viernes, 27 de febrero de 2026

CHUCHERIAS

Yo sé que ahora vendrán caras extrañas

Dos súper estrellas del cine europeo, de fama internacional, contemporáneos en el tiempo y en sus carreras, especializados en dramas románticos y en aventuras d’époque, que supieron actuar en films argentinos.

 

“Vengo contratado por Estudios Emelco para realizar una película, con opción a dos más. No sé todavía cómo se titulará. Sé que se trata de un tema romántico-policial de Villalba Welsh y Verbitzky [sic], que la dirigirá Luis Saslavsky y que la dama joven será Amelia Bence” (El Mundo, miércoles 28.4.1948), declaró el “tano” de Cagliari Amedeo Nazzari (Amedeo Buffa, 1907-1979) apenas desembarcado del buque Brasil, que en su escala en Montevideo sumó como viajeros a varios ejecutivos de Emelco, mientras en el puerto le dio la bienvenida Aldo Fabrizi, quien estaba haciendo teatro y cine en Buenos Aires.

Con Malisa Zini en Volver a la vida

   Hombre atlético y buen mozo al que las revistas del corazón apodaban “el novio de Europa” por su prolongada soltería pero al que la gente de la industria prefería llamar “el rey de Cinecittà”, el popular galán había embarcado en Génova inmediatamente después de terminado el rodaje en España de Don Juan de Serrallonga (Ricardo Gascón, 1948). En la Argentina su nombre estaba “caliente” en las carteleras por los films Il bandito (El bandido, Alberto Lattuada, 1946), Caravaggio –Il pittore maledetto– (Caravaggio, el pintor maldito, Goffredo Alessandrini, 1941) y Fedora (idem, Camillo Mastrocinque, 1942), que acababan de ser estrenados o estaban siendo exhibidos con buen éxito, a los cuales al día siguiente de su llegada se sumó la reposición de “su primera película” (así era publicitada, y además era verdad), Ginevra degli Almieri (Una aventura en Florencia, Guido Brignone, 1935). Durante su estancia en el país fueron lanzados, además, Il cavaliere del sogno –Donizetti– (Canción inmortal, Mastrocinque, 1946), La figlia del capitano (La hija del capitán, Mario Camerini, 1947), Centomila dollari (100.000 dólares, Mario Camerini, 1939) y Un giorno nella vita (Un día en la vida, Alessandro Blasetti, 1946). El viernes 7.5.1948 se le ofreció un cóctel en el hotel Alvear Palace y en los siguientes días se fue clarificando su plan de trabajo, que tras su film para Emelco contemplaba otros dos para Estudios San Miguel, “El puente”, en el que sería dirigido por su compatriota Antonio Lenviola, y “Magallanes”, sobre un texto de Stefan Zweig.

   El caso es que el proyecto titulado “El testigo” nunca llegó a ser filmado. Anunciado el comienzo del rodaje para el 14.6.1948, Nazzari no se presentó a los estudios de Martínez, mientras las secciones de chimentos de las publicaciones de la época hablaban de fuertes discusiones entre el actor y el director Saslavsky. Luego se especuló con que Daniel Tinayre asumiría la realización, algo que tampoco ocurrió. El actor permaneció un año en la Argentina: el martes 24.8.1948 El Mundo informaba que “se tomaron las pruebas preliminares a la filmación de «El puente», producción de San Miguel que dirigirá Leonviola con Amedeo Nazzari en el papel central”. Al fin rodó Volver a la vida, que resultó coproducido por Emelco (que tenía el contrato original con el actor) y San Miguel (que realizó el film en sus estudios y lo distribuyó a través de su empresa Panamericana) y dirigió Carlos Borcosque. Interpretó un personaje llamado “Leonardo”, acreditado en el 2º puesto detrás de Malisa Zini, y resultó un mediocre drama introspectivo sobre un marinero italiano que llega a la Argentina poco después de terminada la Segunda Guerra Mundial: aquí se involucra con una vendedora de tienda que se preocupa por él al punto de un romance. Todo suena frío y poco convincente, y hasta la habitual pulcritud de Borcosque brilla por su ausencia. El argumento y el guión fueron escritos por Eduardo Borrás con el título provisorio “Calle arriba”, aunque el nombre del escritor no figura en títulos, y la razón de ello puede encontrarse en el siguiente comentario, publicado por Chas de Cruz en su sección Aquí, Buenos Aires del matutino Clarín del lunes 11.4.1949, con el título “Pleito en puerta”: “El autor Eduardo Borrás querella a Carlos Borcosque por las modificaciones que éste introdujo en el libro de Calle arriba, original del primero. En aquel libro no existía el personaje que luego se agregó para que lo interprete Juan Carlos Barbieri, y ése es el principal motivo de la cuestión”…

Visitando a la primera dama

   En el libro biográfico Amedeo Nazzari, de Piero Pruzzo y Enrico Lancia (nº 16 de la colección “Le Stelle Filanti”, Gremese Editore SRL, Roma, 1983: traducción casera) puede leerse lo siguiente: «1948 – En abril se embarca en la nave Brazil con rumbo a la Argentina, donde es calurosamente recibido. El clima alegre se rompe apenas Nazzari lee el guión del film Il testimone, la historia de un italiano corrupto e intrigante, ocho veces homicida. Le tocaba precisamente ese bribón. Sobre la frase final del film, que debía ser dicha mientras el italiano intenta escapar de un policía argentino: “Usted se queda con nosotros”, Nazzari encuentra un artilugio para justificar su renuncia al ventajoso contrato: “No, no me quedo con usted, y me voy ya mismo”. Los productores lo denuncian por falla contractual y le agregan una pena judicial pesada. La respuesta de Nazzari es: “Yo no puedo prestarme a lo que juzgo una obra de difamación hacia mi país. Además, se trata de un guión artísticamente modesto”. El litigio entre los productores y Nazzari encuentra mucho eco en la prensa argentina: algunos diarios toman partido contra el actor, otros a favor. La noticia, enviada por las agencias, llega también a Italia. Evita Perón, mujer del presidente argentino, lo invita a la Casa Rosada. Al día siguiente accede al estudio privado de la señora Perón. Debe atravesar un corredor donde se amontona una multitud inverosímil. Uno a uno la Perón los escucha personalmente a todos: lleva un talón que saca de un bloc de varios colores, según para qué los necesite: rosa para entrar a un hospital, amarillo para una recomendación para un trabajo, verde para conseguir muebles, blanco para la asignación de un apartamento. A muchos les da también dinero que saca de una cajita, llena hasta el borde de billetes de poco valor. Después de un par de horas la cajita está vacía y aún esperan unas diez personas. La Perón se dirige al actor diciéndole: “Escuche Nazzari, deme algún dinerito que luego lo haré devolver con mi secretario”. Amedeo saca de su portafolios dos mil pesos y se los da a la “presidentita”. Nunca más verá sus dos mil pesos y todavía hoy es acreedor de tal suma del estado argentino. Cuando se fue el último pordiosero, la señora Perón se ocupa de Amedeo: “Y bien, ¿cómo es esta historia del film que usted no quiere hacer?”. Sin darle tiempo a responder, Evita Perón hace entrar al staff completo de la cinematografía argentina. Evita Perón pide a Martínez Payva, subsecretario de Espectáculos, su opinión: “El guión no es malo... es malísimo. Nazzari tiene razón”. La Perón le propone elegir otro argumento a su gusto y hacer un film en la Argentina. Nazzari permanece en Buenos Aires cerca de un año, durante el cual visita el país y ayuda a muchos emigrantes italianos a volver a Italia. Filma Volver a la vida, que nunca llegará a Italia».

Con Gassman en Un italiano en la Argentina

   Los pautados films con San Miguel no fueron concretados, como tampoco otro que haría en 1949 para la Film Andes mendocina con dirección de Isidoro Navarro, quien falleció mientras trabajaba en el encuadre. Volvió a filmar en la argentina como parte del envío italiano para la coproducción Un italiano en la Argentina / Il gaucho (Dino Risi, 1964), donde personificó al “ingeniero Maruchelli” acreditado en 4º lugar. En su extensa, notable carrera supo ser dirigido por otro argentino, Tulio Demicheli, en la producción española Carmen, la de Ronda (idem, 1958).

 

El lisbonés Antônio Vilar (Antônio Vilar Justiniano dos Santos, 1912-1995) ha sido el más destacado actor portugués, aunque a finales de los 40 se instaló en España y desde allí edificó una carrera internacional: “Especializado en personajes atormentados, gana prestigio y popularidad pese a que sus interpretaciones no siempre resulten convincentes”, opinaron Carlos Aguilar y Jaume Genover en su libro El cine español en sus intérpretes. Su filmografía argentina incluye:

La Quintrala –Doña Catalina de los Ríos y Lisperguer– (Hugo del Carril, 1953: “RP fray Pedro de Figueroa”, 1º), por el que obtuvo el premio anual de la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina a pesar de que su voz fue doblada por José Comellas. Para interpretar al religioso codiciado y seducido por la fría, malvada protagonista, Vilar fue contratado por ella misma, Ana María Lynch, entonces mujer del director y productor, a pesar de lo cual pocos días antes del rodaje se le presentaron ciertas dificultades contractuales que llevaron a Hugo del Carril a negociar la participación en su reemplazo del italiano Rosanno Brazzi, opción que no fue necesario implementar.

Con Ana María Lynch


Los hermanos corsos (Leo Fleider, 1954: “Mario Franchi” y “Luciano Franchi”, 1º), adaptación por Ariel Cortazzo de la popular novela Les frères corses de Dumas, El doble papel principal estaba en principio destinado a Jorge Mistral.

El festín de Satanás (Ralph Pappier, 1954-1955: “Rolando Blanes, alias Marcel Benoit”), uno de los films “malditos” más malditos del cine argentino, si tal cosa es posible, ya que desapareció de circulación tras el fracaso de público que condenó sus primeras exhibiciones. Se trata de una versión de la novela Miércoles Santo, de Manuel Gálvez, publicada en 1930 y aparentemente construida por el guionista Roberto Gil en una historia multiepisódica en la que Vilar hizo pareja con Tilda Thamar.

Proceso a la ley / Proceso de conciencia (Agustín Navarro, 1963: “juez doctor Eduardo Velasco”, 2º), coproducción argentino-española originada como un film 100% español hasta que la censura objetó el guión, por lo que el productor José Antonio Cascales Guijarro hizo arreglos para filmarlo en el extranjero, primero en Italia en coproducción de Nicola Manzari (sociedad que no prosperó) y luego en la Argentina, país que se convirtió en socio mayoritario. Es un sombrío melodrama en el que el juez que hizo Vilar, de conducta intachable, se pierde en amores con Concha Núñez, sobrina de su esposa Olga Zubarry; el affaire precipita la enfermedad y muerte de Zubarry, lo que provoca al juez un conflicto de conciencia en tanto se considera responsable. Todo ello tocado por frases grandilocuentes y una dirección rutinaria. En la Argentina el film nunca fue lanzado en cines a pesar de que había sido tomado en distribución por Películas Argentinas SRL y de que en julio 1967 fue sorteado según las normas del INC, resultando el Broadway el cine en el que debía ser estrenado; en cambio, fue emitido por TV en varias oportunidades a partir de diciembre 1971, cuando el Canal 13 lo exhibió por primera vez. Sin embargo, durante 1971 fue exhibido fuera de la CF, como complemento, en nueve salas durante diez días, según datos del INC publicados en Gaceta de los Espectáculos 1972, pág. 456-462. El personaje central masculino había sido inicialmente ofrecido a Fernando Rey. Aprovechando su presencia local, Vilar fue invitado a participar en la edición 1963 del Festival de Mar del Plata.

Con Fina Wasserman y Analía Gadé en
Los hermanos corsos

   Debió haber sumado otro film, sin embargo: en febrero 1955 comenzó El juramento de Lagardere dirigido por León Klimovsky para Argentina Sono Film, pero en el cuarto día del rodaje cayó de un caballo, sufrió fractura y debió permanecer enyesado durante dos meses: su personaje (“Enrique de Lagardêre”, el popular personaje de Le bossu de Paul Féval, fue asumido de urgencia por Carlos Cores. A lo largo de su extensa carrera europea, Vilar fue dirigido por otros dos argentinos en producciones hispanas, León Klimovsky en Miedo (1955) y Amadori en Alerta en el cielo (idem, 1961), film este último en el que además fue productor asociado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

CHUCHERIAS Yo sé que ahora vendrán caras extrañas Dos súper estrellas del cine europeo, de fama internacional, contemporáneos en el tiem...