lunes, 3 de noviembre de 2025

CHUCHERIAS

Yo sé que ahora vendrán caras extrañas

John Loder

Donde el viento brama (Ralph Pappier, 1963) nunca llegó a los cines pero sí a la TV: es un drama ambientado en la Patagonia, sobre buscadores de oro y prostitutas, con Fanny Navarro, Guillermo Bredeston, Alfredo Almanza y Claudia Lapacó, elenco en el cual, sin embargo, quien brilla con luz propia es el británico John Loder (1898-1988), cuya presencia en un oscuro film argentino merece especial atención. Si bien no fue en verdad una súper estrella, logró destacar como actor de soporte y en algunas ocasiones como protagonista en producciones de bajo presupuesto. Iniciado como extra, trabajó en Alemania, Hollywood, Inglaterra, otra vez Hollywood, los teatros de Nueva York y de vuelta Inglaterra, con un paréntesis en el que sirvió como teniente 2º durante la Primera Guerra Mundial. Intervino en más de un centenar de títulos, por lo general como “tall and aristocratically handsome”, según la descripción de Ephraim Katz, dirigidos por Sternberg (The case of Lena SmithEl mundo contra ella, 1928), Alexander Korda, Carol Reed, Maurice Tourneur, Hitchcock (SabotageSabotaje, 1936), Ford (How green was my valleyQué verde era mi valle, 1941), Walsh (Gentleman JimEl caballero audaz, 1942) y Curtiz (Passage to MarseillePasaje a Marsella, 1943).

Con su esposa argentina

   Se lo recuerda particularmente acompañando a Bette Davis en Now, voyager (La extraña pasajera, Irving Rapper, 1942) y en Old acquaintance (Vieja amistad, Vincent Sherman, 1943), así como a Hedy Lamarr en Dishonored lady (La calumniada, Robert Stevenson, 1947): con esta última casó durante el rodaje y, tras el divorcio, la definió como “un verdadero caso de psicoanálisis”. El haber sido esposo de Lamarr y amigo personal de la poco amigable Garbo son dos acontecimientos en su vida personal que casi corren parejos en importancia a su tan distinguida trayectoria. En 1958, Loder volvió a casarse, casi en secreto, con una acaudalada dama argentina, Alba Julia Lagomarsino, viuda de un rico ganadero del que heredó campos y una estancia (10.000 hectáreas, 4.000 cabezas de ganado Shorthorn) a 7 kilómetros de Villa Mercedes, San Luis. Fue Pappier quien lo hizo retornar (aunque sin gloria) al cine, en el que sería su penúltimo trabajo: el último resultó aún más inadvertido, se tituló The firechasers (Sidney Hayers, 1970) y lo rodó en su país natal.

Catherine Alric

Sobre films argentinos de producción complicada se podría escribir todo un libro. Uno de ésos fue Más allá de la aventura (Oscar Barney Finn, 1980), pensado como un tardío vehículo para el sorpresivo estrellato de un naturalista cubano exiliado en los EEUU: resulta que uno de sus documentales tuvo un inesperado éxito de taquillas en cines locales… en 1977. Pero hubo tantas idas y vueltas con el proyecto que Pruna se vio relegado a un segundo plano y el personaje que en los papeles era de segundo plano ascendió al primero. Así, Alric accedió a su única actuación local luego de que Oscar intentara conseguir, en este orden, a Brigitte Fossey, Nicole Calfan, Gayle Hunnicut, Brigitte Bardot y Alexandra Stewart, cuyos respectivos agentes, como si tuvieran buen olfato, desestimaron el ofrecimiento. Con ella y en dos días de febrero 1980 registró en París diversas escenas en sus calles invernales.


   Bellísima rubia parisina nacida en 1954, Catherine Alric se había iniciado como mannequin y accedió al cine en pequeños personajes. Quien le ofreció su primera gran oportunidad fue Philippe de Broca en un corto publicitario rodado en Acapulco y luego en sus largometrajes L’incorrigible (El incorregible, 1975), Julie pot de colle (Las diabluras de Julia, 1976), Tendre poulet (Ella sí, yo también!, 1977), Le cavaleur (El mujeriego, 1978) y On a volé la cuisse de Jupiter (Quién me quita lo bailado!, 1979). La exitosa asociación entre ambos incluyó una relación sentimental acotada a esos años. Alric llegó a Buenos Aires con Oscar el lunes 3.3.1980 y casi de inmediato viajó a Misiones. Interin, hizo un viaje relámpago a Buenos Aires para sumar su presencia, el sábado 15.3, en el Festival de Cine Francés que Unifrance organizó en el Broadway, que incluía el último de sus films con De Broca.

   Al regresar de Misiones Oscar le ofreció una comida, como para que confraternizara con colegas vernáculos: fue chez Ricardo Fasán en su departamento de Paraná al 1200 y allí estuvieron, entre otros, Julia von Grolman, Cipe Lincovsky, Amelita Baltar, Marikena Monti, María Julia Bertotto, Ricardo Wulicher, Víctor Laplace, Gigí Rua, Elena Sédova, Alberto Basail, Graciela Dufau & Diego Varzi y “Chiche” Gelblung. A la luz de los resultados artísticos de su incursión argentina, es muy probable que Alric guardara de esa noche su mejor recuerdo. Su carrera posterior se pierde en títulos intrascendentes y en programas de TV, en todos los cuales pasó poco menos que inadvertida.

Néstor Zavarce

Actor, cantante y animador televisivo venezolano (1936-2010) que debutó en el cine –sin figurar en los credits– en El Demonio es un ángel (idem, 1949), vale decir, a sus 13 añitos, introducido por el director argentino Carlos Hugo Christensen, film que además incluyó la aparición amistosa –tampoco acreditada– del actor chileno Horacio Peterson, formalmente el asistente de dirección: Peterson y Zavarce serán uno detrás del otro protegés de Christensen y actores en algunos de sus largos, varios en el caso del adolescente. De inmediato hicieron La balandra Isabel llegó esta tarde (idem, 1949), antes de que el director lo trajera consigo a Buenos Aires.

Con María A. Troncoso en
Si muero antes de despertar

   Aquí intervino en tres largometrajes: en Si muero antes de despertar (Christensen, 1951) fue “Lucho” Santana, el pibe al que el depravado asesino Homero Cárpena secuestra, aunque ya con 15 años estaba un tanto crecido para hacer de niño. Bajo contrato con Estudios San Miguel, ese mismo año filmó Paraíso robado (Arturo Pimentel supervisado por Christensen, 1951), como uno de los hijos de Santiago Arrieta y Delfy de Ortega, comedia demasiado amable que sólo pasó a la historia por haber sido la última producción de esa empresa. Antes de regresar a su país, Zavarce intervino en Armiño negro (Christensen, 1952), admirable melodrama en el que fue “Morito”, hijo de la devoradora de hombres Laura Hidalgo, que advierte el juego manipulador de su madre escuchando conversaciones detrás de los barrotes de la escalera que ella sube y baja majestuosamente.

   Devenido adulto, Zavarce hará un cuarto film argentino, Acosada (Alberto Du Bois, 1962), rodado en Venezuela, con Libertad Leblanc como una cabaretera que enamora a un cantante del mismo cabaret, quien al final la tratará de “arrastrada”, personaje a cargo de Zavarce, que demuestra haber crecido mal.

Harry Lime

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