miércoles, 10 de septiembre de 2025

FILMS

La bestia humana

Emile Zola (1840-1902) es mejor conocido en la historia de la literatura como el padre del naturalismo, acaso empujado al mismo por las vivencias de una infancia dura y pobre. Algunas de sus obras maestras fueron llevadas al cine: Thérèse Raquin (1867), Nana (1880), Germinal (1885). También La bête humaine (1890), en la superficie una sórdida historia pasional de ambiente ferroviario pero a través de la cual Zola dejó sentada su visión sobre la pequeña bestia que todo ser humano guarda, agazapada, dentro de sí.


   El gran Jean Renoir fue el primero en advertir su potencial cinematográfico, aunque su visión de la novela era la que convenía a su tipo de cine. “La bête humaine no hizo sino afirmarse en mi deseo de realismo poético. La masa de acero de la locomotora se convertía en mi imaginación en la alfombra voladora de los cuentos orientales. Zola, desde el fondo de su tumba, me ayudó con fuerza a mantenerme en ese plano ideal. Su novela está llena de deliciosos pasajes de poesía popular. Cito: Séverine y Jacques Lentier han quedado en el jardincito de las Batignolles. En su primer encuentro, Jacques Lentier está tan emocionado que no puede articular una sola palabra. Con una leve sonrisa, Séverine le dice: «No me mire de ese modo, va a gastarse la vista». No es nada, pero había que pensar en ello. Esta poesía, es el ambiente de las locomotoras, de las vías muertas, de los escapes de vapor quien me la ha proporcionado, o más bien quien la ha proporcionado a los actores y los ha metido en la piel de su papel mejor que todas las explicaciones”, escribió en Mi vida, mis films, su delicioso libro de memorias. Esos actores eran Jean Gabin y Simone Simon, en tanto Fernand Ledoux interpretaba el tercer personaje de peso, el del marido de Séverine. Producido en 1938, el film de Renoir respeta el final de la novela, con Lentier cometiendo suicidio tirándose del tren al que ha disparado como un bólido.

Gabin y Julien Carette en la versión Renoir

   El agente literario o los herederos de Zola no habrán podido disimular su estupor cuando, hacia 1952-1953, recibieron dos propuestas para comprar nuevamente los derechos cinematográficos de la novela, que para esos tiempos era considerada por los críticos como una pieza menor dentro de la monumental obra del autor. Una provenía de la lejana América del Sur, la otra de la opulenta América del Norte. Esta última contaba con el respaldo de la Columbia Pictures y el rutilante nombre de Rita Hayworth, quien habría interpretado a Séverine si no se hubiera puesto a flirtear con el Aga Khan, asustando a los ejecutivos de la productora. En un libro famoso entre cinéfilos, Fritz Lang recordó ante Peter Bogdanovich que “a Jerry Wald le había gustado mucho la película de Renoir La bête humaine. Su «héroe» estaba interpretado por Gabin, y era un psicópata sexual: sólo podía hacer el amor a una mujer matándola. Naturalmente, en una película americana no se puede hacer del héroe un asesino sexual. Así que Glenn Ford tiene que interpretarlo, ya sabe, como Li’l Abner volviendo de Corea: un americano de sangre roja al 100 por 100 y sentimientos sexuales muy naturales (si tal cosa existe)”.

   Human desire (estrenado en Buenos Aires como Deseo humano) se filmó de todos modos en diciembre 1953 y enero 1954, con producción ejecutiva de Wald y con Glenn Ford, Gloria Grahame en lugar de Rita y Broderick Crawford. “Mientras escribíamos el guión, creo que [Alfred] Hayes y yo éramos los únicos que conocíamos la historia de Zola”, prosigue Lang. “Le digo esto con una sonrisa, porque quiero a Jerry Wald mucho, pero un día nos llamó y dijo: «Estáis equivocados los dos». Dije: «¿Qué hemos hecho esta vez, Jerry?» Dijo: «Mirad. Esto se llama La bête humaine, pero todo el mundo es malo en nuestra película». «Naturalmente, porque Zola quería mostrar que en todo ser humano hay una bestia». Dijo: «Vosotros dos no lo entendéis. La mujer es la bestia humana». ¿Qué puede hacer uno contra el productor? Hayes y yo nos miramos y tratamos de convencerle y después hicimos un compromiso, y una vez más se convirtió en una historia de triángulo. Fue una bonita temporada. ¿Y sabe una cosa divertida? Temía mucho que la película fuese demolida en París, porque es una falsificación de Zola –o se hace Zola o no se hace–, pero tuvo muy buenas críticas allí; no sé por qué”.

Ford y Grahame en la versión Fritz Lang

Historia de una pasión

En abril 1953, cinco prominentes realizadores y productores argentinos se asociaron conformando Cinematográfica Cinco SRL, una organización distribuidora que se proponía lanzar los films producidos por sus distinguidos integrantes: Luis César Amadori, Hugo del Carril –quien se atribuyó la idea de esta empresa–, Lucas Demare, Mario Soffici y Daniel Tinayre. Contaban con el respaldo de Raúl Apold, hombre fuerte de la tiranía peronista desde la Subsecretaría de Informaciones y quien, con su apoyo e influencias, liberaba los generosos créditos del Banco Industrial aplicados a cada una de las producciones de “los cinco grandes del buen crédito”. Amadori hizo El barro humano, del Carril La Quintrala, Demare se quedó en proyectos no cumplidos, Soffici produjo para la distribuidora Barrio gris, El curandero e Isla brava, y Tinayre Tren internacional y La bestia humana.

   Sin embargo, la financiación de La bestia humana fue gestada por una persona (relativamente) ajena a la empresa, la actriz Ana María Lynch. Estrellita joven de la productora Establecimientos Filmadores Argentinos SA, Ana María Martínez (1918-1976) debutó profesionalmente en 1940 en El astro del tango de Bayón Herrera y siguió apareciendo en films de la EFA y de otras empresas en papeles cada vez más relevantes. Ocurre que, ya en su primer film como extra (Madreselva, Amadori, 1938), Lynch –bella mujer de portentosa pechera, pésima actriz siempre– y el “astro del tango” Hugo del Carril se trabaron en una tormentosa relación sentimental nunca oficializada ante la ley y pautada por frecuentes incursiones de ella en lechos ajenos, según recuerdan algunos chismosos de la época que aún viven para contarlo. Uno de esos lechos era el del muy poderoso Antonio Juan Benítez, quien fue titular del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública de la dictadura de Edelmiro Julián Farrell y nada menos que el presidente de la Honorable Cámara de Diputados en el segundo gobierno del general Juan Domingo Perón. El Chino Benítez –así le decían por sus ojos estirados–, además de ir a las filmaciones en un coche manejado por un chofer rengo, estaba fascinado por la mujer del famoso cantante, actor y director, y entre los múltiples caprichos a los que accedía gustoso figuraba el conseguirle dineros para sus ambiciosos proyectos. Así nacieron La Quintrala, La bestia humana y La Tierra del Fuego se apaga (Emilio Fernández, 1955).

   Lynch ejerció prácticamente de productora, no acreditada como tal, en esos films: no sólo obtenía los capitales necesarios, que entregaba a los productores “oficiales” –Producciones Hugo del Carril SRL, Producciones Daniel Tinayre SRL y Estudios Mapol SRL–, sino que imponía cambios en el guión y en la elección de técnicos y actores, particularmente la de sus compañeros de escenas amorosas: fue así que debutaron en el cine aborigen el portugués Antônio Vilar y los italianos Massimo Girotti y Erno Crisa, a los que ella contrató en persona.

Emile Zola en las pampas

El rodaje de La bestia humana comenzó el 5.7.1954 y se extendió hasta octubre, alrededor de quince semanas de trabajo ante cámaras, lo cual era mucho, aun para los estándares de Tinayre. El guión había sido escrito por el catalán Eduardo Borrás, radicado en la Argentina desde que salió de España huyendo del franquismo. Fue el primero de los varios films que escribió o adaptó para Tinayre, quien lo heredó de Hugo del Carril, con el que ya colaboraba desde varios años antes. Borrás y Tinayre no sólo cambiaron el final de la novela (el protagonista no comete suicidio: muere tras un golpe propinado por su compañero a bordo de la locomotora) sino que la manipularon tan descaradamente que del original sólo quedó la anécdota principal.

Lynch y Girotti en la versión Tinayre

   El personaje que hace Girotti es un maquinista con disturbios mentales que ahora atribuye “a los vicios de mi padre” y que lo atacan “sólo cuando estoy cerca de una mujer”, la primera de las cuales, en el film, es una juvenil Elena Cruz. Ni siquiera la buena de Elisa Galvé (en un personaje que no existe en Zola y que fue inventado por Renoir), casi una hermana para él ya que es la hija de la tía Amalia Sánchez Ariño, que lo crió, doblega su locura. Sólo encuentra sexo y placer sin traumas cuando se apasiona por Lynch, la sensual esposa de su jefe (Eduardo Cuitiño) en la central ferroviaria de Rosario. Lynch es lo que se dice “una mujer con pasado”, un pasado viejo y rico que su marido acuchilla a bordo en un viaje a Córdoba. Cuando Cuitiño se pone cargoso, Lynch convence a Girotti de que lo más sensato sería asesinarlo, aunque el único de los personajes importantes que queda vivo es precisamente el de Cuitiño.

   En La bestia humana hay abundante sexo (madame se da el gusto, además, con el buen mozo de Alberto de Mendoza, que hace de secretario inescrupuloso de su ex amante); sus personajes se hablan de “tú” y utilizan incómodos giros idiomáticos estilo “te he comprado un regalo” o “no sé qué me ha pasado”; reluce la fotografía de Alberto Etchebehere trabajada en claroscuros que apenas dejan entrever a los actores entre abundantes y torrenciales lluvias; se escucha una expresiva banda de sonido con los ruidos ferroviarios como presencia constante; ostenta un comienzo formidable, un flashback con los entierros paralelos de Girotti y Lynch; recurre a una ambientación sin lugar a dudas argentina, tangos incluidos; y, en fin, toda la parafernalia marca Tinayre que pone al descubierto –de forma brillante, eso sí– que de la novela de Zola sólo le interesaron apenas sus aspectos exteriores, los más efectistas: el sexo y la violencia. Del drama introspectivo, nada.

Intimidades de un rodaje

Las primeras gacetillas informativas enviadas al periodismo por Federico Zagalsky –jefe de publicidad de la Cinco– mencionaban el film con el título “Los asesinos también mueren”, que resulta un elocuente –y acaso involuntario– distanciamiento de Zola. En las primeras semanas se filmaron apresuradamente aquellas escenas en las que intervenía Girotti, apremiado por otros compromisos. El actor, ya en los 40 años, muestra en el film un físico imponente, que años antes ya había impresionado a Luchino Visconti, quien le dio personajes importantísimos en su opera prima Obsesión (1942) y en Livia (1953) y que aún impresionaría a Pier Paolo Pasolini, que lo convirtió en el padre de Teorema (1969), títulos, sin duda, los más destacados de una abundante filmografía poblada de melodramas, comedias tontas y peplums.

   Quienes estuvieron cerca del astro lo recuerdan como “un señor, un caballero”, un tipo correcto, educado y hasta con preocupaciones sociales que lo llevaron a visitar un frigorífico rosarino para interiorizarse de la situación laboral de sus obreros. Además, le gustaba el fútbol y en Buenos Aires asistió a un partido entre Boca e Independiente. Girotti, cuentan, le andaba detrás a Ana María Lynch, pero nadie pudo asegurar que entre ellos haya “pasado algo”, al menos durante su estancia en la Argentina, aunque sus escenas pasionales son elocuentes: en aquella filmada en los depósitos de la harinera Morixe Hnos. en Caballito, la cámara registra, implacable pero gozosa, un hilo de saliva pendiendo entre sus labios. Hombre duro, también: azuzado por el director en procura de mayor realismo, Girotti llegó a romperle un tímpano a Galvé. Otra muestra: Cuitiño debía pegarle varios cachetazos a Lynch, y de hecho lo hizo; pero como a Tinayre no le conformaban le pidió su camisa, se la puso y ordenó un primer plano de su brazo ejecutando el cachetazo que logró casi desmayar a su estrella.

   Cuitiño, sin embargo, no fue la primera elección de Tinayre para el papel de “Donato Santangelo”. El elegido había sido el francés Robert Le Vigan, que vivía en Tandil: el director de producción Parrilla y el asistente de dirección Martínez Suárez lo buscaron y le hicieron pruebas en los estudios de Argentina Sono Film. Mientras tanto, apareció Girotti en el proyecto, y Tinayre consideró que tener que doblar la voz de dos actores era demasiado para él (al italiano lo dobló Roberto Escalada).

La Libertadora y después

Completado su proceso técnico a comienzos de 1955, La bestia humana también sucumbió a la autodenominada Revolución Libertadora que estalló en septiembre. El nombre de Lynch resultaba, entonces, inconveniente, por lo que Tinayre se guardó el film en su casa en espera de mejores vientos. A partir de ese otro golpe de Estado, la industria fílmica nativa afrontó tiempos duros, pautados por agresiones, denuncias y confrontaciones que marcaron la mayor crisis de su historia. De esa crisis salió, en mayo 1957, una nueva Ley de Cine que obligaba a los exhibidores a pasar cine nacional.

   Tras el primer semestre de 1957 sin films locales, La bestia humana y La casa del ángel (Torre Nilsson, 1956) fueron los que abrieron el fuego el 11.7. El de Tinayre salió por el Gran Rex y otras diez salas, la mayoría de las cuales se negaba a pegar afiches o fotos y a anunciar el film en marquesinas. (A propósito: se imprimieron dos afiches; en ambos se lee “una superproducción Tinayre-Gagliardi”; Gagliardi, cuyo nombre no figura en los credits, era el testaferro del grupo de financistas aportados por el Chino Benítez). La guerra industria-exhibición provocó que numerosas figuras (Ayala, Demare, Zubarry, Luis Dávila, Francisco Mugica y otros) atacaran los cines munidos de afiches, fotos y engrudo, un operativo inédito que el semanario gremial Heraldo del Cinematografista comparó a un film de cowboys.

   Hubo más presiones, sin embargo. Dos días después, el sábado 13, algunos cines cesaron de proyectar el film, ya que fue secuestrado por la Justicia ante denuncias de que caía bajo el decreto 4.161/56, que prohibía la exhibición de leyendas y retratos alusivos a Perón, Evita y otros compinches del denominado “régimen depuesto”. Ocurre que había una escena (“la sacamos de inmediato”, recordó Martínez Suárez) en la que se veía un retrato del general con el célebre precepto “Perón cumple”. La Justicia actuó rápido: el martes 16, para desesperación de los dueños de los cines, sobreseyeron el film (la secuencia resultó “fugaz e inadvertible”) y ordenaron su retorno inmediato a las salas. Tarde, ya que su (mala) suerte estaba echada: en esa primera semana, en el Gran Rex recaudó menos del 50 por ciento que un film extranjero de éxito, no obstante lo cual debió continuar una segunda semana. La confusión derivada de tanto ajetreo es advertible en un detalle concreto: el programa del Gran Rex informa que su duración es de 80 minutos, en tanto el del Grand Bourg de Villa Urquiza indica 100 –aparentemente la real– y la crónica del Heraldo 107.

   Desde aquella guerra, La bestia humana desapareció de circulación, por lo menos en la Argentina: ni siquiera Tinayre conservaba copia. Con el título Obsesión de sangre se estrenó en 1965 en Montevideo como una producción italiana de la Zenith Film de Roma, y hace unos cinco años fue emitida por la Televisión Nacional chilena: un cinéfilo porteño –un adelantado– que recibía la señal de CableVisión logró verlo, pero gestiones particulares de otros cinéfilos ante la gente de TVN no obtuvieron ni siquiera una respuesta de cortesía. Fue el distribuidor –cinéfilo también él– Juan Carlos Fisner quien encontró una copia en los depósitos de una distribuidora montevideana.

[Versión ligeramente corregida del texto originariamente publicado en la revista Film, nº 12, febrero-marzo 1995, sección Clasicos Nativos, pág. 64-66, escrito con la gozosa complicidad afectiva de un informer del que sólo es posible revelar su alias: “Josecito”. Una copia restaurada de la versión de Renoir fue emitida desde julio 2013 por la señal de cable INCAA TV, lo cual permitió comprobar que la alusión del protagonista “a los vicios de mi padre” respecto de su perversión ya estaba en la versión Renoir, en la que Gabin hace mención explícita al alcoholismo de todos sus antepasados varones. Luego, y más profundamente, que la principal diferencia entre ambos films reside en que en el de Renoir hay sentimientos, mientras en el de Tinayre hay mera lujuria. Títulos citados: Ossessione (Obsesión, I, 1942) y Senso (Livia, I, 1953), ambos Visconti, y Teorema (idem, I, 1968, Pasolini)].

OBS     La primera elección para “Pedro Sandoval” fue Yves Montand, en tanto para “Donato Santangelo” lo fueron Robert Le Vigan y Enrique Alvarez Diosdado. Los avisos publicitarios del estreno destacaban en grandes caracteres sólo el nombre de Girotti, seguido por el de Galvé y, en caracteres aún más pequeños, los de Cuitiño, Battaglia, Lynch, Mendoza, Sánchez Ariño, Francisco de Paula y Valicelli, en ese orden. Fue el único largometraje argentino que adaptó un texto de Zola, de cuya novela se realizaron otras versiones: Die bestien im menschen (La bestia humana, Ludwig Wolf, AL, 1920); La bête humaine (La bestia humana, Jean Renoir, F, 1938); Human desire (Deseo humano, Fritz Lang, EEUU, 1954); y Cruel train (Malcolm McKay, GB, 1995). Tan solo en el siglo XXI un cineasta argentino volvió a recurrir al celebre autor: La cocotte (Valeria Rowinski, 2022), que en apenas 3’ se las ingenió para condensar su novela Nana.

SIC     El ex presidente de la Cámara de Diputados, Benítez, en 1939, al disolverse un estudio jurídico que tenía recibió su parte representada por 900 pesos; en la actualidad posee bienes por un valor superior a los 14 millones, habiéndose comprobado que su declaración era incompleta. Entre otras cosas en una caja de seguridad a nombre de Ana María Martínez o Ana María Linch se encontró un sobre con membrete del estudio jurídico de los doctores Benítez y Berisso que contenía dinero en efectivo. [Noticias Gráficas, 20.1.1956].

[…] en julio de 1957, la Sociedad de Empresarios denunció el caso de La bestia humana, de Daniel Tinayre, que había producido el doctor Antonio Benítez, alto funcionario del ex gobierno peronista, con un socio uruguayo dedicado al negocio del juego. Se señalaba que, sin haberse estrenado aún, por obra de manejos y favoritismos, había obtenido un crédito que podría denominarse “a mejor fortuna” e “inejecutable” de 1.900.000 pesos y había recibido, además, 671 mil pesos de la parte proporcional de los 60 centavos por entrada que pagaba el público. Sin conocerse todavía, esa película ya había recibido casi tres millones de pesos en subsidios. [César Maranghello, en el capítulo “Cine y Estado”, pág. 128, del volumen II del libro Cine argentino. Industria y clasicismo. 1933/1956].

TAQ     Una serie de informes acerca de los éxitos comerciales argentinos entre 1938 y 1958, publicados por el Heraldo del Cine en 1978, lo mencionan como uno de los cinco más taquilleros de su año, lo cual es absolutamente falso, puesto que se mantuvo apenas dos semanas en el Gran Rex y, desde el 8.8, una semana en el Radar.

La bestia humana
Argentina, 1954
35mm / B&N / RCA / 107’ / PM18

EQ     [CP: Producciones Daniel Tinayre SRL]. P: Daniel Tinayre. DP: Carlos Alberto Parrilla. AP: Alberto Tarantini. ADMP: Pedro Livschitz. D: Daniel Tinayre. AD: José A. Martínez Suárez. AYD: Sergio Móttola. PZ: Ramón [Norberto] Abella. G: Eduardo Borrás, adaptación libre de la novela La bête humaine de Emilio [Emile] Zola. F: Alberto Etchebehere. CM: Alberto Curchi. FQ: José Schiavone. [FF: Baldisseroto]. E: Gori Muñoz. V: Jorge de las Longas. RV: Casa Bernarda. MQ: [César] Nerón Combi. PN: Juan Magarola. S: José María Paleo. RG: Mario Fezia. C: Nicolás Proserpio. M: Víctor Schlister [Schlichter]. CN: Milonga sentimental, de H. [Homero] Manzi (l) y S. [Sebastián] Piana (m); [y un fragmento de Esta vuelta pago yo, tango, de Mario Bonano (l) y J. [José] de Grassi (m), off por Alfredo de Angelis, su orquesta y su cantor Carlos Dante]. [PUB: Federico Zagalsky]. EF, LS: Argentina Sono Film SACI (Martínez, BA). LOC: BA (estación Retiro del FC General Mitre, Torre Monumental en la plaza Britannia en Retiro, Harinera Morixe Hnos. en Caballito), provincia de Santa Fe (Rosario) y a bordo de trenes del FC General Mitre –Retiro-Rosario Central– y del FC General Roca –Constitución-Mar del Plata, a la altura de la estación Brandsen–. L: Laboratorios Alex [SACI]. FR: 5.7.1954 al 22.10.1954. CD: Cinematográfica Cinco SRL. LC: 11.7.1957, cines Gran Rex, General Paz, Cuyo, Gran Rivadavia, Grand Bourg y Pueyrredon + 5.

I&P     Ana María Lynch (Laura Carbajal), Massimo Girotti (Pedro Sandoval) / Elisa Christian Galvé [Elisa Galvé] (Flora) / Eduardo Cuitiño (Donato Santangelo, marido de Laura), Alberto de Mendoza (Luis Reggiani), Amalia Sánchez Ariño (Angela, madre de Flora), Guillermo Battaglia (inspector Braco), Oscar Valicelli (compañero de Pedro), Francisco de Paula (inspector Alonso) / Luis Otero (Requena, ayudante del inspector Braco), Domingo Sapelli (jefe de Donato), Berta Moss (telefonista Irene), Carlos Cotto (viejo ferroviario que despide los restos de Pedro), Adolfo Linvel [Linvell] (Javier, mayordomo de Horacio Cárdenas), Jesús Pampín (guarda del tren que descubre el cadáver), Liana Noda (telefonista Elena), Jack Petersen [Mario Mario] (jugador de póker) / Roberto Blanco (guardabarreras de la estación El Paraíso, en Villa Constitución), Alberto Quilés (ferroviario con la pierna enferma), Elena Cruz (mujer atacada por Pedro), Víctor Martucci (gerente ferroviario), Harry Gayner (jugador de póker), Carmen Monteleone (señora que baja del taxi) / na Roberto Escalada (doblaje de Massimo Girotti). [Personajes en busca de actores: narrador off / ascensorista de la Torre Monumental / dos jugadores de póker / mozo del bar / jefe de estación que avisa del rápido].

F&P     Estrenado el 11.5.1965 en el cine Colonial (Montevideo, Uuguay), distribuido por Continental Films con el título Obsesión de sangre y como “un film italiano de altos valores” producido por la “Zenith Films de Roma”.

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