domingo, 14 de junio de 2026

RINCONES

De cárceles y parques

Marche preso

Las cárceles son desde siempre un “decorado” importante, de alto valor dramático. Las más registradas de entre las nuestras se erigían en la Capital Federal, y una de ellas, la del barrio de Villa Devoto, todavía está activa: allí filmó Carreras algunas secuencias de Los evadidos, pero sólo la entrada y los alrededores. Ya demolida, la de la avenida Caseros sirvió de localización para la versión Torre Nilsson de Un guapo del 900, para las secuencias oníricas de Huis clos y No exit y para partes de Sur de Solanas.

   Sin embargo, la más emblemática, por su historia y por el tratamiento que le otorgó el cine, fue la Penitenciaría Nacional, que estaba ubicada en el barrio de Palermo, en el Camino del Chavango (actual avenida Las Heras). Tomando prestados datos publicados en diversos medios gráficos, ésa fue la primera cárcel porteña pensada como tal, pues hasta aquel momento los delincuentes condenados eran alojados en el Cabildo. Los pasos que llevaron a su concreción fueron los siguientes: lanzamiento del concurso de proyectos por parte de la Gobernación de Buenos Aires (1862); elección del proyecto ganador, presentado por el arquitecto Ernesto Bunge (agosto 1872); inicio de las obras (septiembre 1872); finalización de su construcción (mayo 1877); e inauguración oficial (22.5.1877). Su primer director fue el entonces jefe de la Policía, Enrique O’Gorman, hermano de la célebre Camila.

Apenas un delincuente: Salcedo ingresa


   El primer largometraje argumental que registró sus instalaciones fue uno mudo dirigido en 1924 por Julio Irigoyen, Tu cuna fue un conventillo, pero como no se conservaron copias es imposible describir en que situación. Pasarían 24 años hasta que otra cámara cinematográfica penetrara en sus instalaciones, la que operaba Julio Dasso para Apenas un delincuente (Hugo Fregonese, 1948), con Jorge Salcedo como el nuevo “huésped” y José de Angelis como el director del establecimiento, y desde entonces al menos una decena de títulos fueron parcialmente rodados allí. De todos ellos merecen algún destaque, en relación al valor dramático y a la mostración física del lugar, Libertad bajo palabra (Alfredo Bettanin, 1960), de la que gozan Lautaro Murúa, Ubaldo Martínez, Enrique Fava y Raúl Parini; El centroforward murió al amanecer (René Mugica, 1960), a la que va a parar el futbolista Luis Medina Castro; El rufián (Tinayre, 1960), que utilizó apenas la entrada a la Penitenciaría, de donde sale Carlos Estrada luego de haber asesinado a Daniel de Alvarado; Rebelde sin causa (Antonio Cunill, 1961), en el que quien sale es José Marrone con el aval de su director Luis Corradi; y, el último, Hombre de la Esquina Rosada (René Mugica, 1961), de la que sale el mítico “Francisco Real, el Corralero” imaginado por Borges pero con la facha de Francisco Petrone. Obsérvese que todos estos títulos fueron producidos cuando ya se había hecho pública su desaparición y, de hecho, comenzó a ser demolida el 6.9.1961, tarea que se prolongó hasta enero 1962. En el mismo predio palermitano, delimitado por las avenidas Las Heras y Coronel Díaz y las calles Juncal y Salguero, luce desde entonces el parque General Las Heras.

Hombre de la Esquina Rosada: Petrone sale


La Montaña Rusa

Salvo error u omisión, el film mudo Destinos –Romance estudiantil– (Edmo Cominetti, 1929) fue el primero criollo en situar parte de su historia en un parque de diversiones, espacios que registran una larga tradición en la memoria visual del cine: recordar, por ejemplo, la estupenda secuencia de los espejos de The lady from Shanghai (La dama de Shanghai, Welles, 1946-1947) y la también memorable de Strangers on a train (Pacto siniestro, Hitchcock, 1950). Un listado sería interminable, al igual que los largometrajes argentinos que los utilizaron.

   El de Cominetti registra nada menos que el mítico Parque Japonés, centro de diversiones de temática oriental inaugurado en 1911 y destruido por un incendio en 1930: estaba ubicado en un predio al que se entraba por las avenidas General Alvear (ex Paseo de Julio, actual Avenida del Libertador) y Callao. “Cuando la cámara toma pasajes de animación en el Parque Japonés registra efectos bonitos y originales”, opinó el crítico de La Prensa (3.10.1929), y ochenta años después Fernando Martín Peña escribió, en un programa del MALBA, que “se le suma aquí un trabajo más intenso en exteriores, con una salida antológica al Parque Japonés”.

El rufián: Egle Martin como "Madame Florelle"


   Por su parte, el Parque Retiro tenía su entrada principal frente a la plaza Britannia y ocupaba un enorme terreno que comprende lo que hoy son el hotel Sheraton y el complejo edilicio Catalinas Norte. Allí se rodó no menos de una quincena de títulos y le cupo el honor de ser el primero a Cándida (Bayón Herrera, 1941), en secuencia en la que Niní Marshall pierde su cartera y le es devuelta por Pedro Pompilio. Del resto, destacan Piantadino (Francisco Mugica, 1949), sólo por un buen chiste, ya que hay un encargado del Tiro al Blanco (Fernando Campos) y uno del Tiro al Negro (Arturo Vita), y otros tres que utilizaron su ambiente de manera dramáticamente expresiva: en El vampiro negro (Viñoly Barreto, 1953), Nathán Pinzón lleva –a su pesar, porque es consciente de que podría ser su próxima víctima– a la hijita de Olga Zubarry, secuencia en la que Viñoly, el DF Aníbal González Paz y el montajista Jorge Garate lograron un estupendo relieve del lugar; en Prisioneros de una noche (Kohon, 1960) es una de las estaciones en el deambular de María Vaner y Alfredo Alcón y la Montaña Rusa donde se dan el primer beso; y El rufián (Tinayre, 1960) tal vez el que mejor lo registró, en la extensa secuencia inicial de notable ambientación, con Egle Martin como la adivina “Madame Florelle”, Nelly Beltrán y Marcos Zúcker como una pareja de provincianos deslumbrados con el lugar, Cayetano Biondo como fotógrafo ambulante, Juan Longobuco como un compadrito, Orieta Nadina y Chris Ariel como dos mucamas saliendo de la barraca de Madame Florelle, Giselle como la stripper en el bar Chamamé y Luis Morales como un locutor. En el libro de Adriana Schettini Pasen y vean hay un capítulo entero en el que Leonardo Favio recuerda con admiración su afición por el Parque Retiro, que fue su lugar favorito apenas llegado de Mendoza: en 1976 lo recrearía en Soñar soñar, pero rodado en…

Made in Argentina


   …el Italpark (1960-1990), que reemplazó, en el mismo predio, al derrumbado Parque Japonés y hasta tuvo una sucursal en Mar del Plata en la que fueron filmadas escenas para uno de los despropósitos con Los Parchís. El original porteño sirvió de localización decorativa para una enorme cantidad de comedias, pero fue mucho mejor utilizado por Torre Nilsson en una breve escena de El ojo de la cerradura (1964), con Favio (tan luego Favio) como el encargado de los autitos de carrera, visitado por su amigo Stathis Giallelis, y por Juan José Jusid en Made in Argentina (1986), en una emotiva secuencia en la que Beto Brandoni y Patricio Contreras se divierten a lo grande en los autitos chocadores. El último allí rodado, en 1988, fue un engendro de los Carlitos (Mentasti y Galettini) titulado Las locuras del extraterrestre.

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