miércoles, 24 de diciembre de 2025

ESPECIAL NAVIDEÑO

¡¡Jingle bell, jingle bell!!

Los anglosajones son especialistas en producir films ambientados total o parcialmente en la Navidad, celebración religiosa a la que denominan Christmas Eve y de la que, al menos los argentinos, copiamos casi todo (¡en pleno verano!) excepto el vitel toné. Algunos títulos emblemáticos que acuden a mi memoria son Navidad blanca, Mi pobre angelito, Realmente amor, Duro de matar, por supuesto ¡Qué bello es vivir! y todas las versiones del clásico A Christmas Carol de Dickens, que son muchas. La lista podría continuar, pero para eso está la IMDb.

   La industria cinematográfica argentina, en cambio, no ha sido muy afecta a mostrar esa festividad en sus producciones. Se la menciona como al pasar en varias, y con cierta precisión en, por ejemplo, ¡Como te extraño mi amor…! [sic, sin la tilde en los créditos], cuya pueril historia (con Leo Dan) transcurre ese día; en un fragmento de ¡Viva la vida!, film concebido como un espectáculo revisteril (cuadro musical sigue a cuadro de letra), en el que Tita Merello canta en un teatro, es saludada y adulada, da consejos a una aspirante a actriz, atiende al periodismo y finalmente se va a su casa, donde pasa, solitaria, la Nochebuena aunque de inmediato la palabra “fin” indica que todo ello pertenece a un film que acaba de ver en privado con el director (Carlos Fioriti), el productor (Lalo Malcom) y el guionista (Juan Carlos Dual) con su esposa (Mercedes Carreras); en uno de los episodios de La guita, titulado El niño cantor, en referencia a los párvulos que “cantaban” los premios de la Lotería navideña, en este caso con la vagancia de un boludo grande (Norman Briski) que continúa de boy scout soñando con cantar el billete premiado y así obtener un regalo; en Heroína, en el que Penny (Graciela Borges) y su tía (China Zorrilla) se desean “feliz Navidad”, aunque las tomas iniciales, sin actores, en las que caen papelitos sobre la ciudad, se obtuvieron el 31.12.1971 en la esquina de la diagonal Norte y Maipú, una costumbre exclusiva del último día del año que Torre ignoró; y en Tal vez Tokio, producción rosarina grabada y terminada en video, con una cámara siempre en mano, por momentos acaso demasiado inquieta, que indaga en el pequeño mundo sentimental de chica (Nana González) en vías de separación, en unos pocos días cercanos a la Navidad: una joyita a descubrir. Pero aquellos que centralizan su historia plenamente en la Navidad son estos pocos (los producidos en este siglo, si hay alguno, los dejo para otros investigadores):

La guita: Briski y Oscar Viale

Navidad de los pobres (Manuel Romero, 1947), argumento de Romero y Nicolás Viola. Feliz retorno de Niní Marshall tanto a su personaje “Catita” cuanto a Romero tras los aparatos en que fue dirigida por Amadori: Navidad de los pobres significó un reencuentro con su vena más popular y con su personaje más entrañable. Aquí se mueve en ámbitos familiares (tienda y pensión): ella, su festejante Tito Lusiardo (“Eso de bruta más despacio: todavía no es mi marido para insultarme”) y sus compañeras Betty Lagos y Rosa Martín trabajan en los Grandes Magazines Suárez, cuyo joven dueño (Osvaldo Miranda) intenta socializar de cualquier forma posible (“De la camaradería entre el patrón y el empleado nace el estímulo”), visitando a Catita y a sus amigos en la pensión que regentea Esperanza Palomero. Por la tienda pasa un 24 de diciembre la supuesta viuda Irma Córdoba, que roba un juguete para su hijito ya que las monedas que tiene sólo le alcanzan para un café con leche. Es descubierta, el patrón la perdona, se suma a las huestes de la tienda y de la pensión y Miranda termina enamorado (“Viene de tan lejos, de una oscuridad tan extraña...”). Más tarde aparecen en escena el malvado Fernando Lamas (“¿Por qué no se regenera un poco?”, le pide Catita), culpable de seducción y embarazo de la heroína, quien tras cuatro años de cárcel intenta extorsionarla para robar la tienda. No lo consigue, por supuesto, y el final será feliz para todos en la siguiente Navidad. Alguna viñetas divertidas: Semillita como un niño que tiene “complejo de odio” y pide a su madre (Pepita Muñoz, en un papel ínfimo dado su estrellato) “que me hagan el psicoanálisis”, a lo que ella replica “te llevaré al psicópata”; y varios must a cargo de Catita: “la Torre Infiel”, “una bicicleta de dos ruedas”, “así me gustan los patrones”, “cómo se conoce que usted nunca ha sido madre” (a Lusiardo), “con perdón de la mesa puesta”, “me gustan tanto estas músicas uropeas” (al escuchar un samba), “estoy medio enchispada”, “usted se me va a ir de Buenos Aires enseguida; al extranjero: a Bahía Blanca, a Tucumán, a cualquier país”. Imperdible, aún en su modestia de producción serie B.

Navidad de los pobres:
Marshall, Semillita y Pepita Muñoz

• El crimen de Oribe (Leopoldo Torres Ríos y Leopoldo Torre Nilsson, 1949-1950), guión de Nilsson, sobre adaptación de Arturo Cerretani de la novela El perjurio de la nieve, de Adolfo Bioy Casares. La historia es fascinante: para prolongar de cualquier modo la vida de su hija desahuciada (María Concepción César), un hombre (Raúl de Lange) detiene el tiempo en una Navidad perpetua: O. Henry ya había practicado un mecanismo similar en The last leaf (1907), uno de sus admirables cuentos. El asunto es narrado por un periodista (Roberto Escalada) a través de las vivencias de otro, el Oribe del título (Carlos Thompson). El resultado es inquietante: raro para la obra de Torres Ríos, volcada al naturalismo popular, y auspiciosa para la del debutante hijo suyo, quien debe ser considerado el responsable principal de este proyecto que se le anima al elemento fantástico en una época en el que ése era por completo ajeno al cine argentino industrial. [–Fue la primera adaptación de una obra mía. Asistí a la filmación, con la emoción que produce estar en el estudio, entre las cámaras. Pero luego, no me gustó el resultado. –Torre Nilsson volvió a otro texto suyo: Diario de la guerra del cerdo. –Sí, después de esta nueva película, mejoró mucho mi recuerdo de El crimen de Oribe. (Adolfo Bioy Casares a Claudio España, La Nación, 12.1.1992)].

El crimen de Orobe:
María Concepción César y Raúl de Lange

• La casa grande (Leo Fleider, 1952) comienza con los empleados de La Prosperidad y de inmediato con la familia de Luis Sandrini festejando el Fin de Año en el departamento que, dice, “me queda estrecho de caderas”, y termina un año más tarde, en la casa grande y en la Nochebuena. Versión de la comedia teatral de Bugliot y Rosa.

• Todo el año es Navidad (Román Viñoly Barreto, 1959), argumento y guión de Horacio S. Meyrialle basados sobre el personaje protagónico de su ciclo televisivo. Tras un prólogo que establece la “bajada” de Santa Claus (Raúl Rossi) a la Tierra, tan luego a Buenos Aires, se suceden cinco sketches no demasiado imaginativos pero al menos entretenidos, dirigidos por Viñoly con profesionalismo y sensibilidad, en cada uno de los cuales el plañidero Claus opera de comodín para solucionar los problemas que afrontan sus personajes. En el primero (El hermano) Pepita Serrador demuestra una clara predilección por uno de sus hijos gemelos (Leonardo Favio); en el segundo (Cobardía), Narciso Ibáñez Serrador es el muy tímido empleado de una empresa, objeto de burla de sus compañeros y silencioso enamorado de la obrera Mabel Karr; en el tercero (El angelito), Nelly Meden y Ricardo Castro Ríos conforman un matrimonio sin hijos, anhelados por ella, rechazados por él, hasta que al mismo tiempo se producen una adopción (de Oscar Orlegui) y un milagroso embarazo; en el cuarto (Una mujer) hay otro matrimonio (Olga Zubarry y Carlos Estrada), ensombrecido por la sospecha de que él se ha casado sólo por el dinero de ella; el quinto (Violencia) es el más arduo, deprimente e interesante, aunque su elenco carece de estrellas, por todo lo cual no se comprende cómo fue ubicado a modo de cierre, cuando la tradición industrial exige que todo largometraje en episodios sea liquidado con el más optimista: el caso es que hay en él otro matrimonio (Enrique Guarnero-Silvia Nolasco), éste de clase trabajadora, con un hijo universitario (Rodolfo Ranni), una huelga obrera, conflictos estudiantiles y militares involucrados.

Raúl Rossi en Todo el año es Navidad

• El huésped de Navidad (Carlos Lozano Dana, 1994), video largo adaptado de la telenovela Bellísima Luciana, del mismo autor: está ambientado en las fiestas navideñas, hay varios hermanos de apellido Christian y tres de ellos se llaman Gaspar, Melchor y Baltazar. El asunto incluye a un ex sacerdote que todo el tiempo le habla a Cristo en una cruz de mano –tal como María Luisa Santés a “don Pedro” en De Londres llegó un tutor–; personajes que se hablan sin mirarse; alusiones tilingas a ciudades, a escritores (Cain, Wilde, McCullers) y hasta a Bette Davis; un muchacho que toca el violín sin digitar las cuerdas; gente ociosa que, salvo “la servidumbre”, jamás trabaja (“Yo tengo mucha plata”, se excusa uno); gran cantidad de diálogos que no se entienden por culpa del pésimo sonido… En fin, todo lleva el sello de Lozano Dana, esto es, otro de sus videohomes inútiles de toda inutilidad, sin olvidar unos cuantos “planos-bulto” practicados sin ponerse colorado sobre el bello cuerpo de Fernando Cormick, horrible actor, aunque esto a Lozano Dana es lo que menos le importaba…

   En otro sentido, los días de Navidad y Año Nuevo eran, en el siglo pasado, fechas muy codiciadas por las compañías distribuidoras –especialmente las filiales de las estadounidenses– para lanzamientos que consideraban importantes: eran como un regalo de fiestas a los espectadores. Sin embargo, el 25 de diciembre y el 1 de enero no parecían serlo para las producciones locales. En sendos días de Navidad fueron estrenados apenas seis títulos en todo el siglo XX: el primero, tan sólo en 1947, Mirad los lirios del campo, en el cine Ocean. Le sucedieron: en 1951 Pasó en mi barrio, con Tita Merello, en el Ambassador; en 1957 el documental recopilatorio Los ojos del siglo –Volumen 1–, en los cines Ideal y Premier; en 1958 De Londres llegó un tutor, en el Opera; en 1963 El último montonero en el Gran Rex y varios simultáneos; y en 1981 Abierto día y noche, coproducción argentino-mexicana, nueva versión de Hotel Alojamiento, producida y distribuida por Aries y estrenada en el Normandie y un montón de simultáneos.

OTROS FILMS MENCIONADOS
Abierto día y noche (Fernando Ayala, A/MX, 1981)
¡Como te extraño mi amor…! (Enrique Cahen Salaberry, 1965)
De Londres llegó un tutor (Enrique Carreras, 1958)
Die hard (Duro de matar, EEUU, John McTiernan, EEUU, 1987-1988)
La guita (Fernando Ayala, 1969-1970)
Heroína (Raúl de la Torre, 1972)
Home alone (Mi pobre angelito, Chris Columbus, EEUU, 1990)
Hotel Alojamiento (Fernando Ayala, 1965)
It’s a wondeful life (¡Qué bello es vivir!, Frank Capra, EEUU, 1946)
Love actually (Realmente amor, Richard Curtis, GB, 2002)
Mirad los lirios del campo (Ernesto Arancibia, 1946)
Los ojos del siglo –Volumen 1– (Manuel Peña Rodríguez, 1951-1955)
Pasó en mi barrio (Mario Soffici, 1951)
Tal vez Tokio (Javier González y Guillermo Barbieri, 1999-2000)
El último montonero (Catrano Catrani, 1961)
¡Viva la vida! (Enrique Carreras, 1969)
White Christmas
(Navidad blanca, Michael Curtiz, EEUU, 1953)

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