viernes, 15 de mayo de 2026

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¡De frente… march!: el cine de los servicios

–1º parte: generalidades,

tenientelidades y comandantelidades

–“¿Crees en Dios?
–Sí. Pero El no puede hacerlo todo.
Por eso creó a la Policía”.
Diálogo entre el detective Ryan Robbins y la agente
de la DEA Rosie Pérez en la miniserie Pure (2016).

La presencia militar en el espectáculo se remonta a mediados del siglo XIX: en Francia, por ejemplo, eran muy populares los vaudevilles de André Mouëzy-Eon ambientados en cuarteles en los que el cómico de turno hacía de las suyas. El cine se apropió del subgénero y ya en los años 20 y 30 hubo films europeos, principalmente franceses, que adaptaban esas piezas teatrales: años más tarde, los periodistas estadounidenses acuñaron el término services movies (“películas de los servicios”) para definir este tipo de producto. El cine argentino, por supuesto, incursionó en ese territorio, y lo hizo de tres diversas maneras:

El Bahía Aguirre

• Como vehículo para los actores cómicos en boga: Luis Sandrini, el dúo Buono-Striano, José Marrone, Carlos Balá, Ismael Echevarría “El Tehuelche”, El Soldado Chamamé y Alberto Olmedo y Jorge Porcel, así como también para la conjunción cómico-cantante, Balá-Leo Dan y Balá-Palito Ortega.

A manera de comedia o drama heroico-sentimental cuyos principales personajes se mueven en ambiente militar, como en Corazón ante la ley (históricamente el primero, mudo, producido y estrenado en 1929), Cadetes de San Martín, Alas de mi patria, Fragata Sarmiento, La última escuadrilla y Mi amigo Luis, entre muchos otros, con un pico de ejemplos en la primera mitad de los 50.

• En su opción más deleznable, la de las puras y duras, sin demasiado sentimentalismo ni humorismo, apenas peripecias en las que los malos son abatidos o regenerados por la fuerza en cuestión, vertiente que ha permitido a productores diversos concretar films a muy bajo costo aprovechando la ingenuidad, generosidad y/o interés especulativo de los capitostes de la fuerza a la que promocionaban. Algunos títulos representativos: Patrulla Norte, Sombras en la frontera y Operación “G” para la Gendarmería; Captura recomendada, Camino al crimen, Mala gente y Las tres claves para la Policía Federal; La encrucijada para la Dirección de Institutos Penales; La muerte flota en el río para la Prefectura Nacional Marítima; Delito para la Policía y la Prefectura; Aconcagua para la Infantería de Montaña; y Misión 52 para la Fuerza Aérea. Un temprano ejemplo fue un documental corto, sin título conocido, mudo y con sonido sincronizado, estrenado el 2.7.1931 en los cines Gaumont, Empire y Paramount, producido por la Legión Cívica Argentina en “homenaje al ejército y a la armada nacionales”, a cuya première en el cine Empire concurrió el Presidente Uriburu.

Olga Casares Pearson


   Algunos profesionales involucrados en el subgénero merecen cartón francés. Reynaldo Tettamanti (Reynaldo Salvador Tettamanti Lambruschini; 1922-2002) era un teniente de Navío con vocación literaria y solía firmar algunos ciclos televisivos tras el pseudónimo Juan del Mapa. En septiembre 1955 los miembros de las Fuerzas Armadas que bajo la denominación de Revolución Libertadora derrocaron mediante un golpe de Estado el segundo gobierno constitucional presidido por el general Juan Domingo Perón, lo entronizaron como interventor en la Dirección General de Espectáculos Públicos. Desde su escritorio fue tomando contacto con la gente del cine, uno de los cuales, el productor David Yohai Varón –un parvenu– le compró un antiguo argumento que tomó forma a fines de ese mismo año con el título Goleta Austral, que el autor firmó apenas como Reynaldo Salvador, aunque el asunto no pasó a mayores puesto que jamás llegó a cine alguno. Insistirá con otro argumento, que por Gracia Divina tampoco accederá a los cines, el de Misión 52, éste firmado con su nombre. Entre sus créditos televisivos se recuerdan dos ciclos que produjo y condujo, El rumor de la semana (1962) y Mesa de credos (1985).

   La actriz argentina Olga Casares Pearson (1895-1979, nacida en Italia), que ya actuaba en Corazón ante la ley, la primera services movie, fue, además, argumentista de otras tres: en las dos primeras sus personajes tienen directa relación con la Armada, pero su vocación filomilitar se prolongó en un tercer título en favor del Ejército, que por otra parte resultó su último film puesto que falleció cuatro meses después de la muerte de su esposo, el actor Angel Walk (1891-1979), con el que supo conformar una de las más exitosas parejas radiofónicas en los años 20 y 30. Por su parte, el comandante Oscar Cimorelli Quiroga, argumentista y productor asociado de Operación “G” que en 1963 será productor de 40 años de novios, de Carreras, mantenía relaciones muy aceitadas con estamentos de las fuerzas de seguridad: en 1964 fue productor de un ciclo televisivo “de exaltación de la epopeya nacional” titulado Bouchard –Un héroe del mar–, emitido en varios capítulos desde el 3.7.1964 a las 22.15 por el Canal 7, auspiciado por Yacimientos Petrolíferos Fiscales y protagonizado por Francisco Petrone, y hacia 1982 era el jefe de relaciones públicas de la Gendarmería.

Jorge Velasco en el set de La sonrisa de mamá,
con Libertad Lamarque y el asistente de
dirección Orlando Zumpano


   Dos productores-directores muy reconocidos y populares ostentan cucardas que se han ganado en buena ley. Tanto Palito Ortega cuanto Emilio Vieyra han sido los más fieles y obsecuentes exaltadores del accionar de las fuerzas “del orden”, y lo han hecho en plena dictadura militar del llamado Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983), lo que torna a sus productos obscenos y abyectos. Ortega siempre demostró simpatía por los uniformados, y una prueba cabal la demuestra el hecho de que festejó su casamiento (1967) en los espléndidos salones del Círculo Militar. En 1975 culminó su larga relación con los Mentasti (16 films desde 1963) y decidió encarar sus propios proyectos montando una sociedad con Jorge Velasco, eficaz jefe de producción iniciado a finales de los 50, asiduo a la obra de Enrique Carreras y bien conocido en el gremio por sus simpatías filomilitares y también por su fama de “mataputos”. En cuanto a Vieyra, ya desde su opera prima hizo gala de su anticomunismo y de su predilección por la mano dura, pero se lució más que nunca con dos largometrajes producidos durante esa dictadura. Al igual que Velas, su colega Julio Godoy aparece vinculado a varios títulos del subgénero: para que se tenga idea de su calaña, cierto día de mediados de los 60 se trenzó en una pelea con el “productor” Marco Petrucci (otro gangster…) que culminó cuando Godoy sacó a relucir una pistola, todo ello en Lavalle al 1900, frente a la Comisaría 5ª…

   A pesar de todo lo cual, Los chiflados dan el golpe resulta el film más representativo del primer apartado y sus hacedores miembros destacados del clan filomilitar de la historia del cine nativo. La situación de base del guión de Enrique Dawi y Emilio Villalba Welsh, esto es, los enredos derivados de la presencia de mujeres en un buque, es la misma que la de la “pochade sainetesca de ambiente marinero” Hay bronca en el “Rivadavia”, de Manuel Romero, estrenada el 29.7.1932 en el Teatro del Centro por la compañía encabezada por Luis Arata, Leopoldo Simari y José Franco. Sin embargo, lo que distingue a este film es, si se quiere, más sutil. Fue rodado en julio 1975 casi íntegramente en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA), y el jefe de esa fuerza, comandante Emilio Eduardo Massera, tuvo la gentileza de visitar, el viernes 11, un día de trabajo en el buque Bahía Aguirre, justo “después de asistir a la jura de los nuevos ministros que componen el gabinete nacional” (Heraldo del Cine, pág. 228). Si hubiera sido producido veinte o treinta años antes habría resultado otra tontería de enredos cómicos con reclutas torpes y oficiales ciegos, pero ocho meses antes del golpe militar (del que Massera fue uno de sus más sanguinarios perpetradores) lo convierte en un producto indigesto. Imposible reírse hoy de las tonterías de sus personajes en el ámbito físico que devendría el principal y más emblemático centro de detención, tortura y asesinato del país.

Rafael Carret en
Los chiflados dan el golpe


   Sus responsables son o fueron bien conocidos elementos filomilitares con una enorme vocación de servicio: el productor Carlitos Borcosque la heredó de su padre, director de Alas de mi patria y Fragata Sarmiento, aunque en aquellos años 30 era posible admirar a los uniformados sin por ello ser mal visto. Su socio, Horacio Mentasti, era su amigo de la infancia, y juntos o por separado trabajarán tupido en el período 1976-1983. El Soldado Chamamé responde por su vocación desde su mismo nombre artístico, y otro miembro del elenco, el popular Rafael “Pato” Carret era, por cierto, un abonado a este tipo de propuesta (ya aparecía vestido de marinerito en Vigilantes y ladrones en 1952…) y un par de años después será el protagonista y productor de Patolandia nuclear. Para colmo, los cines que estrenaron Los chiflados dan el golpe ofrecían como complemento el documental La Escuela del mar, que el siempre servicial productor-director de cortometrajes Alberto Larrán dedicó ese mismo año a la ESMA, algunas de cuyas imágenes fueron a su vez utilizadas en el engendro de Dawi-Mentasti-Borcosque.

   El primero en cuestionar abierta y duramente a una institución militar, nada menos que el Ejército, fue La Patagonia rebelde (Héctor Olivera, 1974) y no habrá nuevos ejemplos hasta después de recuperada la democracia en 1983. Desde entonces, las llamadas services movies fueron desapareciendo del radar de los productores argentinos con una sola excepción de la que se dará cuenta en la segunda parte de este artículo, una filmografía comentada. [Continuará mañana]

Mike Faber

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