CHUCHERIAS
Yo
sé que ahora vendrán caras extrañas
Harry Mimmo
Un film tan horrendo cuan
inservible titulado El muerto es un vivo,
escrito por nadie menos que César Tiempo, Abel Santa
Cruz y Julio Porter a partir de un apólogo de Tirso de Molina (Fray Gabriel
Tellez), producido en 1951 por Ignacio Tankel, dirigido por Yago Blass y
merecidamente olvidado desde el
día siguiente al de su estreno (6.2.1953, cine Suipacha, seis días en cartel),
resultó el único argentino interpretado
por el actor, cantante e imitador italiano Harry Mimmo, quien al llegar al país
animaba locales nocturnos (Embassy, julio 1950) y después protagonizó dos
cortometrajes, el mexicano La única (Ramón Peón, 1952) y el
estadounidense en 3-D Down the hatch (Jules White, 1953), este último
estrenado en Buenos Aires el 12.5.1960 en el cine Metropol con el título Por
el garguero. Antes del estreno, y confiando en que El muerto es un vivo
podía tener éxito de público, se anunció un segundo título por él animado,
“Cristóbal Colón en la Facultad de Medicina”, que jamás vio la luz. Mimmo,
que se llamaba Erminio Pelloni y había nacido en Bolonia era sin embargo un
buen imitador, y lo demuestra en su número musical, con tap incluido, en
el que imita a Fred Astaire.
Kid Gavilán
Entre septiembre y noviembre 1955
fue producida en Buenos Aires la comedia deportiva El campeón soy yo, dirigida por Virgilio Muguerza y protagonizada
por Pablo Palitos. En el segundo puesto en los créditos figura Kid Gavilán (Gerardo Mauras, luego Gerardo González; Camagüey,
provincia de Camagüey, Cuba, 6.1.1926 / Miami, Florida, EEUU, 13.2.2003),
boxeador profesional retirado en 1958 tras quince años de carrera que incluyen
107 victorias con 28 nocáuts, 30 derrotas y 6 empates. Favorito del Luna Park
porteño en épocas del segundo gobierno de Juan Perón, tras su retiro cayó en
una oprobiosa decadencia que incluyó encarcelamientos varios impuestos por el
dictador Fidel Castro. Cierto día, harto de todo, radicó en Miami, donde murió
pobre y olvidado. Este film argentino, sin proponérselo, contribuyó sin duda al
inicio de esa decadencia: era una comedia
serie B pensada para aprovechar la popularidad que restaba del boxeador, pero ningún distribuidor se le animó y sólo pudo
llegar a los cines el 18.2.1960 en el Ambassador.
Jacob Ben-Ami
“La presencia de un actor excepcional como Jacob
Ben-Ami nos obliga a señalar públicamente nuestro reconocimiento ante la
actitud del artista que, sacrificando tiempo, dedicó largos meses al
aprendizaje del idioma español para dispensarnos el honor y la responsabilidad
de confiar su prestigio internacional a nuestro cine en esta dramatización de
un tema de raíces sustancialmente continentales”, agradece un texto al inicio
de Esperanza (1948-1949),
coproducción argentino-chilena que comenzó a dirigir Francisco Mugica hasta que
“problemas de producción” lograron que lo abandonara junto con algunos de sus
colaboradores (su asistente Fernando Ayala, el director de fotografía Edgar
Eichhorn): el rodaje fue terminado por Eduardo Boneo. El célebre actor teatral israelí, nacido en
Bielorrusia (1890) y muerto en Nueva York (1977), había sido contratado por la
productora Sur para que interpretara a Ludwig Van Beethoven, proyecto
descartado en abril 1947 y reemplazado por otro, “Concierto para mano
izquierda”, escrito por Tulio Demicheli sobre aspectos de la vida de Maurice
Ravel y convertido en guión por Carlos Alberto Orlando y Mariano Perla, aunque
Ben-Ami no interpretaría al compositor francés sino otro personaje. Esperanza
terminó siendo el tercer largometraje suyo luego del británico The wandering
jew (El judío errante, Maurice
Elvey, 1933) y del estadounidense Green fields (Campos de esperanza,
1937, dialogado en iddish), que él
mismo dirigió con Edgar G. Ulmer. Ben-Ami había actuado por primera vez en la
Argentina en 1931: llegó el 3.6 y dos días más tarde debutó en el teatro Nuevo
en una producción de Samson og Dalila
del sueco Sven Lange, sumándose a la compañía israelí del matrimonio Stramer
(Salomón y Clara) que actuaba allí desde unos meses antes. Para su debut en el
cine local se preparó mediante un retiro de cinco meses en La Plata
familiarizándose con el idioma castellano.
Faith Domergue
Apenas un
delincuente (1948) resultó el único título argentino en la carrera internacional de la
estadounidense Faith Domergue (Nueva Orleáns, 16.6.1925 / Santa Bárbara,
4.4.1999): lo curioso es que no actúa en él, los créditos no registran su
nombre y, en rigor de verdad, quien aparece no es ni siquiera la actriz, sino
la esposa de Hugo Fregonese, argumentista, productor y director del film. Se
rodaba la secuencia del casino, en Mar del Plata, y ella simplemente está allí,
detrás de Jorge Salcedo, hermosa y elegante, como una apostadora más. La mujer
a la que Ephraim Katz definió como una “lustry brunette” ostenta una
carrera curiosísima. Su primera aparición la hizo como extra en Blues in the
night (El canto de la vida, Anatole Litvak, 1941), y es probable que
haya otros títulos en esa oscura condición. Más adelante fue descubierta por
Howard Hughes, de quien fue su amante y sobre quien escribió el libro de
memorias My life with Howard Hughes (1972): el poderoso productor era
por entonces dueño de la RKO y la contrató en exclusividad haciéndola debutar
en Vendetta (idem, 1946), de larga y conflictiva producción en la que el
sillón del director fue sucesivamente ocupado por Hughes, Preston Sturges,
Stuart Heisler, Max Ophüls y Mel Ferrer, siendo éste el único acreditado. Ese
mismo año intervino en The young widow (Esclava de un recuerdo,
Edwin L. Marin). Luego rompió con Hughes, casó con Fregonese durante el primer
viaje del argentino a Hollywood (1947), tuvo con él dos hijos, la argentina
Diana María y el estadounidense John Anthony, y cuando Fregonese volvió a la
Argentina para hacer Apenas un delincuente deslumbró a sus amigos porteños
presentándoles a su despampanante mujer. Tras esa fugaz incursión en el cine
vernáculo, Domergue inició la segunda parte de su carrera, que la sumerge sin
remedio en una extensa nómina de producciones estadounidenses menores, serie B
sin discusión, en los que solía ocupar el segundo o tercer puesto del reparto y
en ninguno de los cuales la dirigió su esposo.
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