CHUCHERIAS
Otras
historias breves
TV por adelantado
“Las primeras emisiones públicas de televisión
las efectuó la BBC One de la BBC en Inglaterra el 2 de noviembre de
1936”, informa Wikipedia. En la
Argentina, el acontecimiento tuvo lugar tardíamente, en 1952. Sin embargo,
algunos films locales anteriores a ese año
ya meneaban el asunto: en Bartolo
tenía una flauta (Antonio Botta, 1939), Luis Sandrini le dice al pibe
Jorge Petrosino: “Más difícil era inventar la televisión y ya la tenemos”; en Amor… (Bayón Herrera, 1940, Pepita Serrador reclama: “La televisión,
¡por qué no tendremos ya la televisión!”; en No
salgas esta noche (Arturo García Buhr, 1945) Enrique Serrano es un
oligarca cuyas únicas ocupaciones visibles son tomar el té, concurrir a la
Sociedad Rural y quejarse (“¡Qué lástima que no haya televisión!”); en Don Bildigerno en Pago Milagro (Ber
Ciani, 1948) incluye una secuencia ambientada en un estudio radiofónico en el que, además, se
concreta la “realización inaugural de una de las últimas conquistas científicas
del siglo: la televisión”; en Un
tropezón cualquiera da en la vida (Manuel Romero, 1948) Fidel Pintos
le pregunta a Francisco Alvarez: “¿Usted me va a contratar para radio o
televisión?”; y en Una noche en el
Ta-Ba-Rin (Luis César Amadori, 1948-1949) Pepe Iglesias “El Zorro” vaticina
que “La
televisión se acerca a pasos agigantados”. Por otra parte, los hermanos Jaime y David Cabouli establecieron en 1943 la
distribuidora Guaranteed Pictures de la Argentina SRL, franquicia de la
Guaranteed Pictures Company Inc. estadounidense, pero cuando decidieron
comenzar a producir (Emigrantes, Aldo Fabrizi, 1948) fundaron una filial
visionariamente denominada Guaranteed Pictures de la Argentina SA
Cinematográfica, Teatral, Radial y Televisora. Por si las moscas…
El yuyo brujo
En
cualquier país existen personas a las que se las considera “mufa”, por lo
general estigmatizadas así por competidores envidiosos: “mufa” es el vocablo
lunfardo que proviene de la voz italiana jettatura
(mal de ojo), una singularidad que ha provisto tema para una gran cantidad de
manifestaciones artísticas, incluyendo un clásico del teatro argentino, ¡Jettatore!.. (1904), de Gregorio de
Laferrère, y su consiguiente versión cinematográfica por Bayón Herrera (1938).
Aparte de la literatura y el teatro, el cine asumió varias veces el asunto de
la mufa, por ejemplo en Seven years bad luck (Jettatore, Max Linder, EEUU, 1921) y en los
argentinos ¡Fúlmine! (Bayón Herrera, 1948) y La suerte está echada
(Sebastián Borensztein, 2004). Lo que nadie imaginaba es que habría films-mufa,
al menos tres argentinos:
•
A comienzos de noviembre 1960, en pleno rodaje de 5º año Nacional, el productor Emilio Vieyra y el actor Alfonso De
Grazia sufrieron un accidente automovilístico sin consecuencias mayores; el
17.11.1961 fue estrenado en un cine de la ciudad bonaerense de Ensenada:
volviendo a Buenos Aires en la madrugada siguiente, el coche en el que viajaban
el director Rodolfo Blasco y los actores Gastón Marcheto y Luis Calán además de
Rodolfo Biancardi (jefe de producción de la industria) y Abelardo Ortega
(fotógrafo profesional) se estrelló contra un ómnibus a la altura de la ciudad
de Gonnet, provocando la muerte de Blasco, Calán, Marcheto y Ortega; luego, a
finales de ese mismo mes, afectado por el accidente, murió de un síncope
cardíaco Raúl Norberto Vieyra, hermano del productor.
• El Diablo metió la pata fue el segundo: resultó el último de su compañía productora, Latinoamericana Producciones SRL y el último de varios de sus involucrados –algunos de ellos por muerte y otros por razones diversas–, como el director Carlos Rinaldi, el guionista Ulyses Petit de Murat, el director de fotografía Américo Hoss y los actores Héctor Méndez, Pedro Quartucci, Roberto Escalada, Jorge Salcedo, Jesús Pampín, María Aurelia Bisutti y Paquita Mas.
•
El tercero, Tres alegres fugitivos,
provocó que el actor Tristán desarrollara una aguda depresión, creciente a lo
largo del rodaje, que el director Enrique Dawi falleciera una semana antes del
estreno por un fulminante infarto que lo sorprendió mientras apuraba el finish en laboratorios, trabajando
contra reloj para llegar a tiempo, y que el productor Héctor Báilez
experimentara de inmediato una extraña forma de melancolía, sufriera luego una
hemiplejia y de inmediato falleciera; además, resultó la última aparición en
cine de Juan Carlos Altavista, Malvina Pastorino, Juan Carlos De Seta y Carlos
Balá.
Fantasmas
en San Nicolás
La
piel de zapa
(Bayón Herrera, 1943) contiene la última aparición en cine de Ambrosio
Radrizzani, actor más activo en teatro que en cine, medio que solía requerirlo
para papeles muy menores: Radrizzani falleció víctima del incendio que estalló
el 6.12.1943 en el teatro Maipo, pero lo curioso es que personas serias como el
empresario Lino Patalano y la actriz Norma Aleandro, ambos muy ligados desde
fines del siglo XX a la tradicional sala de la calle Esmeralda, aseguran que el
de Radrizzani es uno de los dos fantasmas que la habitan.
Saslavsky, el reciclador
Un libro que recopile los proyectos no concretados sería quizá tanto o más voluminoso que uno con los efectivamente filmados. Luis Saslavsky era un hombre previsor, no descartaba nada. En 1935 escribió un argumento titulado “Primavera en Río” para el que sería su segundo film luego de Crimen a las 3 (1934), que hubiera sido animado por María Nils y el brasileño Ivor Novães: lo concretó tan sólo en 1948 con Mirtha Legrand y Arturo de Córdova con el título Pasaporte a Río. En 1938 escribió una historia denominada “Sexta edición”, que vendió a los Mentasti para que la dirigiera Moglia Barth: con muchas variantes, esa historia terminó convertida en su film Ceniza al viento (1942). En 1945 escribió (con Ariel Cortazzo) y dirigió la comedia Cinco besos y en octubre 1971 él personalmente contrató a Susana Giménez para tres films, uno de los cuales fue anunciado primero como “Salsa picante” y luego como “Perdiz con chocolate” –en Cinco besos Roberto Escalada decía “Mi plato preferido: perdiz con chocolate”–, aunque ninguno de ellos fue rodado. En 1946 escribió el argumento original para su film A sangre fría, a cuya apasionante historia luego dio forma de novela, que publicó con el mismo título en 1947 por Editorial Schapire.
También en 1946, en fin, escribió para Argentina Sono Film un proyecto titulado “Una maestra alemana” en el que hubiera dirigido a Sabina Olmos y Mecha Ortiz y que terminó, un cuarto de siglo más tarde, travestido en Allá en el Norte (1972), con Lolita Torres e Idelma Carlo dirigidas por Saraceni: el guión fue reescrito por Abel Santa Cruz y los créditos omiten toda mención a Saslavsky, por lo que éste intentó demandar al productor Gilberto Forti Glori, quien decidió no pagarle ni un centavo puesto que el argumento le había sido presentado por Saslavsky cuando era asesor literario de su empresa Glori-Art, esto es, su empleado; lo más gracioso –o patético, según se mire– de este lance de Saslavsky fue que en su demanda, presentada en marzo 1973, pedía lisa y llanamente la “destrucción” del film.
R.
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