viernes, 7 de noviembre de 2025

TEMAS

Alex

Salvo error u omisión, Así es el tango (Eduardo Morera, 1936) parece haber sido el primer largometraje procesado en los Laboratorios Alex, al menos el primero sonoro y profesional. Su dueño era Alessandro Connio (¿? / Buenos Aires, 21.10.1937), cuyo apodo, “Alex”, devino marca. Inmigrante genovés, lo que ganaba como gerente del Banco Italo Sudamericano lo invertía en lo que comenzó siendo un hobby: “Todos los días, a las cinco de la tarde, cuando su hijo, estudiante, pasaba a buscarlo, abandonaba su imponente despacho y se iba con él a casa; allí había un galponcito donde ambos se encerraban y se dedicaban a revelar y copiar películas filmadas por ellos mismos con una Pathé Baby de 9½ mm. Carlos, a los dieciocho años, se recibió de bachiller y entonces su padre le planteó el problema del futuro. Pocas veces el futuro de una persona fue resuelto tan rápidamente: Al «¿Qué querés?» paterno él respondió sin hesitar: «Un laboratorio». Entonces Alex renunció al banco y el 1º de mayo de 1928 inauguró la Casa, luego Laboratorios, que llevan su nombre”, recordó Domingo Di Núbila en su Historia del cine argentino, agregando que “todos los grandes adelantos de su establecimiento se debieron a que el romanticismo del perfeccionista prevaleció sobre la consideración mercantil”.

Tito Lusiardo y Olinda Bozán en
Así es el tango

   Algunos de los cortos aludidos fueron Filmación en teatro (con luz artificial), realizado por padre e hijo, e Imágenes urbanas y Nubes, firmados sólo por el hijo, exhibidos (estrenados) en el Cine Club en su sesión del 13.6.1931 en el auditorio de Amigos del Arte, presentados como “experimentales y didácticos”. Pero antes, entre febrero y marzo 1930, la Casa Alex produjo Sombras, mediometraje en 16mm escrito y dirigido por Luis Saslavsky del que Connio fue productor, director de fotografía y operador de cámara en el marco de un concurso organizado por la empresa Kodak Argentina Lda., que en aquellos tiempos atendía en Paso 434-438 y que en 1930 adhirió a los festejos mundiales por el 50º aniversario –el 1.5.1880– de la fundación por George Eastman de la empresa Eastman Kodak Company, cuya casa central radicaba en Rochester, Nueva York. El film inicial de Saslavsky nunca tuvo un estreno comercial, puesto que los cines no estaban equipados para ese formato: sus primeras exhibiciones se registran el sábado 11 y el domingo 12.10.1930, a las 22, en el salón de actos de la Asociación Cultural Diapasón.

   En un artículo publicado en La Razón del 3.12.1929 titulado “Conversando con el señor Alex Connio”, éste declara que “hago fotografía desde hace 40 años” y el cronista dice de él que es un “viejo aficionado”: en aquel momento la Casa Alex se dedicaba a satisfacer las necesidades de los cineastas amateur. Vale reproducir el siguiente aviso publicitario publicado en La Razón del 26.11.1929, primer martes en que ese diario inauguró la sección Cine y Fotografía –Lo que interesa al aficionado–: “Casa Alex – Maipú 456 – Unica casa especializada en cinematografía para aficionados – La primera en presentar al público el Koda-Color – La primera en presentar el cine parlante para el hogar – La primera en iniciar las ventas en mensualidades para divulgar el cine para aficionados – Cámaras desde $ 8.- mensuales – Unica casa que posee laboratorios propios con la maquinaria más moderna – Revelación-Copias-Virajes-Tinturas-Reducciones de 35 a 16 m/m.-Títulos – Todos los trabajos como en los films profesionales – El mejor surtido – Kodak-Agfa-Filmo de Vry – Visítenos, le daremos amplios detalles”.

Carlos Connio Santini

   El hijo de Alessandro, Carlos Connio Santini (Montevideo, Uruguay, 1.9.1909 / Buenos Aires, 19.10.1957), fue de hecho el principal impulsor del negocio de procesar –el término posproducción es muy posterior– íntegramente un film. Casó el 8.10.1937 con Graciela Aranguren, cuyo hermano Francisco (“Pancho”) fue un destacado ejecutivo de los laboratorios. Años más tarde, Carlos dirigió la parte técnica del mediometraje propagandístico en FerraniaColor Argentina de fiesta (1953), cuya dirección artística quedó en manos de “Quiquito” Cahen Salaberry. Hacia 1944, otro Santini (Enrique, asimismo nacido en Uruguay en 1881, quizá primo de Carlos) figuraba como jefe de Revelado en la estructura de los laboratorios, ya esa altura una SACI. El 1.8.1950, Alex inauguró su nueva planta en Dragones 2250, en el barrio de Núñez, que fue sin duda la más moderna de la América latina. Una hija de Carlos Connio contrajo matrimonio con Luis Sessa, quien se integró a los laboratorios y fue su director tras el fallecimiento de Carlos, con la ayuda de sus hijos varones, Aldo, más adelante un prestigioso fotógrafo, y Alejandro (“Sandro” para el gremio), quien en el futuro será distribuidor, productor y director. “Sí, ahí trabajé 15 años. Desde que era muy joven, con mi hermano, cuando terminábamos el colegio, íbamos un mes a trabajar a diferentes secciones del laboratorio: títulos, revelado, copias… Todo el proceso cinematográfico. Era una manzana en Belgrano, ubicada a dos cuadras de Figueroa Alcorta, cerca de Fiat. Era un lugar fascinante, porque todas las productoras cinematográficas tenían en el subsuelo como una ciudad con cuarenta cabinas de montaje. Y además teníamos dos salas de proyección, donde todos los equipos iban a ver lo que habían filmado, con los directores y los actores”, recordó Aldo Sessa ante un cronista del suplemento Conversaciones de La Nación (26.10.2025). Una de esas salas de proyección, la de mayor capacidad, hasta generó un chiste legendario: se decía que aquel título que jamás llegó a los cines (por malo, generalmente) “se estrenó en la sala 7”.

   Lo cierto es que desde su origen hasta finales del siglo XX, Alex lideró el mercado en su rubro: sus únicos competidores importantes eran los laboratorios propios de algunas compañías productoras (Lumiton, Estudios San Miguel, Baires) y los también veteranos Tecnofilm de Ricardo Raffo y los hermanos Farina (Laboratorios Automáticos Tecnofilm-Farina & Cía. SRL, luego Laboratorios Cinematográficos Tecnofilm SACI), éstos con un target de clientes cercanos a la serie B. Hubo otros, por supuesto: Cristiani Estudios Film del dibujante Cristiani, Laboratorios Cinematográficos Biasotti del pionero Alberto J. Biasotti, y Laboratorio y Estudio Cinematográfico Argentino (LECA) de Tom White, Paul Perry y Ralph Reynolds, pero tenían como clientes a los productores más “rascas” de la industria. Alex, en cambio, procesó toda la entera producción de Argentina Sono Film (más de 300 títulos) y la de otras productoras importantes como Pampa, Interamericana, Emelco y Aries. Hacia mediados de 1967 comenzaron las gestiones que concluyeron en la fusión de Alex con Estudios Phonal SRL, de la que surgió Phonalex SAIC, dedicada al proceso de sonido desde el mismo local de la calle Dragones al que se agregaron predios vecinos.


   A finales de 1979 uno de los socios de Tecnofilm, Pino Farina, se asoció a Alex convirtiéndose en su vicepresidente y no mucho después en su dueño y también en su enterrador. De inmediato aparecieron los de Cinecolor, en Olivos, y los de Citeco. Desconozco las causas reales de la extinción de Alex en 1992: las nuevas técnicas, tal vez; el paulatino agotamiento de la industria tal como se la conocía hasta entonces, quizás. Sin embargo, la marca se trasladó al Brasil cuando Pino instaló en los suburbios de San Pablo un modernísimo laboratorio bautizado Curt e Alex Associados Laboratórios Cinematográficos Ltda., en el que fueron procesados al menos dos producciones argentinas, Los corruptores (Teo Kofman, 1987), coproducido por Curt e Alex, y Picado fino (Esteban Sapir, 1992-1993). Hacia 2012, un histórico empleado de Alex llamado Roberto Bernardis escribió y dirigió un cortometraje de 27’ titulado Alex, usina de talentos. Exhibido en el Festival marplatense de ese mismo año, su Catálogo incluyó un breve texto escrito por José A. Martínez Suárez, hombre que pasó gran parte de su vida en ese laboratorio y hasta registró sus instalaciones en Dar la cara (1961-1962). Titulado “Alex era una fiesta”, dice así:

   “Saber que teníamos que ir al Laboratorio Alex no era un trabajo: era una alegría. No había empleados, había amigos. Montajistas, proyectoristas, administrativos, laboratoristas… Y arriba, el gran Alberto, comandando su feudo: el restaurante. Que no era el estómago, sino el corazón del Laboratorio. El mostrador era una herradura con banquetas. Unas veinticinco. Allí se desayunaba, almorzaba y merendaba. Y no se hablaba de otra cosa que de cine. Como en los pasillos, cabinas de montaje, salas de proyección o los cómodos y amplios sillones de la entrada, por los cuales pasaron todos los técnicos del cine argentino de la época. Saquen cuenta de mi edad: yo alcancé a conocer a Alex cuando todavía estaba en la calle Sarmiento, y dije presente el día en que Don Carlos Connio Santini inauguró el hermoso edificio construido especialmente –orgullo de la cinematografía sudamericana– en Dragones 2250, Bajo Belgrano.

   ”El mediodía se asemejaba a una romería española. Los equipos de los estudios que no tenían laboratorios, concurrían a ver las proyecciones de lo filmado el día anterior. Los «campeones» como se los llamaba. Así que al mediodía no había menos de 60 o 70 personas en el hall y sus pasillos adyacentes, esperando el turno para entrar en la Sala 7, donde proyectaba Osvaldito (120 kilos, 1,60 metros, el hombre que más películas argentinas vio, con más de treinta años haciendo ese trabajo). No era extraño ver subir los dieciocho escalones de las entradas a un hombre de tez morena, sombrero de ala ancha y tonada centroamericana, portando dificultosamente pesadas bolsas que contenían latas de películas. Podían venir de Nicaragua, Perú, Venezuela o Chile: Alex tenía suficientes montajistas, de fama internacional, encargados de poner en orden todo el material que ingresaba.

   ”El laboratorio también fue pionero en avances técnicos: revelado en color, sala de sonido, facilitación de elementos técnicos en alquiler y, sobre todo, como comencé diciendo, la simpatía y cordialidad que se manifestaba en cuanta gestión se realizara en ese amplio edificio. Pero, tal vez lo principal, el Laboratorio Alex fue una escuela. De cine y de vida. Recordarlo es una obligación. Cientos de largometrajes esenciales dan fe de su existencia, importancia y trascendencia”.


   Un completo trabajo sobre los laboratorios puede ser leído en un suplemento específico publicado con la edición del 8.5.1980 del Heraldo del Cine. Pero más a mano está la memoria: en Dar la cara José mostró la sala 7 y el bar, donde se reconoce, sentados ante el mostrador, a Mené Arnó, Alberto Tarantini, Fernando Birri, “Lucho” Limansky y Adelqui Camusso, sin olvidar al barman Alberto; la secuencia final de La civilización está haciendo masa y no deja oír (Julio Ludueña, 1973) fue rodada en la sala 7 y allí aparecen “mi padre, mi madre, algunos amigos personales, compañeros de grupo psicoanalítico, mi psicoanalista de entonces y su novia. En esa época, creía mucho en el psicoanálisis”, recordó Julio en privado: también están allí el Chango Monti, Jorge Valencia y, por supuesto, Julio y su mujer, Stella Maris Closas. ¡Si hasta el baño de hombres del pasillo de la planta baja fue inmortalizado por Edgardo Cozarinsky en su opera prima! Y las privadas: la emoción de ver la primera copia del film de Edgardo, ése cuyo título () debía ser leído como “puntos suspensivos”, y la multitudinaria de La Patagonia rebelde, que nos obligó a pasarlo dos veces en la misma noche.

   [Si bien mis visitas a la calle Dragones eran ocasionales, para asistir a alguna función privada, cada una de ellas me provocaba cierta excitación. Es que, apenas entrar, me dirigía al mostrador en cuya pared colgaba una cartelera (fondo negro afelpado y acanalado) que informaba (letras blancas o amarillas) sobre los “films en proceso”, gracias a la cual puedo ponerle una fecha aproximada a mi primera visita, entre mediados de 1966 y mediados de 1968: retengo un título, “Quebrada de Humahuaca”, y una empresa, “Solanas Prod.”. Era el luego famoso La hora de los hornos].

DEDICADO A

Roberto Bernardis, Beto Acevedo

Miguelito Pérez, el Bebe Kamin

Héctor Olivera, María Julia Bertotto

Alberto Yaccelini, Lita Stantic

Hugo Lescano, Julio Ludueña

Liliana Nadal, Oscar Barney Finn

Luis Puenzo, Edi Calcagno

Miguel Bejo, Beatriz Di Benedetto

Dodi Scheuer, Darío Tedesco

Carlos Faruolo, Carlitos Galettini

Félix Monti, Diana Frey

Rogelio Chomnalez, Lizzie Otero

Hugo Colace, Nerio Barberis

Jaime Lozano, María Inés Teyssié

Pepe Santiso, Juancho Jusid

Carlos Abbate, Ricardo Wulicher

Rodolfo Durán, El Tano Desanzo

Carlos Faruolo, Carlos Orgambide

Corina Leibinstein, Nilda Nacella

a otros sobrevivientes

y a todos los queridos fantasmas de la calle Dragones

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