CINEASTAS
Julio Irigoyen:
Prontuario de un
marginal
Sobrevivientes
Sólo cuatro personas parecen haber sobrevivido a JI y a su tiempo. Una
de ellas, la actriz Inés Moreno, ni siquiera respondió mis llamados y mensajes.
Otras dos, Nelly Prince y Nelly Omar, sí lo hicieron, y sus respectivos
testimonios constan en las reseñas de Un muchacho de Buenos Aires y Canto
de amor. El restante se llama Bruno Gamarra, confiesa –en 2010– 75 años de
edad y, por lo que cuenta, nunca tuvo relación laboral ni amistosa ni de
ninguna índole con él. Refiere que se crió en lo que él llama “el barrio de las
latas”, esto es, el barrio del cine con epicentro en Lavalle y Ayacucho, y que
desde jovencito él y sus amigos sabían de la fama de picaflor que rodeaba al
“señor Julio”, como lo denomina. “Era un gentleman, vestía bien, tenía
plata, o aparentaba tener plata”, asegura. El único aporte novedoso del testigo
es que el señor Julio, además de su local de Lavalle 2015, era dueño de una
oficina en uno de los pisos del edificio de Lavalle 1907, “donde atendía a las
señoritas que le pedían trabajar en cine”.
El último párrafo
En abril 1960 JI envió al periodismo una gacetilla recordando que
cumplía sus Bodas de Oro, algo que no era rigurosamente cierto. Esa gacetilla,
de la que se hizo eco La Prensa (28.4.1960), fue, en verdad, su último
grito de existencia, acaso un pretexto para decirle al mundo –al pequeño mundo
de Lavalle y Ayacucho– que todavía estaba vivo y pretendía seguir activo.
Escrita en tercera persona, dice, en su último párrafo: “Sus cincuenta años de
trabajo nos lo presentan con esa juventud de siempre. Sereno y optimista.
Limpio de pasado y seguro el paso, Julio Irigoyen emprende la más importante
etapa de su carrera cinematográfica y estamos seguros que habrá de enfrentarla
con esas armas que tan a fondo conoce y que le han valido para que sus éxitos
sostengan la vida del sello independiente argentino, al que ha dado sus mejores
años y al que dará, ahora, su eficaz experiencia”. En su edición del 1.11.1961,
el Heraldo informa que “abandonó el sanatorio donde se asistía; su salud
continúa mejorando”. La siguiente aparición del pionero en la prensa fue a raíz
de su muerte.
Fantasmas
Las últimas exhibiciones de algún film suyo fueron registradas en 1962.
Cuarenta y seis años más tarde, en 2008, Fernando Martín Peña adquirió para su
Filmoteca Buenos Aires un paquete de largometrajes argentinos que atesoraba
Jorge Grisolía, abogado ligado a la industria que produjo en 1991 el último
Carreras, Delito de corrupción: Grisolía le mostraba esas copias en 16mm
a su madre, entusiasta fan del cine nacional. En ese paquete aparecieron
dos de JI: La modelo de la calle Florida (con su otro título, La
canción de Buenos Aires) y Su nombre es mujer (con el de Cantando
se van las penas). Peña exhibió el primero el sábado 20.12.2008 en el
auditorio del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA) que él
mismo programa desde su inauguración.
Sin embargo, una inesperada reaparición de cuatro de sus films tuvo lugar asimismo en el MALBA el domingo 27.11.2011 integrando una denominada Matinée Julio Irigoyen organizada por mí para el Museo del Cine Pablo C. Ducrós Hicken, donde por entonces vegetaba: además de La modelo de la calle Florida y Su nombre es mujer fueron exhibidos uno detrás del otro, casi sin respiro, Galleguita (en una copia en DVD gentilmente cedida por la gente de la señal de cable Volver) y Su íntimo secreto. Una veintena de personas asistió al revival, entre ellas un periodista local (Carlos Abeijón), un periodista e investigador argentino radicado en Roma de visita en su país (Ernesto Pérez, que escribía para la agencia ANSA), dos investigadores de la historia del cine argentino (Andrés Insaurralde, Miguel Angel Rosado), dos curiosos ilustres (Clara Zappettini, Edgardo Cozarinsky) y, sorpresivamente, el escritor Juan José Sebreli, quien a la salida me contó que de joven supo ser vecino en Constitución de la familia Irigoyen pero nunca había visto ninguno de sus films.
No tan sorpresivamente, en
cambio, no se acercó a la Matinée ni un solo miembro del Museo del Cine Pablo
C. Ducrós Hicken, ninguno demostró el menor interés siendo como eran, en su mayor parte, investigadores de la historia del cine argentino. Insaurralde, vale aclararlo, ya se había jubilado y no trabajaba más en esa institución.
Desde
la próxima entrega,
todos
los films de Irigoyen, sin que falte ninguno…
No hay comentarios:
Publicar un comentario