TEMAS
Si me
ves apretando el pomo…
Hoy es martes de Carnaval y con
ese título fue estrenada en Buenos Aires una comedia estadounidense de la Fox
con Pat Boone, Mardi Gras (Edmund
Goulding, 1958). Cinematografías de todo el mundo han producido films alusivos
a esos festejos, pero en este espacio interesan, obviamente, los nuestros. La
siguiente enumeración no se pretende exhaustiva: he escrito “carnaval” en el
buscador de mi word y apareció un
sinfín de archivos, muchos de los cuales aludían a temas musicales
(carnavalitos) y otros no guardaban relación con la temática específica. Con la
salvedad de que puede haber otros que escaparon a mi radar, éste es el
resultado.
• Reía Carnaval… (Julio Irigoyen, 1920), cortometraje comercial que era exhibido de manera gratuita.
• Los misterios del turf argentino (Irigoyen, 1924), dramita con imágenes documentales sin actores tomadas en
el tradicional Carnaval de la Avenida de Mayo, el más popular de la Capital
Federal en aquellos tiempos.
• Y en una noche de Carnaval… (Enzo Longhi,
1925), versión de una pieza teatral de Alfredo Méndez Caldeira que “trata de
un obrero que se deja seducir por las malas compañías y las malas mujeres y que
abandona a su mujer y a su hija y, de caída en caída, llega hasta las puertas
del crimen, salvándose milagrosamente”, trámite en el que “hay,
particularmente, unas vistas del corso de carnaval de la Avenida de Mayo,
tomadas de noche y de la propia realidad, que es una de las notas más
acertadas, fotográficamente”, según crónica en La Razón del
7.7.1925.
• Noches de Carnaval (Julio Saraceni, 1937), otra adaptación del
teatro, la popular pieza homónima de Goicoechea y Cordone, una comedia
dramática que transcurre en esos días, con Florencio
Parravicini, Rosita Contreras y María Esther Podestá. No hay copia alguna desde tiempos lejanos.
• La hija del viejito guardafaro (Irigoyen,
1939), que incluye
imágenes del Carnaval en la Avenida de Mayo, casi con seguridad las mismas
filmadas por Irigoyen en 1924 para Los misterios del turf argentino.
• De Méjico llegó el amor (Richard Harlan,
1940) muestra una
muy bien producida fiesta de Carnaval con numerosos extras en la que, además de
los actores principales (Tito Guízar y Amanda Ledesma) participan Max Citelli
(espantapájaros), Pedro Pomplio (italiano) y Dick y Biondi (pareja bufa).
• Carnaval de antaño (Manuel Romero,
1940) seguidilla de tangos con melodramita de fondo (porteño vivillo, heroína
sufrida, mina “con experiencia”, joven cantor en ascenso, seductor con bigote
finito: Parravicini, Sabina Olmos, Sofía Bozán, Charlo, Enrique Roldán), esto
es, un Romero en estado puro, todo a partir de “Buenos Aires 1912
Carnaval” hasta “1930”. ¡Plin, caja!
• La hora de las sorpresas (Daniel Tinayre, 1941), comedia con números musicales, el octavo de los cuales está a cargo de Pedro Quartucci, quien canta un tema de inspiración francesa acompañado por un ballet en ambiente carnavalesco, según coreografía de Rafael García.
• Safo –Historia de una pasión– (Carlos Hugo
Christensen, 1943) ofrece una fiesta de Carnaval inolvidable, aquella a la que
es invitado el ingenuo provinciano Roberto Escalada, quien, un tanto aturdido
por el barullo y por las mujeres atrevidas que bailan can-can,
descubre de pronto, en lo alto de una escalera y enarbolando un cigarrillo, la
mirada experta de Mecha Ortiz, quien le cierra el paso (“Por aquí no se pasa”,
le dice), mientras la banda sonora deja escuchar por primera vez el bellísimo
vals que George Andreani compuso como leit motiv y los fuegos
artificiales iluminan la escena que concluye con un beso de aquellos.
• No me digas adiós (Moglia Barth,
1948), coproducción argentino-brasileña una de cuyas secuencias registra un
auténtico Carnaval carioca, en la que el brasileño Anselmo Duarte se
disfraza de gaucho y la argentina Nelly Darén de Carmen Miranda.
• Vidalita (Luis Saslavsky, 1948) incluye
una secuencia ad hoc, en la que puede
vislumbrarse entre el gentío a María Aurelia Bisutti, Cristina Berys e
Irma Roy, cuyos nombres no figuran en los créditos.
• La voz de mi ciudad (Tulio Demicheli,
1952), del subgénero “persevera y triunfarás, Marianito”, con una secuencia
ubicada en un club de barrio en los que se hacían los bailes de Carnaval.
• Somos todos inquilinos (1954), tres
episodios sin títulos: en el primero, dirigido por Carlos Torre Ríos, Tito
Climent es informado por su médico –el
viernes previo al Carnaval– que su muerte es inminente, por lo que decide
organizar una farra descomunal con invitados que deben asistir disfrazados “de
lo que hubieran querido ser en la vida”.
• Barrio gris (Mario Soffici, 1954), notable
versión de la novela de Gómez Bas, que ofrece el panorama
de un barrio marginal hacia 1930, no una villa miseria sino un barrio del
conurbano bonaerense (calles de tierra, casas modestas), enfocando a un grupo
de amigos; en medio de sus peripecias hay un baile de Carnaval espléndidamente
realizado.
• Ayer fue primavera (Fernando Ayala, 1954-1955) también suma una secuencia alusiva entre Analía Gadé y Duilio Marzio, que utilizan máscaras diseñadas por Carlota Beitía.
• Fantoche (Román Viñoly Barreto, 1957), una de Sandrini con secuencias rodadas durante el tradicional, famoso Carnaval del barrio de Pocitos, en Montevideo.
• Cerro Guanaco (José Ramón Luna, 1959),
peripecia norteña cuyo texto inicial informa: “Viejos y
permanentes duendes calchaquíes resucitan en esta historia: el Pujllay, que
muere con el Carnaval del martes a medianoche y el Chiqui, urdidor de males
cobran figura humana y repiten su aventura en los mágicos cerros de Catamarca”.
Jorge Lanza es el hombre con la máscara del Diablo.
• Favela (Armando Bo, 1960), coproducción con Brasil en la que
Isabel Sarli integra una Escola de Samba con la que ensaya coreografías para el
siguiente Carnaval carioca, que la catapultará al estrellato como cancionista.
• La murga (René Mugica, 1961), modesta,
simpática, desarticulada historia de Rodolfo M. Taboada en torno a un grupo de
niños porteños que juegan al fútbol en un potrero (para el autodenominado “Clú
Esportivo Corasones Unidos”) y que luego forman la murga “Los Amante de la
Garufa”, que refleja por primera vez en cine la costumbre de “jugar al agua”
durante las tardecitas de los días del Carnaval.
• 40 años de novios (Enrique Carreras, 1963), coproducción con España cuyo comienzo es promisorio, con un Carnaval bien producido: el resto es… Lolita Torres según Abel Santa Cruz y Carreras.
• Che O. V. N. I. (Aníbal E. Uset,
1967), con Nancy Lopresti haciendo de una chica cósmica parecida a
la disfrazada de Zorro en un baile de Carnaval.
• Crimen sin olvido (Jorge Mistral,
1968), coproducción boliviano-argentina, con una paupérrima
festividad de Carnaval, apenas una docena de máscaras que hacen equilibrio para
danzar entre el pedregullo.
• La malavida (Hugo Fregonese, 1972) comienza
y termina con sendos festejos de Carnaval.
• Esta es mi argentina (Leo Fleider, 1973),
documental turístico que, entre sus “atracciones”, incluye los festejos del
Carnaval correntino.
• Otra esperanza (Mercedes Frutos,
1984) agrega un baile carnavalesco cuyo animador es Eugenio Troisi.
• Los insomnes (Carlos Orgambide, 1984), con
personajes de la noche que, en una de sus recorridas, pasa por un festejo en el
que Juan Leyrado luce como travesti.
• Años rebeldes (Rosalía Polizzi, 1993),
coproducción ítalo-argentina que incluye la reconstrucción de una celebración
en los años 50, en la que el locutor es Daniel Alvaredo,
• El sueño de los héroes (Sergio Renán,
1996), tibia versión de la novela de Bioy Casares cuyo mayor mérito reside en
las secuencias de los dos Carnavales, realizados con gran fuerza
expresiva y plástica; lo paradójico es que esas secuencias no las dirigió
Renán, sino su asistente Rodolfo Mórtola, con la coordinación de Gustavo Mozzi.
Varios corto y mediometrajes documentan pormenores de corsos regionales, entre ellos Carnaval en Amaicha del Valle (NN, 1947), Carnaval en San Juan (Máximo Berrondo, 1958), Corrientes capital del Carnaval argentino (Juan Carlos Bello, 1968), Carnaval en el Norte (Carlos Nelson, 1969), con Bebe Kamin a cargo del sonido, Imágenes del Carnaval (E. Fernández y Mirta Rodríguez, 1977), Artistas de Carnaval (Daniel Monayer, 1982), entre cuyos colaboradores figuran Gustavo Marangoni, Daniel Barone y Cecilia Felgueras, y, con destaque especial, Tren gaucho (Gabriela David, 1987), sobre el relato de Juan José Manauta que narra la luminosa crónica de un día en la vida de una temprana cartonera suburbana (antes de que ese término se pusiera lamentablemente a la moda) que se impone una pausa carnavalesca a su perpetua marginalidad.
Sólo quien se ocupe de investigar los films carnavalescos del siglo XXI
registrará cuántos y cuáles son: mi memoria sólo atesora el documental Gualeguaychú –El país del
Carnaval– (Marco Berger, 2021), nunca estrenado en cines, que aporta una fresca y
desprejuiciada mirada gay a esos
festejos regionales.
Aarón
Loewenthal
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