TEMAS
Maricones &
tortilleras (VIII)
“Para
ser mujer, faltaría lo más importante de la vida, que es nacer mujer”.Testimonio de uno de los transformistas
del corto La otra (Lucrecia Martel,
1989).
Ultima década del siglo XX y la final para esta serie
que revisó las formas que tomó la homosexualidad en la historia del cine
argentino: el siglo actual no lo estudié con iguales rigor y disciplina, por lo
que no me aventuraré a juzgar, siquiera informar al respecto. He visto pocos
films de estos últimos veinticinco años en relación a la abrumadora cantidad de
producción, pero en tanto espectador, y específicamente en cuanto a esta
temática, he preferido y disfrutado la entera obra de Marco Berger. Con apenas
una excepción (La herencia del tío Pepe)
anclada en la ya extinguida comedia picaresca, el material de los 90 toma otra
dimensión que no excluye alguna “cachada” ocasional pero tiende a una mirada
más adulta. Allá vamos con los 90, entonces, con la salvedad de que dividiré la
década en dos partes, por lo extensa: la segunda parte la publicaré mañana.
Vivir
mata (A/E, 1990). En sendas apariciones amistosas, Gustavo Belatti y Leandro Regúnaga bailan
en una disco gay, y en la secuencia en el bar aparece un travesti,
interpretado por Lucas Da Cunha.
En la cocina
con Porcel (Fernando Siro, 1990, video). Carlos
Gemmati “Korneta” es el ayudante
extremadamente afeminado del chef
(Jorge Porcel), al que su jefe denomina “trolo” y que en una secuencia se
traviste en mujer.
La risa está servida (Horacio Guerrico, 1990, video). Un indicativo
del nivel general es que un modisto muy afeminado, actuado por “Korneta”, tiene
por nombre “Paco Selalastra”…
Las tumbas
(Javier Torre, A/E, 1991). Jorge Mayor como un
carcelero homosexual al que llaman “la Gaita”.
Dios los cría
(Fernando Ayala, A/E, 1991). Es realmente
lamentable que el último largometraje de Ayala sea tan flojo. Asume de pleno
una temática que sólo en parte había abordado antes y lo hace con los mismos
prejuicios morales con los que había asumido la drogadicción en Sobredosis,
esto es, con una mirada hipócrita que desciende a lo más obvio. Homosexual él
mismo, pero uno muy sutil, medido y sobrio, Fernando no hizo sino mostrar la
homosexualidad, el travestismo y la prostitución como lo haría un señor de su
generación, esto es, culposa y prejuiciosamente.
Juego limpio (Hebert Posse Amorín, 1991). Hay una ridícula pareja homosexual que nada tiene que ver con la historia (Posse Amorín tiene una especie de fijación con los homosexuales; siempre hay alguno en sus films, y siempre para ser ridiculizado, lo mismo que en los de su “maestro” Emilio Vieyra: dos psicoanalistas, por favor. Para decirlo en la aguda definición de Graham Greene (en The quiet american), este film provoca “una agonía de vergüenza”: felizmente, no volvió a filmar.
Rompecorazones (Jorge Stamadianos, 1991). Willy Lemos
interpreta, ¡una vez más!, a un travesti que se prostituye.
Matar al abuelito (Luis César D’Angiolillo, A/E, 1991). El personaje que interpreta Laura Novoa es una lesbiana.
Delito de corrupción (Enrique Carreras, 1991). Jorge Luz es un presidiario al que llaman “la Muda”.
Extermineitors 4 –Como hermanos gemelos– (Carlos Galettini, 1991). Sin razón aparente, “Paolo” (Jorge Montejo) finge ser un vendedor de ropa
muy mariquita en la secuencia en el shopping center.
Trolos sordos y
locas (Pablo Bellini, 1991, video).
Grado cero del subgénero, con Fabián Gianola repitiendo su ya gastado
mariquita.
Asalto y violación en la calle 69 (Pablo Bellini, 1991, video). A
Héctor Araujo le indicaron que debía hacer de homosexual y entonces sobreactúa
en consecuencia, sacando la lengua para humeder sus labios y vestir camisas llamativas
como el director imagina que visten los putos maduros. Sin embargo, la presunta
obscenidad de este engendro pasa menos por lo que muestra que por cómo lo
muestra, a saber: tetas al aire (cinco pares de ellas, esto es, todo el elenco
femenino excepto el personaje “madre de Alejandro”), toqueteos, fellatios, coitos vaginales y anales,
castración, violencia permanente, asesinatos, lesbianismo, masturbación,
lenguaje procaz (todo el repertorio) y, claro, desnudos de ambos sexos. Todo soft, obviamente, aunque cabe suponer
que se habrá editado una versión hard,
por las dudas.
Detective de señoras (Alejandro Moser, 1991, video). Las alusiones homofóbicas tan típicas de la entera obra del aquí argumentista Hugo Moser incluyen un personaje concreto (el que anima Raúl Filippi, considerado por los diálogos como “el marica”), una broma en un ascensor entre César Pierry y Fernando Lúpiz y una secuencia en un boliche gay donde todos los concurrentes son extremadamente mariquitas.
El travieso (Eduardo A. Rotondo, 1991, video). Jorge Mayorano.
¿Dónde estás,
amor de mi vida… que no te puedo encontrar? (Juan José Jusid, 1992). Villanueva Cosse como un librero sutilmente
afeminado.
La pluma del
ángel (Néstor Paternostro, 1992). Hay
varios gay touchs
en las secuencias en las diversas discothèques, con personajes muy
secundarios. Y además está Jean François Casanovas, que practica transformismo.
De
amor y de sombra (Betty Kaplan, A/E, 1993). Patricio Contreras como un peluquero afeminado.
Una
sombra ya pronto serás (Héctor Olivera,
1993-1994). El personaje “Lem”, a cargo del español Eusebio Poncela.
Locos
de contento (Beda Docampo Feijóo, 1993, video). Hay
un persistente tufillo homofóbico: el senador “a lo mejor es gay, es
amigo de Manucho y además es soltero”, “Si el senador es gay lo podés
recibir desnuda que es lo mismo”, “Los gay son los que saben apreciar
mejor la ropa femenina: mi peluquero siempre dice eso”, “Esa marica francesa”
(por el peluquero), y así por el estilo. La insistencia en lo homosexual
entronca con una alusión al SIDA como posibilidad de que el hijito del
matrimonio haya contraído el virus HIV tras inflar con su boca un preservativo
usado... Increíble tanta ignorancia y tanta bajeza.
¿Dónde
queda el Paraíso? (Beda Docampo Feijóo,
1993, video). Un empleado (Alberto Segado) habla un par de veces por teléfono
con su novia “Moira”, que resulta ser “Cacho”, su pareja (Osvaldo Santoro),
quien más tarde intenta seducir al portero nocturno (Gastón Carballo). Otra
vez, como en Locos de contento, hay groseras alusiones a la cosa gay
y al virus HIV (“Esto es como el SIDA: puede ser un contagio casual o
deliberado”).
El cóndor de
oro (Enrique Muzio, 1994-1995). Eduardo
Rojo interpreta –en un film destinado a los niños– a un anticuario inequívoca,
innecesariamente afeminado.
El planeta de los hippies (Ernesto Aguilar, 1994). Pablo Madariaga interpreta tres personajes, uno
de ellos gay. Filmado en 16mm y
terminado en video.
El largo viaje de Nahuel Pan (Zuhair Jury, 1994). Narra la improbable relación entre un indígena que
llega a la Capital Federal para efectuar un reclamo y el gestor que lo ayuda (Alberto
Segado, en su tercer gay consecutivo luego de los que hizo para Nunca
estuve en Viena y para el video ¿Dónde queda el Paraíso?).
Fotos del alma (Diego Musiak, 1994). Insistentemente
publicitado como el primer film de la América latina en asumir el entonces
todavía delicado asunto del SIDA, lo cierto es que no hay evidencia concreta de
que lo sea. En cualquier caso, más allá de apelaciones oportunistas, sí fue el
primero argentino en tal sentido, y como además se beneficia de un tratamiento
por completo despojado de prejuicios y etiquetas, tiene su valor. En su
historia, el homosexual es Miguel Angel Solá.
Dile a Laura que la quiero (José Miguel Juárez, E/A, 1994). El personaje que
interpreta Julián Díaz (“Fermín”), un amigo de “Cris” (Mabel Lozano), actores
ambos españoles pues fue enteramente filmado en Madrid.
Las cosas del
querer –2ª parte– (Jaime Chávarri, E/A, 1994). Film
gay por donde se lo mire –dicho esto en un sentido peyorativo–, mucho
más que el original: no sólo es homosexual el protagonista y otros personajes
de peso, sino también varios de los principales responsables detrás de cámaras.
Lo que se dice una mariconada, de la que su muy prestigioso director, Jaime
Chávarri, se arrepintió el resto de su vida. Ese protagonista, interpretado por
Manuel Bandera, se llama “Mario Ruiz”, pero el mundo entero sabía que en
realidad era Miguel de Molina.
Veredicto final (Jorge Darnell, 1996). “El protagonista, un tal Richard Paul –parece un primo pétreo de Eric Roberts– es un psicópata homosexual que mata utilizando métodos tan raros como venenos vegetales y estratagemas explosivas dignas del Súper Agente 86”, fulminó Diego Curubeto (Ambito Financiero, 14.10.1996). Por ahí también anda un travesti, “Mariela”, actuado por Alberto Vázquez.
El sueño de los héroes
(Sergio Renán, 1996). El toque gay lo aporta una
cierta ambigüedad en los sentimientos de “Larsen” (Juan Ignacio Machado) hacia
su amigo “Emilio Gauna” (Germán Palacios) en esta fría transcripción de la
novela de Bioy Casares.
Besos en la frente (Carlos Galettini, 1996). “Fabio de la Cruz” (Claudio García Satur, ¡quién diría!) es un marica maduro, mantenido por “Mercedes Arévalo” (China Zorrilla), la protagonista.
Eva Perón (Juan Carlos Desanzo, 1996). Horacio Roca personificando al modisto Paco Jamandreu.
Historias clandestinas en La Habana (Diego Musiak, 1996). Dos argentinos que no se conocen llegan a La Habana por motivos diversos y
se entrecruzan con varios nativos con los que entablan relaciones de todo tipo,
incluyendo a una pareja masculina (Luis Alberto García y Humberto Páez, actores
cubanos). [Continuará mañana]
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