CHUCHERIAS
Yo sé que ahora vendrán caras extrañas
John Loder
Donde el viento
brama (Ralph Pappier, 1963) nunca llegó a los cines pero sí a la TV: es un drama
ambientado en la Patagonia, sobre buscadores de oro y prostitutas, con Fanny
Navarro, Guillermo Bredeston, Alfredo Almanza y Claudia Lapacó, elenco en el
cual, sin embargo, quien brilla con luz propia es el británico John Loder
(1898-1988), cuya presencia en un oscuro film argentino merece especial
atención. Si bien no fue en verdad una súper estrella, logró destacar como
actor de soporte y en algunas ocasiones como protagonista en producciones de bajo
presupuesto. Iniciado como extra, trabajó en Alemania, Hollywood, Inglaterra,
otra vez Hollywood, los teatros de Nueva York y de vuelta Inglaterra, con un
paréntesis en el que sirvió como teniente 2º durante la Primera Guerra Mundial.
Intervino en más de un centenar de títulos, por lo general como “tall and
aristocratically handsome”, según la descripción de Ephraim Katz, dirigidos
por Sternberg (The case of Lena Smith –El mundo contra ella,
1928), Alexander Korda, Carol Reed, Maurice Tourneur, Hitchcock (Sabotage
–Sabotaje, 1936), Ford (How green was my valley –Qué verde era
mi valle, 1941), Walsh (Gentleman Jim –El caballero audaz,
1942) y Curtiz (Passage to Marseille –Pasaje a Marsella, 1943).
Se lo recuerda particularmente acompañando a Bette Davis en Now, voyager (La extraña pasajera, Irving Rapper, 1942) y en Old acquaintance (Vieja amistad, Vincent Sherman, 1943), así como a Hedy Lamarr en Dishonored lady (La calumniada, Robert Stevenson, 1947): con esta última casó durante el rodaje y, tras el divorcio, la definió como “un verdadero caso de psicoanálisis”. El haber sido esposo de Lamarr y amigo personal de la poco amigable Garbo son dos acontecimientos en su vida personal que casi corren parejos en importancia a su tan distinguida trayectoria. En 1958, Loder volvió a casarse, casi en secreto, con una acaudalada dama argentina, Alba Julia Lagomarsino, viuda de un rico ganadero del que heredó campos y una estancia (10.000 hectáreas, 4.000 cabezas de ganado Shorthorn) a 7 kilómetros de Villa Mercedes, San Luis. Fue Pappier quien lo hizo retornar (aunque sin gloria) al cine, en el que sería su penúltimo trabajo: el último resultó aún más inadvertido, se tituló The firechasers (Sidney Hayers, 1970) y lo rodó en su país natal.
Catherine Alric
Sobre films argentinos de producción complicada se
podría escribir todo un libro. Uno de ésos fue Más allá de la aventura (Oscar Barney Finn, 1980), pensado como un
tardío vehículo para el sorpresivo estrellato de un naturalista cubano exiliado
en los EEUU: resulta que uno de sus documentales tuvo un inesperado éxito de
taquillas en cines locales… en 1977. Pero hubo tantas idas y vueltas con el
proyecto que Pruna se vio relegado a un segundo plano y el personaje que en los
papeles era de segundo plano ascendió al primero. Así, Alric accedió a su única
actuación local luego de que Oscar intentara conseguir, en este orden,
a Brigitte Fossey, Nicole Calfan, Gayle Hunnicut, Brigitte Bardot y Alexandra
Stewart, cuyos respectivos agentes, como si tuvieran buen olfato, desestimaron
el ofrecimiento. Con ella y en dos días de febrero 1980 registró en París
diversas escenas en sus calles invernales.
Bellísima rubia parisina nacida en 1954, Catherine Alric se había iniciado como mannequin y accedió al cine en pequeños personajes. Quien le ofreció su primera gran oportunidad fue Philippe de Broca en un corto publicitario rodado en Acapulco y luego en sus largometrajes L’incorrigible (El incorregible, 1975), Julie pot de colle (Las diabluras de Julia, 1976), Tendre poulet (Ella sí, yo también!, 1977), Le cavaleur (El mujeriego, 1978) y On a volé la cuisse de Jupiter (Quién me quita lo bailado!, 1979). La exitosa asociación entre ambos incluyó una relación sentimental acotada a esos años. Alric llegó a Buenos Aires con Oscar el lunes 3.3.1980 y casi de inmediato viajó a Misiones. Interin, hizo un viaje relámpago a Buenos Aires para sumar su presencia, el sábado 15.3, en el Festival de Cine Francés que Unifrance organizó en el Broadway, que incluía el último de sus films con De Broca.
Al
regresar de Misiones Oscar le ofreció una comida, como para que confraternizara
con colegas vernáculos: fue chez
Ricardo Fasán en su departamento de Paraná al 1200 y allí estuvieron, entre
otros, Julia von Grolman, Cipe Lincovsky, Amelita Baltar, Marikena Monti, María
Julia Bertotto, Ricardo Wulicher, Víctor Laplace, Gigí Rua, Elena Sédova,
Alberto Basail, Graciela Dufau & Diego Varzi y “Chiche” Gelblung. A la luz
de los resultados artísticos de su incursión argentina, es muy probable que
Alric guardara de esa noche su mejor recuerdo. Su carrera posterior se pierde
en títulos intrascendentes y en programas de TV, en todos los cuales pasó poco
menos que inadvertida.
Néstor Zavarce
Actor, cantante y animador televisivo venezolano
(1936-2010) que debutó en el cine –sin figurar en los credits– en El Demonio es un ángel (idem, 1949), vale decir, a sus 13 añitos,
introducido por el director argentino Carlos Hugo Christensen, film que además
incluyó la aparición amistosa –tampoco acreditada– del actor chileno Horacio
Peterson, formalmente el asistente de dirección: Peterson y Zavarce serán uno
detrás del otro protegés de Christensen y actores en algunos de sus largos,
varios en el caso del adolescente. De inmediato hicieron La balandra Isabel llegó esta tarde (idem, 1949), antes de que el
director lo trajera consigo a Buenos Aires.
Aquí intervino en tres largometrajes: en Si muero antes de despertar (Christensen, 1951) fue “Lucho” Santana, el pibe al que el depravado asesino Homero Cárpena secuestra, aunque ya con 15 años estaba un tanto crecido para hacer de niño. Bajo contrato con Estudios San Miguel, ese mismo año filmó Paraíso robado (Arturo Pimentel supervisado por Christensen, 1951), como uno de los hijos de Santiago Arrieta y Delfy de Ortega, comedia demasiado amable que sólo pasó a la historia por haber sido la última producción de esa empresa. Antes de regresar a su país, Zavarce intervino en Armiño negro (Christensen, 1952), admirable melodrama en el que fue “Morito”, hijo de la devoradora de hombres Laura Hidalgo, que advierte el juego manipulador de su madre escuchando conversaciones detrás de los barrotes de la escalera que ella sube y baja majestuosamente.
Devenido
adulto, Zavarce hará un cuarto film argentino, Acosada (Alberto Du Bois,
1962), rodado en Venezuela, con Libertad Leblanc como una cabaretera que enamora
a un cantante del mismo cabaret, quien al final la tratará de “arrastrada”,
personaje a cargo de Zavarce, que demuestra haber crecido mal.
Harry Lime
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