PERFILES
El evasivo señor Gallart
Extremadamente difícil resulta para un investigador encontrar
referencias sobre Carlos Gallart: no las brindan los dos volúmenes de Historia
del cine español de Fernando Méndez-Leite, ni Cine español en el exilio
de Román Gubern ni los libros colectivos Cine español 1896-1983 y Reportaje
al cine argentino. Por su parte, apenas lo citan, sin entrar en detalles,
la Historia del cine argentino de Domingo Di Núbila y los dos tomos de
diversos autores Cine argentino. Industria y clasicismo. 1933-1956.
Méndez-Leite menciona en su tomo I a un “Gallart, actor”, que por las fechas de
actuación es otro. Las más abundantes referencias sobre Carlos Gallart con
seguridad las aportó él mismo al Anuario Cinematográfico 1944 publicado
por la revista Cine Prensa. Allí, en la sección “Quién es quién en la
cinematografía argentina”, se lee lo siguiente [los datos entre corchetes
son agregados actuales]:
“Productor. Nació en 1907.
Español [de Cataluña]. Soltero. Fue periodista en España; en 1930,
montaje para países de habla española de películas UFA [Universum-Film
Aktiengesellschaft, de Berlín]; jefe de prensa de la British International
[rama distribuidora de British Lion Film Corporation]; en 1931 organiza
la primera producción hablada en castellano La canción del día [idem, G.
B. Samuelson, 1931, rodada en Londres pero de ningún modo el primer título de
esa zafra]; en 1932-34, es director de programación del circuito
Cinaes; en 1935, montaje en español de la película La croisière Jaune [André Sauvage, F, 1931]; produce y
dirige Catedrales de España [posiblemente un corto documental];
crea y dirige la Iner Film; en 1937-38, en laboratorios Dassonville (Bruselas),
Eclair (París), productor asociado de Ici (Roma); en 1941 produce en Argentina Canción
de cuna; en 1942 Tú eres la paz y Casi un sueño”.
Su participación en tanto productor asociado de la firma italiana ICI (Industrie Cinematografiche Italiane SA, productora y distribuidora activa desde 1934) se concretó –aunque su nombre no figura en los títulos de crédito– en Il peccato di Rogelia Sanchez, adaptación de la novela Santa Rogelia, de Armando Palacio Valdés, producida en Roma en doble versión italiana y española, con Germaine Montero al frente de un elenco mixto: la versión italiana la dirigió Carlo Borghesio, en tanto la española, titulada Santa Rogelia, lleva la firma del también guionista Roberto de Ribón, un colombiano de carrera internacional al que Gallart le producirá El padre Pitillo.
Un par de fotos archivadas en
el Museo del Cine Pablo C. Ducrós Hicken muestran al Gallart de 1941-1942 como
un hombre alto, corpulento, buen mozo, vestido de sport: tenía 34 años
cuando llegó a Buenos Aires en algún momento no precisado de 1940. De inmediato
se vinculó a gente del gremio, y particularmente a los socios de la
Generalcine, hasta ese momento sólo dedicada a la distribución de material europeo,
en especial español. Gallart los instó a incursionar en la producción, y así
nació Canción de cuna, el venerable folletín religioso que Gregorio
Martínez Sierra había escrito como pieza teatral, estrenada en Madrid en 1911
con Catalina Bárcena, eterna amante del autor. Por cierto, ambos se habían
establecido en la Argentina en 1936, tras escapar de la Guerra Civil Española,
y juntos realizaron ese film que significó el debut de Martínez Sierra en tanto
director de cine.
Tras esa primera experiencia
como productor en mayo-julio 1941, Gallart se independizó y con un par de
socios conformó Carlos Gallart y Cía., sociedad de hecho que en febrero 1942
anunció el rodaje de una adaptación de la opereta La chaste Suzanne
protagonizada por la vedette y actriz puertorriqueña Mapy Cortés, proyecto
abandonado por su alto costo. Lo cambió por Tú eres la paz, rodado en
mayo-junio 1942 en los Estudios Argentinos SIDE con dirección de Martínez
Sierra y guión del chileno Tito Davison basado sobre la exitosa novela del
director, asimismo protagonizado por Bárcena. En este caso, la distribución la
contrató Establecimientos Filmadores Argentinos SA (EFA), señal de que las
relaciones entre Gallart y la gente de la Generalcine no deben haber terminado
cordialmente.
Entre noviembre 1942 y enero
1943, en los estudios de la Pampa Film en Martínez, Gallart fue productor y
supervisor de Casi un sueño, comedia sentimental del ciclo de las
ingenuas (María Duval, en este caso, la misma que había hecho la novicia de Canción
de cuna), dirigida por Enrique Amorim y Tito Davison, que por cierto
comparten el mismo crédito, pero no el final, como la costumbre reservaba al
del director: el último, en letras tamaño catástrofe, se lo reservó Gallart
para sí mismo. Casi un sueño también fue distribuido por la EFA.
Durante 1944 y 1945 se movió
en una escenografía diversa: Chile. Aunque su primer intento argumental (Manuel
Rodríguez) había sido realizado en 1910, ese país no contaba con una
industria cinematográfica propia como sí la ostentaban la Argentina, México y
en menor medida Brasil: hubo intentos aislados de directores-productores como
Jorge Délano “Coke”, Carlos Borcosque y Eugenio de Liguoro, entre pocos otros,
con escasa fortuna. Fue tan sólo en 1942, con la creación de la empresa estatal
Chilefilms SA, que levanta estudios propios (“quizás más costosos y suntuosos
de lo que hubiera sido necesario”, en opinión de la investigadora Jacqueline
Mouesca en Plano secuencia de la memoria de Chile, 1987), que la
producción aumentó y se profesionalizó, aunque difícilmente pueda hablarse de
un auténtico cine chileno, dado que la mayor parte de su producción inicial,
así como la de empresas independientes, fue hecha por mayoría de argentinos.
Sin embargo, Gallart se inició en el cine chileno fuera de la Chilefilms, y lo hizo con una gran dosis de audacia. La Guerra Civil Española, la Segunda Guerra Mundial y las dictaduras de Franco y Hitler expulsaron de sus respectivos países a una gran cantidad de artistas que buscaron refugio en México y en la América del Sur. Gallart, entonces, convenció a un grupo de acaudalados franceses residentes en la Argentina y en Chile para que financiaran un proyecto hablado en francés y rodado en Chile. Así nació la Sociedad Franco-Chilena, empresa con sede en Santiago, para la que Gallart produjo entre julio y agosto 1944 un largometraje de características insólitas, que tuvo los títulos provisorios “El molino gira sólo una vez” y/o “Le moulin ne tourne qu’en fois”, lanzado como Fruta mordida tanto en Chile (finales de 1945) cuanto en la Argentina (13.3.1946 en el Libertador). En París no llegó a ser estrenado, pero sí en Marsella, con el título Le moulin des Andes.
Fruta
mordida cuenta la historia
del heredero de una finca, enamorado de una campesina pero alejado de ella por
la madre del muchacho, que lo obliga a comprometerse con una señorita de la
sociedad, quien se lo lleva a la capital, ante lo cual la posesiva madre muere
de furia, mientras de la campesina no se tienen más noticias. Pero antes que su
argumento, escrito en Buenos Aires por los hermanos Jean y Jules Supervielle
con la colaboración de Alejandro Casona y adaptado de la pieza teatral Martine,
de Jean-Jacques Bernard, dato éste que no consta en los títulos, lo que importa
en el film es su tratamiento, de insólito tono poético, que incluye canciones
(por Paul Misraki) y recitados en verso y una expresiva fotografía por el
argentino Hugo Chiesa. El director fue el francés Jacques Rémy, quien había
debutado como tal en la Argentina (El gran secreto, 1942) y nunca más
volvió a dirigir. Fruta mordida, en fin, ostentó un elenco de lujo
aunque para nada “estelar”: los franceses Jacqueline Made, Robert Darène, André
Tainsy (quien en 1991 apareció en Boulevards du crépuscule de
Cozarinsky), Rachel Berendt y Catherine Moisson, el belga José Squinquel y la
suiza Nora Grégor, todos ellos de extracción teatral. El film desapareció de
circulación hasta que, insólitamente, apareció en febrero 1996 por una señal de
cable francesa, en una copia que llevaba por título Françoise –Le fundo de
Ses-Cosse–.
En un medio tan pequeño como
el del cine chileno de aquellos años, la hazaña de Gallart no pasó inadvertida.
Así, sus siguientes producciones las hizo bajo contrato con la Chilefilms, para
la cual fue productor de El padre Pitillo, rodado en mayo 1945 con el
cómico Lucho Córdoba en una adaptación del clásico sainete de Carlos Arniches,
y La dama de la muerte, realizado en agosto siguiente por los argentinos
Carlos Hugo Christensen (director), César Tiempo (guionista), Alfredo Traverso
(director de fotografía), Carlos Cores, Judith Sulián, Guillermo Battaglia y
Juan Corona (actores), en lo que fue una plausible nueva versión del cuento de
Stevenson Suicide Club.
Tras la experiencia chilena, Gallart retornó a la Argentina, donde intervino como productor ejecutivo de Mirad los lirios del campo (Arancibia, 1946), como productor de Cuidado con las mujeres (Cahen Salaberry, 1951, para una empresa propia de la que ése fue su único título), como productor asociado de Sucedió en Buenos Aires (Cahen Salaberry, 1954) y como director de producción de Mis amores en Río (Christensen, 1957-1958). Se ignora a qué se dedicó en los largos años entre uno y otro de estos films, como también si retornó a España, y en tal caso cuándo.
[Artículo escrito
en 2019 para el Museo del Cine Pablo C. Ducrós Hicken, nunca publicado]
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