viernes, 17 de julio de 2026

TEMAS

Films institucionales

1. Los cortos

Existió toda una vertiente poco atendida por los críticos, investigadores e historiadores que nos venimos ocupando del cine argentino. Desde sus mismísimos inicios, a finales del siglo XIX, hubo realizadores y empresas especializados en lo que genéricamente se denomina “cine institucional”, films que, salvo muy pocas excepciones, eran de corta duración y pertenecían al género documental. Luego absorbidos por los noticiarios, registraban visitas de dignatarios extranjeros, celebraciones de la high society, inauguraciones variopintas, divulgación turística, actos oficiales en fechas patrias y toda una diversidad de asuntos que oscilaba entre la obsecuencia hacia los gobiernos de turno y el mero emprendimiento comercial, apartado este último que el lunfardo bautizó, hasta hoy mismo y vaya a saberse el por qué, como “chivo”. Los pioneros Enrique Lepage, Eugenio Py, Max Glücksmann y Mario Gallo, así como Renée Oro, los hermanos Irigoyen y el productor Italo Fattori practicaban esa especialidad, que algunos de ellos alternaban con los de ficción. El más activo fue, sin embargo, otro pionero, Federico Valle, como bien documentó Domingo Di Núbila en su libro biográfico Cuando el cine fue aventura (1996).





   El vasto campo del institucional puede ser contemplado de diversas maneras. Están los, diríamos, “bienintencionados”: en abril-mayo 1956 el italiano Ferrucio Cerio dirigió La gran batalla, un corto “urgente” sobre la lucha contra la polio que azotaba a los niños en aquellos momentos; contaba con guion de Ariel Cortazzo y fotografía de Humberto Peruzzi y se hicieron copias en varios idiomas; en 1979 el actor Hugo Mujica dirigió Las dos carátulas, mediometraje que muestra las actividades de la Asociación Argentina de Actores, en cuyo hotel de la villa cordobesa de Thea fue realizado en 16mm color; en 1974 el asistente de dirección Esteban H. Etcheverrito realizó Bahía Paraíso para la Dirección General del Antártico, pero de manera ilustrativa, sin una pizca de servilismo, evidente en el texto que escribió Haroldo Conti en una pausa a sus actividades criminales. Otros directores, tal vez mejor conocidos y populares, hicieron los suyos sobre los asuntos más diversos. Arturo Mom, Don Napy, Ayala (para SIAM y para Aerolíneas Argentinas), Hugo del Carril (para el Sindicato Luz y Fuerza), Demare, Raymundo Gleyzer (para Industrias Kaiser Argentina), Martínez Suárez, René Mugica, Raúl de la Torre (para enormes conglomerados industriales italianos), Mario Sabato, Ricardo Becher, Edgardo Cozarinsky y Ana Poliak (estos dos para las aperturas del BAFICI) y nadie menos que Torre Nilsson, en 1978 y para el Banco del Río de la Plata y el diario Clarín.

   Otra vertiente la representan los numerosos “cortos peronachos”, que glorificaban todos y cada uno de los emprendimientos nac&pop de sus dos primeros gobiernos, de los que este blog se ha ocupado con lujo de detalle en tres artículos consecutivos, publicados los días 19, 20 y 21.10.2025. En ese rubro años más tarde destacó Alberto Larrán, de quien también se trazó un perfil en este blog en su entrega del 4.4.2025: Larrán alcanzó grados inéditos de servilismo, en especial hacia las Fuerzas Armadas y al mismo tiempo en que gobernaron de facto durante el período 1976-1983, lo cual agrega cierta dosis de complicidad tácita. Aparte Larrán, el rubro “institucionales” permitió el destaque de otros realizadores-empresarios, a saber:

Ricardo Alventosa, iniciado en el marco de la Generación del 60 a la que aportó algunos cortos y La herencia (1962); luego del fracaso de un segundo largometraje encontró un mejor sustento realizando institucionales, por lo general secundado por los mismos técnicos y operando él mismo la cámara, por encargo de la Secretaría de Estado de Salud Pública del Ministerio de Bienestar Social de la Nación (El Mal de los Rastrojos y Salud rural en 1969 y El principio del fin, Cuando llega la enfermedad… y Mal de Chagas en 1970), de la Asociación Argentina de Protección Familiar (Pronto se alegrarán en 1971 y Estás creciendo en 1972), del Departamento Educación para la Salud de la Sub-Secretaría de Salud Pública de la Nación (A vacunarse, 1977) y del INC (Buenos Aires, 1980), éste en el marco de las celebraciones por el 4º centenario de la fundación de la Capital Federal.


Alventosa en acción


Ernesto Ricardo Guadalupe, titular de Ernesto Guadalupe Producciones Cinematográficas, sin antecedentes en largometrajes industriales excepto en calidad de jefe de Prensa de Producciones Angel SRL (Torre Nilsson-Gaffet) durante 1959-1960, pero sí al menos en un par de cortos, como asistente de cámara en Raquel Forner (Carlos Otaduy, 1962) y como asistente de producción en Tigre y delta argentino (Ber Ciani, 1963) y de dirección en El Valle de Punilla (Strambini, 1964). Luego edificó una obra de la que restan variadas incógnitas y pocas evidencias concretas, entre éstas un corto sin título (mencionado como Alicurá, energía patagónica y/o Aprovechamiento hidroeléctrico de Alicurá) realizado a lo largo de varios años (1979-1986) siguiendo la construcción de esa planta energética de la Constructora Alicopa SA en la provincia de Río Negro; dos realizados para Hidroeléctrica Norpatagónica SA (HIDRONOR) sobre la construcción de ese complejo localizado entre Río Negro y Neuquén, titulados El Chocón –La obra del siglo– (1968, dirigido por Juan Carlos Strambini) y El Chocón –Energía vital para la Patagonia– (1969), y además Un seguro para el Comahue (1971, estrenado en cines porteños el 5.10.1972), Piedra del Aguila –Energía para la república que viene– (1983-1987) y Curação (1986). Pero a Guadalupe pertenece un montón de otros cortos, perdidos en la noche negra del celuloide, de los que apenas restan sus títulos: Un camino llamado futuro, Casa de piedra, Con energía hacia el futuro, En la pampa blanca, En las huellas del Nazareno, Fórmula 1 Internacional, Fray Bentos-Puerto Unzué, El futuro se hace presente, Grandes maquinarias, Instituto Román Rosell, Un milagro argentino, Misiones y el turismo, Pesca variada en el Paraná, Pichi Picún Leifú, Planta repetidora de TV Paso de los Libres, Un programa cumplido, Puente grúa Alicurá, Puente grúa Arroyito, Una realidad en marcha, La sangre de la vid, Seguridad: vida, Tanque de guerra y camión, Tecnología argentina para el mundo, Tuberías a presión, Un viaje por el NOA y La yerba mate. Gran-incógnita-gran.

Complejo El Chocón


Juan Carlos Strambini, quien parece haber estado estrechamente ligado a Guadalupe, puesto que figuran ambos en los créditos de Raquel Forner –Strambini en calidad de autor de la idea original y los textos–, y para quien ofició de productor en Tigre y Delta argentino, en el corto sin título sobre Alicurá y en Piedra del Aguila. Por su cuenta y riesgo, dirigió Sangría en la selva y La vida de un árbol (1959), Color y sombras de la gran ciudad (1962), El Valle de Punilla (1964, con Guadalupe de asistente), Aquí Mar del Plata (1966, con Guadalupe acreditado como jefe de producción) y el citado El Chocón –La obra del siglo–. Además, fue productor de Bariloche en verano (Ber Ciani, 1962).

Escena de El Valle de Punilla


Marcos Casado Sastre fundó su empresa MC Films SCA en 1956, con Oscar Baigorria como director artístico y más adelante con Jorge Michel y Héctor Vena en otros rubros, especializándose en “corto metrajes en Ferraniacolor y Agfacolor de tipo documental, institucional, comercial y dibujos animados para cines y TV”, de acuerdo a la Guía Heraldo 1959-1960. Fue productor en Conozca Atanor (Vlasta Lah, 1958), Squibb en la Argentina (Oscar Baigorria, 1958), El juego más hermoso del mundo (Román Viñoly Barreto, 1964, para la Cabalgata Deportiva Gillette), Operación Antártida (Héctor Gazzolo, 1969, para Fiat Concord SAIC y con guion no acreditado de Haroldo Conti), El bosque en marcha (René Mugica, 1969, para Celulosa Argentina SA) y en el citado Bahía Paraíso de Etcheverrito.


Operación Antártida


Luis J. Galindo (la J. es de José) contaba como antecedente el haber sido DF y cameraman en Los elegidos (Martín Schor, 1963) y tal vez en algunos otros cortos, de los que no hay constancia. Con su empresa de films publicitarios (f/p) Producciones Luis J. Galindo dirigió y fue DF, cámara y compaginador de Capacitación y Saneamiento ambiental (1969), ambos para la Secretaría de Estado de Salud Pública del Ministerio de Bienestar Social de la Nación y ambos con guion de Horacio Eichelbaum. Un año más tarde desempeñó idénticos roles en Caja Nacional de Ahorro Postal, pero para otra empresa, Documental Film. [Hipótesis: es posible que Galindo fuera hermano de la actriz Leonor Galindo, quien para aquellos tiempos era la pareja sentimental del periodista Edmundo “Mondy” Eichelbaum, hermano mayor de Horacio Eichelbaum].





Horacio R. Casares fue un nombre destacadísimo en el campo específico del f/p, siempre para su empresa Horacio R. Casares Producciones SA. Como una extensión natural de esa especialidad pero de mayor duración, produjo y dirigió algunos institucionales como Culpables...? (1969, sobre seguridad industrial), Historia de un hilo (1969, para la Compañía Italo-Argentina de Electricidad SA), Riego, salinización y drenaje (1970), Manejo del rodeo de cría (1971) y Cada minuto, cada segundo (1981), éste a cuenta del INC, que lo estrenó el 6.5.1982 en los cines Opera, Grand Splendid, Monumental, Iguazú, Alfa, Libertador, Lorange, Atlas, Gran Rex, América, Ambassador, Normandie, Atlas Belgrano, Atlas Recoleta, Flores y suburbanos: una idea de su contenido lo aporta un texto al final, que dice: “En defensa del cielo de la patria. Fuerza Aérea Argentina. Comando Aéreo de Defensa. VIII Brigada Aérea. ¡Viva la patria!”. Pocos años más tarde, recuperado el estado democrático, Casares decidió incursionar en la producción de largometrajes industriales, pero contratando otros directores, zafra de la que surgieron Gracias por el fuego (Renán, 1983), Noches sin lunas ni soles (Martínez Suárez, 1984), Asesinato en el Senado de la Nación (Jusid, 1984) y, en calidad de compañía asociada, El dueño del sol (Rodolfo Mórtola, 1986) y Billetes billetes... (Martín Schor, 1986). La última actividad conocida de Casares fue la producción de una serie de cortos histórico-didácticos de 5’ cada uno titulada La historia de la patria, un poco a la manera de los que produjo Mario Gallo entre 1909 y 1910: los hizo por encargo de la Ford Motor Argentina y fueron estrenados en cines a partir del 20.10.1977 y luego emitidos por TV.

Carlos Parera ostenta una trayectoria rica y muy diversificada, tanto que merecerá un artículo propio, en breve en este blog. Baste adelantar que, en el terreno específico del rubro y para su empresa de f/ps Carlos Parera Cine, produjo y dirigió cuatro cortos por encargo de la Secretaría de Estado de Salud Pública del Ministerio de Bienestar Social de la Nación, en todos los cuales fue guionista DF y cameraman: El hijo bienvenido (1969), Operativo Agua (1969), La rabia (1970) y Sus hijos y usted (1971). [Concluirá mañana]


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