RINCONES
Los Buenos, otoñales Aires de
Torre Nilsson
Algún día deberían juntarse un arquitecto y un urbanista para estudiar
la obra de Leopoldo Torre Nilsson con un ojo puesto en los lugares que elegía
para ambientar la mayor parte de sus films: llegarán quién sabe a qué
conclusiones, pero desde un punto de vista ajeno resalta que prefería aquellos
relacionados con la decadencia, lo crepuscular, los que aún guardaban vestigios
de algún pasado esplendor.
Ya en su primer film, Días de odio (1953), obedeciendo a la índole del personaje muerto, lo hizo visitar en el Cementerio Alemán, pegado al del Oeste, en el barrio de Chacarita. Su corto Los árboles de Buenos Aires (1957), hecho por encargo del Fondo Nacional de las Artes, ofrece una melancólica recorrida por ejemplares añejos. Las casonas, también: en La casa del ángel (1956) la quinta de la familia Delcasse en Belgrano, al 1900 de la calle Cuba, “antiguo y confortable chalet de estructura maciza, abrazado por anchas galerías; la arboleda majestuosa, las vueltas del enorme jardín, donde tantos lances de honor se liquidaron a lo largo de medio siglo; la verja que le da un aire gravemente familiar al frente de la calle Cuba, y el paredón que por Arcos velaba la atrevida desnudez atlética al desazonado vecindario. Ahí está la vieja sala de armas, el puching de plataforma que hizo construir Jorge Newberry [sic], la pérgola vetusta que encuadraba la pista para salto en alto, el patio donde se practicaba tiro y box, el césped que servía de colchón para el judo...”, según rememoró Horacio Estol en la revista ¡Aquí está! (7.11.1946, pág. 10-13). En La maffia (1971) filmó otra quinta, la de la familia Laferrère en González Catán y –su principal localización– una vieja, fastuosa, enorme mansión en Bolívar 1128, entre San Juan y Humberto 1º, en San Telmo, en la cual se decía había nacido el teniente general Alejandro Agustín Lanusse y luego fue sede de la productora MBC en la que Nilsson elaboró y rodó también Piedra Libre (1975), su último film, que incluía escenas en otra mansión, la llamada Petit Trianon de la familia Raggio en Gaspar Campos al 800, Vicente López.
Un guapo del 900 (1960) parece haber sido el primer film en registrar el Tigre Club, y ello con todo el refinamiento estético que Ricardo Younis podía obtener con película en blanco y negro. Un artículo publicado por La Nación el 10.9.1978 ilustra acerca del histórico edificio. Primero recuerda al lector que el Tigre Hotel fue construido entre 1900 y 1902 y demolido treinta años más tarde y luego se mete de lleno en el asunto central: “La magnificencia del Tigre Hotel es emulada por el Tigre Club, que muchos confunden con aquel. Construido por el arquitecto Pablo Pater y hoy convertido en centro cultural de la Comuna, este colosal edificio de estilo renacentista llama la atención por su equilibrio y belleza. Sus escaleras son de mármol de Carrara; los espejos venecianos, auténticos; las pasarelas de bronce, de hierro forjado. Las columnas, con base de bronce y, en su nivel superior, estucadas. Un arco fenomenal, que arranca de la puerta principal, atraviesa toda la calle y remata en una glorieta, a orillas del Luján. En varias salas sobresalen arañas francesas. En el salón principal, colosal, imponente, una araña de tamaño gigante con caireles de cristal de roca y baccarat, bronce pulido de alta escuela. Cielo raso oval revestido de seda y, sobre esta obra de dos artistas galos, escenas bucólicas con ninfas ejecutando música en instrumentos de viento. Pisos de robles de Eslavonia, vitrales importados, una amplísima terraza que da sobre el espejo de agua”, casi todo lo cual es registrado en ese film. Otros largometrajes serán rodados allí: El sueño de los héroes, Naked tango, tal vez algún otro.
El Club del Progreso de la calle Sarmiento 1334 (en Fin de fiesta, 1959); la Avenida de Mayo en varios títulos pero con protagonismo visual en El ojo de la cerradura (1964); la confitería Las Violetas en Rivadavia y Medrano (en La maffia, en Boquitas pintadas, 1974); el pasaje La Piedad (en Un guapo del 900, en Los siete locos, 1973); la cervecería Munich de Palermo con sus boxes de madera noble y su aromático jardín trasero (en El Pibe Cabeza, 1974); el viejo bar El Imperial en Defensa y Humberto 1º (en La guerra del cerdo, 1975); el espléndido hotel Château Frontenac en Mar del Plata (en Piedra Libre), aún no demolido y que se ofrece cual fantasma a la vista del paseante ocasional; el pasaje Seaver, uno de los rincones más bellos de la ciudad de Buenos Aires, en el barrio del Retiro, de apenas una cuadra entre Carlos Pellegrini y Cerrito, que nacía en la calle Posadas y subía hasta la Avenida del Libertador mediante una magnífica escalinata con pasamanos, con un indisimulable aire parisino en su diseño, escalinata que, a su vez, daba a una plazoleta, todo lo cual desapareció tumbado por la prolongación de la avenida 9 de Julio, que comenzó en 1978: Nilsson lo lució en todo su esplendor en Graciela (1955), ubicando allí la casa de la familia de la provinciana Elsa Daniel.
Y Adrogué, por supuesto. “Adrogué, al que no hay manera de hacer llamar General Brown, está este año favorecidísimo por el público. En las quintas se encuentran ya las familias Pellegrini, Aceval, Arana, Dr. Argerich, Herrera, Barrow, Gould, Lowly, Ochoa, Huergo, Dr. Meléndez, Adrogué, Belgrano, y muchas otras. El hotel de la Delicia está también muy concurrido, habiéndose alojado en él las familias del Dr. A. Casares Lawson, Chevallier-Bouteill, Haesloop, Dr. Lobos, García Porou, Basavilbaso, Videla, Giménez, Harteneck, Hoeffner, Nathan, etc. Los dueños del hotel, de cuya iniciativa depende en gran parte la animación de la localidad, han hecho este año plausibles esfuerzos para atraer al público. Un arreglo verificado con el ferrocarril les permite dar billetes de ida y vuelta con opción a la comida –vin compris– por el módico precio de 4 $, lo que traducido á oro sería un precio fantásticamente barato en cualquier parte del mundo. Además, tres veces por semana, habrá conciertos dados por la orquesta del profesor Donndorff”, según La Nación del 6.12.1894.
El hotel La Delicia era, sin
duda, la atracción principal de esa ciudad del Sur bonaerense, refugio
veraniego para la clase “alta”. Pero no menos atractivo que la ciudad en sí
misma, con sus calles adoquinadas, sus varias plazoletas disparando calles en
diagonal, su profusa arboleda, su persistente aroma a flores y frutos, su
encanto otoñal y su aire de distinción que el paso de los años amenguó
convirtiéndola en una ciudad sureña más. Allí nacieron al menos dos cineastas,
el productor y distribuidor Raúl Carlos Landini y el jefe de producción Luis
Palomares. Y allí fueron rodadas secuencias de varios films, desde La novia de primavera hasta De eso no se habla pasando, entre otros,
por Ritmo nuevo y vieja ola (el
episodio con Lolita Torres y Jorge Salcedo), Intriga y sexo (cuyo director vivía allí y allí lo estrenó), El hombre del año con Alberto Olmedo y El hombre del subsuelo.
Pero quien demostró mayor enamoramiento por el esplendor decadente de Adrogué fue, sin duda, Torre Nilsson, que ubicó allí secuencias de La casa del ángel, Boquitas pintadas, El Pibe Cabeza y, fundamentalmente, La mano en la trampa (1960-1961), cuya acción transcurre en esa ciudad aunque no todas sus escenas se filmaran in situ. Nilsson mostró como nadie antes y después cuán bella era y cuan magnificente era su hotel, predilección si no transmitida al menos compartida por su mujer, Beatriz Guido, cuyo ficticio Pablo Alcobendas de su novela El incendio y las vísperas (“El está allí, tirado bajo un techo de una casa de Adrogué, extramuros del llamado Gran Buenos Aires”, introduce en la página 42) vive con su madre y su tía en una de las viejas casonas tan típicas de la ciudad. Y sobre su hotel, amplía (pág. 110): “Mañana habrá reunión en Las Delicias. A ese hotel lo tienen fichado. ¿A quién se le va a ocurrir fichar un hotel de viudas y de parejas de fin de semana?”. Por cierto, La Delicia en particular –y no Las Delicias, como confunden Beatriz y algunos otros– ya había sido aludido (pero reconstruido mediante decorados) en Allá en el setenta y tantos..., con un maître personificado por el actor Henry Doyen.
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