TEMAS
¡¡All aboard!!
“El
tren. Ese coloso de hierro. Ese que achicó la inmensa pampa.Ese
que creó pueblos a su paso. Ese que fue sueño de pioneros. Ese que fue orgullo. Ese que fue símbolo
nacional.Ese
tren es un recuerdo del pasado pero también un anhelo de futuro”.Leyenda (ya desaparecida) escrita por
empleados ferroviariossobre una pared cercana a la estación Once
del FC Sarmiento.
El ferrocarril y sus alrededores (locomotoras,
vagones, estaciones, rieles, maquinistas, guardas, pasajeros) han sido un
motivo de atracción para diversas manifestaciones artísticas, desde las novelas
La bête humaine de Emile Zola (1890)
y Murder on the Orient Express de
Agatha Christie (1934) hasta la partitura musical Pacific 231 de Arthur Honegger (1923: “Siempre me han gustado las
locomotoras apasionadamente. Para mí son como criaturas vivientes y las amo
como los demás pueden amar a las mujeres o a los caballos”) y el inicio y el
final del tema Allentown, de Billy
Joel (en su LP The nylon curtain,
1982), sin olvidar el fanatismo que por el asunto manifiesta el doctor Sheldon
Cooper de The Big Bang Theory y la
atracción de Sean Penn por ver pasar trenes de carga en Sweet and lowdown. En el 3º episodio (Passenger) de la serie televisiva británica Endeavour (2012), la oficial de Policía Shirley Trewlove (Dakota
Blue Richards) se pregunta “¿Por qué a los hombres les fascinan los trenes?”
luego de una investigación con crímenes perpetrados en vías del ferrocarril.
Escritores renombrados lo han descripto vívidamente. En The house of the seven gables (1851), Nathaniel Hawthorne se refiere al “estrepitoso bramido de ese demonio de vapor” y, más adelante en la novela, narra la llegada de dos personajes que “halláronse de pronto trasponiendo la entrada en forma de arco de una gran construcción de piedra gris. Dentro extendíase un vasto ámbito vacío, una alta cavidad plena de espacio del piso a la techumbre y que estaba ahora llena de humo y de un vapor que remolineaba hacia lo alto en grandes masas formando una ilusoria región de nubes encima de las cabezas. Un tren se hallaba listo para partir. La locomotora bullía y echaba humo como un corcel impaciente por lanzarse en veloz acometida. La campana repiqueteó presurosa interpretando fielmente el breve llamado que la vida nos lanza en su apresurada marcha. […] La máquina bufó arrojando afuera su rápido y breve aliento. El tren se puso en movimiento, y conjuntamente con otro centenar de pasajeros, estos dos extraños viajeros lanzáronse hacia adelante con la velocidad del viento”. Por su parte, Zola escribió (en L’assomoir, 1877): “Entonces, para huir de allí, se fue más lejos y bajó hasta el puente del ferrocarril. Los altos parapetos de fuerte plancha remachada le ocultaban la vía; distinguía solamente en el luminoso horizonte de París el ángulo ensanchado de la estación: una vasta techumbre, negra del polvo del carbón; en aquel amplio espacio claro oía silbidos de las locomotoras, los movimientos rítmicos de las planchas giratorias, toda una actividad colosal y oculta. Luego pasó un tren, que salía de París y llegaba con el resoplido de su aliento y su rodar, poco a poco acelerado. No vio de aquel tren más que un penacho blanco, un brusco resoplido que sobresalió del parapeto y se perdió de vista”.
Desde sus mismos
inicios, el cine registró, a través de la cámara del pionero Georges Mélies, la
llegada de un tren a la estación de Vincennes, y luego los ejemplos son
innumerables, entre los que destacan el clásico estadounidense mudo The iron horse de Ford; Thunder, en el que, al menos por una
vez, Lon Chaney no era el monstruo; el soviético Goluboy ekspress; el clásico Shanghai
Express de von Sternberg & Marlene; Union
Pacific de DeMille; tres clásicos de Hitchcock como lo son The lady vanishes, Strangers on a train y North
by northwest; el insoslayable Bataille
du rail de Clément; The greatest show
on Earth con su espectacular choque de trenes; los italianos Stazione Termini e Il ferroviere; los vibrantes, dinámicos Le train de John Frankenheimer, Runaway
train y Unstoppable.
Y Buster Keaton, claro está, cuya casi entera obra muestra su fascinación por los medios de locomoción en general y por el ferrocarril en particular, con un pico en su obra maestra The General sin olvidar su participación en la madurez en el delicioso corto canadiense The railrodder, además de que la citada composición musical de Honegger sirvió como banda sonora del hipnótico film homónimo del francés Jean Mitry (1949). Mucho más cerca, The commuter pone a Liam Neeson a bordo de un tren que sale de Nueva York rumbo a los suburbios y desarrolla su entera intriga dentro del mismo.
El Ferro
Carril –así se escribía en sus inicios– hizo su entrada triunfal en la pequeña
historia del cine argentino por medio de Regeneración
y fue luego una presencia constante: de hecho, los estudios más poderosos
atesoraban decorados de un vagón de tren y de una estación, que eran retocados
cada vez que debían aparecer en alguna de sus producciones; luego se
intercalaba una toma (casi siempre la misma, del stock) de una locomotora iniciando su trayecto o en plena travesía
y resuelto el problema. La estación Retiro del Mitre fue, sin duda, la más asidua,
incluyendo sus andenes, su amplio hall
y, cuando existía, su lujoso restaurante. Los que siguen son los films locales
en los que el ferrocarril tiene una presencia destacada.
• Regeneración
(Nelo Cosimi, 1927) fue producido directamente por el Sindicato La Fraternidad
con el propósito de que “su producto se destinará al orfelinato y hospital que
la nombrada entidad se propone levantar para beneficio de sus asociados” (La razón, 7.1.1928): fue estrenado ese
día –que resultó el único– en los cines Teatro de la Princesa, Paramount y
Petit Splendid, pero su nula programación posterior induce a pensar en un film
“privado”, que el gremio encargó para sus propios afiliados. El Sindicato La
Fraternidad había sido establecido el 20.6.1887 y su edificio todavía se
mantiene, impecable, en su sede original de Hipólito Yrigoyen 1934, cuyo salón
de actos fue desde 1944 alquilado como sala teatral y cinematográfica bajo el
nombre Empire. Resultó una “Obra inspirada en el propósito de demostrar los
diversos e interesantes aspectos de la vida del obrero del riel, cosa que logró
al desarrollar un argumento humano y moralizador”, según La Prensa del 26.12.1927. Actuaban Cosimi y Chita Foras.
• Kilómetro 111
(Mario Soffici, 1938) es el nombre de la estación provinciana de la que Pepe
Arias es su jefe, quien intercede ante las autoridades para evitar el creciente
predominio de los camiones para el transporte de mercaderías. El guión, de neto
contenido social tras la fachada de una comedia costumbrista, fue el primero
que escribieron Sixto Pondal Ríos y Carlos Olivari.
• ¡Mi suegra es una fiera! (Bayón Herrera, 1938), Suegra último modelo (Enrique Carreras, 1953) y Mi mujer no es mi señora (Hugo Moser, 1978) derivan de una comedia teatral de los franceses Hennequin y Mitchell que desde su título mismo alude al tema, Le compartiment des dames seules, cuyo argumento parte del encuentro clandestino de dos de sus personajes en un compartimiento a oscuras aunque en ninguna de esas versiones es visualizado sino apenas aludido.
• Caminito de
gloria (Luis César Amadori, 1939), Confesión
(Moglia Barth, 1940), Yo quiero ser
bataclana (Manuel Romero, 1940) y Coche
cama alojamiento (Julio Porter, 1967) coinciden en mostrar artistas en
sendas giras pautadas por trenes y estaciones.
• Historia de
una noche (Luis Saslavsky, 1941) tiene su climax en un terrible choque de trenes en una ciudad de provincia,
antes y después del cual aparece una gran cantidad de empleados ferroviarios.
• El tercer
huésped (Eduardo Boneo, 1945) también alude al tema desde el título de la
pieza teatral que adapta, Il est cocu le
chef de gare, de Mouëzy-Eon y Nancey, que transcurre íntegramente en un
tren y en una estación.
• Nunca te diré
adiós… (Lucas Demare, 1946) está ambientado en los alrededores de una
estación llamada Médanos, pueblo “de alacranes y aburridos” en el que Zully
Moreno y Angel Magaña viven su dramita.
• Alguien se
acerca (1948) fue orientado por italianos, el productor Eugenio Fontana, el
director Piero Ballerini y la actriz Doris Duranti, sin olvidar que su
argumento deriva de un drama teatral de Alessandro De Stefani: el film nunca
fue estrenado en cines ni salió por TV, pero un suelto en el Heraldo del Cinematografista del
18.5.1949 aporta una pista al dar cuenta de que “Una coincidencia realmente
curiosa acaba de producirse con la película Alguien
se acerca. Su argumento –escrito hace casi dos años– presenta exactamente
el mismo crimen pasional que el cometido recientemente contra un
guardabarreras, y que está de rigurosa actualidad en la crónica policial”.
• Yo no elegí mi
vida (Antonio Momplet, 1948) transcurre durante gran parte de su metraje a
bordo del furgón de un tren en movimiento y, además, la presencia de empleados
ferroviarios, vías y estaciones es permanente: el argumento fue escrito por
Enrique Santos Discépolo.
• El seductor
(Bayón Herrera, 1949) tiene a Luis Sandrini como el jefe de la estación de
Villaverde, pueblo
tan aburrido cuyos
vecinos se divierten juntándose allí los sábados para ver pasar el rápido
Buenos Aires-Bahía Blanca: también hay un
accidente ferroviario que desata la historia.
• Tren
internacional (Tinayre, 1953), cuya acción funciona principalmente a bordo
de un tren del Ferrocarril Trasandino (Argentina-Chile), con un valioso collar
robado en el trayecto.
• Su seguro servidor (Edgardo Togni, 1954) comienza con una larga secuencia a bordo de un tren que se detiene en la estación Parra Seca para que baje el vendedor viajero Juan Carlos Mareco, dando inicio al asunto.
• La bestia
humana (Tinayre, 1954) es, como la famosa novela de Zola, “ferrocarrilera”
desde el inicio hasta el final: allí hay estaciones, depósitos y trenes con sus
vagones de pasajeros y sus máquinas humeantes con sus correspondientes
maquinistas y asistentes de maquinistas, obreros, guardas, jefes de estación,
guardabarreras y gerentes del ferrocarril, ambientación al servicio de un
potente drama pasional. Es, sin duda, el film argentino más representativo de
esa vertiente.
• Amor prohibido (Amadori, 1955) incluye, al igual que la novela Anna Karénina de Tólstoi que adapta, varias secuencias relacionadas con el ferrocarril, desde el hecho de que Anna y Alejandro se conocen a bordo hasta el famoso final con Anna arrojándose al paso de un tren.
• Sangre y acero
(Demare, 1955) es un melodrama en el que todos sus personajes son ferroviarios
o parientes e incluye una secuencia memorable por lo graciosa, aquella en la que Pepita Muñoz decide apurar a Carlos Cores, el novio de su
hija, para que concrete la relación: la conversación entre ambos se ciñe por
completo a la jerga ferroviaria, mérito de Pondal & Olivari.
• Los tallos
amargos (Fernando Ayala, 1955), denso drama cuyo permanente trasfondo es el
FC Sarmiento, con gran visibilidad de las estaciones Plaza Miserere e Ituzaingó
así como de las vías y los trenes.
• En la vía (Alberto Du Bois, 1959), con romance entre un guardabarreras y una forastera.
• Los inundados
(Fernando Birri, 1961), con una familia refugiada por la inundación en un vagón
ferroviario que repentinamente se pone en marcha.
• Tres veces Ana
(David José Kohon, 1961) presenta en su 1º episodio a Luis Medina Castro
abordando en la estación Ramos Mejía una formación real del FC Sarmiento: se
pone a fumar justo debajo de un cartel que lo prohíbe, es llamado al orden por
un guarda y pasa entonces al “vagón fumador”, donde vislumbra a María Vaner,
secuencia que da inicio al inminente romance entre ambos y que concluye al
llegar a Once, en la avenida Pueyrredon casi esquina Bartolomé Mitre.
• Reportaje a un
vagón (Jorge Goldenberg, 1963), excelente cortometraje documental filmado por
completo a bordo del vagón S.949 de un tren que recorre parajes pobres de la
provincia de Santa Fe, registrando a sus pasajeros mientras la narración off de una de ellos (por la actriz Marta
Gam) enhebra una historia de vida de entre las tantas posibles.
• Todo sol es
amargo (Alfredo Mathé, 1965) es el equivalente sureño de Los tallos amargos: su anécdota
transcurre en gran parte sobre un tren del Roca en movimiento, con gran
despliegue de las estaciones Constitución, Berazategui, Florencio Varela y Mar
del Plata.
• El sol en
botellitas (Edmund Valladares, 1985-2003), drama social con el trasfondo de
la paulatina desaparición del FC en el interior de la Argentina.
• Expreso a la
emboscada (Gilles Béhat, 1985), coproducción franco-argentina de aventuras
rurales en la que juega un rol fundamental el denominado Tren de las Nubes.
• Que vivan los crotos (Ana Poliak, 1989-1990), documental que registra el tránsito histórico por todo el país de linyeras ("crotos") en vagones de carga.
En la producción siglo XXI con seguridad hay ejemplos a destacar, pero su investigación queda en manos de alguien a quien le interese este período.
Jacques Lantier
OTROS FILMS MENCIONADOS
Bataille
du rail (La
batalla del riel, René Clément, F, 1945)
The
commuter / The passenger (El pasajero, Jaume Collet-Serra, EEUU/F, 2017)
Il
ferroviere (El
ferroviario, Pietro Germi, I, 1955)
The
General (El
General, Buster Keaton y Clyde Bruckman, EEUU, 1927)
Goluboy
ekspress (El
expreso de Manchuria, Ilya Trauberg, URSS, 1929)
The
greatest show on Earth (El espectáculo más grande del mundo, Cecile B. DeMille, EEUU, 1952)
The
iron horse (El
caballo de hierro, John Ford, EEUU, 1924)
The
lady vanishes (La
dama desaparece, Alfred Hitchcock, GB, 1937)
North
by northwest (Intriga
internacional, Alfred Hitchcock, EEUU, 1958)
The
railrodder (Gerald Potterton, CAN, 1965)
Runaway
train (Escape
en tren, Andrei Konchalowsky, EEUU, 1985)
Shanghai
Express (El
expreso de Shanghai, Josef von Sternberg, EEUU, 1932)
Stazione
Termini (Indiscreción
de una esposa, Vittorio De Sica, I, 1952)
Strangers
on a train (Pacto
siniestro, Alfred Hitchcock, EEUU, 1950)
Sweet
and lowdown (Dulce
y melancólico, Woody Allen, EEUU, 1998)
Thunder
(El monstruo de acero, William Nigh, EEUU,
1928)
Le
train / Il treno (El
tren, John Frankenheimer, F/I, 1964)
Union
Pacific (Unión
Pacífico, Cecil B. DeMille, EEUU, 1938)
Unstoppable
(Imparable, Tony Scott, EEUU, 2010)
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