Fe de errata:
En el artículo publicado ayer, al referirme al film Plata quemada, escribí Eduardo Fernández
donde debió decir Eduardo Noriega. Mis excusas.
CHUCHERIAS
Otras historias breves
Una excéntrica
En La casa del ángel, Berta
Ortegosa le echa en cara a su marido Guillermo Battaglia una aventura con la
“tonadillera Tórtola Bilbao”, aludiendo a una famosa bailarina y cantante de
los años 20 llamada Carmen Tórtola Valencia (1882-1955), de la cual La Razón opinó el 20.1.1932, al anunciar
una nueva visita suya al país, que era una “discutida bailarina española,
discutida por las características especiales de su arte, al par que por las
excentricidades de su vida privada”, y a cuya muerte La Prensa (16.2.1955) reseñó que “En 1916 las revistas porteñas
ornaron sus páginas con retratos de la hermosa bailarina cuya presentación en
el teatro Opera [Teatro de la Opera, en
verdad] –donde actuaba acompañada por una compañía dramática– conquistó al
público de nuestra ciudad”.
Luppi, fuera de eje
Cuando, en los 80 y parte de los 90,
el furor eran los videohome, uno de
los tantos que fueron producidos (berretas en su enorme mayoría) tenía por
título Isla se alquila por hora –En el Tigre, intermediarios abst.–,
grabado en febrero 1989, que ofrecía un prólogo-intermedio-epílogo y dos
episodios, todo ello ambientado en una isla del Delta, más precisamente en el
recreo I Marangatú. Lo dirigieron Néstor Robles, actor, ex
integrante del grupo I Medici, y Roberto Sena, quien cobrará notoriedad como
productor y realizador de videos porno hard core utilizando para esos
menesteres el pseudónimo Víctor Maytland, tal como se llamaba el villano que
animaba Steven Berkoff en Un detective suelto en Hollywood. El primer
episodio, Ajuste de cuentas, involucra
a un oficinista bromista que seduce a la esposa (Marta González) de un
compañero (Andrés Redondo) y de inmediato se va con la amante de aquel (Betty
Villar). Sin embargo, lo más llamativo es que el bromista en cuestión lo interpretó
Federico Luppi, en su solitaria incursión en ese infragénero: se puede argüir
que todo actor necesita trabajar para su subsistencia, pero Federico acababa de
cobrar suculentos cachets contratado
por productores franceses, por lo cual, y considerando sus peculiaridades sexuales
reveladas en años posteriores por sus ex esposas, lo más probable es que lo
sedujera la posibilidad de compartir el set
al aire libre con un montón de minas en bolas tal vez dispuestas al maltrato…
El Heraldo del Cinematografista dio cuenta, en sus ediciones del
31.12.1960 (pág. 380) y del 11.1.1961 (pág. 11), de la fusión entre las
distribuidoras Argentina Sono Film SACI e Internacional Films SA en una nueva
empresa denominada Interson SA Cinematográfica, instalada en Lavalle 1975, 1º
piso (esto es, el local de la Internacional al que poco después se mudarán los
Mentasti), de la que eran directores Juan Racini, histórico jefe de Ventas de
Sono, y Juan Antonio Muruzeta, socio minoritario de la Internacional. Ambas informaciones
fueron confirmadas por avisos publicitarios en el mismo semanario, el 11.1.1961
(pág. 8) anunciando el reestreno de La quimera del oro, el 1.3.1961
(pág. 43) anunciando a página completa “su primera lista 1961” integrada por
seis argentinos y once extranjeros, y el 12.7.1961 (pág. 192) en el que
Argentina Sono Film presentaba “la bomba cómica del año” Rebelde con causa
e Internacional la “joya del cine” Tiempos modernos y en el que apenas
una línea final mencionaba a la Interson SA. Mi Buenos Aires querido
debió ser el primero argentino estrenado por el nuevo sello: sin embargo, los
avisos publicitarios publicados en los diarios en ocasión del lanzamiento de
éste y los otros aludidos omiten toda mención a la nueva empresa y en cambio
destacan a sus respectivas empresas-madre. De haber realmente existido, la
Interson tuvo muy corta vida, o bien los términos de su contrato establecían
otras condiciones (sólo la distribución física, por ejemplo, o sólo en el
interior), aunque sí fue posible constatar que en salas de barrio durante 1961
solían conformar programas dobles títulos de ambas distribuidoras. Por otra
parte, la Guía Heraldo del Cinematografista de 1962 no incluye mención
alguna a la Interson.
Fanny de
visita
Tal vez alguien la recuerde, era una actriz argentina llamada Fanny Mikey
(Elisa Fanny Mikey Orlanszky; Buenos Aires, 26.12.1929 / Cali, Colombia,
16.8.2008), esforzada, casi anónima devota del escenario, a la que se rescata
como una de los integrantes del elenco de la Organización Latinoamericana de
Teatro (OLAT), establecida en mayo 1957 con el estreno de la pieza de Ugo Betti
Marito e moglie, según puesta en
escena de Yirair Mossián, quien con Jorge Lavelli y Salo Vasocchi orientaban
ese grupo independiente. Mikey radicó en Colombia a finales de los años 50,
donde devino una gran animadora del teatro de ese país, al que otorgó un ímpetu
hasta entonces desconocido: ella fue al teatro colombiano lo que otra
argentina, Juana Sujo, al venezolano. Hacia finales de 1966 visitó su ciudad
natal, poco después de haberse divorciado de su segundo esposo, el actor
argentino Pedro Martínez, quien, acaso harto de no tener una carrera propia,
decidió viajar a Colombia, donde Mikey lo siguió: Martínez era el imitador
“oficial” de Luis Sandrini e interpretó a su hermano “Cachuzo” en Secuestro sensacional!!!, en el que
figuraba acreditado como Pedrín Martínez; hizo teatro y radio, pero en el cine
sólo volvió a aparecer en dos títulos de 1957, La hermosa mentira y Socios
para la aventura. Acaso por aquella lejana especialidad de su marido, Mikey
aprovechó su fugaz estancia para hacer una aparición en un film de… Sandrini, Al Diablo con este cura…!!!, acreditada
en el puesto nº 36 como una invitada de Iris Marga en una fiesta. En Colombia
trabajó ocasionalmente en TV y en cine, en este último medio en los siguientes títulos:
Tacones (Inti Pascual, 1981), Ilona
llega con la lluvia / Ilona arriva con la pioggia (Sergio Cabrera, COL/I,
1995-1996), Edipo alcalde (Jorge Alí
Triana, COL/E/MX/CU, 1995-1996, en el que sólo fue productora asociada), Bolívar soy yo (Triana, 2001, en el que
además fue productora asociada) y Buscando
a Miguel (Juan Fischer, 2006-2007). Sin dudas, lo suyo era el teatro.
Guionistas inexistentes
Cuando los
créditos de un film esconden a su guionista tras un pseudónimo es señal de que
allí hubo algún quilombete. En Mis días
con Verónica, la historia verdadera es que, como le ocurrió a
mucho otro director y le ocurrirá a Eliseo Subiela en su debut (La conquista
del Paraíso), Néstor Lescovich quería, a toda costa, hacer una adaptación
de un autor ajeno, en su caso de Six months with an older woman, novela
romántica del estadounidense David Kaufelt devenida best seller tras su
publicación en 1973. El argentino hizo pública su intención en 1975, pero la
enorme suma de dólares que pedían por los derechos lo obligó a desistir. En
lugar de imaginar otro tema, optó por copiar la idea básica de Kaufelt y
escribió él mismo un argumento, contando con la colaboración de Dodi Scheuer:
acaso por pudor, lo firmaron con pseudónimo, Jorge Martínez, que no era el tenista al que Juanito
Belmonte convirtió en actor sino un invento poco original.
Mucho más atractivo es el caso de Fuiste mía un verano, la opera prima de Edi Calcagno, otro de esos proyectos de gestación y desarrollo problemáticos. Leonardo
Favio pasó de ser un joven actor en ascenso a un realizador genial hasta que,
de la nada, devino un cantante profesional hacia finales de 1967, luego de
haber sufrido una rara, dolorosa y prolongada enfermedad. Para comienzos de
1969 se había transformado en un auténtico boom gracias a sus sencillas,
tontas canciones de amor. Entonces, también él tuvo que hacer su
film-de-cantante, y en esa época debía competir con el ya consagrado Palito
Ortega y con el recién llegado Sandro. Gestado a las apuradas, el primer
director asignado al proyecto había sido Enrique Dawi: una vez descartado su
nombre se optó por Fernando Siro, quien presentó un guión suyo y de Norberto
Aroldi que no satisfizo a los socios, esto es, Favio por un lado y el grupo
Torre Nilsson-Simonetti-Contracuadro por otro. Así, de apuro, trabajaron sobre
la marcha Favio, su hermano Zuhair Jury, Edi, Nilsson y Marcelo
Simonetti improvisando una historia que fue acreditada a alguien inexistente (Adrián
Suárez Passo): lo que se vio en pantallas es una glorificación de Favio, casi
un documental sobre su ajetreada vida de recitales, giras, admiradoras,
familiares y representantes con el innecesario agregado de un par de subtemas
(su infancia en reformatorios, la reaparición de un amigo malviviente, su
costado caritativo), todo ello salpicado de tantos temas musicales que resulta
un milagro que apenas dure lo que dura.
FILMS MENCIONADOS
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