CHUCHERIAS
Yo sé que ahora vendrán caras
extrañas
Dos súper estrellas del cine europeo, de fama
internacional, contemporáneos en el tiempo y en sus carreras, especializados en
dramas románticos y en aventuras d’époque,
que supieron actuar en films argentinos.
“Vengo contratado por Estudios Emelco para realizar
una película, con opción a dos más. No sé todavía cómo se titulará. Sé que se
trata de un tema romántico-policial de Villalba Welsh y Verbitzky [sic],
que la dirigirá Luis Saslavsky y que la dama joven será Amelia Bence” (El
Mundo, miércoles 28.4.1948),
declaró el “tano” de Cagliari Amedeo
Nazzari (Amedeo Buffa, 1907-1979) apenas
desembarcado del buque Brasil, que en su escala en Montevideo sumó como
viajeros a varios ejecutivos de Emelco, mientras en el puerto le dio la
bienvenida Aldo Fabrizi, quien estaba haciendo teatro y cine en Buenos Aires.
Hombre atlético y buen mozo al que las revistas del corazón apodaban “el novio de Europa” por su prolongada soltería pero al que la gente de la industria prefería llamar “el rey de Cinecittà”, el popular galán había embarcado en Génova inmediatamente después de terminado el rodaje en España de Don Juan de Serrallonga (Ricardo Gascón, 1948). En la Argentina su nombre estaba “caliente” en las carteleras por los films Il bandito (El bandido, Alberto Lattuada, 1946), Caravaggio –Il pittore maledetto– (Caravaggio, el pintor maldito, Goffredo Alessandrini, 1941) y Fedora (idem, Camillo Mastrocinque, 1942), que acababan de ser estrenados o estaban siendo exhibidos con buen éxito, a los cuales al día siguiente de su llegada se sumó la reposición de “su primera película” (así era publicitada, y además era verdad), Ginevra degli Almieri (Una aventura en Florencia, Guido Brignone, 1935). Durante su estancia en el país fueron lanzados, además, Il cavaliere del sogno –Donizetti– (Canción inmortal, Mastrocinque, 1946), La figlia del capitano (La hija del capitán, Mario Camerini, 1947), Centomila dollari (100.000 dólares, Mario Camerini, 1939) y Un giorno nella vita (Un día en la vida, Alessandro Blasetti, 1946). El viernes 7.5.1948 se le ofreció un cóctel en el hotel Alvear Palace y en los siguientes días se fue clarificando su plan de trabajo, que tras su film para Emelco contemplaba otros dos para Estudios San Miguel, “El puente”, en el que sería dirigido por su compatriota Antonio Lenviola, y “Magallanes”, sobre un texto de Stefan Zweig.
El caso es
que el proyecto titulado “El testigo” nunca llegó a ser filmado. Anunciado el
comienzo del rodaje para el 14.6.1948, Nazzari no se presentó a los estudios de
Martínez, mientras las secciones de chimentos de las publicaciones de la época
hablaban de fuertes discusiones entre el actor y el director Saslavsky. Luego
se especuló con que Daniel Tinayre asumiría la realización, algo que tampoco
ocurrió. El actor permaneció un año en la Argentina: el martes 24.8.1948 El
Mundo informaba que “se tomaron las pruebas preliminares a la filmación de
«El puente», producción de San Miguel que dirigirá Leonviola con Amedeo Nazzari
en el papel central”. Al fin rodó Volver a la vida, que resultó
coproducido por Emelco (que tenía el contrato original con el actor) y San
Miguel (que realizó el film en sus estudios y lo distribuyó a través de su
empresa Panamericana) y dirigió Carlos Borcosque. Interpretó un personaje
llamado “Leonardo”, acreditado en el 2º puesto detrás de Malisa Zini, y resultó
un mediocre drama introspectivo sobre un marinero italiano que llega a la
Argentina poco después de terminada la Segunda Guerra Mundial: aquí se
involucra con una vendedora de tienda que se preocupa por él al punto de un
romance. Todo suena frío y poco convincente, y hasta la habitual pulcritud de
Borcosque brilla por su ausencia. El argumento y el guión fueron escritos por
Eduardo Borrás con el título provisorio “Calle arriba”, aunque el nombre del
escritor no figura en títulos, y la razón de ello puede encontrarse en el
siguiente comentario, publicado por Chas de Cruz en su sección Aquí, Buenos Aires del matutino Clarín
del lunes 11.4.1949, con el título “Pleito en puerta”: “El autor Eduardo Borrás
querella a Carlos Borcosque por las modificaciones que éste introdujo en el
libro de Calle arriba, original del primero. En aquel libro no existía
el personaje que luego se agregó para que lo interprete Juan Carlos Barbieri, y
ése es el principal motivo de la cuestión”…
En el libro biográfico Amedeo Nazzari, de Piero Pruzzo y Enrico Lancia (nº 16 de la colección “Le Stelle Filanti”, Gremese Editore SRL, Roma, 1983: traducción casera) puede leerse lo siguiente: «1948 – En abril se embarca en la nave Brazil con rumbo a la Argentina, donde es calurosamente recibido. El clima alegre se rompe apenas Nazzari lee el guión del film Il testimone, la historia de un italiano corrupto e intrigante, ocho veces homicida. Le tocaba precisamente ese bribón. Sobre la frase final del film, que debía ser dicha mientras el italiano intenta escapar de un policía argentino: “Usted se queda con nosotros”, Nazzari encuentra un artilugio para justificar su renuncia al ventajoso contrato: “No, no me quedo con usted, y me voy ya mismo”. Los productores lo denuncian por falla contractual y le agregan una pena judicial pesada. La respuesta de Nazzari es: “Yo no puedo prestarme a lo que juzgo una obra de difamación hacia mi país. Además, se trata de un guión artísticamente modesto”. El litigio entre los productores y Nazzari encuentra mucho eco en la prensa argentina: algunos diarios toman partido contra el actor, otros a favor. La noticia, enviada por las agencias, llega también a Italia. Evita Perón, mujer del presidente argentino, lo invita a la Casa Rosada. Al día siguiente accede al estudio privado de la señora Perón. Debe atravesar un corredor donde se amontona una multitud inverosímil. Uno a uno la Perón los escucha personalmente a todos: lleva un talón que saca de un bloc de varios colores, según para qué los necesite: rosa para entrar a un hospital, amarillo para una recomendación para un trabajo, verde para conseguir muebles, blanco para la asignación de un apartamento. A muchos les da también dinero que saca de una cajita, llena hasta el borde de billetes de poco valor. Después de un par de horas la cajita está vacía y aún esperan unas diez personas. La Perón se dirige al actor diciéndole: “Escuche Nazzari, deme algún dinerito que luego lo haré devolver con mi secretario”. Amedeo saca de su portafolios dos mil pesos y se los da a la “presidentita”. Nunca más verá sus dos mil pesos y todavía hoy es acreedor de tal suma del estado argentino. Cuando se fue el último pordiosero, la señora Perón se ocupa de Amedeo: “Y bien, ¿cómo es esta historia del film que usted no quiere hacer?”. Sin darle tiempo a responder, Evita Perón hace entrar al staff completo de la cinematografía argentina. Evita Perón pide a Martínez Payva, subsecretario de Espectáculos, su opinión: “El guión no es malo... es malísimo. Nazzari tiene razón”. La Perón le propone elegir otro argumento a su gusto y hacer un film en la Argentina. Nazzari permanece en Buenos Aires cerca de un año, durante el cual visita el país y ayuda a muchos emigrantes italianos a volver a Italia. Filma Volver a la vida, que nunca llegará a Italia».
Los pautados films con San Miguel no fueron concretados, como tampoco otro que haría en 1949 para la Film Andes mendocina con dirección de Isidoro Navarro, quien falleció mientras trabajaba en el encuadre. Volvió a filmar en la argentina como parte del envío italiano para la coproducción Un italiano en la Argentina / Il gaucho (Dino Risi, 1964), donde personificó al “ingeniero Maruchelli” acreditado en 4º lugar. En su extensa, notable carrera supo ser dirigido por otro argentino, Tulio Demicheli, en la producción española Carmen, la de Ronda (idem, 1958).
El lisbonés Antônio
Vilar (Antônio Vilar Justiniano dos Santos, 1912-1995) ha sido el más
destacado actor portugués, aunque a finales de los 40 se instaló en España y
desde allí edificó una carrera internacional: “Especializado en personajes
atormentados, gana prestigio y popularidad pese a que sus interpretaciones no
siempre resulten convincentes”, opinaron Carlos Aguilar y Jaume Genover en su
libro El cine español en sus intérpretes.
Su filmografía argentina incluye:
• La Quintrala
–Doña Catalina de los Ríos y Lisperguer– (Hugo del Carril, 1953: “RP fray
Pedro de Figueroa”, 1º), por el que obtuvo el premio anual de la Asociación de
Cronistas Cinematográficos de la Argentina a pesar de que su voz fue doblada
por José Comellas. Para interpretar al religioso codiciado y seducido por la
fría, malvada protagonista, Vilar fue contratado por ella misma, Ana María
Lynch, entonces mujer del director y productor, a pesar de lo cual pocos días antes del
rodaje se le presentaron ciertas dificultades contractuales que llevaron a Hugo
del Carril a negociar la participación en su reemplazo del italiano Rosanno
Brazzi, opción que no fue necesario implementar.
Con Ana María Lynch
• El festín de
Satanás (Ralph Pappier, 1954-1955: “Rolando Blanes, alias Marcel
Benoit”), uno de los films “malditos” más malditos del cine argentino, si tal
cosa es posible, ya que desapareció de circulación tras el fracaso de público
que condenó sus primeras exhibiciones. Se trata de una versión de la novela Miércoles Santo, de Manuel Gálvez,
publicada en 1930 y aparentemente construida por el guionista Roberto Gil en
una historia multiepisódica en la que Vilar hizo pareja con Tilda Thamar.
• Proceso a la
ley / Proceso de conciencia (Agustín Navarro, 1963: “juez doctor Eduardo
Velasco”, 2º), coproducción argentino-española originada como un film 100%
español hasta que la censura objetó el guión, por lo que el productor José
Antonio Cascales Guijarro hizo arreglos para filmarlo en el extranjero, primero
en Italia en coproducción de Nicola Manzari (sociedad que no prosperó) y luego
en la Argentina, país que se convirtió en socio mayoritario. Es un sombrío melodrama en el
que el juez que hizo Vilar, de conducta intachable, se pierde en amores con
Concha Núñez, sobrina de su esposa Olga Zubarry; el affaire precipita la
enfermedad y muerte de Zubarry, lo que provoca al juez un conflicto de
conciencia en tanto se considera responsable. Todo ello tocado por frases
grandilocuentes y una dirección rutinaria. En la Argentina el film nunca fue
lanzado en cines a pesar de que había sido tomado en distribución por Películas
Argentinas SRL y de que en julio 1967 fue sorteado según las normas del INC,
resultando el Broadway el cine en el que debía ser estrenado; en cambio, fue
emitido por TV en varias oportunidades a partir de diciembre 1971, cuando el
Canal 13 lo exhibió por primera vez. Sin embargo, durante 1971 fue exhibido
fuera de la CF, como complemento, en nueve salas durante diez días, según datos
del INC publicados en Gaceta de los Espectáculos 1972, pág. 456-462. El
personaje central masculino había sido inicialmente ofrecido a Fernando Rey. Aprovechando su presencia local, Vilar fue
invitado a participar en la edición 1963 del Festival de Mar del Plata.
Debió haber sumado otro film, sin embargo: en febrero 1955 comenzó El juramento de Lagardere dirigido por León Klimovsky para Argentina Sono Film, pero en el cuarto día del rodaje cayó de un caballo, sufrió fractura y debió permanecer enyesado durante dos meses: su personaje (“Enrique de Lagardêre”, el popular personaje de Le bossu de Paul Féval, fue asumido de urgencia por Carlos Cores. A lo largo de su extensa carrera europea, Vilar fue dirigido por otros dos argentinos en producciones hispanas, León Klimovsky en Miedo (1955) y Amadori en Alerta en el cielo (idem, 1961), film este último en el que además fue productor asociado.
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