Se reciben alabanzas y denuestos,
enmiendas
y añadidos, comunicándolos al correo
electrónico
Todo ello, por favor, en un clima de
respeto:
insultos y maldiciones eternas serán
severamente
castigadas con la mayor de las
puniciones virtuales,
¡el bloqueo inmisericorde!
CHUCHERIAS
Otras historias breves
El actor improvisado
En 1953 era apenas un muchacho con vocación de escritor y, por su amistad
con alguien del elenco o del equipo técnico, vaya a saberse, apareció sin ser
acreditado como un “marinero rubio” en Días
de odio –Emma Zunz–, la versión Torre Nilsson del célebre cuento de Borges.
Pero a comienzos de 1955 Héctor
Bianciotti (1930-2012) abandonó la Argentina estableciéndose primero en
Italia, luego en España y, desde febrero 1961 en Francia, donde adquirió
prestigio al punto de ser admitido como socio de la Académie Française. Como sea, en su paso por España intervino,
siempre en personajes secundarios y tal vez menos por vocación actoral que para
ganarse la vida, en los siguientes films: Embajadores
en el Infierno (José María Forqué, 1955-1956), acreditado 16º como Héctor
Biancciotti; Un hecho violento (idem,
Forqué, 1958), acreditado 15º como Héctor Bianchotti y compartiendo elenco con
su compatriota Mabel Karr; Molokai –La
isla maldita– (idem, Luis Lucía, 1959), acreditado 10º como Héctor
Bianchoti; La corista (idem, José
María Elorrieta, 1959); 091 Policía al
habla (Forqué, 1960), acreditado 18º con su apellido ¡por fin!
correctamente escrito y con Susana Campos en el 3º puesto; y Mi calle (Edgar Neville, 1960).
Un colega suyo connacional escribió, no sin cierto grado de inexplicable, gratuita y petulante maldad: “Hace unos meses, en uno de esos bouquinistes que bordean el Sena, me encontré con un ejemplar de la edición francesa de mi Vudú urbano, agotada desde hacía tiempo. La compré porque me intrigó que la primera página, originalmente en blanco, estuviera arrancada. Me dije: «Allí debía haber una dedicatoria y la persona que vendió el libro, por delicadeza, por pudor, por vergüenza, vaya uno a saber, no quiso que se supiera que se desprendía de él». Un miedo me asaltó. ¿Y si fuera un amigo, o alguien que aprecio? En casa, puse al trasluz la página siguiente, donde habían quedado hundidas las marcas de lo escrito en la página arrancada. Modesto detective, pude comprobar así que había dedicado el ejemplar a Héctor Bianciotti, seguramente guiado por el oportunismo, o la timidez, del argentino recién llegado a París. Por un momento me sentí lleno de rencor ante el académico francés oriundo de Córdoba. Luego recordé que desde hace tiempo sufre de Alzheimer y necesita cuidados constantes. Mi vanidad no llega tan lejos como para atribuir a la enfermedad el haberse desprendido de un libro mío, pero su estado de salud actual me inspiró un poco frecuente arrebato de piedad. Me dije: «Pobre Héctor» y volví a trabajar en la novela que estoy escribiendo, tan lejos, lejísimos de lo que él ha escrito”.
Morir filmando
Se sabe, es historia, que para interpretar el personaje de Prisioneros de la tierra (Soffici, 1939)
al que apodan “Podeley” había sido contratado José Gola, que ya en las localizaciones misioneras enfermó de
gravedad falleciendo poco después sin haber alcanzado a rodar una sola toma,
siendo reemplazado ipso facto por Angel
Magaña, que estaba allí en plan amistoso. El caso Gola parece haber sido el
primero, al menos en el cine argentino, pero hubo otros, de actores y técnicos,
fallecidos trabajando. Citando de memoria al locutor en castellano que
introducía cada capítulo de la serie televisiva estadounidense Naked city (1958-1963), hay ocho
millones de historias en la ciudad desnuda: éstas son sólo algunas de ellas.
• El mendocino Rafael Falcón interpretó inicialmente el personaje “Lucindo” de Tres hombres del río (Soffici, 1942), pero falleció el 5.9, en pleno rodaje, de un derrame cerebral: tenía 30 años de edad, había trabajado en el cine mexicano (diez largometrajes entre 1937 y 1940) y, de vuelta en la Argentina, tuvo un papel en El camino de las llamas (Soffici, 1941). Fue reemplazado por Agustín Irusta.
• Arsenio
Perdiguero, españolísimo, radicado desde joven en la Argentina, con
numeroso teatro y cine sobre sus espaldas, falleció de repente el 27.7.1957, a
sus 80 años, mientras esperaba en un set
de Argentina Sono Film la llamada para hacer su segunda escena interpretando a
“Federico”, el mucamo del “marqués” (Daniel de Alvarado) en El Angel de España; la primera escena
fue impresa, pero ni aun así el director, Enrique Carreras, tuvo la deferencia
de poner su nombre en los títulos, ignorándolo, ni siquiera considerando que el
anciano había compartido escenarios con sus padres.
• Durante el rodaje de la coproducción ítalo-argentina De los Apeninos a los Andes (Folco Quilici, 1958) se produjo, el jueves 21.8, un accidente automovilístico en la ruta 74, a resultas del cual falleció el operador de cámara Julio Dasso y sufrieron graves heridas el director de fotografía Aníbal González Paz, el foquista Ricardo Agudo, el pizarrero Héctor Vecchione y el asistente de cámara Aldo Fazzanella. Dasso trabajaba en la industria desde finales de los años 40 y estaba casado con la modista Elsa Se-Ignora-Su-Apellido, que siempre figuraba en los títulos como Elsa Dasso.
• Ricardo Agudo,
notable cameraman y hermano de los
reflectoristas Roberto y Eduardo, fue contratado para tomas adicionales con
destino a Los inocentes: murió el
5.10.1962 registrando el paso de un tren, empujado a las vías por la violenta
rapidez de la formación, tal vez debido a un vahído. El rodaje principal del
film de Bardem ya había terminado y Ricardo trabajaba en Los viciosos,
de Carreras. Los inocentes le fue
dedicado a su memoria.
• El empresario, productor y, en este caso, cameraman Horacio Fredrickson murió durante el rodaje en la Argentina del
documental Fangio (idem, 1971-1972),
de Hugh Hudson: ocurrió en la mañana del miércoles 3.3.1971, cuando la avioneta
piloteada por Reinaldo Panero en la que viajaban el director de fotografía
Patrice Pouget y Fredriksson se precipitó a tierra provocando la muerte de los
tres. Fredriksson era el dueño de Delta Filmes SA, contratada para los production services de ese largometraje
de nacionalidad incierta: fue legalmente registrado en Panamá, pero
financiado por los argentinos Juan Manuel Fangio (para su mayor gloria) y Juan
Manuel Bordeu, el inglés David Osborne y los italianos Gualtiero Jacopetti y
Giovanni Volpi di Misurata. En Italia fue lanzado en cines tan sólo en 1981 con
el título Fangio –Una vita a 300 all’ora– y otras fuentes lo mencionan
como un telefilm. Volpi di Misurata se presentaba como conde, en tanto
Jacopetti había cobrado celebridad mundial por su escabroso documental Mondo
cane (idem, 1962) y el inglés Hudson accedió a cierta fama tras su primera
ficción, Charriots of fire (Carrozas de fuego, 1981).
• Raúl del
Valle sufrió un paro cardíaco en plena toma de una escena de La muerte de Sebastián Arache y su pobre
entierro en enero 1973 en Patquía, La Rioja. La tragedia provocó la segunda
interrupción de un rodaje muy complicado que culminó tan solo en 1974,
obligando a un
replanteo total del argumento, ya que animaba uno de los personajes de mayor
peso, llamado “Juan Gregorio Valdés”: lo que llegó a interpretar –con su voz
doblada por Víctor Hugo Iriarte– quedó en el film de Nicolás Sarquis, quien lo
acreditó en el 1º puesto a pesar de que el protagonista “Sebastián Arache” lo
animó Raúl Parini. Nacido en Santiago (Chile) el 8.9.1908, Raúl del Valle
(Manuel Raúl Leiva Hernández) residía y trabajaba en la Argentina desde 1938,
donde se caracterizó, al menos en el cine, por interpretar “duros”. Hizo varios
títulos de Bo-Sarli y Torre Nilsson le ofreció sus dos personajes más
destacados, uno detrás del otro en 1953: el marinero alemán que la protagonista
elige para su venganza (Días de odio)
y “Olivera”, el cafishio de Diana Maggi en La
Tigra.
• Raúl Ricutti, veterano, entrañable secundario desde los 60 en adelante –y al que en breve este blog dedicará un tardío protagonismo–, murió en 1987 durante el rodaje en la Argentina de The kulies, producción estadounidense dirigida por Efraín Tobalina.
Nick Papadakis
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