CHUCHERIAS
Algo de teatro, para matizar
Hubo una época en la que los empresarios teatrales vernáculos tenían
las suficientes espaldas como para importar figuras extranjeras, en ocasiones
elencos completos que llegaban a Buenos Aires con todos sus bártulos luego de
girar por el continente. Es cierto que el teatro, entonces, no tenía como
competidores a la TV o al cine, pero sin embargo el empeño es destacable.
Además, había un vasto público dispuesto a pagar su entrada para asistir a
representaciones en idioma extranjero, aunque es cierto que la mayor parte de
esos artistas eran españoles. Una de las compañías de más asidua visita en los
años 20 era la encabezada por el actor y director alemán Geörg Urban, quien en años posteriores hasta radicó por unos años interviniendo
en al menos un film, La fuga, clásico
de Luis Saslavsky de 1937, interpretando al jefe de la banda y acreditado como
George Urban.
En su visita de la temporada 1929, Urban sumó a su compañía a nadie menos que Paul Wegener (1874-1948), “one of the giants of German drama, with an enormous stage presence” (Ephraim Katz), quien cuenta entre sus blasones el haber actuado durante veinte años bajo la dirección de Max Reinhardt e interpretado a grandes héroes teatrales, incluyendo los de Shakespeare. Wegener llegó a Buenos Aires el 6.5.1929 y debutó el 13.5 en el Odeón en una producción del clásico de Strindberg Dödsdansen: La danza de la muerte. También hizo cine, y algunos de sus muchos films como actor o director tuvieron lanzamiento comercial en Buenos Aires, entre ellos Alraune (Alraune –¡¡¡Fruto de horca!!!–, Richard Oswald, AL, 1927) y su propio Die freundin eines großen mannes (La amiga de un gran señor, AL, 1934).
El nombre Stella Adler (1901-1992) remite indefectiblemente al teatro, ya que esa actriz estadounidense (1901-1992) hizo muy poco cine en personajes menores de films inadvertidos. Sin embargo, es casi irresistible mencionar su paso por la Argentina. Era hija de dos célebres actores especializados en representar piezas en idioma hebreo, Jacob y Sarah, al igual que otros de sus hijos. Con los años, Stella fue alumna de Stanislavski y se erigió en una prestigiosa maestra de actuación, ligándose a movimientos experimentales (como el Group Theatre) que renovaron el teatro estadounidense a fines de los 40. Llegó a Buenos Aires desde Nueva York el 10.7.1930 a bordo del Western Prince, contratada por los empresarios del teatro Excelsior (Corrientes 3234) para unirse a la compañía dirigida por Sem Goldenburg, a la que se sumó a partir del 11.7 actuando en Con apariencias de hombre, pieza de J. Shendevay (u O. Charanday, según fuentes diversas). La prensa la mencionaba como “la actriz judía”, y el cronista de La Nación (3.9) escribió sobre ella: “Joven todavía, lleva ya con dignidad el nombre que heredó de quien ha sido una de las figuras más grandes del teatro judío de todos los tiempos [al cual, sin embargo, no menciona]. Un temperamento apto para asimilar las más variadas inquietudes; sobrios, de una viva elocuencia sobre todo en el tono dramático, y, naturalmente, elegantes, los gestos y las actitudes; clara y cálida la voz, estudiosa y consciente”. Ese mismo día 3.9 la función fue en su honor y beneficio, en tanto el 13.9 se les ofreció, a ella y al resto del elenco, un agasajo en el restaurante Al Sibarita (Maipú 30). La temporada –exitosa, de acuerdo a los diarios– finalizó tras la función nocturna del 26.10: Adler animó desde el 17.10 hasta el fin una pieza de autor argentino, Zisie goy, el gaucho, de Samuel Glasserman, estrenada en esa oportunidad, pero antes el repertorio seleccionado destaca piezas de Tólstoi (Zhivoi trup: El cadáver viviente), Lion Feuchtwanger (Jud Süss: El judío Süss), George Louis Palmella Busson du Maurier –abuelo de Daphne– (Trilby) y Jacob Zolotarevski, “el padre del mélo judío” (A la vejez). En la misma sala actuó en julio 1931 Celia Adler, en tanto Julio Adler lo hizo desde abril 1932 en el teatro Argentino, pero estos Adler son ramas de otro árbol.
Otro insigne actor teatral, el francés Harrout (de nombre Léon, aunque sólo firmaba con su apellido, como se estilaba en Francia hasta los primeros años del siglo XX), llegó a Buenos Aires a comienzos de junio 1930: de acuerdo a La Prensa, “se propone intervenir en nuestro país en la interpretación de películas”, propósito por cierto incomprensible si se considera que ya era una figura destacada en su país y miembro del elenco estable del Odéon parisino, mientras el cine argentino estaba en aquellos días en pañales, a caballo entre el mudo y el sonoro; de hecho, sólo hay registro de su intervención en apenas un film, posterior y francés, La chaleur du Sein (Jean Boyer, 1938). Sin embargo, Harrout dejó un mínimo rastro de actuación local cuando tomó el personaje “Karl Moor” de la pieza de Schiller Die räuber: Los bandidos (1781), que en la versión de Erwin Piscator de 1926 fue representada en idioma armenio el 26.10.1930 en el Argentino, en una única función a beneficio de los huérfanos armenios.
Lupita Torrentera
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