PERFILES
Pascual
Tras la pantalla es lo que restó de un antiguo
proyecto autobiográfico que atravesó varios años con títulos diversos y
posibles actores, técnicos y productores pero siempre con el mismo
protagonista, el distribuidor y productor Pascual Condito. Por razones tan
válidas como las de cualquier otro ser humano, el “inefable” Condito (así
solían mencionarlo en el Heraldo del Cinematografista en sus inicios en
el gremio, aunque siempre escribían “Conditto”) se creía merecedor de un film
que perpetuara sus logros en el terreno del cine. Lo consiguió a medias, en un
largometraje grabado, terminado y estrenado en formato video, publicitado como
“un documental sobre Pascual Condito” –que no es lo mismo que “un documental
sobre Pablo Picasso”, por dar un ejemplo– y lanzado oscuramente en tres salas
porteñas y una suburbana en el mismo día jueves en el que también fueron
estrenados otros ocho largometrajes nacionales, marcando un récord histórico de
confluencia de producciones locales en un mismo día con el resultado de que se
pulverizaron las unas a las otras. Parece muy poco para lo que alguna vez quiso
ser una coproducción multinacional de ficción tachonada de estrellas.
Como sea, y puesto que ese video –como la mayor parte de los 179 estrenados durante 2015– ya era parte del pasado una semana después, parece pertinente recordar algunos aspectos de la vida y la obra de Pasquale Condito, un calabrés de la provincia de Catanzaro nacido el 18.8.1947 y radicado desde sus cinco años en la Argentina, donde fue peón en la fábrica automotriz FATE mientras en sus horas libres juntaba fotos de films, hobby que lo tornó una cara familiar en el barrio del cine dando paso a su siguiente actividad, la de alquilar a precio fijo films para niños que programaba en salas parroquiales.
Pascual se hizo da solo
en el competitivo mundillo de las distribuidoras. En épocas de la cruel censura
de Miguel Tato conseguía copias completas de films que habían sido mutilados y
las exhibía en la trasnoche de los sábados en salas bonaerenses como la del
Ciudadela. La primera información periodística sobre su persona fue publicada
en el Heraldo en la página 140 de la colección 1980: daba cuenta de que
“el activo y dinámico programista” había adquirido, en sociedad con Juan Carlos
Fisner, los derechos de reestreno de un viejo film que la revista menciona como
“De profesión bígamo” pero que en realidad había sido estrenado el 18.1.1973
como Profesión bígamo; sólo que en 1973 su atractivo comercial residía
en Lando Buzzanca y en 1980 en una actriz secundaria que, tantos años después,
había renacido gracias a la TV convirtiéndose en una súper estrella llamada
Raffaella Carrà. Esa y otra reposición, la de La piel de Satanás, fueron
su discreta introducción en el gremio.
Ese mismo año 1980 Pascual pasó a tener su propia, modesta empresa a la que bautizó Italsur SA con local en Ríobamba 512 y cuyo primer estreno fue una añeja producción de bajo presupuesto, Carnada humana, lanzada el 3.4.1980 en el Arizona, viejo cine de la calle Lavalle especializado en films de acción en el que Condito presentará sus productos durante largos años. Ese material alternaba karatekas, Al Adamsons, algunos reestrenos y animación japonesa para niños hasta que, tras apenas dos estrenos en 1980 y cinco en el primer semestre de 1981, da en el clavo y el 2.7.1981 lanza en el Arizona Ojo con la viuda, primero de una seguidilla de comedias picarescas italianas de segunda línea que serán el punto neurálgico, el filón de su stock en los años siguientes, títulos como Yo, papá y la mucama, Las colegialas quieren aprender e Intimidades en una cárcel de mujeres, que estimulaban el morbo de los “valijeros” de la calle Lavalle antes del advenimiento del porno hardcore. En su defensa cabe apuntar que no fue el único: empresas tan mainstreem como Aries (Ayala & Olivera), Eurocine (Luisito La Valle), Centuria (de los hermanos Di Maio) y Vicente Vigo, entre otras, también ofrecían ese tipo de comedias italianas ligeras de cascos.
Aunque todavía estrenará un
puñado de films bajo el sello Italsur, desde finales de 1983 Pascual –a quien
casi nadie en el gremio llama Condito– operó a través de Lucian Films SA y en
un nuevo local en Lavalle 1911, pegado al que durante años detentaron Armando
Bo e Isabel Sarli. El primer lanzamiento de Lucian fue, el 3.11.1983, más de lo
mismo: Rojo de sangre, en tanto el primero de origen nacional fue uno de
sus ex vecinos, Insaciable, prohibido durante muchos años, tantos que
Armando murió sin poder verlo estrenado en su país. Con el dibujo animado Ico
–El caballito valiente–, él y todos los involucrados en el negocio metieron
un golazo: 827.886 espectadores en todo el país, el film argentino más
taquillero de 1987, lo mismo que con un documental por el que nadie hubiera
apostado una moneda pero que resultó una sorpresa convirtiéndose en el segundo
film argentino más taquillero de 1988, con 513.497 espectadores en todo el
país: Expedición Atlantis. En esos años creció su subsidiaria Lucian
Films SA Video.
Entre interminables masajistas, colegialas, sobrinas y doctoras acosadas, violentadas, complacientes y perversas de variado pelaje, y acaso sin proponérselo, a Pascual se le colaba algún film de calidad, como Confesiones de un maníaco sexual; el documental de los Stones Let’s spend the night togheter; Los amos de la noche, que había estado prohibido por la censura y que logró estrenar tan sólo el 15.8.1985; Pascual Duarte y Juegos peligrosos, ganador del Oscar al film en idioma extranjero, además de algunos giallos estimables de Dario Argento y de Lucio Fulci. Por otra parte, y aunque no eran precisamente “de calidad”, se le agradece a Pascual el haber estrenado un par de los pocos films conocidos en la Argentina del más prolífico y el más bizarro de los realizadores de la serie B, nadie menos que Jesús Franco: El Infierno de los sentidos y Confesiones prohibidas de una monja.
A comienzos de los 90 inauguró
nuevo sello, LV Films SA, que levantó la puntería ofreciendo, entre otros, Pepi,
Luci, Bom y otras chicas del montón, Grito de libertad (uno de los
films pioneros en ser comercializados en cines en copias VHS), Danzón y
el estupendo Henry, retrato de un asesino, asimismo lanzado en video. El
creciente auge de ese nuevo formato logró que Condito le dedicara su mayor
esfuerzo. Se entiende: salvo las honrosas excepciones apuntadas, el grueso del
material que importaba ya no se producía, puesto que los cines que solían
exhibirlo, las “piojeras”, iban desapareciendo, reemplazados por los porno
y... el video. Entre 1993 y 1997 no lanzó film alguno en salas de cine, pero en
esos cinco años se le animó a la producción bajo el sello Orler SA, que produjo
tres films: La cruz, Bajo bandera y El viento se llevó lo que.
Reapareció en el terreno de la
distribución presentando el 5.2.1998 la producción inglesa Tocando el viento,
y lo hizo a través de un sello nuevo, Cinemanía Film Group SA, que debió
resignar casi de inmediato porque no se dio cuenta –o se hizo el distraído– de
que Cinemanía era el nombre de la productora histórica de nadie menos que Luis
Puenzo, quien, razonablemente, se lo recordó. Sin embargo, Cinemanía ofreció
dieciocho estrenos en 1998 y, dando un giro de timón respecto de su
autodenominado “vergonzante pasado”, casi todos films de qualité de
directores como Ripstein, Mike Leigh, Kiarostami, Winterbottom, Imamura,
Guédiguian, Angelopoulos y Manoel de Oliveira, ¡y todos en fílmico!: durante un
tiempo sus amigos estuvieron un tanto desconcertados. Su siguiente
distribuidora, Primer Plano Film Group SA, debutó el 4.2.1999 estrenando la
horrorosa marihuanada aborigen La noche del coyote, que por fortuna
desapareció en otra noche, la del tiempo.
Desde entonces Pascual lanzó
una impresionante cantidad de films, con mayoría de argentinos; coprodujo
algunos de ellos; apareció en pequeñas partes en casi todos; importó films de,
entre otros, Resnais, Kiarostami (funesta moda que desapareció con rapidez),
Hirokazu Kore-eda, Sókurov, Radu Mihaileanu, Rohmer, Kitano, Altman, Lizzani,
Tsai Ming-lian, Wenders, Doris Dörrie, Cantet, los Taviani, Bruno Dumont, Patrice
Chéreau, Scola, Alex de la Iglesia, Cuerda, Ozon (lanzó dos films suyos con un
mes de diferencia entre ambos), Saura, Garci, Ioseliani y un largo etcétera con
el que emuló las pasadas proezas de su brillante antecesor Néstor Gaffet;
exportó numerosos films nacionales, actividad con la que –dicen los que saben–
ganaba mucho más dinero que con sus actividades regulares; luchó cuerpo a
cuerpo en pos de reivindicaciones gremiales y societarias; tuvo una hija
(Luciana) que estuvo al frente del área de Prensa de la empresa familiar, un
hijo (Nicolás) que actúa desde niño sin haber logrado el tan ansiado estrellato
y otra hija (Rosa) que cuando era bebé fue la contrafigura del bebé principal
de Tres alegres fugitivos; tuvo
siempre a su lado, como desde sus comienzos, a José, su fiel hermano menor (o
Giuseppe, como figura en los créditos de Otro
corazón, del que fue productor asociado); engordó de prosperidad con el
resultado de lucir más petiso de lo que era y, en contrapartida, elevó su ego a
alturas impensadas, como bien lo demuestra Tras la pantalla. Y, por si
no bastara, protagonizó otro vehículo autobiográfico, el ciclo televisivo Vida
de película (desde marzo 2017 por el Canal 7), una hora diaria sobre idea
suya en el que Pascual Condito fue interpretado en su juventud por… Nicolás
Condito.
Tras la pantalla, mientras tanto, resultó una aburrida seguidilla de secuencias en las que Pascual recibe visitas o habla por teléfono en su oficina mientras la cámara está como atornillada al piso siempre en el mismo punto de la habitación y el compaginador ocupado montando algún otro film, todo ello pautado por varias menciones a Cinema Paradiso, a una conversación con su connacional Italo Damiano Berlingieri en el microcine conocido como “lo de Vigo” y charlas diversas, profesionales y familiares, en las que el único tema es el cine (su distribución y exhibición), lo cual deja fuera a una considerable cantidad de posibles espectadores. El climax, por así decirlo, es la mudanza de su último domicilio en el barrio del cine, en el local de Riobamba 477 en el que antiguamente funcionaban la administración y el microcine de los laboratorios Tecnofilm, aunque también interesan los paseos por los alrededores de Lavalle y Ayacucho que convocan la principal motivación del film todo, la nostalgia. Pascual mismo pasó a ser nostalgia después del 17.3.2022.
Coda: en su 18º largometraje,
titulado 10 momentos de felicidad
(2007), Raúl Perrone se superó a sí mismo, ya que no sólo nunca fue lanzado en
cines, como gran parte de los anteriores, sino que tampoco fue exhibido en
festivales, ¡ni siquiera en el BAFICI!, lo cual debe haber resultado muy
frustrante para Pascual, quien luego de infinidad de apariciones amistosas en
films en los que invertía en tanto productor y/o distribuidor para darse el
gusto de aparecer lo que dura un pestañeo, y cuando ¡por fin! alcanzó su tan anhelado
protagónico animando al ex boxeador “Tigre” Galván, nadie lo pudo ver ni
aplaudir ni felicitar como hubiera deseado.
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