YO SE QUE AHORA VENDRAN CARAS EXTRAÑAS
Auf Deutsch, bitte
Ella llegó para quedarse, y cumplió; los otros fueron
huéspedes pasajeros ante las cámaras del cine argentino.
Hedy Crilla
Su verdadero nombre era Hedwig Schlichter (Viena,
Austria, 26.9.1898 / Buenos Aires, 31.3.1984) y había actuado en una decena de
films alemanes entre 1929 y 1933 a partir de Tagebuch einen verlorenen (Mujeres
de 20 francos, G. W. Pabst, 1929), en todos ellos acreditada como Hedwig
Schlichter. A Buenos Aires llegó, por supuesto, en 1940, como tantos otros
europeos que huían de guerras y dictadores. La acompañaba su hermano, Viktor
Schlichter, quien hacia 1947 dirigía la orquesta Hurlingham y además compuso la
partitura de una gran cantidad de largometrajes locales, en muchos de ellos
acreditado como Víctor S. Lister y en otros como Víctor Schlichter. En sus
comienzos en la Sociedad Hebraica Argentina y durante muchos años, Crilla daba
clases de teatro, apartado en el que fue muy prestigiosa y por lo tanto muy
requerida: decir “estudié con la Crilla” era una especie de pasaporte al
profesionalismo. También escribió alguna pieza teatral.
Su debut se registra en Ceniza al viento (Luis Saslavsky, 1942), figurando como Edith Crilla en el puesto nº 23 en el personaje de una refugiada italiana que llora en uno de los episodios sin títulos, aquel en el que un gran artista europeo (José Squinquel) se solidariza con otros refugiados de guerra indocumentados retenidos en el puerto tras su arribo al país, episodio adaptado de la novela de Leo Perutz Zwischen neun und neun, publicada en 1918 y editada en la Argentina como Entre las 9 y las 9 o Mientras dan las 9, de acuerdo a ediciones diversas. Sin embargo, productores y directores no supieron aprovechar su enorme talento, puesto que intervino apenas en un puñado de títulos, siempre en personajes secundarios, los siguientes: la “directora del Colegio Dusel” en La Hostería del Caballito Blanco (Benito Perojo, 1947); “Eufosia, la madama del bar La Foca de Oro” en Tierra del Fuego –Sinfonía bárbara– (Mario Soffici, 1948); la “supervisora de las telefonistas del Paraíso” –con su voz doblada por Chela Ruiz– en Cita en las estrellas (Carlos Schlieper, 1948); “doña Berta, la casera de la pensión” en Un pecado por mes… (Mario C. Lugones, 1948); la “directora del colegio” en El ladrón canta boleros (Enrique Cahen Salaberry, 1949); en un personaje no identificado por ausencia de copias de El paraíso (Carlos Ritter, 1951); “una turista estadounidense en el tren” de Tren internacional (Daniel Tinayre, 1953-1954); una de las “locas”, “la condesa”, internadas en el manicomio de La simuladora (Lugones, 1955); la “maestra del Teatro Infantil Labardén” en Alfonsina (Kurt Land, 1956); apenas “la vieja que limpia” en Invasión (Hugo Santiago, 1968); la “vieja cliente” del negocio de Pepe Soriano en Juan Lamaglia y sra. (Raúl de la Torre, 1969) y finalmente la “granjera” en El Pibe Cabeza (Leopoldo Torre Nilsson, 1974).
Sobre ella
fue realizado el documental argentino-austríaco Hedy Crilla –Maestra de actores– (Luciana Murujosa, 2022), y una
curiosidad poco recordada de su notable trayectoria es que interpretó a la
“mamá Cora” de Esperando la carroza
de Jacobo Langsner en su primera adaptación para TV, emitida el 17.6.1972 por
el Canal 9 en el ciclo Alta comedia.
Alexandre Carlos/Helmut Schneider
En julio 1948 llegó a Buenos Aires el actor
Alexandre Carlos (1920-1972), quien interpretaba a “Edgar Emerson” en una coproducción
de Estudios San Miguel con una empresa brasileña y cuyo rodaje (la mayor parte,
en realidad) ya se había registrado allá. Mundo
extraño es una inofensiva peripecia selvática serie B cuyo argumento
importa menos que desentrañar qué se filmó ex profeso y dónde, y cuál es el
material de stock aportado por el director y argumentista bávaro Franz
Eichhorn y captado por su cámara de 16mm años antes, en sus expediciones. En
estudios cariocas fueron rodadas las secuencias iniciales en la redacción de un
diario y en el despacho de su director; la escena en la que el héroe y un indio
navegan en bote, por supuesto hecha en un charco del estudio o de su back
lot; el interior de una choza con la heroína y dos indias; y la secuencia
con la tribu de reducidores de cabezas. En locations brasileñas, una
breve secuencia montañosa con la pareja central pero cuando eran niños; otra,
en una especie de centro comercial muy primitivo con su dueño, un pianista, una
bailarina y varios extras; y otra en plena selva con indias desnudas en un lago,
niños, indios desnudos y el héroe. En los estudios de Bella Vista sólo se rodó
una secuencia en la que aparecen Amalia Sánchez Ariño como dueña de una casa
lujosa, Lalo Maura, Juan Pecci y José Ruzzo, todos ellos parientes de la
heroína (la también germana Angelika Hauff), sin intervención de la pareja
principal, rodaje que debe haber insumido dos o tres días, como mucho una
semana. Luego están los inserts de otros tiempo y lugar, en los que se
ven la Cordillera de los Andes, un pueblo de fiesta, indios, las ruinas del
Machu-Picchu, un salto de agua y una gran variedad de animales, peces y
reptiles.
Toda esa pueril historia tiene su MacGuffin, sin embargo, en este caso una pequeña estatua de un dios indio tallada en oro. Antes de abandonar Buenos Aires, Alexandre Carlos ofreció, el sábado 10.6.1950 a las 24 en el cine Biarritz y auspiciado por el Club Gente de Cine, una charla “sobre las incidencias de filmación de Mundo extraño, película de la cual se pasarán fragmentos inéditos, durante la disertación”, de acuerdo a Clarín de ese día. De inmediato tuvo un rápido e inadvertido paso por Hollywood en personajes secundarios, pero –créase o no– fue considerado para animar a “Stanley Kowalski” en A streetcar named Desire (Un tranvía llamado Deseo, Elia Kazan, 1951): pero entonces apareció un tal Marlon Brando y... chau Hollywood. El caso es que Carlos reapareció diez años más tarde en Hombres salvajes, coproducción germanofederal-argentina filmada en Entre Ríos, un horrendo western litoraleño, para colmo d’époque pero sin el debido presupuesto, en el que Alexandre Carlos ya no se llama Alexandre Carlos sino Helmut Schneider y “encarna a un capitán extranjero [Herbert], asimilado secretamente a milicias argentinas en 1870 y que, haciéndose pasar por bandido [Herrera], contribuye a la destrucción de una sanguinaria montonera”, según intentó contar el Heraldo del Cinematografista (1960, pág. 83).
Harry Baer
Fassbinder y Baer despidiendo a Jeanne Moreauen su último día de rodaje de Querelle (marzo 1982)
Iniciado en el cine hacia 1969 siendo acreditado como Harry Bär, su verdadero nombre es Harry Zöttl (Biberag, 27.9.1947) y debutó –en más de un sentido– con Rainer Werner Fassbinder, de quien fue amigo, amante y actor y colaborador favorito hasta la temprana muerte del gran realizador alemán. Luego, Baer detentó un gran prestigio europeo, interviniendo en una enorme cantidad de films, entre ellos la coproducción argentino-germanofederal La amiga / Die freundin (Jeanine Meerapfel, 1986-1987), aunque su participación en el papel de “amigo de Raquel” –Cipe Lincovsky– la hizo en Berlín. En 1986 Baer publicó Schlafen kann ich, wenn ich tot bin (“Ya dormiré cuando esté muerto”), libro de memorias de su relación con Fassbinder.
Theodore
Wolfgang Schiebelhut
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