CHUCHERIAS
Otras historias breves
Sobre
todas esas estrellas…
“Era como una bola peluda vomitada
por un demonio del Infierno”.Illeana Douglas, sobre el perro de Nicole Kidman, en To die for (1995).
No siempre hay únicamente actores en las pantallas,
sino también animales, aunque en ocasiones algunas actuaciones humanas parecen
hechas por animales. Además de los elefantes infaltables en las de Tarzán y en
las de circos, hubo monos (Paco, en Psexoanálisis
y en Pimienta y Pimentón), aves,
felinos, equinos (el caballo de Isabel Sarli en Fiebre), bovinos, tortugas y hasta peces (el pez On y el pez Cuezo
de Chicos ricos). Sin embargo, las vedettes siempre fueron los perros,
desde los hollywoodenses Lassie y Rin-Tin-Tin en adelante. En el cine local del
siglo pasado he registrado (de manera no exhaustiva, se entiende) una
cincuentena de largometrajes en los que tienen actuación destacada o secundaria
perros de razas diversas: los del siglo XXI se los envuelvo para regalo a otros
investigadores. Descuellan Poli, el más antiguo (en El remanso, Nelo Cosimi, 1921); uno
aristocrático, Alf von Königslut (en Caperucita
Roja, Jorge Méndez Delfino, 1933), tan inteligente que interpretaba al
lobo; el que acompañaba a Sandrini en Don
Quijote del altillo (Manuel Romero, 1935-1936), que se llamaba Poch y
trajinaba escenarios de variedades, como el del cine Alcázar en junio 1928
publicitado como “el perro sabio, bailarín y calculador, presentado por Mr.
Dorly”; los que rodeaban a Paulina Singerman en Caprichosa y millonaria (Enrique Santos Discépolo, 1939), todos high class; y el famoso Halcón de Don Bildigerno en Pago Milagro (Ber
Ciani, 1948), que “doblaba” a Horacio Priani cuando se convertía en lobizón, y
su hijo aún más famosos, acreditado como Halcón II en Patrulla Norte (Enio Echenique, 1950, el único perro
“rati” de la pantalla nacional, al que se publicitaba como “el Rin-Tin-Tin
criollo”), en Corazón fiel (Leopoldo Torres Ríos, 1951)
y en Graciela (Leopoldo Torre
Nilsson, 1955).
Otros perros-estrella de aquellos
años fueron Pinta, que apareció en cuatro títulos de la empresa de los hermanos
Carreras; Selva en otros tres, con destaque en Más allá del olvido (Hugo del Carril, 1955); Boneco de Loco, que
hizo sus pininos actorales en la TV y debutó en cine en Adiós Alejandra (Carlos Rinaldi, 1972) para reiterar en dos más; y
Chiche Galeano en otros dos de 1980.
Duque era el lazarillo del ciego de Marianela (Julio Porter, 1954); Ñaró doblaba a Camero como lobizón en Nazareno Cruz y el lobo (Leonardo Favio, 1974-1975); Jimena de San Quico era el mimado de Julia von Grolman en Comedia rota (Oscar Barney Finn, 1978); Trucho se llamaba el que aparecía en Sol de otoño (Eduardo Mignogna, 1996) y, a destacar, varios de Isabel Sarli: Apolo y Sultán en Una viuda descocada (Armando Bo, 1980, acompañados por Charo, de Pepita Muñoz) y Kikina en La dama regresa (Jorge Polaco, 1995). Todos los demás fueron meros secundones…
El gordo y el flaco argentinos
Los títulos de Idolos de la radio
–Broadcasting– (Eduardo Morera, 1934) los mencionan como Fred y Leo, y ése
fue el único largometraje que registra la actuación de Mario Conflitti y Manlio
Salce, imitadores locales de Stan Laurel y Oliver Hardy, siendo Conflitti el
gordo y Salce el flaco: luego harán el corto Dr. Grupinstein (Gastón Mayol, 1941), donde eran presentados como
Cric y Croc, y en actuaciones posteriores serán anunciados como Stan y Oly y
como El Gordo y el Flaco. A la muerte de Conflitti lo suplantó Carlos Tomkinson,
y uno de los últimos rastros de su actividad se registra desde diciembre 1961,
cuando integraron el elenco de La hora de
los pibes, ciclo diario por las tardes del Canal 13. Tomkinson tenía más
experiencia en cine: apareció en personajes minúsculos en La maestrita de los obreros (Alberto de Zavalía, 1941, como uno de
los alumnos de Delia Garcés), en El
campeón soy yo (Virgilio Muguerza, 1955, acreditado en el último lugar), y
en Catita es una dama (Julio
Saraceni, 1956, como el pariente quinielero de Niní Marshall).
Dos films al puro pedo
En Las colegialas (Fernando Siro,
1986), comedia picaresca a la moda de esos tiempos, dentro de un
contexto paupérrimo (en ideas, en situaciones, en diálogos), hay sin embargo
algunos chistes muy efectivos, otros que lo serían si no los anticiparan las
imágenes y más de una situación realmente graciosa: una alumna lleva su
“machete” escrito en los pechos y otra, ninfómana precoz, se calienta con Honcho,
la revista de cabecera de los gays estadounidenses. Pero si por algo Las
colegialas pasará a la historia del cine será porque se trata del primer
film argentino en el que un personaje femenino se tira un pedo, expansión hasta
el momento permitida a los hombres: lamentablemente, la actriz en cuestión,
Marcela Martínez, no sucumbió ante esa costumbre de encasillar a los actores,
ya que murió poco después, a los 26 años. [Mucho más cool e internacional será el pedo que, once años más tarde, Carrie
Broadshaw (Sarah Jessica Parker) se tirará en la cama que en ese episodio (The brought, nº 11 de la primera
temporada de Sex and the city) compartía
con Mr. Big (Chris Noth)].
Poco tiempo después, La bailanta (Luis Rodrigo, 1987-1988) ofrece un
puzzle de historias que tienen como epicentro uno de esos locales (una
bailanta, denominación litoraleña), regenteado por una especie de filósofo de
barrio (Rodrigo mismo, que no se acreditó como actor) que con frecuencia se
dirige al espectador y que en una noche de borrachera cita a Borges mientras se
tira pedos, en una de las escenas más surrealistas y ridículas de toda la
historia del cine argentino.
Feministas: ¡atención!
La señora Alicia Inés Botto (Buenos Aires, 4.6.1914 /
16.5.1982) logró fama y fortuna con el pseudónimo Nené Cascallar con el que
firmaba tremebundas novelas para la radiofonía y la televisión. Curiosamente, dado el enorme éxito
popular de su infatigable producción, sólo se hizo un film argentino con guión
suyo: Fuego sagrado (Ricardo Núñez,
1950), aunque le filmaron otros en el extranjero: Malagueña (1956),
españolada folklórica asimismo dirigida por Ricardo Núñez, argumento original
de Cascallar adaptado por Núñez y Mauricio Torres; el hispano-francés Cuatro
de la frontera / De l’or dans la vallée (Antonio Santillán, 1957), guión de
José Antonio de la Loma y Joaquina Algars sobre argumento original suyo que
nada tenía del romanticismo cursi de sus novelas sino que era una historia
entre bandidos fronterizos; y el mexicano El amor tiene cara de mujer
(Tito Davison, 1973), adaptado de su telenovela pero sin su intervención
personal.
Su radionovela Fuego sagrado (“El deber de ser madre... frente al derecho de ser mujer”) fue emitida por LR4 Splendid a partir del 3.5.1948, de lunes a viernes a las 22.05, como “segundo estreno de la temporada” del ciclo El radioteatro de Nené Cascallar, y se prolongó todo ese mes: fueron sus principales intérpretes Hilda Bernard, Nydia Reinal y Oscar Casco; el espacio era auspiciado por la Compañía Swift de La Plata para su polvo jabonoso especial Ombú, y el éxito determinó que fuera reiterada en septiembre 1949. El film adaptado, que actuaron Francisco de Paula y Diana Maggi, pondría las mechas de punta a las militantes feministas actuales gracias a su texto inicial, firmado por la autora: “Mujer: en el hogar hay un fuego sagrado cuya llama hay que cuidar con las manos, la sangre, el alma y la fe ¡el amor! Piensa que amando a tu marido, criando a tu hijo, cuidando tu casa y adorando a Dios, has comenzado a conocer desde aquí abajo la dicha perfecta y suprema de allá arriba”.
Fernando de Arellano
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