TEMAS
¡De frente… march!:
el cine de los servicios
–2ª parte: una filmografía
comentada (II)
• Patrulla Norte (Enio Echenique, 1950), prod. de David Yohai
Varón para Movyart Sociedad Cinematográfica SRL, guión de Noel Barona,
Echenique y Leónidas Labanca sobre argumento de Barona. Serie B para la
Gendarmería Nacional, típica historia con agente infiltrado entre los
contrabandistas; incluye la “actuación” de Halcón II, el único perro “rati” de
la pantalla nacional, al que se publicitaba como “el Rin-Tin-Tin criollo”, así
como la de una serie de militares interpretándose a sí mismos.
• Camino al crimen (Don Napy, 1950): prod. Luminarias Productora Cinematográfica Argentina, guión de Antonio Corma y Napy sobre argumento de Francisco T. Oliver. Discreta peripecia en favor de la Policía Federal, a la que no sólo le está dedicada sino que, además, incluye una secuencia íntegra que registra con lujo de detalles el uso de un aparato denominado espectógrafo.
• Sombras en la frontera (Leo Fleider, 1950-1951), prod. de Sandrini y
David Goldberg para Producciones Luis Sandrini SRL, guión de Francisco Madrid.
Una gentileza del actor-productor para con la Gendarmería, que desarrolla una
vulgar historia entre contrabandistas y uniformados, con ¡¡Malvina Pastorino!!
como la femme fatale entremedio.
• Yo soy el criminal (Alberto Du Bois, 1951): prod.
Cinematográfica Alfa y la Sociedad Independiente Filmadora Argentina, guión de
Arturo García Portela y Horacio Priani. Peripecia que pretendía quedar bien con
la Policía Federal, pero los socios de Alfa (Du Bois, García Portela, Priani y
otros) se decretaron en quiebra tras concluir el rodaje, haciéndose cargo de su
terminación y distribución la empresa de Armando Bo. Demoró más de tres años en
poder ser estrenado por cuanto el cubano Otto Sirgo, que integraba el elenco,
al regresar a su patria formuló declaraciones en las que no hacía quedar muy
bien parada a la esposa del Presidente Perón: en represalia, Apold no autorizó
su estreno si antes no se eliminaban todas las secuencias en las que aparecía
Sirgo, algo que resultaba imposible.
• La última escuadrilla (Julio Saraceni, 1951): prod. de Manuel M.
Alba para Establecimientos Filmadores Argentinos SA, guión de Abel Santa Cruz
sobre una línea argumental suya y de Alba. “Dedicada a los que desde cualquier
puesto han realizado la grandeza de la aviación argentina y a aquellos que se
fueron, siendo una hermosa esperanza” es el texto introductorio a una historia
que refleja la camaradería de varios jóvenes aspirantes a aviadores y sus módicos
asuntos familiares y sentimentales.
• Mala gente (Don Napy, 1951): prod. de Camilo R. Cagliani
para Producciones As Cinematográfica SRL, guión de Corma y Napy. Ultimo
ejemplar de la trilogía policíaca de Napy, asimismo en tres episodios sin títulos;
los créditos agradecen al Ministerio de Transportes, a la Prefectura Nacional
Marítima, a la Aduana de la Capital y a la Dirección Aeronáutica Civil.
• Crisol de hombres (Arturo Gemmiti, 1951): producción de Antonio
García Smith para Inti-Huasi Sociedad Cinematográfica Argentina SRL y Lumiton,
guión de Abel Santa Cruz sobre argumento de Roberto Talice e Ignacio Domínguez
Riera; algunos exteriores fueron registrados en Campo de Mayo y en el Hospital
Militar Central Cirujano Mayor Dr. Cosme Argerich en la avenida Luis María
Campos 726 en Palermo. Narra el ingreso de un grupo de muchachos al Servicio
Militar Obligatorio, y un texto final alecciona expresando que “Es consigna
permanente en el Ejército Argentino, el cumplimiento constante del deber militar.
El ha inspirado a quienes se consagraron a organizar y perfeccionar moral,
espiritual y técnicamente al ejército, brazo armado de la patria, sólo
destinado a respaldar la defensa de la Nación”.
• La encrucijada (Leopoldo Torres Ríos, 1951): prod. de Horacio
González Alisedo –padre de Horacio Fontova, dicho sea de paso– para la
Productora Independiente Argentina, guión de Noel Barona. El protagonista, que
dice tener 31 años (Ricardo Trigo,
nacido en 1906), es ladrón desde niño y ha tenido una dura vida transcurrida de
cárcel en cárcel pero se redime cuando evita que su propio hijo siga sus pasos,
especie de lado B de Fuera de la ley.
Film poco conocido, que a su obvio “servicio” en favor de la Dirección Nacional
de Institutos Penales suma un tufillo a propaganda peronista (aquello de “antes
era terrible, ahora todo cambió” y los reclusos son “tratados con humanidad”,
etcétera), renuncios que no invalidan sus evidentes logros dramáticos y
formales, inadvertidos por la crítica contemporánea.
• Corazón fiel (Leopoldo Torres Ríos, 1951): prod. de
Horacio González Alisedo para la Productora Independiente Argentina, guión de
Arturo Cerretani sobre argumento de Noel Barona. Con cierto tufillo a services
movie aunque la participación de la Gendarmería Nacional no es agradecida
oficialmente y, por otra parte, es mínima, esta historia con anciano, niño y
perro (Halcón II, otra vez) resulta curiosa por su evidente costado macabro: a los 20 minutos ya hay
una niña asesinada a bastonazos por el protagonista, a los 30 minutos un gitano
mata a otro gitano y hacia el final Virginia Coré-Ginamaría Hidalgo muere a
balazos...
• Las tres claves (Adalberto Páez Arenas, 1951-1952): prod. de
Edgardo P. Baratelli para General Films, guión del director en tono de comedia
de suspenso e intriga, cuya acción principal transcurre en una fábrica de armas
de la que han robado una patente; incluye marchas militares, una ceremonia en
la que los cadetes juran la bandera y otra en la que les entregan el sable,
mientras un personaje comenta que “Estos muchachos son la esperanza y el futuro
de la Policía Federal, los que vendrán a llenar los cuadros”. Sin embargo, el
mejor scherzo es que esta aventurita
súper económica haya sido producida por un señor de apellido Baratelli.
• Mercado negro (Kurt Land, 1953): prod. Estudios Mapol SRL,
guión de Virgilio Muguerza y Miguel Ligero (sí, el actor), con diálogos
adicionales de Alberto A. Iglesias. De entre todos sus largometrajes, Land
eligió éste cuando la Viennale le pidió uno que complementara el homenaje que
le brindaría junto con otros compatriotas que hicieron carrera en exterior,
entre ellos Billy Wilder y Fred Zinnemann: se trata de una services movie
del tipo de las que trascienden el servilismo gracias a méritos propios y tiene
como protagonista a un joven inspector (Mario Passano) que investiga las
actividades de una banda de contrabandistas cuyo jefe visible es Santiago Gómez
Cou pero cuyo cerebro oculto es un anciano bonachón (Alberto Bello), casualmente
padre de la novia (Olga Zubarry) del inspector. El ritmo es arrollador y la
historia que cuenta atrapante Los créditos agradecen a la Secretaría General de
Seguridad y Comunicaciones de la Policía Federal Argentina y a la Prefectura
Nacional Marítima Aeronáutica Civil.
• Surcos en el mar (Kurt Land, 1954): prod. regional de la Film
Andes SA Filmadora Argentina (Mendoza), guión de Pedro Miguel Obligado sobre
argumento de Olga Casares Pearson. Drama familiar sobre dos hermanos (Juan
Carlos Barbieri y Duilio Marzio) enrolados en la Marina; incluye exteriores en
la Escuela Nacional de Náutica Manuel Belgrano en la avenida Antártida
Argentina 1535 en Retiro y a bordo del buque tanque Comodoro Rivadavia.
• Sinfonía de juventud (Oscar E. Carchano, 1954): Producciones
Cinematográficas David Yohai Varón, guión de Jack Davidson y Carchano. Otro
ejemplo de los ingenuos: “sirve” a una orquesta, la Municipal de Avellaneda
entonces dirigida por José Rodríguez Fauré, compositor habitual de las
producciones de Armando Bo de los 50.
• La delatora (Kurt Land, 1955): prod. de Jaime Cabouli
para Guaranteed Pictures de la Argentina-Jaime Cabouli SRL y Córdoba Films SA
de aquella provincia, guión de Ariel Cortazzo. Sanguíneo, por momentos
excitante policial, el mejor de Kurt Land en un género en el que se movía como
pez en el agua. Rinde tributo a la Policía, pero los extras que interpretan a
los uniformados se mueven con tanta torpeza que terminan provocando el efecto
contrario.
• Al Sur del Paralelo 42º (Catrano Catrani, 1955): Producciones Cinematográficas Catrano Catrani, guión de Roberto Socol y Oscar Magdalena sobre idea argumental de Félix M. Pelayo. Drama entre marginales rodado en Santa Cruz en favor de la Prefectura Nacional Marítima, cuyo título es tan oportunista cuan alcahuete y responde a una disposición gubernamental que otorgaba permisos de importación a los territorios situados al Sur de ese Paralelo.
• La muerte flota en el río (Augusto César Vatteone, 1955): prod. de
Vatteone para la Cinematográfica Argo SRL, guión de Ernesto L. Castro –el autor
de Los isleros–, Osvaldo Falabella y
Vatteone, sobre argumento de Vatteone. Film de muy buena factura técnica y
argumento convencional pero efectivo en el que destacan Nelly Panizza como una
vampiresa de buen corazón y el siempre notable Andrés László como un
extravagante pianista europeo refugiado en un cabaret del Delta mientras la
Prefectura persigue contrabandistas.
• Goleta Austral (Oscar E. Carchano, 1955): Producciones
Cinematográficas David Yohai Varón, guión de Reynaldo Tettamanti. Rutina pura
en favor de la Marina de Guerra que tiene como héroe principal a Tito Alonso,
un agente especial infiltrado en una banda de contrabandistas en calidad de
marinero en una goleta bautizada Austral: lento, plagado de tiempos muertos,
todo está mal en este típico serie B, incluyendo un plano de día y su
contraplano nocturno, con un pico argumental de ridículo cuando Diana Ingro,
que es una puta madura, coquetea con un tipo pero corre asustada cuando él
quiere pasar a los hechos. Inédito en cines pero exhibido por TV.
• Continente blanco (Bernard-Roland, 1956), prod. de Nino
Persello para Mar del Plata Films SRL –que tenía su sede en BA, sin embargo–,
guión de Raquel Martínez Piñón sobre argumento de Olga Casares Pearson; algunos
exteriores muestran el frente del edificio del Ministerio de Marina y otros
fueron registrados en Ushuaia, la base Bahía Esperanza en la Antártida y a
bordo del buque Bahía Aguirre. Duilio Marzio, Luis Dávila y Persello son
jóvenes oficiales de la Marina en una misión que los lleva hasta la Antártida
pasando por Tierra del Fuego.
• Rebelde con causa (Antonio Cunill, 1961): prod. Argentina Sono Film SACI, guión de Hugo Moser e Isaac Aisenberg; locations en las instalaciones de la ESMA y a bordo del portaaviones Independencia. Marroneada naval.
• Delito (Ralph Pappier, 1961): Producciones Luis P.
Avenali, guión de Manuel Martínez –pseudónimo de Antonio García Smith– que
enfoca el tema del contrabando (“este delito tan de moda”) e incurre en el
transitado personaje del policía infiltrado que tiene un romance con la mujer
del “malo”. Para el anecdotario político: dan salida de la prisión a varios
detenidos; cuando el guardia llama “Guevara”, uno grita “¡Presente!” y entonces
el personaje de Homero Cárpena, dirigiéndose a los demás, dice: “Se va el Che
Guevara”, cita en extremo curiosa tratándose de una services movie, por
definición “de derecha”, y tal vez la primera mención en una ficción al
entonces célebre guerrillero.
• Operación “G” (Ralph Pappier, 1961): Producciones Cinematográficas Aldo E. Burgos con Juan Sires como productor ejecutivo, guión de Oscar Cimorelli Quiroga con la colaboración no acreditada de Carlos Ferreira y con diálogos adicionales tampoco acreditados de César Tiempo; rodaje en instalaciones de la Escuela de Policía Juan Vucetich en el parque Pereyra Iraola en Berazategui. Tras la fachada de una aventura selvática con policías y gendarmes buenos que persiguen a contrabandistas y terroristas malos se esconde uno de los films más reaccionarios de que se tenga memoria, que Pappier a duras penas consiguió dotar de una cierta amenidad visual. Los créditos agradecen “a las Fuerzas Armadas Argentinas y en especial a la Dirección Nacional de Gendarmería, a la Agrupación Misiones, al Escuadrón San Ignacio, al Centro de Instrucción de Equitación, al Destacamento nº 1 Buenos Aires, como asimismo al Segundo Batallón de Comunicaciones, al Regimiento 7 de Infantería”. Por si no quedara en claro que se trata de un film de derechas, los militares de la historia aseguran que el contrabando de armas y explosivos que investigan está “íntimamente ligado al terrorismo”, por lo que es menester “asegurar la paz interna del país”. Sobre el final, una voz off lee un discurso que expresa que “...la figura del soldado se agranda ante nuestros ojos al ofrendar su vida por la causa de la democracia, cuna de la familia americana y derrotero del mundo libre, que repudia y combate a quienes pretenden implantar ideas comunizantes ajenas a nuestras tradiciones...”. Lo que no queda claro es si la “G” del título responde a Gendarmería o a guerrilleros.
• Aconcagua (Leo Fleider, 1961-1962): producción de M. M.
[Mauricio Migdal] para Gloria Films, con producción ejecutiva de Emilio Spitz y
guión de Norberto Aroldi sobre argumento de Olga Casares Pearson. Drama de
resonancias metafísicas y religiosas acerca de hombres enfrentados a la
inmensidad de la montaña, en este caso el magnífico pico del Aconcagua en la
Cordillera de los Andes, uno de los cuales es Enrique Kossi, actor que por lo
general estaba presente en este tipo de propuesta. Los créditos agradecen a la
Secretaría de Guerra, al Servicio de Informaciones del Ejército, a la 8ª
División de Infantería de Montaña, a la Inspección de Bandas Militares, a la
Secretaría de Aeronáutica y a la 4ª Brigada Aérea.
• Misión 52 (Mario C. Lugones, 1962): Producciones
Bárcena-Lugones, guión de Reynaldo Tettamanti sobre rescatistas de la Fuerza
Aérea, nunca lanzado en cines ni emitido por TV pero sí estrenado en España con
el título Misión infernal. Mario
Alfredo Bárcena Croppi era vicecomodoro de esa Fuerza, hijo de un teniente
coronel.
• Canuto Cañete conscripto del
Siete (Julio Saraceni, 1963):
Producciones Guido Aletti, guión de Abel Santa Cruz sobre la pieza teatral Tire-au-flanc!, de André Mouëzy-Eon y
André Sylvane; rodado en Campo de Mayo y alrededores y en el Batallón de
Arsenales 101 en Villa Martelli. Registra el debut cinematográfico de Carlos
Balá, como un torpe soldado conscripto: cualquier otra similitud entre esta
versión de la comedia y la que dirigió Jean Renoir en 1928 hubiera sido un milagro.
• La muchachada de a bordo (Enrique Cahen Salaberry, 1966): Producciones García Nacson SA, guión de Virgilio Muguerza a partir de la pieza teatral de Manuel Romero; exteriores en la ESMA, en la Base Naval de Puerto Belgrano y a bordo del portaaviones ARA Independencia. El 21.8.1980, Carlos García Nacson publicó en los diarios un aviso publicitario con un texto que decía: “A la Marina de Guerra argentina: ¡otra vez! ¡Muchas gracias! pues sin su colaboración jamás se hubiera filmado la nueva versión en colores de la película La muchachada de a bordo con Carlos Balá y Leo Dan reestrenada a partir de hoy con copias nuevas en 58 salas simultáneas de la Capital Federal e interior del país”; en aquellos días el productor necesitaba crédito y subsidio del INC para un nuevo proyecto, que no pudo concretar. O sea, una alcahuetería al pedo que su sumó a la alcahuetería original de 1966. [Concluirá mañana]
Horacio Bustos Lynch
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