miércoles, 13 de agosto de 2025

BIOGRAFOS

Avenida Santa Fe al 1800

En la cuadra del 1800 de la avenida Santa Fe, entre la avenida Callao y Riobamba, barrio de Recoleta, desde siempre hubo dos salas, una en el nº 1848 y otra, pared de por medio, en el nº 1860. La primera había sido inaugurada el 14.8.1914 con la denominación Splendid aunque, como se estilaba en aquellos días, era publicitada como “Splendid Theater”: su dueño era Max Glücksmann, quien más adelante la vendió a Manuel M. González. El primer film argentino allí lanzado, el 3.6.1919, fue Juan sin Ropa (George Benoît, 1918). La del 1860 era todavía más antigua, tanto que su fecha de inauguración se pierde en el tiempo: denominada Nacional, era popularmente mencionada “Nacional Norte” para diferenciarla del más popular Nacional de la calle Corrientes al 900, esa catedral, y desde el 14.1.1915 y hasta diciembre 1918 fue rebautizada Battaglia en homenaje al actor Guillermo Battaglia, quien trabajo allí durante largos años y hasta poco antes de su fallecimiento en Montevideo el 19.7.1913.


   Cuando el Nacional-Battaglia cerró, quien adquirió el predio fue Glücksmann, que lo mandó demoler y sobre sus ruinas hizo levantar el monumental cine-teatro que hasta el año 2000 sería conocido –tras descartarse el nombre tentativo Teatro de la Paz– como Grand Splendid, inaugurado con pompa y circunstancia el 16.5.1919. El Grand Splendid fue, desde su mismísima inauguración, el cine porteño high class por definición. Allí eran ofrecidos los films más importantes, en su mayoría estadounidenses, muy rara vez alguno argentino, pero el público acudía a la sala menos por el film o las variedades que por mostrarse, por “estar”. Una prueba de ello lo ofreció una publicidad de Grennier y Cía. publicada en La Nación el domingo 20.8.1922, ilustrada con diseños de Málaga Grenet, que mostraban a una mujer enfundada en elegantes vestidos y sombreros, y salpicada de textos que decían que “Maruja a toda hora y en todo lugar usa los polvos compactos de Coty París a pesos 1.50 la cajita en todas partes”, precisando que el “domingo por la mañana en la Rosserie de Palermo, por la tarde en las carreras y por la noche en el Cine Grand Splendid”.


   Así, durante un corto tiempo convivieron el Splendid y el Grand Splendid, lo cual era un despropósito y se corría el riesgo de confundir a los espectadores. De inmediato, Glücksmann intentó que González cambiara el nombre a su sala, operativo que llegó a la Justicia y a solicitadas en los diarios. Glücksmann al fin ganó la partida, vía judicial, puesto que demostró que la marca “Splendid” había sido un invento suyo: entonces, desde marzo 1920, el Splendid comenzó a figurar en avisos y carteleras como “Cinematógrafo Santa Fe 1848” que ofrecía el “Splendid Program”, hasta la definitiva imposición del nuevo nombre, Capitol, tan sólo a partir del 1.6.1920.

   Ambas salas continuaron pegadas cordialmente hasta finales del siglo XX, cuando cedieron sus respectivos predios a otros emprendimientos comerciales: en su descargo debe aducirse que ambas se salvaron de la picota y, en especial, de la indignidad de ser convertidas en meros microcines públicos con permanente olor a pochoclo.

Hester Collyer

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