Se reciben alabanzas y denuestos,
enmiendas
y añadidos, comunicándolos al correo
electrónico
Todo ello, por favor, en un clima de
respeto:
insultos y maldiciones eternas serán
severamente
castigadas con la mayor de las
puniciones virtuales,
¡el bloqueo inmisericorde!
CHUCHERIAS
Yo sé que ahora vendrán caras
extrañas
Odette Lara
(1929-2015) La gran actriz brasileña, además muy
popular en su país, llegó contratada por Aries Cinematográfica para intervenir
en el film de Fernando Ayala Sábado a la noche, cine, rodado entre marzo
y julio 1960: acreditada en el 5º puesto del elenco, interpretó a “Estela”,
esposa del bueno de Luis Tasca, quien la apoda “Negra” y la tiene, por así
decir, “descuidada”, anteponiendo su fanatismo por el cine. Aunque tuvieron que
doblarla, estuvo espléndida, bien cuidada por Ayala. A poco de llegar se tomó
unos días y asistió como parte de la delegación de su país a la segunda edición
del Festival de Mar del Plata.
“A Odette”, como le dicen en su patria –en realidad, los brasileños no se mencionan por sus apellidos: son el Glauber, la Odette, la Elis y así por estilo–, antes destacó en Arara vermelha (Tom Payne, 1957) y en Na garganta do Diabo (Walter Hugo Khoury, 1959); después, fue requerida por directores de la zafra del Cinema Novo, como Nelson Pereira dos Santos (en Boca de Ouro, 1962), Khoury otra vez para el clásico Noite vazia (Noche vacía, 1964), Glauber Rocha para Cáncer (1968) y O dragão da maldade contra o santo guerreiro (Antonio das Mortes, 1969) y Carlos Diegues para Os herdeiros (1969). “Siempre está de mal humor hasta el mediodía. De ahí en adelante es sólo risas y besos”, la analizó Khoury –entre sus otras actrices favoritas– en una entrevista de 1979. Incursionó de manera ocasional grabando un LP con Vinícius de Moraes, y poco después de su incursión argentina fue dirigida por Carlos Hugo Christensen en el episodio Balbino, homem do mar del largometraje Esse Rio que eu amo (1960), en el que volvió a tener como director de fotografía a Aníbal González Paz.
Francisco Rabal
(1926-2001) Súper estrella del cine español, tal vez
el más “internacional” de su tiempo, pues ha intervenido en gran cantidad de
coproducciones y de producciones extranjeras. Su contacto con el cine local
incluye:
• Hijo de hombre
–Choferes del Chaco– / La sed (Lucas Demare, 1960: “cabo Cristóbal Jara”,
1º), coproducción argentino-española que registra una de sus actuaciones más
sanguíneas. Rabal la recordó con afecto en una entrevista para Página/12
(24.5.1997): “Lucas me cayó muy bien, pero la película fue muy dura porque
rodamos en medio del polvo y la sequía del Chaco. Con Olga Zubarry hicimos una
amistad muy profunda. Y Lucas, que era un hombre muy gentil, bondadoso, tierno,
en el rodaje se transformaba y se convertía en una fiera. Empujaba los
camiones, reñía a los actores y me hice también muy amigo de él, a pesar de ese
carácter endemoniado que tenía cuando rodaba, que era toda fuerza, toda
voluntad. Era un hombre incansable, con una gran vitalidad”.
• La mano en la
trampa (Leopoldo Torre Nilsson, 1960-1961: “Cristóbal Achával”, 1º),
coproducción argentino-española, tal vez su mejor interpretación del grupo,
film del que, de manera indirecta, también era “dueño”, puesto que con J. A.
Bardem, Ricardo Muñoz Suay y algunos otros integraba el directorio de la empresa
productora española, laa Unión Industrial Cinematográfica SA (UNINCI), de
orientación comunista aunque sus productos no la militaran. “Y estando aquí
Torre Nilsson y Beatriz Guido me ofrecieron hacer La mano en la trampa.
Con Torre Nilsson también entablé una amistad muy grande, tan grande como con
Lucas, pero de otra forma, porque Torre Nilsson era un intelectual, tenía mucho
sentido del humor y bromeábamos y nos divertíamos mucho durante el rodaje” (Página/12,
24.5.1997). “Nilsson era un elegante de espíritu. Cuando hablábamos nos
inventábamos qué habíamos sido en la otra vida. Beatriz Guido me dijo que yo
había sido botones en Tánger y que Leopoldo fue caballo en el Amazonas” (La
Nación, 27.5.1997).
• Setenta veces siete (Torre Nilsson, 1961-1962: “Pascual”, 2º). “[La experiencia de filmar con Isabel Sarli fue] Muy buena. Era una chica muy prudente y muy bella. Yo me acuerdo de una escena en Bariloche, estábamos en una cabaña y soplaba un viento endiablado, ella estaba tendida en la cama, bajo una manta, y asomaba un pie. (También eso le gustaba mucho a Torre Nilsson, como a Buñuel, porque ambos eran fetichistas). Y luego he leído, no sé muy bien dónde, que una mujer que tiene un pie bonito tiene que ser muy hermosa y muy buena. Eso sí, muy callada. Me acuerdo que era la novia, la amante o la compañera de Armando Bo y a mí, con lo bella que era, no se me ocurrió la menor mirada lasciva” (Página/12, 24.5.1997).
• Intimidad de
los parques (Manuel Antín, 1964: “Héctor”, 1º), coproducción
peruano-argentina rodada en el Perú. Los personajes –apenas tres– deambulan en
medio de un “realismo mágico” avant García Márquez: son Baret, su esposo
Rabal y su ex novio (de ella) Blume, quienes declaman sus respectivas
frustraciones mientras recorren las ruinas del Machu-Picchu diciéndose cosas
como “¿No te parece peor esta lucha contra el absurdo?”. La cicatriz que Rabal
luce en su cara (y que le otorgó “carácter”) la sufrió poco antes ese mismo año
en un accidente automovilístico mientras filmaba en Barcelona L’autre femme
/ La otra mujer / Quella terribile notte (François Villiers, F/E/I, 1964).
• El muerto / Cacique
Bandeira (Héctor Olivera,
1975: “Azevedo Bandeira”, 3º), coproducción argentino-española basada sobre el
cuento de Borges. Juan José Camero es el “triste compadrito sin más virtud que
la infatuación del coraje” que ingresa a la pandilla comandada por Rabal, jefe
de un grupo de troperos y hombre fuerte de Montevideo. Biral es la hembra del
cacique a la que el recién llegado desea y a la que accede sin saber que esa
acción, más su sed de poder, marcarán desde el inicio su destino de “muerto”.
En su libro de memorias, Olivera recuerda que Rabal llegó borracho al estudio
el primer día y no paró de beber hasta que regresó a España, algo de lo que doy
fe pues uno de esos días lo entrevisté para La
Opinión y, en medio del reportaje y de improviso, se montó sobre la mesa
del bar de Baires –donde él tomaba whisky– y se puso a bailar y zapatear
sevillanas para ilustrarme como era… Como sea, su interpretación fue espléndida,
tal como vaticinó el productor español Sáinz de Vicuña cuando Olivera esbozó
una tímida queja: “Espérate a ver los copiones”.
• Pequeños milagros (Eliseo Subiela, 1997: “don Francisco”, acreditado 6º como Paco Rabal), protagonizado por Julieta Ortega: preguntado que fue si se llevaban bien, contesto: “Di que no tengo cuarenta años menos, que si no me le iba a los tejos, como decimos en España” (La Nación, 27.5.1997).
• El Evangelio de las
maravillas (Arturo
Ripstein, 1997: “Papá Basilio”, 1º), coproducción mexicano-hispano-argentina
enteramente rodada en México, en la que los porteños poco gravitaron.
Otras
coincidencias de Rabal con nuestro país se registran a través de su hermano
Damián, que fue director de producción –desde las oficinas madrileñas de la
Visor Films– de la coproducción argentino-española Una jaula no tiene secretos / La jaula sin secretos (Agustín
Navarro, 1961), así como al hecho de que su hija Teresa, actriz ella, nacida de
su matrimonio con Asunción Balaguer, casara con el cantante argentino Eduardo
Rodrigo.
Raymonde Horvilleur
Muy poco se conoce de la vida de este productor
francés antes y después de su paso por el cine nacional, en el que modificó su
nombre a Raimundo. El sitio web de la
Unifrance, por ejemplo, lo ignora, al igual que toda la internet y los libros de referencia. Lo poco que se sabe es que en calidad de presidente
de la Societé d’Exportation Mondiale de Films fue enviado a la Argentina con el
productor Jean Sefert hacia agosto 1946 para establecer en Buenos Aires
(Lavalle 2057) la sede central de la Distribuidora Franco Argentina de Films
(DIFA), que devino una poderosa y popular empresa, responsable de que varios
países del continente americano disfrutaran de una mayor cantidad de producciones
de ese origen, incluyendo buena parte de la Nouvelle
Vague: el primer contrato de Sefert y Horvilleur fue el del jefe de
Publicidad, Ricardo de Angelis, y el primer lanzamiento porteño de la DIFA fue L’assassinat du Père Noël (En una noche de Navidad, Christian-Jaque,
1941), estrenado el 3.10.1946 en el Opera.
Horvilleur trajo consigo los derechos de varios asuntos originarios de su patria y los fue filmando uno detrás de otro en apenas cuatro años. El primero fue Avivato –El rey de los vivos– (Enrique Cahen Salaberry, 1949), producción de la Interamericana SRL en la que figura como productor ejecutivo (PE), con guión de Ariel Cortazzo sobre la adaptación suya y de Cahen de un argumento original de Pierre Colombier y René Pujol. Así, Horvilleur resultó el principal impulsor de uno de los más grandes éxitos de toda la historia del cine argentino, aunque no hay cifras precisas de cuántos espectadores sumó. Se trataba de la segunda versión (1945) de un film que, al igual que el original (1930), había devenido un fenómeno de taquillas en toda Francia, en ambos casos titulado Le roi des resquilleurs (“Celui qui se faufile en un lieu de plaisir, sans payer; qui profite d’un avantage auquel il n’a pas droit”, esto es, un garronero, un avivado). Ese argumento le calzaba como anillo al dedo al protagonista de la popular historieta que Lino Palacio publicaba cada día en La Razón, redondeado por la notable performance de Pepe Iglesias “El Zorro”, en una caracterización en verdad irresistible de su personaje.
Las diez semanas consecutivas en el Gran Rex, las otras quince en el Gran Palace y su abundante permanencia en toda sala disponible en el entero país financiaron las siguientes producciones en las que Horvilleur estuvo involucrado. Qué hermanita…! (Kurt Land, 1950), coproducción de la Interamericana con su propia empresa, Producciones Cruz del Sud SRL, acreditado como PE y otra vez con Cortazzo como guionista a partir de un argumento original de Jean Boyer que Boyer mismo había dirigido como un vehículo para la excéntrica Meg Lemonnier, titulado Ma sœur de lait (La traviesa millonaria, 1938), acomodado para el maduro cantante Gregorio Barrios, de quien su fan Olga Zubarry está absurdamente enamorada. Con Cahen Salaberry, Cortazzo y El Zorro, fue PE de El heroico Bonifacio (1950-1951), coproducción de Distribuidora Independiente Argentina y Cruz del Sud que adapta otro argumento original francés, éste de Gérard Carlier, escrito para Fernandel, L’héroïque Monsieur Boniface (Maurice Labro, 1949), tan exitoso que tuvo una continuación, Boniface somnambule en 1950 por los mismos responsables.
Luego fue
productor asociado (PA) de Como yo no hay
dos (Land, 1951-1952), coproducción Interamericana-Mapol, esta vez sin
acudir a una historia original francesa: el guión lo firma Caníbal, pseudónimo
de Cortazzo, escrito a la medida del Zorro, quien interpreta dos personajes,
“Pepe Céspedes” y su hermano mudo. Pero… dos días después de haber sido
estrenado (24.7.1952, Opera y Roca) falleció la esposa del Presidente de la
Nación, por lo que –debido a su carácter festivo– fue retirado de circulación:
antes de ser repuesto un mes más tarde, el 21.8 en las mismas salas, Land
modificó el montaje desplazando un número musical que cerraba el film hacia la
mitad del metraje. La última participación de Horvilleur tuvo el título Asunto
terminado..! (Land, 1952),
asimismo coproducción Interamericana-Mapol con él como PA: el guión de Abel Santa
Cruz adapta la pieza teatral Métier de
femme, de André-Paul Antoine, ya producida en Francia con el título L’inévitable M. Dubois (El inevitable Sr. Dubois,
Pierre Billon, 1945), con André Luguet y Annie Ducaux en los personajes que
aquí interpretaron Juan Carlos
Thorry Malvina Pastorino.
Nunca más se tuvieron noticias del inevitable monsieur Horvilleur.
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