jueves, 25 de septiembre de 2025

CHUCHERIAS

Yo sé qué ahora vendrán caras extrañas

Emperatriz Carvajal

(1917-2011) Precedida por su imponente nombre de pila, llegó a la Argentina hacia 1938 desde su Chile natal, donde actuó en un film mudo pero en especial en teatro, radiofonía y clubes nocturnos, puesto que además cantaba y lucía un físico apto para amantes y vampiresas, nunca para hacer una de las ingenuas que se pusieron a la moda durante sus años porteños. A mediados de 1931 integraba una compañía teatral muy popular y prestigiosa en su patria, bautizada Artistas Unidos. En la Argentina actuó en teatro, tanto el de revistas cuanto el de comedias, y aunque estaba ya muy crecida para esos menesteres, hizo “la niña” en una de las tantas producciones teatrales de El mucamo de la niña (1943 en el Boedo). Intervino en siete largometrajes, pero apenas uno en calidad de protagonista: tenía por título ¿Dónde está tu mujer? y resultó tan malo que fue lanzado el 12.9.1940 sin ningún tipo de promoción o publicidad y como relleno de un programa triple en una sala de Colegiales, el Aesca, apenas por un día; luego fue exhibido en idénticas condiciones en un par de salas de barrio hasta desembarcar, con aviso publicitario en los diarios, el sábado 21.9.1940 en los cines Canadian, Argentino, Lumière, Estrella y Follies 2º; completando el periplo inverso al habitual, fue presentado en una sala céntrica tan sólo el jueves 19.12.1940, la del Renacimiento, como complemento. Tal vez su papel más agradecido haya sido el de una famosa actriz y cantante en Caminito de gloria, esa que repentinamente enferma y es reemplazada por su vestidora-mucama-secretaria Libertad Lamarque. Más adelante se estableció en México, donde hizo mucho cine.

Con Severo Fernández en Un hombre bueno

Filmografía argentina: La estancia del gaucho Cruz (Leopoldo Torres Ríos, 1938), El sobretodo de Céspedes (Torres Ríos, 1938-1939), Nuestra tierra de paz (Arturo Mom, 1939), Caminito de gloria (Luis César Amadori, 1939), ¿Dónde está tu mujer? (Gastón Mayol, 1939), Ha entrado un ladrón (Augusto César Vatteone, 1940) y Un hombre bueno (Carlos Torre Ríos, 1941).

Jorge Rivier

(Georges Aristide Claude Félix Rivière) Actor popular pero ser humano de filiación dudosa, puesto que diversas fuentes se empecinan en otorgar fechas y lugares de nacimiento diversos: 1.7.1920 en Tahití, de madre nativa y padre francés, o bien 1.7.1924 en Neuilly-sur-Seine, Francia. Lo mismo ocurre con su (posible) muerte: 25.4.2011 en Cannes, dato este negado por otras fuentes, por lo que de ser inexacto el hombre tendría hoy mismo unos 101 años. Como sea, radicó en París desde su adolescencia, ingresó en 1945 a la compañía del Vieux Colombier, debutó en cine en Le Diable boiteux (Sacha Guitry, 1948) sin que su nombre figure en los créditos y, tras divorciarse de su primera esposa, en 1949 emprendió un viaje de aventuras por la América latina estableciéndose en Chile, donde casó con una rica heredera, hizo algo de teatro y filmó El ídolo (idem, Pierre Chenal, 1952), donde es mencionado en último lugar como George Rivière haciendo un “borracho en la fiesta”. Allí trabó una sólida amistad con Lautaro Murúa, quien apenas instalado en la Argentina instó a Rivier a hacer lo propio.

Con Delia Garcés en Mi marido y mi novio

   Mediocre actor pero en verdad charmant, hizo 14 largos en apenas 4 años, estuvo à la mode a pesar de su errática dicción castellana, ascendiendo del 7º puesto al 6º, al 3º y casi siempre al 2º tras la estrella femenina de turno: sólo ocupó el 1º lugar en dos oportunidades, en La delatora y en Un centavo de mujer. Sus trabajos más destacados los cumplió con Schlieper (con Delia Garcés mostraban una química excepcional) y con Kurt Land: en La delatora está muy bien como un hampón de buen corazón que prefiere perder un negocio a ver sangre involucrada en él y que repite como un latiguillo “yo conozco a las mujeres” pero termina traicionado por una de ellas. Su salida de la Argentina fue traumática, ya que la Sociedad Argentina de Directores Cinematográficos lo declaró “persona no grata” luego de que, en la avant première de Edad difícil (Torres Ríos, 1955) concretada en la función nocturna del 26.7.1956 en el cine Opera, habló pestes del film a viva voz. En Europa alternó papeles estelares en producciones mediocres y personajes secundarios en unos pocos títulos de cierto prestigio, en los que fue dirigido, entre otros, por John Farrow, William Dieterle, André Cayatte, Vittorio De Sica, Willy Rozier y Brunello Rondi. Dejó de trabajar a mediados de los 70 y su última mujer fue la actriz Lucile Saint-Simon.

Filmografía argentina: El vampiro negro (Román Viñoly Barreto, 1953, como George Riviere), Mujeres casadas (Mario Soffici, 1953), Sucedió en Buenos Aires (Enrique Cahen Salaberry, 1954), El calavera (Carlos Borcosque, 1954), Pájaros de cristal (Ernesto Arancibia, 1954), En carne viva (Cahen Salaberry, 1954), Mi marido y mi novio (Carlos Schlieper, 1954-1955), La delatora (Kurt Land, 1955), Bacará (Land, 1955), La dama del millón (Cahen Salaberry, 1955), De noche también se duerme (Enrique Carreras, 1955), Alejandra (Schlieper, 1955), Un centavo de mujer (Viñoly Barreto, 1956) y Las campanas de Teresa (Schlieper, 1956).

Jorge Landeta

(1929-1975) Actor, compositor y cantante mexicano que hizo su debut y despedida del cine nacional en Sala de Guardia (Tulio Demicheli, 1952), donde interpretó al “médico joven de bigotitos”, incorrectamente acreditado (Landetta) en el puesto nº 26 de un elenco con muchos médicos. Se ignora cómo llegó a ese film y a la Argentina. En su país se inició como niño, luego adolescente y luego joven en un puñado de largometrajes entre 1941 y 1955, en algunos de los cuales coincidió con los argentinos Luis Aldás y Niní Marshall y con el casi-argentino José Cibrián. Su papel más destacado lo obtuvo como el hijo (en la adolescencia) de Dolores del Río en Las abandonadas (idem, Emilio Fernández, 1944).

Mamie Van Doren

Rubia voluptuosa nacida en Dakota en 1931, resultó una versión barata y ordinaria de Marilyn, al igual que Jayne Mansfield. Desde 1951 filmó sin parar, pero resulta casi imposible destacar un título, tan serie B eran en su gran mayoría. Como cuadra a ese tipo de starlette, tuvo infinidad de maridos y amantes. Precedida de una intensa publicidad, llegó a Buenos Aires con su hijito parido con el músico Ray Anthony, el viernes 10.6.1960, cuando en los cines porteños estaba en cartel Niñas sin hogar (Girls town, Charles Haas, 1959) y de inmediato lo estaría Rubias temerarias (Born reckless, Howard W. Koch, 1959), y viajó de regreso el sábado 6.8.1960, días antes del estreno de otro de ellos, Mujeres en venta (Vice raid, Edward L. Cahan, 1958).

   Vino a trabajar en Una americana en Buenos Aires, subproducto “internacional” que los críticos serios destrozaron y los venales trataron con displicencia mientras el público sensatamente ignoró. La protagonista es una llamativa estrella de cine que tiene por novio a un aburrido estudioso (Carlos Estrada) que pasa el tiempo leyendo y por razones que nadie explica ambos son víctimas de una pareja de estafadores (Jean-Pierre Aumont, Catherine Zago): alrededor de todos ellos hay una innecesaria cantidad de detectives y otros personajes inservibles para explicar al espectador de qué va el asunto, que además es contado en decorados horrorosos y muy pocos exteriores.

Con Jean-Pierre Aumont en
Una americana en Buenos Aires

   El proyecto fue gestado por Lars Nielsen, productor estadounidense nacido en Suecia y casado con una indonesia, que en un principio tenía la intención de rodar en España, para lo cual adquirió los derechos de una discreta pieza teatral (“comedia policíaca en dos actos, el segundo dividido en dos cuadros”) que el popular comediógrafo “Tono” (1896-1978) había estrenado el 12.12.1956 en el madrileño Teatro de la Comedia por la compañía dirigida y encabezada por Ismael Merlo. La “idea” de Nielsen era reflotar la menguante carrera de la actriz, a la que Nielsen hizo firmar un contrato de exclusividad que duró lo que este precario film. Cuando la posibilidad de rodar en España se pinchó, puso sus ojos en la Argentina, ya que conocía a Federico Aicardi, oscuro productor que se movía en el cine italiano y que aquí se asoció, en 1959, con los también oscuros (y peligrosos) Juan D’Angelo y Joaquín Franco, titulares éstos de la productora y distribuidora D’An-Fran. “¿Actúa en La rubia de Buenos Aires porque le gusta el libreto?”, le preguntó el periodista Ramiro de Casasbellas (El Hogar, junio 1960): “No, porque me pagan mucho”. En el guión intervino una exagerada –considerando los resultados– cantidad de personas, pero el toque final lo dio el argentino Hugo Moser, muy activo por esos años. Dirigió un tal George Cahan.

   Un jovencito que durante la estancia de Van Doren en la Argentina oficiaba de traductor solía contar a sus amigos innumerables anécdotas del rodaje, la mayor parte de ellas centradas en la imperiosa necesidad de hombres que ponía nerviosa a la estrella hasta que era saciada por el primero que se le cruzara en el camino (de hecho, el vestuarista Jamandreu contó que cada vez que la visitaba la encontraba con un hombre distinto en la cama); su clamor para que los productores trajeran al país a su joven y bonito “chongo”, el ítalo-americano Tony Santoro, que le calmaba los ardores directamente en la roulotte de la que disponía dentro de los estudios San Miguel, y en ocasiones entre toma y toma; y también el desconcierto de los actores, que no tenían idea de lo que estaban filmando. Ese contador de anécdotas se llamaba Manuel Puig y aún no había escrito La traición de Rita Hayworth. Van Doren volvería a la Argentina en enero 1965 y en mayo 1969, en ambas ocasiones para presentarse por el Canal 13 de TV.

William Van Den Broeck

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