PERFILES / EN PRIMERA PERSONA
Dino
y el Negro
“Si es cierto, no es chocante”.Macha
Méril.
Hacia
mediados de los años 60 del pasado siglo, cuando era joven y cineclubista y no
tenía más blasones que ésos para exhibir, frecuentando Núcleo, las privadas en
el microcine de Cronistas y el barrio del cine conocí a dos personas que eran
ya periodistas y críticos veteranos. Acababa de descubrir los dos tomos de la Historia
del cine argentino –que, aunque torturados, aún conservo– y por lo tanto
admiraba a Di Núbila como el héroe que había logrado resumir lo que en mí era
apenas un embrión. En las tertulias en el bar de la sede de Cronistas en Maipú
621, por otra parte, me maravillaba la vehemencia con la que Dominianni
expresaba sus opiniones sobre el film que habíamos visto y sobre el tema que
fuere, en épocas en que los colegas hablaban de cine luego de una exhibición y
no de cuándo y dónde sería la siguiente privada. Esas reuniones me resultaron
muy instructivas, y no sólo en ese tema: una especie de “ñata contra el vidrio”
personal. Con el paso del tiempo y mi consecuente profesionalización fui
tratando más a menudo a ambos.
Domingo
Di Núbila (Pergamino, provincia de Buenos Aires, 30.1.1924 / Buenos Aires,
7.2.2000, apodado “Dino” y también, más obviamente, “Mingo”) y su mujer no
tenían hijos, sí un sobrino al que adoraban, no obstante lo cual de a poco
advertí cuánto me apreciaban, al punto de que ella me saludaba con un “hola
hijo”: Vicky trabajaba como agente de Prensa para empresas productoras y
distribuidoras y tuvo la gentileza de invitarme –aunque en 1968 yo era
literalmente nadie– a una bulliciosa visita a los decorados levantados en Campo
de Mayo para el rodaje de Kuma-Ching, la superproducción con la que
Tinayre y Sandrini casi logran la quiebra del Canal 13, que la producía.
También en esos tiempos supe de la existencia del semanario gremial Heraldo
del Cinematografista y que él había escrito allí gran parte de su vida
artículos y críticas que en 1959 resumió admirablemente en el libro citado. Di
Núbila se inició adolescente en el periodismo en un medio de su ciudad natal, y
dado que tenía un lejano parentesco con el pionero Manuel Peña Rodríguez, en su
revista Cine dio sus primeros pasos periodísticos de manera profesional,
luego afianzados con muchísimos años trabajando codo a codo con Chas de Cruz
tanto en el Heraldo cuanto en la audición radiofónica Diario del cine.
Alguna vez supe que hay dos maneras de ejercer el periodismo y la crítica de cine: prescindiendo por completo de contactos con sus hacedores, en una especie de ascetismo monacal para que la opinión esté libre de influencias, o bien la inmersión plena en la industria, que incluye el trato cotidiano con productores, directores y actores. Durante algún tiempo, por dar un ejemplo, el diario La Prensa exigía a sus cronistas la primera condición, algo difícil de comprobar, pero no aceptaba invitaciones a privadas ni entradas de favor, y si sus cronistas viajaban a algún festival el diario pagaba los gastos. Dino perteneció desde siempre al segundo grupo, y eso, creo, es lo que le permitió una mirada tan consustanciada con el oficio de hacer un film, terminarlo, envasarlo y exhibirlo. Tampoco se privó de escribir un par de guiones, firmándolos con su nombre y, en uno de los casos, para una empresa en la que Vicky trabajaba. Cuando abandonó la redacción del Heraldo puso revista gremial propia en sociedad con Dominianni, con el colega Isidro Gabriel (largos años en La Razón) y con Salvador Salías, quien financió el asunto: la Gaceta de los Espectáculos competía con el Heraldo pero sumaba la TV, el teatro, la industria discográfica y la de los cortos publicitarios. También fue durante largos años corresponsal de nada menos que Variety, donde firmaba como “Nubi”; publicó catálogos, era un asiduo comentarista de cine con larga permanencia en el Canal 13 y más adelante programador y presentador en Space y hasta fue el RRPP de la productora MBC. Cuando Vicky renunció a la jefatura de Prensa de Aries, para la que se ocupó del lanzamiento de dos comedias de Ayala (La guita y El profesor patagónico) quiso el destino que su reemplazante fuera yo, su “hijo”. Los quise mucho a ambos, no sólo por lo que representaban profesionalmente sino porque, además, fue uno de los matrimonios más dichosos que he conocido. Nunca me sentí más agradecido y al mismo tiempo orgulloso que en 1996, al leer la dedicatoria que Di Núbila me obsequió en la primera página de su libro Cuando el cine fue aventura, sobre el pionero Federico Valle: dice “A Daniel López esta compensación por lo que me hace saber sobre cine argentino. Fraternalmente”.
José
Dominianni (José Paulino Dominianni; Buenos Aires, 22.6.1918 / 22.11.1992), cuyo
apellido era casi siempre mal escrito con una sola “n” pero a quien todos
llamábamos “el Negro Dominianni”, era, en efecto, de tez oscura, como la del
Negro Ferreyra, que lo asemejaba a un ciudadano indio a despecho de su tan
rotundo apellido itálico. Abogado
penalista, prefirió ejercer otra profesión, la de periodista, en sus comienzos en
Crítica y luego como jefe de la
página de Espectáculos de Clarín
primero y de La Razón en años
posteriores. Se vinculó a la industria cuando le encargaron la investigación de los aspectos judiciales en
el que se veía envuelto el protagonista de Apenas
un delincuente, que sirvió a
Chas de Cruz y Hugo Fregonese para elaborar el argumento: Dominianni no fue
acreditado por su aporte.
En años posteriores comenzó a escribir guiones para films diversos, en su mayor parte adaptaciones literarias o teatrales. Lo hizo en una treintena de títulos, catorce de ellos dirigidos por Enrique Carreras, de quien era un dilecto amigo. Destacaba su trabajo recopilando información sobre hechos de la vida real, por lo general vinculado a casos policiales. Entre los más celebrados destacan la coproducción argentino-española Barcos de papel –para la cual, con su compañero de Clarín Hellén Ferro, adaptó textos de Alvaro Yunque–, y también los firmados con otro colega del mismo diario, Osvaldo Bayer, quien más adelante, a medida que se radicalizaba, abjuró de Clarín: para La mafia, el primero, se inspiraron en personajes y situaciones reales, entre aquellos un mafioso conocido como “Chicho Grande” y su esposa Agata Galiffi, que operaban en Rosario, y entre las segundas el secuestro (en octubre 1931) y asesinato de Abel Ayerza, un joven de la high society; para La malavida, recrearon un retrato de Buenos Aires en los años 20, con el acento puesto en el submundo de la prostitución vinculado a personajes “importantes” de la política.
Sin embargo, la enorme mayoría de sus trabajos para el cine son basura industrial, apenas redimida por su eventual éxito de taquillas. En los inicios de la recuperada democracia y la consiguiente defunción de la censura, Carlos Mentasti y Luis Scalella decidieron iniciarse en la producción y encargaron al Negro –quien había escrito Las procesadas– un guión para filmar rápido y barato y la jugada salió en el momento oportuno, cuando el público de ese tipo de productos estaba ávido por verlos: a una historia ambientada en una cárcel de mujeres le fue agregando, como a una coctelera, cuerpos desnudos, lesbianismo, duchas colectivas, cocaína, marihuana, directora que intenta poner orden, malas palabras (todas), sexo heterosexual, alcohol, un peep show y abundante violencia y el resultado tuvo como título Atrapadas, con casi un millón de espectadores en su lanzamiento. Tal vez su máxima hazaña en tanto guionista fue destrozar La puce à l’oreille, el venerable, clásico vodevil de Feydeau.
También incursionó de manera esporádica en
el ámbito teatral, con un negocio redondo del que vivió holgadamente durante al
menos once años: en 1969 le encargaron una comedia para Manuel de Sabatini en
el verano marplatense y resucitó el guión que, como René Marcial, había escrito
para Suegra último modelo, retitulándolo ¿Será virgen mi marido?
y apenas acreditando a sus autores originales, los franceses Maurice Hennequin y Georges Mitchell, quienes
la habían estrenado en 1917 como Le
compartiment de dames seules [Véase
este blog: 30.5.2025]. El dinero
fue, bien mirado, el motor principal en la vinculación de Dominianni con el
cine y el teatro. Y acaso también con el ejercicio del periodismo, tal como se
desprende de la siguiente anécdota: cierto día nos cruzamos mientras él salía
cargado de bolsas de Savoy, una tradicional casa de artículos bebestibles y
comestibles de los caros; ¿Se sacó la grande, Negro?, le pregunté –nunca logré
tutearlo–, y con una sonrisa pícara y sin que se le mueva una ceja me
respondió: “Algún distribuidor va a pagar por este gasto…”.
Su hijo Gabriel desarrolló actividad como agente de prensa en algunos films de entre fines de los 60 y comienzos de los 70. Gabriel fue el fruto de su matrimonio con Blanca Naccarato, lo cual lleva a otra característica del Negro que todo el gremio conocía: su gusto por algunas muchachas jóvenes y voluptuosos a las que convertía en sus amantes y a las que llevaba a reuniones, estrenos y privadas. A las dos primeras no las conocí, aunque pertenecían al ambiente artístico, actrices por lo general en roles secundarios. En cambio sí traté (y aprecié) a la definitiva, Adriana Parets, vedette de las revistas del Maipo y El Nacional que, tras el divorcio de Naccarato, convirtió en su esposa legal. El Negro no tenía el más mínimo escrúpulo en exigir a directores y productores un papel para ellas en sus próximos proyectos, pero al menos en el caso de Adriana tiene un talento cierto que en verdad no necesitaba de ningún acomodo.
FILMOGRAFIAS
Domingo
Di Núbila:
Corrientes… calle de ensueños (Román Viñoly Barreto, 1948: AA como él mismo, erróneamente acreditado
como Francisco Di Núbila), La mano que aprieta (Enrique Carreras, 1952: G, sobre la pieza teatral Crimen en borrador de Julio Porter y Raúl Gurruchaga), La noche de Venus (Virgilio Muguerza,
1954: ARGM y G), Sección Desaparecidos / Section des Disparus (Pierre Chenal, A/F, 1956: G de
Chenal y DDN, con diálogos de Agustín Cuzzani, sobre la novela Of missing persons de David Goodis), El profesor
patagónico (Fernando Ayala, 1970: AANA como “pasajero
del tren” –sentado al lado de Vicky, dicho sea de paso) y Millonarios a la
fuerza (Enrique Dawi, 1979: AANA como “periodista por TV”).
José Dominianni:
Apenas un delincuente (Hugo Fregonese, 1948: asesor judicial no acreditado), Donde comienzan los
pantanos (Ber Ciani, 1951: G de César Tiempo, sobre adaptación de Eliseo Montaine y JD del cuento de Elbio Bernardez
Jacques), La tía de Carlitos (Enrique Carreras, 1952: G de René Marcial [JD] sobre la pieza teatral Charley’s aunt de W. Brandon Thomas), Suegra último
modelo (Carreras, 1953: G de René Marcial [JD] y Manuel Rey “King” sobre la
adaptación de Julio F. Escobar de la pieza teatral Le compartiment de dames seules, de Maurice Hennequin y Georges
Mitchell), Somos todos inquilinos (1954: G de Manuel Rey “King” y René Marcial [JD], en
tres episodios dirigidos por Carlos Torre Ríos, Juan Carlos Thorry y Enrique
Carreras; el de Torre Ríos es adaptación de la pieza teatral Yo quiero morir contento de Julio F.
Escobar), El fantasma de la opereta (Carreras, 1954: G de René Marcial [JD], Manuel Rey “King” y Alfredo
Ruanova sobre argumento de Ruanova), El sonámbulo que quería dormir (Juan Sires, 1955: G de René
Marcial [JD], sobre la pieza teatral de Manuel A. Meaños), Barcos de papel (Román Viñoly Barreto, A/E, 1962: G de Viñoly Barreto sobre adaptación y diálogos de José P.
Dominiani [JD] y Hellén Ferro del cuento La
bola de cristal y de otros personajes y situaciones del libro Barcos de papel, de Alvaro Yunque), Un viaje al más
allá (Carreras, 1963: G de Alexis de Arancibia y JD, con diálogos adicionales de
Elaine Ross y Monte C. Scovelle, sobre argumento original de Ricky Torres
[Enrique Torres Tudela]), La mafia (Leopoldo Torre
Nilsson, 1971: G de Nilsson, Luis Pico
Estrada, Beatriz Guido, Rodolfo Mórtola y Javier Torre, sobre argumento de JD y
Osvaldo Bayer), La malavida (Fregonese, 1972: G de Fregonese, sobre argumento de JD), Proceso a la
infamia (Alejandro Doria, 1974: G de Ulyses Petit de Murat y César Tiempo, sobre
argumento de JD), Las procesadas
(Carreras, 1974: G de Ulyses Petit de Murat y
César Tiempo, sobre argumento de JD), Las locas (Carreras, 1976: G de Carreras y JD sobre
argumento de JD), La Nueva Cigarra (Fernando
Siro, A/VEN, 1979: G de Oscar Viale, JD y Siro
sobre la novela La Cigarra no es un bicho,
de Dante Sierra), Con mi mujer no puedo
(Enrique Dawi, 1978: G de Dawi y JD, sobre argumento
de JD), Mi mujer no es mi señora / Mi marido no funciona (Hugo
Moser, A/E, 1978: G de Moser sobre la pieza
teatral ¿Será virgen mi marido? de
JD), Los
drogadictos (Carreras, 1979: ARGM y G con Carreras), Frutilla
(Carreras, 1979: G de JD y Carreras sobre la pieza teatral de Abel Santa Cruz), Qué linda es mi
familia (Palito Ortega, 1980: ARGM y G), Rosa… de
lejos (María Herminia Avellaneda, 1980: G de JD sobre la telenovela de Celia Alcántara), Sucedió en el
fantástico circo Tihany (Carreras, 1980-1981: ARGM
y G con Carreras), La pulga en la oreja (Francisco Guerrero, 1981: G de Guerrero
sobre adaptación de JD de la pieza teatral La
puce à l’oreille de Georges Feydeau), Cosa de locos (Dawi, 1981: ARGM y G), Los fierecillos indomables (Carreras,
1982: G de JD y Carreras
sobre argumento de Julio Porter, nueva versión de Escuela de sirenas y tiburones –Carreras, 1955–), Los fierecillos se
divierten (Carreras, 1982: ARGM y G con Carreras), Los
extraterrestres (Carreras, 1983: ARGM y G con Carreras),
Los
reyes del sablazo (Carreras, 1983: G de JD y Carreras sobre la adaptación
de Ariel Cortazzo de la pieza teatral Sextet,
de László Fodor), Atrapadas (Aníbal Di Salvo,
1984: G
de Di Salvo sobre argumento de JD),
Sucedió
en el internado (Emilio Vieyra, 1985: ARGM y G), Las
colegialas (Siro, 1986: G de JD
y Alberto Alejandro sobre argumento de JD), La clínica loca –Para ellos, ellas y... los
otros– (Emilio Vieyra, 1988:
ARGM y G con Vieyra) y Las locuras del extraterrestre (Carlos Galettini, 1988: ARGM y G con Jorge Garayoa).
Actividad
teatral: ¿Será virgen mi marido? (8.1.1970, Alberdi, de Mar del Plata),
adaptación suya firmada como René Marcial de la pieza teatral Le
compartiment de dames seules, de Maurice Hennequin y Georges Mitchell / Clota
y Carlota (enero 1976, Caracas, Venezuela), especialmente escrita para Alberto
Olmedo y Jorge Porcel en breve temporada en la que además filmaron la
coproducción argentino-venezolana Los hombres piensan sólo en eso
dirigidos por Enrique Cahen Salaberry / Con mi mujer no puedo, inédita,
luego reconvertida en el argumento del film de igual título / Chifladas y mentirosas (5.12.1980, Odeón, de Mar del Plata),
adaptación de JD y Carreras de la pieza teatral Mon bébé! de Maurice
Hennequin, a su vez adaptada de Baby mine,
de Margaret Mayo).
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