viernes, 12 de diciembre de 2025

PERFILES

Salvador Salías

Todos lo llamaban Salvador, a secas, excepto tal vez los actores muy jovencitos que aspiraban a que los representara y por ello iniciaban las tratativas con un “señor Salías” que duraba poco tiempo. Ocurre que era un tipo afable sin incurrir en el exceso, de aspecto serio (traje y corbata permanentes) que cedía a la chacota más bien ingenua, ocasionalmente picaresca y cachadora. Un señor.

   Salvador Salías, de quien sólo se sabe que nació un 5 de febrero, fue un representante de artistas, la mayor parte de ellos muy populares, incluyendo a Carlos Thompson antes de Hollywood, y algunos hasta prestigiosos. Gilda Lousek, Elsa Daniel y Graciela Borges eran sus niñas mimadas, a las que promocionó como “las ingenuas”, pero también orientó la carrera de Adrianita, Jorge Hilton, María Vaner y Leonardo Favio, Susana Campos, Jorge River, Nélida Lobato, Enzo Viena, Carlos Balá, Joe Rígoli y sigue el listado. En una de sus producciones de los 60, Canuto Cañete y los 40 ladrones aparecen, en fugaces cameos, sus artistas de esos momentos: Tito Alonso, Tono Andreu, Fina Basser, Nelly Beltrán, Alberto Berco, Ernesto Bianco, Colomba, Rodolfo Crespi, Osvaldo Domecq, María Rosa Gallo, Darío Garzay, Jacinto Herrera, Maurice Jouvet, Nelly Lainez, Gilda Lousek, Aída y Jorge Luz, Gilberto Peyret, Nathán Pinzón, Javier Portales, Ignacio Quirós, Fernando de Soria, Beatriz Taibo, Luis Tasca y Enzo Viena.

Con Adrianita

  Para esa actividad y las que encaró más adelante montó una empresa unipersonal denominada Organización Salvador Salías SRL, que ya en los años 50 funcionaba en la que sería su oficina de siempre, en la planta baja de Sarmiento 2046, barrio del cine. Su principal competidora en ese terreno era la veterana Carmen Sánchez Peña, y entre ambos detentaban a los profesionales más encumbrados. Salías se había iniciado en los dominios de la industria cinematográfica como empleado del consorcio exhibidor de Pablo Coll y Nicolás Di Fiore y en marzo 1937 fue designado administrador de una de sus salas, la del Hindú Palace, en Lavalle 850, luego simplemente Hindú. Más adelante coordinará las actividades de Producciones Angel TV (Torre Nilsson-Gaffet), producirá varios films y será el socio capitalista de Gaceta de los Espectáculos, semanario gremial nacido en 1967 tras la desvinculación de Domingo Di Núbila del Heraldo del Cinematografista, en el que escribió la mayor parte de su vida: José “el Negro” Dominianni e Isidro Gabriel lo acompañaron en la gesta, que no mucho después vendieron (para su rápida defunción) a los hermanos Jacobson y Emilio Ariño.

   También incursionó como productor teatral al menos en tres oportunidades: con Vamos a contar mentiras, la súper exitosa comedia de Alfonso Paso que en la Argentina fue estrenada muy poco después que en España, el 4.5.1962 en el Empire, según adaptación de Angel R. Martini, dirección de José Cibrián e interpretación central por Manuel de Sabatini –desde agosto reemplazado por Ubaldo Martínez–, Diana Maggi, Enzo Viena, María Esther Podestá, Nélida Romero y Jorge Larrea. Continuó con otro autor español, Luis Maté, cuya pieza Los maridos engañan después del fútbol, estrenada en Madrid en 1955, fue en la Argentina primero emitida por TV, luego montada en Mar del Plata y de inmediato en Buenos Aires, el 20.3.1964 en el Lassalle, con el título modificado a Después del fútbol engañan los maridos, según adaptación de Pablo Bueno, producida por la “Organización” Salías, dirigida por Enrique Carreras y actuada por Mercedes Carreras, Fernando Siro, Palito Ortega, Tincho Zabala, Elena Cruz, Marta González, Rodolfo Ranni y Jorge Cano. Salvo error u omisión, su tercera y última producción en ese terreno fue con Dos parejas... y algo más, estrenada el 10.5.1968 en el Olimpia rosarino, escrita y dirigida por Hugo Moser, producida por Moser y Salvador e interpretada por Elsita Daniel, Gilda Lousek, Atilio Marinelli, Enzo Viena y Osvaldo Terranova, de inmediato representada en gira por las provincias durante los fines de semana.

Con Enzo Viena

   Su importancia en la industria podría ser medida por los credits de Hombre de la Esquina Rosada, que son interrumpidos por una larga secuencia (el pedido de indulto del ciego a don Nicanor y la salida de la cárcel de Real) tras la cual se da cuenta, en caracteres mucho más grandes, del título, de su autor Borges, del coordinador Salías y del director Mugica. Este fue su primer film, al menos el primero en el que figura su nombre de manera oficial. En el verano 1962 coprodujo con España una peripecia infantil con Pablito Calvo (al que ya casi le asomaban los bigotes…) y ese mismo año estuvo involucrado en un proyecto en torno a un joven sacerdote que destacaba por la TV cantando temas infantiles acompañándose apenas con su guitarra: El Padre Alejandro, que así se presentaba, sería dirigido por Román Viñoly Barreto; el asunto no cuajó, pero tantos años más tarde el cura tuvo al fin su oportunidad en el cine firmando con su verdadero nombre, Alejandro Mayol, el argumento de Para que el sol no se apague –Las marionetas de La Maravilla– (Jorge Pantano, 1978), en el que Salías nada tuvo que ver. También manejó otro proyecto que no alcanzó a ser concretado, una comedia animada por el venezolano Joselo y la colombiana Raquel Ercole, que había arreglado en 1969 con el poderoso productor venezolano Lorenzo González Izquierdo para que fuera dirigida por Carreras.

   Salvador, en concreto, produjo una decena de films, en su mayor parte con otros socios (Germán Szulem, Hugo Moser, José Huberman, Nicolás Carreras, Carlos Stevani), aunque con quienes ganó verdaderas fortunas fue con Martín Rodríguez Mentasti y el exhibidor Guido Aletti gracias a Carlos Balá y su trilogía con el personaje Canuto Cañete: la primera “se habría hecho con 1.200.000 pesos más el préstamo del INC y el aporte de trabajo de sus principales elementos” y rindió “millones a todos quienes se asociaron con trabajo o dinero en su producción. Un ejecutivo que aportó su colaboración espera obtener tres millones. Un productor que invirtió 300.000 pesos calcula cosechar unos ocho millones. Y no son los principales participantes. Como se ve, el cine nacional puede ser un excelente negocio aún sin salir del mercado doméstico”, analizó el Heraldo el 20.11.1963. La suerte se le dio vuelta en su último intento, Blum, que produjo da solo para lanzar como estrella de cine a su representada Nélida Lobato, según adaptación y dirección de Julio Porter de la exitosa comedia que había escrito con Enrique Santos Discépolo, pero lo hizo con tan notorio desgano y tanto apego a la rutina que logró que una comedia –su comedia, al fin y al cabo– tan sanguínea como la pieza original fuera reducida a una versión desangelada que se resiente por una extrema frialdad, acaso contagiada por la de su principal estrella femenina, excelente bailarina y vedette revisteril que como actriz resultó un fiasco.

Lluvia de millones gracias a Carlitos Balá

   Un hijo homónimo de Salvador tuvo un paso efímero por el ambiente cinematográfico, tan efímero que no pudo concretarlo: fue en 1981, cuando compró los derechos de Noches sin lunas ni soles en sociedad con Alberto de Mendoza, pero terminaron vendiéndolos a Horacio Casares, quien lo produjo en 1984 con dirección de José Martínez Suárez.

FILMOGRAFIA

Sombras en el cielo (Juan Berend, 1961: aparición amistosa no acreditada [AANA] como “acompañante de María Vaner en el hall del cine”), Hombre de la Esquina Rosada (René Mugica, 1961: COORP), Setenta veces siete (Leopoldo Torre Nilsson, 1961-1962: COOR artístico), Barcos de papel (Román Viñoly Barreto, A/E, 1962: P), La familia Falcón (Viñoly Barreto, 1962: PE), Canuto Cañete conscripto del siete (Julio Saraceni, 1963: PE), Circe (Manuel Antín, 1963: COORP), Canuto Cañete y los cuarenta ladrones (Leo Fleider, 1964: PE), El reñidero (Mugica, 1964-1965: PE), Canuto Cañete detective privado (Fleider, 1965: P no acreditado), El hombre invisible ataca (Martín Rodríguez Mentasti, 1967: PE), El novicio rebelde (Saraceni, 1968: PA) y Blum (Julio Porter, 1969: P NA y AANA como un “dirigente futbolístico”).

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