FILMS
Julio Irigoyen:
Prontuario de un
marginal
El último gaucho (1924) – Hacia finales de 1923, Leopoldo Torres Ríos
estaba muy lejos de imaginar que el sencillo aunque por cierto atrevido
argumento, atravesado por una pasión amorosa desatada en pleno campo argentino,
que entregó a JI sería utilizado por éste tan arteramente y en tantas
oportunidades a lo largo de los siguientes veinticinco años, casi con seguridad
sin que el escriba volviera a cobrar un solo peso por sus derechos, si es que
antes cobró alguno. Primero fue El último gaucho, que a juzgar por los
comentarios de la época tuvo un buen éxito comercial. Luego, en octubre 1929, y
amparándose en que los films eran mudos y bastaba con cambiar algunos
intertítulos, practicó una operación de lifting como había hecho con El
guapo del arrabal: lo relanzó como si fuera uno nuevo, retitulándolo La
chacra de don Lorenzo (robando, de paso, la denominación de la popular
pieza teatral clásica de Martín Coronado) y modificando el nombre de algunos
personajes; así, “don Estanislao” devino “don Lorenzo Almaraz”, aunque su
esposa “Isabel” siguió siendo “Isabel”. Cabe apuntar que ese primer embuste de
JI no sólo no fue advertido por los críticos contemporáneos –los cuales, por
otra parte, ni siquiera se molestaron en escribir una módica crónica de
compromiso– sino tampoco por algunos futuros investigadores, quienes ya en el
siglo XXI continúan considerando El
último gaucho y La chacra de don
Lorenzo como producciones diversas. Como sea, la peripecia imaginada por
Torres Ríos conocerá otras versiones, ya en la etapa del cine sonoro, con los
títulos Plegaria gaucha (1938)
y Su íntimo secreto (1947).
Inicialmente titulado “Nobleza serrana” (puesto que la intención había sido rodarlo en las sierras de Córdoba), fue concretado en seis días de enero 1924, interrumpido por un accidente del que fue víctima el actor Figueroa (se fracturó la clavícula al caer de un caballo) y terminado en un par de días de febrero, accidente que motivó una aguda reflexión de un cronista de La Nación (28.1.1924): “Como se ve, los actores argentinos, como los estadounidenses, rinden también su tributo a la industria cinematográfica”.
SIC [...] Se desarrolla en una estancia, más
bien dicho, una chacra, chacra ésta donde reinaba el trabajo, la tranquilidad y
el respeto por el jefe, don Estanislao, que era la personificación de un alma
generosa y bondadosa. Cierto día el jefe de la familia albergó en su seno a un
hombre que vagaba por los inmensos campos como un fantasma. Don Estanislao,
como así también los suyos, lo trataron con cariño, recibiendo en esa modesta
chacra pan, albergue y tranquilidad, a cambio de un poco de trabajo. Mas el
“extraño”, en vez de respetar la morada del “gaucho” don Estanislao, que era a
su vez su techo y su pan, en vez de hacerse acreedor a la generosidad del jefe
de la familia, lo engañó miserablemente, haciendo cómplice de su baja traición
a la esposa de don Estanislao que hasta el momento que había llegado el
extraño, profesaba hacia su esposo y sus hijos un amor grande e inmaculado.
Aquel “gaucho” generoso, bueno y todo corazón, al enterarse de la traición del
hombre a quien había ofrecido su casa y de la infidelidad de su esposa,
volvióse una fiera e intentó matar a ambos, pero en esos momentos de loca
pasión, viene en su memoria el recuerdo de sus inocentes hijos y se contiene,
como saben hacerlo los gauchos argentinos, el hombre fuerte y vigoroso que sabe
enfrentar las circunstancias más difíciles de su vida, con altura, el hombre de
gran corazón y el hombre de temple. Mas, en aquel gaucho, el instinto del
hombre, al verse ultrajado en su propia morada, germina en su fe el odio hacia
aquellas personas que arruinaron su vida y buscando la mejor solución para
devolver al seno de su hogar a la esposa y madre de sus hijos, trata de que lo
entiendan, mas el “extraño” e Isabel, enamorados el uno del otro, lejos de
comprenderlo y entrar en razones, se entregan por completo a sus continuos
coloquios amorosos. Pasan varias semanas más, en las que el “gaucho” sufre por
el rudo golpe recibido y lo único que lo hace tranquilizar son sus hijos, pero
ya en las últimas tramas la obra cobra una gran intensidad dramática; don
Estanislao busca y encuentra al “extraño”, en pocas palabras le recuerda su mal
proceder para con el hombre que le había ofrecido casa y el pan, a cambio de un
poco de trabajo; y frente a frente, como pelean los hombres, como pelean los
verdaderos criollos le obliga a que se defienda entablándose una lucha feroz,
en la que vence el marido ultrajado, el gaucho bueno y generoso, que en esos
momentos se había convertido en un verdadero tigre en defensa de sus legítimos
derechos y vengando su nombre ultrajado. La película cobra poco a poco una
intensidad dramática más fuerte aún, Isabel, la infiel esposa, al saber la
noticia se enferma y desde su lecho pide perdón al buen “gaucho” que por sus
hijos recibió la gran afrenta, con el sacrificio único, digno del corazón y el
temple de un verdadero gaucho. Al morir Isabel, los huérfanos preguntan al
padre: –¿Es verdad que mamita fue mala, tatita? –No hijitos míos; fue una buena
mujer... oremos por ella.
[...] Es una película que se
ha hecho con toda propiedad, entusiasmo y buena voluntad, que a no dudar habla
mucho a favor de nuestra industria cinematográfica y honra a la casa
productora, que ha hecho un esfuerzo digno en esta producción, que es una
promesa de lo que serán sus futuras producciones. Los intérpretes han sido bien
definidos y a medida que van pasando ante el espectador van dando mayor
colorido a la película. [...] La dirección de la película es desde todo punto
de vista, tanto técnica como artística, excelente y no podemos menos que hacer
constar el eficiente trabajo de Julio Irigoyen. Nuestros placémes. [Imparcial
Film, nº 257, 22.3.1924].
Intenso drama en 6 actos, que simboliza la nobleza de esa raza de
centauros que agoniza en un poniente de Olvido, y el sublime y edificante
sacrificio de un gaucho, frente a la trágica adversidad. [Texto del aviso
publicitario].
La empresa Buenos Aires Film ha empezado a filmar las primeras escenas
de la película de ambiente campero La
chacra de don Lorenzo. Según se nos informa no se trata de la versión de la
celebrada obra de Coronado. [La Razón,
martes 13.8.1929, “Cinematográficas” en la sección Teatros, Conciertos, Artistas y Cinematógrafos: información que en
el siglo XXI sería calificada como una fake
news].
Hemos recibido la carta que a continuación transcribimos, firmada por
el señor Luis M. Coronado: “Esteban Echeverría, Octubre 24 de 1929. – Señor
director de La Razón: Teniendo conocimiento que en algunos
cinematógrafos de esta capital se exhibe una cinta con el título de La
chacra de don Lorenzo, me apresuro a dirigirme a usted, rogándole quiera
publicar estas líneas, a fin de que sepa el público por medio de su simpático
diario, que la película de referencia nada tiene que ver con el drama que lleva
su mismo nombre. De más parece añadir, señor director, la poca gracia que hará
al autor de La chacra de don Lorenzo –que lo es también de mis días– el
uso y abuso que de los títulos de sus obras se haga en este mundo, mayormente
si ellos sirven para dar gato por liebre o perdiz por charabón”. [La Razón,
viernes 25.10.1929, “Cinematográficas” en la sección Teatros, Conciertos, Artistas y Cinematógrafos].
TAQ La exhibición privada tuvo lugar por la
mañana del domingo 16.3.1924 en el Select Lavalle. Tras su estreno se lo
detecta los días 1.4 en el The American Palace; 2.4 en los cines The American
Palace, Select Lavalle y Crystal Palace; 4.4 en el Select Lavalle; 6.4 en el
Standard; 29 y 30.4 en el Soleil Palace; 29.5 en el Alhambra; 17.6 en el Soleil
Palace; 2.8 en el Alhambra; y 9.9 en el Standard. En 1925 aparece el
11.12 en el Alhambra y el Standard. En 1926, el 4.3 en el Miriam. En 1928, distribuido por la Sociedad Cinematográfica
Argentina, aparece el 26.11 en el Argos. Desde 1929 es programado con el título La chacra de don Lorenzo, siendo “estrenado” como tal el 24.9
en el Metropol, en dos funciones a las 16.30 y 21.30, para luego aparecer en
las carteleras los días 3.10 en el Alvarez Thomas; 5.10 en el Golden Palace;
9.10 en el Metropol; 12.10 en el Soleil Palace y el Rivadavia Palace (“p. el
viejo don Zoilo”, frase enigmática en la cartelera de La Prensa pero que alude al personaje interpretado por el veterano
José A. Dillon); 13.10 en el Rialto; 15.10 en el Fénix; 18.10 en el Rialto;
19.10 en el Fénix; 21.10 en el Etoile Palace y el Primera Junta; 25.10 en el
Capitolio; 26.10 en el Gran Bijou (“por Podestá Hnos.”, se equivocaba la
cartelera de La Razón: Pepe y Antonio
Podestá, en efecto, continuaban meneando la pieza en teatros diversos, pero
específicamente en esa sala y por esos días actuaba otra compañía, la de Emilio
Mingrone y Serafín Paoli); 8.11 en el Soleil Palace; 12.11 en el Imperio; 14.11
en el Albéniz; 29.11 en el Belgrano (Rosario, Santa Fe); y 23.12 en el Gran
Bijou. En 1930, los días
11.2 en el Elite y 16.9 en el Palace Rivadavia. En 1931, los días 26 y 27.4 en el Presidente Roca; 3.5 en el Regio;
2.7 en el Select Flores; 9.7 en el Atenas; 16.7 en el Select Flores; 26.10 en
el Coliseo Palermo.
La cieguita de la avenida Alvear (1924) – Primera actuación en cine de Eva Franco en
tanto actriz profesional: siendo niña había intervenido en Bajo el sol de la
pampa (Alberto Traversa, 1915) y en Resaca (Atilio Lipizzi, 1916).
JI volverá a asumir este asunto en 1938, con el mismo título. Curiosa
coincidencia entre éste y el de Leopoldo Torres Ríos Carne de presidio, rodados
en los mismos días: en ambos el principal personaje femenino es una ciega, y
ambos fueron escritos por Torres Ríos.
SIC Ofrece la vida de un hombre que abandona a la mujer seducida en el trance más difícil y que luego, al correr el tiempo, se encuentra frente a frente con su propio hijo, formado a costa de los sacrificios de la madre que no conoce. Ha educado –al propio tiempo– y sostenido como a una hija propia, a una joven ciega, a quien a causa de incidencias bien hechas y tramadas, conoce al hijo del protagonista, enamorándose de ella. Su profesión de cirujano le lleva a realizar con feliz éxito el devolver a la cieguita su vista y es en estas escenas que el film entra en los momentos más intensos del drama. [Imparcial Film, nº 261, 19.4.1924, fragmento].
[...] El argumento trata de un señor acaudalado y culto, padre de una
niña ciega. Este señor traba amistad con un joven médico quien, en
colaboración, con un especialista en la aplicación del radium, logra devolver
la vista a la muchacha. Enamorados los jóvenes, descubren a tiempo de que son
hermanos. Efectivamente, el padre de la muchacha había engañado, siendo joven a
una mujer, y este joven médico resulta ser su hijo.
Este asunto, como quiera que
no es nuevo, se prestaba para haber realizado un trabajo más interesante que el
que se ofrece con La cieguita de la Avenida Alvear. Pero ni del asunto
ni de los actores, entre los que se cuentan elementos realmente aptos como ser
el galán Arturo Sánchez, la señora Ada Cornaro, el señor Totón Podestá –que es
un eficaz actor cómico– el señor Diego Figueroa, la señorita Eva Franco, ni de
una cosa ni de la otra han sabido sacar partido los realizadores del film. Para
dar una idea de lo errados que estuvieron, baste decir que los momentos que
debieran ser de más emoción dramática suscitaron la hilaridad del público.
Técnicamente, la película es deficientísima. La fotografía borrosa y hasta se
diría fuera de foco, por momentos. Las leyendas, sencillamente deplorables por
lo inexpresivas y por sus errores gramaticales.
Hemos estimulado siempre y con
toda nuestra mejor voluntad los esfuerzos de nuestra incipiente industria
cinematográfica. Creemos que no pasarán muchos años en que la producción
argentina se ha de imponer, pero también creemos que no es favorecer su
desarrollo pasando por alto trabajos tan deficientes como La cieguita de la
Avenida Alvear. Hasta ahora nos quejábamos de que carecíamos de recursos
materiales y de actores; una y otra cosa van surgiendo: lo que hace falta es
que aparezcan directores artísticos de verdad, que conozcan el lenguaje
cinematográfico, para que no se malogren las buenas intenciones, cómo en este
caso, en el que se adivinan propósitos honestísimos, pero nada más. [La
Razón, miércoles 31.4.1924, “Cinematográficas” en la sección Teatros-Arte-Artistas-Cine].
Cuando la cinematografía argentina ha logrado alcanzar, a costa de no
pocos esfuerzos, el grado de adelanto que las últimas producciones exhibidas
pusieron en evidencia, el público tiene el derecho de exigir en las películas
que se van estrenando valores artísticos más positivos que los reunidos por La
cieguita de la Avenida Alvear. La nueva producción de la Buenos Aires Film
no es, ni con mucho, superior a las que, emanadas de los mismos estudios, la
precedieron. Ni el cuidadoso interés por realizar una obra digna, que hemos
apuntado en muchas ocasiones, ni el deseo de cuidar los detalles escenográficos
que tanta importancia adquieren en el arte cinematográfico, ni la elección de
un argumento que por lo menos no esté reñido con la lógica, se observan en esta
cinta, cuyos defectos principales pudieron acaso salvarse con los mil recursos
que el arte mudo posee y que han hecho a veces de un asunto que parecía no
poder dar nada de sí una película interesante, cuya exhibición ha constituído
todo un éxito. Pero vayamos por partes y hagamos sintéticamente conocer el
argumento.
En una casa de la calle
Corrientes se festeja animadamente el feliz éxito de los exámenes finales de
Edmundo Quiroz. Allí están, entre otros, José Pedro, que tiene a su cargo en la
película el papel de introducir más tarde al flamante médico en casa de D.
Osvaldo Riglos, y Logarismo, cuya misión se reduce a matizar la obra con
algunas escenas cómicas que nada tienen que ver con el desarrollo de la trama.
Pasamos por alto las incidencias que ocurren hasta el momento en que Edmundo es
presentado a D. Osvaldo Riglos, con lo cual comienza el drama, que se
desarrolla con una rapidez prodigiosa. Osvaldo Riglos tiene una hija, a la
cual, por un temor inexplicable a la sociedad, guarda celosamente. Esta hija es
ciega, y como todas las ciegas del teatro y el cinematógrafo, toca
admirablemente el violín, y es mediante esa habilidad que Edmundo llega a
conocerla y, como es de suponer, a enamorarse de ella. No podía faltar la
operación quirúrgica que devolviera la vista a la muchacha, y ella se lleva a
efecto al poco tiempo, con cuyo acontecimiento va a festejarse conjuntamente el
compromiso matrimonial. Pero un amigo acaba de llegar de París, y esta
circunstancia tuerce por completo el curso de los sucesos. Ese amigo que acaba
de llegar de París se encuentra con la madre de Edmundo y no sabemos qué
extraño sortilegio ejerce sobre ella que ésta llama a su hijo y le dice poco
más o menos: “Debo contarte algo que hará callar para siempre tu alegría. Tu
eres hijo del pecado y tu padre es D. Osvaldo Riglos. No puedes, entonces,
casarte con tu hermana”. Edmundo toma a su madre de la mano, la conduce a la
casa de D. Osvaldo y le dice, apurando un ademán con él que podría subrayar
cualquier otra frase: “Usted es mi padre y yo lo maldigo” –pero la madre de
Edmundo se adelanta y dice: “Pero yo lo perdono”. El espectador fija entonces
su atención en la pobre cieguita que tan desesperada suerte le depara este
suceso, pero el director ha reservado para este momento un recurso decisivo.
“Esta que veis aquí –declara D. Osvaldo Riglos– no es mi hija”. Y en efecto no
lo era: un viejo amigo, que por añadidura era un “músico célebre”, se la confió
al morir para que la educara conforme a su desahogada posición, lo cual cumplió
el excelente caballero aislándola del mundo y no permitiendo que la ciencia
interviniera en un caso que tenía, al parecer, fácil remedio. Como se ve, esta
trama dramática no puede ser más divertida.
Por lo que respecta a la
escenografía, diremos que ésta se reduce a la presentación de tres modestos
interiores: el escritorio de D. Osvaldo Riglos, la sala en la cual la ciega
ejecuta en su instrumento y una pequeña terraza en la que transcurre una escena
brevísima, y el dormitorio del estudiante. En ese exiguo escenario se llevan a
efectos todos los sucesos que más arriba citamos, inclusive la operación
quirúrgica también citada, que se realiza en el escritorio, por no tener,
seguramente, el acaudalado Sr. Riglos lugar más apropiado. La interpretación
que le prestan los artistas a quienes se han confiado los papeles principales
no merece, por cierto, elogios exagerados. Eva Franco, que es, sin duda alguna,
una actriz aplaudida en la escena hablada, no ha visto reeditarse en la
pantalla ninguno de sus éxitos. Arturo Sánchez se nos presenta como un actor
frío que no consigue sacar provecho de las buenas ocasiones que se le
presentan, y Diego Figueroa apenas se muestra discreto en la caracterización de
un personaje que pudo ser interesante.
Y antes de finalizar esta
crónica queremos repetir una vez más lo que hemos venido diciendo desde que se
exhibió la primera película argentina: es menester, para que una producción sea
buena, evitar en lo posible las frases declamatorias y las leyendas extensas.
Los actores deben hacer y no decir. En La cieguita de la Avenida Alvear
pudo describirse en escenas la desgraciada odisea del nacimiento de Edmundo, y
no poner en labios de un actor una larga relación que ocupa muchos metros de
cinta. Cuando los directores argentinos, en vez de hacer decir a sus actores en
las cintas “¿querría usted contemplar la lozanía de las flores, el esplendor
del sol y la alegría de los pájaros?”, les hagan decir simplemente “¿querría
usted ver?”, habremos dado un paso más hacia el perfeccionamiento. [La
Nación, jueves 1.5.1924, “Películas Nacionales” en la sección Teatros y
Conciertos, fragmento].
8.427 personas presenciaron en 40 cines este film. [Aviso publicitario
publicado el 11.5.1924].
TAQ Exhibido en privado el domingo 6.4.1924,
por la mañana, en el Select Lavalle. Tras su estreno, fue programado los días
30.4 en los cines Capitol, Esmeralda, Callao, Gaumont, Petit Splendid, General
Belgrano y Select Lavalle; 1.5 en el The American Palace y el Crystal Palace;
2.5 en el Electric Palace y el Select Lavalle; 3.5 en los cines Moderno, Montes
de Oca, Saavedra, Social y Juan de Garay; 4.5 en los cines Standard, Oeste,
Londres, Armonía 2º y Moderno; 5.5 en el The American Palace; 6.5 en los cines
Rex, Rívoli, Park, Bijou, The American Palace y Bernardino Rivadavia; 7.5 en
los cines Metropol, Teatro de la Princesa, Cervantes, Mundial y Royal Park; 8.5
en los cines Ideal Palace, Etoile Palace, Presidente Roca, Soleil Palace y Las
Familias; 9.5 en los cines Bonaerense, Central, Americano, General Las Heras y
The American Palace; 10.5 en los cines Rivadavia Palace, Minerva, Atenas, La
Alegría y Del Plata; 11.5 en los cines Standard, Jorge Newbery, Belgrano,
Armonía 1º y Rialto; 12.5 en el Rialto; 13.5 en los cines Moreno, Primera
Junta, Royal Park, Bernardino Rivadavia, Elite y Petit Cine; 14.5 en los cines Presidente
Roca, Soleil Palace, Mundial, Max Linder 1º y Español (Lomas de Zamora, BA);
15.5 en los cines Montes de Oca, Ideal Palace, Brasil, Lima y Colón de Flores;
16.5 en los cines Cervantes, Cine de las Familias, General Las Heras,
Pedernera, Coliseo de Flores y Mitre; 17.5 en los cines Standard, Los Andes,
Bristol, Imperio, Alhambra, Real (San Isidro, BA) y Select (Martínez, BA); 18.5
en los cines Los Andes, Moderno, Saavedra, Juan de Garay, Independencia y
Júpiter; 23.5 en el Bijou; 24.5 en el Alhambra; 13 y 18.6 en el Bolívar; 21.6
en el Soleil Palace; 29.6 en el Alhambra; 29 y 30.7 en el Empire (Rosario,
Santa Fe); 31.7 en el Empire y el Belgrano (ambos de Rosario); 20.8 en el
Belgrano (Rosario); y 5.9 en el Standard. En 1925, los días 7.3 en el
Belgrano (Rosario), 18.4 en el Miriam; 30.11 en el Alhambra; y 7.12 en el
Crystal Palace. En 1926, los días 3.1 en el Jorge Newbery y 10.2 en el
Miriam. En 1927, el 26 y el 27.12 en
el Varieté San Martín (Rosario). Hacia 1928
era distribuido por la Sociedad Cinematográfica Argentina. En 1929
aparece los días 3.10 en el Alvarez Thomas; 12.11 en el Imperio; y 14.11 en el
Albéniz. En 1930, los días 9.4 en el
Capitolio y 1.10 en el Perla. En 1931,
los días 24.4 en el Presidente Roca; 15.7 en el Atenas; 11.9 en el Select
Flores.
El
último gaucho
[luego La chacra de don Lorenzo]
Argentina, 1924
35mm / B&N / 6 actos = aproximadamente 55’
EQ CP,
CD: Buenos Aires Film. P:
Julio Irigoyen y Roberto Irigoyen. D: Julio Irigoyen. G: Julio Irigoyen, sobre argumento de
Leopoldo Torres Ríos. F, CM: Roberto
Irigoyen. ACM: Oscar Caparelli. C: Julio Irigoyen. LOC: BA
y provincia de BA. FR: enero y febrero 1924. LC: 31.3.1924, cines
Esmeralda, Petit Splendid, The American Palace y Gaumont.
I&P Diego Figueroa (don Estanislao), Ada Cornaro (Isabel, esposa de
Estanislao), Totón Podestá (“Hombre y Medio”), Adolfo de Torres (el forastero),
Lía Dalvi (Laurita, hija de Estanislao e Isabel), Aparicio Podestá (Alberto),
Arturo Sánchez (Juan Antonio, hijo de Estanislao e Isabel), José A. Dillon (don
Zoilo), Justina Leonor (la Coneja).
La
cieguita de la avenida Alvear
Argentina, 1924
35mm / B&N / 7 actos = aproximadamente 65’
EQ CP,
CD: Buenos Aires Film. P:
Julio Irigoyen y Roberto Irigoyen. D: Julio Irigoyen. G: Julio Irigoyen, sobre argumento de
Leopoldo Torres Ríos. F, CM: Roberto
Irigoyen. ACM: Oscar Caparelli. C: Julio Irigoyen. LOC: BA
(una casa en Retiro). FR: febrero y marzo 1924. LC: 29.4.1924,
cines Capitol, Esmeralda, Callao y Select.
I&P Eva Franco (Estela), Arturo Sánchez (médico doctor Edmundo Quiroz), Ada
Cornaro (madre de Edmundo), Diego Figueroa (Osvaldo Riglos), Rodolfo Vismara
(José Pedro), Totón Podestá (estudiante Logarismo), Oscar Nelson (estudiante
Calígula), Aparicio Podestá, Adolfo de Torres, Elsa Conti, Dora Vehil, Delfina
Martínez, Lía Dalvi, José A. Dillon.
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