lunes, 22 de diciembre de 2025

RINCONES

Hoy, zona Norte

Si esos bosques hablaran…

“Ya ningún polizonte espía los menesteres en que se distraen las
parejas que en el fondo de un auto se hunden en el bosque de Palermo”.
Raúl Scalabrini Ortiz, El hombre que está solo y espera (1931).

“Villa Cariño/ bosque alojamiento/ bastan cuatro ruedas/ y luz de reglamento (estribillo) – Es un hermoso bosque alojamiento/ donde el romance marcha sobre ruedas/ donde basta la luz de reglamento/ para quedarse allá hasta que uno quiera. – (estribillo) – Es una extraña villa de emergencia/ coronada de coches cual ninguna/ popular y discreta residencia/ que como velador tiene la Luna. (estribillo) – Es una sucursal motorizada/ del antiguo Paraíso terrenal/ donde hay siempre una Eva estacionada/ hablando de manzanas con Adán. – (estribillo)”. La letra de la cumbia Villa Cariño, de Seriytman Cruz [Herminia Cruz] con música de Eduardo Scherjman, popularizada en los años 60 por Los Wawancó, es de una rotundez explícita. En el vasto parque 3 de Febrero, al que nadie llama así sino bosques de Palermo, lagos de Palermo o el rosedal de Palermo, funciona desde tiempos inmemoriales lo que la imaginación popular en algún momento bautizó como “Villa Cariño”, donde parejas de novios y otras, digamos, clandestinas, iban por las noches en automóvil directamente a coger, porque la situación no requiere de disimulos verbales. Todo el parque ha sido filmado en muchísimas oportunidades, pero la zona aludida mereció dos largometrajes con ese rótulo, ambos del ciclo de las comedias picarescas en boga en los 60 y los 70.

Dorita Burgos y Raúl Rossi

   Villa Cariño –Bosque alojamiento– (Julio Saraceni, 1967), argumento de Angel R. Martini interpretado por un elenco all star en breves apariciones, tiene como singularidad que sólo unos pocos planos fueron registrados allí, ya que la mayor parte fue rodada en un set y en el back lot de los estudios Lumiton; en tanto Villa Cariño está que arde! (Emilio Vieyra, 1968), es más de lo mismo, esta vez hecho por entero en los estudios de Argentina Sono Film y escrito (es un decir) por Vieyra sobre argumento de PVM, siglas que encubrían a Roberto Palma, Vieyra y Juan Antonio Muruzeta: Palma y el Gordo Muruzeta habían producido el anterior.

 

Muchachos que estudian

El actual edificio de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales en la avenida Figueroa Alcorta 2263, barrio de la Recoleta, fue diseñado por los arquitectos Arturo Ochoa, Ismael G. Chiappori y Pedro Mario Vinent y parcialmente inaugurado en 1949. Su fachada y sus muy fotogénicas, interminables escalinatas han sido registradas en infinidad de oportunidades, por lo general sin significación dramática, apenas como un decorado entre otros. Sin embargo, es preciso destacar algunos títulos cuyos realizadores y/ directores de fotografía le otorgaron alguna entidad artística: El vampiro negro (Viñoly Barreto, 1953), Paula cautiva (Ayala, 1963) y ¿Qué es el otoño? (Kohon, 1976), que suma sus pasillos internos. Hay otros, cuyos personajes estudian en esa Facultad: Olga Zubarry en Abuso de confianza (Mario C. Lugones, 1949), de la que se aprovecharon otros ambientes poco después de su inauguración; Mirtha Legrand en La pícara soñadora (Arancibia, 1955-1956); Isabel Sarli en …Y el Demonio creó a los hombres (Bo, 1959-1960) y varios de Los guerrilleros (Demare, 1964), con Ernesto Bianco como su profesor.

Derecho, fotografiada desde la Confitería de las Artes

   También Raymundo Gleyzer focalizó allí una secuencia de su primer film en tanto director, El ciclo (1963), un corto de ficción y, para decirlo en sus términos, “burgués”, escrito por él mismo con chicos ricos pero que “andan en algo” (falopa, jazz, desenfreno, ambientación zona Norte; Antonioni, se diría), fotografiado en B&N por Pedro Roth e interpretado, entre otros, por Osvaldo Mantinián, Luisa Benedetto [Leonor Benedetto], Sergio Mulle [Sergio Mulet] y Cora Roca. Está disponible en YouTube, por si a alguien le pica la curiosidad.

 

Cruzando a por un cafecito…

   En la vereda de enfrente de la Facultad de Derecho lucía, en el número 2250, la Confitería de las Artes, que pertenecía al Museo Nacional de Bellas Artes y fue diseñada por César V. Janello, asimismo creador del icónico puente peatonal que cruza Figueroa Alcorta a la altura de la avenida Pueyrredon. En realidad, el predio había sido construido para albergar una exposición pensada para las conmemoraciones del 150º aniversario de la Revolución de Mayo, pero una vez concluida esa muestra se decidió reconvertir el sitio en un bar-confitería, que fue ipso facto un lugar a la moda, visitado no sólo por los estudiantes sino por todo porteño esnob incluyendo grupos de amigas a la hora del té y, claro está, por los turistas. Era un lugar muy luminoso, amplio, confortable, no particularmente barato. Los cineastas locales tomaron nota con rapidez y enfocaron allí sus cámaras, registrando el lugar en, entre otros títulos, Bettina (Cavallotti, 1962), el citado Paula cautiva de Ayala, Castigo al traidor (Antín, 1965), Matrimonio a la argentina (Carreras 1967), Fuiste mía un verano (Edi Calcagno, 1969) y Rolando Rivas, taxista (Saraceni, 1974). Uno de los últimos, si no el último, en haber situado alguna escena en esa localización fue la coproducción sueco-argentina Los dueños del silencio (Carlos Lemos, 1986).

Enzo Viena y Nora Cárpena en Bettina

De oligarcas y palacios

   De la misteriosa Buenos Aires…. fue el primer film en el que algunas secuencias –en realidad, casi todo el episodio dirigido por Oscar Barney Finn, El salón dorado– fueron registradas en la imponente mansión de la calle Cerrito al 1600, entre la avenida Alvear y Posadas, que para el momento del rodaje ya estaba deshabitada. El edificio, conocido como Palacio Duhau, fue inaugurado en 1934 por encargo de Luis Antonio Duhau, ingeniero agrónomo que fue ministro de Agricultura de la Nación y presidente de la Sociedad Rural Argentina y que aparece como personaje, interpretado por un extra en Fin de fiesta (Torre Nilsson, 1950) y por Alberto Segado en Asesinato en el Senado de la Nación (Jusid, 1984).

Julita von Grolman, Oscar Barney Finn y equipo
filmando El salón dorado

   Sus bellos jardines fueron diseñados por el paisajista Carlos Thays y el edificio, de estilo neoclásico, consta de cinco plantas distribuidas por el arquitecto francés Léon Dourge que incluyen mármoles de Carrara y paneles de roble de Normandía. Aparte los Duhau, vivieron allí otras familias de la “alta sociedad”, repartiéndose las instalaciones y compartiendo algunos ámbitos comunes para recepciones. Dejó de servir como residencia tan sólo en 1995 cuando, tras largos años en estado de abandono, sus herederos lo vendieron a una sociedad que lo destinó a uno de los dos sectores –el otro es un edificio nuevo– de un hotel de la cadena Hyatt. Además del episodio de Oscar que, como los otros dos (de Alberto Fischerman y de Ricardo Wulicher), adaptan relatos de Manuel Mujica Lainez, también fueron registradas allí secuencias de la coproducción franco-argentina Cuerpos perdidos (Eduardo de Gregorio, 1988), en la que su dueña es Laura Morante y que, al igual que El salón dorado, es utilizada expresivamente como símbolo de la decadencia; Play murder for me (Olivera, 1990), otra coproducción, ésta con los EEUU, y Eva Perón (Desanzo, 1996).

Alfredo Alcón en Los inocentes

   La familia Duhau detentaba también una casa-quinta en Tortuguitas, en la provincia de Buenos Aires. Allí fueron localizadas algunas secuencias de Los inocentes (1962), segunda –después de Cómicos, 1953– y última coproducción entre ambos países dirigida por el español J. A. Bardem, suponiendo que ésa era la casa marplatense de la familia Errazquin (Paloma Valdés, Fernanda Mistral, Enrique Fava, Ignacio de Soroa, Pepita Meliá, Fabio Zerpa, Lía Casanova); en realidad, de la casa-quinta sólo se tomaron sus partes externas, como de costumbre.

Maria Dmítrievna Constant-Isáieva

No hay comentarios:

Publicar un comentario

CINEASTAS Julio Irigoyen: Prontuario de un marginal “Era un hombre fuerte, de aspecto distinguido. Su cara tenía la estructura ósea ar...