FILMS
La bestia humana
Emile Zola (1840-1902) es mejor conocido en la historia de la
literatura como el padre del naturalismo, acaso empujado al mismo por las
vivencias de una infancia dura y pobre. Algunas de sus obras maestras fueron
llevadas al cine: Thérèse Raquin
(1867), Nana (1880), Germinal (1885). También La bête humaine (1890), en la superficie
una sórdida historia pasional de ambiente ferroviario pero a través de la cual
Zola dejó sentada su visión sobre la pequeña bestia que todo ser humano guarda,
agazapada, dentro de sí.
El gran Jean Renoir fue el primero en advertir su potencial cinematográfico, aunque su visión de la novela era la que convenía a su tipo de cine. “La bête humaine no hizo sino afirmarse en mi deseo de realismo poético. La masa de acero de la locomotora se convertía en mi imaginación en la alfombra voladora de los cuentos orientales. Zola, desde el fondo de su tumba, me ayudó con fuerza a mantenerme en ese plano ideal. Su novela está llena de deliciosos pasajes de poesía popular. Cito: Séverine y Jacques Lentier han quedado en el jardincito de las Batignolles. En su primer encuentro, Jacques Lentier está tan emocionado que no puede articular una sola palabra. Con una leve sonrisa, Séverine le dice: «No me mire de ese modo, va a gastarse la vista». No es nada, pero había que pensar en ello. Esta poesía, es el ambiente de las locomotoras, de las vías muertas, de los escapes de vapor quien me la ha proporcionado, o más bien quien la ha proporcionado a los actores y los ha metido en la piel de su papel mejor que todas las explicaciones”, escribió en Mi vida, mis films, su delicioso libro de memorias. Esos actores eran Jean Gabin y Simone Simon, en tanto Fernand Ledoux interpretaba el tercer personaje de peso, el del marido de Séverine. Producido en 1938, el film de Renoir respeta el final de la novela, con Lentier cometiendo suicidio tirándose del tren al que ha disparado como un bólido.
El agente literario o los herederos de Zola no habrán podido disimular su estupor cuando, hacia 1952-1953, recibieron dos propuestas para comprar nuevamente los derechos cinematográficos de la novela, que para esos tiempos era considerada por los críticos como una pieza menor dentro de la monumental obra del autor. Una provenía de la lejana América del Sur, la otra de la opulenta América del Norte. Esta última contaba con el respaldo de la Columbia Pictures y el rutilante nombre de Rita Hayworth, quien habría interpretado a Séverine si no se hubiera puesto a flirtear con el Aga Khan, asustando a los ejecutivos de la productora. En un libro famoso entre cinéfilos, Fritz Lang recordó ante Peter Bogdanovich que “a Jerry Wald le había gustado mucho la película de Renoir La bête humaine. Su «héroe» estaba interpretado por Gabin, y era un psicópata sexual: sólo podía hacer el amor a una mujer matándola. Naturalmente, en una película americana no se puede hacer del héroe un asesino sexual. Así que Glenn Ford tiene que interpretarlo, ya sabe, como Li’l Abner volviendo de Corea: un americano de sangre roja al 100 por 100 y sentimientos sexuales muy naturales (si tal cosa existe)”.
Human desire (estrenado en Buenos Aires como Deseo humano) se filmó de todos modos en diciembre 1953 y enero
1954, con producción ejecutiva de Wald y con Glenn Ford, Gloria Grahame en
lugar de Rita y Broderick Crawford. “Mientras escribíamos el guión, creo que
[Alfred] Hayes y yo éramos los únicos que conocíamos la historia de Zola”,
prosigue Lang. “Le digo esto con una sonrisa, porque quiero a Jerry Wald mucho,
pero un día nos llamó y dijo: «Estáis equivocados los dos». Dije: «¿Qué hemos
hecho esta vez, Jerry?» Dijo: «Mirad. Esto se llama La bête humaine, pero todo el mundo es malo en nuestra película».
«Naturalmente, porque Zola quería mostrar que en todo ser humano hay una
bestia». Dijo: «Vosotros dos no lo entendéis. La mujer es la bestia humana».
¿Qué puede hacer uno contra el productor? Hayes y yo nos miramos y tratamos de
convencerle y después hicimos un compromiso, y una vez más se convirtió en una
historia de triángulo. Fue una bonita temporada. ¿Y sabe una cosa divertida?
Temía mucho que la película fuese demolida en París, porque es una
falsificación de Zola –o se hace Zola o no se hace–, pero tuvo muy buenas
críticas allí; no sé por qué”.
Historia de una pasión
En abril 1953, cinco prominentes realizadores y productores argentinos
se asociaron conformando Cinematográfica Cinco SRL, una organización
distribuidora que se proponía lanzar los films producidos por sus distinguidos
integrantes: Luis César Amadori, Hugo del Carril –quien se atribuyó la idea de
esta empresa–, Lucas Demare, Mario Soffici y Daniel Tinayre. Contaban con el
respaldo de Raúl Apold, hombre fuerte de la tiranía peronista desde la Subsecretaría
de Informaciones y quien, con su apoyo e influencias, liberaba los generosos
créditos del Banco Industrial aplicados a cada una de las producciones de “los
cinco grandes del buen crédito”. Amadori hizo El barro humano, del Carril La
Quintrala, Demare se quedó en proyectos no cumplidos, Soffici produjo para
la distribuidora Barrio gris, El
curandero e Isla brava, y Tinayre
Tren internacional y La bestia humana.
Sin embargo, la financiación
de La bestia humana fue gestada por
una persona (relativamente) ajena a la empresa, la actriz Ana María Lynch.
Estrellita joven de la productora Establecimientos Filmadores Argentinos SA,
Ana María Martínez (1918-1976) debutó profesionalmente en 1940 en El astro del tango de Bayón Herrera y
siguió apareciendo en films de la EFA y de otras empresas en papeles cada vez
más relevantes. Ocurre que, ya en su primer film como extra (Madreselva, Amadori, 1938), Lynch –bella
mujer de portentosa pechera, pésima actriz siempre– y el “astro del tango” Hugo
del Carril se trabaron en una tormentosa relación sentimental nunca
oficializada ante la ley y pautada por frecuentes incursiones de ella en lechos
ajenos, según recuerdan algunos chismosos de la época que aún viven para
contarlo. Uno de esos lechos era el del muy poderoso Antonio Juan Benítez,
quien fue titular del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública de la
dictadura de Edelmiro Julián Farrell y nada menos que el presidente de la
Honorable Cámara de Diputados en el segundo gobierno del general Juan Domingo
Perón. El Chino Benítez –así le decían por sus ojos estirados–, además de ir a las
filmaciones en un coche manejado por un chofer rengo, estaba fascinado por la
mujer del famoso cantante, actor y director, y entre los múltiples caprichos a
los que accedía gustoso figuraba el conseguirle dineros para sus ambiciosos
proyectos. Así nacieron La Quintrala, La
bestia humana y La Tierra del Fuego
se apaga (Emilio Fernández, 1955).
Lynch ejerció prácticamente de
productora, no acreditada como tal, en esos films: no sólo obtenía los
capitales necesarios, que entregaba a los productores “oficiales” –Producciones
Hugo del Carril SRL, Producciones Daniel Tinayre SRL y Estudios Mapol SRL–,
sino que imponía cambios en el guión y en la elección de técnicos y actores,
particularmente la de sus compañeros de escenas amorosas: fue así que debutaron
en el cine aborigen el portugués Antônio Vilar y los italianos Massimo Girotti
y Erno Crisa, a los que ella contrató en persona.
Emile Zola en las pampas
El rodaje de La bestia humana
comenzó el 5.7.1954 y se extendió hasta octubre, alrededor de quince semanas de
trabajo ante cámaras, lo cual era mucho, aun para los estándares de Tinayre. El
guión había sido escrito por el catalán Eduardo Borrás, radicado en la
Argentina desde que salió de España huyendo del franquismo. Fue el primero de
los varios films que escribió o adaptó para Tinayre, quien lo heredó de Hugo
del Carril, con el que ya colaboraba desde varios años antes. Borrás y Tinayre
no sólo cambiaron el final de la novela (el protagonista no comete suicidio:
muere tras un golpe propinado por su compañero a bordo de la locomotora) sino
que la manipularon tan descaradamente que del original sólo quedó la anécdota
principal.
El personaje que hace Girotti es un maquinista con disturbios mentales que ahora atribuye “a los vicios de mi padre” y que lo atacan “sólo cuando estoy cerca de una mujer”, la primera de las cuales, en el film, es una juvenil Elena Cruz. Ni siquiera la buena de Elisa Galvé (en un personaje que no existe en Zola y que fue inventado por Renoir), casi una hermana para él ya que es la hija de la tía Amalia Sánchez Ariño, que lo crió, doblega su locura. Sólo encuentra sexo y placer sin traumas cuando se apasiona por Lynch, la sensual esposa de su jefe (Eduardo Cuitiño) en la central ferroviaria de Rosario. Lynch es lo que se dice “una mujer con pasado”, un pasado viejo y rico que su marido acuchilla a bordo en un viaje a Córdoba. Cuando Cuitiño se pone cargoso, Lynch convence a Girotti de que lo más sensato sería asesinarlo, aunque el único de los personajes importantes que queda vivo es precisamente el de Cuitiño.
En La bestia humana hay abundante sexo (madame se da el gusto, además, con el buen mozo de Alberto de
Mendoza, que hace de secretario inescrupuloso de su ex amante); sus personajes se
hablan de “tú” y utilizan incómodos giros idiomáticos estilo “te he comprado un
regalo” o “no sé qué me ha pasado”; reluce la fotografía de Alberto Etchebehere
trabajada en claroscuros que apenas dejan entrever a los actores entre
abundantes y torrenciales lluvias; se escucha una expresiva banda de sonido con
los ruidos ferroviarios como presencia constante; ostenta un comienzo
formidable, un flashback con los
entierros paralelos de Girotti y Lynch; recurre a una ambientación sin lugar a
dudas argentina, tangos incluidos; y, en fin, toda la parafernalia marca
Tinayre que pone al descubierto –de forma brillante, eso sí– que de la novela
de Zola sólo le interesaron apenas sus aspectos exteriores, los más efectistas:
el sexo y la violencia. Del drama introspectivo, nada.
Intimidades de un rodaje
Las primeras gacetillas informativas enviadas al periodismo por
Federico Zagalsky –jefe de publicidad de la Cinco– mencionaban el film con el
título “Los asesinos también mueren”, que resulta un elocuente –y acaso
involuntario– distanciamiento de Zola. En las primeras semanas se filmaron
apresuradamente aquellas escenas en las que intervenía Girotti, apremiado por
otros compromisos. El actor, ya en los 40 años, muestra en el film un físico
imponente, que años antes ya había impresionado a Luchino Visconti, quien le
dio personajes importantísimos en su opera
prima Obsesión (1942) y en Livia
(1953) y que aún impresionaría a Pier Paolo Pasolini, que lo convirtió en el
padre de Teorema (1969), títulos, sin
duda, los más destacados de una abundante filmografía poblada de melodramas,
comedias tontas y peplums.
Quienes estuvieron cerca del
astro lo recuerdan como “un señor, un caballero”, un tipo correcto, educado y
hasta con preocupaciones sociales que lo llevaron a visitar un frigorífico
rosarino para interiorizarse de la situación laboral de sus obreros. Además, le
gustaba el fútbol y en Buenos Aires asistió a un partido entre Boca e
Independiente. Girotti, cuentan, le andaba detrás a Ana María Lynch, pero nadie
pudo asegurar que entre ellos haya “pasado algo”, al menos durante su estancia
en la Argentina, aunque sus escenas pasionales son elocuentes: en aquella
filmada en los depósitos de la harinera Morixe Hnos. en Caballito, la cámara
registra, implacable pero gozosa, un hilo de saliva pendiendo entre sus labios.
Hombre duro, también: azuzado por el director en procura de mayor realismo,
Girotti llegó a romperle un tímpano a Galvé. Otra muestra: Cuitiño debía
pegarle varios cachetazos a Lynch, y de hecho lo hizo; pero como a Tinayre no
le conformaban le pidió su camisa, se la puso y ordenó un primer plano de su
brazo ejecutando el cachetazo que logró casi desmayar a su estrella.
Cuitiño, sin embargo, no fue
la primera elección de Tinayre para el papel de “Donato Santangelo”. El elegido
había sido el francés Robert Le Vigan, que vivía en Tandil: el director de
producción Parrilla y el asistente de dirección Martínez Suárez lo buscaron y
le hicieron pruebas en los estudios de Argentina Sono Film. Mientras tanto,
apareció Girotti en el proyecto, y Tinayre consideró que tener que doblar la
voz de dos actores era demasiado para él (al italiano lo dobló Roberto
Escalada).
La Libertadora y después
Completado su proceso técnico a comienzos de 1955, La bestia humana también sucumbió a la autodenominada Revolución
Libertadora que estalló en septiembre. El nombre de Lynch resultaba, entonces,
inconveniente, por lo que Tinayre se guardó el film en su casa en espera de
mejores vientos. A partir de ese otro golpe de Estado, la industria fílmica
nativa afrontó tiempos duros, pautados por agresiones, denuncias y
confrontaciones que marcaron la mayor crisis de su historia. De esa crisis
salió, en mayo 1957, una nueva Ley de Cine que obligaba a los exhibidores a
pasar cine nacional.
Tras el primer semestre de
1957 sin films locales, La bestia humana
y La casa del ángel (Torre Nilsson,
1956) fueron los que abrieron el fuego el 11.7. El de Tinayre salió por el Gran
Rex y otras diez salas, la mayoría de las cuales se negaba a pegar afiches o
fotos y a anunciar el film en marquesinas. (A propósito: se imprimieron dos
afiches; en ambos se lee “una superproducción Tinayre-Gagliardi”; Gagliardi,
cuyo nombre no figura en los credits,
era el testaferro del grupo de financistas aportados por el Chino Benítez). La
guerra industria-exhibición provocó que numerosas figuras (Ayala, Demare,
Zubarry, Luis Dávila, Francisco Mugica y otros) atacaran los cines munidos de
afiches, fotos y engrudo, un operativo inédito que el semanario gremial Heraldo del Cinematografista comparó a
un film de cowboys.
Hubo más presiones, sin
embargo. Dos días después, el sábado 13, algunos cines cesaron de proyectar el
film, ya que fue secuestrado por la Justicia ante denuncias de que caía bajo el
decreto 4.161/56, que prohibía la exhibición de leyendas y retratos alusivos a
Perón, Evita y otros compinches del denominado “régimen depuesto”. Ocurre que
había una escena (“la sacamos de inmediato”, recordó Martínez Suárez) en la que
se veía un retrato del general con el célebre precepto “Perón cumple”. La
Justicia actuó rápido: el martes 16, para desesperación de los dueños de los
cines, sobreseyeron el film (la secuencia resultó “fugaz e inadvertible”) y
ordenaron su retorno inmediato a las salas. Tarde, ya que su (mala) suerte
estaba echada: en esa primera semana, en el Gran Rex recaudó menos del 50 por
ciento que un film extranjero de éxito, no obstante lo cual debió continuar una
segunda semana. La confusión derivada de tanto ajetreo es advertible en un
detalle concreto: el programa del Gran Rex informa que su duración es de 80
minutos, en tanto el del Grand Bourg de Villa Urquiza indica 100 –aparentemente
la real– y la crónica del Heraldo
107.
Desde aquella guerra, La bestia humana desapareció de
circulación, por lo menos en la Argentina: ni siquiera Tinayre conservaba
copia. Con el título Obsesión de sangre
se estrenó en 1965 en Montevideo como una producción italiana de la Zenith Film
de Roma, y hace unos cinco años fue emitida por la Televisión Nacional chilena:
un cinéfilo porteño –un adelantado– que recibía la señal de CableVisión logró
verlo, pero gestiones particulares de otros cinéfilos ante la gente de TVN no
obtuvieron ni siquiera una respuesta de cortesía. Fue el distribuidor –cinéfilo
también él– Juan Carlos Fisner quien encontró una copia en los depósitos de una
distribuidora montevideana.
[Versión ligeramente corregida del texto originariamente publicado en la revista Film, nº 12, febrero-marzo 1995, sección
Clasicos Nativos, pág. 64-66, escrito
con la gozosa complicidad afectiva de un informer del que sólo es posible revelar su alias: “Josecito”. Una
copia restaurada de la versión de Renoir fue emitida desde julio 2013 por la
señal de cable INCAA TV, lo cual permitió comprobar que la alusión del
protagonista “a los vicios de mi padre” respecto de su perversión ya estaba en
la versión Renoir, en la que Gabin hace mención explícita al alcoholismo de
todos sus antepasados varones. Luego, y más profundamente, que la principal
diferencia entre ambos films reside en que en el de Renoir hay sentimientos,
mientras en el de Tinayre hay mera lujuria. Títulos citados: Ossessione (Obsesión, I, 1942) y Senso
(Livia, I, 1953), ambos Visconti, y Teorema (idem, I, 1968, Pasolini)].
OBS La primera elección para “Pedro Sandoval”
fue Yves Montand, en tanto para “Donato Santangelo” lo fueron Robert Le Vigan y
Enrique Alvarez Diosdado. Los avisos publicitarios del estreno destacaban en
grandes caracteres sólo el nombre de Girotti, seguido por el de Galvé y, en
caracteres aún más pequeños, los de Cuitiño, Battaglia, Lynch, Mendoza, Sánchez
Ariño, Francisco de Paula y Valicelli, en ese orden. Fue el único largometraje
argentino que adaptó un texto de Zola, de cuya novela se realizaron otras versiones:
Die bestien im menschen (La bestia
humana, Ludwig Wolf, AL, 1920); La
bête humaine (La bestia humana, Jean Renoir, F, 1938); Human desire (Deseo humano, Fritz
Lang, EEUU, 1954); y Cruel train
(Malcolm McKay, GB, 1995). Tan solo en el siglo XXI un cineasta argentino
volvió a recurrir al celebre autor: La
cocotte (Valeria Rowinski, 2022), que en apenas 3’ se las ingenió para
condensar su novela Nana.
SIC El ex
presidente de la Cámara de Diputados, Benítez, en 1939, al disolverse un
estudio jurídico que tenía recibió su parte representada por 900 pesos; en la
actualidad posee bienes por un valor superior a los 14 millones, habiéndose
comprobado que su declaración era incompleta. Entre otras cosas en una caja de
seguridad a nombre de Ana María Martínez o Ana María Linch se encontró un sobre
con membrete del estudio jurídico de los doctores Benítez y Berisso que
contenía dinero en efectivo. [Noticias Gráficas, 20.1.1956].
[…] en julio de 1957, la Sociedad de Empresarios denunció el caso de La bestia humana, de Daniel Tinayre, que
había producido el doctor Antonio Benítez, alto funcionario del ex gobierno
peronista, con un socio uruguayo dedicado al negocio del juego. Se señalaba
que, sin haberse estrenado aún, por obra de manejos y favoritismos, había obtenido
un crédito que podría denominarse “a mejor fortuna” e “inejecutable” de
1.900.000 pesos y había recibido, además, 671 mil pesos de la parte
proporcional de los 60 centavos por entrada que pagaba el público. Sin
conocerse todavía, esa película ya había recibido casi tres millones de pesos
en subsidios. [César Maranghello, en el capítulo “Cine y Estado”, pág. 128, del
volumen II del libro Cine argentino.
Industria y clasicismo. 1933/1956].
TAQ Una serie de informes acerca de los éxitos
comerciales argentinos entre 1938 y 1958, publicados por el Heraldo del Cine
en 1978, lo mencionan como uno de los cinco más taquilleros de su año, lo cual
es absolutamente falso, puesto que se mantuvo apenas dos semanas en el Gran Rex
y, desde el 8.8, una semana en el Radar.
La
bestia humana
Argentina, 1954
35mm / B&N / RCA / 107’ / PM18
EQ [CP: Producciones Daniel
Tinayre SRL]. P: Daniel Tinayre. DP: Carlos Alberto Parrilla. AP: Alberto Tarantini. ADMP: Pedro Livschitz. D: Daniel Tinayre. AD: José A. Martínez Suárez. AYD: Sergio Móttola. PZ: Ramón [Norberto] Abella. G: Eduardo Borrás, adaptación libre de
la novela La bête humaine de Emilio
[Emile] Zola. F: Alberto Etchebehere. CM:
Alberto Curchi. FQ: José Schiavone.
[FF: Baldisseroto]. E:
Gori Muñoz. V: Jorge de las Longas. RV: Casa Bernarda. MQ: [César] Nerón Combi. PN:
Juan Magarola. S: José María Paleo. RG: Mario Fezia. C: Nicolás Proserpio. M:
Víctor Schlister [Schlichter]. CN: Milonga sentimental, de H. [Homero]
Manzi (l) y S. [Sebastián] Piana (m); [y un fragmento de Esta vuelta pago yo, tango, de Mario Bonano (l) y J. [José] de
Grassi (m), off por Alfredo de Angelis, su orquesta y su cantor Carlos
Dante]. [PUB: Federico Zagalsky]. EF, LS: Argentina Sono Film SACI
(Martínez, BA). LOC: BA (estación
Retiro del FC General Mitre, Torre Monumental en la plaza Britannia en Retiro,
Harinera Morixe Hnos. en Caballito), provincia de Santa Fe (Rosario) y a bordo
de trenes del FC General Mitre –Retiro-Rosario Central– y del FC General Roca
–Constitución-Mar del Plata, a la altura de la estación Brandsen–. L: Laboratorios Alex [SACI]. FR: 5.7.1954 al 22.10.1954. CD: Cinematográfica Cinco SRL. LC: 11.7.1957, cines Gran Rex, General
Paz, Cuyo, Gran Rivadavia, Grand Bourg y Pueyrredon + 5.
I&P Ana María Lynch (Laura Carbajal), Massimo
Girotti (Pedro Sandoval) / Elisa Christian Galvé [Elisa Galvé] (Flora) /
Eduardo Cuitiño (Donato Santangelo, marido de Laura), Alberto de Mendoza (Luis
Reggiani), Amalia Sánchez Ariño (Angela, madre de Flora), Guillermo Battaglia
(inspector Braco), Oscar Valicelli (compañero de Pedro), Francisco de Paula
(inspector Alonso) / Luis Otero (Requena, ayudante del inspector Braco),
Domingo Sapelli (jefe de Donato), Berta Moss (telefonista Irene), Carlos Cotto
(viejo ferroviario que despide los restos de Pedro), Adolfo Linvel [Linvell]
(Javier, mayordomo de Horacio Cárdenas), Jesús Pampín (guarda del tren que
descubre el cadáver), Liana Noda (telefonista Elena), Jack Petersen [Mario
Mario] (jugador de póker) / Roberto Blanco (guardabarreras de la estación El
Paraíso, en Villa Constitución), Alberto Quilés (ferroviario con la pierna
enferma), Elena Cruz (mujer atacada por Pedro), Víctor Martucci (gerente
ferroviario), Harry Gayner (jugador de póker), Carmen Monteleone (señora que
baja del taxi) / na Roberto Escalada
(doblaje de Massimo Girotti). [Personajes en busca de actores: narrador off
/ ascensorista de la Torre Monumental / dos jugadores de póker / mozo del bar /
jefe de estación que avisa del rápido].
F&P Estrenado el 11.5.1965 en el
cine Colonial (Montevideo, Uuguay), distribuido por Continental Films con el
título Obsesión de sangre y como “un film italiano de altos valores”
producido por la “Zenith Films de Roma”.
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