PERFILES
Felisa Mary, una
secundaria de primera
Escrito
a pedido de (y dedicado a) mi amigo Ernesto Pérez.
Actriz argentina nacida en España, Felisa Mary (Felicitas de la Torre; Bilbao,
provincia de Vizcaya, 7.3.1892 / Buenos Aires, 23.8.1956) proporcionó muchos
momentos placenteros a espectadores de teatro y cine durante los años en que
estuvo activa –esto es, hasta poco antes de morir–, a pesar de que por ninguno
de sus 46 largometrajes recibió premio alguno. Radicada en Buenos Aires desde
sus 15 años, tomó su apellido artístico del de su esposo, el actor Arseno R.
Mary, fallecido en Buenos Aires el 13.10.1920.
En los años en que hizo su carrera existía en el teatro un sistema jerárquico inamovible: estaban los “cabezas de compañía” seguidos por una variedad de clasificaciones (primera actriz, primer actor, dama joven, galán, actor cómico y así por el estilo) que incluían el rol de “característicos”, casillero éste en el que cabe la entera obra de Mary. Ella pisó fuerte en el teatro desde su debut en Luigi, pieza de José González Castillo estrenada en 1908 en el Moderno (actual Liceo) en calidad de “damita joven”. Supo ser “Leonor Mansilla” en una producción del clásico en verso El rosal de las ruinas de Belisario Roldán encabezando con Juan Mangiante una temporada barrial (1922, Majestic); la inmortal “doña María” en dos montajes de Las de Barranco, en 1925 en el Nuevo y en 1932 en el Liceo; y “la Barbetti” en el estreno argentino de Tutto per bene de Pirandello en 1934 en el San Martín. Integró las compañías encabezadas por Enrique Muiño, Roberto Casaux, Camila Quiroga, José Franco, Luis Arata, Mecha Ortiz, José Ramírez y Enrique Serrano, entre tantas otras.
Mayormente actriz de reparto, no se privó en ocasiones de encabezar elencos,
por ejemplo con Arturo Mario y María Padín en 1923 en una gira
nacional; o la Compañía Argentina de Grandes Artistas Los Ases dirigida por
Enrique de Rosas y encabezada por Enrique de Rosas con Santiago Arrieta, Olinda
Bozán, Héctor Calcaño, Mary, Fernando Ochoa, José Otal y Leopoldo Simari,
quienes debutaron en 1935 en el Broadway; o la Gran Compañía Argentina de
Comedia encabezada por Mary, Rosa Rosen, Ricardo Passano (h) y Alberto Terrones
(1947, Ateneo).
En su libro
de memorias, Mecha Ortiz no sólo la consideraba “un ser inolvidable” sino que
le dedica un párrafo propio cuando se refiere a sus compañeros de escenario:
“No puedo dejar de mencionar la ternura, la gracia y la inteligencia de Felisa
Mary, una española arquetipo de la madre dulce y comprensiva o de quien, en
apariencia, fue su antítesis María Santos, una mujer magnífica como persona,
que hizo esas solteronas agrias en apariencia, pero buenas en el fondo.
Protestonas y humanas, pero siempre eficientes. María Santos era también
española […] un ser magnífico como lo fue Felisa, a la que adoré toda mi vida”.
Quienes no tuvimos la suerte de verla actuar en teatro nos hemos hecho un festín con la mayor parte de su abultada filmografía, que suma a sus cualidades una capacidad de trabajo infatigable, considerando que tampoco se privaba de hacer radio. La imagen más perdurable es la de una matrona de armas tomar, filosa, pícara, con el retruécano fácil y la mirada vivaz, correteando por el decorado con una agilidad que su edad hacía difícil prever: por cierto, siempre fue una “señora mayor”, al menos en el cine. Aunque ocasionalmente pulsó el drama (La casa del recuerdo, El barro humano, la madre del cantor en Se llamaba Carlos Gardel), su reino era la comedia. Debutó en el mudo en L’America, se diría à la rigueur puesto que fue planificado para ser interpretado por Casaux y la mayor parte de su compañía del Apolo que incluía entre otros a su esposo Arseno y a Camila Quiroga, Emilia Saleny y Salvador Rosich. En cambio, ella no actuó en (ni tampoco existe, en realidad) un film que algunas fuentes citan como El movimiento continuo: se trata de la pieza teatral de Amando Discépolo y Rafael José De Rosa representada por la compañía de Camila Quiroga con Casaux, Rosich, Arseno y Felisa, Susana Vargas, Céar Ratti, Gonzalo Palomero y Alberto Palomero dirigidos por Joaquín de Vedia; al comentar la centésima representación, el cronista de La Razón (11.10.1916) escribe que “la empresa tiene el propósito de darla todavía una treintena de veces más, apoyada por el éxito que espera obtener con el aditamento cinematográfico que estrenará pasado mañana”, agregando en su edición del día siguiente que dichas imágenes tienen su espacio en el tercer acto, “en la escena donde el chauffeur Astrada debe entenderse con los accionistas” y que su “asunto –interpretado por los mismos elementos del Apolo– no es sino la narración de lo que acontece al animoso coinventor. Titúlase la película Lo que no se ve en el movimiento continuo”. Esas imágenes fueron obtenidas por Atilio Lipizzi y diversos historiadores e investigadores las consideran como un film autónomo adaptado de la obra teatral, lo cual es inexacto. La inserción de esas imágenes fugaces fue mantenida en otro montaje de la pieza por Casaux (junio 1924, Nuevo).
El privilegio de haber podido ver por TV la mayor parte de sus largometrajes y el hecho de grabarlos en VHS permite asomarse al inimitable “estilo Felisa Mary”. Las tres ratas, por ejemplo, revela cuánto debe haberse divertido Schlieper haciendo que Amalia Sánchez Ariño interprete a una vieja entregadora, la dueña de la maison Paule, y que Mary haga una mala muy odiosa que la actriz, por supuesto, convirtió en una divina criatura. Enrique Serrano y ella tenían su manera particular e intransferible de disparar sus líneas de diálogo: nunca se sabrá si las decían tal como se las escribían los guionistas o si se las ingeniaban para acomodarlas a su estilo, aunque está claro que no se trataba sólo de lo que decían, sino de cómo lo decían. Hay otros actores que pulsaban esa particular cuerda (Paulina Singerman, Pepe Arias), pero las de Mary y Serrano son de una efectividad y una gracia apabullantes. Mary dispara algunas frases memorables, a tal punto que suenan como si las hubiera escrito ella misma, en ocasiones iluminando films mediocres o desangelados, como La doctora quiere tangos, comedia de la que acaso lo único rescatable es el terceto de viejas que componen ella, María Santos y María Gámez, un recurso que Zavalía copió a su gran amigo Saslavsky.
En Flecha de oro, refiriéndose al personaje
de Pepe Arias, dispara “Es toda una trouvaille”,
y luego, cuando le alcanzan un diario, “A mí no me muestres: yo no leo más que
la vida social”; en Si yo fuera rica…!,
la opera prima de Schlieper (que la
adoptará), se roba todas las secuencias en las que aparece como una deliciosa
millonaria snob llamada Aurora de Mármol: “¡Ay, qué lástima, no somos
parientes!”, contesta cuando le mencionan el mármol de Carrara; luego, en el “diner dansant a beneficio de los pobres
de la sierra con el concurso de los veraneantes que amenizarán la reunión”, se
acerca a la mesa y pregunta por lo bajo: “¿Trajeron los cóctel? ¿Son de los
caros?”; en Historia de una noche
regala dos secuencias irresistibles, la primera cuando chismorrea por teléfono
con una amiga: “¿Cómo? La de Undurraga, ¿ya sin luto? Contáme lo que tiene
puesto. ¿El vestido de Libertad Lamarque en Puerta
cerrada? ¡Qué copiona!”, y la otra cuando mortifica a su marido Raimundo
Pastore: “Callate Valenzuela, vos siempre viendo melodramas”; en Adolescencia: “Hummm... la facha del pretendiente...”, “Ya que estamos vestidos, vamos”,
“Hummm... ¡cómo está el periodismo!”, “Elvira, ¡mirá la película!” y “Con tal
de que éste también no tenga un hijo...”.
Soy consciente de que este relato de sus joyas pierde efectividad si no se la vio en acción, pero de todos modos insisto, y agrego: varios de sus films pueden ser vistos aún hoy en la web. En La maestrita de los obreros se presenta como “profesora de música desde hace veinte años, y soltera desde hace cuarenta y cuatro”; en Una atrevida aventurita hace una ama de llaves peinada y vestida igual que la miss Davenport de Hitchcock y además lanza otra de sus frases inolvidables: “¡Trabajar, trabajar! ¡Es una manía que tiene esta chica! La heredó de su padre, que tenía todos esos vicios...”; en Esposa último modelo es la tía de una chica riquísima pero por completo inútil para los rudimentos del hogar, a la que demuele con un: “Ella no sirve para nada”; en Detective lanza la pregunta “Pero ¿cómo se puede querer a un Pérez?” y además canta y baila en un cuadro musical de conjunto.
El director que más veces requirió su talento fue Schlieper, con 7 títulos, seguido por Mugica, Borcosque y Christensen (4), Torres Ríos, Momplet y Zavalía (3) y Saslavsky, Arancibia, Amadori, Mottura y Cahen Salaberry (2). Una calle de Claypole, en el partido de Almirante Brown, provincia de Buenos Aires, lleva su nombre. Se recomienda la lectura de su biografía en el sitio de internet Cines.com, que puede servir de ejemplo en escuelas de periodismo acerca de lo que no debe hacer un historiador-investigador que se precie: todo el asunto es una completa fantasía, ajena a Felisa Mary. Tras su fallecimiento no le fueron escatimados los elogios periodísticos, pero es un hecho que murió sola, velada en la Casa del Teatro y enterrada gracias a los oficios de la Asociación Argentina de Actores: no hubo aviso fúnebre familiar.
Filmografía: L’America (Federico Mertens, 1916), Mandinga en la sierra (Isidoro Navarro, 1938), El sobretodo de Céspedes (Leopoldo Torres Ríos, 1938-1939: “Leonor”, 2º puesto en los títulos de crédito), Así es la vida (Francisco Mugica, 1939: “Eloísa Agüero”, esposa de Enrique Muiño, 7º), Los pagarés de Mendieta (Torres Ríos, 1939: “Micaela”, 3º), La casa del recuerdo (Luis Saslavsky, 1939-1940: “Elena”, madre de Arturo García Buhr, 5º), Fragata Sarmiento (Carlos Borcosque, 1940: “tía de Horacio”, Angel Magaña, 3º), Petróleo (Arturo Mom, 1940: “Primitiva”, 6º), Flecha de oro (Borcosque, 1940: “doña Sabina”, 5º), Novios para las muchachas (Antonio Momplet, 1940: “doña Leonor L.”, madre de Amelia Bence, 3º), Si yo fuera rica…! (Carlos Schlieper, 1940-1941: “Aurora de Mármol”, 5º), Historia de una noche (Saslavsky, 1941: “Catalina”, madre de Sabina Olmos, 5º), Los martes, orquídeas… (Mugica, 1941: “Delfina Céspedes”, esposa de Enrique Serrano, 4º), Cuando canta el corazón (Richard Harlan, 1941: “doña Angélica Méndez”, madre de Hugo del Carril, 4º), Papá tiene novia (Schlieper, 1941: “Elvira, apodada Monona”, la novia de papá Alberto Bello, 5º), Una novia en apuros (John Reinhardt, 1941: “Hortensia”, madre de Esteban Serrador, 4º), La maestrita de los obreros (Alberto de Zavalía, 1941: “Angelina Zavala”, 4º), Adolescencia (Mugica, 1941: “Angélica Ferrán”, madre de Mirtha Legrand, 4º), Noche de bodas (Carlos Hugo Christensen, 1942: “doña Sofía”, madre de Paulina Singerman, 4º), Cada hogar un mundo (Borcosque, 1942: “doña María”, madre de Oscar Valicelli, 4º), Los hijos artificiales (Momplet, 1942: “Rafaela”, esposa de Francisco Alvarez, 2º), Su primer baile (Ernesto Arancibia, 1942: “Etelvina”, abuela de María Duval, 4º), Bajó un ángel del cielo (Luis César Amadori, 1942: “Paulina”, tía de Zully Moreno, 4º), Cuando florezca el naranjo (Zavalía, 1943: “directora del colegio”, 4º), Cuando la primavera se equivoca (Mario Soffici, 1943: “Andrea Méndez”, madre de Elisa Galvé y Rosa Rosen, 4º), La pequeña señora de Pérez (Christensen, 1943: “Carolina Peña”, madre de Mirtha Legrand, 4º), Rigoberto (Luis Mottura, 1944: “doña Elena”, suegra de Enrique Serrano, 3º), Allá en el setenta y tantos… (Mugica, 1944-1945: “Melchora Ramos, viuda de López”, tía de Silvana Roth, 4º), La señora de Pérez se divorcia (Christensen, 1945: “Carolina Peñaloza Arévalo”, madre de Mirtha Legrand, 4º), Las tres ratas (Schlieper, 1945-1946: “tía Aurora de la Fuente”, 7º), 30 segundos de amor (Mottura, 1946: “Leonor”, madre de Mirtha Legrand, 4º), La mujer más honesta del mundo (Torres Ríos, 1946: “doña Mónica”; inédito), La cumparsita (Momplet, 1946-1947: “Remedios”, 6º), Una atrevida aventurita (Christensen, 1947-1948: “Carolina Páez Gilbert, viuda de Palmas Garmendia”, 5º), Por ellos… todo (Schlieper, 1947-1948: “Mercedes Martínez”, esposa de Enrique Muiño, 3º), La locura de don Juan (Mario C. Lugones, 1948: “doña Laura”, abuela de Susana Canales, 5º), Se llamaba Carlos Gardel (León Klimovsky, 1948-1949: “doña Berta” [Berthe Gardès], madre de Carlos Gardel = Roberto Escalada], 4º), Volver a la vida (Borcosque, 1949: “abuela de Mónica” Malisa Zini, 5º), La doctora quiere tangos (Zavalía, 1949: “Felicitas”, 4º), Esposa último modelo (Schlieper, 1950: “doña Carlota”, tía de Mirtha Legrand, 3º), La orquídea (Arancibia, 1951: “tía de Claudio”, Santiago Gómez Cou, 5º), El infortunado Fortunato (Enrique Cahen Salaberry, 1952: “esposa de Prudencio Vignola”, Francisco Alvarez, 5º), Los ojos llenos de amor (Schlieper, 1953: “doña Laura”, madre de Angel Magaña, 3º), Detective (Schlieper, 1954: “Gertrudis Figurola del Palacio”, 3º), El barro humano (Amadori, 1954: “Clara”, madre de Zully Moreno, 6º) y La dama del millón (Cahen Salaberry, 1955: “Sofía”, esposa de Héctor Calcaño, 6º).
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