TEMAS
Maricones & tortilleras (V)
En
la entera década de los 70 y más allá persisten las bromas homofóbicas, a las
que la serie de films con Alberto Olmedo y Jorge Porcel mucho contribuyeron: no
obstante, comienza a advertirse un tratamiento más adulto del tema, evidente en
títulos de Mario David, de Oscar Barney Finn, de Renán, de Torre Nilsson y de
Kohon. Sin embargo, antes de entrar en el tema específico y continuando con el
tono chacotero de esta sección, aquí van algunas amenityes:
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Se lo contó uno de sus amigos gay y
ella no pudo resistirse: ese popular futbolista, aparte haber sido el primero
en atreverse a teñir su pelo de rubio, detentaba un miembro enorme. Famosa
menos por sus films berretas que por su voraz apetito sexual, Libertina
Licenciosa arregló un encuentro con el Nene: ella sabía que él también
se encamaba con hombres –y no únicamente adolescentes lánguidos–, pero el
detalle no sólo no le importaba sino que, acaso, la calentaba aún más. El
encuentro se produjo, seguramente fue apoteósico considerando la belleza de
ambos allá en los 70, pero la magna ocasión dejó como saldo un accidente, si se
quiere minúsculo: LL perdió una de sus uñas postizas en el culo del varonil
deportista.
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Un actor argentino nacido en el Uruguay alcanzó fama y fortuna en Italia protagonizando
decenas de films de aventuras en los que lucía apuesto y varonil. Había llegado
a la Argentina calurosamente recomendado por un veterano sugar daddy a
su amigo porteño, un escenógrafo, quien a su vez lo presentó a un amigo suyo,
director de cine, quien poco después lo ubicó en dos de sus films, que a su vez
le posibilitaron ingresar a la TV de la mano de un veterano, plañidero actor
navideño. En crudas palabras del director de cine, en aquella época y a sus 21
el mozalbete era “un portento en la cama”.
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Otro actor argentino, devenido director, también llegó a Buenos Aires a sus 20,
no del Uruguay sino del interior: al comienzo subsistió alquilando su cuerpo a
señores a los que levantaba en los baños de la estación Retiro, pero pronto fue
introducido en el medio por exactamente los mismos cineastas maduros que
introdujeron al oriental.
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“–En Mendoza, frente a la plaza San Martín, cuando yo era pibe, había un cine
que se llamaba Cine-bar La Bolsa. [...] Ese cine solía llenarse de mariquitas
en busca de clientes. Cuando te sentabas, el putito te empezaba a tocar la
pierna con la punta del dedo meñique y acercaba la rodilla lentamente hasta
tocar la tuya. Si reaccionabas, la cortaba ahí. Pero si uno se quedaba
quietito, seguía para adelante y te ganabas unos pesitos para comprar
cigarrillos”. –¿Y vos eras de los que se quedaban quietitos? “–Y..., Adrianita, yo siempre fui muy
fumador”. [Respuestas de Leonardo Favio a Adriana Schettini en Pasen y vean,
pág. 121].
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El “conde” Francesco De Ecli Negrini, mítico bon viveur que editaba Lyra,
una revista tan lujosa cuan invalorable por la calidad de sus artículos y el
talento de quienes los escribían, se mostraba a finales de los 60 con un chongo
en verdad espectacular, que más adelante devino modelo y actor y al que
presentaba como “mi chauffer”... Otro bon viveur, al que sus
amigos llamaban Manucho, prefería decir “te presento a un joven poeta”.
Y al grano, dijo la laucha.
… [léase “puntos
suspensivos”] (Edgardo Cozarinsky, 1970-1971). El protagonista (Jorge Alvarez)
es homosexual aunque nadie lo explicite, pero hay al menos cuatro secuencias
que lo evidencian: el cruce de miradas que intercambia con un jovencito (Pedro
Pujó) en un subterráneo; la ojeada que dirige a un hombre (Cozarinsky) en un
baño público; cuando acaricia sensualmente un pan tipo flauta; y la escena
final, en la que es sodomizado por un desconocido (Clao Villanueva).
El ayudante (Mario David, 1970). El guión, que adapta el cuento El sordomudo de Bernardo Kordon, sugiere un interés sexual de un vagabundo (José Slavin) por el protagonista adolescente (Carlos Olivieri), a quien finalmente asesina, lo que a su vez provoca al jefe (Pepe Soriano) del muchacho a matar al vagabundo. Además, en la secuencia en el cabaret se incluye el plano de un travesti viejo.
Arriba juventud (Leo
Fleider, 1970). Travestismo:
en sendas escenas Roko y Palolo (eran cantantes: ¿alguien los recuerda?) se
visten con ropa femenina.
Des goûts et de couleurs / El
encanto del amor prohibido (Juan Batlle, F/A, 1971). Incluye
exhibición de lesbianismo, a cargo de extras.
Simplemente una rosa (Emilio
Vieyra, 1971). En una aparición amistosa improvisada, Joe Rígoli –que visitaba
en el set a su esposa Susana Mayo–
interpreta al invitado a una fiesta que convida un cigarrillo al protagonista,
en una actitud al mismo tiempo torpe, afeminada y decididamente ambigua;
Leonardo Favio rechaza el convite con una sonrisa sarcástica, aunque durante
todo el film fuma sin parar.
Juegos de verano (Juan
Antonio Serna, 1971). Susana Maldy interpreta a una lesbiana.
La Gran Ruta (Fernando
Ayala, 1971). Oscar
Martínez es uno de los asaltantes que para ingresar al hotel alojamiento La
Gran Ruta se viste como una chica; primero despierta el deseo y la curiosidad
de su cómplice Cacho Espíndola y luego, obligado por un equívoco, termina
entrando con un gordito (Oscar Viale) que lo levanta en la calle creyéndolo
mujer. Finalmente, Espíndola tiene sexo con Viale, también creyéndolo una mujer
ya que Martínez lo había maniatado a la cama y colocado su peluca.
Disputas en la cama –Los
divorciados–
(David, 1971). Film en episodios en el que los hombres de las escenas de nexo
son homosexuales maduros levemente afeminados: cuatro de ellos integran una
Liga de Ayuda al Divorciado (Osvaldo Codesido, Salo Vasocchi, Amadeo Sáenz
Valiente y Félix Barreto) y otros dos andan por allí (Néstor Francisco y
Ricardo Marín).
Intimidades de una cualquiera (Armando
Bo, 1971-1972). Ana Grau
como una presidiaria lesbiana y Ricardo Jordán como un detenido muy afeminado
que se hace llamar “Mirella”, pronunciándolo tal cual.
Estoy hecho un Demonio (Hugo
Moser, 1971-1972). Mauricio Morris es un vendedor afeminado.
Las píldoras (Enrique
Cahen Salaberry, 1972). Santiago Bal exagera tanto a la “loca” que le tocó en
suerte que, por comparación, el Michel Serrault de La Cage aux Folles
resulta un súper macho, sin olvidar que alguien le indicó que, además, tenía que comer una banana. Por otra
parte, aparece un travesti, interpretado por uno auténtico, Vanessa Show
(¡¡!!), cuyo verdadero nombre era José Mussi.
El sitio (Grupo Sicología y Cine, 1972). Drama “testimonial” producido en 16mm en la provincia de Córdoba por alumnos de una escuela de cine, a manera de trabajo práctico sobre un caso clínico: el personaje protagónico tiene problemas de identidad, entre ellos la sexual, y fue interpretado por Ernesto Ascheri de adulto y por Daniel García de niño.
La casa del amor (Aldo
Brunelli Ventura, 1972). En el prostíbulo en el que transcurre la mayor parte de
la acción hay dos empleados afeminados, Denis Lionel Segall (“Poroto”) y Adelco
Lanza (“Coco”), y también dos lesbianas, Socorro González Guerrico (“Julio”) e
Hilda Videla (“doctora”).
El profesor tirabombas (Ayala,
1972). Homero
Cárpena interpreta un personaje femenino, el de la “vicerrectora Salvatierra,
profesora de Higiene”, hermana del “profesor de Matemáticas «Lavativa»
Salvatierra” de El profesor hippie (1969) y del “vicerrector Onofre
Salvatierra” de El profesor patagónico (1970), todos ellos asimismo
interpretados por Cárpena y dirigidos por Ayala.
Autocine Mon Amour (Fernando Siro, 1972). En el prólogo, Carlos Lima y Juan José Fabio (del equipo técnico del film) aparecen como una pareja homosexual; en el tercer episodio (El festejo), Aída Rubino cuenta que “yo una vez tuve un novio que en vez de acostarse conmigo se acostaba con un tipo que decía que era el primo”.
José María y María José (Rodolfo
Costamagna, 1972). Gay touchs, todos homofóbicos: “–¿Cómo te llamás?”, “–No te lo digo porque tengo
nombre de putito” (José María, claro, a cargo de Luis Brandoni); Claudio
Levrino, disfrazado años 20: “Parezco un putito”; el entrenador de rugby
(Freddy Fidalgo): “Este no es un juego de maricas”.
La piel del amor (David,
1973). “Luis” (Héctor Alterio) utiliza a su amiga joven y hermosa (Susana
Giménez) para que le consiga muchachos, sistema que falla con “Lalo” (Claudio
García Satur). Ocurre que cualquier gay maduro y adinerado (“un
oligarca”, lo define Lalo) no necesita de mujer alguna para conseguir
“chongos”: le bastaría pagarlos, y hasta le saldría más barato. ¿Y que cometa
suicidio porque uno de ellos –aunque fuera el entonces apetecible García Satur–
lo rechace? Vamos... Hubiera sido mucho mejor que los guionistas Isaac
Aisenberg y David profundizaran el tema de la soledad, intrínseco a esos tres
personajes.
La balada del regreso (Oscar Barney Finn, 1973). Interesante menos por su trasfondo histórico real (1862, después de la batalla de Pavón) que por la historia íntima que contiene y que narra el reencuentro de dos amigos: “Desde que te fuiste de aquí es como si hubiera dejado de existir”, le dice Adrián Ghío (que se ha casado con Elsa Daniel) a Hugo Arana, para quien, a pesar de aquel pasado, las puertas de la casona de Ghío siempre estuvieron cerradas. Cuando por fin encuentran un momento y un lugar para estar a solas, intercambian abrazos y caricias. Finn introduce otras viñetas de aliento homosexual, como soldados bañándose desnudos en un río y la sugerente escena en la que el “mayor Ocampo” (Ernesto Bianco) y el “alférez Pardo” (Hugo Martínez) duermen en una misma habitación, semidesnudos.
La balada del regreso: Hugo Arana y Adrián Ghío
La flor de la mafia (Hugo Moser, 1973). Primer film argentino en el que se visualiza un bar “de ambiente”: Rodolfo Ranni va al baño y allí está, en actitud ambigua, un hombre (Jorge Pinasco, el foto-fija del film). Además, los mafiosos revientan a los “hermanos Grassi”, uno de los cuales (Roberto Carnaghi) es muy afeminado y grita para que no le hagan daño a su joven chongo; Zulma Faiad le pregunta sorpresivamente a Ranni si es “marica”: él demora en contestarle “no” y en preguntarle “¿por qué?”, a lo que Faiad responde que le extraña que nunca le haya propuesto acostarse con él, quien la prefiere como amiga.
La tregua (Sergio Renán,
1974). El hijo menor
(Oscar Martínez) del protagonista (Héctor Alterio) es homosexual, aunque un
amigo suyo (Renán) lo califica de “indeciso”: deja la casa paterna para irse a vivir
por su cuenta; otro homosexual evidente es el oficinista Antonio Gasalla, y el
jefe de Prensa del film, “Coco” Acevedo, aparece fugazmente como un amigo
marica de Martínez.
Alicia en el país de las maravillas (Eduardo
Pla, 1974-1975). Aparte el atrevimiento de no acreditar las novelas de Carroll
sobre las que se basa, esta híbrida versión sufre una marcación actoral tocada
del mariconeo intrínseco a los espectáculos teatrales infantiles de aficionados
en fines de semana por la tarde.
El Pibe Cabeza (Leopoldo
Torre Nilsson, 1974). Incluye varios toques gay: en la cárcel de Sierra Chica hay un
recluso homosexual (Manuel Arvallo) que, en el baño, mira sin disimulo el pene
del protagonista (Alfredo Alcón) y luego aparece travestido; más adelante, tres
reclusos travestidos (Gustavo Weiss, Edgardo Nervi, Luis Cordara) improvisan un
show para sus compañeros y sus carceleros.
Las procesadas
(Carreras, 1974). Betiana Blum y Nora
Massi actúan a una reclusa y a una carcelera lesbianas.
Una mujer… (Juan José Stagnaro,
1975). Una secuencia
en la que los empleados, el capataz y los dueños de un taller mecánico festejan
el inminente casamiento de uno de ellos deviene, borrachera mediante, una
parodia de lo homosexual tal y como lo imaginan los heterosexuales: uno se traviste
torpemente de “novia”, otro hace de “novio”, tocadas de culo, manoseos
diversos; aunque por completo ajena a la historia central, la secuencia resulta
muy efectiva en sí misma.
Una mariposa en la noche (Bo, 1975). Adelco Lanza y
Vicente Rubino son sendos maricones, el primero como un mucamo y el segundo
como el esposo de la protagonista (Isabel Sarli) que en una fiesta entre
hombres celebra su “casamiento” con “Porocho” (Charlie Giorno).
Piedra Libre (Torre Nilsson, 1975). El guión de Beatriz Guido, Nilsson y Rodolfo Mórtola sugiere una relación lésbica entre la rica “Amalita” (Luisina Brando) y la criada “Eugenia” (Marilina Ross), en una secuencia en la que ambas toman juntas una ducha. La sugerencia no consta en la novela de Guido, que apenas aporta una definición sobre Eugenia: “Es más macho que un padrillo aburrido. Si no lo es, lo aparenta”.
Furia en la isla (Oscar Cabeillou, 1976). Tras
comprobar que una delincuente lesbiana resultó decapitada, el detective a cargo
escupe la inmortal frase “Todas éstas terminan igual”.
¿Qué es el otoño? (David
José Kohon, 1976). “Rosa” (Flora Steinberg), una amiga del protagonista
(Alfredo Alcón), es lesbiana y está en pareja con “Teresa” (Alicia Zanca),
mucho más joven que ella.
Contragolpe
(Alejandro Doria, 1978). Peripecia gangsteril d’époque en la que “Marcel Buffi, don Bepe” (Raúl Aubel) lleva una doble vida, como
mafioso y como play boy que gusta vivir rodeado de mujeres y hombres
jóvenes: a éstos los denomina “juventud dorada”, lo que refuerza la equivalencia
con la “juventud hitleriana”.
La nona (Héctor Olivera,
1978). El personaje titular es encarnado por un hombre, el actor Pepe Soiano.
Juventud sin barreras (Ricardo
Montes, 1979). Suponiéndola lesbiana, la alumna Marina Magalí incita a su profesora
Elizabeth Killian. Más adelante en el relato, la profesora “simpatiza” con Luis
Dávila, padre viudo de la chica: es entonces cuando ésta le pide perdón y le
pregunta: “¿Puedo llamarla mamá?”.
Así no hay cama que aguante (Hugo
Sofovich, 1979). Tercera versión argentina del clásico Charley’s aunt: en la ocasión, la “tía” es Jorge Porcel. [Continuará]
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