miércoles, 16 de julio de 2025

TEMAS

Maricones & tortilleras (V)

En la entera década de los 70 y más allá persisten las bromas homofóbicas, a las que la serie de films con Alberto Olmedo y Jorge Porcel mucho contribuyeron: no obstante, comienza a advertirse un tratamiento más adulto del tema, evidente en títulos de Mario David, de Oscar Barney Finn, de Renán, de Torre Nilsson y de Kohon. Sin embargo, antes de entrar en el tema específico y continuando con el tono chacotero de esta sección, aquí van algunas amenityes:

> Se lo contó uno de sus amigos gay y ella no pudo resistirse: ese popular futbolista, aparte haber sido el primero en atreverse a teñir su pelo de rubio, detentaba un miembro enorme. Famosa menos por sus films berretas que por su voraz apetito sexual, Libertina Licenciosa arregló un encuentro con el Nene: ella sabía que él también se encamaba con hombres –y no únicamente adolescentes lánguidos–, pero el detalle no sólo no le importaba sino que, acaso, la calentaba aún más. El encuentro se produjo, seguramente fue apoteósico considerando la belleza de ambos allá en los 70, pero la magna ocasión dejó como saldo un accidente, si se quiere minúsculo: LL perdió una de sus uñas postizas en el culo del varonil deportista.

> Un actor argentino nacido en el Uruguay alcanzó fama y fortuna en Italia protagonizando decenas de films de aventuras en los que lucía apuesto y varonil. Había llegado a la Argentina calurosamente recomendado por un veterano sugar daddy a su amigo porteño, un escenógrafo, quien a su vez lo presentó a un amigo suyo, director de cine, quien poco después lo ubicó en dos de sus films, que a su vez le posibilitaron ingresar a la TV de la mano de un veterano, plañidero actor navideño. En crudas palabras del director de cine, en aquella época y a sus 21 el mozalbete era “un portento en la cama”.

> Otro actor argentino, devenido director, también llegó a Buenos Aires a sus 20, no del Uruguay sino del interior: al comienzo subsistió alquilando su cuerpo a señores a los que levantaba en los baños de la estación Retiro, pero pronto fue introducido en el medio por exactamente los mismos cineastas maduros que introdujeron al oriental.

> “–En Mendoza, frente a la plaza San Martín, cuando yo era pibe, había un cine que se llamaba Cine-bar La Bolsa. [...] Ese cine solía llenarse de mariquitas en busca de clientes. Cuando te sentabas, el putito te empezaba a tocar la pierna con la punta del dedo meñique y acercaba la rodilla lentamente hasta tocar la tuya. Si reaccionabas, la cortaba ahí. Pero si uno se quedaba quietito, seguía para adelante y te ganabas unos pesitos para comprar cigarrillos”. –¿Y vos eras de los que se quedaban quietitos? “–Y..., Adrianita, yo siempre fui muy fumador”. [Respuestas de Leonardo Favio a Adriana Schettini en Pasen y vean, pág. 121].

> El “conde” Francesco De Ecli Negrini, mítico bon viveur que editaba Lyra, una revista tan lujosa cuan invalorable por la calidad de sus artículos y el talento de quienes los escribían, se mostraba a finales de los 60 con un chongo en verdad espectacular, que más adelante devino modelo y actor y al que presentaba como “mi chauffer”... Otro bon viveur, al que sus amigos llamaban Manucho, prefería decir “te presento a un joven poeta”.

   Y al grano, dijo la laucha.

[léase “puntos suspensivos”] (Edgardo Cozarinsky, 1970-1971). El protagonista (Jorge Alvarez) es homosexual aunque nadie lo explicite, pero hay al menos cuatro secuencias que lo evidencian: el cruce de miradas que intercambia con un jovencito (Pedro Pujó) en un subterráneo; la ojeada que dirige a un hombre (Cozarinsky) en un baño público; cuando acaricia sensualmente un pan tipo flauta; y la escena final, en la que es sodomizado por un desconocido (Clao Villanueva).

...: Jorge Alvarez

El ayudante (Mario David, 1970). El guión, que adapta el cuento El sordomudo de Bernardo Kordon, sugiere un interés sexual de un vagabundo (José Slavin) por el protagonista adolescente (Carlos Olivieri), a quien finalmente asesina, lo que a su vez provoca al jefe (Pepe Soriano) del muchacho a matar al vagabundo. Además, en la secuencia en el cabaret se incluye el plano de un travesti viejo.

Arriba juventud (Leo Fleider, 1970). Travestismo: en sendas escenas Roko y Palolo (eran cantantes: ¿alguien los recuerda?) se visten con ropa femenina.

Des goûts et de couleurs / El encanto del amor prohibido (Juan Batlle, F/A, 1971). Incluye exhibición de lesbianismo, a cargo de extras.

Simplemente una rosa (Emilio Vieyra, 1971). En una aparición amistosa improvisada, Joe Rígoli –que visitaba en el set a su esposa Susana Mayo– interpreta al invitado a una fiesta que convida un cigarrillo al protagonista, en una actitud al mismo tiempo torpe, afeminada y decididamente ambigua; Leonardo Favio rechaza el convite con una sonrisa sarcástica, aunque durante todo el film fuma sin parar.

Juegos de verano (Juan Antonio Serna, 1971). Susana Maldy interpreta a una lesbiana.

La Gran Ruta (Fernando Ayala, 1971). Oscar Martínez es uno de los asaltantes que para ingresar al hotel alojamiento La Gran Ruta se viste como una chica; primero despierta el deseo y la curiosidad de su cómplice Cacho Espíndola y luego, obligado por un equívoco, termina entrando con un gordito (Oscar Viale) que lo levanta en la calle creyéndolo mujer. Finalmente, Espíndola tiene sexo con Viale, también creyéndolo una mujer ya que Martínez lo había maniatado a la cama y colocado su peluca.

Disputas en la cama –Los divorciados– (David, 1971). Film en episodios en el que los hombres de las escenas de nexo son homosexuales maduros levemente afeminados: cuatro de ellos integran una Liga de Ayuda al Divorciado (Osvaldo Codesido, Salo Vasocchi, Amadeo Sáenz Valiente y Félix Barreto) y otros dos andan por allí (Néstor Francisco y Ricardo Marín).

Intimidades de una cualquiera (Armando Bo, 1971-1972). Ana Grau como una presidiaria lesbiana y Ricardo Jordán como un detenido muy afeminado que se hace llamar “Mirella”, pronunciándolo tal cual.

Estoy hecho un Demonio (Hugo Moser, 1971-1972). Mauricio Morris es un vendedor afeminado.

Las píldoras (Enrique Cahen Salaberry, 1972). Santiago Bal exagera tanto a la “loca” que le tocó en suerte que, por comparación, el Michel Serrault de La Cage aux Folles resulta un súper macho, sin olvidar que alguien le indicó que, además, tenía que comer una banana. Por otra parte, aparece un travesti, interpretado por uno auténtico, Vanessa Show (¡¡!!), cuyo verdadero nombre era José Mussi.

Las píldoras: Elida Marletta y Santiago Bal

El sitio (Grupo Sicología y Cine, 1972). Drama “testimonial” producido en 16mm en la provincia de Córdoba por alumnos de una escuela de cine, a manera de trabajo práctico sobre un caso clínico: el personaje protagónico tiene problemas de identidad, entre ellos la sexual, y fue interpretado por Ernesto Ascheri de adulto y por Daniel García de niño.

La casa del amor (Aldo Brunelli Ventura, 1972). En el prostíbulo en el que transcurre la mayor parte de la acción hay dos empleados afeminados, Denis Lionel Segall (“Poroto”) y Adelco Lanza (“Coco”), y también dos lesbianas, Socorro González Guerrico (“Julio”) e Hilda Videla (“doctora”).

El profesor tirabombas (Ayala, 1972). Homero Cárpena interpreta un personaje femenino, el de la “vicerrectora Salvatierra, profesora de Higiene”, hermana del “profesor de Matemáticas «Lavativa» Salvatierra” de El profesor hippie (1969) y del “vicerrector Onofre Salvatierra” de El profesor patagónico (1970), todos ellos asimismo interpretados por Cárpena y dirigidos por Ayala.

El profesor tirabombas: Homero Cárpena

Autocine Mon Amour (Fernando Siro, 1972). En el prólogo, Carlos Lima y Juan José Fabio (del equipo técnico del film) aparecen como una pareja homosexual; en el tercer episodio (El festejo), Aída Rubino cuenta que “yo una vez tuve un novio que en vez de acostarse conmigo se acostaba con un tipo que decía que era el primo”.

José María y María José (Rodolfo Costamagna, 1972). Gay touchs, todos homofóbicos: “–¿Cómo te llamás?”, “–No te lo digo porque tengo nombre de putito” (José María, claro, a cargo de Luis Brandoni); Claudio Levrino, disfrazado años 20: “Parezco un putito”; el entrenador de rugby (Freddy Fidalgo): “Este no es un juego de maricas”.

La piel del amor (David, 1973). “Luis” (Héctor Alterio) utiliza a su amiga joven y hermosa (Susana Giménez) para que le consiga muchachos, sistema que falla con “Lalo” (Claudio García Satur). Ocurre que cualquier gay maduro y adinerado (“un oligarca”, lo define Lalo) no necesita de mujer alguna para conseguir “chongos”: le bastaría pagarlos, y hasta le saldría más barato. ¿Y que cometa suicidio porque uno de ellos –aunque fuera el entonces apetecible García Satur– lo rechace? Vamos... Hubiera sido mucho mejor que los guionistas Isaac Aisenberg y David profundizaran el tema de la soledad, intrínseco a esos tres personajes.

La piel del amor: Susana Giménez,
Claudio García Satur y, en el retrato, Héctor Alterio

La balada del regreso (Oscar Barney Finn, 1973). Interesante menos por su trasfondo histórico real (1862, después de la batalla de Pavón) que por la historia íntima que contiene y que narra el reencuentro de dos amigos: “Desde que te fuiste de aquí es como si hubiera dejado de existir”, le dice Adrián Ghío (que se ha casado con Elsa Daniel) a Hugo Arana, para quien, a pesar de aquel pasado, las puertas de la casona de Ghío siempre estuvieron cerradas. Cuando por fin encuentran un momento y un lugar para estar a solas, intercambian abrazos y caricias. Finn introduce otras viñetas de aliento homosexual, como soldados bañándose desnudos en un río y la sugerente escena en la que el “mayor Ocampo” (Ernesto Bianco) y el “alférez Pardo” (Hugo Martínez) duermen en una misma habitación, semidesnudos.

La balada del regreso: Hugo Arana y Adrián Ghío


La flor de la mafia (Hugo Moser, 1973). Primer film argentino en el que se visualiza un bar “de ambiente”: Rodolfo Ranni va al baño y allí está, en actitud ambigua, un hombre (Jorge Pinasco, el foto-fija del film). Además, los mafiosos revientan a los “hermanos Grassi”, uno de los cuales (Roberto Carnaghi) es muy afeminado y grita para que no le hagan daño a su joven chongo; Zulma Faiad le pregunta sorpresivamente a Ranni si es “marica”: él demora en contestarle “no” y en preguntarle “¿por qué?”, a lo que Faiad responde que le extraña que nunca le haya propuesto acostarse con él, quien la prefiere como amiga.

La tregua (Sergio Renán, 1974). El hijo menor (Oscar Martínez) del protagonista (Héctor Alterio) es homosexual, aunque un amigo suyo (Renán) lo califica de “indeciso”: deja la casa paterna para irse a vivir por su cuenta; otro homosexual evidente es el oficinista Antonio Gasalla, y el jefe de Prensa del film, “Coco” Acevedo, aparece fugazmente como un amigo marica de Martínez.

Alicia en el país de las maravillas (Eduardo Pla, 1974-1975). Aparte el atrevimiento de no acreditar las novelas de Carroll sobre las que se basa, esta híbrida versión sufre una marcación actoral tocada del mariconeo intrínseco a los espectáculos teatrales infantiles de aficionados en fines de semana por la tarde.

El Pibe Cabeza (Leopoldo Torre Nilsson, 1974). Incluye varios toques gay: en la cárcel de Sierra Chica hay un recluso homosexual (Manuel Arvallo) que, en el baño, mira sin disimulo el pene del protagonista (Alfredo Alcón) y luego aparece travestido; más adelante, tres reclusos travestidos (Gustavo Weiss, Edgardo Nervi, Luis Cordara) improvisan un show para sus compañeros y sus carceleros.

Las procesadas (Carreras, 1974). Betiana Blum y Nora Massi actúan a una reclusa y a una carcelera lesbianas.

Una mujer… (Juan José Stagnaro, 1975). Una secuencia en la que los empleados, el capataz y los dueños de un taller mecánico festejan el inminente casamiento de uno de ellos deviene, borrachera mediante, una parodia de lo homosexual tal y como lo imaginan los heterosexuales: uno se traviste torpemente de “novia”, otro hace de “novio”, tocadas de culo, manoseos diversos; aunque por completo ajena a la historia central, la secuencia resulta muy efectiva en sí misma.

Una mariposa en la noche (Bo, 1975). Adelco Lanza y Vicente Rubino son sendos maricones, el primero como un mucamo y el segundo como el esposo de la protagonista (Isabel Sarli) que en una fiesta entre hombres celebra su “casamiento” con “Porocho” (Charlie Giorno).

Una mariposa en la noche: Isabel Sarli y Adelco Lanza

Piedra Libre (Torre Nilsson, 1975). El guión de Beatriz Guido, Nilsson y Rodolfo Mórtola sugiere una relación lésbica entre la rica “Amalita” (Luisina Brando) y la criada “Eugenia” (Marilina Ross), en una secuencia en la que ambas toman juntas una ducha. La sugerencia no consta en la novela de Guido, que apenas aporta una definición sobre Eugenia: “Es más macho que un padrillo aburrido. Si no lo es, lo aparenta”.

Furia en la isla (Oscar Cabeillou, 1976). Tras comprobar que una delincuente lesbiana resultó decapitada, el detective a cargo escupe la inmortal frase “Todas éstas terminan igual”.

¿Qué es el otoño? (David José Kohon, 1976). “Rosa” (Flora Steinberg), una amiga del protagonista (Alfredo Alcón), es lesbiana y está en pareja con “Teresa” (Alicia Zanca), mucho más joven que ella.

Contragolpe (Alejandro Doria, 1978). Peripecia gangsteril d’époque en la que “Marcel Buffi, don Bepe” (Raúl Aubel) lleva una doble vida, como mafioso y como play boy que gusta vivir rodeado de mujeres y hombres jóvenes: a éstos los denomina “juventud dorada”, lo que refuerza la equivalencia con la “juventud hitleriana”.

La nona (Héctor Olivera, 1978). El personaje titular es encarnado por un hombre, el actor Pepe Soiano.

Juventud sin barreras (Ricardo Montes, 1979). Suponiéndola lesbiana, la alumna Marina Magalí incita a su profesora Elizabeth Killian. Más adelante en el relato, la profesora “simpatiza” con Luis Dávila, padre viudo de la chica: es entonces cuando ésta le pide perdón y le pregunta: “¿Puedo llamarla mamá?”.

Así no hay cama que aguante (Hugo Sofovich, 1979). Tercera versión argentina del clásico Charley’s aunt: en la ocasión, la “tía” es Jorge Porcel. [Continuará]

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