domingo, 19 de abril de 2026

PERFILES

SAR, Delia Garcés



En su canónica Historia del cine argentino, Domingo Di Núbila contó que “Delia había llegado al cine cuando Chas de Cruz, amigo de su familia, y Angel Magaña, compañero de elenco del Nacional Cervantes, la indicaron a Soffici para un papelito en Viento Norte”, y en otra página del libro consideró que poseía una “seductora femineidad”. El poeta barrial Julián Centeya no se quedó atrás: “Esa pebeta con cara de cielo”, le dedicó. Delia Garcés (Delia Amadora García Gerbolés; Buenos Aires, 13.10.1919 / 7.11.2001) ha significado un punto y aparte en el apartado “estrellas” de la cinematografía aborigen. Pocas otras han congeniado talento, belleza y ese algo difícilmente definible que podría traducirse como “clase”, “distinción” o “elegancia natural”, virtudes que no se aprenden en academias ni se adquieren por contagio: otras en esa línea fueron Julia von Grolman, Mónica Galán, Mercedes Sombra, Chunchuna Villafañe, Alicia Dolinsky y Teresa Costantini, todas ellas dueñas de un encanto a prueba de malos films.

Con Hugo del Carril en La vida de Carlos Gardel


   Melgarejo registra su primera aparición ante las cámaras, con Malisa Zini, Judith Sulián y Tilda Thamar como cuatro invitadas a la primera de las fiestas del argumento (en la segunda aparece Dora Ferreiro), ninguna de ellas mencionadas en los títulos. Como la mayor parte de los actores, Garcés tampoco hacía gala de buena memoria para fechas y otras fruslerías: en Reportaje al cine argentino inicia la entrevista mintiendo (“La primera vez que estuve frente a una cámara fue en Segundos afuera: me llevó Chas de Cruz”); las fechas de producción son más rigurosas que las de estreno o que las fluctuantes memorias. Como sea, accedió al cine siendo una primeriza en el teatro, con estudios en el Teatro Infantil Lavardén y en el Conservatorio Nacional de Arte Escénico, donde además perfeccionó con Juan José Castro sus dotes naturales para cantar, algo que hizo con su propia voz cada vez que tuvo que hacerlo. Los escenarios le resultaron amistosos, al igual que los sets del cine.

Con Alberto de Zavalía


   Pero las cámaras la adoraban. En sus largometrajes iniciales suplía su falta de experiencia con una frescura y una liviandad admirables, hasta que fue adquiriendo seguridad y entonces, además, casó con un director y productor importante, Alberto de Zavalía (1911-1988), e hizo bajo su guía once films, la mayor parte tostones históricos de digestión harto difícil aunque, de todos modos, ella se las ingeniaba para sobreponerse al pesado trámite. Resulta dificultoso establecer cuál fue su mejor prestación, ya que muy rara vez decepcionaba. De entre sus veintiocho largometrajes es posible destacar su trabajo en un puñado de ellos:

La maestrita de los obreros se desarrolla con fluidez en gran medida gracias a su actuación, tal vez la única actriz posible en esos años para el personaje de D’Amicis, que proporciona el debido contraste: hay que imaginar el impacto que, en un barrio portuario (“puerto de río”, lo denominan, sin mayores precisiones geográficas), acusan la llegada de una mujer con el rostro, la figura, la sonrisa y las maneras de la maestrina.

Aunque muy discutible desde la adaptación, que cambia el final imaginado por Ibsen, Casa de muñecas balancea con imágenes estupendas y ofrece una maravillosa interpretación suya, por lejos la mejor “Nora” que ha dado el cine.

La dama duende resultó tal vez el único gran musical argentino, no en el sentido Broadway u Hollywood del término sino en el innato sentido de la musicalidad con el que Saslavsky asumió una antigua pieza teatral española, al que coadyuvan una cámara creativa (operada por Vicente Cosentino) y, por supuesto, Garcés, la mayor sinfonía aportada por el cine argentino clásico.

Con Alvarez Diosdado en La dama duende


• El rasgo singular en De padre desconocido, un convencional drama tribunalicio, reside en su personaje, esto es, que una actriz especializada en heroínas sufridas y bondadosas se le atreviera a una prostituta. Sin embargo, su abordaje no resulta tan directo como el que encararon actrices como Tita Merello (en La Morocha) o Susú Pecoraro (en Tacos altos). Aunque no fue su mejor trabajo, Garcés interpreta a Laura, una mujer tan abandonada por la mano de Dios que ni siquiera tiene apellido (“de padre desconocido”, dicen sus documentos), por lo que, al huir del asilo en el que la internó su madre, toma prestado el de una compañera muerta, “Moreno”.

Vestida con modelos de Dior y Daverne, luce estupenda en Mi marido y mi novio, adueñándose del film a fuerza de una simpatía arrolladora. A Schlieper accedió muy tarde, cuando él estaba en sus últimos tiempos de vida, no obstante lo cual el milagro se produjo una vez más, en especial debido a la excepcional química establecida entre ella y Jorge Rivier.

Con Dávila y Rivier en Mi marido y mi novio


   Garcés y Zavalía se distinguieron de la mayor parte de sus colegas al no transar en la adulación al régimen peronista. Es inútil buscar fotos comprometedoras, por ejemplo sentada al lado del general en un banquete, visitando a la señora en su rincón de la caridad o charlando distendida con Fanny, Silvana y Pierina en los mullidos sillones del club de fans en el que convirtieron el Ateneo Cultural Eva Perón, todo lo cual explica que al finalizar el rodaje de El otro yo de Marcela el matrimonio careciera de proyectos locales: de hecho, ése fue el último dirigido por Zavalía. De tal modo que, al promediar 1952, mientras las chicas del Ateneo recopilaban (exigían) firmas para apoyar la reelección del Presidente, llegaron desde México los productores Oscar Dancigers y Jaime Menascé, respectivamente titulares de Producciones Tepeyac SA y Ultramar Films SA, quienes habían producido Los olvidados (1950), el clásico de Luis Buñuel estrenado muy tarde en la Argentina, el 8.9.1977 en los cines Lorca y Ritz. Menascé contrató a Garcés por dos títulos, pero revendió el contrato a Dancigers, quien en diciembre 1952 comenzó el rodaje del primero, dirigido por Buñuel, esa rara obra maestra titulada El. “Cuando a mí me tocó trabajar con Buñuel, yo iba realmente a trabajar con un amigo. Es muy especial Buñuel. Es un tipo magnífico”, recordó en Reportaje al cine argentino, entrevista de 1974 en la que sobresale el “me tocó”, que otro tipo de persona hubiera travestido en “cuando Buñuel me contrató”; en esa entrevista, además, queda muy evidente su innato sentido del humor y la liviandad y gracia con la que expone sus recuerdos sin darle gran importancia a sus logros y a la vez siendo muy generosa con sus colegas (“Gracias a Libertad Lamarque y a Luis Sandrini vinimos todos los demás”). Su segundo mexicano, Lágrimas robadas, era un argumento de Zavalía firmado con pseudónimo, aunque de todos modos no dejó signos perdurables.

Con Buñuel y Arturo de Córdova


   En mayo 1953 el matrimonio pasó por Buenos Aires y al mes y pico partió a Europa, primero a Francia y de inmediato a España, donde ella encabezó el elenco de Rebeldía, un drama sobre la fe y sobre su falta que resultó fallido a pesar del talento creativo que supo acumular (historia de Pemán, guión de Torrente Ballester, dirección de Nieves Conde) y en el que Garcés está estupenda –a pesar de que le doblaron la voz– como una muchacha de provincias afecta a proteger al prójimo y de la que se dice que es “caritativa y virtuosa” y “una santa con pantalones”, que cae en el pecado venial y se mete a monja ¡en menos de un año! y con la misma rapidez deja de serlo para casarse con el hombre –un actor alemán insufrible– al que se había entregado. Por fortuna, por allí anda Fernando Fernán Gómez sacando las papas del fuego y acaparando los únicos diálogos brillantes del aburrido asunto. El lunes 28 de junio 1954 Garcés y Zavalía retornaron definitivamente a su patria, a pesar de que el general y el subsecretario Apold seguían en el poder, aunque ya tambaleando hacia el abismo de septiembre 1955.

Con Társila Criado en Rebeldía


   De entre “lo que no fue” cabe destacar un hecho milagroso. Hacia 1941, cuando ya era una figura destacada y considerada por empresarios y cineastas, Sixto Pondal Ríos y Carlos Olivari imaginaron con sus rasgos a la “Elenita” de Los martes, orquídeas…, que no pudo hacer por tener que atender otros compromisos, lo cual resultó providencial pues evitó caer en esa especie de honey pot que fue el período llamado “de las ingenuas”, algo que ella nunca fue. Pondal & Olivari volvieron a tenerla in mente para la “Sonia” de Fascinación, en el que hubiera sido su primer encuentro con Schlieper, pero resulta que enfermó y debió ser reemplazada por Elisa Galvé. En 1943, Estudios San Miguel anunció el rodaje de una adaptación de La dame aux camélias con dirección de Saslavsky, y un último proyecto frustrado fue el de la abuela de Camila, que Bemberg aspiraba a que tuviera sus rasgos o bien los de Zully Moreno.

   Garcés recibió pocos premios: dos de la Academia por Veinte años y una noche y por Malambo, uno de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires por Malambo y uno, muy tardío por cierto, de los Cronistas por Alejandra. A partir del guión que escribió con su esposo Rafael Alberti, María Teresa León adaptó El gran amor de Gustavo Adolfo Becquer –Una vida pobre y apasionada–, publicado en 1946 por Editorial Losada SA en su colección “Biografías históricas y novelescas”, libro que dedicó “A Delia Garcés, que hizo realidad cinematográfica a Julia Espín”. Su hermana también fue actriz, con el nombre Amadora Gerbolés, pero, al igual que en muchos otros casos [véase este blog: 6.12.2025], sus talentos resultaron opacados por el de tan notoria pariente: en cine hizo apenas cinco films, en ninguno de los cuales coincidió con ella pero en uno fue dirigida por su cuñado: Celos (Soffici, 1946: “pasajera del tren”, 10º, acreditada como Amadora García), 30 segundos de amor (Luis Mottura, 1946: “Marta, mucama de los Grajales”, 11º, acreditada como Chiqui Gerbolés), Dios se lo pague (Amadori, 1947: “mucama del hotel”, 14º), Historia de una mala mujer (Saslavsky, 1947: “una invitada en la fiesta”, NA) y La doctora quiere tangos (Zavalía, 1949: “Rosita, novia de Martín Salazar” [Mariano Mores], 10º).

Con Camila Quiroga y López Lagar en 
Veinte años y una noche


   Garcés supo ser miembro del directorio del Fondo Nacional de las Artes, recibió uno de los galardones “Leopoldo Torre Nilsson” que la Cinemateca Argentina concedió entre 1979 y 1988, y su nombre le fue impuesto a la sala 3 del denominado “complejo del cine argentino”, el Tita Merello, que ocupaba el predio de Suipacha 442 donde desde el abril 1901 funcionaba el cine Suipacha. Y una curiosidad: con una frase que pone en boca de Susana Lanteri, Oscar Barney Finn rindió en Contar hasta diez (1984) homenaje a su amiga: “Yo había sacado entradas para ver a Delia Garcés...”. Por cierto, su trayectoria teatral fue extensa y calificada desde sus inicios en el escenario del Cervantes dirigida por Cunill Cabanellas: encaró piezas de autores mayormente “prestigiosos” como Giraudoux, Shaw, Rostand, Graham Greene, Calderón, algunos nacionales y hasta un Shakespeare pasado por León Felipe, pero gran parte de su repertorio estuvo orientado (y escrito, y dirigido, y producido) por Zavalía, soponcio del que se repuso gratificando a sus espectadores (fui uno de ellos y aún hoy siento aquella magia) con su maravillosa “Liuba” de El jardín de los cerezos de Chéjov traducido por Saslavsky en una no menos fascinante puesta en escena de Jorge Petraglia (General San Martín, 1966), que resultó su despedida de la profesión, pero no de la memoria colectiva de sus espectadores.

Con Serrano y la Negra Bozán en
Muchachas que estudian



FILMOGRAFIA

Melgarejo (Moglia Barth, 1936: “una invitada”, NA), Maestro Levita (Luis César Amadori, 1937: “Felisa, sirvienta de la escuela de Puentecito”, 8º, acreditada como Delia García), Viento Norte (Mario Soffici, 1937: “Rosaura, hija de ña Benita” [Ada Cornaro], 12º, acreditada como Delia García), ¡Segundos afuera! (Alberto Etchebehere y Chas de Cruz, 1937: “una admiradora de Gervasio” [Pedro Quartucci], NA), Villa Discordia (Arturo Mom, 1937-1938: “Luz Navarro”, 5º), Kilómetro 111 (Soffici, 1938: “Yolanda, sobrina de Ceferino Cuello” [Pepe Arias], 3º), Alas de mi patria (Carlos Borcosque, 1938-1939: “Ana Méndez, hija de Manuel Méndez” [Enrique Muiño], 3º), Doce mujeres (Moglia Barth, 1939: “Teresita Díaz”, 3º), La vida de Carlos Gardel (Alberto de Zavalía, 1939: “Teresa”, 3º), Gente bien (Manuel Romero, 1939: “Elvira Fuentes”, 3º), Muchachas que estudian (Romero, 1939: “Alcira”, 4º), Dama de compañía (Zavalía, 1940: “Isabel Aguirre”, 2º), Veinte años y una noche (Zavalía, 1941: “Ana María” y “Rosita, madre de Ana María”, 1º), La maestrita de los obreros (Zavalía, 1941: “Enriqueta Varetti”, 1º), Concierto de almas (Zavalía, 1942: “Alicia”, 1º), Malambo (Zavalía, 1942: “Urpila, la paloma”, 1º), Casa de muñecas (Ernesto Arancibia, 1943: “Nora”, 1º), La dama duende (Luis Saslavsky, 1944: “virreina Angélica de Pimentel Orgaz Hurtado de Mendoza”, 1º), Rosa de América (Zavalía, 1944: “Isabel de Flores y Oliva, devenida Rosa”, 1º, y también el doblaje de voz de Martha Vidou, que interpretaba a la protagonista siendo niña), El gran amor de Becquer (Zavalía, 1946: “Julia Espín”, 1º), El hombre que amé (Zavalía, 1947: “Adriana”, 2º), De padre desconocido (Zavalía, 1948-1949: “Laura, luego Laura Moreno”, 2º) y El otro yo de Marcela (Zavalía, 1950: “Marcela Segura”, 1º) – En México: El (idem, Luis Buñuel, 1952-1953: “Gloria Vilalta”, 2º) y Lágrimas robadas (idem, Julián Soler, 1953) – En España: Rebeldía / Duell der herzen (Rebeldía, José Antonio Nieves Conde, E/RFA, 1953: “Margarita, luego sor Marga, luego Margarita”, 1º) – En la Argentina: Mi marido y mi novio (Carlos Schlieper, 1954-1955: “Fabiana”, 1º), Alejandra (Schlieper, 1955-1956: “Alejandra, falsa Violeta”, 1º) y Memorias –Pierre Chenal en la Argentina– (Oscar Barney Finn, 1985-1986, video documental de largometraje: sólo como testimoniante).


No hay comentarios:

Publicar un comentario

PERFILES SAR, Delia Garcés En su canónica Historia del cine argentino , Domingo Di Núbila contó que “Delia había llegado al cine cuando ...