viernes, 21 de noviembre de 2025

CINEASTAS

Enrique Santos Discépolo

[Enrique Santos Discépolo Deluchi; Buenos Aires, 27.3.1901 / 23.12.1951]

No hay nada que se pueda agregarse en este espacio a lo ya escrito sobre la vida y la obra de Enrique Santos Discépolo (1901-1951). Actor, letrista de tangos, comediógrafo, comentarista de la actualidad, peronista fanático, esa obra es muy vasta y fue exhaustivamente analizada por sus respectivos especialistas. Pocos prestaron la debida atención, en cambio, a su actividad en tanto director cinematográfico, escasa, de apenas seis largometrajes.


   Discépolo se acercó al cine como actor en unos metros de celuloide que Mario Soffici gastó hacia 1924 para probar su potencial en ese nuevo medio, casi como un juego de aficionados, como un ensayo: eran escenas de Muñeca, la pieza teatral de Armando Discépolo, dramaturgo, hermano mayor de Enrique Santos: allí quedó evidenciado que el joven Discépolo nunca podría ser galán de cine, que sus facciones lo confinaban a roles de característico, de excéntrico. Sus actuaciones en cine fueron pocas y tendientes al desborde temperamental, con un pico en El hincha (Manuel Romero, 1950), donde apenas se lo soporta. Resulta mucho más interesante su contribución como argumentista y director. Está claro que no dominaba la técnica: en los iniciales tuvo que apoyarse en colaboradores más experimentados, como los hermanos Murúa, Gumer Barreiros y Carlos Schlieper.

   Su primer film, Cuatro Corazones (1938), es una entretenida revista musical en la línea de las que Hollywood producía por esos años, sin la opulencia y la fastuosidad de las de la MGM y, claro, sin Busby Berkeley en la coreografía. Es más que evidente que copió la estructura de Wunder Bar, una obra musical de Geza Herczeg y Karl Farkas que había protagonizado, dirigido y –con su hermano– adaptado para una producción estrenada el 17.5.1933 en el Teatro de la Opera. En la dirección lo ayudó Schlieper y en el argumento el actor Miguel Gómez Bao, éste un habitual colaborador literario suyo en el teatro. La acción transcurre en la boîte Cuatro Corazones, de la que Discépolo es su taimado dueño: tocado con finos bigotitos de villano clásico, el actor parece haberse divertido mucho jugando ese papel en el que tiene a maltraer a su compañía hasta que al final se rehabilita. El siguiente, Caprichosa y millonaria (1939), es un vehículo para Paulina Singerman que debió haber sido convencional pero que Discépolo llevó a extremos de disparate y sinsentido: su título es lo suficientemente explícito acerca de su contenido y podría haber servido para la mayor parte de los que protagonizó esa actriz.

Cuatro Corazones:
Discépolo y Gloria Guzmán

   En los dos últimos no pudo luchar demasiado contra el esquema habitual de sus respectivos protagonistas, Pepe Arias y Niní Marshall: ambos los escribió con dos amigos suyos del ambiente teatral, los comediógrafos Manuel A. Meaños y Marcelo Menasché. Fantasmas en Buenos Aires (1942) resultó una efectiva comedia de misterio y equívocos, con Arias como un empleado bancario jaqueado entre una banda de falsificadores de dinero y un grupo de espiritistas: el actor está estupendo, como de costumbre en los films de esos años, los más fructíferos de su carrera en cine. Cuando las circunstancias lo convierten en sospechoso asegura que “Mi honestidad es sacrosanta: por ella pierdo la vida, el empleo y los dientes. No va a encontrar dos como yo”. Más adelante informa que “En Buenos Aires hay cuatro millones de habitantes”, y luego desliza un término que servía para definir a un homosexual: “No me negará que éste es un gerente muy «alcanzame la polvera»…”. Subordinado como lo estuvo a las características inamovibles de su protagonista, Discépolo no pudo esta vez colar casi nada de su mundo propio, lo mismo que en el siguiente y último, Cándida –La mujer del año– (1942-1943), donde una banda de estafadores tiene a maltraer a Niní Marshall y a su flamante marido Augusto Codecá: la comedia es graciosa, como no podía dejar de serlo cualquiera de Marshall, pero es evidente que Discépolo la dirigió sin entusiasmo.

   Sin embargo, los dos mejores films suyos, casi al borde de la maestría, son los que hizo entre aquellos. Un señor mucamo (1940) es en verdad un drama disfrazado de comedia, con Tito Lusiardo a un paso de recibirse de ingeniero, que vive con su madre viuda (Ana Arneodo) y con su hermanito (Eduardo Otero) pero se disgusta sobremanera cuando ella vuelve a casarse, por lo que abandona la opulenta casona familiar en plena fiesta de bodas. El chico se va con él, lo interna en un colegio y para pagar las mensualidades se emplea como mucamo en casa de los Aguilar, un viudo (Percival Murray) y sus cinco hijos (Choly Mur, Osvaldo Miranda, Domingo Márquez, Armando Durán, Eduardo Rudy). Luego conoce a una chica rica e inválida (Elsa del Campillo) a la que oculta su trabajo y que resulta ser pariente de los Aguilar. Hacia el desenlace todo se soluciona, ahora sí en tono de comedia.

Un señor mucamo:
Elsa del Campillo y Tito Lusiardo

   Aunque el argumento lleva la firma de Abel Santa Cruz (éste fue su primer argumento para cine) y Alfredo Remillo (uno de los pseudónimos de Juan Carlos Muello), el guión y los diálogos son puro Discépolo, cuyo toque desesperanzado y su amarga poesía impregnan la anécdota. Cuando Lusiardo pasa una noche en un hotelucho miserable reflexiona: “Al oscuro uno no tiene más remedio que mirarse por dentro”, a lo que un ocasional compañero de cuarto contesta: “¿Y qué? ¿Le asusta? Bah... uno es mejor de lo que puede, siempre”. Y éste es solo un ejemplo. Film curioso, que el paso de los años ha mejorado, aunque su mayor renuncio es precisamente Lusiardo, que aparte de estar demasiado crecido para estudiante no encaja en la historia, o en todo caso esta historia era más apta para otro actor.

   En la luz de una estrella (1941) tampoco fue valorado en su real dimensión: para la historia del cine argentino es apenas un film-de-cantante, en este caso otro vehículo ligero para Hugo del Carril. Es de imaginar la reacción de su público adicto al encontrarse, en cambio, con un drama sombrío con suicidio incluido y final a pleno llanto mortuorio, al mismo tiempo el estudio de un ídolo popular y una variante del clásico La Cenicienta que reproduce, con ingenuidad, el salto real de Ana María Lynch de extra a estrella y amante de Hugo del Carril. Este interpreta a “un astro mimado por las mujeres más ricas, más lindas, más elegantes”, que “despierta la envidia que duerme en cada uno, agita la vanidad de las mujeres y exacerba los celos de los hombres, que lo ven como un enemigo invencible: una sonrisa suya no brindada a tiempo duele más que la puñalada de un hombre común”. El astro, sin embargo, no es feliz: “Quemo todo lo que toco”, asegura, luego de que su celosa mujer (Aída Sportelli, actriz teatral de raras apariciones en cine) le acierta un tiro, pasa dos meses en la cárcel y se va con rumbo desconocido a pesar de seguir amándolo. No es la única: Zully Moreno, la esposa de su mejor amigo (Carlos Lagrotta), también lo ama con desesperación y hasta se lo confiesa a su marido. Pero en su nuevo espectáculo trabaja Lynch, una “bataclana oscura” tontamente enamorada del ídolo. “Sé bien que su alma no tiene descanso en nadie, pero es un destino, como el mío”, le dice. “Si usted fuera un humilde como yo, y pudiera ser lo que yo quiero, un ser pequeño, sencillo, pero mío, mío siempre, mis ojos y mis manos tendrían caricias para su soledad”. Las frases entrecomilladas son las de los diálogos, y vale la pena reproducirlas porque demuestran que la genialidad de Discépolo no se reducía a las letras de sus tangos sino que acompañaba con un inusual toque poético las particulares peripecias de sus personajes. Y hay más: “Sonrían, sonrían, no miren sólo la primera fila”, pide el empresario a las coristas; “Las mujeres son como los gatos: hacen siempre lo que ellas quieren”, dice el mismo empresario francés (Antoine Bardot, ocasional pseudónimo de Enrique Vico), marcado como un ser delicioso, generoso y lúcido acerca de sí mismo; –“¿Conoce la cara de la envidia?, –“No: debe ser horrible”; “Da gusto vivir esta fiesta con algo más que la estupidez”. Imperdible.

En la luz de una estrella

   Pocos films argentinos, de esa época y las siguientes –acaso con la sola excepción de los iniciales de Eliseo Subiela antes de volverse pesado– ofrecen diálogos tan intensos y tan sencillamente poéticos: fueron escritos por ambos hermanos, y Enrique Santos se revela, además, como un director sensible que supo contar la historia en un tono bajo infrecuente para ese tiempo y ese género, intentando diferenciarse de los de Manuel Romero; utiliza con expresividad los primeros planos, valoriza los encuadres y manifiesta un cariño entrañable por la gente del espectáculo, aunque, a diferencia de Romero, revelando sus aspectos más sombríos. Además, Hugo del Carril canta tres temas muy bien producidos, Moreno y Lynch lucen bellas y elegantes y Eduardo Sandrini y Lagrotta se lucen en una breve secuencia. Y hay dos situaciones que adquieren un doble sentido: la ya mencionada entre Lynch y Hugo del Carril respecto de sus personajes, y una frase disparada por Eduardo Sandrini (“Si él no hubiera nacido yo hubiera sido feliz”) que bien podría asimilarse a su situación de hermano menos favorecido de Luis Sandrini.

 

Le decían “Discepolín” para diferenciarlo de su hermano mayor, Armando Discépolo, notable dramaturgo y director teatral, pero bastaría mencionar Cambalache para definir a Enrique Santos Discépolo como lo hizo (en Clarín, 18.3.2001) el especialista Jorge Göttling: “A su manera, fue el filósofo de la crisis del treinta”. Ese hombre “molesto, implacable, escudriñador de las almas ajenas, iluminador de las propias conciencias” escribió para la eternidad no sólo ese himno estrenado por Ernesto Famá en El alma del bandoneón (Soffici, 1934) sino otros tangos gloriosos como Esta noche me emborracho y Malevaje (1928), Yira, yira (1930), Confesión (1931), Al mundo le falta un tornillo (1933), Uno (1943), Sin palabras (1946) y Cafetín de Buenos Aires (1948), así como el bellísimo vals Sueño de juventud (1931), algunos de ellos escritos en colaboración con otros autores.

Wunder Bar

   Su pieza teatral más exitosa, Blum..!, escrita con Julio Porter, fue filmada con igual título, y uno de sus tangos, Justo el 31 (música suya, letra suya y de Ray Rada) sirvió como argumento al cortometraje homónimo realizado por José Luis Bisaño en 2002. Al menos dos libros recrearon su vida y su obra: Discépolo de Sergio Pujol y Fratelanza de Norberto Galasso y Jorge Dimos. También fue personaje: en teatro en Soy del tiempo de Gardel de Homero Cárpena y Humberto de la Rosa (6.1.1955, Argentino, reposición, animado por José Rapuano), en Según pasan los años... de Rodolfo M. Taboada (8.7.1968, Avenida, con Carlos Artigas), en Discepolín de Pedro Orgambide (11.1.1989, Lola Membrives, con Rubén Stella) y en Enrique de Luis Longhi (15.4.2018, La Comedia, con Longhi mismo); en cine en Soy del tiempo de Gardel (Cárpena, 1954, con José Rapuano), en El exilio de Gardel (Solanas, 1985, con el francés Claude Melki), en Eva Perón (Desanzo, 1996, con Danilo Devizia) y en Yo soy así –Tita de Buenos Aires– (Costantini, 2016, por Lucas Rosasco doblado por Mariano Chiesa); en TV en Discepolín de Oscar Barney Finn (28.7.1989, Canal 7, con Norman Briski). Además, Edmund Valladares realizó el corto Discepolín (1964) y le fueron dedicados dos largometrajes, Blum (Porter, 1969) y Los insomnes (Carlos Orgambide, 1984). Su mujer, la española Tania, era cancionista y actriz.

   La muy trillada observación “se murió de tristeza” es aplicable a Discépolo, ya que algunos de sus mejores amigos no supieron perdonarle su rabiosa adhesión a la segunda presidencia de Juan Perón. En coincidencia con los gobiernos de signo justicialista (en los 50, en los 70 y en los 90) le fue adjudicado su nombre al teatro Presidente Alvear, en la avenida Corrientes al 1600, hasta que gobiernos de otro signo le devolvieron la denominación original: durante la presidencia de Carlos Menem la Intendencia Municipal impuso el nombre Complejo Enrique Santos Discépolo a la organización, que dirigía el autor Cernadas Lamadrid, de la que dependían los teatros Presidente Alvear, Sarmiento y De las Provincias (Regio) y el anfiteatro Juan Bautista Alberdi. En la década de los 80 fue instituido el premio Discepolín, otorgado a figuras destacadas en las artes, la cultura y el espectáculo; el pasaje Rauch fue en algún momento rebautizado con su nombre, al igual que la sala teatral Discepolín en Hipólito Yrigoyen 917. Además, hubo al menos cuatro proyectos no concretados de films biográficos: en los 60, un guión de Abel Santa Cruz y Gustavo García Saraví que dirigirían Francisco Mugica o bien Luis César Amadori; en 1974, “La vida de Enrique Santos Discépolo”, guión de César Tiempo, Taboada y Julián Centeya que producirían Carmelo Santiago y Guillermo Teruel para Cinematográfica Filmex Argentina con dirección ofrecida a Hugo del Carril; en 1975 “Siglo XX cambalache”, guión de Norberto Aroldi que iba a dirigir el chileno Patricio Kaulen; y en 1998 “Discepolín”, producción de Horacio Mentasti, dirección de Carlos F. Borcosque y actuación de Oscar Martínez y Fito Páez.

FILMOGRAFIA

01.  Cuatro Corazones (1938) 35mm, B&N, 80’. CP: Estudios Argentinos SIDE. P: Alfredo Murúa. COD: Carlos Schlieper. G: ESD, con la colaboración de Miguel Gómez Bao. F: Gumer Barreiros. I: ESD (“Barbet”), Gloria Guzmán, Irma Córdoba, Alberto Vila, Herminia Franco, Tania, Eduardo Sandrini, Casimiro Ross. LC: 1.3.1939. [+ autor y compositor de las canciones].

02.  Caprichosa y millonaria (1939) 35mm, B&N, 101’. CP: Estudios Argentinos SIDE. P: Alfredo Murúa. G: ESD. F: Adam Jacko. I: Paulina Singerman, Fernando Borel, Tania, Augusto Codecá, Ber Ciani, Inés Edmonson, Adolfo Meyer, Eduardo Sandrini. LC: 1.5.1940. [+ autor y compositor de las canciones].

03.  Un señor mucamo (1940) 35mm, B&N, 77’. CP: Establecimientos Filmadores Argentinos SA. G: ESD, sobre argumento de Abel Santa Cruz y Alfredo Remillo [Juan Carlos Muello]. F: Roque Funes. I: Tito Lusiardo, Elsa del Campillo, Ana Arneodo, Carlos Casaravilla, Choly Mur, Percival Murray, Eduardo Otero. LC: 11.9.1940. [+ autor y compositor de las canciones y voz off].

04.  En la luz de una estrella (1941) 35mm, B&N, 86’. CP: Establecimientos Filmadores Argentinos SA. G: Armando Discépolo y ESD. F: Adam Jacko. I: Hugo del Carril, Ana María Lynch, María Esther Gamas, Zully Moreno, Aída Sportelli, Carlos Lagrotta, Eduardo Sandrini, Antoine Bardot [Enrique Vico]. LC: 7.5.1941. [+ autor y compositor de las canciones].

05.  Fantasmas en Buenos Aires (1942) 35mm, B&N, 89’. CP: Argentina Sono Film SACI. G: Manuel A. Meaños, Marcelo Menasché y ESD. F: Antonio Merayo. I: Pepe Arias, Zully Moreno, Carlos Lagrotta, Enrique García Satur, Julio Renato, José A. Paonessa, María Esther Buschiazzo. LC: 8.7.1942. Acreditado como Enrique S. Discépolo.

06.  Cándida –La mujer del año– (1942-1943) 35mm, B&N, 73’. CP: Argentina Sono Film SACI. G: Manuel A. Meaños, Marcelo Menasché y ESD. F: Alberto Etchebehere – Antonio Merayo. I: Niní Marshall, Augusto Codecá, Carlos Morganti, Julio Renato, Edna Norell, Alfredo Jordán, Blanca Vidal, Lalo Malcom, Carlos Belluci. LC: 23.2.1943. Acreditado como Enrique S. Discépolo.

Otras actividades en cine: aparición en Yira yira (Eduardo Morera, 1930, corto) / autor y compositor de la partitura musical y, no acreditado, de las canciones de El alma del bandoneón (Mario Soffici, 1934) / guionista no acreditado y, acreditado como Enrique S. Discépolo, actor (“Severino”) y autor y compositor de la partitura musical y las canciones de Mateo (Daniel Tinayre, 1936) / autor y compositor de la partirura musical y las canciones y, acreditado como Enrique S. Discépolo, guionista y actor (“Martínez”) de Melodías porteñas (Moglia Barth, 1937) / argumentista y dialoguista y, acreditado como Enrique S. Discépolo, actor (“el amigo de Ernesto” [Arturo de Córdova] de Yo no elegí mi vida (Antonio Momplet, 1948) / argumentista con Julio Porter y actor (“el Ñato”) de El hincha (Manuel Romero, 1950-1951, en ambos rubros acreditado como Enrique S. Discépolo).

Films adaptados de sus obras: Blum (Julio Porter, 1969, guión de Porter sobre Blum..! de ESD y Porter).

Actividad en teatro, excepto como actor: autor con Mario Folco de Los duendes (1918) / adaptador con Miguel Gómez Bao de Le curé de Maupassant (28.5.1920, Excelsior) / autor de Día feriado (1920), El señor cura (1920) y El hombre solo (1921), estas dos firmadas con Miguel Gómez Bao, ¡Páselo, cabo! (20.5.1922, Olimpo, con Mario Folco), El organito (9.10.1925, Nacional, con Armando Discépolo), Caramelos surtidos –Escenas de la calle– (8.7.1931, Nacional) y Mis canciones 1932 (7.9.1932, Monumental) / adaptador con Armando Discépolo y D de Wunder Bar de Geza Herczeg y Karl Farkas (17.5.1933, Teatro de la Opera; repuesta el 19.3.1947 en el Presidente Alvear con adaptación firmada sólo por él y con el subtítulo Dos noches en un dancing) / D de Winter-Garden –Music-Hall– de R. Walters y F. Callahan con música de T. Jackson y O. Wexley (7.9.1933, Monumental) y Adieu Mimi de Alexander Engel y Julius Horst con música de Ralph Benatzky (22.9.1933, Monumental) / autor con Manuel A. Meaños y D de Blanca Nieves y sus 8 ministros (13.9.1941, Casino) / D de Con los “bultos” a otra parte de Bayón Herrera (18.9.1941, Casino) / autor con Meaños y D de Una revista de amor (9.10.1941, Casino) / D de Rosa de Arge de Salvador Valverde con música de Leo Koke (15.7.1945, Apolo) / autor con Julio Porter y D de Blum..! (28.10.1949, Presidente Alvear) / Para el Teatro Nacional de Comedia en el Cervantes, D de The taming of the shrew de Shakespeare (18.11.1950) y Antígona Vélez de Leopoldo Marechal (25.5.1951).

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