PERFILES
Salvador Salías
Todos lo llamaban Salvador, a secas, excepto tal
vez los actores muy jovencitos que aspiraban a que los representara y por ello
iniciaban las tratativas con un “señor Salías” que duraba poco tiempo. Ocurre
que era un tipo afable sin incurrir en el exceso, de aspecto serio (traje y
corbata permanentes) que cedía a la chacota más bien ingenua, ocasionalmente
picaresca y cachadora. Un señor.
Salvador
Salías, de quien sólo se sabe que nació un 5 de febrero, fue un representante
de artistas, la mayor parte de ellos muy populares, incluyendo a Carlos
Thompson antes de Hollywood, y algunos hasta prestigiosos. Gilda Lousek, Elsa Daniel y Graciela Borges eran sus
niñas mimadas, a las que promocionó como “las ingenuas”, pero también orientó
la carrera de Adrianita, Jorge Hilton, María Vaner y Leonardo Favio, Susana
Campos, Jorge River, Nélida Lobato, Enzo Viena, Carlos Balá, Joe Rígoli y sigue
el listado. En una de sus producciones de los 60, Canuto Cañete y los 40 ladrones aparecen, en fugaces cameos, sus artistas de esos momentos: Tito
Alonso, Tono Andreu, Fina Basser, Nelly Beltrán, Alberto Berco, Ernesto Bianco,
Colomba, Rodolfo Crespi, Osvaldo Domecq, María Rosa Gallo, Darío Garzay,
Jacinto Herrera, Maurice Jouvet, Nelly Lainez, Gilda Lousek, Aída y Jorge Luz,
Gilberto Peyret, Nathán Pinzón, Javier Portales, Ignacio Quirós, Fernando de
Soria, Beatriz Taibo, Luis Tasca y Enzo Viena.
Para esa actividad y las que encaró más adelante montó una empresa unipersonal denominada Organización Salvador Salías SRL, que ya en los años 50 funcionaba en la que sería su oficina de siempre, en la planta baja de Sarmiento 2046, barrio del cine. Su principal competidora en ese terreno era la veterana Carmen Sánchez Peña, y entre ambos detentaban a los profesionales más encumbrados. Salías se había iniciado en los dominios de la industria cinematográfica como empleado del consorcio exhibidor de Pablo Coll y Nicolás Di Fiore y en marzo 1937 fue designado administrador de una de sus salas, la del Hindú Palace, en Lavalle 850, luego simplemente Hindú. Más adelante coordinará las actividades de Producciones Angel TV (Torre Nilsson-Gaffet), producirá varios films y será el socio capitalista de Gaceta de los Espectáculos, semanario gremial nacido en 1967 tras la desvinculación de Domingo Di Núbila del Heraldo del Cinematografista, en el que escribió la mayor parte de su vida: José “el Negro” Dominianni e Isidro Gabriel lo acompañaron en la gesta, que no mucho después vendieron (para su rápida defunción) a los hermanos Jacobson y Emilio Ariño.
También incursionó como productor teatral al
menos en tres oportunidades: con Vamos a contar mentiras, la súper exitosa comedia de Alfonso Paso que en la Argentina fue estrenada muy poco después que en España, el 4.5.1962 en
el Empire, según adaptación de Angel R. Martini, dirección de José Cibrián e
interpretación central por Manuel de Sabatini –desde agosto reemplazado por
Ubaldo Martínez–, Diana Maggi, Enzo Viena, María Esther Podestá, Nélida Romero
y Jorge Larrea. Continuó con otro autor español, Luis Maté, cuya pieza Los
maridos engañan después del fútbol, estrenada en Madrid en 1955, fue en la Argentina primero emitida por TV,
luego montada en Mar del Plata y de inmediato en Buenos Aires, el 20.3.1964 en
el Lassalle, con el título modificado a Después
del fútbol engañan los maridos, según adaptación de Pablo Bueno, producida
por la “Organización” Salías, dirigida por Enrique Carreras y actuada por Mercedes
Carreras, Fernando Siro, Palito Ortega, Tincho Zabala, Elena Cruz, Marta
González, Rodolfo Ranni y Jorge Cano. Salvo error u omisión, su tercera y
última producción en ese terreno fue con Dos
parejas... y algo más,
estrenada el 10.5.1968 en el Olimpia rosarino, escrita
y dirigida por Hugo Moser, producida por Moser y Salvador e interpretada por Elsita
Daniel, Gilda Lousek, Atilio Marinelli, Enzo Viena y Osvaldo Terranova, de
inmediato representada en gira por las provincias durante los fines de semana.
Su importancia en la industria podría ser medida por los credits de Hombre de la Esquina Rosada, que son interrumpidos por una larga secuencia (el pedido de indulto del ciego a don Nicanor y la salida de la cárcel de Real) tras la cual se da cuenta, en caracteres mucho más grandes, del título, de su autor Borges, del coordinador Salías y del director Mugica. Este fue su primer film, al menos el primero en el que figura su nombre de manera oficial. En el verano 1962 coprodujo con España una peripecia infantil con Pablito Calvo (al que ya casi le asomaban los bigotes…) y ese mismo año estuvo involucrado en un proyecto en torno a un joven sacerdote que destacaba por la TV cantando temas infantiles acompañándose apenas con su guitarra: El Padre Alejandro, que así se presentaba, sería dirigido por Román Viñoly Barreto; el asunto no cuajó, pero tantos años más tarde el cura tuvo al fin su oportunidad en el cine firmando con su verdadero nombre, Alejandro Mayol, el argumento de Para que el sol no se apague –Las marionetas de La Maravilla– (Jorge Pantano, 1978), en el que Salías nada tuvo que ver. También manejó otro proyecto que no alcanzó a ser concretado, una comedia animada por el venezolano Joselo y la colombiana Raquel Ercole, que había arreglado en 1969 con el poderoso productor venezolano Lorenzo González Izquierdo para que fuera dirigida por Carreras.
Salvador, en concreto, produjo una decena de
films, en su mayor parte con otros socios (Germán Szulem, Hugo Moser, José
Huberman, Nicolás Carreras, Carlos Stevani), aunque con quienes ganó verdaderas
fortunas fue con Martín Rodríguez Mentasti y el exhibidor Guido Aletti gracias
a Carlos Balá y su trilogía con el personaje Canuto Cañete: la primera “se habría hecho con 1.200.000 pesos más el préstamo del INC y el aporte de
trabajo de sus principales elementos” y rindió “millones
a todos quienes se asociaron con trabajo o dinero en su producción. Un
ejecutivo que aportó su colaboración espera obtener tres millones. Un productor
que invirtió 300.000 pesos calcula cosechar unos ocho millones. Y no son los
principales participantes. Como se ve, el cine nacional puede ser un excelente
negocio aún sin salir del mercado doméstico”, analizó el Heraldo el 20.11.1963. La suerte se le dio vuelta en su último intento,
Blum, que produjo da solo para lanzar como estrella de
cine a su representada Nélida Lobato, según adaptación y dirección de Julio
Porter de la exitosa comedia que había escrito con Enrique Santos Discépolo,
pero lo hizo con tan notorio desgano y tanto apego a la rutina que logró que
una comedia –su comedia, al fin y al cabo– tan sanguínea como la pieza
original fuera reducida a una versión desangelada que se resiente por una
extrema frialdad, acaso contagiada por la de su principal estrella femenina,
excelente bailarina y vedette revisteril que como actriz resultó un
fiasco.
Un hijo homónimo de Salvador tuvo un paso efímero por el ambiente cinematográfico, tan efímero que no pudo concretarlo: fue en 1981, cuando compró los derechos de Noches sin lunas ni soles en sociedad con Alberto de Mendoza, pero terminaron vendiéndolos a Horacio Casares, quien lo produjo en 1984 con dirección de José Martínez Suárez.
FILMOGRAFIA
Sombras en el cielo
(Juan Berend, 1961: aparición amistosa no acreditada [AANA] como “acompañante
de María Vaner en el hall del cine”),
Hombre de la Esquina Rosada (René
Mugica, 1961: COORP), Setenta veces siete
(Leopoldo Torre Nilsson, 1961-1962: COOR artístico), Barcos de papel (Román Viñoly Barreto, A/E, 1962: P), La familia Falcón (Viñoly Barreto, 1962:
PE), Canuto Cañete conscripto del siete
(Julio Saraceni, 1963: PE), Circe
(Manuel Antín, 1963: COORP), Canuto
Cañete y los cuarenta ladrones (Leo Fleider, 1964: PE), El reñidero (Mugica, 1964-1965: PE), Canuto Cañete detective privado
(Fleider, 1965: P no acreditado), El
hombre invisible ataca (Martín Rodríguez Mentasti, 1967: PE), El novicio rebelde (Saraceni, 1968: PA)
y Blum (Julio Porter, 1969: P NA y
AANA como un “dirigente futbolístico”).
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