YO SE QUE AHORA VENDRAN CARAS EXTRAÑAS
…Y llegaron de Francia
El hombre de Guthmann
En la industria desde inicios de los 40 y hasta diez
años más tarde, Jean-Gaston-René-Michel Parret-Renaud (París, 7.11.1910 / ¿?)
era abogado y los avatares de la guerra lo empujaron fuera de su país y lo instalaron
en la Argentina. Aquí obtuvo la residencia a partir de su casamiento con la
hacendada Angela María González Alzaga, y sin registrar antecedentes en el cine
de su país procedió a abreviar sus vastos nombres y apellidos al simple Juan Parret e hizo su primer film en
1944 directamente en calidad de productor, sin escalas secundarias. Se titulaba
Pacha-Mama y adaptaba la pieza
teatral de Amadeo Sirolli, un tostón indigenista que fue la única producción de
la Sociedad de Estudio y Realización Cinematográfica (SERC), cuyo dueño era
Diego de la Begassière, quien decía ser marqués y detentaba oficinas en un 3º
piso de la avenida Corrientes 485. Rodado en localizaciones salteñas, no se han
conservado copias, por lo que se ignora en calidad de qué ubicaban a Parret los
créditos, aunque toda la documentación existente lo designa como el productor.
La SERC anunció para 1944-1945 nada menos que cinco nuevas producciones,
canceladas debido al fracaso del debut: “Tres mil pesos”, versión de la pieza
teatral de Darthés & Damel; “Zogóibi”, sobre la novela de Enrique Larreta;
“Malva”, a partir del relato breve de Gorki; “El proceso del doctor Serra”,
sobre un texto original de Waclaw Solskov, y “Las minas amarillas”, según la
novela de Adolfo Costa du Rels.
Pacha-Mama fue distribuido por la Cinematográfica Interamericana SRL en momentos en que la empresa había sido adquirida por Juan José Guthmann, con quien Parret mantuvo una excelente amistad, convirtiéndose en uno de sus hombres de confianza. Su primer encargo concreto fue viajar a México para actuar como una especie de veedor en dos comedias protagonizadas por Luis Sandrini para la Filmadora Mexicana SA (FILMEX) de Gregorio Walerstein, con quien Guthmann hacía negocios: de hecho, la mayor parte de los títulos extranjeros distribuidos por su compañía eran de ese origen. En el primero, La vida íntima de Marco Antonio y Cleopatra, los títulos lo mencionan como “asociado en producción”; en el inmediato El ladrón, como “productor asociado” (PA), que venía a ser lo mismo.
Parret forjó
una sólida amistad con Sandrini, extendida a Daniel Tinayre. Sandrini era, a la
sazón, socio de Guthmann en sus films para la Interamericana, y lo instó a
contratar a Parret. Así, fue director de producción (DP) en siete títulos de
esa empresa en el período 1949-1951: los dos primeros, no por casualidad, eran
con Sandrini, en tanto los otros fueron comedias protagonizadas por actores
populares como Serrano, Thorry, Salcedo, Zully Moreno y Closas. Y eso hizo
hasta que, tan silenciosamente como cuando apareció, desapareció sin más.
Filmografía:
Argentina: Pacha-Mama (Roberto de Ribón, 1943-1944: P) – México: La vida íntima de Marco Antonio y Cleopatra
(idem, Roberto Gavaldón, 1946: PA) y El
ladrón (idem, Julio Bracho, 1946: PA) – Argentina: El seductor (Bayón Herrera, 1949: DP), La culpa la tuvo el otro…! (Lucas
Demare, 1949-1950: DP), Don Fulgencio –El
hombre que no tuvo infancia– (Enrique
Cahen Salaberry, 1950: DP), Concierto de
bastón (Cahen Salaberry, 1950: DP), Mi
noche triste (Demare, 1951: DP), Cosas
de mujer… (Carlos Schlieper, 1951: DP) y El honorable inquilino (Schlieper, 1951: DP).
Un lujo fugaz
Los créditos de su único film argentino indican
que la presencia de “Mme.” Rachel
Bérendt (Marie-Monique Arkell Robertson; París, 4.5.1893 / 19.1.1957)
obedece a una “cortesía de la eminente primera actriz de la Comedia Francesa”.
En efecto, Una vez en la vida (Carlos Borcosque, 1941) registra el debut
y despedida del cine local de esa notable actriz francesa, ex esposa de Pierre
Fresnay, tan prestigiosa que llegó a trabajar en 1929 para el Old Vic de
Londres y que ya había actuado en dos oportunidades en la Argentina haciendo
teatro, en 1936 en el Colón y en 1938 en el Odeón. Se instaló en Buenos Aires
en 1940 e intervino en galas de teatro francés en el Ateneo y en el Maipo.
Antes de retornar a Francia concluida la Segunda Guerra Mundial integró el
elenco de la producción chilena Fruta mordida (idem, Jacques Rémy, 1944).
Fuera de estos dos títulos, Bérendt hizo muy pocos otros, y todos en su país,
destacando apenas su aporte al de Bresson Journal
d’un curé de champagne (1950), nunca estrenado en cines porteños.
En La tercera mañana (2010, pág. 89-90), Edgardo Cozarinsky la evoca con estas palabras: “Para mí ese nombre estaba rodeado de cierto misterio. En los años de la guerra, había hecho varias temporadas de teatro francés en Buenos Aires, algo no insólito en tiempos en que una vez por semana, generalmente los lunes, una élite francófila llenaba algunas plateas, conmovida por el sentimiento de estar sosteniendo a artistas que, suponían, habían preferido la incertidumbre del exilio antes que las facilidades de la colaboración. La Berendt también había hecho una única incursión en el cine nacional, como mujer de mundo, inevitablemente francesa, en Una vez en la vida, film de 1942 cuya protagonista era Libertad Lamarque. Google me reveló que en 1950, de vuelta en Francia, había actuado con otro nombre, como Marie-Monique Arkell, en Journal d’un curé de campagne de Bresson. Dos ancianos que me confiaron sus recuerdos coincidieron en la evocación emocionada de un recitado de poemas franceses en el aula magna de la vieja Facultad de Filosofía y Letras, en la calle Viamonte. La había precedido una disertación del profesor Battistesa. Llegado el momento del recital, la Berendt apareció llevando en la mano versos escritos con letra muy grande en hojas sueltas de papel amarillo, que dejaba caer con gestos amplios a medida que las leía; según uno de mis memoriosos, al final el estrado parecía un bosque en otoño... También me contaron que la desaparecida librería Viau, de la calle Florida, había publicado un libro suyo de recuerdos de Sarah Bernhardt”.
Música, maestro
El músico francés Paul Misraki (Paul Misrachi; Constantinopla, Imperio Otomano, 28.1.1908 / París, 29.10.1998) comenzó su trayectoria fílmica a comienzos de los años 30 componiendo la partitura de una gran cantidad de films, entre ellos los muy populares On purge bébé (Jean Renoir, 1931), Chéri-Bibi (idem, Léon Mathot, 1937) y Tourbillon de Paris (Tourbillón de París, Henri Diamant-Berger, 1939, que además interpretó junto con Ray Ventura, cuya orquesta integraba).
Vivió exiliado en la Argentina entre 1942 y 1945 y aquí firmó además las partituras de media docena de largometrajes industriales así como de la música de una gran cantidad de canciones, entre éstas el popularísimo bolero Una mujer…, compuesto para la comedia musical Si Eva se hubiese vestido de Sixto Pondal Ríos y Carlos Olivari, autores de la letra de ese tema. También compuso la partitura del chileno Fruta mordida (idem, Jacques Rémy, 1944). Algunos posteriores han incluido en su banda musical canciones por él compuestas durante su estancia en el país. Misraki retornó a Francia al terminar la Segunda Guerra Mundial y allí continuó componiendo partituras para films diversos, entre los que destacan La foire aux chimères (Feria de ilusiones, Chenal, 1946), Manon (idem, Clouzot, 1948), Mr. Arkadin / Confidential report (Raíces en el fango, Welles, E/SZ, 1954), La mort en ce jardin / La muerte en este jardín (Buñuel, F/MX, 1956), Et… Dieu créa la femme (…Y Dios creó a la mujer, Vadim, 1956), Les cousins (Los primos, Chabrol, 1958) y Alphaville / Agente Lemmy Caution –Missione Alphaville– (Alphaville, un mundo alucinante, Godard, F/I, 1964.
Filmografía argentina:
Partitura y
dirección orquestal de Eclipse de Sol
(Luis Saslavsky, 1942-1943: + Mi pequeña
canción, con letra de Homero Manzi), Stella
(Benito Perojo, 1943: acreditado como Paul Misraky), El fin de la noche (Alberto de Zavalía, 1943), Delirio (Antonio Cunill Cabanellas – Arturo García Buhr, 1943), Siete mujeres (Perojo, 1943-1944: + las
canciones Romanza carioca, con letra de Russo do Pandeiro [Antônio Cardoso
Martins], O fado é triste canção, con
letra de Jardel Jercolis, y María de
Bahía), y La importancia de
ser ladrón (Julio Saraceni, 1944) – Arreglos y dirección orquestal de La casta Susana (Perojo, 1944) – Viaje sin regreso (Pierre Chenal, 1945:
sólo la canción Para siempre, con letra de Hugo MacDougall).
Auguste Vaillant
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