi dos meses trabajó en la adaptación de una exitosa pieza teatral, Procura-se uma Rosa, que tenía la
particularidad de que cada uno de sus tres actos, versiones de una misma
historia, había sido escrito por otros tantos autores, Vinícius de Moraes,
Pedro Bloch y Gláucio Gil: Borrás adaptó el de Gil con destino a una producción
planteada como brasileña pero que terminó, por esos avatares del negocio del
cine, en una italiana de Franco Cristaldi hecha en Río con Claudia Cardinale
(inminente signora Cristaldi) y Nino
Manfredi. En México adaptaron su drama teatral La lámpara encendida, versión que Emilio García Riera y Fernando Macotela
desestimaron escribiendo con algún error (en La guía del cine mexicano, pág. 94) que se trataba de un “Melodrama basado en una trama española de
Eduardo Borrás adaptada al medio mexicano. Trata de los conflictivos amores
entre un escritor ([Carlos] Rivas),
en dificultades para ganarse la vida, y su pobre y abnegada mujer (Marga
López), que llega a prostituirse para ayudarlo. Con todo eso, se procura en la
película la crítica social”. Además de escribir a destajo para quien se lo
solicitara, el cine de Borrás está ligado a la obra de dos realizadores.
Los films con Hugo del Carril – Con él logró una perfecta simbiosis creativa, puesto que ambos compartían una misma mirada sobre el ser humano. “Para mí, la palabra de Borrás era la palabra definitiva. Fue el hombre que no falló nunca, porque tenía una visión muy exacta de lo bueno y de lo malo, y era un crítico increíble. Razón por la cual todas las películas que adaptó, invariablemente, fueron sucesos. A pesar de que fue muy combatido (…). Cosa que yo jamás le perdonaré a nuestra crítica”, expresó alguna vez el director. Críticos, historiadores, estudiosos e investigadores coinciden en señalar a Las aguas bajan turbias como su obra maestra; tanta coincidencia hace ruido, sin embargo: el aliento trágico y socialmente reivindicatorio terminó cediendo al melodrama que fulgura en primer plano. Es un film notable, sin embargo, pero no la obra maestra que se quiere ver. La Quintrala, como informan las leyendas en los créditos, se inspira en un personaje real cuya vida fue biografiada por Magdalena Petit y otros escritores chilenos, pero como él mismo se vio impelido a aclarar, Borrás trató con libertad tanto los documentos históricos cuanto la leyenda en torno al personaje, aunque los créditos lo presentan como “adaptación cinematográfica”; como sea, es uno de sus más logrados guiones conjuntos. Pero será Más allá del olvido, sin duda alguna, su guion mejor estructurado que, unido a la realización, resultaron en una obra maestra (de la que este blog se ha ocupado en un artículo publicado el 15.2.2025 y reiteró con agregados el 18.5.2025).
Además, Carril concretó dos de sus piezas teatrales: Culpable había sido estrenada con puesta en escena y actuación principal de Narciso Ibáñez Menta. El protagonista se llama “Lázaro Dieudonné” y su pesado conflicto de conciencia se tornó en contra de una producción rimbombante y carísima que terminó resultando un completo fracaso que casi decreta la quiebra del empresario Francisco Gallo, no obstante lo cual y a instancias de Carril sus derechos para cine fueron adquiridos por la empresa Tecuara, que disponía de abundante dinero que agotó en apenas seis producciones, la primera de las cuales fue ésta, cuyos conflictos trasladaron al Buenos Aires contemporáneo. Un texto inicial advierte que “los hechos y personajes de esta historia son una fantasía sin ningún nexo con el mundo real. Pero a través de lo fantástico buscan una realidad más profunda del hombre: la realidad de su conciencia”. A pesar de los nombres en juego y del elenco all star (Roberto Escalada, Elina Colomer, Myriam de Urquijo, María Aurelia Bisutti, Ernesto Bianco), éste fue tal vez el peor fruto de su extensa colaboración, film confuso, petulante, aburrido, grandilocuente, sólo aligerado por la buena resolución de las escenas de acción, ubicadas justo al comienzo. Mucho mejor les fue con Amorina, pieza inicialmente publicada en mayo 1957 y luego estrenada con dirección de Eugenio Filippelli. Desde un principio pensada para Tita Merello, ese personaje le iba como anillo al dedo: es una mujer madura cuyo esposo la engaña con una jovencita (que no aparecía en escena) y cuyos hijos comienzan a independizarse, todo lo cual va configurando un cuadro que lleva a la sufrida mujer de la depresión a la locura. En este caso Borrás no escribió la adaptación: lo hizo César Tiempo, quien dio vida a la amante joven (María Aurelia Bisutti) y que resultó un potente melodrama que destaca con habilidad los elementos –internos y externos– que conducen a la protagonista a la locura.
El último jalón de esa extensa colaboración fue La sentencia, una historia que sigue las huellas de Una cita con la vida en su tratamiento de una problemática juvenil, aunque con menor fortuna y en un tono diverso. Aquí también hay una pareja muy joven, una muchacha marginal, tocada por todo vicio posible, que conoce a un joven suburbano honesto quien se casa con ella para sacarla del reformatorio de menores. Si el planteo es interesante todo se desmorona tras una serie de peripecias que ningún favor le hacen a la obra de ambos y que sí, en cambio, señalan el definitivo extravío de Borrás en los bajos fondos de las miserias humanas a las que otorga un tratamiento sensacionalista más propio de Tinayre que de Carril.
Los films con Daniel Tinayre – “Después tuve a un colaborador muy querido, con el cual hice muchas cosas: Eduardo Borrás. Eduardo Borrás era un hermano para mí, un ser superinteligente que, desgraciadamente, nunca pudo llevar al papel la gracia permanente y la espontaneidad que tenía en el diálogo. Uno podía estar horas con Borrás, preparando un libro o jugando al ajedrez, y era de una brillantez formidable. No la reflejaba siempre en los libros pero la construcción cinematográfica de los mismos era buena. […] Era realmente técnico en lo que se llama llevar a la pantalla un libro, porque sabía descomponer en imagen. Trabajamos varios años juntos, nos transformamos en productores juntos, ganamos mucho dinero juntos, perdimos mucho dinero juntos; pasamos por todo lo que se debe pasar…”, lo recordó Tinayre en Reportaje al cine argentino (pág. 347).
Su primer film conjunto fue el
vigoroso La bestia humana, en el que
no sólo cambiaron el final de Zola sino que tanto manipularon la novela que del
original sólo quedó la anécdota principal (véase este blog: 10.9.2025). Su cénit fue La patota, drama sombrío y efectista en el que
Mirtha Legrand –empeñosa pero impotente para resolver el personaje más jugado
de su trayectoria– encarna a una señorita de 24 años que disfruta de “dinero, familia, alegría y amor”, esto
es, un padre juez, un novio oficial y veladas de ballet en el Colón, no
obstante lo cual se empecina en dar clases nocturnas en una escuela ubicada en
un barrio bravo, con funesto resultado, ya que resulta violada por un grupo de
sus alumnos que la confunden con una prostituta vecina. Todo ello empapado en
una religiosidad in extremis, con frases del calibre de “entraron en su vida, le arruinaron su vida”
(por los patoteros), “ese lugar en el que
siempre es posible la esperanza” (por la iglesia), “un profundo temblor se alzaba dentro de mí” (por el embarazo resultante)
y “¿cómo puede pedírsele a una mujer que
arriesgue su alma por no tenerlo?”, “mi
sufrimiento es mío, creo en Dios” y “yo
sé lo que es el sufrimiento, pero cumplo con mi deber” (ante la posibilidad
de abortar). Ni a Tinayre ni a Borrás se les cruzó la posibilidad lógica de que
esos muchachos contrataran los servicios de la prostituta vecina porque, claro,
entonces no hubiera habido film alguno. El mamotreto, sin embargo, gustó al
público, y más de medio siglo después un nieto de Tinayre llamado Ignacio Viale
fue uno de los numerosos productores de una nueva versión cuyo argumento
original los créditos atribuyen a Borrás y
Tinayre. Su restante labor conjunta es por completo diversa de la encarada con
Hugo del Carril y desciende en casi todos los casos a la más extrema sexploitation, que en cierta manera la
consagrada habilidad técnica del director rescata en lo formal. Juntos fueron
socios de Producciones Cinematográficas Tinayre-Borrás SRL, que trabajaba en
plena connivencia (estudios, personal técnico y distribución) con Argentina
Sono Film.
Sin Tinayre, Borrás fue titular de Producciones Borrás SRL, que coprodujo con España el notable Los inocentes de Bardem, pero esa empresa era ficticia, apenas una delegación de la Sono en tiempos en que el INC restringía la cantidad de créditos anuales; de cualquier modo, Borrás fue algo más que el guionista y el prestanombres, fue el decisivo gestor de que se hiciera en la Argentina. Curiosamente, su actividad radiofónica y televisiva ha sido menguante: tradujo y adaptó a la medida de Alberto Closas y Mirtha Legrand la comedia teatral de André Maurois Cours de bonheur conjugal (1951) con destino a un ciclo radiofónico titulado Lecciones de felicidad conyugal, que debutó el 24.8.1953 por LR4 Splendid en su espacio Noches estelares K. C., con Raúl Astor como maestro de ceremonias, emitido hasta fines de ese mes de lunes a viernes a las 21.05. Esos mismos libretos fueron más adelante trasladados a la TV pero con Angel Magaña en lugar de Closas, emitidos entre noviembre 1956 y enero 1957 por el Canal 7. La otra solitaria incursión de Borrás por la televisión se registra en 1971, cuando adaptó The trial of Mary Dugan de Bayard Veiller para una de las emisiones del ciclo del Canal 9 Alta comedia.
Una curiosidad reside en que la primera pieza de su autoría, El proceso Ferrer, al ser representada en una segunda producción (enero 1932, salón Cataluña, en Terrassa) lo fue por una compañía encabezada por Anita Tormo, madre de Carmen y Ana María Campoy. Integró el jurado oficial en la quinta edición del Festival de Mar del Plata (1963) y no era pariente del célebre actor español Enrique Borrás, quien supo actuar en reiteras temporadas en teatros argentinos, ni tampoco de otros Borrás del arte (Juan, Rafael, Tomás), ya que ese apellido era muy común en Cataluña. Pero tal vez –y sólo tal vez– sí lo tuviera, en el grado de sobrino, con un actor argentino asimismo llamado Enrique Borrás, puesto que intervino en breves partes de, entre otros, dos films escritos por Eduardo, “el Mocho” en Del otro lado del puente y en un personaje no identificado de Un hombre cualquiera.
Don
Birnam
Filmografía
[Algunas fuentes lo registran como guionista de De los Apeninos a los Andes (Folco
Quilici, I/A, 1958), pero ese dato no es exacto: de haber intervenido, el peso
de su prestigio hubiera obligado a acreditarlo, aunque es probable que aportara
algún tipo de asesoramiento no oficial].
Esperanza (Francisco Mugica – Eduardo Boneo, A/CHI, 1948-1949: G, sobre tema de Enzo Ardigó), Volver a la vida (Carlos Borcosque, 1949: G de Borcosque sobre argumento de EB, quien no figura en los títulos de crédito) y Surcos de sangre (Hugo del Carril, A/CHI, 1949-1950: G, sobre la novela Frau Sorge de Hermann Sudermann). España: El negro que tenía el alma blanca (Carril, 1950: no hay copias disponibles como para confirmar si EB figura en los créditos, aunque se sabe que escribió una primera adaptación de la novela de Alberto Insúa; otros guionistas mencionados en diversas fuentes son José Luis Salado, Carlos Fernández Cuenca, Carril e Insúa mismo). Argentina: Llévame contigo (Juan Sires, 1950: ARGM y G), Las aguas bajan turbias (Carril, 1951-1952: G, sobre la novela El río oscuro de Alfredo Varela) y Del otro lado del puente (Carlos Rinaldi, 1953: G, sobre argumento de Alfredo Ruanova). – Brasil: Rua sem sol (Alex Viany, 1953: ARGM y G, sobre idea de Mario del Rio, con escenas y diálogos adicionales de Viany incorporando sugestiones de Carlos Alberto de Souza Barros). – Argentina: La Quintrala –Doña Catalina de los Ríos y Lisperguer– (Carril, 1953-1954: ARGM y G) y Un hombre cualquiera (Rinaldi, 1953-1954: ARGM y G). España: El tren expreso (León Klimovsky, E/A, 1954: G de Klimovsky, sobre ARGM y DIAL de EB sugeridos por el poema en tres cantos de Ramón de Campoamor). – México: De carne somos (Roberto Gavaldón, 1954: G de Julio Alejandro y Gavaldón sobre la pieza teatral La lámpara encendida de EB).
Argentina: La bestia humana (Daniel Tinayre, 1954: G, sobre la novela La bête humaine de Emile Zola), Más allá del olvido (Carril, 1955: G, sobre la novela Bruges-la-morte de Georges Rodenbach), Una cita con la vida (Carril, 1957: G, sobre la novela Calles de tango de Bernardo Verbitsky), Las tierras blancas (Carril, 1958: G, sobre la novela de Juan José Manauta), En la ardiente oscuridad (Tinayre, 1959: P con Tinayre y G, sobre la pieza teatral de Antonio Buero Vallejo), Culpable (Carril, 1959: G, sobre su pieza teatral ¡Culpable!], La patota (Tinayre, 1960: P con Tinayre, ARGM y G), Esta tierra es mía (Carril, 1960: G, sobre la novela ¡Esta tierra es mía! –Novela del Chaco argentino– de José Pavlotzky), El rufián (Tinayre, 1960: G de Tinayre, sobre argumento de Enrique Albrit [EB y Tinayre]), Amorina (Carril, 1960: G de César Tiempo, sobre la pieza teatral de EB), Los inocentes (J. A. Bardem, A/E, 1962: G, sobre argumento de Bardem, Antonio Eceiza y Elías Querejeta), La Cigarra no es un bicho (Tinayre, 1962: P con Tinayre; G, con la colaboración de Juan Carlos Colombres “Landrú”, sobre la novela de Dante Sierra; y letrista de una canción con música de Lucio Milena), La sentencia (Carril, 1963: ARGM y G) y Extraña ternura (Tinayre, 1963-1964: G, con DIAL de Luis Pico Estrada, sobre la novela Cette étrange tendresse de Guy des Cars). – Italia: Una Rosa per tutti (Una Rosa para todos, Franco Rossi, 1965: G con Ennio De Concini y Rossi con la colaboración de Nino Manfredi, sobre un acto de Gláucio Gil para la pieza teatral Procura-se uma Rosa). – Argentina: La patota / Paulina / Paulina (Santiago Mitre, A/F/BR, 2014: G de Mitre y Mariano Llinás sobre ARGM de EB).
Actividad como dramaturgo: En España: El proceso Ferrer (24.11.1931, Talía, de Barcelona) y En nombre del rey (1938) – En la
Argentina: La rosa azul (18.11.1947,
Empire), La estrella cayó en el mar (9.3.1951,
Odeón), La lámpara encendida (13.6.1952, Cómico), ¡Culpable! (29.3.1955, Astral) y Amorina (27.3.1958, Buenos Aires).
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