martes, 25 de noviembre de 2025

DINASTIAS

Los Ibáñez y los Menta

Al igual que la de los Carreras, los Andreu, los Cibrián y los Campoy, ya recordados en este blog, los integrantes de esta familia son originarios de España. Narciso Ibáñez (Narciso Ibáñez Cotanda; Cartagena, provincia de Murcia, España, 1887 / Buenos Aires, 29.7.1950) “comenzaría entreteniéndose con sus compañeros de juegos escribiendo, dirigiendo y actuando en pequeñas obritas de teatro y llegaría a ser compañero de escenario de Julián Romea, Fernando Díaz de Mendoza y Juan Bonafé”, registra la página web de la Fundación Integra, de Murcia. En efecto, “Su vocación teatral pudo más que la carrera de Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, de la que estaba a sólo dos materias. Desde sus veinte años integró elencos con obras clásicas españolas, y más tarde tuvo su propia compañía de zarzuelas y sainetes, con su esposa y su hijito”, agrega Angel J. Somma en la internet. Casó con Consuelo Menta (Consuelo Menta Agreda; San Sebastián, provincia de Guipúzcoa, España, ¿? / Buenos Aires, 19.9.1961), soprano, de quien el señor Somma relata que “debutó a los catorce años en la ópera La sonámbula de Vincenzo Bellini. Luego pasó a ser maestra de canto y se dedicó a la zarzuela, integrando una compañía con su esposo, a la que luego se incorporó el niño. La prensa siempre destacaba su gracia y su voz […] Cantaba en la zarzuela Molinos de viento, y al finalizar la función en el teatro de Ribadesella (Asturias) tuvieron que trasladarla a la habitación donde se hospedaba en Sama de Langreo y allí nació su hijo, a las tres de la tarde del día siguiente”, mientras su esposo “actuaba en esos momentos en Bilbao, en el teatro Campos Elíseos”. También catalogada como “tiple cómica, Consuelo, Narciso y sus hijos Carmen y Narciso se afincaron en la Argentina desde agosto 1919, debutando de inmediato en el Teatro de la Comedia, en la Calle de las Artes [actual Carlos Pellegrini] 248. El matrimonio trabajó sin descanso, juntos o por separado, pero en tanto Narciso hizo cine con cierta regularidad y siempre en pequeñas partes (era muy solicitado por Leopoldo Torres Ríos), Consuelo, salvo error u omisión, no parece haber intervenido en film alguno: sus restos fueron velados en la Casa del Teatro.

Consuelo con Narcisín

   Alrededor del hijo de ambos circula una leyenda que asegura que a los pocos días de haber nacido ya subió a un escenario en brazos de su madre, en una comedia que requería un bebé. Como sea, Narciso Ibáñez Menta (Sama de Langreo, provincia de Asturias, 25.8.1912 / Madrid, España, 15.5.2004) fue un actor precoz, puesto que debutó en 1919, a sus 7 años de edad, en una función de beneficencia en el porteño Teatro de la Comedia en el que actuaban sus padres: su imitación del popular artista de variedades Rafael Arcos fue tan precisa y tan aplaudida que el niño devino ipso facto una celebridad, lanzado al profesionalismo puro y duro por los empresarios de esa sala, Rey y Lozada. Sin embargo, en un reportaje posterior el actor recordaría que su debut se produjo “en Tánger, para suplir a la tiple de Los granujas”. Así, Narcisín –tal su nombre artístico inicial– trabajó desde aquel día tanto en ese teatro cuanto por sí solo en la sección de variedades de los cines porteños como el Splendid, donde debutó en calidad de “monologuista” en diciembre de ese mismo año, meteórica “carrera” que inspiró a un cronista a considerar que “ha llegado a hombre antes de tiempo. Sabe del aplauso, de la admiración, de las caricias interesadas. La vanidad ha sido el hada que presidiera su nacimiento. Y Narcisín, en medio de los oropeles, de la brillantez, del ruido de la farándula, es un niño triste. Recuerda al infante de casa rica, para quien no había capricho incumplido, que se moría de tristeza por no tener al perrito sarnoso del hijo de la portera” (La Razón, 12.1.1920). Otro cronista del mismo diario fue menos generoso –aunque realista, en cierto modo cruel– cuando el 23.3.1921 describió a Ibáñez y a Menta como “sus amantísimos padres y mediocres cómicos”.

   El comediógrafo V. Serrano Clavero le ofreció La leyenda del rubí (21.7.1922, Porteño), escrita especialmente para él. En su adolescencia trabajó durante nueve años en el extranjero, en interminables giras que le hicieron recorrer Europa y América. Cuando regresó a la Argentina ya era un joven de 18 años apenas cumplidos, por lo que le correspondían, entonces, personajes de galán juvenil. Su come back a un teatro argentino se registra en marzo 1931 en el Coliseo Podestá, de La Plata, punto inicial de la temporada a cargo de la compañía Serrador-Mari-Ibáñez, que encabezaba junto con Esteban Serrador y Josefina Mari y en la que también actuaban sus padres así como su futura esposa Pepita Serrador. Antes del debut, formuló a La Nación (20.3.1931) algunas consideraciones que gravitarán en su futuro profesional: “Si bien abordo la comedia frívola y ligera, mi inclinación hacia el drama es más fuerte. Por otra parte, a la inversa de la mayoría de los galanes jóvenes que gustan aparecer como modelos de belleza masculina, a mí me seducen los tipos de composición. Como soy algo escultor me complace modelar personajes, construir máscaras y caracterizarme con la más espantable de las propiedades, tal como lo hago en El jorobado de París”. Tras La Plata y Montevideo, la compañía se presentó desde el 25.7.1931 en el San Martín porteño: “Narcisín se fue de niño y ha vuelto actor de comedia”, saludó un titular de La Nación.


   Ibáñez Menta, quien nunca –hasta sus últimos años en España– se bajó del pedestal, hizo abundante teatro, radio y TV como actor y director, y cine sólo como actor, especializado en las caracterizaciones trabajosas y en el subgénero del terror y aledaños: baste decir que la publicidad de La muerte está mintiendo ponía el acento en el hecho de que aparecía “por primera vez a cara limpia”, lo cual era cierto, al menos en cine. Bien pensado, podría decirse que ya desde niño era un pequeño monstruo, en un sentido teatral, que vaticinaba al futuro rey del terror argentino.  Una de sus más logradas caracterizaciones fue la de Una luz en la venta, en el que hace de científico loco que padece de acromegalia: ya entonces una estrella y además muy prestigiosa, renunció a esa condición apareciendo con un maquillaje que oculta su rostro, y aun así transcurre media hora hasta que se lo ve, primero en sombras o de espaldas a la cámara. “Con Manuel Romero trabajé poco […] Es que él era un enemigo de mi familia. Cuando yo tenía apenas 7 años, Romero tenía un pasquín, La Montaña, donde ponía cualquier barbaridad. Y luego de un problema con mi padre, lo había amenazado con hacerme daño. Así que cuando conté que filmaba Una luz en la ventana, toda mi familia se molestó, porque tenían un mal recuerdo de ese hombre. Pero las cosas entre nosotros se pusieron peor en Historia de crímenes: él llamaba al set, y le decían que yo me estaba retocando el maquillaje. «¿Quién se cree que es, Berta Singerman?», dijo. Ahí se acabó el diálogo entre nosotros. Romero filmaba muy rápido, decía que quería sacarse de encima cuanto antes «esta mierda», rodaba sólo de 1 a 5 de la tarde y todo el tiempo estaba preocupado por el resultado de las carreras”, recordó en una entrevista con D. C. –Diego Curubeto– para Ambito Financiero (27.3.1997). Varias veces galardonado, otra de sus debilidades era la composición de personajes reales, como el docente William C. Morris y los poetas Almafuerte y Evaristo Carriego. Sin embargo, sus mejores actuaciones en ese medio fueron aquellas en las que se mostraba sobrio y medido, como en La muerte está mintiendo y en Fin de mes, en el que está excelente como el empleado bancario que se endeuda de por vida con tal de que su hija pueda casarse con su novio rico.

En Cuando en el cielo pasen lista, con
Saúl Jarlip, Juan Carlos Altavista y Juan Carlos Barbieri

   En el teatro y por la radio ha actuado y/o puesto en escena todo tipo de material, viejo y nuevo pero con tendencia a la búsqueda de calidad, como cuando estrenó Native son de Richard Wright (1945, El Nacional). En la TV debutó por todo lo alto en 1955, cuando puso en escena nada menos que adaptaciones de Death of a salesman de Miller, Vendedor de ilusões de Oduvaldo Vianna y The Canterville ghost de Wilde. Pero fue tan sólo en 1958 cuando se produjo el boom que lo convertirá en sinónimo de “terror”, al protagonizar y dirigir adaptaciones de clásicos literarios escritas por su hijo para un ciclo del Canal 7 iniciado con el título Novelas de terror y proseguido el año siguiente como Obras maestras del terror. Ocasionalmente se convirtió en empresario cinematográfico cuando, en sociedad con Vicente Romano (su socio teatral) y la actriz Laura Hidalgo, estableció la Esmeralda Films, que produjo apenas un título, La bestia debe morir. Hidalgo, a propósito, ya era entonces (1952) su segunda mujer, a la que había reclutado años antes para su compañía teatral, en la que intervino en producciones de FB de Suárez de Deza y El fabricante de piolín de Gorostiza.

   Hacia 1963 decidió vivir en Madrid, pero sin dejar de tener un pie en la Argentina cuando la ocasión fuera propicia. Su primer film en su patria demuestra que no le importaban las supersticiones tan propias del show business: a pesar de que su nombre figura en primer término, en Pasto de fieras compartió protagonismo con un niño, un perro y un mono… Pero allá, al menos en el cine, resignó protagonismo y calidad interpretando personajes en su mayor parte secundarios y a menudo en producciones serie B de terror en las que devino una caricatura de sí mismo. Por otra parte, a pesar de todos los laureles conseguidos, para las nuevas generaciones de españoles pasó a ser “el padre de Chicho”. Con acierto, Carlos Aguilar y Jaume Genover (El cine español en sus intérpretes,1992) describen que “la trayectoria cinematográfica desarrollada por Ibáñez Menta en España carece de especial relevancia, y en líneas generales significa bien la ratificación bien la parodia, consciente o no, de su imagen teatral y televisiva”. De hecho, la única producción serie A en la que intervino fue precisamente la última, Sólo se muere dos veces, no por casualidad de Andrés Vicente Gómez, donde aparece en una sola secuencia de dos minutos, acostado en la cama en la que muere…

   Raúl Rossi en la radio y Mario Sapag en la TV supieron imitarlo. El Festival de Cine de Gijón le ofreció un homenaje en su edición 1993, y hubo otros luego de su fallecimiento, entre ellos la imposición de su nombre a una calle de su ciudad natal, la creación de la sección Los Salieris de Narciso dentro del Festival Internacional de Cine Independiente de Mar del Plata (MARFICI) y hasta un largometraje argentino en video a él dedicado, Nadie inquietó más.

 

   Del matrimonio de Narciso Ibáñez Menta y Pepita Serrador surgió Narciso Ibáñez Serrador (Narciso Esteban Ibáñez Serrador; Montevideo, Uruguay, 4.7.1935 / Madrid, España, 7.6.2019), quien aparecerá siendo niño en films dirigidos por amigos de sus padres. Debutó de modo profesional en 1958 con dos títulos que lo catapultaron de inmediato a la fama: el ciclo televisivo Novelas de terror y la pieza teatral Aprobado en castidad, de la que fue autor e interpretó con su madre, Pepita Serrador. En esa comedia, que resultó un éxito mayúsculo (inexplicablemente nunca adaptada al cine), interpreta a un ñoño que, con ligeras variantes, repetirá en otros trabajos, algo curioso cuando se sabe que se los escribió él mismo: en el episodio Cobardía de Todo el año es Navidad es el muy tímido empleado de una empresa, objeto de burla de sus compañeros y silencioso enamorado de la obrera Mabel Karr, y en la versión Carreras de Obras maestras del terror también anima a un falso tímido y falso sobrino del protagonista.

Padre e hijo en el film
Obras maestras del terror

   En 1966 radicó en Madrid, destacando en televisión (su ciclo de entretenimientos Un, dos, tres batió récords de audiencia) y especializándose también él en terror, ficción científica y fantasía, subgéneros que abordó en sus dos únicos films en tanto director, ambos de gran repercusión y notorio impacto internacional, La residencia y ¿Quién puede matar a un niño?: la secuencia de títulos de este último permanece como una de las más aterradoras de la historia del cine. La poderosa Televisa mexicana le compró tres argumentos de sus especiales televisivos para convertirlos en sendos largometrajes para cines, en los que él no tuvo ninguna intervención directa. En Muertos de risa (Alex de la Iglesia, 1998) se lo cita como “Chicho Ibáñez Serrador, de Un, dos, tres”, y en otro argentino muy posterior (Punto muerto, 2016), el director y argumentista Daniel de la Vega le rinde tributo bautizando Luis Peñafiel al protagonista, un escritor. “Chicho”, por cierto, fue su apodo familiar devenido marca de fábrica.

   Protagonizó amoríos muy retratados por el periodismo de chismes, ambos con actrices argentinas, Adriana Gardiazábal y Susana Canales: con ésta interpretó en Buenos Aires (2.7.1971, Odeón) su comedia El agujerito. La IMDb registra a un hijo suyo, Alejandro Ibáñez Nauta, nacido de su matrimonio con una “civil” llamada Diana Nauta: el hombre se dedica a la TV, con apenas una incursión en el cine, como argumentista, guionista, director y actor de Urubú (2018-2019), producción española parcialmente rodada en Brasil del que su productora ejecutiva fue su hermana, Pepa Ibáñez Nauta.

 

Mientras tanto, del hijo de un hermano varón de Consuelo Menta nació una hembra bautizada Haydée Nélida Menta (Buenos Aires, 19.6.1934 / 9.5.1982), que en las ocasionales reuniones familiares comía en la mesa de los niños con su primo contemporáneo, al que le decían Chicho. La niña creció, demostró aptitudes para el baile y procedió en consecuencia: a los 20 años se registra su debut oficial en teatro, en marzo 1954 en el Argentino, en el espectáculo Cabalgata del tango, de Antonio De Bassi, como integrante del Ballet de Eber Lobato. Este coreógrafo y bailarín y su hermana Gladys habían debutado un año antes en dos revistas de Carlos A. Petit y Antonio Prat estrenadas el 23.5.1953 en el Florida de la Galería Güemes, presentados como Hermanos Lobato. Eber y Haydée Menta se enamoraron, unieron sus destrezas y de este modo la prima de Chicho pasó a la eternidad como una excepcional bailarina de cuerpo perfecto conocida como Nélida Lobato.

Nélida Lobato en Blum

   Juntos hicieron más revistas, algo de cine y una pizca de TV hasta que a finales de los 50 fueron contratados para actuar en la capital chilena, con tanto éxito que permanecieron allí cerca de cinco años, hasta que un empresario estadounidense los llevó a Las Vegas y luego al tradicional Lido parisino consagrado al género. Hacia 1965, en Las Vegas, vaya saberse cómo, él dirigió y ella protagonizó Scream of the butterfly, film de la más absoluta serie B, con escenas de nudismo y homosexualidad, cuya existencia nunca blanquearon en la Argentina y que encontró su lugar como complemento de un doble programa bizarro editado en DVD. Eber y Nélida regresaron a la Argentina tan sólo en 1968 y de inmediato devenidos estrellas gracias a una publicidad intensiva apoyada en la marca “Lido de París”. Ellos parieron a Adrián Lobato (Adrián Ricardo Lobato Menta), músico de carrera inadvertida; un hijo suyo, Lenny Lobato, nació en Brasil y se dedicó a jugar al fútbol.

   El representante de artistas Salvador Salías tomó a Nélida de inmediato y hasta la hizo estrella de cine secundando a Darío Vittori en la adaptación del éxito teatral de Discépolo y Porter Blum..!, interpretando a “Lucy”, personaje estrenado en 1949 por Diana Maggi; sin embargo, esta versión desangelada se resiente por una extrema frialdad, acaso contagiada por la propia de Lobato, quien como actriz resultó lamentable. Su esposo le escribió un argumento a su medida, especie de tributo de amor, un disparate muy representativo de la época (comienzos de los 70), sólo que cuando al fin consiguió un par de incautos que le financiaran el delirio, el amor de la pareja había acabado: el film se hizo de todos modos, con el título Natasha, y subsiste en la memoria cinéfila apenas por la fría belleza de Thelma Stefani, hembra que Alfred Hitchcock hubiera incorporado gustosamente a su galería personal.

   Nélida siguió su carrera en solitario, marcando hitos en el ambiente revisteril, y uno de sus más logrados espectáculos fue Erase otra vez… Nélida Lobato (15.2.1980, Lola Membrives), escrito por Jorge Goldenberg, que era de otro palo. Lobato murió muy joven y muy dolorosamente.

Teófilo Auerbach

FILMOGRAFIAS

Abreviaturas: AA: aparición amistosa / AANA: aparición amistosa no acreditada / ARGM: argumentista / NA: no acreditado / P: productor. El número final indica su puesto jerárquico en los títulos de crédito.

Narciso Ibáñez:

24 horas en libertad (Lucas Demare, 1938: “el loco que pesca”, NA), Nuestra tierra de paz (Arturo Mom, 1939: “Carlos IV, rey de España”, 31º), La dama duende (Luis Saslavsky, 1944: “sacerdote”, NA), Madame Sans-Gêne (Luis César Amadori, 1944: “noble I”, 15º), Cuando en el cielo pasen lista (Carlos Borcosque, 1945: “vendedor de los billetes de Lotería”, 23º), Mosquita muerta (Amadori, 1945-1946: “bombero del teatro”, 17º), Milagro de amor –Leyenda– (Francisco Mugica, 1946: “Juan, el carretero”, 16º), La maja de los cantares (Benito Perojo, 1946: “patrón de la taberna La Venta de los Cantares”, 15º), El que recibe las bofetadas (B. H. Hardy, 1946-1947: “espectador gordo en el circo”, 17º, acreditado como Narciso Ibáñez padre), La caraba (Julio Saraceni, 1947: “carnicero”, en la secuencia del sueño, 21º), El cantor del pueblo (Ber Ciani, 1947: “Pacorro”, NA), El hijo de la calle (Leopoldo Torres Ríos, 1948: “portero de la escuela”, 8º), El hombre de las sorpresas (Torres Ríos, 1949: “señor en la fiesta”, 12º), Pantalones cortos (Torres Ríos, 1949: “cliente de los ajos”, 12º), Almafuerte (Amadori, 1949: “almacenero López”, NA), El nieto de Congreve (Torres Ríos, 1949: “pasajero del tren comiendo pollo”, 13º), Filomena Marturano (Luis Mottura, 1949: “padre de Filomena” [Tita Merello], 19º), Cinco locos en la pista (Augusto César Vatteone, 1950: 15º) y Los isleros (Demare, 1950: “el Mallorquín”, 17º).

Narciso Ibáñez Menta:

Nuestra tierra de paz (Arturo Mom, 1939: sólo se ocupó de la caracterización de Pedro Tocci como el general San Martín), Una luz en la ventana (Manuel Romero, 1942: “doctor Herman” 1º), Historia de crímenes (Romero, 1942: “Enrique Mendel”, 1º), Mi novia es un fantasma (Francisco Mugica, 1943-1944: AANA como él mismo), Cuando en el cielo pasen lista (Carlos Borcosque, 1945: “profesor William C. Morris”, 1º; además, se ocupó de la caracterización de su personaje), Corazón (Borcosque, 1946: “Aquiles Perboni”, 1º), El que recibe las bofetadas (B. H. Hardy, 1946-1947: “Alejandro, apodado Pepe”, 1º; además, figura acreditado en el rubro “dirección artística”), Siete para un secreto (Borcosque, 1947: AANA como “el borracho que invita a bailar a Gillian” [Silvana Roth]), Vidalita (Luis Saslavsky, 1948: “Hilarión de Arzábal, abuelo de Vidalita” [Mirtha Legrand], 2º), Almafuerte (Luis César Amadori, 1949: “Pedro B. Palacios, conocido como Almafuerte”, 1º), Piantadino (Mugica, 1949: AANA como él mismo), La muerte está mintiendo (Borcosque, 1949-1950: “Emilio Marín, alias Emilio Rodríguez”, 1º), Derecho viejo (Romero, 1950: “Evaristo Carriego”, AA), La calle junto a la luna (Román Viñoly Barreto, 1950: “Evaristo Carriego”, 1º), La bestia debe morir (Viñoly Barreto, 1952: “Frank Carter”, 1º; además, fue guionista con Viñoly, sobre la novela The beast must die de Nicholas Blake, y con Laura Hidalgo y Vicente Romano titular de la productora Esmeralda Film), Fin de mes (Enrique Cahen Salaberry, 1952: “Mariano Casas”, 1º), Maleficio / Tres citas con el destino / Tres citas con el destino (A/E/MX, 1953, en tres episodios: “abogado doctor Félix Miranda” y “Martín Pacheco, alias el Pelado” en Buenos Aires, León Klimovsky, 1º), Un hombre cualquiera (Carlos Rinaldi, 1953-1954: “Alberto Campos y García, apodado Tito, que se hace pasar por Agustín Arévalo”, 1º), Cinco gallinas y el cielo (Rubén W. Cavallotti, 1956-1957: “Aníbal Labina”, 1º), Procesado 1.040 (Cavallotti, 1958: “José Rosini”, 1º), Obras maestras del terror (Enrique Carreras, 1959, en tres episodios, acreditado 1º: “profesor Egstrom” en El caso del sr. Valdemar, “Jean Samibet” en El tonel de Amontillado y “Thornborn” en El corazón delator) y La Cigarra no es un bicho (Daniel Tinayre, 1962: “Tulio Battisti, el ventrílocuo”, 8º) – En España: Pasto de fieras –Tino, el mal pastor– (Amando de Ossorio, 1966: “Marco Linóleo”, 1º) y Due volte Giuda / Dos veces Judas (Nando Cicero, I/E, 1968: “Murphy”, 7º) – En la Argentina: Kuma-Ching (Tinayre, 1968: “profesor Diego de Alcántara”, 3º) – En España: La saga de los Drácula (Klimovsky, 1972: “conde Drácula”, 3º) y Odio mi cuerpo / ¿? (Klimovsky, E/SZ, 1973: “Adolfo Berger”) – En la Argentina: Los muchachos de antes no usaban arsénico (José A. Martínez Suárez, 1975: “médico doctor Norberto Grimberg”, 1º) – En España: Sábado, chica y motel... ¡qué lío aquel! (José Luis Merino, 1975: “don Justo”, 6º), Lucecita (Mujeres desesperadas, José Luis Madrid, 1976), Tres días de noviembre (Klimovsky, 1976: “doctor Bustos”, 3º), Préstemela esta noche (Tulio Demicheli, E/PAN, 1977: “Renzo Ricciardi”, 4º), Yo hice a Roque III (idem, Mariano Ozores, 1980: “don Cipriano”, 3º), Viaje al más allá –Parapsicología– (Sebastián D’Arbó, 1980: “doctor Meinen”, 1º), El retorno del hombre lobo (Jacinto Molina, 1981: “profesor”, 4º), El ser (D’Arbó, 1982: “doctor Oliver”, 3º), Los líos de Estefanía (Augusto Fenollar, 1982), Sal gorda (Fernando Trueba, 1984: “Danilo”) y Más allá de la muerte (D’Arbó, 1986: “profesor Hamerman”, 1º) – En la Argentina: Dr. Lazarus (Alejandro Jablonskis y Pedro Loeb, 1992, mediometraje en video, piloto de una serie TV no concretada: narrador off) – En España: Sólo se muere dos veces (Esteban Ibarretxe, 1996: “doctor Homer Kramer”, 8º, acreditado como Narciso Ibáñez-Menta) y ¡Qué vecinos tan animales! (Maite Ruiz de Austri, 1997: voz del “señor Murciélago”) – En la Argentina: Argentina bizarra (Gustavo Mendoza, 1997, corto en video: testimoniante off).

Narciso Ibáñez Serrador:

Un tipo de suerte (Carlos Calderón de la Barca, 1938: AANA como “niño”), Cuando en el cielo pasen lista (Carlos Borcosque, 1945: AANA como “niño”), Todo el año es Navidad (Román Viñoly Barreto, 1959, en episodios: “Carmelo” en Cobardía, 7º) y Obras maestras del terror (Enrique Carreras, 1959, en episodios: “Sidney, el falso sobrino de Thornborn” en El corazón delator, 4º, y, acreditado Luis Peñafiel, G, sobre una adaptación de Rodolfo M. Taboada de tres cuentos de Edgar Allan Poe) – En España: Carola de día, Carola de noche (idem, Jaime de Armiñan, 1969: AA como “hombre con prismáticos en la boîte”), La residencia (idem, 1969: D y, acreditado Luis Peñafiel, G sobre argumento original de Juan Tebar), ¿Quién puede matar a un niño? (idem, 1975: D y, acreditado Luis Peñafiel, G sobre la novela El juego, de Juan José Plans; además, AANA como “el hombre en la parada del ómnibus”) y País SA (Forges, 1975: AANA como “uno de los abogados de don Luis” [Fernando Delgado]) – En México: Viaje directo al infierno (Raúl Araiza, 1990: ARGM), El hombre que volvió de la muerte (Araiza, 1990: ARGM) y Doble venganza (Gerardo Pardo, 1991: ARGM) – En España: Nadie inquietó más –Narciso Ibáñez Menta– (Gustavo Leonel Mendoza, 2008: largometraje argentino que incluye su testimonio, grabado en Madrid) e Insania (Carlos Salado, 2018, corto: P).

Nélida Lobato:

Sucedió en Buenos Aires (Enrique Cahen Salaberry, 1954: una de los integrantes del ballet de Eber Lobato, NA), El calavera (Carlos Borcosque, 1954: “Pelusa, amiga morocha de Coco” [Antonio Provitillo], 14º, acreditada Haydée Menta), El último perro (Lucas Demare, 1954-1955: con Eber Lobato, “paisanos bailando en el fogón”, NA), El campeón soy yo (Virgilio Muguerza, 1955: una de los integrantes del ballet, NA), El satélite chiflado (Julio Saraceni, 1955: una de los integrantes del ballet, 30º, acreditada Haydée Menta), Danzas nativas argentinas (Irena Dodal, 1956, corto: una de los integrantes del ballet de El Chúcaro, NA), Venga a bailar el rock (Carlos M. Stevani, 1957: “Ruth”, 3º), Mientras haya un circo (Borcosque, 1957: “Vilma”, 5º) y Nubes de humo (Enrique Carreras, 1958: “Mery”, 7º) – En los EEUU: Scream of the butterfly (Eber Lobato, 1965: “Marla Williams”, 1º) – En la Argentina: Blum (Julio Porter, 1969: “Lucy”, 2º), Argentinísima (Fernando Ayala – Héctor Olivera, 1971-1972: baila dos temas de Astor Piazzolla, en secuencia dirigida por Ayala) y La fiesta de todos (Sergio Renán, 1978: ella misma, 5º).

Adrián Lobato:

Natasha (Eber Lobato, 1973: “Nick”, 7º; además, con Eber compuso la partitura musical y las canciones).

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