BIOGRAFOS
Historia de una
manzanita
Desde hace muchísimos años, el barrio de Constitución y, en particular,
los alrededores de su plaza y de la estación central del ferrocarril General
Roca, evidencia una desagradable mezcla de abigarramiento, mugre, abandono,
marginalidad, delincuencia, prostitución y todo otro tipo de lacra imaginable.
Sin embargo, sus calles, avenidas y plazas conocieron tiempos mejores, con un
hotel de gran categoría (el Constitución Palace, inmortalizado en El noveno
mandamiento) y un teatro de larga tradición, el Variedades, cuyas tres
plantas ocupaban la pequeña manzana delimitada por la avenida Juan de Garay y
las calles Salta, Ciudadela y Lima y tenía su domicilio oficial sobre esta
última calle, en el número 1615.
“Se sabe que el Variedades es un lindo y moderno teatrito de la plaza Constitución. La acera en que está su entrada hállase bordeada de cafés, bars [sic] hipotéticamente suizo-alemanes, y despachos de bebidas. En época de estío, la gente refresca ante mesillas colocadas en la acera, mientras por la calzada desfilan ruidosas y fantasmagóricas motocicletas que van en busca del camino a La Plata, tranvías cargados de racimos humanos, autos, coches, carros de tardo andar con sus «cadeneros» grandotes, rítmicos y meditativos”, glosaba un artículo en La Razón (18.7.1919) titulado “Teatros de barrio – Peculiaridades y cosas raras”, que también definía los teatros Marconi (en Rivadavia 2330, Balvanera), Excelsior (en Corrientes 3234, Balvanera), Boedo (en el 949 de la calle homónima de ese barrio) y el Teatro de Verano (Pasco 1255, en San Cristóbal).
Su dueño, el hombre que lo mandó
construir, fue un popular y prestigioso empresario llamado Faustino Da Rosa,
portugués, que también lo era de un teatro ubicado en la esquina de Corrientes
y Esmeralda que se denominaba Variedades: cuando inauguró la sala de
Constitución, el 11.5.1909, trasladó el nombre Variedades a su nuevo juguete,
acaso consciente del destino que los años venideros otorgarían a la sala, en
tanto la del centro porteño fue rebautizada Odeón, nombre afrancesado más
acorde al tono de qualité que imprimiría desde entonces a su
programación. Da Rosa fue también quien hizo construir el tradicional Avenida,
en la Avenida de Mayo 1222, inaugurado el 3.10.1908, así como empresario de
varias otras salas porteñas y marplatenses, que viajaba una vez al año a Europa
para contratar a los más destacados artistas.
Así, el Variedades fue, quizás, el primer teatro barrial de Buenos Aires, al que pronto seguiría en 1910 el Pabellón Fontanella de Floresta –luego Coliseo Floresta, Coliseo Rivadavia y desde mayo 1927 mejor conocido como Fénix. Su inauguración estuvo a cargo de una compañía italiana a cuyo frente se encontraba Emma Gramatica, que debutó con una producción del vodevil francés Divorçons!, de Sardou. Poco a poco, el Variedades (que un anuario de 1944 registra con 688 butacas repartidas entre platea, pullman y palcos) fue tomando un cariz decididamente popular, alternando comedias menores con espectáculos revisteriles serie B (las de serie A eran las del centro), dualidad que se mantendrá hasta sus últimos días. Sólo durante julio 1910 supo además ofrecer cine: la cartelera de los diarios anunciaba el lunes 4.7 la “inauguración del gran cinematógrafo Pathé Frères. Función todas las noches. Espectáculos para familias. Gran colección de nuevas vistas en colores y muchas otras novedades. Platea con entrada, 0.50 $”, texto al que un par de días más tarde se sumaba este otro: “Los domingos y días feriados grandes matinés con regalos de juguetes y sorpresas para los niños”.
Un listado exhaustivo de todos
los espectáculos montados en el Variedades es tarea imposible, pues no hay
registros sostenidos sino ocasionales: la colección de programas de la
Biblioteca de Argentores es sin dudas el más rico, pero contiene sólo los
estrenos, no las reposiciones, en tanto las carteleras de los diarios solían
ser muy parcas. Con todo, es posible rescatar el paso por su escenario de
populares actores, vedettes, cantantes, directores y orquestas
argentinos y extranjeros, como el matrimonio Héctor Quiroga-Camila Quiroga, el
español Joaquín Domenech (cuya compañía acaparó su escenario entre 1910 y
1913), la actriz holandesa Abida Roelojsen “trabajando por primera vez en
castellano”, Guillermo Battaglia tío, María Gámez, José Brieva, Enrique de
Rosas & Luis Arata, Aurelia Ferrer, Felisa Mary, Felipe Panigazzi (quien
actuó allí durante la casi entera década de los 20), Joaquín Pibernat &
Manuel Alcón, Gregorio Cicarelli, Antonio Daglio & Pepito Petray, José
Ramírez, Alberto Vacarezza, Lola Prado (luego Blanca del Prado), el celebrado
coreógrafo y bailarín Nicolás Mizin, Domingo Froio, Carlos Romeu, Alicia
Vignoli (en sus inicios como vedette, hacia 1926), el chansonnier
C. A. Vivant (con posterioridad Carlos Viván), Rosario Granados, Carlos
Spaventa, Adolfo Pissano –que no debe ser confundido con su colega Alfonso
Pisano–, Laura Hernández –vedette
habitual del Variedades: en octubre 1931 encabezó una compañía de revistas en
la que era secundada, entre otros, por Tita Merello–, María Esther Gamas,
Eduardo De Labar, el Chato García (Roberto García Ramos, quien devendrá un as
revisteril), “la primera actriz de carácter” Emilia Saleny (mejor conocida por
haber sido la primera mujer en dirigir un film argentino), Morena Chiolo,
Héctor Bonatti, Concha Sánchez, José Cicarelli, la pareja de baile Las
Americanitas (que aparecerán en los films La
vuelta al nido y Adiós
Buenos Aires), Alice Barrié (luego Alicia Barrié), Alberto Anchart, Arturo
Bamio, Cayetano Biondo, Mario Fortuna, Raimundo Pastore, las hermanas Indiana y
Violeta Desmond, la cancionista Lydia Desmond, el chansonnier Carlos
Marambio Catán (célebre letrista de El choclo, en realidad llamado Juan
Carlos), el bailarín internacional Julien de Meriche, José de Angelis, Alma
Bambú (estrella del cine mudo con el nombre Amelia Mirel), Tania “La Actriz del
Tango”, Margarita Padín, Ramón Garay, la orquesta Típica de Roberto Zerrillo
(“compuesta por 12 profesores y su chansonnier Fiorentino”), Enrique
Villegas, Amalia Bernabé, Tino Tori, Severo Fernández, Héctor Quintanilla, Susy
del Carril, un joven actor llamado Carmelo Santiago (futuro marido de Niní
Marshall), Lea Conti, María Férez, Antonia Volpe, Vicente Rubino, Juan Bono,
Iris Martorelli, Claudia Lapacó y hasta animales, como el perro Thim en el
“espectáculo para familias ¡Cositas del querer! (marzo 1915) y “el
famoso burrito Garufa en un zapateo americano”. Aunque el nombre emblemático
del Variedades fue, sin duda alguna, Francisco Charmiello, que había nacido
poco antes, en 1901, y murió al mismo tiempo que el teatro, en 1958.
Algunos hitos fueron la compra de la sala en agosto 1922 por los hermanos Félix, José y Bernardino Gerino, también empresarios del Liceo y el San Martín; el pase de la programación a los empresarios de sala Manuel del Alcázar (1926), José Sozzi (1927) y Felipe Panigazzi (1928), éste ofreciendo a la Compañía Argentina de Revistas sin su presencia en escena pero encabezada por nadie menos que Carlos Enriquez, notable actor de comedia que en los 40 y los 50 será el mayordomo por excelencia del cine argentino; la toma del poder escénico por el dúo Pugliese-Pissano ofreciendo “espectáculos altamente morales para Familias” (1928); otros cambios de manos, a las del dúo Biancamano-Lyon (1929) y a las de la firma Otegui y Cía. (1930), estos últimos ofreciendo el 31.10 la revista ¡Yira... yira!, que apropiaba con descaro el título del tango que Enrique Santos Discépolo había estrenado muy poco antes en el Sarmiento cantado por Sofía Bozán en la revista de Manuel Romero y Bayón Herrera ¿Qué hacemos con el Stadium?: en aquellos tiempos el asunto del copyright todavía no regía, al menos en la Argentina...
El 29.3.1933 se registra el
debut en el Variedades de la Compañía Nacional de Comedias, Sainetes y Pochades
encabezada por Tomás Simari, quien interpretó a su popularísimo personaje radiofónico
en la comedia Vermicelli en el crimen del millonario: Simari permanecerá
durante largas temporadas en esa sala, en solitario o encabezando con su
hermano Leopoldo grandes éxitos populares. Hacia septiembre 1935 el viejo
escenario conoce algo un tanto más elevado, cuando se presenta la compañía
encabezada por el matrimonio María Esther Podestá-Segundo Pomar, quienes
ofrecieron piezas de repertorio como La gringa Federika de José Antonio
Saldías, De mí no se ríe nadie de Alberto Novión y Papi de mi corazón
de Goicoechea y Cordone, entre otras. Fue precisamente en 1935 cuando el
Variedades fue dejando atrás los espectáculos revisteriles para dar prioridad a
las comedias, dramas y sainetes. Así, en noviembre se presentó la compañía de
Gregorio Cicarelli, Charmiello y Juan Dardés con Elsa O’Connor, Leonor Rinaldi,
Pedro Tocci y otros ofreciendo piezas de Vacarezza, Insausti & Ziclis,
Pappo, Chiarello, Escobar y Pondal Ríos & Olivari.
Rinaldi y Charmiello se desprendieron de los demás y de inmediato formaron compañía propia con piezas ligeras entre las que la excepción fue el dramón en verso de Belisario Roldán El rosal de las ruinas. Culminando 1935 se presenta una compañía orientada por Ivo Pelay, que ofrece con José Ramírez tres obras suyas ya estrenadas, entre ellas una titulada La revista de 2 centavos, obvia réplica al clásico de Brecht y Weill de 1928. Y el año concluye con Marcelo Ruggero, quien venía del Boedo. Los Simari, Ruggero y Charmiello serán los pilares del Variedades hasta su final.
A partir de 1937 comienzan a
presentarse allí y en otras salas de barrio compañías radiofónicas, por lo
general por apenas un día, el de descanso de la compañía titular: Audón López,
Juan Carlos Chiappe, Pancho Staffa, Liberto Pecci “Caticho”, Roberto Valenti,
Héctor Miranda, Héctor Bates, Adalberto Campos (El León de Francia),
Mercedes Carné, Julia Giusti, Omar Alladio (Fachenzo... el maldito),
González Pulido y su conjunto Chispazos de Tradición, Josefina Dessein, Rolando
Cháves (El Morocho del Abasto) y tantísimos otros. Esa costumbre era
practicada también por el teatro El Nacional, los días lunes, pero en este caso
con elencos de mayor jerarquía, como los de Celia Juárez-Eduardo Rudy o
Angélica López Gamio-Luis Pérez Aguirre. Desde 1944 en adelante el Variedades
fue regenteado por Otegui y Compañía.
El 1.1.1950 fue estrenado el
mayor éxito de permanencia en toda la historia de la sala y uno de los más
grandes éxitos populares de la historia del teatro argentino. Su título era Que
noche de casamiento y su protagonista, director y empresario de compañía
Francisco Charmiello: se mantuvo en escena durante tres temporadas
consecutivas, fue asimismo representado por otras compañías, tuvo dos versiones
cinematográficas y varias televisivas. Jesús Gómez con El casamiento de
Chichilo de Mario Folco (1954), con El conventillo de la Paloma de
Vacarezza (1955 y 1957) y con El novio llega a las 19 en punto
(septiembre 1958); Juan Carlos Mareco “Pinocho” con Pistolero de Ziclis
(octubre 1958) y Tincho Zabala y Marianito Bauzá con Somos nietos de una
abuela de Abel Santa Cruz (noviembre y diciembre 1958) fueron los últimos
capocómicos que pisaron el escenario del Variedades, que cerró sus puertas tras
las representaciones del domingo 14.12.1958 en virtud de que iba a ser
“demolido para construir en su lugar un gran edificio de departamentos”, según
adelantó el Heraldo del Cinematografista.
Una nostálgica nota firmada
por Skylos (Raúl Pascuzzi) y publicada por Clarín el 17.6.1965 con el
título “Una larga condena” culminaba con este párrafo: “Pequeña y grande
historia de un teatro que fue y ya no lo es más, por imperio de una larga
condena impuesta a su actividad. Un día, alguien resolvió «reformar» el
Variedades. Tal vez por aquello de que las reformas implican casi siempre lo
permanente, la piqueta que abatió paredes, hizo desaparecer ventanas, convirtió
las puertas en huecos e hizo desaparecer pisos, no ha cumplido su misión
reversible de creadora de nuevas posibilidades. El Variedades permanece desde
hace luengos años en estado de obra y, según van las cosas, corre peligro de
convertirse en otra «facultad de derecho», inconcluso e inútil. Una sala que se
está perdiendo lastimosamente por una lentísima gestión que puede asimilarse a
condena de cerrojazo. Pese a que desde la Grammatica hasta los saineteros
pusieron en él ese soplo vital, y que se quiere eterno, llamado teatro...”.
Se ignora cuándo fue inaugurado el monumental edificio de diez pisos, con departamentos en los nueve superiores y comercios en la planta baja alrededor de la “manzanita”. Sobre la calle Salta, en el 1620 se abría una puerta al hall y la boletería del “nuevo” Variedades, que de ser un edificio independiente de tres pisos se resignó a ocupar apenas el subsuelo. Tan sólo en 1984 la sala fue reabierta, adquirida por Antonio Pablo Pereyra y Rosario Blanco en sociedad con el veterano Carlos A. Petit como empresario de compañía: el miércoles 15.8 estrenaron, con dirección de Edgardo Borda, la comedia brasileña Baixa sociedade, de Juca de Oliveira, rebautizada Apenas 43 mil millones de dólares, por una compañía encabezada por Darío Vittori, directo heredero de aquellos Charmiello y Ruggero. Sin embargo, el éxito no lo acompañó y tras poco más de un mes abandonó ese escenario.
Mientras tanto, el Variedades
estrenó el 27.9 otro espectáculo, Si esto no es revista, la revista dónde
está, de Petit, con un elenco que incluía a Alfredo Barbieri, Don Pelele,
Lía Crucet (con sus tetas originales), Orlando Marconi, Vicente Rubino y Gogó
Andreu. El 4.1.1985 debutó otra compañía, encabezada por Ruth Durante, Romualdo
Quiroga, Crucet, Délfor Medina y Agó Franzetti, con una revista escrita y
dirigida por Angel Cortese, A ver... a ver... cómo mueven las lolitas.
La misma compañía, apenas modificada, ofreció desde el 20.2 Variadísima,
sin Durante ni Crucet pero incorporando a Sandra Monte, Los Antillanos y...
Bananita, espectáculo que bajó de cartel tras las funciones del domingo 21.4.
El 19.7 fue estrenada una producción del clásico de Vacarezza Tu cuna fue un
conventillo con puesta en escena de Enrique Fava y actuación de Fava,
Ignacio Quirós (más adelante reemplazado por Tino Pascali), Rolando Cháves,
María Rosa Fugazot, Juan Carlos Palma, Amparito Castro, Gloria Montes, Héctor
Fuentes, Juan Carlos De Seta y otros, quienes cerraron la breve temporada tras
las funciones del domingo 27.10.1985.
Vale la pena transcribir la
introducción al comentario crítico de Tu cuna fue un conventillo,
firmada por Jaime Potenze y publicada en La Nación (22.8.1985): “El
cronista tuvo que buscar la entrada del teatro Variedades, ya que fiel a su
tozudo tradicionalismo intentó encontrarla en la calle Lima frente a la Plaza
Constitución, donde en el viejo edificio de antaño se anunciaba a Tincho Zabala
y Marianito Bauzá, o a Marcos Zúcker, o la reposición de En un burro tres
baturros, de Alberto Novión. Antes de que su pesquisa lo llevara finalmente
a la calle Salta, recordó a Dorita Lloret, pizpireta y bonita vedette de
revistas sin groserías, y el enorme telón repleto de publicidad de los
comercios de la zona. Pero –¡ay!– en vez del destartalado y estimulante
coliseo, encontró una sala elegante, prolija, con bellas acomodadoras
uniformadas, y para estar a tono con la época, sumergida en un sótano, aunque
no muy profundo. «Todo tiempo pasado fue mejor», pensó el cronista, a quien le
encanta ser original”.
Pero fue a otra compañía, de
apenas dos actores (Leonor Manso y Carlos Carella dirigidos por Héctor Tealdi)
a la que le cupo el dudoso honor de ponerle punto final al Variedades: el
16.11.1985 estrenaron allí una nueva producción de la pieza de Julio Mauricio El
enganche. Desde poco después, la sala permaneció cerrada hasta que el
31.1.1989 fue reabierta por el empresario Jaime Schvarzman Rotbart pero como
cine “de exhibición condicionada”, esto es, para films porno, con una
concurrencia integrada en gran parte por travestis en busca de clientes. Eran
otros tiempos.
Nadie hubiera
pensado que “variedades” y “arte” alguna vez coincidirían en la manzanita del
barrio de Constitución. El 9.4.2009 fue inaugurado el denominado Arte Cinema,
un complejo con tres pequeñas salas (150, 70 y 60 localidades) del que eran
dueños los cineastas Daniel Burman y Diego Dubcovsky (socios en BD Cine SRL),
Fernando Sokolowicz (Aleph Media SA) y Pablo Rovito (Maíz Producciones SA) y
los españoles José María Morales y Miguel Morales (Wanda Visión SA), todos
ellos de fluidas relaciones comerciales con las autoridades del Instituto
Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA). Tanto que, apenas dos años más
tarde, alquilaron el complejo al ente estatal, que lo convirtió en uno de sus
denominados Espacios INCAA: así, las seguras pérdidas pasaron a ser costeadas
por los espectadores de todos los cines argentinos. En rigor, la apuesta de
aquellos seis socios a sostener un cine de arte en un barrio marginal fue en
verdad arriesgada: de hecho, en esa misma esquina y en las de enfrente merodean
prostitutas y travestis. Con un público menguante apenas sostenido por la
generosidad del Estado, el Arte Cinema cerró sus puertas el 31.7.2017. [Una no
por breve menos sentida mirada sobre el Variedades fue escrita por Alberto
Tabbia y tras su fallecimiento incluida en las páginas 130-133 del libro Palacio de olvido].
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